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miércoles, 29 de septiembre de 2010

APRENDER A CREER


XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 17, 5-10) - Ciclo C
Por José Antonio Pagola

A ninguna persona lúcida se le escapa que las nuevas generaciones no creen en muchas de las instituciones y valores sobre los que hemos construido nuestra convivencia social.

Muchos de nuestros jóvenes no creen en el matrimonio ni en la familia. No aceptan nuestras instituciones educativas. Sospechan de los modelos de vida que sus padres les ofrecen. No creen en la validez de lo que les pueda ofrecer la iglesia cristiana o las diversas tradiciones religiosas.

Pero, no se trata sólo del desencanto, la indiferencia o el escepticismo de unos jóvenes que «pasan» de todo. Parece que al hombre actual se le está haciendo cada vez más difícil afiliarse a una ideología concreta o confesar con conviccción un determinado credo.

Ya no están en crisis sólo los grandes sistemas económicos, políticos y religiosos, criticados por el análisis marxista. Hoy asistimos a la crisis del mismo movimiento socialista, que tampoco parece ser capaz de resolver el problema de una convivencia justa y libre.

Y no es extraño que el hombre de hoy se resista a creer rápidamente en cualquier mesianismo, aunque sienta, de diversas maneras, la necesidad urgente de encontrar una «salvación».

Y no es extraño tampoco que escuche de nuevo en el fondo de su ser las preguntas que eternamente acompañan el peregrinar de la humanidad. ¿Dónde encontrar razones válidas para enfrentarnos a la vida? ¿Qué es vivir de una manera verdaderamente humana? ¿Qué es lo que nos puede hacer a los hombres más humanos? ¿Qué sentido último podemos dar a nuestros trabajos, luchas y a todo nuestro quehacer histórico?

Los creyentes tenemos que aprender a creer en el horizonte de esta crisis general. Sólo podremos creer en Dios si la fe nos ayuda a responder convincentemente a estas preguntas. En nuestro pueblo se creerá en Dios si se puede verificar, de alguna manera, que la fe en Dios le hace realmente al hombre más humano, más justo, más liberado.

En el fondo, sólo creemos de verdad en aquello que nos ayuda a vivir. Y sólo creemos de verdad en Jesucristo si podemos comprobar por experiencia personal que él nos ayuda a vivir con más hondura, con más sentido y con verdadera esperanza.

También nosotros debemos gritar como los discípulos: «Auméntanos la fe», porque necesitamos creer con más convicción, más realismo y más gozo. Necesitamos, sobre todo, creer que el evangelio tiene hoy para todos nosotros fuerza salvadora y liberadora, y nos puede ayudar a construir una sociedad más justa, más fraterna y, en definitiva, más humana.

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Antonio Molina: “Soy optimista: Dios, antes o después, se saldrá con la suya”


Misionero de África que hace 30 años realizó su particular ‘París-Dakar’
Por Javier F. Martín

¿Cuánta gente que haya conocido en los últimos años merece realmente la pena? Si me hicieran esta pregunta a mí, incluiría sin dudar a Antonio Molina Molina, Misionero de África (PP. Blancos). Y lo incluiría no por lo que hace o ha hecho, sino por lo que es: un buen hombre, un hombre bueno. Su mirada y sonrisa dicen mucho más que sus palabras, ¡y eso que tiene mucho que contar!
Por ejemplo, acaba de celebrar el 30º aniversario de su primer y particular ‘París-Dakar’. En enero de 1980 Antonio Molina se embarcó en un Citröen 3 CV en Bruselas, llegó a Almería, cruzó en ferry hasta Melilla, y atravesó Marruecos, Argelia y Níger para llegar a Burkina Faso, después de 8.000 kilómetros y cerca de tres semanas por el desierto. Todo para llevar el coche a sus compañeros de misión, que lo necesitaban para atender a las comunidades encomendadas en aquellas tierras. Como no estaba conforme, tres años después repitió experiencia con un Cuatro Latas, un Renault 4.
Burkina Faso ha sido el gran amor africano de Antonio, dos décadas de trabajo en las que hizo de todo: vicario y párroco en una zona paupérrima del Sahel, director del Centro de Formación de Animadores de Comunidades Rurales y profesor-formador en el Seminario Diocesano de Dédugu. Antes de Burkina, fue Mozambique, país en el que le tocó lidiar con la formación de los futuros sacerdotes. Después vendrían Brasil y Bélgica. De vuelta a España, la capellanía de Ayuda a la Iglesia Necesitada hasta su jubilación, y ahora “sigo anunciando el Evangelio sobre los tejados, con los programas de radio”, relata.
Pero más allá de los hechos está el pensamiento de este religioso, sobre todo cuando se refiere a la misión: “Ante cualquier situación humana me preguntaba: ‘Si Jesús estuviera aquí y ahora, ¿qué actitud asumiría?’”. Y aquí, en ese explicitar el mensaje de Jesús, reconoce que “tanto cuidado institucional con guardar el prestigio y ¡zas!, de pronto tiran de la manta y se descubre un montón de estiércol… Pero, a pesar de tanta miseria humana, creo en la esperanza. Soy de los optimistas, porque Dios, antes o después, se saldrá con la suya”.

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XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 17, 5-10) - Ciclo C: Si tuvieran fe como una semilla de mostaza…


Publicado por Servicios Koinonia

Hab 1, 2-3; 2, 2-4: El justo vivirá por su fe
Salmo 94: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: "No endurezcan su corazón."
2Tim 1, 6-8. 13-14: No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor
Lc 17, 5-10: “Si tuvieran fe como una semilla de mostaza…”

Ofrecemos en primer lugar un comentario bíblico tradicional

El profeta Habacuc nos pone en el contexto del diálogo entre el profeta y Dios, donde el primero toma la iniciativa y pregunta a Dios por la raíz del mal y el sufrimiento que lo rodea. La injusticia, la violencia y la desigualdad parecen convertirse en la única forma de vivir de la sociedad en muchos momentos, no sólo de la historia del pueblo de Dios, sino también de la historia de la humanidad. La queja del profeta es clara: no hay justicia; se vive en una violación sistemática de los derechos básicos provocados por la anomia y la confusión de su tiempo. Sin embargo, la respuesta del Señor, ante la situación, no se hace esperar. El Dios de la historia y la creación hace un llamado al “justo” a la fidelidad y a la confianza. Dios se encuentra con el ser humano en la justicia, en la resistencia pacífica y en la esperanza del ser humano en él.

En la segunda carta a Timoteo el autor nos presenta de dónde procede el ser apóstoles del Señor: del plan divino de la salvación de Dios. Los creyentes hoy estamos exigidos a tomar conciencia que hemos recibido del Señor el don de la fe, de la fortaleza y de la caridad; por tanto, este don recibido demanda una respuesta oportuna. Ante la situación tan compleja, adversa y confusa de nuestra situación mundial, los carismas del Espíritu del resucitado se nos dan para dirigir a la comunidad humana con valentía y dar testimonio de la liberación y salvación del Señor. Dichos dones recibidos de la gracia de Dios, son también, tarea humana, y necesitan ser cultivados e incrementados constantemente para evitar caer en el absurdo y la desesperanza.

