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martes, 30 de noviembre de 2010

Homilías y Recursos para la Homilías: II Domingo de Adviento (Mt 3, 1-12) - Ciclo A


Publicado por Agustinos España

DAR LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU. ¿QUÉ FRUTOS? NECESITAMOS BUENOS GUÍAS. HOY TENEMOS A ISAÍAS Y A SAN PABLO. EL EVANGELIO NOS OFRECE A SAN JUAN BAUTISTA. TIEMPO DE PALABRA MAS ABUNDANTE.

1. Se puede comenzar la homilía de este segundo domingo de Adviento con las primeras palabras de la carta de San Pablo a los Romanos de la segunda lectura porque son muy importantes: "Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza". La realidad es que necesitamos más Escritura, quiero decir, consumir más Palabra de Dios, penetrarla más, contemplarla más, orarla más. Esa es la razón de mi intento de sacar el jugo mayor posible a todos los textos litúrgicos del día. Son todos revelados y valen, por lo tanto, muchísimo más que todos los comentarios ajenos a los mismos, con que queramos envolverlos. Y relacionarlos entre sí, porque unos a otros se explican y se va descubriendo mejor a través de ellos, el pensamiento de Dios. Dicen que San Juan de la Cruz, siempre estaba con la Biblia en las manos, y se la sabía de memoria. Los españoles de este siglo, también de los tres anteriores, pero me refiero más a éste en el que inmediatamente nos hemos formado, hemos padecido una carencia de Escritura muy grande. Era la consecuencia aún, de la Reforma Protestante, pero no olvidemos que Lutero fue el primer traductor de la Biblia a la lengua vulgar, en su caso al alemán. En España no hemos podido ver este progreso hasta el año 1945, con la traducción de la Biblia al castellano, por los padres. Bover-Cantera. Los autores que lo intentaron hacer anteriormente, como Fray Luís de León, lo pagaron en la cárcel. Para conseguir en 1940 una biblia ¡en latín!, había que ir o encargarla a Roma. Es un déficit notable, que todavía arrastramos y que no se pone el debido interés en saldar. Ordinariamente se comenta la tercera lectura, la más conocida, por lo tanto, y se omiten las otras y los demás textos litúrgicos porque, se dice, los fieles no los comprenden. Nunca los comprenderán, si alguna vez no se comienza con seriedad a iniciarles en ellos. Si Lutero hubiera sido más humilde y el papa más comprensivo, ¡qué servicio habría prestado a la Iglesia su clarividencia sobre el valor de la Escritura!. Y esto lo comparto con el Cardenal Mercier, quien dijo, que si Lutero y Calvino se hubieran enfrentado a un papa como Pío X, no habrían arrancado a la Iglesia un tercio de Europa. Dejando la Escritura, o profundizando poco en ella, no sólo no se conoce a Cristo, como dijo San Jerónimo, sino que perdemos su consuelo, motor de la esperanza, que es lo que hoy afirma San Pablo.

2. El Adviento nos invita a reflexionar más intensamente en el misterio de Cristo, misterio siempre nuevo que el tiempo no puede agotar. Cristo es el alfa y la omega, el principio y el fin. Con Él, la historia de la humanidad avanza como una peregrinación hacia el cumplimiento del Reino, que él mismo inauguró con su encarnación y su victoria sobre el pecado y la muerte. Por eso el Adviento es sinónimo de esperanza: no es la espera vana de un dios sin rostro, sino la confianza concreta y cierta del regreso de Aquél que ya nos ha visitado, del «Esposo» que con su sangre ha sellado con la humanidad pacto de eterna alianza. Es una esperanza que estimula la vigilancia, virtud característica de este tiempo litúrgico. Vigilancia en la oración, alentada por una expectativa amorosa; y en el dinamismo de la caridad, consciente de que el Reino de Dios se acerca allí donde los hombres aprenden a vivir como hermanos.

3. En Adviento, hemos de mantener vigilante el espíritu para recibir mejor el mensaje de la Palabra de Dios. Nos decía el domingo anterior el profeta Isaías, el oráculo pronunciado en un momento de crisis en la historia de Israel: «Al final de los tiempos -dice el Señor- el monte de la Casa del Señor será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones... Forjarán de sus espadas arados, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra» (Isaías 2, 1). Estas palabras de paz nos son muy necesarias a la humanidad entera y, especialmente al Próximo Oriente, tan sometido al dolor. Ayer hemos celebrado la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Virgen vigilante y Madre de la esperanza. Que ella nos guíe en este camino, ayudando a cada hombre y cada nación a dirigir la mirada hacia «el monte del Señor», imagen del triunfo definitivo de Cristo y de la venida de su Reino de paz.

4. Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: "Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos" Mateo 3,1. "Metanóiete", significa: reflexionad, cambiad de opinión, arrepentíos, cambiad de vida. ¿En qué dirección hay que cambiar? Cuando hemos viajado por una carretera desconocida nos hemos fijado muy bien en las direcciones; hemos remirado los mapas, pero no ha sido suficiente. Cuando nos hemos visto desorientados, hemos detenido la marcha y hemos preguntado a una persona. Y entonces, aquel chófer, o viandante, nos ha orientado. Eso es lo que hace la Palabra: orientarnos. Pero, no pocas veces entendemos mal la Palabra. O, acostumbrados ya a la rutina, sufrimos el espejismo de creer que vemos agua, cuando es asfalto abrasado; o nos parecen lagos inmensos, lo que son arenas del desierto, caldeadas por el sol ardiente. El calor de las pasiones nos produce espejismo, y creemos realidad, lo que es producto del aire caliente de la pasión. Creemos estar en la verdad, pero no es verdad. Aportamos razones, aunque con tantas razones no tengamos razón. Creemos que siempre tenemos razón. "De buenas razones nos libre Dios" ha escrito Santa Teresa. El terrorista sufre espejismo. Y el tirano, también. Y el dictador, a quien nadie controla. Y el jefe o superior con ideas fijas o apasionadas, carente de consejeros leales, independientes y justos, desprendidos de ambiciones y fama, buscadores del bien común y no de su propia imagen porque no quiso rodearse de consultores sabios, sin ansias de comercialismo, ni afán de poder o de revanchas. El jefe que no reconoce en la práctica ningún derecho, ni siquiera el de ser tratados con discreción y respeto de los derechos humanos, a los subordinados. Cuando hay exámenes, oposiciones, concursos, por lo menos se mantiene el espíritu alerta para estudiar y prepararse, y excluir los procedimientos endogámicos para facilitar la justicia y la excelencia. Es cierto que siempre se pueden adulterar estos mecanismos humanos, ¡que somos hombres, y no ángeles, todos!; pero, al menos, esos medios representan un estímulo y un control. Si se está a merced de una sola voluntad y lo único que se busca son hombres prácticos, y no hombres sabios; funcionarios sin iniciativa, más que hombres de carácter, con capacidad, creatividad y clarividencia demostradas, el hundimiento de las empresas está cantado. Los analistas futuros de la historia, señalarán las causas de la desertización y de la pobreza de la formación y la cultura, como siempre, cuando será tarde. "Los ensayos, con gaseosa", decía Ortega.

5. Juan Bautista, para nada quiso presentarse como "vedette": "¿Eres tú el Mesías?" "No lo soy". "Es necesario que yo mengüe para que El crezca". El nazismo, en busca obsesionada del superhombre, extinguía las razas que creía inferiores. La dictadura del "yo" camina hacia la degeneración de la raza condenando al ostracismo a las personalidades superiores, y rodeándose de las que brillen menos y sean más manejables. "Es necesario que ellos mengüen para que Yo crezca", no lo dicen, pero así obran los ególatras. Sabido es que Hitler, que era más bien bajito, había ordenado construir en su coche blindado un suplemento de asiento, que pusiera de relieve su figura. ¡Qué necesario es un guía, un conductor sabio que nos señale el camino, mejor que con su indicación de palabra, con el ejemplo de su vida! Ahí le tenemos. Es un guía creíble, un director que nos puede. Nos dice con su vida cómo y de qué hay que arrepentirse, y por qué hay que cambiar de camino: "Porque está cerca el reino de los cielos". Viene Jesús, es decir: Volveos a Dios, porque Dios viene buscando a los hombres. "Este que viene, es el que anunció Isaías: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos". Preparamos el camino del Señor reconociendo nuestros pecados, poniéndonos de acuerdo entre nosotros, acogiéndonos con paciencia y alegría, como Cristo nos ha acogido.

