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martes 30 de agosto de 2011

Evangelio Misionero del Día: 31 de Agosto de 2011 - XXII Semana DEL T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 38-44

Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Compartiendo la Palabra
Por Rosa Ruiz Aragoneses, rmi

En la salud y en la enfermedad…
Seguimos en Cafarnaún, en la casa de Pedro, que probablemente fue también la casa de Jesús en esos años. Él sigue atendiendo a todos los necesitados de curación, uno a uno. Desde la puesta del sol hasta el amanecer. Jesús busca la soledad pero no por ello deja de atender a quienes le andan buscando. No se ata a nada ni a nadie. No deja que nada ni nade le retenga. Sabe que la misión recibida es más grande y no es suya. No le pertenece. Tampoco a nosotros, pero ¡qué difícil a veces!
Un detalle más: la suegra de Pedro, alguien de “la casa”, de la familia. Es bonito ver cómo su fiebre es motivo de preocupación para los demás, hasta el punto de ser ellos quienes piden a Jesús que haga algo por ella. Ojalá tengamos nosotros esa misma sensibilidad con los más cercanos, con el mal que sufren “los de casa”. Ojalá el dolor de toda persona sea preocupación de la comunidad, de la Iglesia y nos sea tan importante que no dudemos en suplicar la acción sanadora de Cristo. Quizá sólo entonces, la sanación de los demás revierta en mayor servicio a la comunidad, como de inmediato hace la suegra de Pedro. Si hacemos nuestros los dolores de los demás, ¿cómo no haremos también comunes nuestros talentos, nuestra disponibilidad, nuestro deseo de servicio?
Que la exigencia de la misión, de tener que predicar por todos los lugares y atender todas las necesidades de nuestro mundo, no sea nunca excusa para desentendernos de los dolores de los de casa y dejar de ponernos también a su servicio.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Lecturas y Liturgia de las Horas: 31 de Agosto de 2011


Semana XXII DURANTE EL AÑO
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Colosas 1, 1-8

Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo saludan a los santos de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre.
Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes, desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos, a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo.
Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero.
Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad, al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. Él es para ustedes un fiel ministro de Cristo, y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 51, 10-11

R. ¡Confiamos en tu misericordia, Señor!

Yo, como un olivo frondoso
en la casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia del Señor. R.

Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 38-44

Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXII
De la feria. Salterio II

31 de agosto

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: NACIDOS DE LA LUZ, HIJOS DEL DÍA.

Nacidos de la luz, hijos del día,
Vamos hacia el Señor de la mañana.
Su claridad disipa nuestras sombras
y alegra y regocija nuestras almas.

Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
nos libre para siempre del pecado,
y podamos así gozar la herencia
que nos legó en su Hijo muy amado.

Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo,
y al Don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Salmo 76 - RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL.

Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Ant. 2. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico: ALEGRIA DE LOS HUMILDES EN DIOS 1S 2,1-10

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quién pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Ant. 3. El Señor reina, la tierra goza.

Salmo 96 - EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA BREVE Rm 8, 35. 37

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

V. Su alabanza está siempre en mi boca.
R. En todo momento.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

PRECES

Oremos a nuestro Señor Jesucristo, que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, y digámosle confiados:

Escúchanos, Señor.

Quédate con nosotros, Señor, durante todo el día:
que la luz de tu gracia no conozca nunca el anochecer en nuestras vidas.

Que el trabajo de este día sea como una oblación sin defecto,
y que sea agradable a tus ojos.

Que en todas nuestras palabras y acciones seamos hoy luz del mundo
y sal de la tierra para cuantos nos traten.

Que la gracia del Espíritu Santo habite en nuestros corazones y resplandezca en nuestras obras
para que así permanezcamos en tu amor y en tu alabanza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Envía, Señor, a nuestros corazones la abundancia de tu luz, para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos veamos libres de todo error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES SANTO: YO ADORO, YO CREO.

Señor, tú eres santo: yo adoro, yo creo;
tu cielo es un libro de páginas bellas,
do en noches tranquilas mi símbolo leo,
que escribe tu mano con signos de estrellas.

En vano con sombras el caos se cierra:
tú miras al caos, la luz nace entonces;
tú mides las aguas que ciñen la tierra,
tú mides los siglos que muerden los bronces.

El mar a la tierra pregunta tu nombre,
la tierra a las aves que tienden su vuelo;
las aves lo ignoran; preguntan al hombre,
y el hombre lo ignora; pregúntanlo al cielo.

EI mar con sus ecos ha siglos que ensaya
formar ese nombre, y el mar no penetra
misterios tan hondos, muriendo en la playa,
sin que oigan los siglos o sílaba o letra.

Señor, tú eres santo: yo te amo, yo espero;
tus dulces bondades cautivan el alma;
mi pecho gastaron con diente de acero
los gustos del mundo, vacíos de calma.

Concede a mis penas la luz de bonanza,
la paz a mis noches, la paz a mis días;
tu amor a mi pecho, tu fe y tu esperanza,
que es bálsamo puro que al ánima envías. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Salmo 61 - DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Ant. 2. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Salmo 66 - QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Ant. 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE 1Pe 5, 5b-7

Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A las sombras de tus alas escóndenos.
R. Como las niñas de tus ojos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu paz.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como una hierba que se renueva por la mañana y se seca por la tarde.

Alimenta a tu pueblo con el maná para que no perezca de hambre
y dale el agua viva para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen y saboreen los bienes de arriba
y te glorifiquen también con su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
para que la tierra de fruto abundante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Que los difuntos puedan contemplar tu faz
y que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.

Confiemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, terminando nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, tu nombre es santo y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda cantar eternamente tus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

LECTURA BREVE Ef 4,26-27

No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!

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Tiempo de nueva esperanza. ¿Tiempo de un nuevo Concilio?


“La Esperanza esa niñita alegre y bulliciosa que nació en la última Navidad” (Charles Peguy).

Por Mons. Antonio Celso de Queirós
Publicado por Mirada Global

Brasil / Religión – Quien vivió más de cerca el clima eclesial de mediados del siglo pasado (antes del Concilio Vaticano II) no puede dejar de percibir la situación actual como algo similar. En aquella época, como hoy, una mezcla de perplejidad y esperanza preocupaba a muchos cristianos. Sólo los que vivían completamente en otro mundo, no percibían que algo grande estaba por ocurrir. El anuncio de un Concilio Ecuménico fue recibido con una mezcla de sorpresa y temor. Sorpresa por el anuncio de algo a lo que la Iglesia no estaba acostumbrada. Temor de que ello pudiese terminar con las reflexiones y las búsquedas, por un gesto autoritario de la jerarquía. Con el tiempo, el temor se fue superando. La superación fue más amplia ante los textos conciliares, especialmente las cuatro grandes constituciones y las encíclicas papales contemporáneas: Mater et Magistra y Pacem in Terris de Juan XXIII, y la posterior a la elección de Paulo VI. La recepción del Concilio fue positiva y desarrolló un proceso de reflexión en América Latina, facilitado por las Conferencias Episcopales de Medellín, Puebla, menos en Santo Domingo, y de nuevo positivamente en Aparecida.

