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Un Dios Prohibido (Película completa) - Link de descarga: http://es.gloria.tv/?media=575466&connection=screen Verano de 1936, inicios de la Guerra Civil española. La película narra el martirio d...Hace 12 años
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martes, 2 de abril de 2013
martes, 19 de febrero de 2013
DONDE ESTÁ TU CORAZÓN
Que las cosas más valiosas ni son “cosas” ni se compran con dinero es un tópico que todos conocemos. Que su valor depende del peso que les damos en nuestra vida es algo que conviene recordar de vez en cuando. El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante revela el zorro al Principito, y acaso sea bueno pararse a pensar cuál es el foco de atención que ahora nos ocupa. El de la sociedad es a todas luces evidente. En las noticias, la televisión y la radio, en las redes sociales, todo gira en torno a los mismos temas: la crisis económica, el rescate de los bancos, el paro, la corrupción política, la (más que lógica) indignación y el malestar generalizado.
Está claro que no podemos vivir al margen de estas cuestiones, que resulta imprescindible tomar conciencia y aún alzar la voz para revertir esta situación y empezar a construir un mundo más justo y solidario. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que la crisis se haya convertido en el eje central de nuestras vidas, motor de nuestras acciones, causa de nuestros desvelos, responsable de muchas partidas, fin que justifica los medios y tema de todas las conversaciones. Lógico que así sea, pero me da por pensar que al cabo – seamos o no conscientes – el “dios” al que nos entregamos cada día no es más que aquello en que nos centramos “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente”. Y me pregunto si verdaderamente “queremos” darle tanta importancia a este culto desmedido, a esta cultura de la economía.
Porque verán ustedes, sucede que miro a mi alrededor y veo a todo el mundo triste y desesperanzado; que desde hace un tiempo todo se ha vuelto gris, que hemos perdido el interés (nunca mejor dicho) por esos otros valores que no se compran con dinero, cuyo brillo es más hermoso y duradero que el de cualquier metal. Miro a mi alrededor y veo una sociedad en la que, por economizar, se ha recortado hasta en compartir las emociones: economía del lenguaje (¡pocas palabras bastan!), de las letras de un mensaje (140 caracteres) y hasta damos las noticias por whatsapp o mensaje para ahorrar tiempo.
Contemplo una sociedad en la que ya no nos miramos a los ojos: los apartamos con pudor apenas se cruzan las miradas, fijas en una pantalla de móvil o en el lado opuesto de la acera si pasamos junto a un mendigo. Ojos esquivos para evitar que nos paren por la calle porque (¡seguro!) algo querrán pedirnos. Y la vida transcurre a nuestro lado plagada de encuentros que pudieron haber sido… y no. Suerte que la maravilla sigue fluyendo entre nosotros, a la espera de que queramos atenderla.
Dejen que les cuente una anécdota: hace unas semanas estaba sentada en una terraza con una amiga. Charlábamos animadamente cuando un señor con un acordeón vino y empezó a tocar junto a nosotras. Mi primera reacción fue de cierta molestia por la interrupción inoportuna. Sonriendo, el hombre nos dirigió algún piropo y tocó algunas piezas, todo con una amabilidad exquisita. Tendría unos sesenta años. Tras unos minutos en que nadie detuvo su conversación ni levantó la cabeza del plato, se acercó a pedir una moneda. Me llamó la atención su dignidad, su serena presencia, la sensación de ser alguien con mucho vivido. Por su acento deduje que era argentino. Extendí el brazo para darle algo mientras le daba la típica excusa de que no llevaba más dinero encima. Entonces él me tocó delicadamente la mano, me sonrió y mirándome con ojos profundos dijo: «Muchas gracias, princesa. ¡Soy afortunado! No importa si es mucho o poco lo que se da. Lo importante es QUERER DAR algo».
Comprendí que aquel hombre no sólo no pedía sino que me había hecho un precioso regalo: me ofreció la música, la caricia, la mirada, la sonrisa, la gratitud desbordada, una perla de sabiduría. ¡Qué pobre había sido yo, y cuánta su riqueza! Me hizo comprender que siempre tendré algo que ofrecer a los demás: detalles que no responden al pragmatismo de “me piden, doy y listo”, sino que implican un detenerse ante el otro, un mostrarse disponible con la atención puesta en el “qué” y el “cómo”, una mirada cálida, una sonrisa amiga.
En Asia esta actitud se denomina “Namasté”, y corresponde al gesto de detenerse ante el otro, unir las manos a la altura del corazón y hacer una inclinación de cabeza. “Namasté” significa: “Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti habitado por el amor, la luz, la paz y la verdad. Yo honro el lugar dentro de ti donde, cuando tú estás en ese punto y yo en el mío, somos sólo Uno”.
Entiéndanme, sé que parece una postura muy mística que en nada nos ahorra los disgustos y preocupaciones que tenemos encima. No crean que me es ajena esta problemática: el inmenso dolor, la dignidad herida, los sueños frustrados de tantos jóvenes y adultos, de tantas familias… Yo soy uno de esos 4.980.778 parados de España que recogen las estadísticas. Pero aunque éste sea un problema que toca enfrentar, me niego a concederle el papel central en mi vida. Y comprendo ahora el alcance de la expresión: No podéis servir a Dios y al dinero (Mt. 6,24). No hay por qué restringirlo al modelo cristiano: piense cada uno cuál es el “dios” de su vida, la fuerza que le hace levantarse, aquello para lo que vive, que absorbe su tiempo y su energía. En mi caso, si “mi dios” es el amor, la sensibilidad y la ternura; si por encima de todo quiero hacer de mi vida un canto a la belleza, la humanidad y la justicia… no puedo entregarme a esos valores y a la vez hundirme porque va mal la economía. Pura cuestión de interés, pero no puedo vivir con el corazón dividido. Así que seguiré en paro, buscando como todos una salida, pero mientras ELIJO la alegría de quien sabe en el fondo cuál es su verdadera riqueza: Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón (Mt 6, 21).
Creo que ésta es una época privilegiada para replantearnos en qué basamos (o tasamos) nuestra felicidad cotidiana; cuál es nuestro “Dios” y el corazón de nuestra vida (porque “de lo que rebosa el corazón, hablan los labios”). Momento de replantear no lo que tenemos sino lo que somos; no lo que damos sino la voluntad de dar; no el intercambio sino el compartir amoroso que brota de mirar el mundo con ojos recién nacidos, de tener el oído atento a la escucha humilde, abiertos los brazos, el corazón despierto y disponible. «Ubi Amor, ibi oculus» (donde hay amor, hay visión). Es importante ver los “signos de los tiempos” en esta época que toca vivir y afrontarlos con ánimo renacido. Y saber que no caminamos solos, que muchas personas están en búsqueda, convencidas de que otra sensibilidad es aún posible.
Quizá esta actitud no nos arregle los problemas financieros, pero ayuda a plantear desde otra clave nuestra vida. Es la firme opción por empezar cada mañana sonriendo, por tener una palabra amable, privilegiar las buenas noticias, por tener siempre listo un abrazo (venciendo ese pudor que nos hace esperar “el momento oportuno”. ¡No perdáis ocasión! ¡abrazad a los que amáis hoy, ahora, sin excusas, sin motivo!). Quizá no tengamos dinero pero sí una pasión capaz de sanar este mundo dolorido. Estamos llamados a tener un corazón imbatible. En los tiempos que corren, la mayor heroicidad consiste en sembrar gestos de esperanza que resuciten esta tierra yerma. No porque vivamos al margen de los problemas, sino por puro convencimiento de que el optimismo, la gratuidad y la bondad son hoy una apuesta necesaria y un revulsivo.
Por supuesto que la crisis nos afecta, pero héroes son aquellos – decía Thomas Carlyle – que aun siendo frágiles como todos, enfrentan sus miedos y siguen adelante. Hoy más que nunca necesitamos héroes de carne y hueso: vecinos, hermanos, amigos que emprendan ese otro rescate igualmente necesario: cultivar el placer de los detalles, el gusto por simplificar la vida, el deseo de conectar con lo esencial que da saber y sabor a cada día. Necesitamos mujeres y hombres, niños, abuelas que – despojados de títulos y méritos, cheques y chaquetas – nos saquen del mono-tema y nos recuerden lo que de verdad importa, qué «queremos dar» a la gente que nos rodea. No sé hacia dónde irá la crisis, pero acaso baste con saber dónde está nuestro corazón… y hacia dónde nos lleva.
In a world that’s filled with sorrow
there are people searching for love in every way.
It’s a long hard fight, but I’ll always live for tomorrow
I’ll look back on myself and say: “I did it for love”.
QUEEN
martes, 12 de febrero de 2013
El agradecimiento une
Dar las gracias me hace grande. Pues cuando doy las gracias tomo algo como regalo de otros. Me enriquece porque lo tomo. Al mismo tiempo, lo que tomo agradecidamente se hace imperdible para mí. Las gracias me permiten guardarlo y multiplicarlo. Actúan como el sol y la lluvia caliente sobre una joven planta. La hacen madurar.
