NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

lunes, 31 de agosto de 2009

Sensibilidad, Vulnerabilidad y Religión

Por Ron Rolheiser
(Traducción por Carmelo Astiz, cmf)

Daniel Berrigan bromeó una vez: Antes de tomar en serio a Jesús, primero considera con cuidado qué bella va a ser tu apariencia en madera.

Hay una cruda verdad. Los autores espirituales clásicos nos dicen que una de las maneras como podemos mostrar si nuestra fe y nuestras prácticas religiosas son auténticas o si, por el contrario, son simplemente otra forma de racionalizar y justificar nuestra propia motivación y voluntad, es que, si nuestra práctica religiosa es genuina, no seremos capaces de protegernos a nosotros mismos contra una cierta cantidad de dolor que anteriormente podíamos quitarnos de encima. Si nuestro seguimiento de Jesús es real, nos daremos cuenta de que somos sensibles y vulnerables, de manera que ello nos hace incapaces de protegernos a nosotros mismos de obligaciones, compromisos y humillaciones que anteriormente podíamos evitar. La auténtica religión de ninguna manera nos deja fríos.

¿Por qué? Los autores espirituales clásicos lo explican con sencillez: Mirad la forma cómo Dios trató a Jesús y sabed que, si se lo permitimos, Dios nos va a tratar de la misma manera. Si nos abrimos profundamente a Dios, tendremos que esperar que algunas de las situaciones dolorosas que le sucedieron a Jesús nos pasen también a nosotros. La apertura y el amor llevaron a Jesús a la cruz. ¿Habríamos de esperar nosotros algo diferente?

Fue interesante observar las reacciones al diario espiritual de la Madre Teresa cuando se publicó y el mundo llegó a enterarse de sus profundas luchas interiores, dudas y sufrimiento. La reacción común fue: ¿Cómo pudo ocurrir esto a una mujer de tal integridad y de tanta fe? Los autores espirituales clásicos habrían reaccionado de una manera totalmente opuesta: ¿Por qué no le habría de pasar esto a una mujer de tal integridad y de tanta fe? Ella se abrió radicalmente a Dios y le pidió a Jesús que le hiciera sentirse de modo semejante a como él se sintió. Dios sencillamente le tomó la palabra. Su diario espiritual nos ofrece precisamente descripciones de lo que Jesús sintió durante una buena parte de su vida, especialmente hacia el fin de la misma.

Habríamos de tener cuidado cuando pedimos algo en oración, o al menos no habríamos de sorprendernos si Dios nos concede lo que le pedimos. Si yo le pido a Dios: “Dame la gracia de ser como Jesús”, y lo digo en serio, habría de esperar no solamente que fluya en mi vida una felicidad y paz más profundas, sino también que esta nueva sensibilidad sirva, así mismo, para que fluya en mi vida un sufrimiento más profundo. San Juan de la Cruz, en su libro “Subida al Monte Carmelo” ofrece una serie de consejos para quien quiera entrar más profundamente en la vida espiritual. En el primero de estos consejos reta a sus lectores a esforzarse por imitar más activamente a Jesús. Y, para él, esto significa tratar de imitar sobre todo las motivaciones y actitudes profundas de Jesús, más que su apariencia o incluso sus acciones. Pide a Jesús, dice él, que te conceda sus actitudes profundas interiores para que te permita sentirte como él se sintió.

¿Y cómo sabremos si esto funciona? Sabremos que estamos imitando las motivaciones de Cristo y no racionalizando las nuestras propias, dice Juan de la Cruz, cuando comiencen a surgir en nuestras vidas ciertos sufrimientos y nos demos cuenta de que no somos capaces ahora de evitar ciertas situaciones difíciles y desagradables que anteriormente podíamos evitar.

Él expresa esto con un axioma curioso: Procura estar dispuesto a sospechar, dice él, cuando tu propia voluntad y la de Dios habitualmente coinciden, cuando tus prácticas religiosas encajan siempre con bastante suavidad con lo que tú quieres hacer en tu propia vida. Elegir la voluntad de Dios es precisamente no elegir siempre la nuestra propia. Y la prueba de esto será que ahora nos sentiremos atraídos a sentimientos y situaciones que anteriormente podíamos evitar.

Pero Juan de la Cruz añade una importante advertencia: No intentes, como es la tradición perenne en algunas espiritualidades, elegir lo más difícil y desagradable justamente porque es así, más difícil y desagradable. Eso es masoquismo, no religión. No son necesariamente buenas para ti las cosas, precisamente porque son difíciles. Elige hacer la voluntad de Dios, tanto si parece agradable como desagradable. Pero, según Juan de la Cruz, si eliges la voluntad de Dios en vez de racionalizar la tuya, invariablemente experimentarás nuevas vulnerabilidades en tu vida, nuevos sufrimientos que anteriormente podías evitar, y nuevos deberes de los que anteriormente podías eximirte.

Y tú tampoco aparecerás siempre de buena cara. Jesús no siempre lo pareció. Él amo a los otros más allá de lo que eso pudiera beneficiarle, y eso le produjo por una parte gran hondura y alegría en su vida, pero por otra también le llevó a la humillación y a la crucifixión. Algunas veces su apariencia no era buena ni agradable de ninguna manera. Cuando cumplimos la voluntad de Dios, en vez de racionalizar la nuestra propia en el nombre de Dios y de la religión, no siempre apareceremos de buena cara. Una actitud de frialdad es lo opuesto a vulnerabilidad y a genuina sensibilidad.

A veces, paradójicamente, justamente cuando más nos esforzamos, justamente cuando somos más sinceros, justamente cuando somos más honestos, justamente cuando dejamos ya de racionalizar, parece que nuestras vidas se desmoronan, en vez de consolidarse. Y entonces nos preguntamos espontáneamente: ¿Por qué? ¿Qué pasa aquí?

¡Quizás Dios mismo es el “problema”! Quizás, al menos por una vez, estamos haciendo las cosas correctamente, aunque no nos gustan nuestras apariencias.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Evangelio Misionero del Día: Martes 1 de Setiembre de 2009. XXII DOMINGO DEL T.O.


Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 31-37

Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

En Cafarnaum:
La revelación del poder de la misericordia de Jesús
San Lucas 4, 31-37
“Su palabra tenía autoridad”


La Palabra del Señor es “luz para nuestro caminar”, enseña el Salmo 119,105, nos abre horizontes, nos permite saborear la presencia viva de Dios en nuestra vida, nos ayuda a tomar conciencia del gran valor de nuestra propia vida, forma en nosotros el rostro vivo de Jesús. Además, la sensibilidad a la Palabra de Dios nos educa para la docilidad al Espíritu Santo. La escucha responsable de la Palabra de Dios pone a punto nuestra capacidad y prontitud para acoger la consolación del Espíritu con libertad de corazón.

El objetivo último de todo este ejercicio continuo de escucha de la Palabra del Maestro es lo lograr lo que muy bien señalaba san Juan Eudes: “Que el haga de nuestro ser un Evangelio vivo y un libro vivo, escrito por dentro y por fuera, en el cual la vida de Jesús esté perfectamente impresa” (OC III, 54).

La misión de Jesús en Cafarnaúm

Continuando con nuestra lectura de Lucas, hoy pasamos con Jesús de Nazareth a Cafarnaum. En Nazareth vimos el discurso inaugural, ahora en Cafarnaum vemos sus primeras obras de poder.

El ministerio de Jesús en Cafarnaúm comienza como el de Nazareth: enseñando en la sinagoga. Allí su enseñanza causa asombro porque “su Palabra tenía autoridad” (4,32). El poder de la Palabra está ligado a lo dicho en 4,18: “El Espíritu del Señor está sobre mí”; al inspirar la predicación de Jesús, el Espíritu Santo le da efecto de salvación. Las escenas que siguen muestran ejemplos concretos: el exorcismo de un hombre en la sinagoga (4,33-37), la curación de la suegra de Pedro (4,38-39) y muchas otras curaciones que se realizan el mismo día al atardecer (4,40-41).

Detengámonos en algunos puntos destacados del pasaje (tendremos en cuenta también el resto del capítulo):

(1) Jesús libera venciendo el demonio

El demonio dice “has venido a destruirnos” (4,34).

La escena parece representar un combate entre Jesús y el demonio. Jesús ejerce su poder sobre todo lo que oprime el hombre para liberarlo. En las tres escenas en que Jesús ejerce su poder podemos notar que se presenta la derrota del adversario de Jesús simbolizado en el demonio. En 4,34 y 4,41 los demonios gritan y se espantan porque saben quién es Jesús. En 4,38 Lucas ha descrito la situación de la suegra de Pedro con un término importante: “estaba oprimida por una gran fiebre”. Esto nos recuerda la historia de otra mujer de quien la enfermedad es calificada como una “ligadura de satanás” (13,16) y la curación como una “liberación” (14,12).

(2) Jesús libera venciendo la enfermedad

Los enfermos y endemoniados representan al hombre que sufre.

Las actitudes de Jesús con ellos permiten captar una particularidad que será tema importante en el Evangelio: la misericordia.

Notemos los pequeños detalles que son propios de Lucas, éstos a veces pasan desapercibidos pero reflejan mucho de lo que es el corazón de Jesús:
(a) La delicadeza: no maltratar (4,35)
(b) El inclinarse hasta la persona (4,39).
(c) El contacto: “les imponía las manos” (4,40)
(d) El respeto por el individuo “uno por uno” (4,40)

Cada una de estas actitudes se repite frecuentemente en el Evangelio y se proponen como modelo en las grandes parábolas: en la parábola del buen samaritano (10,29-37), las tres parábolas de la misericordia (todo el capítulo 15) y aún en forma negativa en la historia del “rico epulón” que no vio la miseria del que estaba a su puerta (16,19-30).