En Brasil, como en otros países, los primeros promotores de la recepción fueron los obispos, fuertemente amparados por la reflexión constante y actualizada de teólogos y pastoralistas. Fue la generación de los “obispos conciliares” y las inmediatamente posteriores a ella, quienes hicieron recorrer los caminos abiertos por el Concilio. El episcopado brasileño que volvió del Concilio era muy distinto del que llegó a Roma. Los obispos se hospedaron en una misma casa donde tenían conferencias a las que eran invitadas las personas más capaces en teología y en áreas de interés pastoral. Eso sirvió como un verdadero curso de actualización que posibilitó una gran renovación dentro del episcopado, que fue la ocasión para que se preparara, estando todavía en Roma, un Plan de Pastoral. Así fue que cuando algunos episcopados, por disposición del Concilio, comenzaron a organizar sus conferencias episcopales, ya el episcopado brasileño regresó del Concilio con un “Plan de Pastoral de Conjunto” cuya meta era “renovar la Iglesia en Brasil conforme a la imagen de la Iglesia del Vaticano II”.

Los obispos de Brasil ya tenían suficiente organización. La CNBB fue fundada diez años antes por la intuición y trabajo de Dom Helder Cámara y los buenos oficios del cardenal Montini, entonces Secretario de Estado. Los primeros secretariados nacionales ya estaban organizados y actuando. Un Primer Plan de Pastoral (Plan de emergencia) fue llevado a la práctica. La renovación eclesial, llevada a efecto por los “obispos conciliares”, se dio en América Latina con la ayuda del CELAM, lo que se concretó enseguida en la Conferencia de Medellín.

Mucho se habló en aquella época de la “Primavera de la Iglesia”, y con plena razón. La Iglesia, de puertas abiertas al mundo moderno, acogedora y deseosa de diálogo, respiraba un aire nuevo y estimulante, viviendo lo que Juan XXIII tenía en mente al convocar el Concilio: un aggiormento, una renovación. La elección de Pablo VI, los primeros sínodos, sobre todo el de la “Evangelización del mundo de hoy” (1974)... parecían garantizar para la Iglesia un largo camino abierto, a pesar de la oposición, numéricamente pequeña, que sobrevivió a la asamblea conciliar. La Iglesia renacía a una visión Pueblo de Dios, constituido por todas las personas, pueblos y naciones amantes del bien y de la justicia y de la verdad. Iglesia comunión viva de todos los miembros y no más Iglesia piramidal dominada por el clericalismo. Iglesia mirando hacia los grandes y reales problemas de la humanidad, buscando asumir la realidad actual; Iglesia que supera la pretensión de saberlo todo y enseñar todo, y que se presenta como Iglesia humilde, respetuosa de la autonomía del mundo, valorando a las otras Iglesias y religiones, servidora de todos, especialmente de los pobres. Iglesia que renuncia a formas culturales pasadas y acepta buscar nuevas expresiones de fe y de su celebración. Iglesia colegiada que reencuentra la verdadera naturaleza de las Iglesias particulares, de la misión de los obispos, del colegio episcopal, de los sínodos y concilios. Iglesia de la evangélica opción por los pobres, que asume las carencias y la liberación del pueblo excluido de los beneficios más fundamentales y necesarios para la vida. Ésas y otras notas de la Iglesia que emergiera el Concilio continúan siendo enfatizadas por los teólogos de hoy.

Hay un aspecto, sin embargo, que es necesario valorar siempre más y más: el clima de libertad, de apertura y alegría traído por el Concilio. Las coacciones eclesiásticas, la imposición obligatoria de leyes sobre numerosos aspectos de la vivencia de la fe, parecían superados. El respeto a la persona y a su conciencia como última instancia de decisión ante Dios, acababa con los moralismos y casuística de una moral sobrepasada. Además de las reflexiones teológicas para abrir nuevos caminos, el Concilio trajo un nuevo clima para la Iglesia. Nada más expresivo de ese nuevo clima que la queja amorosa y dolorosa de un sacerdote anciano, muy preparado y mortalmente enfermo, en los primeros años de la era conciliar: “Muero pero protestando, porque es ahora cuando estaba comenzando a estar a gusto de pertenecer a la Iglesia”. Para las Iglesias de América Latina, que sufrían dictaduras represivas, torturadoras y asesinas, la Iglesia salida del Concilio era el instrumento luminoso que sustentaba la evangelización y la lucha por la justicia.

A partir de los años 80, los termómetros teológicos y pastorales comenzaron a indicar una temperatura declinante, haciendo temer la aproximación de un invierno eclesial. Claro, ya había teólogos que mostraban que algunos problemas serios no habían sido afrontados con profundidad en el Concilio. Hay claras señales de soluciones de compromiso en más de un documento. No obstante, pocos preveían hasta qué punto serían llamados a vivir y enfrentar procesos. Ciertamente el Concilio demoró demasiado en ser convocado. Entre el Vaticano I y el Vaticano II hay siglo y medio, en un periodo histórico de graves problemas, que hizo que la Iglesia se desacostumbrase a proceder conforme a su naturaleza comunitaria y sinodal. Se añadió a ello, el hecho que el Concilio haya dejado a la Curia Romana la responsabilidad de crear caminos para concretar las disposiciones conciliares. La Curia, como institución burocrática, no sería capaz de repensar las organizaciones eclesiales a partir de las reflexiones innovadoras del Concilio. Cualquier institución burocrática está más interesada en su sobrevivencia y aumento de poder que en alcanzar los fines para lo que fue creada. Ese poder aumenta terriblemente cuando es ejercido como “secreto pontificio” y en nombre de una autoridad que no admite recurso y es infalible. El centralismo eclesiástico regresó, dejando muy reducido el poder del obispo en su diócesis y el papel de las conferencias episcopales. El poder de los nuncios creció mucho y asumió prácticamente el papel de intermediario entre los obispos y el papa. El concepto de fidelidad al papa y a la unidad eclesial, fue entendido dentro de la estrechez de la sumisión pasiva. Las prohibiciones volvieron a crear desconfianza; el ambiente de presión regresó, por el silencio impuesto o asumido por miedo.

En Brasil ese ambiente difícil se manifestó de modo muy agudo en relación con la Conferencia Episcopal, que tenía la tradición de animar una evangelización liberadora, de lucha reconocida incluso por la sociedad, a favor de los pobres, de los indígenas, de los negros; por su denuncia de encarcelamientos arbitrarios y torturas de la dictadura militar. Señal importante de ese ambiente difícil es la clara preferencia de la Curia por movimientos de cuño espiritualista y hasta de orientación fundamentalista. De su medio son nombrados preferentemente los nuevos obispos, en detrimento de toda una generación de sacerdotes de comprobada capacidad, dedicados a la pastoral de conjunto. De esos mismos movimientos son nombrados también los participantes, incluso laicos, para los eventos eclesiales internacionales. Frente a la apertura conciliar hay claras señales de retroceso en la liturgia, en la vuelta al clericalismo, en el mirar hacia dentro de la estructura eclesiástica en detrimento de la primacía del anuncio del Reino.