4. Pero Isaías 11,1 había dicho mucho más: "Sobre el vástago del tronco, casi muerto, de Jesé, padre de David, se posará el Espíritu del Señor, de ciencia y discernimiento, de consejo y valentía, de piedad y temor del Señor. No juzgará por apariencias", que tantas veces engañan, defenderá con justicia al desamparado. Herirá al violento, al que provoca la guerra, con el látigo de su Palabra. Su palabra, su predicación es la que cortará los vicios. A la gente no le gusta que le digan las verdades. Ya San Pablo le decía a Timoteo, que buscarán quien les regale los oídos, aceptarán las fábulas, pero no la verdad (2 Tim 4,4). El que viene será justo y fiel. Y llenará de paz al pueblo: paz. Los que estaban en guerra harán en su reino las paces. Lobos y cabritos, panteras y corderos, novillos y leones, vacas y osos juntos. Niños que juegan con las serpientes, y meten las manos en sus madrigueras y no les morderán. Y llenará el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar". Imaginemos lo que ocurriría si un dichoso día comenzáramos todos, no ya digo los seis mil millones de hombres que poblamos la tierra, sino los mil millones de cristianos bautizados, a vivir en serio el evangelio: la ciencia del Señor, el amor y la paz serían una avenida gloriosa en esta tierra desolada y maltrecha.

6. Pero, ocurre, desgraciadamente lo que un maestro hindú quiso enseñar a sus discípulos: Un día los llevó a la orilla de un río. Extrajo de la corriente una piedra. La partió. Estaba seca por dentro. Y dijo: Así son los cristianos: sumergidos dos milenios en la corriente viva del evangelio, tienen el corazón seco. La avaricia y la tacañería no les dejan absorber el amor de Cristo. Les impiden su egoísmo y su vanidad practicar la caridad que predican.

7. La consecuencia de este reino de paz y de justicia es la armonía total de toda la creación. Isaías ve este paraíso nuevo en el tiempo en que reine Jesús, como resultado de la acción dinámica del Espíritu. Otros sitúan la felicidad en una sociedad de consumo manejada por el espíritu contrario al de Dios. Nosotros sabemos que sólo está en Cristo, Alfa y Omega, Principio y Fin (Ap 1,8).

8. La gente iba buscando a Juan. Estaban desorientados y buscaban guía. Hay mucha gente desnortada, pero no encuentran pastor. ¿Funcionarios? Muchos. Pastores, pocos. Y necesitan, tienen hambre, y le dan piedras, en vez de pan (Lm 4,4). No se satisface la sed de trascendencia, y proliferan las sectas. Por eso, cuando encontraron a Juan, le acapararon. Pero fue en el desierto donde le encontraron. Y allá se fueron. Al desierto. El desierto, lo necesitamos tanto, es el lugar donde con más facilidad nos encontramos con Dios. Ahí en el desierto, que debemos hacer donde podamos, aunque sea breve cada día, sobre todo en Adviento, es donde, apagadas las voces de fuera, atendemos a la Voz que nos habla dentro, oímos nuestra conciencia que, rectamente formada, es la voz de Dios. Ella nos dirá lo que hemos de rectificar. No dejemos el orgullo fuera del campo de la conversión. No se ventila una conversión de cosillas, de distracciones en la oración, o de mentiras sin hacer daño. No se trata de un cambio de "look", de imagen sino de un cambio profundo interior: lo que hay que hacer es una conversión total a Dios, al amor, sostenidos por la esperanza de la Resurrección, "con nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras".

9. La gente, como en una celebración penitencial general, confesaba sus pecados y se bautizaba, incluso fariseos y saduceos, a quienes Juan les dice: "Raza de víboras, (así les llamará Jesús después), ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?" ¿Es que Dios tiene ira? La ira de Dios tiene por objeto el pecado, pero el hombre pecador es mirado por Dios con misericordia infinita, por eso le llama a la conversión. Dios no puede amar el mal, tiene que odiarlo, porque por su propia naturaleza está en contradicción con su misma esencia. El pecado es lo contrario del Amor de Dios. Sin odio, que es la otra cara del amor, no hay amor verdadero. Dios no podría amar el bien, si admitiera el pecado. Si Dios fuera permisivo con el pecado, sería como ignorar el mal, o tomarlo a la ligera, reconociéndole el derecho a existir.

10. Si ya nos hemos convertido, demos frutos, obras, de conversión. No os hagáis ilusiones con que sois hijos de Abraham: "Mirad que el hacha está puesta en la raíz del árbol. Porque todo árbol que no produce frutos buenos, será cortado y echado al fuego".

11. Juan pide la conversión del pecado grave. Pero no hemos de quedar tranquilos con esa conversión, si ya la hemos hecho, por la gracia de Dios. Los que hemos recibido el don de la revelación, no nos podemos conformar con evitar el pecado grave. Ya es gran merced de Dios ésta. Santa Teresa considera que el alma ha llegado con ello a las segundas moradas. Pero estamos llamados a pasar más adelante. Debemos ganar más terreno al enemigo. El trabajo rudo del derribo, desescombro y la brocha gorda son necesarios. Pero la tarea delicada del pincel fino es más elegante. Se trata de ser educados con Dios, que, aunque no es "muy delicado" en expresión teresiana referida a los escrúpulos, sí que es muy fino con sus criaturas, sus hijos, en quienes tiene sus delicias. Propio de los hijos agradecidos es recordar los regalos recibidos en toda la vida, en cada día. Dar gracias por la vida, por nuestros padres, por la vocación cristiana, por los sacramentos, por la Iglesia. Podíamos componer una letanía para rezarla con frecuencia, recordando y gozándonos en todo lo bueno que hemos recibido y recibiremos. Esta sería una conversión de pincelillo, pero muy positiva y grata a Dios, e incluso saludable para la estabilidad psicológica y emocional.

12. Dejemos paso a Jesús para que nos bautice con Espíritu Santo, como le dejó María que, porque ofreció la tierra limpia para que El viniera, vino a ella y se quedó en sus entrañas maternales. Esta tierra limpia fue preparada con fe, virginidad, humildad y sabiduría. "El tiene la pala en la mano para aventar el trigo. El trigo lo depositará en el granero del cielo, la paja en una hoguera que no se apaga".

13. Envíanos tu Espíritu y conviértenos a Ti, por la Sangre de tu Cruz y el poder de tu Resurrección, con la intercesión de María, tu Madre y Madre nuestra. "Para que en tus días florezca la justicia, en nuestras personas, en nuestras familias, en la sociedad humana entera; para que la paz abunde eternamente. Para que escuches nuestra oración, la oración de los afligidos que están sufriendo porque no tienen padrino ni protector, para que te apiades de los pobres e indigentes" Salmo 71. Preparémonos en este Adviento con nuestra conversión al Evangelio y con el manjar para el camino: la eucaristía.



RECURSOS PARA LA HOMILÍA


Hacía quinientos años que no surgía un profeta en Israel. Parecía como si Dios hubiera vuelto a olvidarse de su pueblo. Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, “la cercanía del reino de Dios” –que dice Juan-, vuelve a aparecer el espíritu profético con más fuerza que nunca: Zacarías, Isabel, Simeón, Ana, Juan Bautista.

Mensaje de la persona

Antes que lo que dice, impresiona la persona que lo dice. Tanto, que los evangelistas se muestran muy solícitos al hablarnos de su importancia y grandeza, señalando que Juan no es Jesús, sino sólo su heraldo.

Juan tiene autoridad ante el pueblo, tiene escuela, tiene discípulos, tiene prestigio, todo el mundo le admira. Pero, en ningún momento perdió los papeles atribuyéndose lo que correspondía sólo a Jesús. Su rectitud, su honradez y su humildad son proverbiales. Nunca se predicó a sí mismo, sino al que venía a anunciar, “al que está entre vosotros, al que viene detrás de mí, puede más que yo y no merezco ni llevarle las sandalias”.