Los discípulos de Jesús serán educados de manera especial en este comportamiento: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (22,27).


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿De dónde proviene el poder de la Palabra de Jesús?

2. ¿Cómo entender hoy la lucha y la victoria contra el demonio?

3. ¿Cuáles son las características de la misericordia de Jesús? ¿Las estoy viviendo? ¿En qué debería trabajarme más?


La Palabra de Dios hace cantar el corazón:
Acción de gracias al final de la Lectio Divina

“Es bello cantar al Señor,
Es el más grande bien nos ha sido dado,
Cantar a tu nombre, oh altísimo.
Tú nos has considerado dignos de celebrar tu bondad.
Tú has creado el universo, Señor, por medio de una simple palabra,
Pero el hombre es la obra de tus propias manos.
De esto yo me glorío:
Yo soy la cítara, dotada de palabra y de razón,
Para cantar la alabanza y el reconocimiento
Del universo creado por tu bondad.
Grandes son tus obras, Señor,
La más grande soy yo quien las descubre.
También yo quiero con todos mis sentidos cantarte
Y celebrar tu majestad.
Tú me llenas de alegría por tus obras, Señor,
Yo canto con alegría lo que tus manos han hecho”


(Oración inspirada en el Salmo 92. Su autor es el monje Isaac de Antioquia, del siglo V dC)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

LECTIO DIVINA: XXIII Domingo del T.O. (Marcos 7,31-37) - Ciclo B: Jesús vuelve a dar al pueblo el don de la Palabra

Curación del sordomudo
Publicado por Los Carmelitas

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

La liturgia de este domingo nos pone delante a Jesús que cura un sordomudo en la tierra de la Decápolis y recibe del pueblo este elogio: “¡Todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar!” Este elogio se inspira en algunas frases de Isaías (Is 29,8-19; 35,5-6; 42,7) y demuestra que el pueblo estaba viendo en Jesús la venida de los tiempos mesiánicos. Jesús mismo había usado esta frase para responder a los discípulos de Juan: “Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto: Los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos hablan” (Mat 11,4-5).
Los primeros cristianos usaban la Biblia para aclarar e interpretar las acciones y conductas de Jesús. Hacían esto para expresar su fe de que Jesús era el Mesías, aquél que debía realizar la promesa y para poder entender mejor todo lo que Jesús había hecho y enseñado en aquellos pocos años que Jesús había pasado en medio de ellos en Palestina.

b) Una división del texto para ayudar a la lectura:

Marcos 7,31: descripción geográfica: Jesús está en un territorio fuera de la Judea
Marcos 7,32: la situación del hombre: sordomudo
Marcos 7, 33-34: el gesto de Jesús para curar al hombre
Marcos 7,35: el resultado de la acción sanadora de Jesús
Marcos 7,36 la recomendación del silencio no es obedecida
Marcos 7,37: el elogio del pueblo

c) El texto:

Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Cuál es la conducta de Jesús frente al sordomudo y de frente al pueblo? ¿Cómo entiendes tú los gestos de Jesús: le puso los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua; mirando después al cielo, emitió un suspiro y dijo: «Effetá»?
b) ¿Como entender la preocupación de Jesús que lleva al hombre lejos de la gente?
c) ¿Por qué Jesús prohíbe la divulgación? ¿Cómo entender la desobediencia del pueblo al mandato de Jesús?
d) ¿Qué otros textos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento se evocan o subyacen en el fondo de este texto?

5. Otras informaciones sobre el Evangelio de Marcos

i) Comentario al texto

Marco 7,31: Jesús en la tierra de la Decápolis
El episodio de la curación del sordomudo es poco conocido. Marcos no dice claramente dónde se encuentra Jesús. Da a entender que está fuera de la Palestina, en tierra de paganos, atravesando una región llamada Decápolis: Decapolis significa, literalmente Diez ciudades. Era pues una región de diez ciudades al sudeste de Galilea, cuya población era pagana, marcada por la cultura helenista.

Marcos 7,32: Un sordomudo es llevado a Jesús.
Aun cuando no estaba en su propia tierra, Jesús es conocido como uno que puede curar enfermos. Por esto el pueblo le lleva un hombre sordo que habla con dificultad. Se trata de una persona que no puede comunicarse con los otros. Es la imagen de muchas personas que hoy viven masificadas en las grandes ciudades en completa soledad, sin la posibilidad de comunicación

Marcos 7,33-34: Una curación diferente
El modo de curar es diferente. El pueblo deseaba que Jesús impusiese simplemente las manos sobre el enfermo. Pero Jesús va mucho más allá de la petición. Jesús lleva al hombre lejos de la gente, pone los dedos en los oídos y con la saliva le toca la lengua y miró al cielo, suspiró profundamente y dijo: «Effetá», que significa “¡Ábrete”! El dedo en los oídos recuerda la frase de los magos de Egipto que decían: “Aquí está el dedo de Dios” (Ex 8,15) y también la frase del salmista: “¡Abriste mis oídos!” (Sal 40,7). El toque de la lengua con la saliva restablece en ella la facultad de hablar. En la opinión del pueblo de aquel tiempo, la saliva tenía un poder medicinal. La mirada hacia lo alto indica que la curación viene de Dios. El gemido es un modo de súplica.

Marcos 7,35: El resultado de la curación
En el mismo instante, los oídos del sordo se abrieron, la lengua se soltó y el hombre comenzó a hablar correctamente. ¡Jesús desea que el pueblo abra los oídos y suelte la lengua! ¡También hoy! En muchos lugares, a causa del comportamiento del poder religioso, el pueblo está callado y no habla. Es muy importante que el pueblo pueda recuperar la palabra dentro de la Iglesia para poder expresar su experiencia de Dios y así enriquecerse todos, incluso el clero.

Marcos 7,36: Jesús no quiere publicidad
Jesús ordena que no cuenten lo que ha sucedido. Algunas veces se exagera la importancia que el evangelio de Marcos atribuye a la prohibición de divulgar la curación, como si Jesús tuviese un secreto que debía mantener. De hecho, algunas veces Jesús ordena no divulgar la curación (Mc 1,44; 5,43; 7,36; 8,26). Él pide silencio, pero obtiene el resultado contrario. Cuanto más prohíbe, tanto más la Buena Nueva se difunde (Mc 1,28.45; 3,7-8; 7,36-37). Por otra parte, en la mayoría de los casos, o sea en todas las otras veces que Jesús obra un milagro, no pide silencio. Es más, una vez pide publicidad (Mc 5,19).

Marcos 7,37: El elogio del pueblo
Todo el pueblo quedó admirado y dijo: “¡Todo lo hizo bien!” Esta afirmación hace recordar la creación: “Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno” Gén 1,31). A pesar de la prohibición, las personas que asisten a la curación empiezan a proclamar lo que habían visto, resumiendo la Buena Noticia de Jesús con estas palabras: “¡Todo lo ha hecho bien!” Es inútil prohibir hablar. ¡La fuerza interna de la Buena Nueva es tan grande que se divulga por sí misma! ¡ Quien ha hecho la experiencia de Jesús, lo cuenta a los demás lo quieran o no!

ii) Información sobre las divisiones dentro del Evangelio de Marcos

1ª Clave: El Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído y escuchado en comunidad. Cuando lees un libro estando solo, puedes interrumpir siempre y volver atrás para enlazar una cosa con otra. Pero cuando estás en comunidad y alguno está leyendo el Evangelio delante de todos, no puedes gritar: “¡Párate. Lee otra vez! ¡No he entendido bien!” Un libro para ser escuchado en celebraciones comunitarias tiene un modo diverso de dividir el tema, de otro libro escrito para ser leído de modo individual.

2ª Clave: El Evangelio de Marcos es una narración.
Una narración es como un río. Recorriendo el río en barca, no se perciban las divisiones de las aguas. El río no tiene divisiones. Es un solo fluir, desde el principio hasta el fin. En el río, las divisiones las haces tú a partir de la orilla. Por ejemplo, puedes decir: “ ¡Qué bello espacio de río el que va de aquella casa en la curva, hasta aquella palmera que está tres curvas después!” Pero en el agua no se ve ninguna división. La narración de Marcos fluye como un río. Sus divisiones las encuentran los oyentes en la orilla, o sea en los lugares por los que Jesús pasa, en las personas que Él encuentra, en los caminos que recorre. Estas indicaciones en las márgenes ayudan a los oyentes a no perderse en medio de tantas palabras y acciones de Jesús y sobre Jesús. El cuadro geográfico ayuda al lector, o lectora, a caminar con Jesús, paso a paso, de la Galilea hasta Jerusalén, del lago hasta el calvario.