El agradecimiento une. Hace prosperar nuestras relaciones. Y, a la inversa, quien toma agradecidamente, se ensancha en su interior y no puede menos que dar y regalar por su parte lo que ha tomado como regalo. Por tanto, el agradecimiento no sólo me hace feliz y rico a mí mismo, sino también a otros.
Por Bert Hellinger
miércoles, 9 de mayo de 2012
El rey y el sacerdote

Un rey soñó que había visto a un rey en el paraíso y a un sacerdote en el infierno.
Cuando estaba preguntándose cómo podía ser aquello, oyó una Voz que decía:
“El rey está en el paraíso por haber respetado a los sacerdotes.
El sacerdote está en el infierno por haber transigido con los reyes”.
Hoy lease “políticos”.
Qui postest capere capiat
Por Pedro Miguel Lamet sj
miércoles, 2 de mayo de 2012
Vivir aprendiendo
“Si hoy fuese el último día de tu vida ¿querrías hacer lo que vas a hacer o lo que estás haciendo en este momento? Si la respuesta fuese no por varios días seguidos, sabría que necesito cambiar algo” (Steve Jobs).
Una de las propuestas de nuestra sociedad actual es la de vivir placenteramente siempre, la concepción de vivir es casi un sinónimo de disfrutar. Sin embargo, en oportunidades esta queda en la mera superficie, pues se limita al mero placer por el consumir, al bienestar entendido como obsesión por la eterna juventud física. Vivir se ha reducido a un intenso trabajo en el que debemos estar atentos al último rito de la moda, al más reciente y confortable automóvil, y a la más rejuvenecedora crema antiage que haya salido al mercado. Somos esclavos del modelo de compra-venta, donde hasta pareciese que la felicidad es un bien de consumo, o un resultado de todo lo antes dicho.
Steve Jobs en sus enseñanzas nos motiva a vivir plenamente eso que somos, sin arquetipos de plástico a los cuales imitar o parecernos, “tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto”. Son muchas las circunstancias que en oportunidades deciden por nosotros: una enfermedad, ya sea propia o de un ser querido, la muerte de un familiar o de un amigo, una catástrofe natural, etcétera, es allí cuando somos interpelados por la vida misma, es decir, cuando comprendemos que aquello que llamábamos vivir poco tiene que ver con lo esencial de sí mismo. Es en estos momentos cuando nos enfrentamos con nuestra vida desnuda, desprovista de todo aquel ropaje que la cubría: cargos, objetos materiales, afectos enfermizos. Nos encontramos con la vida tal cual ella es: “El hombre se descubre a sí mismo cuando se enfrenta a los obstáculos” (Antoine de Saint-Exupéry).
Esos hechos que nos paralizan son en realidad los que bien aprovechados nos ponen en movimiento hacia lo que en definitiva somos y aquello que deseamos ser, ese anhelo interior que habíamos abandonado por el aburguesamiento de nuestros sueños. Pues lo importante no es lo que sucede, sino cuál es nuestra reacción ante ello, si el dolor que nos produce nos inmoviliza o nos otorga dinamismo. Al igual que el brote que antes de salir debe romper su semilla, romper con nuestra propia comodidad es un desafío que debemos enfrentar cada día, ya que a cada instante sufrimos la tentación de adormecernos nuevamente. “A veces la vida te va a golpear con un ladrillo. No pierdas la fe” (Steve Jobs).
El médico austríaco Viktor Frankl, preso en un campo de concentración durante el nazismo, admite que quienes sobrevivieron a lo terrible de la vida allí tenían una fe que alimentaba algún propósito posterior, ellos, aun en el encierro, proyectaban en el afuera un futuro que se extendía tras el alambrado y veían el sol que embellecía y hacía único cada amanecer. También cada uno de nosotros somos llamados a ver el sol, a plantearnos las circunstancias difíciles como nuevas posibilidades, no como impedimentos. A sacar de ellas la cuota de la nueva vida, la de la vida vivida en plenitud, a full. Dios no cierra puertas sin antes abrirnos un abanico de nuevas opciones, mejores aun que las anteriores.
Adquirir la capacidad de reinventarnos a cada nuevo instante, como si fuera el último, de cambiar parte de nuestra cotidianidad, de hallar nuevas actividades es todo un proyecto de vida, el cual alcanza su mayor grado de desarrollo cuando no lo remitimos únicamente a nosotros mismos, sino también al incluir a los otros, a aquel hermano que me necesita.
No basta con vivir, es preciso vivir con calidad y excelencia, no somos ninguno de nuestros logros, somos aquello que descubrimos a cada paso, aquello que anhelamos al comenzar y al terminar cada día, somos aquello que queda cuando lo hemos perdido todo. Sin miedo a volar, pues el miedo nos paraliza, como nos enseñó nuestro querido amigo, el Padre Hernán Pérez Etchepare, quien hizo de su existir un auténtico itinerario de vida. Volar aun cuando la adversidad nos condiciona, alimentar la esperanza en medio de la tormenta, creer en Dios aunque él guarde silencio.
¿Quién enseñó a los pájaros a volar? Si no fue su anhelo profundo de aventurarse a la inmensidad (Padre Hernán Pérez Etchepare. Siempre te recordaremos).
Una de las propuestas de nuestra sociedad actual es la de vivir placenteramente siempre, la concepción de vivir es casi un sinónimo de disfrutar. Sin embargo, en oportunidades esta queda en la mera superficie, pues se limita al mero placer por el consumir, al bienestar entendido como obsesión por la eterna juventud física. Vivir se ha reducido a un intenso trabajo en el que debemos estar atentos al último rito de la moda, al más reciente y confortable automóvil, y a la más rejuvenecedora crema antiage que haya salido al mercado. Somos esclavos del modelo de compra-venta, donde hasta pareciese que la felicidad es un bien de consumo, o un resultado de todo lo antes dicho.
Steve Jobs en sus enseñanzas nos motiva a vivir plenamente eso que somos, sin arquetipos de plástico a los cuales imitar o parecernos, “tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto”. Son muchas las circunstancias que en oportunidades deciden por nosotros: una enfermedad, ya sea propia o de un ser querido, la muerte de un familiar o de un amigo, una catástrofe natural, etcétera, es allí cuando somos interpelados por la vida misma, es decir, cuando comprendemos que aquello que llamábamos vivir poco tiene que ver con lo esencial de sí mismo. Es en estos momentos cuando nos enfrentamos con nuestra vida desnuda, desprovista de todo aquel ropaje que la cubría: cargos, objetos materiales, afectos enfermizos. Nos encontramos con la vida tal cual ella es: “El hombre se descubre a sí mismo cuando se enfrenta a los obstáculos” (Antoine de Saint-Exupéry).
Esos hechos que nos paralizan son en realidad los que bien aprovechados nos ponen en movimiento hacia lo que en definitiva somos y aquello que deseamos ser, ese anhelo interior que habíamos abandonado por el aburguesamiento de nuestros sueños. Pues lo importante no es lo que sucede, sino cuál es nuestra reacción ante ello, si el dolor que nos produce nos inmoviliza o nos otorga dinamismo. Al igual que el brote que antes de salir debe romper su semilla, romper con nuestra propia comodidad es un desafío que debemos enfrentar cada día, ya que a cada instante sufrimos la tentación de adormecernos nuevamente. “A veces la vida te va a golpear con un ladrillo. No pierdas la fe” (Steve Jobs).
El médico austríaco Viktor Frankl, preso en un campo de concentración durante el nazismo, admite que quienes sobrevivieron a lo terrible de la vida allí tenían una fe que alimentaba algún propósito posterior, ellos, aun en el encierro, proyectaban en el afuera un futuro que se extendía tras el alambrado y veían el sol que embellecía y hacía único cada amanecer. También cada uno de nosotros somos llamados a ver el sol, a plantearnos las circunstancias difíciles como nuevas posibilidades, no como impedimentos. A sacar de ellas la cuota de la nueva vida, la de la vida vivida en plenitud, a full. Dios no cierra puertas sin antes abrirnos un abanico de nuevas opciones, mejores aun que las anteriores.
Adquirir la capacidad de reinventarnos a cada nuevo instante, como si fuera el último, de cambiar parte de nuestra cotidianidad, de hallar nuevas actividades es todo un proyecto de vida, el cual alcanza su mayor grado de desarrollo cuando no lo remitimos únicamente a nosotros mismos, sino también al incluir a los otros, a aquel hermano que me necesita.
No basta con vivir, es preciso vivir con calidad y excelencia, no somos ninguno de nuestros logros, somos aquello que descubrimos a cada paso, aquello que anhelamos al comenzar y al terminar cada día, somos aquello que queda cuando lo hemos perdido todo. Sin miedo a volar, pues el miedo nos paraliza, como nos enseñó nuestro querido amigo, el Padre Hernán Pérez Etchepare, quien hizo de su existir un auténtico itinerario de vida. Volar aun cuando la adversidad nos condiciona, alimentar la esperanza en medio de la tormenta, creer en Dios aunque él guarde silencio.