“Por aquellos días, Juan se presentó en el desierto de Judea predicando”. Sólo predicando y mostrando “la Palabra”. Él no es la Palabra, sólo la voz que señala, que anuncia. Señalará el camino, porque él no es el camino sino “sólo el que lo allana y prepara”. Por más prestigio que tenga, él no es el que ha de venir sino el que lo muestra, indicando a sus mismos discípulos que le abandonen para que sigan a Jesús.

Se puede estar de acuerdo o no con Juan y su mensaje, pero lo que no se puede es dudar de su autenticidad. Expresamente evita las ambigüedades y los dobles sentidos para ceñirse con claridad meridiana a lo que, como profeta, tiene que mostrar. Y, para sobreabundar en el fondo, da importancia a las formas: vestido con piel de camello, viviendo en el desierto, alimentado con saltamontes y miel silvestre. Integridad de vida y mensaje claro para todos. Esto bastaría para saber nosotros qué tendríamos que hacer, decir y vivir en adviento. Pero, hay más.

"Convertíos"

Este es el mensaje central del Bautista: “Convertíos porque está cerca el reino de Dios”. Éstas, sus primeras palabras, son exactamente las palabras de Jesús al iniciar su misión apostólica. Y esas mismas palabras serán las que llevan pronunciado los discípulos de Jesús desde entonces.

Bien es cierto que en seguida surge la diferencia entre Juan y Jesús. El mensaje de Juan es de un tono más bien apocalíptico, insistiendo más en la justicia de Dios, que en forma de “hacha” “toca ya la base de los árboles talando y echando al fuego a cuantos no den fruto”; Jesús, luego, insistirá más en mostrarnos a un Dios que, sin dejar de ser justo, brilla más por el amor salvador y siempre perdonador. Surge también la diferencia en cuanto a la conducta, cuando los fariseos echan en cara a Jesús que los discípulos de Juan ayunaban pero los suyos no. Y cuando acusan al mismo Jesús de comedor y bebedor, en contraste con la forma de alimentarse Juan. Y, más en profundidad, en la prisa que parece tener Juan en que Dios aplique su juicio cuando habla de “talar” y “echar al fuego” a cuantos no den fruto, y la paciencia y la confianza de Jesús con todos, hasta con la higuera que tampoco produce frutos.

Pero, tanto Juan, como Jesús y los discípulos de ambos, coinciden en la llamada a la conversión: “Convertíos”. O sea, cambiad de dirección. Y, al hacerlo, volved continuamente la mirada hacia atrás, no perdáis nunca las raíces, los orígenes, no olvidéis que, si camináis, es porque habéis sido liberados y comprados a un alto precio. Y, al caminar, no lo hagáis mirando al suelo, sino mirad también hacia delante, hacia vuestro fin. Y el deseo y la esperanza de lo que buscáis os dará fuerzas para seguir el camino.

La tentación está servida. Lo efímero y lo superficial tratan de imponerse a lo profundo y eterno. Y, sin despreciar aquello, hoy se nos pide que nos volquemos sobre esto. La clave siempre será la misma: mirar dónde y en qué ponemos nuestro tesoro para saber por dónde va nuestro corazón.

El buen fruto de la conversión

Hay frutos comunes para todos y los hay particulares, porque así son las relaciones humanas con el Dios cuya venida oteamos y preparamos. Una palabra sobre uno que, si bien comienza siendo personal y particular, deseamos y pedimos acabe siendo de todos. Me refiero al fruto de la justicia y de la paz a tenor del momento que nos toca vivir.

Para empezar, la justicia y la paz son bienes, frutos, inseparables. Desconfiad de quien, insistiendo en uno, olvide el otro. Y, en segundo lugar, tanto una como la otra hay que buscarlas dentro de nosotros, de cada uno, para que, luego, puedan tener una proyección social.

La justicia y la paz o, lo que es lo mismo, un clima de respeto auténtico, de búsqueda de la verdad, de libertad, de reconocimiento de mis derechos y obligaciones y los de los demás, o nacen dentro de nosotros o no podremos imponerlas por decreto. Cada vez es más importante crear espacios de reflexión, de formación de conciencias rectas y, para nosotros, de hacer posible oír la voz de Dios.

Y, además, hay que orar, en particular en tiempos como el que litúrgicamente vivimos. Lo nuestro es importante, sobre todo la base de una conciencia recta, pero lo de Dios, decisivo. Sin él y sin su ayuda eficaz poco podremos lograr. Pero, si a la sabiduría y prudencia humanas, unimos las sobrenaturales, los frutos de los que hablaba Juan estarán garantizados.

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LECTIO: 2º DOMINGO DE ADVIENTO


Publicado por Los Carmelitas
El anuncio de Juan Bautista en el desierto Mateo 3, 1-12

1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que yo sepa que soy pequeño como Zaqueo, pequeño de estatura moral, pero dáme la fuerza de levantarme un poco de la tierra, empujado por el deseo de verte pasar en este período de adviento, de conocerte y de saber qué eres tú para mí. Señor Jesús, Maestro bueno, suscita en nuestro corazón con la potencia de tu Espíritu el deseo de comprender tu Palabra que nos revela el amor salvífico del Padre.

2. Lee la palabra
1 Por aquellos días se presenta Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: 2 «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.» 3 Este es de quien habló el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre. 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.7 Pero viendo venir muchos fariseos y saduceos a su bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? 8 Dad, pues, fruto digno de conversión, 9 y no creáis que basta con decir en vuestro interior: `Tenemos por padre a Abrahán'; porque os digo que puede Dios de estas piedras suscitar hijos a Abrahán. 10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua en señal de conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»

3. Momento de silencio orante
Todo hombre tiene en su corazón muchas preguntas que hacer a quienquiera que lo escuche, pero tiene ante todo necesidad de saber escuchar, acordándose que es Jesús el que le está hablando. Déjate guiar hacia la interioridad, allá donde la Palabra resuena con todo su peso de verdad y de amor, con toda su fuerza terapéutica y transformante. El silencio orante te pide pararte “dentro”, firme completamente a los pies del Señor y recoger todas las propias energías para escuchar sólo a Él. ¡Párrate y escucha!.

4. Para comprender la Palabra
a) Cómo se articula la trama del pasaje:
En este domingo de adviento nos viene al encuentro la figura del Juan el Bautista, un personaje semejante a un roble, como dio a entender Jesús un día delineando su personalidad: “¿Acaso habéis ido a ver una caña batida por el viento?” (Mt 11, 7). El perfil del Bautista que la liturgia nos propone viene presentado en dos grandes bloques: 3,1-6, figura y actividad de Juan; 3,7-12, su predicación. Dentro de estas dos partes se pueden separar unidades más pequeñas que determinan la articulación del texto. En 3,1-2 Juan es presentado como aquel que predica la “ conversión”, porque “ el reino de los cielos se está acercando”. Este llamamiento es como un hilo rojo que atraviesa toda la actividad de Juan: se vuelve a tomar en 3,8.12. El motivo de tal anuncio de conversión se da por el inminente juicio de Dios, que es comparado a la tala de todo árbol seco para tirarlo al fuego y ser quemado (3,10) y a aquella operación de aventar que los campesinos hacen en la era para separar el grano de la paja, que se ha de quemar también en el fuego (3,12). La imagen del fuego que caracteriza la última parte de nuestro pasaje litúrgico, muestra la urgencia de prepararse a este acontecimiento del juicio de Dios.
El texto presenta la siguiente articulación:

Mateo 3,1-3: En esta primera pequeña unidad “la voz que grita en el desierto” de Isaías 40,2 se identifica con la voz del Bautista que invita a la conversión “en el desierto de Judea”;
Mateo 3,4-6: sigue una breve unidad que de un modo pintoresco delinea la figura tradicional de Juan: es un profeta y un asceta; por su identidad profética viene unido a Elías, de hecho viste como el profeta de Tesbis. Un detalle geográfico y espacial describe el movimiento de mucha gente para recibir el bautismo de inmersión en las aguas del Jordán, en un clima penitencial. La influencia de su actividad profética no está circunscrita a un lugar restringido, sino que abarca toda la región de la Judea y que comprende a Jerusalén y el territorio a lo largo del Jordán.
Mateo 3,7-10: se presenta un grupo particular que se acerca a Juan a recibir el bautismo, son los “fariseos y saduceos”. A ellos se dirige Juan con un lenguaje muy duro, para que desistan de su falsa religiosidad y pongan la atención en el “llevar fruto” para huir del juicio de condenación
Mateo 3,11-12: se puntualiza el significado del bautismo en relación con la conversión y sobre todo la diferencia de los dos bautismos y de los respectivos protagonistas: el de Juan es con agua para la conversión; el de Jesús “el más fuerte que viene después”, es con Espíritu santo y fuego.
b) El mensaje del texto:
Con un estilo típicamente bíblico-narrativo Mateo presenta la figura y la actividad de Juan Bautista en el desierto de la Judea. Esta última indicación geográfica intenta situar la actividad de Juan en la región de la Judea, mientras Jesús desarrollará su misión en Galilea. Para Mateo la actividad de Juan está completamente orientada y subordinada hacia “aquel que debe venir”, la persona de Jesús. Además, Juan es presentado como el grande y valeroso predicador que ha preanunciado el inminente juicio de Dios.
El mensaje del Bautista consiste en un preciso imperativo, “convertíos” y en un motivo también muy claro: “porque el reino de los cielos está cerca”. La conversión adquiere un gran relieve en la predicación del Bautista, aunque al principio no aparece todavía clara en su contenido. En 3,8, sin embargo, se indican los frutos de la conversión para expresar una nueva orientación que dar a la propia existencia. Tal indicación, por un lado, se coloca en la línea de los profetas que entendían la hecho de la conversión en el abandono radical de todo aquello que hasta ahora tenía un valor; por otro lado, va más allá e intenta demostrar que la conversión es un dirigirse hacia el “reino de los cielos”, hacia una novedad que se presenta inminente con sus exigencias y prospectivas. Se trata de dar un cambio decisivo en la vida orientándola en una nueva dirección: el “reino de los cielos” da fundamento y define la conversión , no una serie de esfuerzos humanos. La expresión “reino de los cielos” está para indicar que Dios se revelará a todos los hombres y con gran potencia. Juan dice que tal revelación de Dios es inminente, no está lejana.
La actividad profética de Juan tiene el deber de preparar a sus contemporáneos a la venida de Dios en Jesús, con los rasgos de la figura de Elías. Interesante son los motivos, las imágenes con las que viene interpretada la figura del Bautista, entre ellas el cinturón de cuero ceñido en los costados, un signo de reconocimiento de profeta Elías (2 Re 1,8); el manto tejido de pelos de camello es un vestido típico del profeta, según Zacarías 13,4. Se trata de una identificación directa entre el profeta Elías y Juan. Seguramente tal interpretación es la respuesta del evangelista a una objeción judaica de aquel tiempo: ¿ cómo puede ser Jesús el Mesías, si primero no viene Elías?
Con su actividad profética Juan consigue mover grandes muchedumbres, también Elías había reconducido al pueblo entero a volver a la fe en Dios (1 Re 18). El bautismo de Juan no es importante porque sean grandes muchedumbres las que lo reciben, sino que tiene valor porque va acompañado de precisos compromisos de conversión. Además no es un bautismo que tiene el poder de borrar los pecados, sólo la muerte de Jesús tiene este poder, pero imprime sin embargo una nueva orientación que dar a la vida.
También los “fariseos y saduceos” se acercan a recibirlo, pero se acercan con ánimo hipócrita, sin una verdadera decisión de convertirse. Obrando así, no podrán huir del juicio de Dios. La invectiva de Juan hacia este grupo lleno de falsa religiosidad, subraya que la función de su bautismo, acogido con sincera decisión de cambiar de vida, protege a quien lo recibe del inminente juicio de Dios.
¿De qué modo se hará visible una tal decisión de convertirse?. Juan se abstiene de dar precisas indicaciones, se limita sólo a indicar el motivo: evitar el juicio punitivo de Dios. Se pudiera decir en un lenguaje propositivo que el fin de la conversión es Dios, el radical reconocimiento de Dios, el orientar de un modo todo nuevo la propia vida hacia a Dios.
En tanto “los fariseos y saduceos” no están disponibles a convertirse, en cuanto ponen su confianza y esperanza en la descendencia de Abrahán: en cuanto que pertenecen al pueblo elegido están seguros de que Dios, por méritos de sus padres, les concederá la salvación. Juan pone en duda esta falsa seguridad con dos imágenes: la del árbol y la del fuego.
Ante todo la imagen del árbol que se tala, en el Antiguo Testamento recuerda al juicio de Dios. Un texto de Isaías así lo describe: “He ahí el Señor Dios de los ejércitos, que rompe los árboles con estruendo, las punta más altas son derribadas, las cimas son abatidas”. Por su parte la imagen del fuego tiene la funión de expresar la “ira inminente ” que se manifestará con el juicio de Dios (3.7) En síntesis, se muestra la apremiante inminencia de la venida de Dios: los que escuchan deben abrir los ojos sobre lo que les espera
Finalmente la predicación de Juan hace un confrontamiento entre los dos bautismos, las dos personas, la de Juan y la del que debe venir. La diferencia substancial es que Jesús bautiza con espíritu y fuego, mientras Juan sólo con agua, un bautismo para la conversión. Tal distinción subraya que el bautismo de Juan está completamente subordinado al de Jesús. Mateo anota que el bautismo con el espíritu ya se ha realizado, precisamente en el bautismo cristiano, como afirma la escena del bautismo de Jesús, mientras aquel del fuego debe todavía llegar y sucederá en el juicio que Jesús dará.
El final de la predicación de Juan presenta, pues, la descripción del juicio que cae sobre la comunidad con la imagen de la paja. La misma acción que el campesino hace en la era cuando separa el grano de la paja, así será realizada por Dios en el juicio sobre la comunidad.

5. Para meditar
a) Espera de Dios y conversión:
La predicación de Juan, mientras nos recuerda que la venida de Dios en nuestra vida es siempre inminente, nos invita también con energía a la penitencia que purifica el corazón lo vuelve capaz del encuentro con Jesús que viene al mundo de los hombres y lo abre a la esperanza y al amor universal.
Tiene una frase el cardenal Newmann que nos puede ayudar a comprender esta nueva orientación que la Palabra de Dios intenta sugerir como urgente: “Aquí en la tierra vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Cambiar se ha de entender en la óptica de la conversión; un cambio íntimo del corazón del hombre. Vivir es cambiar. En el momento en que este deseo de cambiar desaparece, tú ya no eres un vivo. Una confirmación se nos da en el Apocalipsis cuando el Señor dice: “Parece que estás vivo, pero estás muerto” (3,1) Además “ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Parece que el cardenal Newmann quisiera decir: “ El sentido del tiempo es mi conversión” También este tiempo de adviento se mide en función del proyecto que Dios tiene sobre mí. Debo continuamente abrirme a la novedad de Dios, estar disponible a dejarme renovar por Él.
b) Aceptar el Evangelio:
Es la condición para convertirse: El evangelio no es sólo un contenido de mensaje, sino que es una Persona que te pide venir a tu vida. Aceptar el Evangelio en este domingo de Adviento significa abrir la puerta de la propia vida a aquel que Juan el Bautista ha definido como el más fuerte. Esta idea está expresada muy bien por Juan Pablo II: “Abrid las puertas a Cristo...” Aceptar Cristo que me viene al encuentro con su palabra definitiva de salvación. Nos vienen a la mente las palabras de San Agustín que decía: “Temo al Señor que pasa”. Tal pasaje del Señor podría encontrarnos en un momento de nuestra vida distraídos y superficiales.
c) El adviento: El tiempo de las almas interiores:
Una evocación mística sacada de los escritos de la Beata Isabel de la Trinidad nos ayuda a descubrir la conversión como tiempo, ocasión de sumergirse en Dios, de exponerse al fuego del amor que purifica y transforma nuestra vida: He aquí el sagrado tiempo del adviento que, más que de otro, se puede llamar el tiempo de las almas interiores, de aquellas, que viven siempre y en cada cosa “escondidas en Dios con Cristo”, al centro de ellas mismas. En la espera del gran misterio [ de la Navidad]...pidámosle que nos haga verdaderos en nuestro amor, o sea que nos transforme...es bello pensar que la vida de un sacerdote, como la de la carmelita, es un ¡adviento que prepara la encarnación en las almas! David canta en un salmo que “el fuego caminará delante del Señor” ¿Y no es el amor aquel fuego? ¿Y no es también nuestra misión preparar los caminos del Señor a través de nuestra unión con aquel que el Apóstol llama un “fuego devorador”? A su contacto nuestra alma se convertirá en una llama de amor que se expande por todos los miembros del cuerpo de Cristo que es la Iglesia” (Carta al Rev. Sacerdote Chevignard, en Escritos, 387-389).