Actualmente la Iglesia vive problemas que durante el Concilio no fueron afrontados, o no eran tan claros, tales como:

- el abandono de la práctica religiosa y referencia a la fe en la vida de los cristianos;
- el crecimiento continuo de nuevas denominaciones religiosas cristianas; la ausencia o el exiguo número jóvenes en comunidades eclesiales;
- la necesidad del reconocimiento práctico de la misión de las Iglesias particulares en la inculturación de la fe y en la organización eclesial y evangelización de los grandes conglomerados urbanos;
- la disminución de los candidatos al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa en los países de antigua tradición católica y también en otros países, y el concomitante aumento de la población;
- la necesidad de redefinir los ministerios y sus campos; el ensanchamiento del campo del ministerio del diaconado permanente; la apertura de ministerios para sacerdotes que se apartaron del ministerio ordenado;
- la realidad de las comunidades eclesiales sin eucaristía por falta de ministros ordenados;
la cuestión de un nuevo tipo de sacerdotes no obligatoriamente célibes, al lado de los sacerdotes que asumen el celibato;
- los ministerios femeninos;
- la relativización o igualmente el simple desconocimiento práctico de ciertas normas del magisterio (misa dominical, guarda de los domingos, abstinencia y ayuno…; confesión individual y numérica de los pecados como única forma del sacramento de la penitencia);
- el “tranquilo” desacuerdo, por parte de los matrimonios que participan en la Iglesia, de las orientaciones del magisterio en cuanto a ciertas normas de moral conyugal, matrimonios de segunda unión, paternidad responsable, uso de preservativos en prevención del sida.

Claro que no se trata repentinamente de elaborar leyes y disposiciones que de inmediato atiendan a todos esos problemas. Entre éstos hay también una jerarquía de importancia y de urgencia, incluso el encauzamiento de algunos, depende del tiempo de experiencia de otros. Lo que es necesario es que la Iglesia se abra y profundice en esos temas a través de un diálogo serio y respetuoso; que la estructura eclesiástica cambie de actitud, evitando la simple prohibición de tratarlos, lo que sólo aumenta el riesgo de descrédito y distanciamiento.

La historia de la Iglesia enseña que algunos problemas complejos y difíciles, cuando no son resueltos por la reflexión y el diálogo sereno sino por vía autoritaria, su destino es ser superados por la propia fuerza de la realidad.

Muchos se preguntan si no es el momento de un nuevo concilio ecuménico... ¿Tal vez preparado por concilios particulares de las Iglesias de cada nación? ¿O tratar de esas cuestiones con libertad, sin temor a los medios, en sínodos de obispos, preparados realmente por las Iglesias particulares y conferencias episcopales? Tales sínodos serían más fructíferos que continuar reflexionando en ellos sobre asuntos, sin duda muy importantes, pero sobre los que la Iglesia ya dispone de rica y suficiente reflexión.

Volviendo al inicio de estas reflexiones, ahora, como en el periodo que precedió al Concilio, los que están atentos a las señales de los tiempos, perciben que algo tiene que ocurrir. Como en aquellos años, es preciso superar la mera perplejidad y el temor, y abrirse a una gran esperanza. Recordando a Santo Tomás de Aquino, las condiciones de la esperanza son la búsqueda de un bien costoso que todavía no tenemos y un motivo firme para apropiárnoslo. Nuestra esperanza para la Iglesia se basa en la presencia del Espíritu en la historia, en las simientes abundantemente sembradas por el Concilio Vaticano II y en la actuación en ella del Espíritu Santo. Aquel que plantó las simientes es también capaz de hacerlas nacer, crecer y dar fruto. De nuestra parte es necesario proseguir la búsqueda, viviendo la paciencia activa que sabe soportar las “demoras de Dios”, y vivir las sorpresas y contradicciones sin dejarse abatir. Al mismo tiempo ayudando a sembrar lo que ya dijo sabiamente alguien: “Las decisiones más perfectas, más tardías, acostumbran a ser peores que las decisiones menos perfectas pero tomadas prontamente”. De cualquier manera, estamos ciertamente en un tiempo apropiado para vivir con mayor intensidad la recomendación del Apóstol ser “alegres en la esperanza, firmes en la tribulación, constantes en la oración” (Rm 12, 12).
___________
Mons. Antonio Celso de Queirós. Obispo emérito de Catanduva, Sāo Paulo, Brasil. Este artículo es parte del número colectivo de revistas latinoamericanas de teología animado por la Comisión Teológica Latinoamericana de la ASETT/EATWOT. Fue también publicado en revista Acción, www.cepag.org.py

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¿Oramos o no oramos? Cómo Orar


Por Ron Rolheiser (Traducido por Carmelo Astiz, cmf)