En el texto de Lucas vemos a los discípulos, conscientes de su poca fe, de su incapacidad para dar su adhesión plena a Jesús y a su mensaje. Por eso le piden que les aumente la fe. Jesús constata en realidad que tienen una fe más pequeña que un grano de mostaza, semilla del tamaño de una cabeza de alfiler. No dan ni siquiera el mínimo, pues con tan mínima cantidad de fe bastaría para hacer lo imposible: arrancar de cuajo con sólo una orden una morera y tirarla al mar. Este mínimo de fe es suficiente para poner a disposición del discípulo la potencia de Dios.

La morera, como la higuera, son símbolos de fecundidad en Israel. La higuera con muchas hojas, de bella apariencia, pero sin higos, es símbolo de la infecundidad de la institución judía, que no da su adhesión a Jesús. Los discípulos tienen fe, pero poca. Con fe, como un grano de mostaza, estarían en condiciones de “arrancar la morera (símbolo de Israel) y tirarla al mar”. Con este lenguaje figurado indica Jesús cuál es la tarea del discípulo: romper con la institución judía, basada en el cumplimiento de la ley y eliminar el sistema de injusticia que representa esa institución con su templo-cueva de bandidos, al frente. Con un mínimo de fe bastaría para cambiar ese sistema.

Miro a mi alrededor y pienso que algo no funciona. Tantos cristianos, tantos católicos, tantos colegios religiosos... Y me pregunto: ¿Cuántos creyentes? ¿Tienen fe los cristianos, los sacerdotes y religiosos, los obispos? ¿Tenemos fe? ¿O tenemos una serie de creencias, un largo y complicado credo que recitamos de memoria y que poco atañe a la vida?

Las palabras de Jesús siguen resonando hoy. “Si tuvierais fe como un grano de mostaza...” O lo que es igual: si siguierais mi camino, si vivierais según el evangelio, tendríais la fuerza de Dios para cambiar el sistema.

Sigo mirando a mi alrededor y veo una iglesia apegada a sus privilegios, que se codea con los poderes fácticos, que depende en muchos países económicamente del estado, capaz de echarle un pulso al poder político y vencer, identificada con frecuencia con la derecha o el centro, defensora a ultranza de su estatuto de religión verdadera y prioritaria.

Me vuelvo al evangelio y releo sus páginas: “Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que Dios será tu riqueza, y anda sígueme a mí” (Lc 18,22). “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero este hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Lc 9,58). “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir” (Lc 12,22). “Los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros nada de eso; al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven y el que dirige al que sirve” (Lc 22,25-26).

Pobres, libres, sin seguridades, sin poder, como Jesús. Sólo tiene fe quien se adhiere a este estilo de vida evangélico. Quien no, tiene creencias que para casi nada sirven. Y así no se puede cambiar ni el sistema religioso ni siquiera el mundano.

Tal vez tengamos que reconocer que somos “siervos inútiles”, pues no andamos en el sistema de la fe, sino en el del cumplimiento de las obras de la ley, como los fariseos, que, al final, de su trabajo tienen que considerarse “siervos inútiles”, pero no “hijos de Dios” que es a lo que estamos llamados a ser, como ciudadanos del reino.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: www.untaljesus.net



Y añadimos un comentario crítico.

La palabra «fe» es polisémica, tiene significados múltiples, que dependen del contexto de su uso. En el evangelio que hoy leemos, es claro que aparece como sinónimo de coraje, decisión, convicción de entrega... y «esa fe» es la que mueve montañas... o traslada moreras, no necesariamente con una eficacia «sobrenatural», sino a veces simplemente psicológica.

No hay que confundir ese significado de la palabra «fe» con aquel otro que se nos inculcó en el catecismo infantil: «fe es creer en lo que no se ve», significado dominante en el imaginario cristiano tradicional. Confundir estos significados de la palabra nos lleva a pensar que lo que Dios nos estaría pidiendo como prueba máxima en nuestra vida, sería una especie de «fideísmo», un creer lo que no se ve, un aceptar sin pruebas lo que nos dice la religión, un saltar continuamente por encima de nuestra razón o de lo que hoy nos dice la ciencia, para «creer» o dar por cierto prioritariamente lo que dice nuestra religión (doctrina, dogmas, catecismo, magisterio...).

Obviamente, esta confusión, tan frecuente, es una distorsión del cristianismo, y de la religión misma, en lo que tiene de más básico. ¿Es que Dios puede jugar al escondite con la humanidad? Es que, supuestamente, la «prueba máxima» exigida por Dios al ser humano en esta vida, sería creer en su existencia, una existencia deliberadamente auto-ocultada para probarnos? Ésa es en definitiva la síntesis de la concepción cristiana de la existencia, la que hemos vivido durante casi dos milenios. Y está todavía presente en el imaginario de muchas personas, personas que se mantienen cristianas, y personas que no aguantaron la sensación de incredibilidad que esta visión clásica les suscita.

Es hora de matizar bien el sentido de las palabras claves que el evangelio y la Biblia en general nos presenta. No podemos leerlo hoy entendiéndolo como se entendía en el seno del viejo paradigma que todo lo entendía como obra de un Dios que habría decidido crear al ser humano en esta vida pidiéndole caprichosamente «creer en lo que no se ve»... Ese «gran relato cristiano», incluso esa imagen de Dios, no resisten la calidad crítica de nuestra visión de hoy. No podemos creer en un Dios así. Y no podemos creer (es decir: nos resulta increíble, ininteligible, inverosímil incluso), no podemos aceptar una tal cosmovisión cristiana.

Dios no juega al escondite, ni nos obliga a jugar ese juego. Es seguro que a Dios le agrada que nos tomemos la vida en serio, y que busquemos con ahínco la verdad, y nos apoyemos en la ciencia, y hagamos continuamente hipótesis (provisionales hasta que encontremos otras mejores y más plausibles), sin aceptar pensar que en el centro del significado de nuestra existencia humana estuviéramos llamados simplemente a «creer lo que no se ve», ciega e infantilmente.

La actitud de fe a la que Jesús nos llama hoy es la del coraje de combatir la oscuridad, la valentía de buscar la verdad, y el valor para asumir, «visto lo que podemos ver», una decisión interpretativa sobre el mundo y lo que no se puede ver. Todo lo contrario de una actitud infantil, ciega, cobarde, alienante... Cuando nos recomienda una actitud de fe, lo que Jesús nos pide una actitud valiente de coraje, de atrevernos a tomar una decisión interpretativa de la existencia, a partir de lo poco o mucho que dan de sí nuestras actuales condiciones de conocimiento.


Para la revisión de vida

-El justo vivirá por la fe... ¿Puedo decir yo lo mismo de mí mismo? ¿Es la fe el principio que realmente orienta mi vida? ¿Soy en verdad una persona "de fe", de coraje, de valor?
-¿He hecho lo que tenía que hacer? ¿Se me debe agradecer lo que he hecho? ¿Tengo simplicidad de corazón, o necesito continuamente estar recibiendo alabanzas o gratitud de los demás?