¿Quién enseñó a los pájaros a volar? Si no fue su anhelo profundo de aventurarse a la inmensidad (Padre Hernán Pérez Etchepare. Siempre te recordaremos).
miércoles, 25 de abril de 2012
domingo, 26 de febrero de 2012
Promesas
Una de las características humanas más notables es la capacidad de prometer. Otra es la capacidad de perdonar. Ninguna de las dos es racionalizable, ni demostrable. En ambas hay un salto y una apuesta. No se pueden imponer desde fuera.
Juan Masiá, SJ
El Evangelio en Casa
El Evangelio en Casa
jueves, 16 de febrero de 2012
URGENTE
Para ti, que siempre vives la vida a un ritmo vertiginoso, quiero recordarte que lo más importante que tienes en la vida, eres tú y todos los que te rodean, y recuerda que...
Urgente, es una palabra con la que vivimos día a día, en nuestra agitada vida, y a la cual, le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad. -
Urgente, es la manera más pobre de vivir en este mundo, porque sabes, el día que nos vamos, dejamos pendiente las cosas, que verdaderamente fueron urgentes.
Urgente, es que hagas un alto en tu ajetreada vida, y te preguntes: Qué significado tiene todo esto que yo hago? Urgente, es que seas más amigo, más humano, más hermano. .
Urgente, es que sepas valorar el tiempo que te pide un niño, una niña.
Urgente, es que cada mañana, cuando veas salir el sol, te impregnes de su calor, y le des gracias al Señor, por tan maravilloso regalo. .
Urgente, es que mires a tu familia, a tus hijos, a tu esposa, y a todos los que te rodean, y valores ese tan maravilloso tesoro.
Urgente, es que le digas a las personas que quieres, hoy, no mañana, cuánto los quieres!.
Urgente, es que te sepas hijo de Dios, y te des cuenta que él, te ama, y quiere verte sonreír feliz y lleno de vida.
Urgente, es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano que no puede echar tiempo atrás, que todo lo hizo urgente ...
... que fue un gran empresario, un gran artista, un gran profesional, que llenó su agenda de urgencias, citas, proyectos, pero dentro de todo, lo más importante, se te olvidó VIVIR.
Facundo Cabral
Urgente, es una palabra con la que vivimos día a día, en nuestra agitada vida, y a la cual, le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad. -
Urgente, es la manera más pobre de vivir en este mundo, porque sabes, el día que nos vamos, dejamos pendiente las cosas, que verdaderamente fueron urgentes.
Urgente, es que hagas un alto en tu ajetreada vida, y te preguntes: Qué significado tiene todo esto que yo hago? Urgente, es que seas más amigo, más humano, más hermano. .
Urgente, es que sepas valorar el tiempo que te pide un niño, una niña.
Urgente, es que cada mañana, cuando veas salir el sol, te impregnes de su calor, y le des gracias al Señor, por tan maravilloso regalo. .
Urgente, es que mires a tu familia, a tus hijos, a tu esposa, y a todos los que te rodean, y valores ese tan maravilloso tesoro.
Urgente, es que le digas a las personas que quieres, hoy, no mañana, cuánto los quieres!.
Urgente, es que te sepas hijo de Dios, y te des cuenta que él, te ama, y quiere verte sonreír feliz y lleno de vida.
Urgente, es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano que no puede echar tiempo atrás, que todo lo hizo urgente ...
... que fue un gran empresario, un gran artista, un gran profesional, que llenó su agenda de urgencias, citas, proyectos, pero dentro de todo, lo más importante, se te olvidó VIVIR.
Facundo Cabral
martes, 14 de febrero de 2012
El Amor es vida, es energía y es el motor de la existencia
Los corazones humanos muchas veces actúan como cárceles cuando han sentido los rasguños de la incomprensión humana, pero si es triste contemplar la ignorancia de los hombres, mas triste es observar corazones encarcelados.
Quita las cadenas de tu corazón, vuelve a encender la antorcha del Amor y entrégalo a cuanto ser encuentres a tu paso, porque debes saber que el Amor es para el hombre, lo que el agua es para las plantas, es la vida, es la energía y es el motor de la existencia.
Recuérdalo siempre y cada noche, cuando presa de tu tristeza y de tu dolor vuelvas a sentir soledad, toma estas líneas y repitiéndolas en voz alta, repítelas una y mil veces, hasta que sientas que esta voz proviene de ti mismo, hasta que sientas Mi presencia en ti, y a mi Amor inundándote y desbordándose de adentro hacia afuera.
Si lo haces, serás una flor renacida, la primavera volverá a llegar a tu vida y el frío invierno se alejará de ti.
Un nuevo sol alumbrará tus pasos y la vida entera retomará su curso, porque una flor se ha abierto nuevamente.
KWAN YIN
Quita las cadenas de tu corazón, vuelve a encender la antorcha del Amor y entrégalo a cuanto ser encuentres a tu paso, porque debes saber que el Amor es para el hombre, lo que el agua es para las plantas, es la vida, es la energía y es el motor de la existencia.
Recuérdalo siempre y cada noche, cuando presa de tu tristeza y de tu dolor vuelvas a sentir soledad, toma estas líneas y repitiéndolas en voz alta, repítelas una y mil veces, hasta que sientas que esta voz proviene de ti mismo, hasta que sientas Mi presencia en ti, y a mi Amor inundándote y desbordándose de adentro hacia afuera.
Si lo haces, serás una flor renacida, la primavera volverá a llegar a tu vida y el frío invierno se alejará de ti.
Un nuevo sol alumbrará tus pasos y la vida entera retomará su curso, porque una flor se ha abierto nuevamente.
KWAN YIN
jueves, 9 de febrero de 2012
El dulce aroma del éxito
Por Enrique Pinti
El éxito es un arma de doble filo que, a pesar de sus riesgos, todos queremos obtener. Hay muchas maneras de ver, considerar y vivir un éxito. Hay éxitos que implican ascenso social, riquezas materiales, figuración, poder y aplauso general. Hay otros que son internos, sin ruido, de profunda significación emocional, éxitos que nos brindan la posibilidad de vencer miedos, de superar obstáculos, de luchar por ideales y lograr imponerlos sin esperar recompensas materiales, sin ambicionar otra cosa que no sea la satisfacción del deber cumplido. También hay éxitos cotidianos, pequeños sólo aparentemente, que consisten en terminar cada jornada con la seguridad de que no hemos perjudicado a nadie, que tenemos salud y que nuestros seres más amados respiran a nuestro lado esperando un nuevo amanecer.Estos logros se diferencian tajantemente. Unos son los peligrosos éxitos del afuera y otros los entrañables éxitos interiores. Los primeros dan muchas satisfacciones y son necesarios, ya que a grandes esfuerzos corresponden grandes resultados. Todos los deseamos, es humano y lógico. El problema es supeditar nuestra vida a ese único aspecto, es alcanzarlos a cualquier precio pisando cabezas, arrasando voluntades y encerrándonos en vanidades insoportables y egocentrismos patéticos. Creer que somos la única opinión posible, la única idea válida y la única manera de vivir, considerándonos, montados en el caballo de nuestro poder, los dueños de la verdad y los poseedores de la piedra filosofal. Esa manera de disfrutar el éxito nos llevará casi fatalmente a la caída, que será más dura cuanto más alto haya sido el lugar ocupado.
El otro gran peligro, o mejor dicho, la otra cara del mismo peligro, son los aduladores, esas alimañas humanas que, cual cuervos buscando cadáveres, huelen el dulce aroma del éxito y se abalanzan sobre el triunfador diciéndole a todo que sí.
Si estás más gordo, dirán lo bien que te sienta; si estás más flaco, te compararán con el dios Apolo; si se te cae el pelo, exclamarán ¡estás a la moda!; si tenés melena hippie hasta la cintura, dirán ¡que linda tu moda retro!, ¡te felicito por ser fiel a tu época y no caer en las trampas de la moda!; si tenés un ataque de nervios e insultás a tus subordinados o a tus pares, serás objeto de admiración y te dirán ¡muy bien hecho!, ¡hay que hacerse respetar!, ¡mano dura, de lo contrario te fuman en pipa!; si dejás pasar errores mirando para otro lado por conveniencia, justificarán tu desidia con frases como ¡qué comprensión!, ¡qué tolerante es!, ¡es incapaz de matar una mosca!, ¡nunca he conocido un alma más piadosa que la suya! Se pondrán de alfombra y querrán estar cual figuretis en todas tus fotos, dirán a voz en cuello que te conocen desde que eras un niño y que siempre adivinaron en vos los genes del triunfador nato.