¿Acaso entendemos realmente o llegamos a dominar alguna vez la oración? Sí y no. Cuando intentamos orar, a veces logramos caminar sobre el agua, pero otras veces nos hundimos como una piedra. A veces tenemos un profundo sentido de la realidad de Dios, pero otras veces ni siquiera podemos imaginar que Dios exista. A veces experimentamos sentimientos profundos sobre la bondad y el amor de Dios, pero otras veces sólo sentimos aburrimiento y distracción. A veces nuestros ojos se llenan de lágrimas, pero otras veces divagan furtivamente buscando nuestro reloj de pulsera para ver cuánto tiempo tenemos que estar todavía en oración. A veces nos gustaría permanecer en nuestro lugar de oración para siempre, pero otras veces nos extrañamos hasta de habernos dejado ver en el lugar de oración. La oración tiene un tremendo flujo y reflujo.
Recuerdo una ocasión, años atrás, en la que un hombre se me acercó pidiendo dirección espiritual. Había estado involucrado durante varios años en un grupo carismático de oración y allí había experimentado fuertes emociones religiosas. Pero ahora, para su sorpresa, esas emociones se habían desvanecido. Cuando intentaba rezar, generalmente experimentaba sequedad y aburrimiento. Le parecía que algo no marchaba bien, ya que sus fogosas emociones habían desaparecido. Él lo expresaba así: “Padre, usted ha visto mi biblia, ha visto cómo muchísimas líneas están subrayadas con un color fuerte, porque el texto bíblico me interpeló tan profundamente… ¡Bien, ahora mismo me dan ganas de tirar mi biblia por la ventana, porque nada de aquello significa ya absolutamente nada para mí! ¿Qué me pasa?”
La respuesta rápida podría haber sido: “¡Algo le pasa a Dios!” Pero le indiqué, en vez, la experiencia de Teresa de Ávila quien, después de una temporada de profundo fervor en oración, experimentó diez y ocho años de aburrimiento y sequedad. Hoy le haría leer los diarios de la Beata Madre Teresa de Calcuta, quien, como Teresa de Ávila, después de un cierto fervor inicial en oración, experimentó sesenta años de sequedad.
Abrigamos una ingenua fantasía tanto sobre cuál es el constitutivo de la oración como de la forma de mantenernos en ella. Y lo que con frecuencia está en el centro de esta noción equivocada es la creencia de que la oración tiene que ir acompañada siempre de rebosante fervor, ser interesante, cálida, cargada de actitud espiritual y llena del sentimiento de que realmente estamos orando. Junto con esta noción está la percepción, igualmente equivocada, de que la forma de mantener el sentimiento y el fervor en la oración debe lograrse por medio de constante novedad y variación o por medio de tenaz concentración. Los autores clásicos en espiritualidad nos aseguran que esto es frecuentemente cierto durante los primeras etapas de nuestra vida de oración, cuando somos neófitos en la oración y en la etapa de luna de miel de nuestra vida espiritual; pero se vuelve cada vez menos cierto cuanto más profundamente avanzamos en oración y espiritualidad.
Para gran alivio y consuelo de cualquiera que haya intentado una vida de oración a través de un largo período de tiempo, los grandes místicos nos dicen que, una vez que hemos pasado ya la temprana etapa de luna de miel en la oración, el obstáculo mayor para mantener una vida de oración es el simple aburrimiento y el sentimiento de que en ella no sucede nada realmente significativo. Pero eso no quiere decir que estemos experimentando retroceso en la oración. Con frecuencia quiere decir lo contrario.
Aquí os ofrezco como un palio bajo el que podamos orar, aun cuando luchemos contra el aburrimiento y el sentimiento de que nada significativo esté ocurriendo en nuestra oración: Imagínate que tienes una madre de edad avanzada, recluida en una residencia u hogar de ancianos. Tú eres la hija o el hijo, consciente de tus deberes y, cada noche después del trabajo, durante una hora, dejas todo y pasas el tiempo con ella, ayudándola en la cena, compartiendo los pequeños sucesos de la jornada, y simplemente estando con ella como hijo o hija. Dudo que, salvo en raras ocasiones, tengas muchas conversaciones con ella profundamente emotivas o incluso interesantes. Vistas superficialmente, tus visitas parecerán generalmente como rutinarias, secas e impulsadas por la obligación filial. La mayoría de los días hablarás con tu madre sobre cosas triviales, cotidianas, y tú estarás echando con disimulo una mirada al reloj para ver cuándo se acabará tu hora con ella. Sin embargo, si perseveras en estas visitas regulares a tu madre, mes tras mes, año tras año, entre todos los seres humanos en todo el mundo irás conociendo a tu madre de la forma más profunda, y ella te irá también conociendo a ti de la forma más cabal porque, como afirman los místicos, a un cierto nivel profundo de relación se da la real y auténtica conexión entre nosotros, los humanos, por debajo de la superficie de nuestras conversaciones triviales. Comenzamos a conocernos y acogernos el uno al otro por medio de la simple presencia.
Puedes reconocer esto observando lo contrario: Date cuenta de cómo se relaciona tu madre con tus hijos –sus nietos–, que la visitan sólo ocasionalmente, muy de tarde en tarde. Durante esas raras visitas realizadas de cuando en cuando, habrá emociones, lágrimas y conversaciones más importantes que sobre el clima y sobre las trivialidades de la vida de cada día. Pero sucede así porque tu madre ve a tus hijos tan de tarde en tarde.
En la oración ocurre lo mismo. Si rezamos sólo de vez en cuando, podemos sentir igualmente algunas emociones bastante profundas en nuestra oración. Sin embargo, si oramos fielmente cada día, un año sí y otro también, podemos esperar my poca excitación, cantidad de aburrimiento, constantes tentaciones de mirar al reloj durante la oración… pero se dará un lazo afectivo muy profundo y creciente con nuestro Dios.

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CARTA A PEDRO


Se acabaron los fastos, las multitudes, los aplausos, los discursos. Y justo al terminar llega el domingo XXI con el siguiente evangelio:

MATEO 16: 13-20

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas » Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

Este evangelio tiene truco, porque el episodio se narra también en los otros evangelistas (Marcos y Lucas), pero no es lo mismo. Copio a Marcos:

MARCOS 8: 27-33

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: « ¿Quién dicen los hombres que soy yo? » Ellos le dijeron: « Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas. » Y él les preguntaba: « Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? » Pedro le contesta: « Tú eres el Cristo. » Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque no piensas como Dios, sino como los hombres. »

O sea que, sobre un mismo suceso, Mateo se fija sobre todo en las llaves dadas a Pedro, y Marcos en la bronca de Jesus a Pedro, llamándole Satanás, que no piensa como Dios. Pensando en todo eso, me he atrevido a escribir una carta a Pedro; supongo que existirá un Internet angélico que se la haga llegar:



Querido Simón hijo de Jonás,
rebautizado por Jesús como “Pedro, la Roca”:

Tú, Pedro, siempre me has admirado: generoso, atrevido, incondicional de Jesús (“mi vida daría por ti”), seguro de tu fe en Jesús (“aunque todos te abandonen, yo nunca te abandonaré”) verde como una castaña pilonga en tu fe, excesivamente seguro de ti mismo (lo que te costará llorar amargamente tras negar a Jesús en la noche fatídica del jueves). Todo un tipo.

Jesús pregunta quién creéis que es Él mismo. Y le quitas la palabra a todos: “Tú eres el Mesías”. Sabías muy bien lo que decías: el Mesías, el nuevo Rey David, el que devolvería a Israel la Realeza, el que haría que el mundo entero viniera a adorar a Dios en su santo templo (“su” significa “de Israel”, aunque Israel pensaba que significaba “de Dios”).

Déjame imaginar tus sueños: tenía que llegar un día en el que Jesús fuera aclamado a la entrada de cada ciudad, tenía que llegar el día en que entrase triunfalmente en Jerusalén, recibido a las puertas del Templo por Pilatos y Herodes, transportado por la ciudad en una carroza tirada por blancos caballos engualdrapados, vestido él mismo de blanca seda carísima, con rojas sandalias diseñadas por el primer zapatero del emperador de Roma, recibido a las puertas del Templo por Caifás y toda la corte de sacerdotes, engalanados de púrpuras regias y tiaras cuajadas de oro y pedrería, y así, en procesión espléndida, accedería al Santuario para ofrecer al Altísimo Todopoderoso un sacrificio sangriento de cientos y cientos de bueyes y corderos, y el humo del sacrificio se elevaría hasta los cielos aplacando la ira de Dios por todos los pecados.

Magnífico sueño, Pedro, en el que tú y los Zebedeos estaríais sentados, a la derecha y la izquierda del Mesías, constituidos jefes de Israel y del mundo. Y además, y por supuesto, el pueblo, todo el pueblo, miles y aun millones, que cumpliría entusiasmado su papel, su único papel: aplaudir.

Todo esto se empezó a desmoronar ya desde el principio, cuando Jesús se distanció de los teólogos y los santos, trataba con pecadores, no tenía remilgos con las mujeres, les gustaba más a los pobres que a los ricos, se mostraba menos preocupado de las leyes que de curar leprosos (¿qué tal te llevabas con Leví, el publicano impuro, tu compañero entre los doce preferidos de Jesús?).