Para la reunión de grupo

- Si el justo vivirá por la fe... analicemos: qué porcentaje de nuestra propia vida estamos conduciéndola así por una decisión personal ante el misterio de la existencia, de forma que si perdiéramos esa fe inmediatamente nos conduciríamos de otro modo? Si ese porcentaje es pequeño, significa que no es muy grande el coraje de mi fe.
- En qué situaciones del mundo de hoy el cristiano consecuente debería ir a contracorriente, fiado en su fe y no en lo que es usual en la sociedad actual?


Para la oración de los fieles

- Para que sea la fe el principio que organice, anime e impulse nuestra vida, roguemos al Señor.
- Para que vivamos nuestro cristianismo como un seguimiento de Jesús: creer como él, afrontar la vida y la historia como él, ser en verdad discípulos suyos...
- Para que demos nuestra contribución al Reino de Dios con entusiasmo, con pasión y, a la vez, con complicidad y humildad, conscientes de que ese trabajo es simplemente "lo que debemos hacer"...
- Para que el Señor nos dé la humildad de los que "hacen lo que deben" sin sentirse importantes ni dignos de agradecimiento...
- Para que sean muchos los jóvenes que, con simplicidad y humildad, se sientan llamados a un servicio total y desinteresado...


Oración comunitaria

Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado el camino heroico del servicio y la entrega sin ostentación ni exigencias; haz que nosotros, con motivos mucho mayores, seamos humildes, sencillos y fraternales, sin reclamar nunca honores, reconocimientos ni agradecimientos. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Oh Dios, Misterio insondable que nos rodea y envuelve, dentro del cual nos movemos sin poder captarlo ni observarlo desde fuera, como «ob-jeto»... Aceptamos agradecidos esta participación, este ser parte del todo del misterio. Asumimos con gozo nuestra condición, y renovamos con coraje nuestra decisión de vivir lo más coherentemente posible con nuestra propia condición divina, en la que nos has dado la gracia de participar. Acoge nuestro gozo, y esta manera personalizada de expresártelo. Tú que vives y haces vivir, porque eres la misma Vida-Energía sin principio ni fin. Amén.

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XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 17, 5-10) - Ciclo C: PIDAMOS AL SEÑOR FE SENTIDA…



1.- A la petulante petición de los discípulos “auméntanos la fe”, que supone que tienen fe, se sigue la tremenda contestación del Señor: “¿cómo es que os aumente, así que tenéis ni una pizca de fe? Es menos humillante decir “auméntanos la fe” que reconocer que “no tenemos fe”.

No sé vosotros, pero yo jamás he movido una montaña, ni nadie que me conoce ha visto en mi aquellas señalas de las que habla San Marcos al final de su evangelio. “las señales que seguirán a lo que crean… en mi nombre expulsarán demonios, impondrán las manos a los manos a los enfermos y sanarán”.

2.- ¿Qué es lo que nosotros tenemos…? ¿Un asentimiento a una lista de verdades contenidas en el Credo…? ¿Y eso es fe? Fe es plena confianza en Dios, es estar seguro de Él, es agarrarse a Él con todas las fuerzas. Es saber por experiencia que me quiere volcando en mí todo un amor personal e infinito. Y una fe así es algo dinámico, que empuja en la vida, que mueve montañas. Y de esta fe no tenemos ni una pizca. Fe es confianza absoluta, es dejarse llevar a ciegas por Dios y hacía Dios.

--a) Hay fe de cabeza, toda llena de lógica y fundamentación histórica. ¿Sabéis lo que dice Tagore de un entendimiento de un entendimiento todo lógica?, que es como un cuchillo todo hoja, sin mango, que el primero que hiere es al que lo tiene en la mano

--b) Y hay fe de corazón. No amamos ni unimos nuestra vida y camino con una persona por razones. A los que amamos no los amamos por razones. En cuanto que entre hombre y mujer haya que hacer una lista de razones para amarse se acabó el amor y la confianza, acabó todo.

Hasta para Unamuno “fe –decía—es antes que nada un encuentro con Dios, nadie puede ahorrarme mi propio encuentro personal con Dios. Los Santos Padres para referirse al conocimiento de Dios solían emplear una expresión llamativa, “sensación de Dios”.

3.- Esa fe nuestra –bueno, mía—que ni siquiera llega al tamaño de un grano de mostaza tiene una fuerza espantosa. En su propio pueblo Jesús no pudo hacer milagros a causa de la falta de fe de sus paisanos.

“Tu fe te ha salvado”, dice a la hemorroisa, viendo la fe de los que le traían cura al paralítico. Creo, gritó el padre del pobre muchacho endemoniado y Jesús le curó. Y la fe del centurión no sólo mereció la alabanza de Jesús sino que curó a su querido siervo. Dios es débil ante la fe.

En favor de nuestra fe –o habrá que decir de nuestra falta de fe—podemos presentar montones de libros de teología, mil conferencias a que hemos asistido, tal vez; títulos, papeles para empapelar paredes. Lo único que no podemos presentar son hechos, esos hechos que el Señor supuso que acompañarían a los que tienen fe.

Por eso, ¿somos cristianos o hacemos de cristianos? ¿Trasladamos montañas? ¿Transformamos personas? ¿O no movemos nada? Pidamos al Señor fe sentida, esa fe con la que nos parece palpar a Dios. Esa fe que es paz, es alegría, es dinamismo para trabajar por los demás.

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Humanos antes que nada


Publicado por Pastoral SJ

A veces necesitamos categorías. En realidad, siempre. Nos permiten llamar a las cosas de una forma u otra, y nos ayudan a comprenderlas. Nos enseñan a trazar mapas del mundo, de sus gentes...
Las palabras, los conceptos, las realidades que hay detrás, son un arma de doble filo. Por una parte, nos ayudan a situarnos y comprender las cosas. Por otra parte, corremos el riesgo de que nos acartonen la mirada, nos adormezcan la sensibilidad o nos cierren los ojos ante la verdad primera que nos une: somos, antes que nada, humanos, hermanos e hijos de un mismo Dios.


1. Antes de etiquetar

«Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gal 3,28)

Antes que etiquetar muy pronto y marcar diferencias: macho o hembra, de aquí o de allí, blanco o negro, doctor o iletrado, heterosexual o gay, rico o pobre, mío u otro, es fundamental mirar a los rostros, a las vidas, a la gente, y decir: humano, como yo; persona, con un corazón que, como el mío, late y siente, busca y ríe, y a veces llora.

También sueña en sus noches, y anhela en sus horas de vigilia. También se equivoca y acierta (no todo al tiempo). También, a su manera, revela a Dios, nuestro padre. También tiene sed, de sentido, de un Absoluto que abraza, de amor y palabra. Por eso, antes de etiquetar, descálzate ante el otro, que el terreno que pisas es terreno sagrado.

Esta semana puedo dedicar un rato a intentar percibir así, desde esa humanidad profunda, a “los otros” de mi vida.
Los otros cercanos (a quienes tal vez conozco y quiero)
Los otros más lejanos, cuyas vidas se tocan con las mías, por trabajo, por tiempo, por casualidad…
También a los otros a quienes normalmente percibo como diferentes (tal vez con un poco de miedo, o de rechazo)


Hombre
Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
no pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan y casa...
Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.