Los artistas de todo tipo y los deportistas pueden caer en la tentación de creerse todas las alabanzas del coro de fantoches, pero en última instancia, cuando llegan la decadencia, el fracaso y la caída, sólo la sufrirán los ex ídolos y su grupo familiar. Cuando la adulación desmedida les toca a los gobernantes o a los opositores carismáticos la cosa puede tener consecuencias trágicas para millones de ciudadanos. Sostener lo que cada uno cree justo y necesario es un derecho inalienable de todo ser humano. Y la posibilidad de poder expresar libremente esos apoyos, también lo es. Pero lo desaconsejable es fanatizarse, no reflexionar y pretender imponer por la fuerza esas convicciones a los otros que también tienen derecho de hacerlo. Allí, en los momentos difíciles del fracaso y la decadencia, se ven los verdaderos sostenedores y partidarios, los sinceros y fieles y también se descubren por su huida rauda y veloz los chupamedias, los interesados, los mediocres y los fallutos. Por eso el hombre sabio no se cree todo lo bueno que le dicen ni todo lo malo que le endilgan, sigue su camino sabiendo que en el sube y baja de la vida las cosas cambian, mutan y evolucionan. Sólo hay que hacer oídos sordos a la peligrosa fascinación del éxito.
miércoles, 8 de febrero de 2012
La panreligiosidad de un poeta
Publicado por Atrio
Walt Withman (1819-1892) es como el padre de la poesía norteamericana. Ha tenido y tiene una proyección en la literatura universal como astro de primera magnitud. En la de toda América, en la europea, en la de habla castellana o portuguesa. Ha inspirado a Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, García Lorca, Pessoa…
Cabalgando entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, ha construído un universo religioso en el que se confunden rasgos panteístas, el viejo culto a Gaia, versos místicos a lo San Juan de la Cruz, pluralismo religioso, un abigarrado cruce de interpretaciones del fenómeno religioso que, si se puede no compartir, sí da qué pensar. Todo un mundo en que a las afirmaciones, dogmas o creencias sustituyen preguntas, hipótesis de trabajo, pistas a seguir, y un humanismo a prueba de bomba…En todo caso, es difícil entender la mentalidad y la religiosidad de los norteamericanos si no se conoce a Walt Withman.
Tal vez está un poco en el origen de esa identificación que sienten todos los norteamericanos con la religión como componente esencial de su espíritu nacional, como primer artículo de su Constitución; eso sí, una religión que admite todas las formulaciones, todos los credos, todas las iglesias y confesiones. Que ese es también otro elemento del pensamiento de Withman.
Su obra fundamental se titula Hojas de Hierba, un poemario de verso libre, del que quizá Whithman es el padre y promotor. Presentamos aquí una selección de textos de este poeta y de sus “Hojas de Hierba”, como un pequeño homenaje a Cristina W. y a todos los norteamericanos que quieran asomarse a Atrio.
UNA NUEVA RELIGIÓN.
Declaroque en verdad no existe la maldad. (O si existe, declaro que es tan importante para vosotros, para el país o para mí como cualquier otra cosa.)
Predico una nueva religión; la tierra toda y cada estrella del cielo existen por la religión… Digo que la verdadera y permanente grandeza de los Estados Unidos habrá de centrarse en su religión. Ni personalidad ni vida merece tal nombre sin una religión; ni país, ni hombre o mujer, sin religión…
MIL GRACIAS DERRAMANDO…
¿Qué es la hierba? Es el pañuelo del Señor, regalo perfumado y recuerdo deliberadamente desechado que lleva el nombre de su dueño en alguna de sus esquinas para que lo veamos y, notándolo, preguntemos: ¿De quién?
Oigo y contemplo a Dios en todos los objetos, aunque no lo entiendo en absoluto, ni entiendo cómo puede haber alguien más encantador que yo. ¿Por qué habría de desear ver a Dios mejor de lo que le veo ahora? Veo algo de Dios a cada hora de las 24: en los rostros de hombres y mujeres veo a Dios, en mi propia cara reflejada en el espejo. Encuentro cartas de Dios tiradas por las calles y cada una de ellas está firmada por la mano de Dios; y las dejo donde estaban, porque sé que, vaya donde vaya, otras me llegarán puntualmente siempre y siempre.
SUFRE CON LOS QUE SUFREN.
Quienquiera que degrade a alguien, a mí me degrada, y todo cuanto se haga o diga vuelve a mí finalmente… A través de mí, muchas voces mudas durante largo tiempo. Voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos. Voces de enfermos y de desesperados y de ladrones y enanos…
Ningún maniatado marcha maniatado a la cárcel sin que vaya yo con él, marchando a su lado. Ningún joven es cogido por robar sin que también vaya yo con él y juntos seamos juzgados y sentenciados. Ningún enfermo de cólera exhala su último suspiro sin que también yo yazga y exhale mi último suspiro… Los pordioseros se encarnan en mí y yo me encarno en ellos. Tiendo ni sombrero y me siento, como rostro avergonzado, a pedir limosna… ¡Ojalá pudiese contemplar con visión ajena mi propia crucifixión y mi corona de espinas!
¿PLURALISMO RELIGIOSO? ¿DEÍSMO? ¿PANTEISMO?
He adoptado las dimensiones exactas de Jehová, litografiado a Cronos, a Zeus, su hijo, y a Hércules, su nieto; comprado estampas de Osiris, Isis, Baal, Brahma y Buda. En mi carpeta coloco a Manitú solo, a Alá en una horma y al Crucifijo grabado, junto con Odín y con Mexitli, el de horrenda faz, y con todos los ídolos e imágenes, tomando a cada uno por lo que vale, sin pagar ni un céntimo más.
No os desprecio, sacerdotes de todos los tiempos y de todo el mundo. Mi fe es la mayor de todas y la menor, pues engloba cultos antiguos y modernos y cuanto hay entre lo antiguo y lo moderno. Creo que volveré a la tierra pasados cinco mil años. Soy admirador de shastas y vedas, …cuido el Corán,… acepto los Evangelios; acepto a quien fue crucificado; sé positivamente que es divino; me arrodillo en la misa; me pongo de pie al oír las plegarias de los puritanos…
Creo que una hoja de hierba no es menos que la trayectoria de las estrellas, y que la hormiga es igualmente perfecta, y el grano de arena, y el huevo del reyezuelo, y que el sapo es un chef oeuvre de las mayores, y que la zarzamora podría adornar los salones celestiales, y que la más insignificante articulación de mi mano pone en ridículo a cualquier maquinaria, y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a cualquier estatua, y que un ratón es suficientemente milagroso como para dar mareos a sextillones de incrédulos.
LA PERSONA DIVINIZADA.
Divino soy por dentro y por fuera, y sacralizo todo cuanto toco y me toca. El aroma de estas axilas es mejor que la plegaria. Esta cabeza, mejor que iglesias, biblias y todos los credos…. Estoy enamorado de mí mismo. Hay muchas cosas en mí y todas son deliciosas.
Yo he dicho que el alma no es superior al cuerpo; y he dicho que el cuerpo no es superior al alma; y que nada, ni Dios, es superior a uno mismo; y yo o tú, que no tenemos ni un céntimo, podríamos comprar lo mejor de la tierra…
LA MUERTE
En cuanto a ti, Muerte, y a ti, amargo brazo de la mortalidad, es inútil que intentéis alarmarme. A su trabajo, sin desalentarse, llega el accoucheur… En cuanto a ti, Cadáver, pienso que eres buen fertilizante; pero eso no me fastidia. Huelo las rosas blancas de dulce aroma que se alimentan de ti. Tiendo la mano hacia los labios como pétalos; tiendo la mano hacia los melones de pulidos pechos. En cuanto a ti, Vida, advierto que eres lo que queda de muchas muertes. (Sin duda yo mismo he muerto antes de diez mil veces. Asciendo desde la luna, asciendo desde la noche; advierto que el lúgubre responder es fruto de los rayos solares del medio día reflejados, y desemboco en lo constante y viniendo del manantial, grande o pequeño… algo hay en mí; no sé lo que es, pero sé que está en mí….. ¿Veis, hermanos y hermanas mías? No es el caos ni la muerte. Es forma, unión, proyecto. Es vida eterna. Es la Felicidad.
Cabalgando entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, ha construído un universo religioso en el que se confunden rasgos panteístas, el viejo culto a Gaia, versos místicos a lo San Juan de la Cruz, pluralismo religioso, un abigarrado cruce de interpretaciones del fenómeno religioso que, si se puede no compartir, sí da qué pensar. Todo un mundo en que a las afirmaciones, dogmas o creencias sustituyen preguntas, hipótesis de trabajo, pistas a seguir, y un humanismo a prueba de bomba…En todo caso, es difícil entender la mentalidad y la religiosidad de los norteamericanos si no se conoce a Walt Withman.
Tal vez está un poco en el origen de esa identificación que sienten todos los norteamericanos con la religión como componente esencial de su espíritu nacional, como primer artículo de su Constitución; eso sí, una religión que admite todas las formulaciones, todos los credos, todas las iglesias y confesiones. Que ese es también otro elemento del pensamiento de Withman.