Hubo un momento de inflexión, a la entrada de Jericó, cuado Jesús estropeó la entrada triunfal (me sospecho que vosotros los doce la habíais preparado un poco, como hicisteis cuando Jesús dio de comer a los cinco mil y la gente estaba dispuesta a proclamarle rey, y Jesús os metió a empujones en la barca, despidió a toda la muchedumbre entusiasmada y se fue al monte a orar, él solo) porque se salió de la comitiva que aplaudía a rabiar para atender a un ciego mendigo (¡cómo estropean los éxitos los mendigos! Pero es que Jesús iba por las calles despacio, atendiendo a la gente, y se le revolvían las tripas cuando veía una desgracia y entonces se acababan los vítores y Jesús se dedicaba a lo suyo, a curar) y peor aún cuando se invitó descaradamente a casa del más despreciado pecador, un rico recaudador de impuestos, el más odiado de Israel.

El balance del episodio de Jericó podría juzgarse desde dos ángulos; seguro que para muchos fue un fracaso: desfile triunfal interrumpido, alojamiento en casa nada conveniente… mal balance para un mesianismo aparatoso: pero estoy seguro de que Jesus durmió aquella noche feliz: en ciego mendigo curado y un pecador recuperado, estupendo anuncio de El Reino.

Más tarde pasará lo mismo a lo grande a la entrada de Jerusalén. Esta vez sí que lo habíais preparado todo y muy bien: avisasteis a los galileos que habían subido a la Pascua, para que acudieran a aplaudir al Mesías, disteis la consigna de echar al suelo los mantos y alfombrarlo con ramas verdes, dirigisteis los Hosannas al Hijo de David…

Se os escapó el detalle de la cabalgadura, no pudisteis conseguir más que un burro, pobre bestia campesina que en todas las culturas ha acarreado con los peores trabajos y sufrido palos inmisericordes. Nada que ver con carrozas regias o al menos caballos brillantemente enjaezados, pero en fin, nunca se puede llegar a todo.

Y os falló Jesús, que en medio de todo aquel espectáculo, iba llorando, y acabó estropeando el espectáculo al entrar al templo y liarse a latigazos con los mercaderes, provocando el desastre y la definitiva y mortal hostilidad de los sacerdotes.

Así que ahora, en Cesarea, tú lo proclamas Mesías Hijo de David, Rey de Israel… y te llevas la bronca del siglo: “Satanás” “me sirves de tentación”, “no piensas como Dios”. Pobre Pedro, incondicional y sincero, roca sobre la que se construirá la Iglesia, Satanás, que no piensas como Dios.

Y todo porque Jesús ha dicho que tendrá que sufrir mucho y al final lo crucificarán los jefes de Israel.

¿Cómo puede pasarle eso al Mesías de Dios, al Rey de Israel? Estoy completamente seguro de que te pasaste días y semanas hecho un lío.

Más aún, estoy completamente seguro de que cuando al pie de la cruz (seguro no andabas muy lejos) oíste a los sacerdotes reírse de Jesús y decirle “si eres el hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos en ti”, seguro que miraste a la cruz para verle bajar, triunfante, y apabullar a todos en un éxito final. Pero no bajó de la cruz, y murió, vencido y desprestigiado. ¿Qué pasó entonces con tu fe?

Lo sabemos: nos lo dijiste tu mismo, según lo cuenta Lucas, en tos discursos, poco tiempo después.

HECHOS 2, 22…
Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio. Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado.

Y un poco después, en Cesarea, en casa del centurión pagano:

HECHOS 9, 37…
Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; cómo a Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él.

Es decir, que tiraste por la ventana el Mesías Rey y creíste en el Crucificado. Acabaste pensando “como Dios”, aceptaste el estilo de Jesús, como estilo de Dios. Aceptaste el éxito tal como Jesús lo entendía.

Y formaste parte de una iglesia pequeña, perseguida, admirada por el pueblo y odiada por los reyes y los sacerdotes, iglesia de gente sin poder, en la que no había pobres porque todos se encargaban de que no los hubiera, una iglesia sin obispos, sin sacerdotes, sin templos, en la que, a pesar del enorme prestigio del que gozabas ante todos, tú mismo no mandabas nada y no decidías nada sino que remitías las decisiones a la asamblea. Fue entrar en casa de un centurión pagano y bautizarle y se armó la gorda y tuviste que dar explicaciones a los hermanos judíos que se escandalizaron y te pidieron cuentas…

¿Dónde habías dejado las llaves, se te habían perdido entre tantas novedades? ¿Y por qué aguantaste las críticas de Pablo en Antioquia cuando te cantó las cuarenta, “porque eras reprensible”? ¿por qué no sacaste las llaves del bolsillo y le hiciste callar, a él que no era nadie comparado contigo, la Roca, el elegido de Cristo?

Déjame que termine esta carta agradeciendo a Dios que te murieras pronto, y así no vieras que esas modestas iglesias iban a tener éxito (el que tú esperabas en Cesarea), que se iban a bautizar millares (la mayoría no por conversión a Jesús sino por muchos otros motivos sociales); que se irían construyendo imponentes templos mientras moría la Cena del Señor por las casas; que ser obispo iría resultando apetitoso porque significaría poder, riqueza, prestigio social; que las mujeres serían expulsadas y dejaría de haber diaconisas, profetisas y mujeres apóstoles; que los grandes sabios hablarían menos de Jesús de Nazaret que del Logos eterno; que sus parábolas serían sustituidas por poderosos discursos metafísicos para que los sencillos, los normales, la gente, no pudieran entender nada…

Menos mal que te habías muerto ya para entonces, menos mal que no llegaste a ver el éxito de la Iglesia, ese éxito que tú deseabas en Cesarea, ese éxito que te costó la mayor bronca de Jesús, comparable a las que echó a los fariseos y a los ricos sin entrañas, cuando Jesús, al oírte hablar de esos éxitos te llamó Satanàs, y te dijo que no pensabas como Dios.


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Contemplación cristiana: experiencia de amor[1]



Contemplar es mirar con admiración y amor comprometido, en gesto gozoso, abierto a la unión con lo divino; es ser mirado y mirar, creando lazos de amor permanente entre el que mira (el contemplativo) y el mirado (que puede ser Dios u otra persona). En un sentido extenso, desde la perspectiva de occidente, la contemplación se encuentra vinculada con la experiencia espiritual de Grecia y, de manera más estricta, con el platonismo*: en un sentido externo, los hombre “ven” con los sentidos exteriores, descubriendo las formas de las cosas; pero, en un sentido más profundo, ellos contemplan la realidad más alta, las esencias divinas, el misterio más hondo de la realidad, como ha expuesto Platón en su Banquete.