3ª Clave: El Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído de una sola vez
Los hebreos así leían los libros pequeños del Antiguo Testamento. Por ejemplo, en la noche de Pascua leían de una sola vez todo el libro del Cantar de los Cantares. Algunos expertos creen que el Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído de una sola vez todo entero en la noche de Pascua. Ahora bien, a fin de que los oyentes no se cansaran, la lectura debía tener sus divisiones, sus pausas. Porque, cuando una narración es larga, como la del Evangelio de Marcos, su lectura debe interrumpirse de vez en cuando. Se debe tener pausas en algunos momentos. Si no, los oyentes se pierden. Estas pausas ya estaban previstas por el mismo autor de la narración. Estaban señaladas con pequeños sumarios entre una lectura larga y otra. Estos sumarios son como bisagras que recogían lo que se había leído antes y abrían el camino a lo que venía después. Esto permite pararse y empezar de nuevo, sin interrumpir la secuencia de la narración. Eso ayuda al oyente a situarse dentro del río de la narración que fluye. El Evangelio de Marcos tiene muchas de estas pausas que permiten descubrir y seguir el recorrido de la Buena Noticia de Dios que Jesús reveló y que Marcos nos cuenta. En total hay seis bloques de lecturas más largas, intercaladas de pequeños bisagras o sumarios, donde es fácil hacer una breve pausa.
Basándonos en estas tres claves, presentamos aquí una división del Evangelio de Marcos. Otros lo dividen diversamente. Cada división tiene su marca distintiva y su valor. El valor de una división es aquél de abrir uno de los muchos modos de entrar en el texto, de ayudarnos a descubrir algo de la Buena Nueva de Dios y de llevarnos a percibir el camino que Jesús abrió para nosotros hacia Dios y hacia los hermanos.

Introducción: Mc 1,1-13: Comienzo de la Buena Nueva
Prepara el anuncio
Sumario: 1,14-15
1ª lectura: Mc 1,16-3,16 : Crece la Buena Nueva
Aparece el conflicto
Sumario: 3,7-12
2ª lectura: Mc 3-13-6,6: Crece el conflicto
Aparece el Misterio
Sumario: 6,7-13
3ª lectura: Mc 6,14-8,21: Crece el Misterio
Aparece el no entendimiento
Sumario: 8,22-26
4ª lectura: Mc 8,27-10,45: Crece el no entendimiento
Aparece luz obscura de la Cruz
Sumario: 10,46-52
5ª lectura: Mc 11,1-13,32: Crece la luz obscura de la Cruz
Aparecen la rotura y la muerte
Sumario: 13,33-37
6ª lectura: Mc 14,1-15,39: Crecen la rotura y la muerte
Aparece la victoria sobre la muerte
Sumario: 15,40-41
Conclusión: Mc 15,42-16,20: Crece la victoria sobre la muerte
Reaparece la Buena Nueva
En esta división los títulos son importantes. Indican el soplo del Espíritu Santo, de la inspiración, que recorre todo el Evangelio. Cuando un artista se siente inspirado, trata de expresar esta inspiración en una obra de arte. La poesía o la imagen que resulta lleva en sí esta inspiración. La inspiración es como una fuerza eléctrica que corre invisible entre los hilos y enciende las lámparas en nuestras casas. Así, la inspiración corre invisible en las palabras de la poesía o en la forma de las imágenes para revelar o encender dentro de nosotros una luz igual o casi igual a la que brilló en el artista. Es por este motivo por el que las obras de arte nos atraen tanto. Lo mismo sucede cuando leemos o meditamos el Evangelio de Marcos. El mismo Espíritu o la Inspiración que mueve a Marcos a escribir el texto, queda presente en el hilo de las palabras de su Evangelio. A través de su lectura atenta y orante, este Espíritu entra en acción y comienza a obra en nosotros. Así, poco a poco, descubrimos el rostro de Dios que se reveló en Jesús y que Marcos nos comunica en su libro.

6. Salmo 131

Abandono filial

Mi corazón, Yahvé, no es engreído,
ni son mis ojos altaneros.
No doy vía libre a la grandeza,
ni a prodigios que me superan.
No, me mantengo en paz y silencio,
como niño en el regazo materno.
¡Mi deseo no supera al de un niño!
¡Espera, Israel, en Yahvé
desde ahora y por siempre!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO


MOUSSA AG ASSARID

- No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.

- ¡Qué turbante tan hermoso...!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

- Es de un azul bellísimo...

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo.. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante...

- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

- Saber eso es valioso, sin duda...

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila.. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad. ..!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

- Fascinante, desde luego...

- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

- Qué paz...

- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.


Víctor M. Amela

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Homilías y Recursos para la Homilía: XXIII Domingo del T.O. (Marcos 7,31-37) - Ciclo B


"DECÍAN: TODO LO HA HECHO BIEN"
Publicado por Agustinos España

-"Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos".

Las escenas de milagros en el Evangelio son extraordinariamente simples, alejadas de todo espectáculo; comprendidas en su profundidad expresan de modo entrañable, incluso emocionante, la extraordinaria aventura del hombre y su relación con Dios.

El enfermo que se acerca a Jesús es siempre representante del dolor y la esperanza de la humanidad entera, es la descripción simbólica de nuestra indigencia. El gesto de Jesús es como un sacramento del amor de Dios que significa la Plenitud que él da, es un signo de la vida que se suscita en el corazón de todos los hombres. Hoy se acerca a Jesús un sordo y mudo. Y Jesús le toca y le cura. Una mirada penetrante sobre la humanidad de todos los tiempos, también la nuestra, descubre, bajo el griterío humano, un conjunto de sordos y mudos; y Jesucristo cura, es decir, abre oídos y desata lenguas, el oído y la lengua del corazón.

-Jesús le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua... y le dijo Effetá (esto es, "ábrete"). Los hombres corremos el peligro de estar cerrados a la verdad; cada uno de nosotros va recorriendo su camino, guiado por sus categorías y no escucha o no atiende a la luz. En medio de este mundo Jesús dice y es la Verdad. Su Palabra, su Vida, su Muerte, hablan, anuncian la Verdad sobre Dios, sobre la Vida, sobre la esperanza, sobre la pobreza, sobre el hombre auténtico. El gesto de Jesús que toca el oído con el dedo es un pequeño signo de toda su persona que anuncia al Dios vivo y habla de la vida humana plena; cuando Jesús toca realmente el oído es cuando dice: "Dichosos los que trabajan por la paz", o "no sólo de pan vive el hombre", o "reunid tesoros que no se echen a perder", o "Dios es como un Padre que acoge al hijo que vuelve". Esta es la verdad sobre Dios y sobre el hombre, que abre el oído y penetra en el corazón hasta suscitar el asentimiento y la entrega.

Cuando el hombre ha experimentado que se le abren los oídos interiores por la experiencia interior de la luz, inmediatamente se le desata la lengua. Deja de hablar de superficialidades, de tonterías, deja de dar importancia a cosas que no la tienen y habla de la Verdad, de la Justicia, de la Paz; habla de la clase de hombre que hay que ser y de Dios que ama; toda su persona anuncia otro mundo. El mismo Jesús dice: "de la abundancia del corazón habla la boca" (/Mt/12/34); cuando el corazón ha comprendido las bienaventuranzas, la cruz o la resurrección, la lengua habla de la alegría del servicio, de la esperanza de la vida.

-"Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad".

El sordo-mudo es signo, además, de otra realidad: los hombres acostumbramos a vivir encerrados los unos para con los otros, ignorándonos, pasándonos mutuamente de largo; no nos sabemos escuchar y no nos sabemos hablar. En la familia, en el trabajo, entre amigos; con frecuencia damos la sensación de que las palabras, más que comunicarnos, llenan vacíos. La obra de Dios consiste en hacer posible que los hombres salgamos del recinto cerrado de nuestro castillo y nos comuniquemos. Este es el lenguaje del amor entre personas.

Hemos escuchado en la segunda lectura que Santiago nos urge a no hacer diferencia entre los hombres por el hecho de ser pobres o ricos; es un pequeño paso de apertura a cada persona, que no vale precisamente por sus riquezas. Hay que seguir dando pasos en la línea del Espíritu de Jesús; debemos acercarnos a cada uno en lo que tiene de tú personal, en su misterio, en su grandeza y sus esperanzas, sus decepciones, sus quejas, su mediocridad; se trata de saber escuchar a todos. Saber lo que el otro dice con la palabra, con el gesto, con el silencio, incluso con un grito o con una ofensa. Abrir el oído del corazón al otro para llegar a comprenderle, ésta es una delicada manifestación del amor evangélico.

Comunicacion/cerrazon: Y luego saberle hablar. Hablar significa abrir también el propio interior, colocarse al lado como de igual a igual, hacerle partícipe de las propias ilusiones, las propias decepciones, las propias esperanzas, los propios sufrimientos. Esto es hacerse "todo a todos" (1Co/09/22). Jesús viene a liberarnos del infierno de la mutua cerrazón, viene a abrirnos unos a otros, a hacer posible un amor humano; que llegue hasta la comunicación, siempre tan difícil, pero el único camino de las relaciones humanas. Saber escuchar cuando hay que escuchar; saber callar cuando hay que callar; saber hablar cuando, como y lo que hay que hablar. Esta nueva humanidad merece las descripciones ilusionadas y poéticas de Isaías: "Han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial; los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará". En la base está la primera apertura; la apertura del corazón a la Palabra de la Verdad y de la boca al canto, a la alabanza y a la acción de gracias.

Enlace a otras homilias para este Domingo


RECURSOS PARA LA HOMILÍA


Nexo entre las lecturas


Unos de los atributos de Dios es el de liberador. Éste es el atributo especialmente señalado en los textos litúrgicos de este domingo. Dios libera a los hombres de su triste condición de desterrados y a la naturaleza de su aridez infecunda (primera lectura). Libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Evangelio). Libera al cristiano de cualquier acepción de personas, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios (Evangelio).