Jorge Debravo




2. Una mirada lúcida


«Jesús, fijando en él la mirada, le amó» (Mc 10,21)

Eso necesitamos. Una mirada atenta, capaz de descubrir el sentido profundo de las cosas. De intuir la huella de Dios. De atisbar destellos de su presencia en las gentes, las historias y las cosas.

Una mirada que perciba, como trasfondo, “creación” y vida, proyecto y reino, amor. Una mirada que descubra las posibilidades, que, como la del artista, desentrañe la belleza posible, aunque escondida. Danos, Señor, esa mirada certera, que desvela el rescoldo en la hoguera apagada, que descubre el primer tallo que asoma, que sin ser ciega a lo que falla, falta o hiere, sin embargo sigue percibiendo la vida y su fuerza. La mirada del que es capaz de figurarse, con imaginación desbordante, posibilidades que desencadenan cambios… Para hacer del mundo (mi mundo pequeño y el mundo lejano), un lugar mejor. Para humanizar las vidas y las situaciones, especialmente de aquellos a quienes la dignidad les ha sido arrebatada.

Esta semana pido a Dios que me ayude a mirar el mundo con ojos de quien cree y espera, con ojos de quien ama.


Busca en todas las cosas

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana.;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje…
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú dónde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora…
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido…

Enrique González Martínez

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Hermana madre tierra


Por Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER. En varias partes hemos sufrido los embates de las lluvias, por huracanes, tormentas tropicales, deslaves e inundaciones, que lamentablemente no se han reducido a pérdidas de bienes materiales, sino también de vidas humanas. Los pobres, como siempre, siguen siendo los más afectados. Es común que culpemos de todo esto al sistema político y económico, pues el cambio climático se ha agravado por los intereses de los países más industrializados, los que rigen la economía y en parte la política mundial, los que más destruyen la naturaleza y contaminan.

Sin embargo, también hay responsabilidades locales, pues se talan árboles en forma desconsiderada; se contaminan los ríos y la basura está por todas partes; se construyen casas en lugares muy bajos, casi en las márgenes propiedad de los ríos, o en laderas proclives al deslizamiento.

JUZGAR

Decimos los obispos en Aparecida: “Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘habitat’. “Nuestra hermana la madre tierra” es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador” (No. 125).

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de este año, dijo: “El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios, y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. No son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado.

Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. No se puede permanecer indiferente ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos.

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. Al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros”.

ACTUAR

Eduquémonos para cuidar más la tierra. En vez de esperar que todo lo resuelva el gobierno, esforcémonos por proteger lo que Dios con tanta sabiduría y amor creó y puso a nuestro servicio. Sembrar árboles, no tirar basura, no habitar en lugares cercanos a los ríos, es algo que todos podemos hacer.



Digamos esta oración con San Francisco de Asís:

Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,

especialmente el señor hermano sol;

él es el día y por él nos alumbras;

y es bello y radiante con gran esplendor:

de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:

en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento,

y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,

por el cual a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,

que es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

por el cual alumbras la noche:

y es bello y alegre y robusto y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,

que nos sustenta y gobierna

y produce distintos frutos con flores de colores y hierbas.

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Fidelidad a la elección


En una edad de la vida elegimos una profesión, un estado de vida que creemos el más adecuado según nuestro temperamento, nuestras aspiraciones, nuestra vocación. Antes de decidirnos sopesamos los pros y los contras y una vez determinados nos lanzamos con ilusión y empeño a realizarla. La elección nos ha exigido renunciar a otras que también podían atraernos pero las dejamos de lado para seguir aquella que hemos visto con más claridad que era para nosotros y a la que nos sentíamos llamados con insistencia.

A lo largo de los años podemos sentir que hay otras elecciones que nos pueden parecer atrayentes. Aquí se nos exige un discernimiento muy serio antes de decidirnos, no podemos echar por la borda todo lo que ha representado de esfuerzo, de empeño, de ilusión, de sacrificio, de entrega durante años, para cambiar de rumbo nuestra vida. Y podría acontecer que lo que nos parece un mirlo blanco que no se puede dejar escapar no lo sea, y malogramos nuestra existencia y la de los que nos rodean.

La fidelidad a la primera elección con todo lo que conlleva de alegrías y renuncias es la que al atardecer de nuestra vida nos brinda más serenidad y paz interior.

Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Publicado por Mi Vocación

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Carpetazo a la comunión de divorciados


Una de los temas más polémicos que a raíz del ascenso al solio pontificio se dijo que Benedicto XVI podría revisar era el de el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar. Pues bien parece que ya le ha dado el carpetazo a la cuestión.

El presidente del Pontificio Consejo para la Familia, Ennio Antonelli, acaba de negar que la Santa Sede estudie la posibilidad de cambiar su posición sobre los divorciados vueltos a casar, impedidos, según la legislación vigente, de recibir la comunión. Luego vino a decir que pueden ir a misa, pero no comulgar.

En declaraciones a un grupo de periodistas recordó que los separados no mantienen un vínculo pleno con la Iglesia Católica a causa de su situación, pero aclaró que esto no los margina definitivamente de la comunidad cristiana, en la cual pueden participar de diversos modos.

“Los divorciados vueltos a casar no están en plena comunión con la Iglesia mientras permanezca su situación; es la situación objetiva la que los pone en contraste con el evangelio, con la palabra de Jesús y la Iglesia es fiel a esta palabra”, indicó.

“Esto no quiere decir -agregó- que pierdan totalmente la comunión con la Iglesia, no están en plena comunión pero están en ella, pueden participar a la misa sin tomar la eucaristía, pueden ser parte de la vida de la comunidad cristiana y de sus tantas iniciativas”.

Según el cardenal a los divorciados se les debe animar a hacer el bien con el sacrificio que son capaces de hacer, sea en su familia como en el ambiente en el cual se encuentran y deben ser orientados a un camino hacia Dios, confiando en su misericordia.

Explicó que, como dijo Juan Pablo II: la Iglesia “no puede bajar la montaña” porque “la montaña (de la verdad sobre el matrimonio y la familia) es como es”, pero nosotros “debemos acompañar a cada uno a subir la montaña a su paso, y el paso es diverso”, apuntó.

No hace mucho comentábamos aquí que este era precisamente uno de los temas que, según el cardenal Martini, habría que revisar en un próximo concilio. Uno se pregunta por qué se le niega la comunión a los que han cambiado de pareja, después de un fracaso en la relación y no se le niega a un banquero que especula, a un empresario que explota, a un abusador de niños, etc. A estos les basta con pasar por el confesonario. Todos conocemos las farsas que son muchas nulidades eclesiásticas, que a veces es cuestión de pagar a buenos abogados para conseguirla.

Sólo se me ocurre responder a esta noticia con una anécdota que contaba Díez-Alegría:

Una señora, familiar mía, a quien veía con frecuencia, me la contó y nunca la he olvidado. Mi pariente era muy religiosa, conservadora, pero con sensibilidad para el Evangelio. Era extravertida y con bastante sentido del humor. Practicaba la religión con intensidad. A pesar de las múltiples atenciones de su vida familiar y social, sacaba tiempo para colaborar en su parroquia. Era catequista de mujeres adultas.