Los israelitas han sido más hombres de “escucha” que de contemplación; han desarrollado más la fe que la mirada. Elloshan “creído”, no han visto, como se dice en los pasajes centrales del Deuteronomio: «Yahvé os habló de en medio del fuego; vosotros oíais rumor de palabras, pero no percibíais figura alguna, sino sólo una voz. Él os reveló su alianza, que os mandó poner en práctica, las diez Palabras que escribió en dos tablas de piedra… Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahvé os habló en el Horeb de en medio del fuego» (Dt 4, 12-15; cf. Jn 20, 29). A pesar de eso, algunos judíos de tendencia helenista, como Filón de Alejandría han puesto de relieve el valor de la “visión” sagrada, como lo muestra su libro Sobre la Vida Contemplativa, donde narra la “regla y costumbres” de los Terapeutas del lago Mareotis, al lado de Alejandría. En esa línea, vinculando la experiencia del evangelio con la tradición platónica, muchos cristianos de los siglos III al V desarrollaron en Oriente, sobre todo en Egipto y en Siria, una intensa vida contemplativa, centrada en la visión de las “realidades celestiales”. En esa línea se sitúa la más honda mística de la iglesia helenista, desde Orígenes a Máximo el Confesor, pasando por Dionisio Areopagita, desde Gregorio de Nisa a Gregorio Pálamas, pasando por los monjes de diverso tipo. Todos ellos han interpretado el cristianismo, de un modo o de otro, como despliegue contemplativo, en línea de amor.

En sí misma, esa contemplación no es cristiana, pues corre el riesgo de olvidar la vida de los hombres y mujeres concretos, la exigencia del amor liberador del evangelio. Pero, a través de los siglos, ella se ha vuelto cristiana, siempre que la visión de Dios vaya unida a la visión y amor de los hermanos. Desde ese fondo, podemos recordar que, en sentido estricto, sólo pueden contemplarse las personas, en gesto dialogal de escucha y respuesta, en mirada de amor que sobrepasa el nivel de los sentidos exteriores. En ese sentido, podemos añadir que la contemplación es la esencia más honda del mesianismo de Jesús: él ha mirado y ha querido a los hombres (como el Padre Dios miraba a los hebreos cautivos: cf. Ex 2, 25; Lc 1, 48). Jesús ha mirado y su mirada* ha sido principio de conocimiento y amor. Desde ese fondo decimos que la contemplación constituye un elemento específico del cristianismo, pero ella es, al mismo tiempo, un fenómeno de tipo muy hondamente humano y por tanto religioso, vinculado al “ver y escuchar” en profundidad, en la línea de aquello que siempre han sabido videntes y profetas, poetas y amantes y, de un modo especial, los místicos.

Mística y contemplación van unidas, pero tienen matices diferentes, sobre todo en lo que se refiere al amor. (1) El místico (en contra del mismo impulso dialogal de fondo que le anima) podría acabar siendo un solitario, alguien que explora su propio misterio divino, buscando su hondura superior, un nivel de realidad que sobrepasa el nivel sentimientos y deseos de la mente. (2) Por el contrario, el contemplativo está siempre abierto al encuentro entre personas: sabe mirar con intensidad, descubre y admira el valor de los demás, pudiendo avanzar así en la línea del diálogo personal, del amor mutuo. Cierto tipo de místicos pueden acabar amando su propia verdad interior (o su vacío), sin diálogo con otros. Por el contrario, el contemplativo ha de hallarse dispuesto no sólo a mirar/amar a los demás, sino a dejar que ellos le amen, dejándose influir por ellos, pues goza cuando les miran y le miran. Lógicamente, para que culmine y alcance su plenitud, como hermana de la amistad y/o el amor, la contemplación tiene que ser recíproca: mirar y ser mirado, amar y ser amado.

Por eso, decimos que el evangelio, buena nueva de reino, ha sido y sigue siendo una experiencia contemplativa, una mística de encuentro de amor. Jesús ha buscado a los hombres y mujeres de su entorno, les ha ofrecido amor en gesto poderoso de transformación y ha dialogado con ellos por encima de todas las posibles leyes que separan y distinguen a unos de los otros. Estrictamente hablando, él ha sido un contemplativo en el mundo, un místico de la trasformación social. Así ha desplegado el amor como mirada directa, como diálogo de amistad fundada en Dios, en transparencia fuerte, desde el centro de una sociedad convulsionada por todas las imposiciones y mentiras del mundo. Por eso, la herencia de su reino (su Espíritu) debe expresarse en formas de comunicación mística (es decir, en el misterio): en diálogo de amor inmediato, de mirada a mirada, de corazón a corazón. Por eso, sabiendo mirar a Jesús en clave de amor, el contemplativo cristiano ha de expresar y expandir su mirada en apertura hacia los hombres y mujeres que viven a su lado, en comunicación gratuita que puede interpretarse en claves de enamoramiento. Lógicamente, los grandes creadores cristianos han desarrollado la contemplación cristiana en formas de diálogo con Jesús. Entre ellos citamos a Ignacio de Loyola y a Juan de la Cruz.



1) Ignacio de Loyola es un contemplativo/místico que traduce su encuentro con Jesús en forma de trabajo por el reino. Le han acusado a veces de racionalista, le han tomado como un varón seco, de puro mando y ley. Pues bien, podemos recordarle como hombre de contemplación, de encuentro personal con Jesús: partiendo de la mirada de amor a su dama, él ha pasado al encuentro organizado y fuerte con Jesús, que ha cambiado de un modo radical su vida y obra. Sólo a partir de ese encuentro y para ofrecer a otros la experiencia de su contemplación, ha elaborado Ignacio unos Ejercicios espirituales, expresando en ellos su diálogo con Jesús, cuya vida él ha ido asumiendo, desde el nacimiento hasta la pascua. Ciertamente, el amor no se aprende en ejercicios, ni la contemplación con leyes, pero ambas, contemplación y amor, han de organizarse en camino de descubrimiento del amado. En ese sentido, los ejercicios de Ignacio de Loyola no son lecciones para conseguir amor, sino a la inversa: expresión y despliegue del amor ya recibido como gracia. Quien realiza les ejercicios va recorriendo los momentos fundamentales de lavida de Jesús, saboreando los signos de su amor, para no perder ninguno de los elementos de su vida (nacimiento, misión pública, pascua).

Ignacio no es místico intimista, no busca lo sagrado en el vacío de la mente, no quiere fenómenos de transcendimiento sensible, sino que es un contemplativo cristiano. Por eso, a partir del evangelio, quiere recorrer paso a paso los momentos principales de la historia de Jesús, su amigo, a quien va descubriendo como salvador en la cruz y en la pascua. Enese aspecto, los ejercicios pueden y deben entenderse como manual de encuentro con el amado: son etapas de un camino de amor que debe recorrer alguien que se sabe amado (enamorado). El gozo supremo de enamoramiento consiste en ir descubriendo al amigo, en conocerle mejor, en agradarle paso a paso, gesto a gesto, como indica Ignacio en su libro de Ejercicios Espirituales, en los que desarrolla los diversos momentos de la mística de la vida activa, según el Espíritu de Cristo. Amar a Jesús y seguirle, de un modo comprometido, en el camino que empieza por su nacimiento y culmina por su entrega y pascua, tal es el signo y presencia del Espíritu de Dios en los cristianos. Lógicamente, antes de iniciar el recorrido de lavida de Jesús, Ignacio dirá que sus ejercitantes han de alistarse” en las filas de Jesús, para “conquistar todo el mundo… y así entrar en la gloria del Padre” (Ejercicios 95).