Mensaje doctrinal

1. Una naturaleza libre al servicio del hombre. Dios ha creado la naturaleza, pero no se ha desentendido luego de ella. Siendo ésta el hogar del hombre, ejercita también sobre ella su providencia, a fin de que sirva al hombre. Esa providencia divina "libera" a la tierra de sus miserias, como pueden ser la sequedad y la infecundidad. Nos dice la primera lectura que "la tierra abrasada se trocará en estanque y el país árido en manantial de aguas". Dios es el Señor de la naturaleza y ejerce con libertad su dominio absoluto sobre ella para ayudar material y espiritualmente al hombre. Materialmente, haciéndola fructificar abundantemente, de modo que el hombre pueda alimentarse con sus frutos. Espiritualmente, haciendo al hombre sentir el poder y peso de las calamidades naturales, de modo que éste se vea necesitado a elevar sus ojos al Señor de la naturaleza y a implorar su bendición. El orgullo humano, enemigo del verdadero bien del hombre, es invitado a humillarse ante estas desgracias naturales, que son para él como una plataforma para, dejando a un lado el orgullo, remontarse hasta Dios. Dejando libres por un momento los poderes destructivos de la naturaleza, Dios busca sobre todo liberar al hombre de sí mismo, que es lo que realmente cuenta.

2. Dios liberador del hombre. El hombre es un misterio de carne y espíritu. Dios manifiesta su amor al hombre ofreciéndole una liberación integral, que debe aceptar con agradecimiento y sencillo corazón. Libera su carne de la enfermedad. Lo hace directamente, cuando así resulta necesario para el bien del hombre, como consta por tantos enfermos milagrosamente curados. Lo hace indirectamente, mediante el poder que ha dado a los hombres para estudiar el cuerpo humano, conocer sus enfermedades y curarlas. El evangelio de hoy narra la curación de un sordomudo por parte de Jesús. Pero Dios también interviene sobre el hombre para curar su espíritu. Lo cura de las enfermedades psíquicas, lo libera del poder del demonio y del pecado, lo robustece por obra del Espíritu ante las tentaciones y las inclinaciones al mal. ¿Cuándo y cómo actúa el Dios liberador del hombre? Son preguntas para las que sólo Dios tiene la respuesta; evidentemente una respuesta segura y en beneficio del hombre. Pero lo más importante es que los hombres tengamos la conciencia clara y la plena seguridad de que Dios ama y quiere el bien del hombre. Importante es también que seamos humildes y acudamos a Dios con sencillez para pedirle: "Señor, líbrame de toda enfermedad; líbrame, sobre todo, de mí mismo para que mi vida sea un canto de alabanza a tu santo nombre". Aquí encaja perfectamente la exhortación de Santiago en la segunda lectura: "No mezcléis con la acepción de personas la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado". El creyente, liberado de sí mismo por el bautismo y la eucaristía, no puede volver a la esclavitud del pasado. Sería como contravenir la liberación de Dios.


Sugerencias pastorales

1. Todo lo ha hecho bien. Con estas palabras reaccionó la multitud cuando se dio cuenta de que Jesús había curado al sordomudo. Son muchos, por lo demás, los textos evangélicos que relatan las obras buenas de Jesús en favor del hombre. De modo que san Pedro dirá de Jesús, en uno de sus discursos a los primeros cristianos, que "pasó haciendo el bien". Juan Pablo II nos dice que "la caridad de los cristianos es la prolongación de la presencia de Cristo que se da a sí mismo". Sí, Cristo desea seguir haciendo el bien entre nosotros y en nuestros días mediante los cristianos. Cristo desea seguir liberando al hombre de las necesidades materiales, de las enfermedades, de las calamidades naturales, de los males espirituales mediante los cristianos. De verdad que es hermoso constatar la generosidad de tantos millones de cristianos para socorrer en cualquier parte del mundo a los más necesitados. De verdad que Cristo debe estar contento porque puede continuar haciendo el bien en la historia de los hombres mediante los cristianos. Al mismo tiempo, como creyentes cristianos, hemos de hacernos algunas preguntas: ¿Hago yo personalmente todo el bien que puedo hacer? ¿Busco que otros, singular o comunitariamente, hagan el bien? ¿Cuál es el tipo de bien que más me gusta hacer: el material, el espiritual o ambos a la vez? ¿Estoy convencido de que a través de mí, Cristo glorioso continúa presente entre los hombres haciendo el bien? Y no olvidemos que hacer el bien desinteresadamente a los hombres es una manera estupenda de liberarlos.

2. Querer ser liberado. La liberación posee una fuerza de atracción singular. Es un claro indicio de que el hombre, consciente o inconscientemente, se ve y experimenta a sí mismo, al menos parcialmente, "esclavizado". Digamos que son no pocas las ataduras que el hombre, en las diversas épocas de la vida, va encontrando en el camino de su existencia. Por experiencia se sabe que de esas ataduras, sobre todo de las más hondas y fuertes, no se puede el hombre deshacer por sí mismo. Necesita ser liberado. Para ello se necesita querer ser liberado. Porque se da el caso de que el hombre, por razones inexplicables y muchas veces complejas, ama las "dulces" ataduras que le "esclavizan". Ataduras que, por más dulces que sean, le van poco a poco estrangulando, hasta llegar a matar su libertad. La liberación, por tanto, es posible sólo para quien quiere ser liberado. Otro aspecto diverso es a quién acudir para ser liberados. Porque en nuestro mundo y en nuestro medio ambiente hay quizá muchos que se las dan de "liberadores", pero lo que liberan no es al hombre en su grandeza y en su dignidad, sino los potros desbocados de sus pasiones, sus egoísmos, sus ambiciones, sus pesadillas, sus instintos. Digámoslo sin tapujos: el verdadero liberador del hombre es Dios. El verdadero liberador del hombre es Jesucristo que murió por nosotros y por nosotros resucitó. ¿Has aceptado, aceptas realmente y de todo corazón ser liberado por Jesucristo? Si quieres ser liberado, no lo dudes, Él te liberará. Habiendo experimentado a fondo la liberación de Cristo, sentirás el aguijón de decir a otros quién puede otorgarles la verdadera liberación que buscan.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Motivos y Motivaciones: JACQUES LÖEW (1908 – 1999)

Por Angel Sanz, cmf

“Necesitaremos algunos buenos alfilerazos para
desinflar nuestra vanidad, nuestro 'yo', a fin de que,
haciéndonos pequeños, podamos descubrir a Dios”


Querido Jacques:

Qué interesante recorrer tu biografía y dejarse sorprender por las distintas experiencias de que está jalonada. Tú mismo quisiste revelarnos algunas de ellas por si podían servir de estímulo —o de escarmiento— a quienes pasan por situaciones semejantes. Mientras repaso tus escritos, casi percibo el timbre de tu voz.

Tus padres eran ricos, no hay duda. Vivían en Cannes y en Niza volcados en las fiestas y atrapados por la pasión del juego. A tus 13 años te proporcionan tu primer smoking, cuando ya habías comenzado a llevar una vida desordenada, esclava de los placeres y, en consecuencia, vacía. Sólo quien ha vivido esta especie de obsesión —confesarás después— puede captar lo que representa esa esclavitud de los sentidos que lleva a la incapacidad de amar a alguien porque impide hacer otra cosa que dar vueltas sobre sí mismo. Sientes tristeza y soledad y la experiencia te demuestra que por ese camino no existe salida posible. No hablemos de tu vivencia de fe. A Dios lo habías encerrado con siete llaves en el último rincón de tu conciencia. En realidad eras ateo. Suena fuerte, pero Dios no existía para ti.

De pronto, a tus 24 años, una tuberculosis te obliga a recluirte en un sanatorio de Suiza. “Estaba tan disgustado de mí mismo, de la vida y de los mismos placeres que aspiraba a este paréntesis...”. Allí, en el silencio de los Alpes, dedicas largos ratos a contemplar la nieve a través de la ventana. Qué espectáculo, ¡un copo de nieve! Tan bello, tan armónico, tan bien construido. No puede ser fruto del caos, es la obra de un artista prodigioso capaz de dejar la marca de su presencia en algo tan minúsculo y que apenas dura un instante. “Este fue mi primer contacto, mi primera intuición de la existencia de Dios”. Por fin se vislumbraba un sendero.

“No sin cansancios ni recaídas, tanto espirituales como carnales”, notas que esa ruta te va acercando a la luz. A veces sientes que un gozo indecible te invade por completo y te preguntas cómo es posible que el dinero y el sexo puedan satisfacer a una persona a lo largo de su vida. Es normal que te sientas identificado con la célebre frase de san Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

Se entiende que a tus 27 años, con tu título de abogado conseguido en la Facultad de derecho de París tomaras la determinación de hacerte dominico para adentrarte más en el misterio de Dios y para poder ayudar así a quienes pasen por una experiencia como la que tú habías vivido. De hecho, no buscas el camino fácil. Ya sacerdote, te pones como cura obrero al servicio de quienes se agotan cada día en el trabajo físico. Doce años cargador de muelle en el puerto de Marsella te permiten descubrir la cara y la cruz de ese ministerio. La cabeza se te llena de interrogantes: ¿En qué seminario se enseña la historia del movimiento obrero? ¿Y la economía política y humana? ¿Basta enseñar a los futuros sacerdotes la verdad si no se les enseña a enseñarla? ¿Cuál es la diferencia entre aprendizaje y conversión?

