
Autor: Pedro Trigo sj
(de Salmos con el Evangelio)
Vivimos, Señor, en un mundo de evidencias engañosas:
el pobre es pobre por su culpa
el éxito justifica al vencedor
¡Cuántas veces nos sorprendemos enarbolando
los mismos criterios de tus discípulos!:
"¿quién pecó para que naciera ciego? ¿él o los suyos?
La desgracia y la pobreza son un castigo
el éxito y la riqueza son un premio
Eso proclama la luz de este mundo
Y añade: nada hay nuevo bajo el sol.
Es lo que decía la gente del que había nacido ciego
y caminaba mirándolo todo:
no es él, es un tipo que se le parece.
Es lo que escuchamos o decimos con mucha frecuencia
no seas iluso, las cosas son como son
¿para qué consumir lo mejor de tu vida
luchando por un imposible?
hay que ser realista, hay que aceptar las cosas como son.
Y si alguien se mete a inducir algún cambio
no falta alguna persona religiosa que juzgue con autoridad:
ese no viene de Dios: se está saltando las normas.
Y si se nos pide que demos testimonio de alguna transformación
respondemos como los padres del ciego:
es cierto que esto ha cambiado, pero a mí no me metan en eso
yo no sé nada, yo no vi quiénes lo hicieron ni cómo.
Señor, la luz de este mundo nos condena a estar ciegos
nos culpabiliza por nuestra pobreza
nos mata toda esperanza
demoniza a quienes se meten a transformar la situación
y nos aplasta con el miedo a ser excluidos.
A la luz de este mundo una buena nueva para el pueblo
es una ilusión que se paga cara
es un pecado
el evangelio, Señor, es un pecado
para los dirigentes de este mundo que se llama cristiano.
Tu Hijo vino a traer, de tu parte, la luz de la vida.
El nos dice que tú no has tenido que ver
con las dolencias del pueblo
que las desgracias de los pobres no son un castigo tuyo
que tu gloria se manifiesta en darles vida
porque tu voluntad no es que las cosas sigan así
tu plan es transformarlo todo.
Por eso llamas al pueblo a la esperanza
a saltarse las normas que impiden que haya vida
a no temer a los que pueden matar sólo el cuerpo.
Hoy, Señor, queremos celebrar a ese ciego de nacimientoque creyó en la palabra de Jesús
que lo llamaba a una posibilidad inédita
queremos celebrar al exciego
que se atrevió a dar testimonio de Jesús
porque no sólo vieron sus ojos corporales
también su mente captó tu lógica divina
y confesó que Jesús venía de ti porque le había dado más vida
y tú estás detrás de quien prosigue tu obra de creación.
Vivificado por la alegría de esa experiencia
no temió la excomunión
y aunque lo echaron fuera, no se sintió solo
porque llevaba en sus ojos y en su corazón
la marca de tu paso Salvador.
Por eso, llamado nuevamente por Jesús
se convirtió en su discípulo
Hoy, Señor, nos cercan las Tinieblas
tienen el resplandor impactante de la tecnología más refinada
imágenes persuasivas, slogans fulgurantes, saturación de mensajes.
Es una guerra cruel hasta que nos rindamos a la evidencia
de que la lucha por la vida es el único camino
él condensa además la sabiduría de la naturaleza
es la selección de los mejores
los pobres son los desechados
la piedad es injusticia
hay que premiar la excelencia, no la basura.
Señor, te pedimos, comprender
que las evidencias de la cultura dominante
sólo sirven para entender por qué vamos tan mal
tan apartados de tu plan, tan descarriados.
Te pedimos la luz que diste al ciego
para arrojar de nosotros esa lógica maldita
que condena a la humanidad a la eterna división
entre una raza de sacrificadores y la masa de las víctimas.
Te pedimos más, Señor, te pedimos
que sintamos en nuestras vidas tu paso vivificador
para que seamos testigos de tu voluntad eficaz
de edificar una humanidad fraternal
en medio de este mundo de lobos.
Te lo pedimos nosotros, los que el mundo llama ciegos y basura
los que tú llamas hijos queridos, los hermanos de Jesús
tu pueblo que cree y por eso ve, que te grita pidiendo
que tú suplas lo que falta a su fe para pararse y vivir por sí
y no tener que mendigar un día más.

¿SOY CIEGO, SEÑOR?
Autor: Javier Leoz
Digo creer en Ti, y vivo como si no existieras
Pretendo caminar por tus sendas y no palpo tu presencia
Presumo de conocerte y apenas escucho tu Palabra
Digo que ¡nadie hay como Tú!
y tiemblo cuando las dificultades asoman
¿SERÉ ACASO CIEGO, SEÑOR?
Abro los ojos ante el mundo
y me cuesta decir que Tú lo mueves
Confieso que Tú eres la luz del mundo
y me escondo en oscuridades peligrosas
Rezo mirando al cielo
y a la vez me fío demasiado
de las decisiones del mundo
¿TENDRÉ CEGUERA ESPIRITUAL, SEÑOR?
Soy humano y, muchos días,
me considero exclusivamente divino
Soy pecador y, queriendo o sin querer,
me las doy de justo y honrado
Afirmo conocer todos los secretos
y, a mis ojos, se escapa lo esencial
Conozco la ciencia y la matemática
y no sé cómo encontrarte en mi vida
¿SERÉ CIEGO, SEÑOR?
Porque leo tu Palabra
y, pienso que es para los demás
Escucho tu Palabra
y creo que no va conmigo
Camino, subo y bajo, corro y avanzo
y me tropiezo a cada instante
dándome de bruces
contra mis propias ideas y pensamientos
¡CAMBIÁME, SEÑOR!
Mi naturaleza humana, para reconocerte
La forma de mirar para no perderte de vista
El ritmo en mi caminar para ir a tu lado
El ruido de mi existencia para escuchar tus pisadas
Los nubarrones de mis pensamientos
para que Tú seas la luz de todo mí ser
¿ESTARÉ CIEGO, SEÑOR?




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