2) Juan de la Cruz es un contemplativo más libre, un genio de la poesía, que cultiva la experiencia del amor enamorado, la contemplación de Jesús como amado/amigo. Por eso no elabora unos Ejercicios espirituales, sino un Cántico espiritual. El tema de fondo de Ignacio y Juan es el mismo (ambos buscan el encuentro con Jesús), pero los matices y momentos del camino se distinguen. Ignacio ha querido destacar uno por uno los momentos de la vida de Jesús, a fin de que por ellos quede fundada y transformada en amor la vida del creyente, a quien ofrece unos “ejercicios” espirituales. Por el contrario, Juan de la Cruz no siente la necesidad de ir distinguiendo los momentos, pues todos se encuentran centrados en la experiencia básica de Jesús como amado/amigo que transforma en amor a los creyentes. Los dos son enamorados, pero de un modo distinto. Ignacio es enamorado activo y así cumple las tareas del amigo, siguiendo su camino, realizando su tarea eclesial. Por el contrario, Juan de la Cruz es simplemente enamorado: por eso, en el centro de su Cántico ha puesto el canto lecho de amor, lugar de encuentro florido, “de cuevas de leones enlazado, / en púrpura tendido…” (Cántico B, 24). Por encima de la acción está el descanso, el sábado del júbilo gozoso de la vida.

Frente a los ejercicios de Ignacio, fundados en Jesús y abiertos a la tarea pastoral dentro del mundo, Juan de la Cruz ha desarrollado sólo el ejercicio del amor. No necesita conquistar el mundo, no quiere cambiar las condiciones de la tierra. Le basta con amar. Contempla a Jesús y se deja contemplar por él, iniciando un camino de profundización afectiva y gozosa que culmina en una mística enamorada: “Gocémonos, amado, / y vámonos a ver en tu hermosura / al monte y al collado / do mana el agua pura; / entremos más adentro en la espesura” (Cántico B, 36). Los amantes no tienen que hacer más: simplemente mirarse uno al otro, contemplarse en la más honda soledad del enamoramiento. Vámonos a ver…, esta es la palabra clave. Esta es la culminación del camino. La hermosura del amado hace que ambos puedan contemplarse y gozar, mostrándose uno al otro lo más hondo que tienen (¡aquello que mi alma pretendía!: Cántico 38). Ésta es la única tarea del amor, amarse:”En la interior bodega /de mi Amado bebí, y cuando salía / por toda aquesta vega, ya cosa no sabía / y el ganado perdí que antes seguía. / Mi alma se ha empleado, / y todo mi caudal en su servicio; / ya no guardo ganado, / ni ya tengo otro oficio, /que ya sólo en amor es mi ejercicio” (Cántico B 26, 28; cf. Teresa de Lisieux*, Ms A, 83r, 244 ).

Ni Ignacio ni Juan de la Cruz han sido místicos en el sentido intimista de ese término, sino contemplativos cristianos. Los dos han centrado su vida y proyecto en el amor de Jesús. Los dos han trazado unos camino de comunión con Jesús, que han influído mucho en la iglesia moderna. Para Ignacio, ese encuentro con Jesús se expresa en unos Ejercicios espirituales, dirigidos a cambiar el mundo en Cristo. Para Juan de la Cruz, la contemplación va vinculada a un Cántico espiritual, dirigido a ensalzar las grandezas del amor enamorado. Ellos no han buscado el vacío de la mente, no han puesto de relieve los fenómenos de transformación de los sentidos o la inteligencia, sino sólo el amor que transforma la vida. Buscan a Jesús y disfrutan de su contemplación, transformando con ella su existencia. Uno y otro desean y contemplan al amigo, acentuando en cada caso unos rasgos diferentes. Ignacio le interpreta como Señor o Capitán que pide nuestra colaboración para culminar su tarea. Juan de la Cruz le ha visto y encontrado como amado del alma (y esposo), en simbología de fuerte raigambre bíblica. Desde ese fondo puede y debe plantearse el tema de la vida contemplativa de los religiosos cristianos, especialmente de los monjes y monjas, que son más contemplativos que activos.

[1] Presentación y texto de Filón, Vida contemplativa, en J. M. Triviño, Obras completas de Filón de Alejandría V, Acerbo, Buenos Aires 1976, 153-176 y en S. Vidal, Filón de Alejandría. Los Terapeutas, Sígueme, Salamanca 2005. Sobre la contemplación cristiana, cf. M. J. Fernández, Vida y contemplación, San Pablo, Madrid 1996; Th. Keating, La mejor parte. Etapas de la vida contemplativa, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004; La condiciòn humana. Contemplación y cambio, Desclée de Brouwer, Bilbao 2005; J. Leclerc, Vida religiosa, vida contemplativa, Mensajero, Bilbao 1970; Th. Merton, Acción y contemplación, Kairós, Barcelona 1982, Meditación y contemplación, PPC, Madrid 1999; X. Pikaza, Amor de Hombre, Dios enamorado. San Juan de la Cruz, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004; S. Thió, La intimidad de un peregrino: diario espiritual de san Ignacio de Loyola, Sal Terrae, Santander 1998

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Oración por las vocaciones


Señor Jesús, hoy sigues llamando a muchos jóvenes, para que estén contigo y anuncien el evangelio. Dales la fortaleza y la generosidad para que se liberen de todas las ataduras que anudan su corazón. Sé tú mismo, Señor, su libre libertad para que puedan seguirte. Que todo lo que tienen ahora por ganancia, al conocerte a ti lo tengan por pérdida. Que atraídos por ti se animen a venderlo todo, a darlo a los pobres y entreguen su propia vida en la honda sencilla alegría de tu pobreza.

Que la esperanza de tu Reino los seduzca hasta el fondo de su ser. Que pongan sus pies donde tú pusiste tus pasos, comulgando con tu vocación y tu destino. Haz que mañana, como apóstoles humildes, lleven tu presencia a los hermanos. Envía, Señor, jóvenes capaces a tu Compañía.

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lunes 29 de agosto de 2011

Evangelio Misionero del Día: 30 de Agosto de 2011 - XXII Semana DEL T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 44-46

Jesús dijo a la multitud:

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

Compartiendo la Palabra

Sólo quien posee la Sabiduría que procede de Dios podrá valorar adecuadamente el Evangelio y la Vida que Dios le ofrece.Sólo quien posee la Sabiduría que procede de Dios podrá valorar adecuadamente el Evangelio y la Vida que Dios le ofrece.