Su obra fundamental se titula Hojas de Hierba, un poemario de verso libre, del que quizá Whithman es el padre y promotor. Presentamos aquí una selección de textos de este poeta y de sus “Hojas de Hierba”, como un pequeño homenaje a Cristina W. y a todos los norteamericanos que quieran asomarse a Atrio.
UNA NUEVA RELIGIÓN.
Declaroque en verdad no existe la maldad. (O si existe, declaro que es tan importante para vosotros, para el país o para mí como cualquier otra cosa.)
Predico una nueva religión; la tierra toda y cada estrella del cielo existen por la religión… Digo que la verdadera y permanente grandeza de los Estados Unidos habrá de centrarse en su religión. Ni personalidad ni vida merece tal nombre sin una religión; ni país, ni hombre o mujer, sin religión…
MIL GRACIAS DERRAMANDO…
¿Qué es la hierba? Es el pañuelo del Señor, regalo perfumado y recuerdo deliberadamente desechado que lleva el nombre de su dueño en alguna de sus esquinas para que lo veamos y, notándolo, preguntemos: ¿De quién?
Oigo y contemplo a Dios en todos los objetos, aunque no lo entiendo en absoluto, ni entiendo cómo puede haber alguien más encantador que yo. ¿Por qué habría de desear ver a Dios mejor de lo que le veo ahora? Veo algo de Dios a cada hora de las 24: en los rostros de hombres y mujeres veo a Dios, en mi propia cara reflejada en el espejo. Encuentro cartas de Dios tiradas por las calles y cada una de ellas está firmada por la mano de Dios; y las dejo donde estaban, porque sé que, vaya donde vaya, otras me llegarán puntualmente siempre y siempre.
SUFRE CON LOS QUE SUFREN.
Quienquiera que degrade a alguien, a mí me degrada, y todo cuanto se haga o diga vuelve a mí finalmente… A través de mí, muchas voces mudas durante largo tiempo. Voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos. Voces de enfermos y de desesperados y de ladrones y enanos…
Ningún maniatado marcha maniatado a la cárcel sin que vaya yo con él, marchando a su lado. Ningún joven es cogido por robar sin que también vaya yo con él y juntos seamos juzgados y sentenciados. Ningún enfermo de cólera exhala su último suspiro sin que también yo yazga y exhale mi último suspiro… Los pordioseros se encarnan en mí y yo me encarno en ellos. Tiendo ni sombrero y me siento, como rostro avergonzado, a pedir limosna… ¡Ojalá pudiese contemplar con visión ajena mi propia crucifixión y mi corona de espinas!
¿PLURALISMO RELIGIOSO? ¿DEÍSMO? ¿PANTEISMO?
He adoptado las dimensiones exactas de Jehová, litografiado a Cronos, a Zeus, su hijo, y a Hércules, su nieto; comprado estampas de Osiris, Isis, Baal, Brahma y Buda. En mi carpeta coloco a Manitú solo, a Alá en una horma y al Crucifijo grabado, junto con Odín y con Mexitli, el de horrenda faz, y con todos los ídolos e imágenes, tomando a cada uno por lo que vale, sin pagar ni un céntimo más.
No os desprecio, sacerdotes de todos los tiempos y de todo el mundo. Mi fe es la mayor de todas y la menor, pues engloba cultos antiguos y modernos y cuanto hay entre lo antiguo y lo moderno. Creo que volveré a la tierra pasados cinco mil años. Soy admirador de shastas y vedas, …cuido el Corán,… acepto los Evangelios; acepto a quien fue crucificado; sé positivamente que es divino; me arrodillo en la misa; me pongo de pie al oír las plegarias de los puritanos…
Creo que una hoja de hierba no es menos que la trayectoria de las estrellas, y que la hormiga es igualmente perfecta, y el grano de arena, y el huevo del reyezuelo, y que el sapo es un chef oeuvre de las mayores, y que la zarzamora podría adornar los salones celestiales, y que la más insignificante articulación de mi mano pone en ridículo a cualquier maquinaria, y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a cualquier estatua, y que un ratón es suficientemente milagroso como para dar mareos a sextillones de incrédulos.
LA PERSONA DIVINIZADA.
Divino soy por dentro y por fuera, y sacralizo todo cuanto toco y me toca. El aroma de estas axilas es mejor que la plegaria. Esta cabeza, mejor que iglesias, biblias y todos los credos…. Estoy enamorado de mí mismo. Hay muchas cosas en mí y todas son deliciosas.
Yo he dicho que el alma no es superior al cuerpo; y he dicho que el cuerpo no es superior al alma; y que nada, ni Dios, es superior a uno mismo; y yo o tú, que no tenemos ni un céntimo, podríamos comprar lo mejor de la tierra…
LA MUERTE
En cuanto a ti, Muerte, y a ti, amargo brazo de la mortalidad, es inútil que intentéis alarmarme. A su trabajo, sin desalentarse, llega el accoucheur… En cuanto a ti, Cadáver, pienso que eres buen fertilizante; pero eso no me fastidia. Huelo las rosas blancas de dulce aroma que se alimentan de ti. Tiendo la mano hacia los labios como pétalos; tiendo la mano hacia los melones de pulidos pechos. En cuanto a ti, Vida, advierto que eres lo que queda de muchas muertes. (Sin duda yo mismo he muerto antes de diez mil veces. Asciendo desde la luna, asciendo desde la noche; advierto que el lúgubre responder es fruto de los rayos solares del medio día reflejados, y desemboco en lo constante y viniendo del manantial, grande o pequeño… algo hay en mí; no sé lo que es, pero sé que está en mí….. ¿Veis, hermanos y hermanas mías? No es el caos ni la muerte. Es forma, unión, proyecto. Es vida eterna. Es la Felicidad.
martes, 7 de febrero de 2012
ANIMATE
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer, que las palabras y la poesía si pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta, somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis. Nos derriba, nos lastima.
Nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, vive.
La poderosa obra continua, tu puedes aportar una estrofa. Escribe tu obra.
No dejes nunca de soñar, porque solo soñando puede ser libre el hombre…
Valora la belleza de las cosas simples.
Vive la vida sin mediocridad.
Disfruta del pánico que te provoca, tener la vida por delante.
Piensa que en ti esta el futuro.
Encárala sin miedo y con orgullo.
Aduéñate de tu mente.
Cultívalo con pensamientos y sentimientos positivos.
ANIMATE.
No permitas que te pase a ti la vida sin que tú la vivas.
Disfrútala sanamente
No dejes de creer, que las palabras y la poesía si pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta, somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis. Nos derriba, nos lastima.
Nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, vive.
La poderosa obra continua, tu puedes aportar una estrofa. Escribe tu obra.
No dejes nunca de soñar, porque solo soñando puede ser libre el hombre…
Valora la belleza de las cosas simples.
Vive la vida sin mediocridad.
Disfruta del pánico que te provoca, tener la vida por delante.
Piensa que en ti esta el futuro.
Encárala sin miedo y con orgullo.
Aduéñate de tu mente.
Cultívalo con pensamientos y sentimientos positivos.
ANIMATE.
No permitas que te pase a ti la vida sin que tú la vivas.
Disfrútala sanamente
Por Walt Whitman
Publicado por El Evangelio en Casa
Publicado por El Evangelio en Casa
jueves, 6 de octubre de 2011
viernes, 17 de diciembre de 2010
¿Dios existe?
Aunque no hubiera creyentes, todo ser racional está obligado a preguntarse si Dios existe y a dudar de ello hasta que el peso de las razones lo incline más de un lado que del otro. La posición natural es la ignorancia escéptica, no la afirmación o la negación, que conllevan algún tipo de conocimiento concluyente o presunción bien fundada sobre el todo. Afirmar que Dios no existe es tan teológico como asegurar lo contrario. Lo único verdaderamente ateológico es evitar pronunciarse. Por ende, sólo el escéptico es un verdadero ateo, mientras que el ateo es un teísta invertido.
Se engaña quien crea que por negar algo no está afirmando nada, o quien suponga que hay afirmaciones sobre el mundo que no requieren prueba. Para afirmar la existencia de un objeto físico, al alcance de los sentidos, basta con mostrarlo y cerciorarse de que no se trata de una ilusión. Pero para hacer lo propio con un objeto intelectual, como Dios o un ente del que se predique la infinitud, hay que razonar. Así obra el principio de razón suficiente: todo tiene una razón de ser, visible o invisible, y es indiferente el modo en que lo expresemos, ya sea afirmando, ya negando. Ahora bien, todo lo relativo a Dios y a la causa primera remite a un infinito potencial. Por tanto, quienquiera que trate sobre estas cuestiones no está exento de presentar prueba.