Al día siguiente de cesar en aquel trabajo por causas que analizas en “Diario de una misión obrera”, escribes al superior de la Orden: “La visión de los obreros, que siguen como ovejas sin pastor, me oprime. El Señor buscó la oveja perdida allí donde aquella fuera a parar”. Lo dices con dolor pero sin rebeldía, consciente de los peligros y errores que acechan al sacerdote consagrado a esta delicada misión y del modo como deberá enfocarse para llevar adelante la evangelización del mundo obrero. “Una vez más”, subrayas en la misma carta, “os repito mi felicidad de servir a la Iglesia en una obediencia que yo quisiera indefectible”.

A partir de aquí, tu creatividad apostólica te llevará a emprender una serie de iniciativas. Sé bien cómo sintonizabas con este texto de Isaías [54, 2]: “Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, hinca bien tus estacas, porque te extenderás a derecha e izquierda.”

Y siempre con una actitud humilde, como decías para ti mismo y para tus posibles oyentes, en unas conferencias a través de la televisión francesa: “Quisiéramos que Dios se nos manifestase sin haber dejado antes nuestra vanidad y presunción. Pues bien (...), necesitaremos algunos buenos alfilerazos para desinflar nuestra vanidad, nuestro 'yo', a fin de que, haciéndonos pequeños, podamos descubrir a Dios”. Enseguida (1955), fundas la Misión Obrera de San Pedro y San Pablo, que diez años después será reconocida oficialmente como Instituto apostólico de derecho diocesano. Así, continúas de otro modo la tarea evangelizadora del mundo obrero. Cuánta vida dejas en la animación de estas pequeñas comunidades, sobre todo en Sao Paulo, donde permaneces cinco años y donde maduras el estupendo proyecto de “La Escuela de la Fe”, que en 1969 fundarás en Friburgo (Suiza). Te fascina la idea de formar cristianos capaces de testimoniar en la vida cotidiana el amor fraterno y anunciar con sencillez y competencia el misterio cristiano.

A principios de 1970 te vas a llevar la sorpresa de tu vida. Pablo VI quiere que dirijas en el Vaticano los Ejercicios espirituales en los que él mismo va a participar. Das tu sí confundido, agradecido, tembloroso, y comienzas al atardecer del 15 de febrero la serie de 22 instrucciones sobre el tema que el mismo pontífice te ha sugerido: “Habladnos de Cristo y de la Iglesia”. Seguro que te emocionaron las palabras con las que el mismo Papa cerró aquel sencillo y denso retiro, cuando entre otras cosas dijo: “Cuando escuchábamos las predicaciones de estos días pensaba en ese camino que, acaso en nuestra teología habitual de los estudios, jamás había percibido tan bien trazado: es decir, la venida de Cristo a través de la historia de la salvación”. O cuando insistía en que el recuerdo de estas jornadas “no debe apagarse ni dormir en nuestro espíritu, sino que debe ser como un manantial de nuevos pensamientos, de nuevos sentimientos, de resoluciones que tomemos una vez terminado el retiro”. Por entonces publicas libros ricos en experiencia de vida. Así, En la escuela de los grandes orantes, donde dices: “No soy un erudito, ni un exégeta, ni un teólogo, pero tengo el deseo de buscar a Dios”.

Intuyo, querido Jacques, que esta frase es la mejor definición de tu vida.

Cuando en 1981 dejas la dirección de la Escuela de la fe tratas de disponerte en el silencio para el encuentro definitivo con el Señor. Quieres alimentar la auténtica fe cristiana, que “no consiste en tener ideas sobre Jesús sino en dejarle entrar en tu vida”. Porque “al final de la vida —confiesas—, se busca lo esencial”.Y tú lo encuentras en la soledad monástica, dejándolo todo y dejándote del todo, confiadamente, en manos del único Señor de tu vida.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

El cardenal Martini ante los retos inminentes de la Iglesia

Por Jaime Vázquez Allegue
Publicado por Vida Nueva

Cuestiones como los divorciados, el celibato y el papel de los laicos son abordados en un nuevo libro

Hay cuestiones candentes que afectan a la Iglesia y que, en palabras del cardenal Carlo Maria Martini, no pueden esperar más y han de ser abordadas de forma inmediata. Temas como la actitud de la Iglesia hacia los divorciados, el nombramiento y la elección de los obispos, el celibato de la vida consagrada y los sacerdotes, el papel de los laicos en la Iglesia, la relación entre la jerarquía eclesial y la política y los gobiernos, son algunas de esas cuestiones, y de ellas se habla en libro Estamos todos en la misma barca (San Pablo), en el que se recogen las conversaciones que mantuvieron el cardenal Martini y el P. Luigi Maria Verzé durante los primeros meses de 2009 en un intento de dialogar sobre los mares por los que navega la barca de la Iglesia.

Como se suele decir, Carlo Maria Martini no necesita presentación. Todos –creyentes y no tanto– saben que durante muchos años fue, además de príncipe de la Iglesia, un candidato a la cátedra de Pedro. Con toda seguridad, la Iglesia del siglo XXI hubiera sido diferente con él al timón. Pero el Espíritu sopló en otra dirección y hoy Martini experimenta el sufrimiento de la cruz en el dolor de la enfermedad, pero con el ánimo y la ilusión de servir a la Iglesia con el entusiasmo de un joven que pone al Evangelio como norma de vida. El padre Luigi Maria Verzé es un sacerdote muy conocido por su opción comprometida en favor de los enfermos. Fue el fundador del hospital de San Rafael de Milán y promotor de la universidad del mismo nombre. Verzé interpela a la Iglesia con cuestiones candentes y de primer orden desde la experiencia de la calle y el servicio a los más necesitados, con la parábola del buen samaritano –texto de cabecera– que le ayuda a interpretar el mensaje de Jesús desde una nueva perspectiva.

Libro-MartiniEn Estamos todos en la misma barca, encontramos las experiencias dialogadas de dos hombres de Iglesia, el cardenal Martini, de 82 años, y el sacerdote Verzé, de 89. Los dos dialogan como los ancianos de la tradición bíblica, con la experiencia del pasado, el conocimiento del presente y la mirada puesta en el futuro a sabiendas de que, sólo de esta forma, la visión objetiva de la realidad suele acertar en sus pronósticos.

“¿Usted no sufre porque la Iglesia se quede al margen, mientras la humanidad avanza sin Cristo?”, pregunta Verzé a Martini en un momento de esas conversaciones. El cardenal se dirige al sacerdote con estas palabras: “Hombres como Pablo VI tenían una profunda y dolorosa conciencia de esta separación. Mucho se hizo en el Concilio Vaticano II para superar esta fractura. Pero este convencimiento todavía no ha alcanzado todos los aspectos y niveles de la vida de la Iglesia”. El debate está servido.

Revisar la normativa canónica

La situación de los divorciados vueltos a casar es, quizás, la más desarrollada en el diálogo entre el sacerdote y el cardenal. Un tema que cada vez adquiere mayor actualidad y una situación que cada vez afecta a más personas de fe y comprometidas con el anuncio del Evangelio. El aumento de separaciones civiles y la situación de rechazo de la institución religiosa hacia los divorciados que se vuelven a casar hacen que muchos creyentes abandonen sus costumbres religiosas y se alejen de la Iglesia. Aunque en algunas cuestiones discrepan, tanto para Martini como para Verzé la desproporción entre divorcios civiles y nulidades matrimoniales obliga a hacer una revisión de la normativa canónica y eclesial.

Las cuestiones debatidas entre los dos tertulianos son analizadas siguiendo el estilo directo, sin circunloquios, sin evasivas, sin respuestas vagas ni frases con doble sentido. Los temas son abordados con la misma claridad con la que son presentados. La novedad –y ése es uno de los méritos de la obra– reside en la calidad de las respuestas. Tanto el jesuita Martini como el cura Verzé saben de lo que hablan con conocimiento de causa, lo cual, lejos de convertirse en un mero espectáculo de opiniones contrastadas, hace del debate un interesante coloquio del que se puede discrepar, estar de acuerdo, rechazar o aprobar de forma absoluta. Y es que los temas abordados son analizados con fundamentos sólidos y con argumentos de peso. Se estará de acuerdo o no, pero lo que nadie podrá cuestionar es que falten razones para el diálogo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Lecturas y Liturgia de las Horas: Martes 01 de Setiembre de 2009.

XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6. 9-11

Hermanos:
En cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche.
Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.
Porque Dios no nos destinó para la ira, sino para adquirir la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, a fin de que, velando o durmiendo, vivamos unidos a Él. Anímense, entonces, y estimúlense mutuamente, como ya lo están haciendo.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 26, l. 4. 13-14

R. ¡Contemplaré la bondad del Señor!

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 31-37

Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA XXII
De la feria. Salterio II

1 de septiembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande!
¡Su caridad infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Cantemos sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo
el Dios que nos justifica!». Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42 - DESEO DEL TEMPLO.

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Ant. 2. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cántico: ANGUSTIA DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN Is 38, 10-14. 17-20

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estas acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Ant. 3. ¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión.

Salmo 64 - SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 4-5

No viváis, hermanos, en tinieblas para que el día del Señor no os sorprenda como ladrón; porque todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.

RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

PRECES

Bendigamos a nuestro Salvador, que con su resurrección ha iluminado el mundo, y digámosle suplicantes:

Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal en memoria de tu santa resurrección,
te pedimos que la esperanza de participar de tu gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:
dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicia de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,
a fin de que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres,
para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación: concédenos la abundancia de tu gracia para que preparemos, delante de ti, sendas de justicia y de paz. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


------------------------------------

VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: MENTES CANSADAS.