Entre sus catequizadas, había una mujer todavía joven y muy pobre (en la Granada de los primeros años cuarenta, en que la pobreza era realmente muy severa), pero siempre alegre y muy risueña, vital. Un día le dice alguien a la catequista que la mujer había dejado a su marido y a sus hijos, y se había ido a vivir con un viejo. La señora, bastante benévola y comprensiva, pero con un sentido legalista de la moral cristiana, se sintió obligada a intervenir. Bondadosamente, reconvino a la catequizada:

–Mujer, tú tienes que estar con tu marido y con tus hijos, no puedes seguir con el viejo.

–Pues claro que sí, señorita ––le replicó la mujer, alegremente–. Si es que el viejo se va a morir en seguida, y yo me voy a quedar con una casica que tiene muy apañada, me traigo a mi marido y a mis hijos, y tenemos el problema resuelto.

Un poco desconcertada, aunque también divertida, la catequista le objetó:

–Pero, mujer, es que eso es contra la ley de Dios.

A esto, la mujercita respondió con sencillez, con convicción y con su graciosa fonética andaluza, acorde con su carácter:

–No zeñorita, si yo con er zeñó no tengo ninguna dificurtá. Porque yo le digo ar zeñó: zeñó, tú me perdonah a mí y yo te perdono a tí, y ehtamoh en pá.

Yo me quedé impresionado, y le dije muy de veras a la catequista:

–La teología de esta mujercita pobre es más profunda que la nuestra.

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Evangelio Misionero del Dia: 30 de Setiembre de 2010 - SEMANA XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 1-12

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero, los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!" y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.
No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes". Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: "¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca".
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad».

Compartiendo la Palabra
Por Buenas Nuevas

Pistas para la reflexión

- Camino hacia Jerusalén, Jesús se dedica a un intenso proceso de formación de sus discípulos.

- Como parte del proceso de formación de sus seguidores Jesús los instruye y envía a la misión concreta. Las instrucciones de Jesús son simples, sencillas y claras. Apuntan a crear una mística y estilo de vida del enviado, que debe esforzarse por vivir según vivió y enseñó el propio maestro. Las enseñanzas están centradas en una preparación para la acción concreta (que es el anuncio y construcción del Reino, ver Lc. 10, 9) a través del servicio liberador al pueblo. Los discípulos, con el poder recibido del Señor, reproducen su práctica curando y sanando al pueblo.

- En primer lugar los organiza de manera comunitaria, la misión es una experiencia compartida. Los envía por delante suyo, preparando el camino y anticipando, en obras concretas su presencia. Después de señalar que son pocos los enviados y mucha la tarea les advierte que la tarea es riesgosa y conflictiva. Deberán ser austeros y sencillos en su presentación. Llevarán la paz del Señor. Deberán anunciar el Reino con señales y obras, tal como Jesús. La misión de los discípulos es proseguir y continuar la obra liberadora iniciada por Jesús: Anunciar el Reino.



Para compartir con nuestra comunidad

Preguntas para partir de la vida

¿Qué personas conocimos y recordamos como ejemplo de buenos misioneros? Compartir testimonios de personas concretas.


Preguntas para profundizar el evangelio

¿Qué perfil de misionero necesita hoy el anuncio del Reino? Inspirarse en las palabras y en la práctica de Jesús para elaborarlo.


¿Qué nos enseña el texto sobre la experiencia de la misión? Compartir en comunidad, historias, anécdotas y aprendizajes de la misión.



Preguntas para pensar en la oración

¿Dónde nos pide el Señor hoy que llevemos su Evangelio? ¿Qué situaciones, lugares, grupos sociales… de nuestro tiempo claman por la presencia y acompañamiento de misioneros que hagan cercano al Dios de la Vida?




Para orar juntos


Vayan es tu mandato,
para anunciar el Reino.
y su presencia en medio nuestro.
Para ser signos de Evangelio
y hermanos de todos.

Vayan es tu enseñanza,
abriendo camino
para el paso del sembrador,
adelante tuyo,
eco y mensaje del que va a venir
porque ya está-con-nosotros.

Vayan es tu ejemplo,
de dos en dos,
en caminada compartida,
vivencia comunitaria,
testimonio fraterno
aprendiendo juntos
a vivir en estado de misión.

- Que así sea -

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 30 de Setiembre de 2010


SEMANA XXVI DURANTE EL AÑO
Lectura del libro de Job 19, 21-27

Job dijo:
¡Apiádense, apiádense de mí, amigos míos,
porque me ha herido la mano de Dios!
¿Por qué ustedes me persiguen como Dios,
y no terminan de saciarse con mi carne?
¡Ah, si se escribieran mis palabras
y se las grabara en el bronce;
si con un punzón de hierro y plomo
fueran esculpidas en la roca para siempre!
Porque yo sé que mi Redentor vive
y que Él, el último, se alzará sobre el polvo.
Y después que me arranquen esta piel,
yo, con mi propia carne, veré a Dios.
Sí, yo mismo lo veré,
lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño.
¡Mi corazón se deshace en mi pecho!

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 26, 7-9c. 13-14

R. ¡Contemplaré la bondad del Señor!

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen, mi rostro». R.

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
Tú, que eres mi ayuda. R.

Contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 1-12

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero, los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!" y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.
No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes". Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: "¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca".
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad».

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA XXVI
Del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II

30 de septiembre

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la iglesia (MEMORIA)

Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: PARA VOSOTROS, EL MISTERIO DEL PADRE.

Para vosotros, el misterio del Padre;
con vosotros, la luz del Verbo;
en vosotros, la llama del Amor
que es fuego.

¡Hontanares de Dios!,
¡hombres del Evangelio!,
¡humildes inteligencias luminosas!,
¡grandes hombres de barro tierno!

El mundo tiene hambre de infinito
y sed de cielo;
las criaturas nos atan a lo efímero
y nos vamos perdiendo en el tiempo.

Para nosotros,
el misterio que aprendisteis del Padre;
con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
en nosotros, el Amor ingénito.

¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!
dadnos una vida y un anhelo,
la angustia por la verdad,
por el error el miedo.

Dadnos una vida de rodillas
ante el misterio,
una visión de este mundo de muerte
y una esperanza de cielo.

Padre, te pedimos para la Iglesia
la ciencia de estos maestros. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Salmo 79 - VEN A VISITAR TU VIÑA

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Ant. 2. Anunciad a toda la tierra que el señor hizo proezas.

Cántico: ACCION DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO - Is 12, 1-6

Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.

Él es mi Dios y salvador:
confiare y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel!».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Anunciad a toda la tierra que el señor hizo proezas.

Ant. 3. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Salmo 80 - SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:

acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta;

porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre tu boca y yo la saciaré.

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

RESPONSORIO BREVE

V. El pueblo cuenta su sabiduría.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

V. La asamblea pregona su alabanza.
R. Cuenta su sabiduría.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71 I - PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Ant. 2. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ant. 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por eso, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE

Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.

Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.

Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.

Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.

SALMODIA

Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi carne descansa serena.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 23

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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Iglesia y cultura: ¿cada vez más lejos?

En el camino que debe recorrer nuestra Iglesia adentrándose en el siglo XXI, no hay soluciones preconcebidas y disponibles de antemano: las “cosas nuevas” reclaman respuestas nuevas.

Por José María Poirier
La reciente sanción de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo pone en evidencia importantes desafíos para la relación de la Iglesia con la sociedad y la cultura. Es indudable que en el éxito de dicha iniciativa han tenido fuerte incidencia la pericia mediática, el oportunismo político y las simplificaciones ideológicas. Pero aquella difícilmente hubiera alcanzado su objetivo de no haber sido capaz de capitalizar un cambio cultural ya presente. Nos referimos a la extendida aceptación de la homosexualidad como una “opción” equiparable a la heterosexualidad y acreedora del mismo reconocimiento social; y, de un modo más amplio, el creciente rechazo en el ámbito de la sexualidad de toda autoridad que no sea la de la propia conciencia.
Esta transformación de la sensibilidad y los valores, que lleva al rechazo de las normas y certezas tradicionales a favor de una libertad desprovista de referencias firmes, es algo observable de un modo muy directo en la conducta de las generaciones más jóvenes. Éstas tienden cada vez más a gestionar su vida sexual casi exclusivamente en base al criterio de la autenticidad afectiva. El matrimonio va perdiendo el carácter de horizonte natural del noviazgo, y quienes deciden casarse lo hacen hoy, mayoritariamente, tras experiencias más o menos largas de convivencia. Y no estamos hablando de algo que suceda sólo fuera de la Iglesia. Muchos católicos adoptan estos nuevos estilos de vida sin sentir que estén poniendo en juego su fe o su pertenencia religiosa.

Encontramos aquí un rasgo característico de este giro cultural: no se realiza contra la Iglesia, es decir, no está necesariamente vinculado a una postura de principio contraria a la fe o a la institución eclesial (aunque así puedan presentarse públicamente ciertas reivindicaciones particulares). Más bien, es un cambio que acontece en la mayoría de los casos al margen de la Iglesia, es decir, en virtud de una búsqueda personal sencillamente ajena a todo lo que no se experimente como significativo para sí, más allá de lo que aquella “dice”, permite o prohíbe.

Aquí parece localizarse, entonces, el problema de fondo: la brecha creciente entre la Iglesia y la cultura, entre sus enseñanzas y la vida de la sociedad, sin excluir la vida de los fieles. No se trata tanto de la verdad o el valor de la doctrina católica sobre la sexualidad en sí misma, cuanto de su relevancia, es decir, de su capacidad para modelar efectivamente la vida de las personas. Precisamente, la percepción de una pérdida dramática de relevancia de la enseñanza de la Iglesia, está suscitando desde hace años profundas tensiones en el seno de la misma entre quienes, por toda respuesta, se abroquelan en defensa de la “doctrina segura”, y quienes en el otro extremo buscan “llegar” a las personas a través de propuestas atrayentes pero aventuradas, sin continuidad posible con la Tradición.

Corresponde preguntarnos, entonces, por qué la doctrina católica, pese a su profundidad y riqueza, ha dejado de ser, en términos generales, persuasiva. No se debe suponer de antemano que el problema esté sólo del lado de la cultura. Es cierto que el mensaje evangélico tiene un núcleo que está por encima de las diferencias y transformaciones culturales, y que constituye por eso mismo una instancia crítica, una exhortación a no acomodarse a la “mentalidad del mundo” (cf. Rom 12,2). Pero, por otro lado, nuestra comprensión del Evangelio es siempre histórica, y debe por lo tanto dejarse interpelar por los procesos culturales y las nuevas situaciones que ellos generan.

¿Cómo encarar este desafío? Ante todo, la reflexión sobre los hechos recientes, y la previsión de las discusiones que se avecinan (por ejemplo, el aborto y la eutanasia), deben confirmarnos en el propósito de dejar de “correr detrás” de los cambios, para comenzar a anticiparnos a ellos. Esto supone dedicar atención, personas y recursos para estudiar a fondo las dinámicas culturales del presente. Por ejemplo, ¿por qué la reivindicación de la homosexualidad ha adquirido un carácter tan central en el debate público? El artículo de J. Arènes “La cuestión de ‘género’ o la derrota del hombre heterosexual en Occidente”, brinda un espléndido ejemplo del tipo de análisis que nos permitiría matizar el diagnóstico indiscriminado de “relativismo” que enrostramos a nuestros adversarios, y reconocer que muchos de ellos pueden estar guiados por motivaciones de alto sentido ético. Una mejor comprensión de los fenómenos sociales permitiría que la misma verdad poseída pueda inspirar respuestas más ajustadas a los “signos de los tiempos”.

Ahora bien, ¿cómo se traducirían concretamente estas respuestas en el ámbito de las normas de conducta? ¿Debería la Iglesia en el futuro cambiar sus preceptos, o renunciar sin más a ellos para conformarse con formular “ideales”? Evidentemente que no. Pero en el campo normativo, cuya materia es variable y contingente por definición, siempre es posible dar a las normas morales formulaciones más adecuadas a las peculiaridades de las diferentes situaciones, y juntamente con ello, elaborar criterios prudenciales más aptos para guiar el discernimiento de los fieles.

En el ámbito específico de la sexualidad, problemas como la disminución de los casamientos entre parejas bautizadas, la práctica cada vez más difundida de la convivencia de los novios previa al matrimonio, las dificultades de las personas casadas con la anticoncepción, el uso de profilácticos en la prevención del SIDA, la situación de los divorciados y vueltos a casar, el cuidado pastoral de las personas homosexuales y tantos otros temas, esperan todavía respuestas innovadoras, no en el sentido de una ruptura con la tradición, sino de una relectura inteligente y actualizada de la misma.

No podemos olvidar, por último, el desafío de la comunicación. Como ha quedado de manifiesto en los últimos tiempos, no basta con que el lenguaje utilizado para transmitir nuestra visión de la sexualidad y la familia sea correcto: es preciso que adquiera un tono más llano y directo, más cordial y empático, desprendiéndose de un vocabulario técnico que fuera de contextos precisos se vuelve fatalmente equívoco, y no favorece el diálogo.

Ante la magnitud de los cambios culturales, ¿podrían estas líneas de acción tener alguna incidencia apreciable? Posiblemente no en lo inmediato. Pero en este objetivo de lograr una nueva sintonía evangélica con la cultura, creando un vínculo con ella que sea a la vez de cercanía cordial y de distancia crítica, se debe proceder con la mirada puesta en el largo plazo. Es preciso, además, tomar conciencia de las verdaderas dimensiones de este desafío, que abarca todos los ámbitos de la vida personal y social, evitando cualquier opción pastoral excluyente.