Lo dicho es aplicable a toda entidad que o bien no sea física y guarde alguna relación racional con el mundo, o bien sea física y remita a un infinito potencial, el cual conlleva forzosamente una suposición del intelecto. Una tetera que orbite a una distancia tal que resulte indetectable para nosotros es completamente superflua y no guarda una relación racional con el mundo, pues nada explica, como sí lo hace un Dios del que se afirma es causa primera del mismo. Por otro lado, "universo" es sólo una palabra con la que nos referimos al fragmento del universo que vemos y nos esforzamos por entender, del que podemos establecer algunas leyes y regularidades, pero también a todo lo que no vemos en él y estamos obligados a presuponer en un sentido u otro; por ejemplo, su eternidad o su origen en el tiempo. Luego, siendo estrictos, ni Dios ni el universo son objetos físicos, el uno por su propia definición y el otro por la limitación de nuestros sentidos. Es por ello absurdo tratar cuestiones metafísicas como si fueran físicas.
La termodinámica, según la cual la materia ni se crea ni se destruye, nos induce a pensar que nada de lo que existe posee en sí mismo la razón para empezar a ser o dejar de ser; señala la contingencia de todos los fenómenos. En consecuencia resulta impensable, en base a la misma termodinámica, que el universo sea por sí mismo, es decir, sin comienzo y sin causa fuera de sí. Si la materia no es creada, preexiste. Si preexiste, o es por su propia virtud -puede autocrearse- o es por la de otro ente -es causada. Si el ente es inmaterial, diremos que no sólo hay causación, sino también creación. La tercera alternativa es que materia y energía surjan de la nada. Ahora bien, en ese caso también Dios puede surgir de la nada y no cabrá pedirme prueba alguna de su existencia.
Pero la divinidad no es menos capaz de acceder al corazón del hombre sin demostraciones, intuitivamente. El rechazo hacia el Dios personal es un capricho del sentimiento y no una conclusión asentada en razones. ¿Acaso creer en un Dios que ignora las plegarias es más razonable que creer en uno que las atiende? ¿Es más creíble para un ateo un Hefesto cojo que un Hermes alado? Homero invocaba a la Musa para que sostuviese su debilidad; Pitágoras escuchaba la inaudible sinfonía de las esferas; Sófocles, por boca de su Antígona, se estremecía ante el enojo de los dioses; y Sócrates juraba tener un demonio personal del que recibía admoniciones y consejos. Si Epicuro se creyó libre de toda tutela sobrenatural no fue por estimarlo más plausible, sino más soportable.
Se engaña quien crea que por negar algo no está afirmando nada, o quien suponga que hay afirmaciones sobre el mundo que no requieren prueba. Para afirmar la existencia de un objeto físico, al alcance de los sentidos, basta con mostrarlo y cerciorarse de que no se trata de una ilusión. Pero para hacer lo propio con un objeto intelectual, como Dios o un ente del que se predique la infinitud, hay que razonar. Así obra el principio de razón suficiente: todo tiene una razón de ser, visible o invisible, y es indiferente el modo en que lo expresemos, ya sea afirmando, ya negando. Ahora bien, todo lo relativo a Dios y a la causa primera remite a un infinito potencial. Por tanto, quienquiera que trate sobre estas cuestiones no está exento de presentar prueba.
Lo dicho es aplicable a toda entidad que o bien no sea física y guarde alguna relación racional con el mundo, o bien sea física y remita a un infinito potencial, el cual conlleva forzosamente una suposición del intelecto. Una tetera que orbite a una distancia tal que resulte indetectable para nosotros es completamente superflua y no guarda una relación racional con el mundo, pues nada explica, como sí lo hace un Dios del que se afirma es causa primera del mismo. Por otro lado, "universo" es sólo una palabra con la que nos referimos al fragmento del universo que vemos y nos esforzamos por entender, del que podemos establecer algunas leyes y regularidades, pero también a todo lo que no vemos en él y estamos obligados a presuponer en un sentido u otro; por ejemplo, su eternidad o su origen en el tiempo. Luego, siendo estrictos, ni Dios ni el universo son objetos físicos, el uno por su propia definición y el otro por la limitación de nuestros sentidos. Es por ello absurdo tratar cuestiones metafísicas como si fueran físicas.
La termodinámica, según la cual la materia ni se crea ni se destruye, nos induce a pensar que nada de lo que existe posee en sí mismo la razón para empezar a ser o dejar de ser; señala la contingencia de todos los fenómenos. En consecuencia resulta impensable, en base a la misma termodinámica, que el universo sea por sí mismo, es decir, sin comienzo y sin causa fuera de sí. Si la materia no es creada, preexiste. Si preexiste, o es por su propia virtud -puede autocrearse- o es por la de otro ente -es causada. Si el ente es inmaterial, diremos que no sólo hay causación, sino también creación. La tercera alternativa es que materia y energía surjan de la nada. Ahora bien, en ese caso también Dios puede surgir de la nada y no cabrá pedirme prueba alguna de su existencia.
Pero la divinidad no es menos capaz de acceder al corazón del hombre sin demostraciones, intuitivamente. El rechazo hacia el Dios personal es un capricho del sentimiento y no una conclusión asentada en razones. ¿Acaso creer en un Dios que ignora las plegarias es más razonable que creer en uno que las atiende? ¿Es más creíble para un ateo un Hefesto cojo que un Hermes alado? Homero invocaba a la Musa para que sostuviese su debilidad; Pitágoras escuchaba la inaudible sinfonía de las esferas; Sófocles, por boca de su Antígona, se estremecía ante el enojo de los dioses; y Sócrates juraba tener un demonio personal del que recibía admoniciones y consejos. Si Epicuro se creyó libre de toda tutela sobrenatural no fue por estimarlo más plausible, sino más soportable.
Publicado por Frustración Voluntaria
lunes, 31 de mayo de 2010
El P. Lorenzo y su lenguaje más profundo
Ahora hace un año, a las afueras de la ciudad de Guatemala, Lorenzo Rosebaugh, Misionero Oblato de María Inmaculada, murió de un tiro traidor mientras conducía su vehículo yendo a una reunión de comunidad, acompañado de algunos de sus compañeros misioneros. El verdadero motivo detrás de este crimen quizás no se conozca nunca. Mirado superficialmente, parecía que no era más que un atraco violento, pero, dadas las circunstancias de la vida de Lorenzo y su lucha de por vida por la justicia a favor de los pobres, todos, yo mismo incluido, nos inclinamos a pensar que su asesinato fue más que una cuestión de estar en el sitio equivocado en el momento inoportuno. Demasiados elementos sugieren que aquello fue más que un simple accidente fortuito. Si no otra cosa, su muerte a tiros es de alguna manera simbólica: Lorenzo no estaba hecho para morir de edad avanzada en una cama confortable.
Conocí a Lorenzo por primera vez hace diez años en nuestra casa-madre en Aix-en-Provence, en Francia. Acababa él de regresar de un largo período en Latinoamérica, donde, entre otras cosas, había vivido varios años en las calles de Récife (Brasil) con sus pobres, sin techo o dirección postal fija. Una grave enfermedad le forzó a regresar a los Estados Unidos de América; y su comunidad oblata le destinó a Francia para un tranquilo sabático. Llegó allá sin saber hablar absolutamente ni palabra de francés. Sin embargo, cuando le encontré allí, menos de un mes después de su llegada, estaba sentado en la escalinata de la Iglesia, anexa a la residencia de nuestra comunidad, con una docena de “gente-de-la-calle”, reunidos a su alrededor. Estaban compartiendo comida y cigarrillos y una cierta especie de conversación. Parecía como un picnic en el parque.
No hay nada excepcional en esto, salvo que Lorenzo no sabía hablar ni una sola palabra en francés y que la gente que le rodeaba ni entendía ni sabía hablar inglés, portugués o español (sus lenguas conocidas). Sin embargo, parecía claro que se comunicaban unos con otros, y profundamente, de tal modo que al verlos provocaría la envidia de un extraño; y Lorenzo era el punto central del encuentro.
¿Cómo? ¿Cómo podemos hablar unos con otros sin comunicarnos en las lenguas ordinarias que conocemos?
Cuando el Evangelista Lucas describe el primer Pentecostés, nos dice que, después de recibir al Espíritu Santo, los primeros seguidores de Jesús salieron al público y comenzaron a hablar, y todos, absolutamente todos, oyeron las palabras de los discípulos como si estuvieran hablando en su propia lengua, cualquiera que fuera su etnia o lenguaje nativo. Las viejas barreras de la lengua materna alenguaje nativo no bloqueaban ya el oír o el comprender. El lenguaje dado por el Espíritu trascendía etnia y lengua nativa.
Resulta demasiado fácil para nosotros descartar esto como un milagro, como una intervención fundacional excepcional de Dios que ayudó a fundar la iglesia. Puede ser así, pero hay otra observación sobre esto: El lenguaje funciona a diferentes niveles.
En su nivel más obvio, el lenguaje depende de la palabra hablada y esa palabra se presenta siempre en una lengua determinada, por ejemplo, francés, inglés, español, chino. A este nivel, las palabras tienen gran poder, aunque relativo; pero pueden también decepcionar y mentir. Las palabras no siempre reflejan con fidelidad el corazón. Además, invariablemente las palabras nos fallan justamente cuando más las necesitamos, especialmente en situaciones de sentimientos profundos en las que la tragedia, la muerte y la traición nos dejan mudos.