Mentes cansadas,
manos encallecidas,
labriegos al fin de la jornada,
jornaleros de tu viña,
venimos, Padre,
atardecidos de cansancio,
agradecidos por la lucha,
a recibir tu denario.

Llenos de polvo,
el alma hecha girones,
romeros al filo de la tarde,
peregrinos de tus montes,
venimos, Padre,
heridos por los desengaños,
contentos por servir a tu mesa,
a recibir tu denario.

Hartos de todo,
llenos de nada,
sedientos al brocal de tus pozos
y hambrientos de tu casa,
venimos, Padre,
el corazón entre tus brazos,
la frente humilde de delitos,
a recibir tu denario. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48 I - VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Ant. 2. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48 II

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; son justificados gratuitamente, mediante la gracia de Cristo, en virtud de la redención realizada en él, a quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y obispo de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y digámosle suplicantes:

Protege, Señor, a tu pueblo.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo N.
y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los pueblos
y dales sabiduría y prudencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
y admítelos en el festín de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



---------------------------------------

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE 1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

domingo, 30 de agosto de 2009

Murmuraciones y malos pensamientos


Nathan Stone, S.J.
Publicado por Mirada Global

Algunos de los senadores en la comisión votaron en contra de la confirmación de Sonia Sotomayor como ministra de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Afirmaban estar convencidos de que era imposible que fuera imparcial en sus juicios, ya que es mujer y de familia latina, y tendría que favorecer la causa. Curioso, como esos senadores conocen los corazones. Curioso, también, como la cultura y el género "normal" predominante logró su monopolio sobre la imparcialidad.

La jurista, a su vez, respondió así: cada uno tiene derecho a su propia opinión, pero los datos, datos son. Simple, al punto y, además, curioso que se tenga que explicitar. Un signo de nuestros tiempos es que muchos han llegado a creer que son libres para inventar sus propios datos, y que por el puro hecho de creérselos, pasan a ser "su verdad".

Más allá de credos religiosos, todo ser humano tiene un compromiso con la verdad. Nadie puede inventar "verdades" a su conveniencia. Los juicios emitidos sobre las personas y las situaciones, han de responder a datos reales, completos y verificables. Es la responsabilidad de todo ser humano, si es que pretendemos tomarnos en serio y vivir en sociedad.

La opinión es propiamente un asunto que podría ser de una manera u otra. Es la cancha de los temas complejos, imposibles de zanjar y, sin embargo, los que determinan el curso de la historia. Para que sea válida, la opinión ha de fundamentarse sobre datos reales, y no inventados. Debe formularse de acuerdo a razonamientos lógicos, y con referencia a algún marco valórico consensual. De no ser así, esa opinión, a la cual cada uno tiene derecho, es inválida, no importa quién pretenda sostenerla. Quienes emiten opiniones inválidas con cierta frecuencia pierden el respeto de pensadores serios. De generalizarse como procedimiento usual, se pierde la posibilidad de forjar una sociedad.

La ley de la selva, en cambio, se formula sin referencia a datos, razones y valores. Es ahí donde pesan las murmuraciones, los comentarios y los malos pensamientos; donde el poder suplanta el derecho, y las verdades se inventan para acomodar la conveniencia. En ese mundo, no hay Corte Suprema que valga. Los discursos floridos de zozobras y brujerías hacen las veces de narrativa identificadora, y los poderosos imponen lo suyo.

La gente de pueblos indígenas muchas veces pide perdón por sus "malos pensamientos". No se refieren a las fantasías sexuales (rollo obsesivo de los occidentales modernos), sino a haber pensado mal de alguien. Les pesa la conciencia, porque saben que la atribución de malas intenciones a algún compañero daña a la sociedad. Sólo cuando logran suponer buenas intenciones por parte de los demás, se sale adelante con el proyecto social; armonía de hermanos que se sientan juntos en la mesa. En desconfianza, su mesa es una farsa.

Las murmuraciones en contra de Jesús, a la larga, ocasionaron su crucifixión. Los que le siguen no esperan otra cosa. Dichosos serán cuando los injurien y los persigan, cuando digan contra ustedes toda clase de calumnia. Alegrémonos, pues, es un signo de haber tomado el Evangelio en serio. Y, sin murmurar entre nosotros, porque hace mal.
___________________
Nathan Stone. Sacerdote jesuita, magíster en literatura y teólogo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