En esta tarea, un ejemplo de permanente vigencia es el que nos brinda la historia de la enseñanza social de la Iglesia. Este imponente cuerpo de doctrina surgió a fines del siglo XIX de la percepción de que estaban sucediendo “cosas nuevas” (de ahí el título de la primera encíclica social, Rerum novarum), y que ya no bastaban las categorías y respuestas del pasado. Del mismo modo, en el camino que debe recorrer nuestra Iglesia adentrándose en el siglo XXI, no hay soluciones preconcebidas y disponibles de antemano: las “cosas nuevas” reclaman respuestas nuevas.

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José María Poirier. Director de revista Criterio. Este artículo corresponde a un editorial de Criterio, www.revistacriterio.com.ar

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Caminos ¡sí! Pero ¿adónde nos dirigimos?


Por José Cristo Rey García Paredes, cmf
Publicado por Ciudad Redonda

Complejísima red de caminos

Estamos en la época de los caminos, los métodos, los proyectos, los planes, las hojas de ruta, las programaciones, los mapas de recorrido…. Quedamos emplazados ante una complejísima red de pistas, caminos, comunicaciones, procesos que hemos de recorrer para responder a las interpelaciones del apostolado, de la espiritualidad, de la formación. Las comunicaciones vía email, o vía propaganda que recibimos no son pocas. Abrimos el mapa de recorridos que se nos proponen y nos abruma la propuesta de tanto itinerario.
Quienes asumen alguna responsabilidad de gobierno, de animación apostólica o espiritual o formativa se creen obligados -en conciencia y por responsabilidad- a programar, proyectar y lanzar nuevas iniciativas. Esto, que en principio, puede ser excelente, se enreda con otras iniciativas múltiples, provenientes de otras instancias a otros niveles (Santa Sede con sus Congregaciones y Comisiones Pontificias, Conferencias episcopales y sus comisiones, conferencias de religiosos y sus comisiones -tanto a nivel mundial como nacional, como regional o local, gobiernos generales y sus comisiones y secretariados, gobiernos provinciales y sus comisiones y secretariados). Quien quiera someterse a todas estas instancias y propuestas, ¿no sentirá la sensación de sentirse perdido en esa gran maraña de caminos o autopistas que se le ofrecen? Y como esto acontece en una vida religiosa con mayoría de ancianos y minoría de jóvenes ¿no resultará todo ello excesivo tanto para unos como para otros? Me viene a la mente la exhortación de nuestro Maestro:
"Marta, Marta,, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10, 41-42).
Yo me pregunto: ¿cuál es la meta de tanto camino? ¿Sabemos bien a dónde vamos? ¿Damos la impresión de grupos de personas que saben lo que quieren y marchan con pie firme hacia una meta? O ¿parecemos más bien gente perdida, desorientada y entretenida en tareas o trabajos sin sentido? ¿Se han planteado seriamente quienes programan hacia qué meta hay que dirigirse y cuáles son los caminos y propuestas que permiten llegar a ella?

Un relato

Recuerdo una de las escenas de "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll. Alicia se encuentra con una pobre criaturita que creía ser un niño,. Lo tomó en sus brazos, pero al advertir que era un cerdito, lo dejó libre y se echó a trotar y adentrarse en el bosque. Entonces Alicia advirti;o que, sentado en una rama, estaba el Gato de Cheshire que sonreía y se atrevió a preguntarle: "¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? El gato le respondió: "Eso depende, en gran parte del sitio al que quieras llegar". "No me importa mucho el sitio" -replicó Alicia. "Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes" -contestó el Gato. "Siempre que llegue a alguna parte…" -dijo Alicia como explicación. "¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!". A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja.
Como vemos en esta historia, Alicia no tenía ni meta, ni visión. Así nos ocurre, también a nosotros, cuando en medio del enmarañado bosque de esta vida nos preguntan a dónde queremos ir o se nos presentan los más variados caminos.

La meta: ¡lo único necesario!

¿Cuál es la meta de todos nuestros caminos? Nos pueden responder quienes ya la conocen. Los místicos nos dicen que la meta de toda vida cristiana y humana es llevar a culminación la Alianza que se ha establecido entre Dios y el ser humano. Es una Alianza de amor que solo culmina con la unión más estrecha entre quienes se comprometen a ella. De lo que se trata es de "vivir en Alianza de amor" y posibilitar el sueño que esa Alianza implica. Abraham Joshua Heschel -gran teólogo judío- explica así la Alianza según la Biblia:
«La Biblia habla no sólo de una búsqueda de Dios por parte del hombre, sino también de la búsqueda del hombre por parte de Dios. 'Me has cazado como a un león', exclamó Job… La fe brota del temor, de la consciencia de estar expuestos a su presencia [la divina], del anhelo de responder a la llamada de Dios, de saber que hemos sido interpelados… Si Dios no formula la pregunta, todas nuestras búsquedas son vanas» (Dio alla ricerca dell'uomo, p. 156-157).
La meta es el encuentro definitivo con el Dios que nos busca, con el Buen Pastor que deja las noventa y nueve ovejas para buscarme a mí, con el Ama de Casa que la barre entera para encontrame a mí que estaba perdido. Es Él quien de las formas más inefables pregunta por mi, me pregunta, procura mi amistad, me pide relaciones. No son muchas las personas, tal vez, que captan esas voces; pero cuando uno se introduce en el diálogo puede llegar adonde uno no puede imaginarse. Nos dicen los místicos, que cuando en esa relación uno deja de ser el dueño de su vida y la pone en manos de Dios, deja de confiar en uno mismo, para confiar mucho totalmente en la relación de Alianza, uno entra en el estado de quietud (no agitación, no agobio), en el estado de gran concentración y capacidad de soñar lo hasta ahora imposible, en el estado de unión que es cuando se da la máxima comunión entre el Creador y su Creatura, el Abbá y el hijo o la hija, es cuando Jesús vive en nosotros, cuando el Espíritu toma posesión total de nosotros y nos potencia hasta límites insospechados.
Teresa de Jesús nos cuenta en el Libro de su Vida cómo Dios la buscó y ella, después de fuertes resistencias, se dejó atrapar y comenzó también a buscarle apasionadamente hasta que se produjo el desposorio y el ansia de unión definitiva. Esta culminación será la que Teresa vislumbre y nos comunique en otras obras suyas, especialmente "Las Moradas". Nuestra meta es la "séptima morada". Jesús se lo expresa así a Teresa de Jesús en una de sus locuciones:
"Deshácese toda la persona para ponerse más en Mí. Ya no es ella la que vive sino Yo" (Libro de la Vida, 18,14).
Creo que la vida cristiana y religiosa -y de cada uno de nosotros dentro de ella- se vuelve "mística"- cuando se hace realidad la petición del Padrenuestro "¡Hágase tu voluntad!, o el "Hágase en mí según tu Palabra" de María. Empieza la mística cuando dejamos a Dios ser Dios, en medio de nosotros. Cuando desconfiando de nuestras solas fuerzas tomamos en serio la Alianza y ponemos toda nuestra confianza en el Señor y no en los ídolos, de cualquier tipo. La relación de Alianza nos centra en Dios y lo único que –desde nuestra humildad y ruindad- podemos hacer es suplicarle que realice su buena voluntad y, por parte nuestra, no impedirlo.
Esto es lo que nos lleva al estado de quietud, de paz, a superar nuestros agobios. La vida religiosa necesita desagobiarse, simplificarse, volverse más confiada, abrirse al "pati divina", a la teopatía.
Cuando se vive en Alianza con Dios todo se integra dentro de esa relación de Alianza. Nada integrado en ella es perverso, aunque a veces los asesores "sin experiencia" no lo comprendan.
En la medida en que la Alianza nos hace poner toda nuestra confianza en el Espíritu renacerá entre nosotros la alegría, la capacidad de soñar y crear que es carisma y no habilidad nuestra. La comprensión de los votos o consejos evangélicos, en clave mística, nos hace superar los voluntarismos, las opciones ascéticas, para dejar que sea el mismo Jesús Resucitado, a través de su Espíritu y de María y José –sus grandes colaboradores- quienes en nosotros vayan diseñando nuestro estilo de vida.
Esta experiencia mística nos hará descubrir la dimensión mística de la misión. Hoy la debemos entender, sobre todo, como "missio Dei", "missio Spiritus", en la cual nos es dado participar. Tampoco nosotros somos los protagonistas primeros de la misión; la compartimos en alianza con el Espíritu de Dios Abbá y de Jesús. La gracia de ver el infierno, no incita a ser misioneros y profetas apocalípticos.
La experiencia mística es también apocalíptica. De ella nacen las decisiones heróicas, la capacidad de no temer, de enfrentarnos con el mundo de la injusticia, de la violencia, de la muerte, de luchar contra el imperio diabólico. Teresa de Jesús nos enseña qué importante es la visión para no vivir una espiritualidad ciega, para no emprender un camino que lleve a ninguna parte, para no realizar una misión ciega y no ser guías ciegos para el pueblo de Dios.
Salgamos al paso del "nuevo pelagianismo" que tanto nos tienta de las obras, las programaciones, los métodos, los procesos. Seamos más humildes, más confiados y que se haga verdad aquello con lo que comenzamos la oración diaria:
"Señor, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme".