Pero tenemos también otras clases de lenguajes: Además de la palabra hablada está el lenguaje corporal. Nuestros cuerpos hablan más alto y con más honestidad que nuestras palabras. A través de nuestro cuerpo, por medio de sus gestos y de los matices de su semblante y compostura, hablamos con más profundidad y autenticidad que con nuestras palabras.
Pero contamos con un lenguaje más profundo todavía: Con mayor profundidad que con el cuerpo, hablamos por medio del espíritu, por medio del lenguaje del Espíritu Santo, un leguaje que trasciende la palabra hablada y los gestos de nuestro cuerpo. ¿Cuál es el lenguaje del Espíritu?
El Espíritu Santo no es solamente una persona al interior de la Trinidad, desesperadamente abstracta y que sobrepasa nuestra comprensión. La Escritura nos dice que el Espíritu Santo está también muy concreto, imaginable y palpable al interior de la caridad, alegría, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, amabilidad y castidad – “frutos” del Espíritu Santo. A través de nosotros, estas actitudes hablan -por su presencia o por su ausencia- más alto y claro que todas nuestras palabras y gestos corporales.
Al fin, no nos engañamos unos a otros. Oímos más allá de las palabras dichas y de los gestos corporales expresados; más allá de lo que intentamos decirnos unos a otros explícitamente. El corazón lee al corazón y el espíritu se reconoce a sí mismo donde se ve a sí mismo reflejado. Así muchos de nosotros hablamos con pasión sobre nuestro amor a los pobres, pero los pobres no nos oyen, ni nos entienden, ni nos rodean, aun cuando nuestra dicción sea perfecta en su lengua nativa.
Mientras trabajó en Latinoamérica, Lorenzo Rosebaugh sólo chapurreaba el español y el portugués. Sin embargo, los pobres le oían, y entendían perfectamente lo que les decía. No hablaba francés, en absoluto, pero aún así era capaz de sentarse en la escalinata de la fachada de la iglesia, en Francia, y reunirse con la “gente-de-la-calle”, que sólo hablaba francés – y le entendían claramente, como si les hablara en su lengua materna.
Ése es el lenguaje de Pentecostés.
Conocí a Lorenzo por primera vez hace diez años en nuestra casa-madre en Aix-en-Provence, en Francia. Acababa él de regresar de un largo período en Latinoamérica, donde, entre otras cosas, había vivido varios años en las calles de Récife (Brasil) con sus pobres, sin techo o dirección postal fija. Una grave enfermedad le forzó a regresar a los Estados Unidos de América; y su comunidad oblata le destinó a Francia para un tranquilo sabático. Llegó allá sin saber hablar absolutamente ni palabra de francés. Sin embargo, cuando le encontré allí, menos de un mes después de su llegada, estaba sentado en la escalinata de la Iglesia, anexa a la residencia de nuestra comunidad, con una docena de “gente-de-la-calle”, reunidos a su alrededor. Estaban compartiendo comida y cigarrillos y una cierta especie de conversación. Parecía como un picnic en el parque.
No hay nada excepcional en esto, salvo que Lorenzo no sabía hablar ni una sola palabra en francés y que la gente que le rodeaba ni entendía ni sabía hablar inglés, portugués o español (sus lenguas conocidas). Sin embargo, parecía claro que se comunicaban unos con otros, y profundamente, de tal modo que al verlos provocaría la envidia de un extraño; y Lorenzo era el punto central del encuentro.
¿Cómo? ¿Cómo podemos hablar unos con otros sin comunicarnos en las lenguas ordinarias que conocemos?
Cuando el Evangelista Lucas describe el primer Pentecostés, nos dice que, después de recibir al Espíritu Santo, los primeros seguidores de Jesús salieron al público y comenzaron a hablar, y todos, absolutamente todos, oyeron las palabras de los discípulos como si estuvieran hablando en su propia lengua, cualquiera que fuera su etnia o lenguaje nativo. Las viejas barreras de la lengua materna alenguaje nativo no bloqueaban ya el oír o el comprender. El lenguaje dado por el Espíritu trascendía etnia y lengua nativa.
Resulta demasiado fácil para nosotros descartar esto como un milagro, como una intervención fundacional excepcional de Dios que ayudó a fundar la iglesia. Puede ser así, pero hay otra observación sobre esto: El lenguaje funciona a diferentes niveles.
En su nivel más obvio, el lenguaje depende de la palabra hablada y esa palabra se presenta siempre en una lengua determinada, por ejemplo, francés, inglés, español, chino. A este nivel, las palabras tienen gran poder, aunque relativo; pero pueden también decepcionar y mentir. Las palabras no siempre reflejan con fidelidad el corazón. Además, invariablemente las palabras nos fallan justamente cuando más las necesitamos, especialmente en situaciones de sentimientos profundos en las que la tragedia, la muerte y la traición nos dejan mudos.
Pero tenemos también otras clases de lenguajes: Además de la palabra hablada está el lenguaje corporal. Nuestros cuerpos hablan más alto y con más honestidad que nuestras palabras. A través de nuestro cuerpo, por medio de sus gestos y de los matices de su semblante y compostura, hablamos con más profundidad y autenticidad que con nuestras palabras.
Pero contamos con un lenguaje más profundo todavía: Con mayor profundidad que con el cuerpo, hablamos por medio del espíritu, por medio del lenguaje del Espíritu Santo, un leguaje que trasciende la palabra hablada y los gestos de nuestro cuerpo. ¿Cuál es el lenguaje del Espíritu?
El Espíritu Santo no es solamente una persona al interior de la Trinidad, desesperadamente abstracta y que sobrepasa nuestra comprensión. La Escritura nos dice que el Espíritu Santo está también muy concreto, imaginable y palpable al interior de la caridad, alegría, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, amabilidad y castidad – “frutos” del Espíritu Santo. A través de nosotros, estas actitudes hablan -por su presencia o por su ausencia- más alto y claro que todas nuestras palabras y gestos corporales.
Al fin, no nos engañamos unos a otros. Oímos más allá de las palabras dichas y de los gestos corporales expresados; más allá de lo que intentamos decirnos unos a otros explícitamente. El corazón lee al corazón y el espíritu se reconoce a sí mismo donde se ve a sí mismo reflejado. Así muchos de nosotros hablamos con pasión sobre nuestro amor a los pobres, pero los pobres no nos oyen, ni nos entienden, ni nos rodean, aun cuando nuestra dicción sea perfecta en su lengua nativa.
Mientras trabajó en Latinoamérica, Lorenzo Rosebaugh sólo chapurreaba el español y el portugués. Sin embargo, los pobres le oían, y entendían perfectamente lo que les decía. No hablaba francés, en absoluto, pero aún así era capaz de sentarse en la escalinata de la fachada de la iglesia, en Francia, y reunirse con la “gente-de-la-calle”, que sólo hablaba francés – y le entendían claramente, como si les hablara en su lengua materna.
Ése es el lenguaje de Pentecostés.
martes, 8 de septiembre de 2009
El humor de Dios, de los santos y de los otros
No hace mucho que publiqué un artículo en una revista italiana sobre “La Vida Religiosa y el sentido del humor”. Cuando se lo ofrecí al Director casi me daba vergüenza; pensaba que podía parecer un tema poco serio e incluso ridículo. Pero, cual fué mi sorpresa cuando, a vuelta de e-mail, me respondió: “Al contrario, se lo publicamos enseguida. ¡Necesitamos tanto sentido del humor...!”. Por eso no me da miedo volver hoy a hablar del humor de los cristianos. ¿No decían los antiguos maestros de espíritu: un santo triste es un triste santo?La idea me ha venido leyendo este verano un libro que acaba de salir. El autor es un tal F. Castelli, y se titula “A la salida del túnel” (2009). Tiene un capítulo sobre el humor de los santos. A él me voy a referir, entre otras cosas.
El famoso dramaturgo E. Ionesco (1912-1994) decía que sólo el humorismo pueda darnos serenidad, envueltos como estamos entre el sufrimiento y la muerte, el misterio y el absurdo. Ahora bien, el humorismo puede ser desesperado, cruel, amargado, corrosivo..., o benévolo, abierto a la trascendencia, fruto de la fe, parte de aquella sabiduría que es don del Espíritu Santo: basta pensar en el humor de santa Teresa de Ávila (1515-1582), san Felipe Neri (1515-1595), santo Tomás Moro (1478-1535), el beato Juan XXIII (1881-1963), G. K. Chesterton (1874-1936)...