Nadie vendrá a Cristo si no lo llama el Padre; nadie entenderá a Cristo si no es conducido por el Espíritu Santo. No basta descubrir, comprender a Cristo como el Camino, la Verdad y la Vida. A aquel Escriba que le dice a Jesús: Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios, Jesús le indica: No estás lejos del Reino de Dios.

Mientras no seamos capaces de renunciar a todo y centrar, realmente, nuestra vida en sólo Dios, estaremos, permaneceremos, cerca del Reino de Dios, pero no entraremos en Él.

El Señor nos pide que seamos capaces de dejarlo todo y pertenecerle únicamente a Él; porque, de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su vida.

En esta Eucaristía nosotros nos hacemos uno con el Señor en una nueva y definitiva alianza. Por Cristo nosotros somos hechos de la familia divina.

Comprender esta verdad y decidirnos a aceptar al Señor en nuestra vida, equivale a tomar la decisión de hacer nuestro el tesoro más grande que Dios pudiera ofrecernos. ¿Seremos capaces de no quedar apegados a lo pasajero, a nuestras propias miserias, con tal de ganar a Cristo para nosotros?

Recordemos que el Señor renunció incluso a su propia vida, con tal de ganarnos para Él. Ojalá y no vivamos huyendo de Él, sino centrando sólo en Él nuestra vida y nuestro amor.

Esta aceptación de la vida de Dios en nosotros nos compromete a convertirnos en una manifestación, en un signo, en un Sacramento vivo de su amor en medio de todos aquellos con quienes entramos en contacto en nuestra existencia.

Quien posee al Señor y su Espíritu debe dejarse guiar por Él.

De nada nos serviría entrar en comunión con Cristo por medio de la Eucaristía si después vivimos como si no conociéramos a Dios.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir, con una verdadera congruencia entre fe y vida, la Alianza que, en amor, hemos pactado para siempre con el Señor de nuestra vida y de nuestra historia. Amén.


Homiliacatolica.com

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 30 de Agosto de 2011


Semana XXII DURANTE EL AÑO
SANTA ROSA DE LIMA
Patrona de América Latina

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 10, 17—11, 2

Hermanos:

El que se gloría, que se gloríe en el Señor. Porque el que vale no es el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien Dios recomienda.
¡Ojalá quisieran tolerar un poco de locura de mi parte! De hecho, ya me toleran. Yo estoy celoso de ustedes con el celo de Dios, porque los he unido al único Esposo, Cristo, para presentarlos a Él como una virgen pura.

Palabra de Dios.



SALMO RESPONSORIAL 148, 1-2. 11-13a. 13c-14

R. ¡Los jóvenes y las vírgenes, alaben el nombre del Señor!

Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos. R.

Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños,
alaben el Nombre del Señor. R.

Su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y Él exalta la fuerza de su pueblo.
¡A Él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos! R.




Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 44-46

Jesús dijo a la multitud:

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA XXII

En aquellos lugares donde la fiesta se celebró el día 23: De la Feria, haga click aquí.

En la Argentina y donde corresponda:
Del Común de vírgenes.
30 de Agosto

SANTA ROSA DE LIMA, virgen, Patrona de América Latina (FIESTA).

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: CUANDO, SEÑOR, EN QUIETA LONTANANZA.

Cuando, Señor, en quieta lontananza
se encienden los fulgores de este día,
no dejes de avivar nuestra esperanza,
atiende al corazón que en ti confía.

Van a pasar por manos laboriosas
los granos de un rosario de ilusiones,
acógelas, Señor, que son hermosas,
amor y don de nuestros corazones.

Mujer llena de Dios, oh santa Rosa,
vivir para el Señor, para el Amado,
fue el ansia de tu amor, gracia divina,
llevada de su fuerza y de su mano.

No olvides los que vamos de camino
siguiendo en el desierto tus pisadas,
aboga ante el Señor favor divino
seguir como seguiste sus llamadas.

Proclamen nuestros labios la grandeza
del Padre que en el Hijo nos dio gozo,
y, siendo nuestra herencia la pobreza,
nos colma de su amor el Fuego Santo. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Libremente confieso a Cristo; de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar por siempre con Cristo.

SALMO 62 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Libremente confieso a Cristo; de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar por siempre con Cristo.

Ant. 2. Vírgenes del Señor, bendecid al Señor; el que sembró en vosotras el deseo de la virginidad ha coronado ya su obra.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3,57-88.56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Vírgenes del Señor, bendecid al Señor; el que sembró en vosotras el deseo de la virginidad ha coronado ya su obra.

Ant. 3. Que los santos se alegren en la gloria, pues han conseguido una brillante victoria sobre la carne y la sangre.

Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Que los santos se alegren en la gloria, pues han conseguido una brillante victoria sobre la carne y la sangre.

LECTURA BREVE Ct 8, 7

Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

RESPONSORIO BREVE

V. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.
R. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

V. Tu rostro buscaré, Señor.
R. Buscad mi rostro.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesucristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo,
concédenos que nada nos aparte de tu amor.

Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes,
por su intercesión concédenos recibirte siempre con pureza de corazón.

Por intercesión de las santas vírgenes que te sirvieron siempre con fidelidad, consagradas a ti en cuerpo y alma,
ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos separen de tu amor eterno.

Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban,
concédenos que aguardemos tu retorno glorioso con una esperanza activa.

Por intercesión de santa Rosa de Lima, que fue virgen sensata y una de las prudentes,
concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con sencillez y humildad digamos la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que impulsaste a santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse solo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: APLAUDAN A ESTA ROSA.

Aplaudan a esta Rosa
las rosas de la tierra;
resuene su alabanza
del sol a las estrellas.

Una Rosa de gracia
en un rosal de penas;
por las culpas del mundo
hirió su carne tierna.

Roja Rosa del cielo,
virgen Rosa limeña:
un puñado de gozo
y un haz de penitencias.

Danos, Padre, el perfume
de esta Rosa pequeña;
que su rocío fecunde
estas tierras de América. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo, a ti vengo con mi lámpara encendida.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo, a ti vengo con mi lámpara encendida.

Ant. 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ant. 3. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor.

EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor.

LECTURA BREVE 1Co 7, 32. 34

El célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

RESPONSORIO BREVE

V. Llevan ante el Rey al séquito de vírgenes, las traen entre alegría.
R. Llevan ante el Rey al séquito de vírgenes, las traen entre alegría.

V. Van entrando en el palacio real.
R. Las traen entre alegría.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Llevan ante el Rey al séquito de vírgenes, las traen entre alegría.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mi Señor Jesucristo se desposó conmigo con su anillo, y como verdadera esposa me adornó con una corona.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi Señor Jesucristo se desposó conmigo con su anillo, y como verdadera esposa me adornó con una corona.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de Dios, y supliquémosle diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesucristo, tú que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni arruga,
haz que sea siempre santa e inmaculada.

Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó siempre fidelidad intacta,
concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la fiesta de santa Rosa de Lima, virgen,
concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
admite también a nuestros hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.

Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que impulsaste a santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse solo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE

Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.

Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.

Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.

Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.

SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE 1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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