6. Salmo 71 (72)
La Iglesia ora con este salmo en el tiempo de adviento para expresar la espera de su rey de paz, liberador de los pobres y de los oprimidos.
Reina con justicia a tu pueblo
Confía, oh Dios, tu juicio al rey,
al hijo de rey tu justicia:
que gobierne rectamente a tu pueblo,
a tus humildes con equidad.
Florecerá en sus días la justicia,
prosperidad hasta que no haya luna;
dominará de mar a mar,
desde el Río al confín de la tierra.
Pues librará al pobre suplicante,
al desdichado y al que nadie ampara;
se apiadará del débil y del pobre,
salvará la vida de los pobres.
¡Que su fama sea perpetua,
que dure tanto como el sol!
¡Que sirva de bendición a las naciones,
y todas lo proclamen dichoso!

7. Oración final
Señor Jesús, conducidos por la palabra fuerte y vigorosa de Juan el Bautista, tu precursor, deseamos recibir tu bautismo de Espíritu y fuego. Tú sabes cuantos miedos, perezas espirituales e hipocresía albergan nuestros corazones. Estamos convencidos que en tu bieldo quedaría de nuestra vida poco grano y mucha paja, pronta para el fuego inextinguible. Te decimos desde lo más profundo del corazón: Ven a nosotros en la humildad de tu encarnación, de tu humanidad cargada de nuestros límites y pecado y danos el bautismo de la inmersión en el abismo de tu humildad. Concédenos estar inmersos en aquellas aguas del Jordán que fluyen de tu divino costado atravesado en la cruz y haz que te reconozcamos verdadero Hijo de Dios, verdadero Salvador nuestro. En este adviento llévanos al desierto del expolio, de la conversión, de la soledad, de la penitencia para experimentar el amor del tiempo primaveral. Que tu voz no quede en el desierto, sino que resuene en nuestro corazón de modo que toda nuestra vida, inmersa – bautizada en tu Presencia pueda convertirse en novedad de amor. Amén.

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¿Qué es el Adviento?


Es la alegría
que siente todo cristiano ante la llegada inminente
del que nos trae todo: JESUS.

Es la esperanza
que no defrauda al saber que, los hombres, no estamos solos.
Que Alguien sale nuestro encuentro. Que Dios apuesta
fuertemente por el hombre.

Es la inquietud de algo que nos impresiona y que nos conmueve:
EL AMOR DE DIOS EN UN PESEBRE

Es el hombre que,
por soñar, sueña con un mundo nuevo,
con un orden distinto: LA FRATERNIDAD

Es el deseo de mejorar, de perfeccionar nuestras actitudes
ante el nacimiento de un Niño

Es saber que, la Navidad, no es del color que nos
la pinta la sociedad. Que, la Navidad, tiene su tono divino:
DIOS SE HACE HOMBRE

Es comprender que,
ser hombre, es algo grande. Que despreciar la vida
o aniquilarla, es dejar muchos pesebres sin contenido
y muchos corazones destrozados

Es creer que,
Dios, se hace pequeño y, porque se hace pequeño,
es necesario construir una puerta humilde para entrar a verle

Es despertar
en nuestras familias los deseos de una Navidad
santa y cristiana; apartando de ella lo que la degrada y,
recuperando para esos días, lo que la santifica:
oración, Belén, caridad

Es ponerse en camino hacia Belén.
Es no detenerse a pesar de que, algunos, nos digan que Dios
se ha desentendido de nuestro mundo. Es saber que,
en el inmenso campo de nuestra vida, los ángeles nos darán
una buena noticia: para vosotros, Dios, ha nacido

Es sentirnos libres de muchas esclavitudes.
Es buscar al gran libertador. Al que, sin más armas que la inocencia
y el amor, será capaz de ganar las grandes batallas
que anidan en nuestros corazones

Es huir de la autosuficiencia. Es defender a Jesús
de tantos “Herodes” que intentan aniquilar su presencia en nuestro mundo.
El adviento nos convierte en centinelas. Nos hace permanecer en pie
para que, cuando el Señor aparezca en el horizonte, seamos capaces
de gritar a los cuatro vientos:
¡Gracias Señor! ¡Has venido a salvarnos!

P. Javier Leoz

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Evangelio Misionero del Dia: 1 de Diciembre de 2010 - SEMANA I° DE ADVIENTO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 29-37

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a Él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y Él los sanó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban sanos, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino».
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?»
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?»
Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados».
Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los daba a los discípulos, y ellos los distribuían entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron llenaron siete canastas.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Los signos del Mesías
“Este es Yahveh en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación”

El monte Sión, el lugar de las visiones y de los amplios horizontes, donde se capta lo que Dios hace y quiere hacer por su pueblo, en el cual convergen las naciones en busca del proyecto “comunidad” (profecía de anteayer) y en el que el Mesías hace brotar una nueva vida en la justicia y la fraternidad (profecía de ayer), se convierte hoy en el escenario de un gran banquete festivo en el que
• Dios, presentado como rey, reparte sus mejores dones (25,6-8)
• la comunidad salvada entona un cántico de victoria al Señor (25,9-10ª).

La obra salvífica de Dios y la liturgia de la comunidad se aúnan en una nueva y maravillosa escena bíblica. El tema: los signos de los nuevos tiempos que trae el Mesías. Veámoslos en la lectura profética de hoy.


1. La invitación a la fiesta (v.6)

Dios se presenta con la grandeza de un rey, quien en su magnificencia, durante la fiesta de su entronización, hace gala de su generosidad:
• la lista de los invitados no tiene límites: “todos los pueblos”,
• el menú es variado, abundante y de la más alta calidad: los manjares son “frescos” y “suculentos”, los vinos son “añejos” y “seleccionados”.

La cita, como ya dijimos, es en el monte del Señor, allí donde el pueblo se hizo comunidad y donde, en el conocimiento del Señor, se comenzó a tejer la paz. Ahora se está dando un paso hacia delante: Dios invita a todos los hombres a hacer de la vida una fiesta y para ello ofrece sus dones en calidad y abundancia. Dios responde a las necesidades humanas y no de cualquier forma. Cómo lo muestran los detalles de esta escena de banquete, todos quedarán satisfechos.


2. Los regalos de la fiesta (vv.7-8)

Ocurre como en la antigüedad: una vez que comienza la fiesta, el anfitrión pasa frente a los invitados repartiendo sus regalos. Así también es Dios.

Las imágenes de la comida que no se raciona, sumado al hecho de que alcance para todos, contrasta con el espectáculo habitual de una humanidad en la que se pasa hambre y los bienes se reparten de manera desigual. Dios viene al encuentro de las esperanzas humanas y va mucho más lejos de lo que en un primer momento se podría aguardar. Él no sólo ofrece bienes, sino que sus dones están relacionados consigo mismo y éstos eliminan las necesidades más profundas del hombre.

Es tan honda la acción de Dios que la profecía presenta el efecto de sus dones con la repetición del verbo “aniquilará”. Se aniquilará (1) “el velo que cubre a todos los pueblos” y la (2) “muerte definitivamente”.

Los regalos de Dios tienen un valor incalculable y son:

• El don de su misma presencia y manifestación (v.7). Con la imagen de un “velo” que se quita, se quiere decir que se destapa el “rostro” de Dios de manera que pueda ser conocido. El gesto representa una invitación a la amistad basada en el conocimiento y al gozo de la contemplación. Nada puede ser mayor que la relación, en permanente cercanía, con Dios, fuente de todo bien.
• El don de la vida eterna (v.8). Del “velo” de Dios se pasa al “velo” del hombre. Este segundo “velo” representa el vestido de luto que cubre a los que están haciendo duelo. Pues bien, Dios lo arranca porque al concederle la vida plena por medio de la comunión con Él, el hombre ya no tiene motivos para llorar: “Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros”. Y no se trata de consuelos pasajeros, porque la muerte, la primitiva maldición (ver Génesis 3), la mayor contradicción en la historia del hombre, se aniquilará para siempre.