MI NAUFRAGIO EN LAS ISLAS MARÍAS: De noche, entre el fuego y las olas

Por Luis Valdez Castellanos sj
Publicado por Fe Adulta

En las Islas Marías, situadas en el océano pacífico al sur de Mazatlán, se ubica un penal federal que es un modelo único de cárcel que tiene como finalidad la rehabilitación del preso. Las únicas rejas son las olas y los internos pueden vivir con sus familias. Actualmente se suele admitir a reos de baja peligrosidad.
Desde 1943 el gobierno mexicano pidió a la Compañía de Jesús que se hiciera cargo de la atención religiosa de los presos. Y desde entonces ha habido presencia permanente de jesuitas en la Isla que han entregado su vida en medio de los pobres y de los presos.
Debido a mi nuevo servicio en la Compañía de Jesús, en septiembre del 2008 visité por primera vez a los dos jesuitas que actualmente viven ahí: el P. Francisco Ornelas quien es el párroco y el hermano Juan Gómez quien fundó y dirige una Escuela de Torno Industrial para dar capacitación a los presos.
Para llegar ahí hay que pedir permiso a Gobernación y embarcarse en Mazatlán en una travesía de 12 horas. Además hay que sumar las 5 horas que duran los trámites de revisión de equipaje para poder abordar el barco de la Armada de México.
El miércoles 1º de julio me embarqué por segunda vez en el buque Maya de la Armada de México. Íbamos 89 civiles y 34 tripulantes. Es un barco de carga donde transportan diesel, herramientas, el correo y los alimentos para toda una semana de los internos y el personal administrativo de la Isla. Suelen ir familiares de los presos, algunos empleados de algunas empresas a prestar servicios y la tripulación. Para los civiles no hay sillas ni camarotes. Viajan en cubierta y se duerme en el piso al aire libre. Esta vez ya iba más confiado, con la experiencia de haber viajado con anterioridad. Después de platicar con el papá de uno de los presos me acosté a dormir.
Me despertó el movimiento de varios niños y los gritos que anunciaban que se estaba quemando el barco. Eran las 4.30 AM y todavía faltaban tres horas de navegación.
Me incorporé y ya estaba encendido el reflector que iluminaba la cubierta y lo que vi en la proa fue que junto a la antena del radio y cercano a los camarotes de la tripulación salía un humo denso de color gris oscuro. Cuando el viento lanzaba el humo hacia la popa, donde estábamos todos arremolinados, nos faltaba el oxígeno y yo sentía que me ahogaba. Tenía que irme al barandal para no respirar más ese humo contaminado. Aunque veía que estábamos en problemas mi mente me decía que el problema iba a ser controlado. Pensaba que estaba viviendo una pesadilla, me costaba trabajo creer lo que estaba viendo.
En unos instantes más empecé a sentir angustia pues en lugar de desaparecer el humo y extinguirse aparecieron unas poderosas llamas. Los marinos corrían intentando sofocar el incendio pero noté en seguida que no podrían y que sus esfuerzos serían inútiles. Carreras y gritos, especialmente de los niños que estaban con sus mamás. A mi alrededor había varias mamás abrazando y tratando de calmar a sus hijos. Gente sencilla de nuestro pueblo. Yo seguía atónito, todavía sin poder despertar bien y con la sensación de estar viviendo una pesadilla. Me acabé de despertar cuando el jefe de los marinos dio la orden de ponernos los chalecos salvavidas y evacuar el buque.
Como estaba a un lado del depósito de los chalecos inmediatamente empecé a repartirlos a los que lo pedían y empezamos con nerviosismo a anudar los listones. Los dedos no me respondían ágilmente y tardé un poco en hacer los nudos y asegurar mi chaleco.
Los marinos hicieron dos grupos: los que no supieran nadar y los que sí. A los primeros los fueron llevando a la parte trasera del buque para empezar la evacuación y ayudarles.
El fuego aumentaba a la misma velocidad que mi angustia de imaginar que iniciaran algunas explosiones. Sentí un gran miedo que, de pronto, hubiera una explosión que me alcanzara y me quemara.
De la cubierta bajé a la popa. La escalera terminaba en unos tambos de 200 litros llenos de gasolina y de ahí había que brincar al piso. Ayudé a algunas personas a bajar de los tambos y a subirse al barandal del barco para tirarse al agua. Y mientras atendía a los demás también sentí fuertemente mi propio instinto de conservación y de buscar la salida para mí; quería salvarme. Anduve recorriendo la popa y viendo hacia el mar para encontrar el mejor lugar para saltar. Dudaba mucho para dar el salto y me resistía. Tenía mucho miedo y la sensación de ir a lo desconocido, a la inseguridad. No me cabía en mi lógica lo que estaba pasando.
A pesar de las carreras, los gritos y los llantos, los marinos iban ordenando muy bien la evacuación. Había un jefe que daba las órdenes y los demás las apoyaban. Gracias a esta disciplina pudieron ayudar a las mamás a mantener la calma y que no se diera un brote histérico entre ellas y en los hombres que no sabían nadar. Las balsas salvavidas más cercanas al barco ya se estaban llenando principalmente con las mujeres y los niños. Los marinos estuvieron muy pendientes de cada mamá que caía al agua para auxiliarla.
Yo rodeaba el contorno de la popa y me seguía resistiendo a lanzarme al agua. La veía muy lejos y era de noche.
Me acordé que en mi equipaje, que obviamente tenía que dejar, estaban mis lentes y decidí subir a cubierta por ellos. Al llegar ahí, las llamas ya habían crecido aún más y sentí nuevamente el pánico de una explosión pues sabía que el barco llevaba combustibles. Para entonces la cubierta ya estaba casi desierta salvo algunos marinos que estaban quitando cosas cercanas al fuego. Rápidamente inicié el descenso a la popa y volví a caminar sobre los toneles de gasolina, pero esta vez las ansias me hicieron brincar más rápidamente y caí mal sobre mi pie derecho. Se me dobló el tobillo, caí completamente y enseguida sentí un dolor agudo. Pero había que escapar lo más pronto posible y me levanté como pude.
Busqué el costado del barco más desocupado y ahora sí me dispuse a brincar al mar. No me quedaba otra. También me animó el hecho que ayudé a saltar al agua a una señora con su hijo en brazos. Me dije: “ella no sabe nadar y lleva a su hijo, yo sí sé nadar tengo los brazos libres”. Así me di valor.
Sólo eran dos o tres metros de altura pero yo veía muy lejos el mar. Aunque dieron la orden de quitarse los zapatos yo la desobedecí y salté con ellos al agua, a la oscuridad, a la aventura. El chapuzón en el agua fresca me volvió a recordar la locura que estábamos viviendo. Gracias al salvavidas no me hundí tanto. Aunque es una zona donde hay muchos tiburones, en ese momento no lo recordé y puede nadar sin pánico. Sentí que iniciaba otra etapa en esta aventura pues me alejaba ya del peligro de las llamas, de una explosión y también había superado el temor de saltar.
Después de nadar un rato llegué a una balsa que estaba casi sola. Subir implicaba un grado de dificultad grande pues el costado de la balsa era redondo y alto como una llanta gigante. Aunque tenía una escalera pequeña de listones de tela, al poner el pie en la escalera el cuerpo se va hacia abajo de la balsa. Y así hay que impulsarse hacia arriba. Con la ayuda del marino que estaba ya en la balsa pude remontar y luego caer de clavado pues la balsa es profunda . Una vez adentro ya sentí una gran seguridad de haber logrado uno de los objetivos: llegar a la balsa.
Dentro de la balsa la oscuridad fue mayor pues era de noche y además tenía un toldo que la cubría. Al poco rato, subió un señor muy gordo y al entrar de clavado y caer pesadamente en el piso desfondó la balsa. El piso se despegó y empezamos a hundirnos. Nuevo susto y nueva batalla por la sobrevivencia. Se hundía el piso y el agua nos llegaba ya a la cintura. Era un nuevo naufragio y nuevos sentimientos de inseguridad. Decidí sumergirme más para liberarme y lo logré.
Volví a nadar en medio de la oscuridad y de una profunda soledad física. En ese momento no pensé en mi gente querida sino que estaba profundamente inmerso en una especie de burbuja del aquí y el ahora. El mundo se desaparece, lo único es el presente y la lucha por la sobrevivencia. También me percaté sensiblemente de la fragilidad de la vida. Hacía unos minutos descansaba en el barco y ahora enfrentaba el peligro y la incertidumbre. Pensé en lo rápido que puede cambiar la vida, de manera sorpresiva y que se impone. Había contemplado muy cercana la muerte pero no como algo inminente. No la ví a un paso sino a cinco.
Me detuve a descansar un poco y contemplar el barco que ardía y pensé que escenas de incendio en el mar ya las había visto en películas, pero ahora era diferente. Estaba asombrado y atónito. Durante momentos contemplaba sin creer ese espectáculo. Yo estaba en plena oscuridad solo iluminado por las llamas del barco. Andaba a la deriva nuevamente sintiendo una terrible soledad.
Nadaba solo pues la mayoría de las personas ya estaban en las balsas. Continué hasta que vi un barril blanco que me llamó la atención. Me dirigí hacia allá y, enseguida, vislumbre a un marino que en ese momento jalaba un cordón y se abría una balsa. Sentí nuevamente la esperanza. Él subió inmediatamente y le pedí ayuda para subirme, y luego ambos ayudamos a varios más. La balsa se fue llenando poco a poco. Sentí miedo que con el sobrepeso se fuera a hundir como había pasado con la otra. En total subimos 19 personas y la capacidad era para 20.
En esa balsa se subió la mayoría de la tripulación pues revisaron que todas las personas estuvieran a salvo y no anduviera nadie a la deriva en el mar. También fueron los últimos en abandonar el buque. Así nuestra balsa era completamente masculina con 3 civiles y 16 de la tripulación, entre ellos, estaba un teniente de navegación y el jefe de los marinos (el Contramaestre) quienes tomaron la autoridad.
Empecé a sentir calambres en las piernas y un gran cansancio. Seguía la oscuridad y las olas nos alejaban del barco. Eso nos beneficiaba pues en caso de que se hundiera no nos jalaría, con él, al fondo del mar. Además seguía latente la posibilidad de que se dieran estallidos, pues se quedaron algunos tambos de gasolina en la popa.
Se sacó el equipo de auxilio de la balsa: unos remos; unos paquetes con sobres que contenían agua; una especie de paracaídas pequeño que se lanzaba al mar y funcionaba como contrapeso para jalar la balsa; una navaja para cortar cuerdas; luces de bengala; otras luminarias; etc. Me dio gusto que vinieran bien equipadas para accidentes como el que habíamos vivido. Además la balsa tenía, en el centro, un arco que servía de sostén a un toldo que colgaba a ambos lados y nos protegería cuando saliera el sol. La balsa podría estar completamente cerrada pero no circularía el aire. Tenía que estar destapada hasta cierto nivel.
Una vez que el teniente organizó a la tripulación vino un gran silencio que a mí me permitió contactar más con mis sentimientos de extrañeza, de estar en una balsa con gente sencilla del pueblo, desconocida, pero que nos hermanaba una experiencia de estar completamente a la deriva e incomunicados. Sentí una gran cercanía a esas personas, una comunión humana de estar en peligro y en dificultades. Ahí no importaba qué había hecho cada quien, ni qué profesión tenía, ni qué títulos, ni la edad, ni la condición social. Importaba que estábamos juntos en aprietos y teníamos una actitud de cooperación y de buscar soluciones.
Más adelante se acercó en una pequeña barquita de madera el capitán del barco y le comunicó a sus subalternos que había decidido intentar llegar remando a las Isla pues no quería quedarse ahí sin hacer nada. Pidió los remos de nuestra balsa y le dio al teniente un radio portátil y él se llevó otro. Iba con cinco marinos y así se partieron.