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martes, 28 de septiembre de 2010

No habrá un día en que todos…




Sí, querido Labordeta, ahora lo sabes aunque ya lo sabías: no habrá un día en que todos veremos una tierra que ponga libertad. Sólo podremos ver los islotes de siempre, ocupados por unos pocos desalmados que levantaron allí su bandera privada a la que llaman libertad. Y no vendrá ese día no porque no sea posible, sino porque nosotros no queremos. O mejor: no lo quiere una minoría de desalmados, pero que cuentan con nuestra complicidad gracias a un sistema perverso que nos induce a ella.

Porque para que venga ese día es indispensable que los que pertenecemos al veinte por cien de privilegiados de la humanidad (y nos creemos ser todo el género humano), bajemos claramente nuestro nivel de vida. Bajar no en lo necesario, pero sí en lo superfluo que tanto nos inunda a nivel personal y estructural. Y ese descenso de nivel es imposible por dos razones: a) como dijo Voltaire, uno de los padres de nuestra modernidad, lo superfluo nos es lo más necesario. Y b) si descendemos y dejamos de consumir, se hunde nuestro sistema asentado todo él en nuestro consumo. Así nos hemos encerrado en un laberinto sin salida, más cruel que el de Creta.

Algunos ilusos intentan decirnos que, si seguimos creciendo mucho, habrá un día en que pueda llegar a todos esa libertad del pan, el agua, la salud y la educación. Pero también es falsa esa salida por dos razones: a) nuestro sistema sólo sabe crecer a condición de no distribuir: con un crecimiento que produzca ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más relativamente pobres. Y b) si seguimos con esos ritmos de crecimiento nos cargaremos el planeta (al que ya hemos puesto bastante enfermo) antes de que la libertad pueda llegar a todos.

Así estamos José Antonio. Tú lo sabías. Por eso seguiste cantando que no te ibas a rendir, que eras “como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar” y que “hemos perdido compañeros, paisajes y esperanzas en largo caminar”, pero buscabas el modo de “echar nuevas raíces”… Por eso habías cantado antes que era posible que esa hermosa mañana de la libertad “ni tú ni yo ni nadie la lleguemos a ver” (aquí corrijo tu letra que decía “el otro” en lugar de nadie). Pero seguías empeñado en que forjar esa mañana “como un viento que arranque los matojos diciendo la verdad”. Esa verdad que intento proclamar en homenaje a ti: la hermosa mañana no vendrá porque nuestro sistema la impide; y sus guardianes (desde Bill Gates a Amancio Ortega) tienen suficientes armas de destrucción masiva para acabar con todos los que intenten el cambio.

Para vergüenza nuestra, ese cambio es posible, por difícil que parezca. Y para vergüenza de esta Cataluña desde la que te escribo, parte de esa alternativa ha sido elaborada aquí en Barcelona. Pero nos interesa menos que Messi o Espargaró y Ferrán Adriá. Y si no ¿quiénes conocen el libro Demcràcia económica. Vers una alternativa al capitalisme, elaborado aquí “a casa nostra”, según tesis de D. Schweickart (Against capitalism, al que algunos calificaron como “El Capital” del siglo XX)? ¿Quién se preocupa de esas cosas, no ya entre los drogados por el volteriano “¡lo superfluo, tan necesario!”, sino incluso entre los profesores de escuelas de negocios “católicas”, o entre políticos que saben que perderán votos si abordan de esos asuntos?

Pero tú habías decidido que, aunque fuera a mano y sin maquinaria, ibas a seguir “limpiando los caminos de siglos de despojos contra la libertad”. Gracias. Por eso evoco en homenaje a ti, que pocos días después de que te dieran no sé qué medalla de mérito oficial, un jesuita buen amigo tuyo y mío, Jesús Mari (el que nos presentó hace cuando coincidimos por el Paseo de Pamplona), fue a verte ya en tu enfermedad, para contarte que en El Salvador, habían sido recibidos en la casa presidencial los supervivientes y víctimas de una de tantas matanzas del ejército; y allí mismo comenzaron a cantar: habrá un día en que todos, al levantar la vista… Me contó Jesús Mari que, cuando viste el correo electrónico de Jon Sobrino que contaba esa anécdota, le habías dicho con una lágrima en los ojos: “esto me consuela más que la medalla que me dieron el otro día”.

Recordarás (o ya no necesitas recordarlo, porque ahora estás fuera del tiempo) cómo Jesús Mari mandó un correo a Jon Sobrino contándole lo que le habías dicho y cómo Jon, (que estuvo con los campesinos salvadoreños en la casa presidencial), te narró la anécdota en un correo que comenzaba simplemente: “querido Labordeta”, y terminaba comentando así el episodio: “por supuesto no eran Pavarotti ni Caballé; pero la verdad es que sonaba bastante bien”.

En fin: tú decías que estabas “regular, gracias de Dios”. Nosotros seguimos “mal gracias al Capital”. Pero hoy podemos unir tus versos a los del profeta Amós cuando cantaba: “ venden al pobre por un par de hipotecas…, convierten los derechos en veneno y la justicia en amargura… Pero (Dios) jamás olvidará vuestras canalladas”.

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