3. Los cánticos de la fiesta (25,9-10ª)

Una vez realizada la comida y recibidos los dones, la comunidad festiva irrumpe alborozadamente con canciones alegres. Unos a otros se invitan a cantar. Se celebra la victoria de Dios sobre sus enemigos ―en un difícil combate― representados simbólicamente en el pueblo de Moab (v.10b). En este enemigo, real en la historia de Israel, se simboliza todo lo que causa tristeza, dolor y luto en la gente. Es sobre estas realidades que se proclama la victoria de Dios y de su pueblo.

La letra de la primera canción tiene como tema “la salvación” y dice, en pocas palabras, que quien era la esperanza ha sido por fin la salvación de su pueblo (25,9). La comunidad tiene clara conciencia de lo que es la salvación.

Una nueva imagen repunta al final de la letra de la canción y le da un nuevo colorido: “la mano de Yahvé” (25,10ª). Se trata de la “mano” poderosa del Dios de los ejércitos (“Yahvé Sebaot”) que combate contra mil manos en la batalla. Los factores generadores del hambre, del dolor, de la muerte y de la tristeza de la gente son muchos, pero no son más poderosos que Dios. Curiosamente la ambivalencia del símbolo muestra al mismo tiempo que la mano que castiga al enemigo es también la mano tierna, paterna y protectora de Dios que cuida con amor a su pueblo.



Y esta profecía se realiza en Jesús, el Mesías (Mateo 15,29-37)

En el relato de la multiplicación de los panes y de los peces, ocurrido también en un monte (v.29), Jesús preside la fiesta de la vida que cambia el destino de una humanidad que sufre (“cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros”, v.30), entre los cuales están los que pasan hambre (vv.32-37). La cantidad y la calidad de los dones de Jesús son evidentes.

Frente a esta realidad humana, Jesús da pasos concretos: (1) cura y alivia el dolor de la gente, (2) alimenta “una multitud muy grande” en el desierto, (3) hace recoger las sobras de la cena para que haya siempre comida para todos, incluso para los que no han estado en la cena.

Tanto en la profecía como en su realización en Cristo, prima lo que Dios “hace” por nosotros. Jesús transforma la vida humana a fondo, sanando las penas de cada uno y formando comunidad, como un pastor que cuida y congrega a su rebaño. Cuando ponemos la vida bajo el cuidado de Jesús hacemos posible el don más grande de toda Biblia, profetizado por Isaías: “Consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra” (Is 25,8). De este modo la venida del Señor tiene sabor a Pascua.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

Anteayer vimos la comunidad mesiánica, ayer se hizo una presentación del Mesías y hoy nos colocamos frente a los signos del Mesías. En anuncio profético revive nuestra esperanza, rescata nuestros ideales más altos, nuestros deseos más profundos: una vida sin dolor y sin lágrimas, un mundo en el que nadie pasa hambre ni le falta lo esencial, una humanidad que se permite celebrar la fiesta de la vida. Esta esperanza comienza a hacerse concreta en el compromiso: ¡Seamos como Él, hagamos amigos y compartamos de manera que no falte el pan en ninguna mesa!


1. ¿Mi vida es una continua fiesta? ¿Tengo motivos para celebrar? ¿Hay lutos en mi vida? ¿Cuál es mi canto de fiesta?

2. ¿Qué me que invita a vivir el Señor gracias a su venida?

3. ¿Me parezco al Señor en el compartir con los demás? ¿Qué pasa con las sobras de las mesas abundantes?

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 01 de Diciembre de 2010


SEMANA Iº DE ADVIENTO
(Ciclo A)
Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

El Señor de los ejércitos
ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados,
de manjares suculentos, medulosos,
de vinos añejados, decantados.
Él arrancará sobre esta montaña
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño tendido sobre todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor enjugará las lágrimas
de todos los rostros,
y borrará sobre toda la tierra
el oprobio de su pueblo,
porque lo ha dicho Él, el Señor.
y se dirá en aquel día:
«Ahí está nuestro Dios,
de quien esperábamos la salvación:
es el Señor, en quien nosotros esperábamos;
¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!»

Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 22, 1-6

R. Habitaré por siempre en la Casa del Señor

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 29-37

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a Él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y Él los sanó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban sanos, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino».
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?»
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?»
Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados».
Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los daba a los discípulos, y ellos los distribuían entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron llenaron siete canastas.

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO DE ADVIENTO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA I
Del Propio del Tiempo. Salterio I

1 de diciembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: VEN, SEÑOR, NO TARDES

Ven, Señor, no tardes,
Ven, que te esperamos;
Ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado el amor.

Envuelto en noche sombría,
gime el mundo de pavor;
va en busca de una esperanza,
buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida
y le falta corazón;
le falta cielo en la tierra,
si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,
baje el rocío a la flor,
ven, Señor, no tardes tanto,
ven, Señor. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo 35 - DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS.

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden levantar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Ant. 2. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO Jdt 16, 2-3. 15-19

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Ant. 3. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Salmo 46 - ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

El nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
El nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA BREVE Is 7, 14b-15

Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

RESPONSORIO BREVE

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Viene detrás de mi uno que puede más que yo, y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Viene detrás de mi uno que puede más que yo, y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.

PRECES

Cristo, Palabra de Dios, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, por la esperanza, digamos:

Quédate con nosotros, Señor.

Príncipe de la justicia y de la rectitud,
haz justicia a los pobres y desamparados.

Rey de la paz, que de las espadas forjas arados y de las lanzas podaderas,
convierte nuestras envidias en amor y nuestra hambre de venganza en deseos de perdón.

Tú, que no juzgas por apariencias,
discierne quienes son los que realmente te pertenecen.

Cuando vengas en una nube con gran poder y gloria,
haz que nos podamos mantener en pie delante de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Pidamos a Dios que su reino se haga cada día más visible entre nosotros:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS

Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo 26 I - CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Ant. 2. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Ant. 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE 1 Co 4, 5

No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. De Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

PRECES

Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:

Venga tu reino, Señor.

Mira, Padre santo, a tu Iglesia
y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.

Señor Dios, que eres siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abraham
y da cumplimiento en ellos a las promesas que hiciste a sus padres.

Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia,
para que también ellos te alaben y glorifiquen.

Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño
Y reúnelas a todas en tus verdes praderas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Acuérdate también de los que han salido de este mundo en tu paz
y recíbelos en el reino de tu Hijo.

Jesucristo nos ha revelado que Dios es nuestro Padre; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

LECTURA BREVE Ef 4,26-27

No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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Resolviendo Problemas: Pérdida, Dolor y Obsesiones


Por Ron Rolheiser
Publicado por Ciudad Redonda

¿Qué podemos decir ante la seria pérdida, el dolor inconsolable o las obsesiones afectivas no correspondidas?

Cuando era yo estudiante licenciado en Lovaina, planteé una vez esa cuestión al famoso sicólogo Antonio Vergote: “Cuando pierdes un ser querido, sea por muerte o porque esa persona muere para ti de alguna otra manera, ¿qué puedes hacer? ¿Qué puedes decir para ayudar a alguien en esa situación?”

Su respuesta fue cauta y prudente; algo por este estilo: “Cuando alguien está llorando por una seria pérdida, pasa un buen período de tiempo en el que la sicología se siente más bien incapaz e impotente. El dolor por la muerte de un ser querido o el dolor por perder una relación afectiva profunda pueden provocar una parálisis en la que no es fácil penetrar y que es difícil disolver. La sicología reconoce aquí sus límites. A veces pienso que los poetas y novelistas son en esto más útiles que la sicología. Pero, aun ahí, pueden ofrecer alguna idea; aunque no estoy seguro de que nadie pueda hacer mucho para quitar el sufrimiento. Hay ciertas cosas en la vida ante las que nos sentimos simplemente impotentes”.

Creo que esa fue una respuesta sabia y realista. La muerte de un ser querido, o incluso el dolor de una obsesión amorosa no correspondida, pueden humillarnos realmente y, como dice el autor bíblico del libro de las Lamentaciones, dejarnos sin otra opción que “¡morder el polvo y esperar!” A veces, durante un tiempo, el sufrimiento por la pérdida es tan profundo y obsesivo que no hay clínica sicológica, ni terapia, ni palabra religiosa de consuelo, que puedan hacer mucho por nosotros.