Poco a poco empezó a amanecer y vi que nos habíamos alejado demasiado del grupo de las demás balsas que se habían amarrado entre ellas para evitar la dispersión. Sólo nosotros estábamos aislados y ahora distantes.
El teniente ordenó al buzo del buque y a otros tres marinos que se tiraran a nadar para acercarnos a las otras balsas ya que la distancia cada vez era mayor y no teníamos los remos. Pero en realidad era infructuoso el esfuerzo pues las olas lo impedían y nos arrastraban en la dirección contraria. Y después de unos minutos el buzo y los marinos que se habían tirado al agua entraron intempestivamente a la balsa, como si fueran delfines saltando, pues vieron a un tiburón. Y ahí recordé que es una zona llena de tiburones. Estaban pálidos y con la respiración agitada.
Con la luz del día me alegré de ver que mi reloj había superado la prueba y funcionaba perfectamente. Ya eran las 8 de la mañana. Sentía mucha sed y hambre.
El teniente tenía el radio portátil y mandaba constantes mensajes de auxilio a los distintos lugares que podían oírnos: San Blas en Nayarit, Mazatlán o las Islas Marías. Pero no había respuesta. Me aburrí de oír tantas veces el mismo pedido de auxilio.
Uno de los marinos oyó un motor de avión y sentimos una gran alegría e inmediatamente se sacaron las bengalas y se lanzaron dos. La alegría se convirtió en decepción y frustración pues siguió su ruta sin enterarse de nosotros. Pienso que fue un avión comercial que iba demasiado alto. Nuevos silencios.
Íbamos apretados y esto dificultaba cualquier movimiento. Además el piso de hule de la balsa al no estar fijo no permitía apoyarse en él y cambiar de posición. Por todo esto sentí con mucha frecuencia dolores de espalda y a ratos dificultad para respirar. Era muy difícil cambiarse de lugar. Y cuando subió el sol quedé del lado descubierto donde daba plenamente. Me empecé a quemar la cara y así aguanté un buen rato hasta que pedí cambiar de lugar y me metí dentro del toldo de la balsa. Sentí un gran alivio aunque ahora no sería tan fácil ver el mar y las posibilidades de rescate.
Al ver que tantos llamados de auxilio eran inútiles y ayudado por el cansancio me aparecieron una serie de pensamientos pesimistas. Empezaba a imaginar qué pasaría si anochecía y si no nos localizaban pronto. Empezó un tormento interior. Entonces recordé la importancia de vivir sólo en el presente y contactar con él a través de la respiración. Respirar profunda y repetidamente. Sentir el aire que entra y sale. Sentirlo, sentirlo… Y esto me ayudó a no sumergirme en el fatalismo y la desesperación total. Pero los sentimientos de incomodidad, impaciencia, cansancio, y el dolor del pie que ya había aparecido hacía rato me presentaban de nuevo pensamientos pesimistas que combatí con la conciencia del presente.
No sabía por qué pero permanentemente había agua en el piso de la balsa que nos mantenía mojados las asentaderas y las piernas. Fueron muy útiles una esponja y un trasto de plástico que estaban en el equipo de la balsa para que los marinos pudieran sacar poco a poco el agua que se juntaba. Esto me recordaba permanentemente que estaba en alta mar y a la deriva.
A ratos me preguntaba cómo estarían las mamás y sus niños en las otras balsas. Pensé en todas las horas que llevábamos a la deriva y la incomodidad de los niños, su impaciencia y por qué no, la histeria de alguna de las personas adultas. Me consolaba saber que en cada balsa iba un marino y que estaban juntas para ayudarse. El cansancio me hacía dormitar un poco.
El teniente me desesperó pues empezó a tener mal humor y les empezó a gritar a los marinos y a regañarlos de una manera desagradable. Era su manera de sacar el miedo y la tensión. Esperé un tiempo a ver si se calmaba y si no, iba yo a intentar ayudarle a que manejara sus sentimientos. Pero no fue necesario, en unos minutos más guardó silencio y dejó de dar órdenes.
Cuando podía ver las otras balsas las veía cada vez a mayor distancia. Sin embargo no me preocupaba pues una vez que nos descubrieran nos rescatarían a todos.
En un momento de silencio oímos el motor de un avión y a los pocos minutos entró la comunicación al radio. Cuando escuchamos la voz del piloto que decía que ya nos habían localizado gritamos de emoción y alegría. Como decía mi abuelita, me volvió el alma al cuerpo. Sentí ganas de llorar y mucha emoción. Y se me salieron las lágrimas. El rostro nos cambió a todos por la alegría. Vi mi reloj y eran las 12.40 PM. Estábamos salvados y solo era cuestión de esperar la llegada de las embarcaciones de rescate. A partir de entonces los silencios fueron menores y empezaron las bromas y las caras sonrientes.
Entonces caí en la cuenta que no le había pedido ayuda a Dios. No me puse a rezar ni pensé en poner a rezar a los marinos. Yo tenía la certeza que Dios ya sabía lo que pasaba y no estaba cruzado de brazos sino que había actuado y estaba actuando en el trabajo de todos nosotros y especialmente en el de los marinos que tan acertadamente nos ayudaron a los civiles a evacuar el buque y que ahora todos estábamos en las balsas. Nunca tuve la duda si Dios iba actuar. Me dio gusto constatar Su acción en medio de esa dificultad.
Sabía que el rescate no sería pronto pero ya tenía nueva dosis de paciencia que me alcanzaría hasta llegar a las Islas Marías. Y efectivamente aunque el piloto del avión dijo que la Interceptora (patrulla de alta velocidad) llegaría en media hora en realidad tardó una hora en arribar a la zona del naufragio. Cuando se estableció la comunicación con el capitán de la patrulla, el teniente le pidió que se dirigiera al grupo de balsas pues ahí estaban las mujeres y los niños. Y así lo hizo.
Enseguida apareció en el cielo un gran helicóptero de la marina que estuvo durante más de una hora sobrevolando el sitio. Me explicó el contramaestre que tenía una canastilla por si había necesidad de subir y trasladar a alguna persona grave a Mazatlán. Y afortunadamente no hubo necesidad. Yo sentía mucha emoción de ver el helicóptero muy cerca arriba de nosotros y que estaban ahí para ayudarnos, para respaldarnos. Era también un sentimiento de incredulidad.
Una media hora después llegó con nosotros otra patrulla y a los tres civiles que íbamos nos hicieron subir a ella y los demás permanecieron en la balsa. A mí me costó mucho trabajo porque ya prácticamente me era imposible apoyar el pie derecho. Me dolía cada vez más y más.
Arriba de la patrulla, al aire libre, inmediatamente vi a unos metros dos aletas grandes de tiburón. Andaban merodeando. Y en el trayecto de remolcar la balsa hacia el otro grupo seguí viendo varios más. Pero de ninguna manera intentaban atacar y ya sentía la seguridad de estar en una embarcación menos frágil y con motor.
Tardamos casi media hora en arribar al otro grupo de balsas, pues iba lentamente y nos habíamos separado un poco más de dos kilómetros. Se me hizo muy largo ese corto trayecto. Eran las ansias y el cansancio acumulado.
Para entonces la mayoría de las personas ya estaban en la Interceptora y en algunas embarcaciones pequeñas que salieron de las Islas Marías. También me impresioné mucho pues llegó otra Interceptora con un gran número de médicos y enfermeras que venían de Mazatlán a revisarnos. Sentí nuevamente la solidaridad humana y el agradecimiento con esos rostros morenos de hombres y mujeres que vinieron en nuestro auxilio. La sensación de tragedia iba disminuyendo en mí y la paz volvía al saber que nadie se había ahogado y que todos estábamos con vida.
Ante el retraso en salir rumbo a las Islas Marías pensé que quizás nos querían llevar a Mazatlán de regreso. El capitán que había salido en la barca de remos ya había sido rescatado y estaba hablando con los pilotos de las Interceptoras. Después me enteré que sí tenían la orden de llevarnos a Mazatlán pero que la gente pidió e insistió en dirigirse a las islas ya que los familiares estarían esperando. Y así fue finalmente.
De ahí todavía tardamos más de una hora en vislumbrar las islas. Nos volvimos a detener. Hubo reacomodo en las distintas embarcaciones. A los marinos que había sufrido la tragedia se los llevaron en una interceptora a ver qué se podía hacer en el buque que se seguía incendiando. Sentí coraje y lástima de que en esas condiciones todavía los hicieran trabajar. Entendí el lado inhumano de las instituciones: órdenes son órdenes.
A las 18.30 horas mi embarcación arribó a las Islas Marías. Me percaté que llegaba sólo con lo puesto y en una sensación de despojo, de carencia. Con muchos trabajos y lentitud por el dolor del pie recorrí el muelle hasta el puesto de inspección antes de que le permitan a uno entrar a la isla. Ya necesitaba ver a Paco Ornelas que sabía me estaba esperando. Me urgía.
En el sitio de inspección había un grupo de médicos que nos hicieron una pequeña revisión, entre otras cosas medir la presión arterial y medicaban en caso de necesitarlo. Yo sí traía alta la presión y me dieron una pastilla.
Una vez pasada la inspección me encontré con Paco y el “Regio,” un preso que es su ayudante y se encarga de la catequesis de los niños. Un abrazo hermoso con Paco y luego vi su cara de incertidumbre. No sabía nada. No les habían avisado del naufragio. Éramos los primeros informantes y corrió como pólvora la noticia.
Paco me llevó al hospital del Seguro Social y solo estuvimos un rato pues había varios de los niños que venían en el barco y los estaban atendiendo. Preferí llegar a la comunidad y comer algo.
Después de saludar al hermano Juan me senté a cenar. Mientras, Paco me consiguió ropa interior, un pantalón, una playera y útiles de aseo. Estos signos de acogida y ayuda los valoré muchísimo. Experimenté la solidaridad humana y la fraternidad jesuita. Me sentí en casa con los míos y siendo ayudado por ellos.
Durante la cena fue la narración a mis hermanos jesuitas y al Regio de mi experiencia con todos los pormenores. Contestaba sus preguntas y esto me sirvió para iniciar la catarsis que he vivido desde entonces.
El “Regio” fue a buscar a Gamaliel, un preso que es de Mérida y sabe sobar Y también agradecí mucho que con su habilidad disminuyera la inflamación del tobillo y un poco el dolor. Sin embargo la inflación y el dolor siguieron hasta el presente, pues resultó ser un esguince de segundo grado.
Estaba sumamente agotado física y emocionalmente y me fui a mi cuarto a descansar. Ahí, repasando el día, brotó el llanto ambivalente de agradecimiento por estar vivo; de la angustia vivida; de la soledad; de la fragilidad y también la solidaridad humana.
A modo de cierre.
No me he puesto a pensar sobre la experiencia (el por qué, el para qué) pues he optado por la vía afectiva para drenar todas las emociones que viví y se acumularon en esas horas de naufragio. Y me felicito por esta decisión. He estado muy sensible y me he mostrado débil. He llorado bastante y me he compartido con muchas personas. He recibido muchas muestras de cercanía y cariño que agradezco en el corazón. Hablar mucho del naufragio me ha ido sanando poco a poco.
De los grandes impactos de esta experiencia ha sido lo inesperado y lo contundente. No fue algo programado sino que se nos impuso a todos. La vida tiene su propio ritmo y sus experiencias independientemente de nosotros. Me ayuda a seguir fluyendo con ella como se presente y no como yo la programe.
La profunda experiencia de soledad y de saberme frágil y necesitado también fue una profunda experiencia humana y religiosa. La comunión que viví con los demás me llegó hondamente: juntos en la desgracia y ayudándonos.
Otro impacto muy fuerte fue experimentar la fragilidad de la vida, de mi vida y la cercanía de la muerte. La posibilidad real de desaparecer y de manera pronta me ha dejado huellas. Junto con esto constaté que estoy en paz con mi vida, que siento que he sido muy amado y que he amado a muchas personas.

31 de julio de 2009
Fiesta de San Ignacio de Loyola
Luis Valdez Castellanos sj

SEGUIR LEYENDO LA NOTA