Recuerdo que, hace como unos 25 años, estaba yo sentado con un amigo a quien aquel mismo día su novia le había dado calabazas, le había rechazado. Él le había propuesto matrimonio, pero recibió de ella un rechazo claro y definitivo. Estaba hecho añicos, el pobre, completamente destrozado. Después, durante varios días tuvo problemas haciendo simplemente los quehaceres de la vida ordinaria, pero sin ilusión, con dificultad para comer, dormir, trabajar. Algunos de nosotros nos turnamos sentándonos con él, escuchando su desconsuelo, intentando distraerlo llevándolo al cine, sin tener realmente mucho éxito en cuanto a liberarlo de su depresión y obsesión. Finalmente, con el tiempo, naturalmente comenzó poco apoco a emerger del cepo de aquella concentración excesiva y, más tarde todavía, andando el camino, pudo recuperar su fuerza y libertad. Pero hubo un tiempo en el que nosotros, sus amigos, no pudimos hacer otra cosa por él que “estar a su lado”.

¿Qué puede decir un ser humano a alguien que se encuentra sumido en una profunda pérdida o en las garras de una obsesión emocional no correspondida? Tenemos nuestras expresiones populares que no dejan de tener valor: “¡Venga, hay que seguir adelante! Cada mañana nos va a traer un nuevo día y finalmente el tiempo curará las heridas. Recuerda también que no estás solo; tienes familia y amigos en quienes apoyarte. Y, por encima de eso, tienes fe. Dios te ayudará a lo largo de esa prueba”.

Todo eso es cierto, e importante, pero no especialmente consolador o útil, durante un abrumante período de dolor. Recuerdo que escribí una serie de cartas a una señora que había perdido a su marido suicida y estaba totalmente destrozada por ello, pensando que nunca experimentaría de nuevo la felicidad. Una y muchas veces le repetía yo de nuevo las mismas líneas: “¡Eso va a mejorar, pero no ahora mismo! El tiempo lo va a curar, pero no podemos acelerar su ritmo. ¡Usted va a mejorar, pero tardará un rato!”

Fuera de esto, ¿hay algo práctico que podamos ofrecer a alguien que se encuentra sumido en profundo dolor o atrapado por una obsesión emocional amarga?

En 1936, cuando su hermana Margarita María murió, el famoso teólogo jesuita Pierre Teilhard de Chardin escribió en una carta estas palabras: “Siento que un gran vacío se ha abierto en mi vida –o mejor, en el mundo que me rodea-; un gran vacío del que me iré percatando cada vez más… La única forma de hacer la vida llevadera de nuevo es amar y adorar a Aquel que, por debajo de todas las demás cosas, la anima y la dirige”.

Antoine Vergote, el profesor sicólogo, indica que algunas veces el tiempo, sólo el tiempo, puede curar y que, mientras tanto, la única opción auténtica consiste en soportar lo insoportable, intentar avanzar paso a paso, estoicamente, con paciencia, aceptando nuestro dolor con la mayor dignidad posible, mientras esperamos que el tiempo obre al fin su alquimia, sabiendo que nada puede suprimir este lento proceso.

Pero Teilhard propone que hay algo que puede ayudar a hacer lo insoportable soportable, a saber, un esfuerzo más consciente y deliberado para amar y adorar.

¿Cómo logramos eso? No es fácil. Pero lo lograremos cuando, a pesar de nuestras obsesiones agobiantes, de nuestra inquietud, frustración, amargura y ansiedad, capacitemos a la parte más noble y generosa de nosotros mismos para ser la voz más profunda, por dentro tanto de nuestras simpatías como de nuestras acciones. Cuando nos vemos forzados a doblar nuestras rodillas por la pérdida del ser querido y por la frustración amorosa, lo mejor, y lo único útil que podemos hacer es arrodillarnos impotentes ante Dios, que puede ayudarnos a expresar nuestro afecto hacia todos los que pueden apoyarnos.

(Traducido por : Carmelo Astiz, cmf)

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Paz es Transparencia y Adviento (Ante las filtraciones de Wiki-Leaks)


Publicado por X. Pikaza

El domingo 1 de aviento empezaba con una poderosa profecía de paz, proclamada hace dos mil quinientos años.
«De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra» (Is 2, 2-5; cf. Miq 4).
Esas palabras fueron y son una semilla de esperanza, como puse de relieve en Camino de Paz (Khaf, Madrid 2010). Por eso vuelvo a ellas, retomando el hilo de ese libro, para ofrecer un sencillo programa de paz, en este año 2010, que va a dejarnos en manos de una guerra de economía, que condena a millones de personas a vivir a la intemperie, sin más capital que hambre, mientras otros despilfarran y gastan (¿gastamos?) sin control alguno.
Me han movido a presentarlas unas revelaciones que Wiki-Leaks comienza a ofrecer esta mañana (29 XI 10) en varios países. Nos hallamos ante un espectáculo obsceno de fuerza y engaño incivil, ante una guerra podrida de “secretos”. En contra de eso, la paz implica trasparencia y verdad, como propuso Isaías hace unos 3500 años.
La paz es trasparencia y comunicación, en camino de Adviento, don y reto de amor. Éste es el mensaje de la Iglesia, a través de del Profeta Isaías que proclamó una Marcha de Paz hacia Sión, lugar de diálogo y encuentro con Dios, donde los hombres y mujeres podrían dialogar, donde todos fundirían sus armas, convirtiéndolas en signo de un trabajo compartido (hoces, podaderas…) al servicio de la Vida.
Estemos atentos a Wiki-Leaks, pero mucho mas a Isaías, dentro de una Iglesia en Adviento, que ha de aprender (¡sobre todo ella!) a vivir en transparencia, como dijo Jesús, cuando afirmó que todo lo había revelado, sin guardar para sí ningún secreto, ningún papel oculto. De Transparencia y Adviento habla este blog. Buen día a todos, desde el frío del altiplano de Castilla
En medio de la guerra
Ciertamente, hay guerras militares, situaciones de violencia suma, hay terrorismo, son muchos los pueblos antiguos que caen y mueren ante el avance de una “cultura globalizada” (como puse de relieve hace unos días, aludiendo a la muerte de A. Labaka y al testimonio de otro misionero llamado Koldo).
Pues bien, en medio de una situación de fuerte violencia, quiero ofrecer una apuesta por la paz, una Marcha de Paz en el Adviento. Quiero el desarme (militar y verbal) de los violentos, es decir, de todos; quiero que llegue el fin de esta economía de muerte vinculada a un sistema donde el “capital” es lo primero, de manera que estados, pueblos y personas nos hallamos sometidos a su imperio obsceno. Por eso tomo la palabras centrales del post anterior, y las comento de nuevo, en una perspectiva más universal.
El Dios del Adviento
Éste es el Dios de los hebreos perseguidos, que lograron cruzar el Mar Rojo, para abrir caminos nuevos de paz, mientras el sistema (¡el sistema faraónico, no las personas!) quedaba destruido en las aguas “espumantes”. Muchos queremos también hoy la destrucción de un sistema faraónico, para que pueda surgir un pueblo humano, de hombres y mujeres el camino de paz.
Éste es el Dios del profeta Isaías, en los años en que el Rey Acaz buscaba alianzas de poder, de nuevo con Egipto, otra vez con el sistema, para oponerse con la guerra a sus enemigos. Isaías le dijo, en nombre de Dios, que la paz implicaba nacer de nuevo, aprender a vivir de un modo diferente: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado… y se llamará Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Is 9, 6).
Ésta es la paz de Jesús, que salí a la calle para presentar de nuevo el gran mensaje: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra» (Is 2, 2-5). Buscó la paz sin armas, en Jerusalén, y allí se presentó a cuerpo, sólo con su palabra y su utopía de Dios, antes sacerdotes del templo soldados de la legión romana. Evidentemente, le mataron, pero somos muchos los que creemos que su proyecto y programa sigue vivo, porque Dios le ha resucitado.
Ésta es la paz de la Iglesia, esto es, de aquellos que creen (creemos) que Jesús ha vencido con su amor (con su entrega de vida), de manera que el mundo ya no sigue dominado por la guerra, ni por el poder de los especuladores (borrachos de imágenes falsas, en su juego de espejos: especular), sino que está abierto al principio de la vida, que millones de hombres y mujeres podemos y queremos cultivar.
La Iglesia-Sión, una marcha de paz
La Iglesia está comprometida a ofrecer y enseñar el camino de paz de Jesús, desde los pobres y excluidos, no con pactos de Estado, ni con grandes palabras, sino con el testimonio de su vida. Educar en la paz mesiánica no es para ella algo secundario, una asignatura más, sino su propia esencia.
Siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia debe educar para la paz, pero no desde arriba, para formar buenos dirigentes de sistema (que son necesarios en un plano), sino su propio testimonio de paz, de un modo gratuito, desde abajo (desde los niños) invitando a todos a que vengan al tren/escuela de la paz, con su proyecto y camino de alianza universal. Según eso, ella ha de ser ante todo una maestra de paz, no por lo que dice (que es bueno que lo diga), sino por lo que hace, como supone Mt 5, 14, que la presenta como ciudad elevada sobre un monte, iluminando el círculo de la tierra, conforme a la visión de los profetas (cf. Is 2, 2-4; 60, 1-9).
En otro tiempo, muchos israelitas habían pedido a Dios que les ayudará a ganar la Guerra Santa y así luchaban, confiando en la victoria. Pero los grandes profetas habían descubierto que sólo Dios (gratuidad amorosa) puede salvar a los hombres, de manera que las guerras acaban siendo inútiles, contraproducentes y dañinas (pues siguen dejando a los hombres en manos de su violencia). Por eso, en vez de crear buenas escuelas de guerra (academias militares, campos de entrenamiento de marines, legionarios o soldados de élite), Isaías 2, 4-5 afirma que Dios creará en Jerusalén una escuela universal de paz, para instruirnos según sus caminos, de manera que los hombres y mujeres no se adiestrarán para la guerra, sino que cambiarán las academias militares en escuela de abundancia y paz: de las espadas forjarán arados...). Nos gustaría que la Iglesia fuera esa escuela de paz que Is 2, 2-5 quiso instalar ya en Jerusalén
En su línea negativa (no se adiestrarán para la guerra) y positiva (de las espadas forjarán arados), esa nueva enseñanza no podrá ser resultado de un pacto del sistema (pues los pactos de sistema necesitan armas y han de ser sancionados por la fuerza), sino que ha entenderse como alianza de humanidad, alianza gratuita, expresada en voluntarios activos de la paz.
La ley del Sinaí (cf. Ex 19-24), centrada en el decálogo y dirigida a los israelitas, seguía manteniendo la paz de este mundo con medios de violencia y así justificaba la guerra y la pena de muerte. En esa línea se siguen situando muchos cristianos a lo largo de la historia. Pues bien, en contra de eso, el camino y mensaje de paz de Jesús en la Iglesia no puede imponerse por medios coactivos, no puede apelar al ejército, sino al despliegue gratuito de la vida.
En esa línea, la Iglesia está comprometida a ofrecer y enseñar ese camino de paz de Jesús, desde los pobres y excluidos (los niños, los expulsados, los oprimidos)… hablando en nombre de ellos, no con pactos de Estado (con la ONU/Mercado), sino con el testimonio de su propia vida. Ella no ha de presentarse como educadora de paz para príncipes y reyes (aunque no son malas las buenas teorías), sino ofreciendo desde abajo, desde la plaza de la vida, el testimonio de Jesús.
La Iglesia ha producido buenos documentos (como el Benedicto XVI, Caritas in Veritate), pero, como el mismo Papa dice, los documentos no bastan, ni son lo más importante, porque la Iglesia debe educar como Jesús, desde la calle, creando comunidades de paz. Así lo debe hacer, con su ejemplo, y con su palabra: ella debe introducir su palabra (introducirse) en el proceso educativo y en la vida social, en la familia y en el mundo y en los medios de comunicación, de manera que la alternativa de Jesús vaya encarnada en sus instituciones eclesiales. No se trata de enseñar contenidos para otros, ni de una crear una asignatura escolar para niños, titulada quizá, Educación para la Paz, cosa que sería buena, sino de lograr que los cristianos unidos constituyan un tren/escuela de paz, abierto a todos.
Una marcha de Iglesia. No habrá paz sin…
No habrá paz sin un cambio familiar, social y económico, superando las instituciones de violencia del Estado y de otros grupos sociales, una paz que no se logra venciendo una guerra, sino abriendo una alianza (diálogo) entre todos los grupos sociales que creen en Dios o en Realidad suprema, como Paz.
No se puede hacer la paz sin un cambio cultural y político, sin un fuerte desarrollo afectivo y personal, sin un intenso compromiso a favor de los niños… Por eso, la educación para la paz no puede ser una asignatura más (aunque puede darse tal asignatura), sino un proyecto y programa integral de vida, de niños y mayores, a favor del ser humano, un proyecto que puede y debe expresarse desde ahora como huelga activa, universal no-violenta, pero muy intensa, en contra de las instituciones y sistemas dominantes.
Aquí no podemos ser “realistas” en el sentido normal de la palabra, buscando un pacto con los poderes fácticos (capital, ejército, medios de comunicación…), como se ha venido haciendo, con resultados siempre negativos, sino que hay que pasar de la política de pactos de interés (como los que ofrecen los bancos del sistema a los países en riesgo monetario, como Irlanda), a la alianza plena de la vida. No se trata de aceptar lo que hay y decir que, por encima, existe Dios y que él nos dará su paz, cuando lo quiera, sino que debemos introducir el plan de Dios en lo que hay (en este mundo de pactos de violencia), para que surja la alianza de amor, sin pactos militares.
De Isaías a Jesús
Jesús de Nazaret ha retomado la marcha de paz de Isaías (¿vayamos a Sión!), una propuesta sencilla, pues deriva del Sermón de la Montaña (Mt 5-7; Lc 6, 21-48), con las bienaventuranzas, donde se incluye la exigencia del perdón y el amor a los enemigos, pero exige una ruptura intensa respecto del orden existente.
En ese contexto he venido hablando en mi blog de una gran huelga económica, contra las instituciones capitalistas (mientras no seamos capaces de crear una economía alternativa, no monetarista, no capitalista no habrá paz en el mundo).
También he hablado de una huelga militar, contra las instituciones de violencia armada, defendiendo la insumisión total de la Iglesia, que en este tiempo (año 2010) es ya posible. Ahora quiero hablar de una huelga total, en línea de gozo (eso significa huelga, de holgar, gozar), en línea de humanidad, es decir, de Reino.
Éste es el lema del tren de la paz, vinculado a una insumisión provocadora, como la de Jesús, cuando subió a la Jerusalén armada de sacerdotes y soldados montado en un asno de paz y llegó de esa manera hasta el mismo templo, defendido por la guardia militar del templo (cf. Mc 11, 1-11). Sólo si la Iglesia opta así, como Jesús, por una “insumisión provocadora y amorosa”, al servicio de los pobres, en gesto de paz, podrá decirse que ella cree de verdad en su evangelio.

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30 de Noviembre: Fiesta de San Andrés Apóstol


Uno de los doce Apóstoles, hermano de Simón Pedro.
Murió mártir en una cruz en forma de X
Patrono de Rusia y Escocia

SAN ANDRES nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano (le Sinmón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaún y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad.

Discípulo de Juan Bautista
Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!" Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.

Apóstol de Jesús
Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús.

Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de EI.

AI año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio.

También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, 6, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, 12, 20-22)

Después de Pentecostés
Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas "actas" apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre el santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese".

Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nazianceno especifica que estuvo en Epiro, y San Jerónimo añade que estuvo también en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época (siglo IV) los habitantes de Sínope afirmaban que poseían un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el cual había predicado en dicha ciudad. Aunque todos estos autores concuerdan en la afirmación de que San Andrés predicó en Grecia, la cosa no es absolutamente cierta.

En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom. 14,9). El origen de esa tradición es un documento falso, en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV).

Martirio
El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La "pasión" apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de "X" no circuló antes del siglo IV.

En tiempos del emperador Constancio II (+361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

San Andrés es el patrono de Rusia y de Escocia.
Según una tradición que carece de valor, el santo fue a misionar basta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde. De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra"". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente esta leyenda data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.

El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.

Publicado por Corazones.org

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