¿En qué consiste el sentido del humor? Es la capacidad de darse cuenta de los aspectos cómicos y contradictorios de la vida, y reirse de ellos con una comprensión benévola, una mirada que va más allá, una inteligencia nueva que relativiza lo que tendemos indebidamente a absolutizar. A diferencia de lo puramente cómico, que se alimenta de los absurdos de la vida para divertir y divertirse, y de la ironía, que hiere y destruye (así son la mayor parte de nuestros chistes), el humorismo nace del hecho de darse cuenta de las miserias humanas acompañándolas luego con una actitud de comprensión compasiva y constructiva; divierte, pero sobre todo da que pensar. No es la carcajada descompuesta, sino la sonrisa a veces incluso ancha y sonora. De este modo, una situación seria se vuelve jocosa, y viceversa, creando una atmósfera que acerca a las personas, las comprende y hermana.
Para ello, el humorista necesita haber adquirido una buena dosis de sabiduría humana, fruto de la experiencia, y una notable capacidad de observación, tanto de los demás como de sí mismo. En él se anida una extraordinaria fuerza de soportación y una irrefrenable libertad del ser. No ignora las miserias de la vida, ni se pone ante ellas como juez; sino que las contempla con benignidad y medida, desmitizando toda falsa idolatría. De ahí que el niño y la persona inmadura, cerrada sobre sí misma, sean incapaces de humor. ¡Cuántos sujetos andan por ahí siempre tensos, nerviosos, tomándoselo todo tremendamente en serio, comenzando por sí mismos! Individuos para los cuales cada problema es una tragedia, cada novedad una herejía, cada crítica una calamidad, cada protesta una revolución... El cristiano danés S. Kierkegaard (1813-1855) dedujo que el humorismo era la mayor aproximación de lo humano a lo cristiano. Aunque a alguno le pudiera parecer lo contrario, el humorismo y la fe cristiana van perfectamente de acuerdo, lo cual no quita que haya muchos cristianos que no tengan sentido del humor; en realidad, demuestran no haber llegado todavía a la madurez de su fe.
Efectivamente, el hombre de fe sonríe ante las pretensiones y la soberbia del dictador y la arrogancia y prepotencia del rico o poderoso de este mundo, porque sabe que son hombres como los otros, y un día no quedará de ellos más que un poco de polvo, igual que del pobre y del oprimido: “...No temas si alguien se enriquece, / cuando crece el boato de su casa. / Que al morir, nada ha de llevarse, / no bajará su boato con él... / El hombre opulento no entiende...” (Sal 49,17-21). Por eso, Dios es el humorista por excelencia: Él, que es infinito, ha querido someterse a las posibilidades, limitaciones y a veces ridiculeces de nuestro ser humanos, de nuestro creernos dioses (Gen 3,5): “... El que habita en el cielo se ríe...” (Sal 2,4). Efectivamente, “lo plebeyo y despreciable ha escogido Dios; lo que no es para reducir a la nada lo que es” (1Cor 1,28). Contra la trágica arrogancia de Pedro (“Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré”: Mc 14,31, y sabemos lo que sucedió poco después, no obstante que Cristo le hubiera advertido: Mc 14,66-72), Cristo le responde con sentido del humor, porque ve más allá de la actitud del apóstol, inconsciente de sus límites; le mira con amor y comprensión, con confianza y promesa de perdón: “... Pedro, antes de que hoy cante el gallo habrás negado tres veces que me conoces... Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos...” (Lc 22,31-34). Como decía el salmista: “... (Dios) conoce de qué estamos hechos, / sabe bien que sólo somos polvo” (Sal 103,14); Él comprende nuestra miseria y nos arropa con su amor y misericordia, ternura e indulgencia paternas -con Su sentido del humor-, porque no olvida nunca que, a pesar de todo, somos sus hijos (cf. Lc 15).
Todo ello permite a los grandes cristianos reirse incluso de sí mismos, desdramatizar y relativizar, mirando las cosas –incluída la propia muerte- desde la fe viva y la esperanza cristiana. Como Tomás Moro que, al subir la escalera crujiente del patíbulo, dijo al guardia: “Por favor, señor lugarteniente, ¿podéis darme una mano para subir seguro? Luego, para bajar, ya me arreglaré yo solo...”; y al verdugo: “Amigo, ¡ánimo!, cumple tu oficio sin temor. Pero, mira que tengo el cuello más bien corto; está atento para golpear recto, para no manchar tu buen nombre...”. El beato Juan XXIII decía poco después de su elección al pontificado: “El Espíritu Santo me ha elegido a mí; se ve que quiere trabajar Él solo. Tengo la sensación de que soy como un saco vacío que el Espíritu Santo llena improvisamente con su fuerza”; y a una religiosa a la que le oyó exclamar: “¡Dios mío, qué gordo es...!”, le respondió con su típica sonrisa campesina: “Hermanita, el cónclave no era un desfile de modelos...”.
Un teólogo nada superficial como Henri de Lubac (1896-1991) citaba el consejo, lleno de sabiduría y humor, de un cenobita anónimo: “Si tu alma está turbada vete a la iglesia, póstrate y reza. Si tu alma continúa todavía turbada, vete a encontrar a tu padre espiritual, siéntate a sus pies y ábrele tu espíritu. Y si tu alma está siempre turbada, vete a tu celda, acuéstate sobre la estera y duerme...”.
Quizás sea una opinión muy personal; pero, a veces tengo la sensación de que en la Iglesia nos falta una cierta dosis de humor...
Arrivederci!
J. Rovira, cmf.
martes, 1 de septiembre de 2009
El perdón es más dulce que la venganza
Posiblemente más de una vez hemos escuchado aquello de que “la venganza es un plato dulce que se sirve frío”. Y es bastante posible que alguna vez lo hayamos experimentado.Si alguien me hace una “mala jugada” puedo reaccionar de forma inmediata, y de distintas maneras. Pero dicen que es “mejor” guardártelo, y cuando la otra persona no lo espere, vengarte. Dicen que es más gratificante.
Se trata de un razonamiento demasiado extendido, pero engañoso.
La teoría de la “venganza fría” encierra una gran mentira. Salvo que sea una persona masoquista, mientras dejo pasar el tiempo, esperando mi momento, me va recorriendo por dentro la bilis que me hace la existencia más amarga de lo que ya puede ser por sí misma.
En realidad, toda forma de venganza, sea fría o caliente, es una gran falsedad humana. Expresa una forma de entender mi vida y mi relación con los demás que esconde una profunda debilidad.
Quien utiliza la venganza está proclamando a los cuatro vientos: “para que yo me sienta feliz, necesito que el otro sea infeliz”. En el fondo me valoro tan poco que necesito pisotear a alguien para sentir que soy alguien. ¡Pobre del que necesita de la venganza para sentirse persona! Su gozo momentáneo se convertirá en una espiral de amarguras.
Una propuesta incomprensible
Lo del “ojo por ojo y diente por diente” formaba parte de la ley religiosa en tiempos de Jesús. Pero como tantas normas religiosas, en vez de acercar a Dios y hacer a la persona más humana, nos aleja de Dios, nos hace más inhumanos y terminan por convertirnos en seres permanentemente amargados.
Claro que era una ley que estaba escrita en la Biblia. Por eso, la propuesta de Jesús resultó incomprensible para sus contemporáneos.
El Maestro de Nazaret habla repetidamente del perdón y lo pone como condición para acercarse a Dios: “Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).
Y Jesús va aún más allá: “Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (…). Vosotros, pues, sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre celestial” (Mt 5, 44-48).
Era pedirles demasiado a aquellos hombres y mujeres que desde hacía poco tiempo lo seguían por curiosidad más que por otra cosa. Después de dos mil años sigue siendo pedirnos demasiado a nosotros que nos consideramos cristianos, pero no hemos comprendido, como dice la liturgia que “el poder de Dios se manifiesta en el perdón y la misericordia” (Oración de la Misa del Domingo 26º).
El poder y la felicidad
Dios quiere que el hombre sea poderoso. Pero no a través del poder de la fuerza, del dominio, del aplastar al otro… Dios quiere que seamos poderosos a través del amor, que va más allá de un sentimiento, y se manifiesta en la capacidad de perdón y de misericordia.
Las frases de Jesús que hemos citado más arriba, las pronuncia inmediatamente después de proclamar la bienaventuranzas, después de proclamar “felices” a los que se empobrecen para compartir, a los que lloran ante la injusticia, a los que no actúan con doble intención, a los que son perseguidos por practicar la justicia.
Ése es el camino de la felicidad y el que da verdadero “poder” al hombre. Toda otra forma de poder es una caricatura macabra que lleva a la violencia y al sufrimiento.
El perdón, trabajo misionero
Basta que des una ojeada a esta revista misionera que tienes en las manos, o a cualquier otra, que entres en cualquier página Web relacionada con el Tercer Mundo para que te encuentres numerosas –demasiadas- noticias marcadas por la violencia.
Es en esas situaciones donde los misioneros estamos llamados a anunciar la Buena Noticia del Evangelio, a proclamar la voluntad de Dios de que el hombre sea feliz y viva una vida plena, donde el dolor y el sufrimiento queden desterrados.
Por eso es parte fundamental de nuestra tarea anunciar el perdón, crear las condiciones para que ese perdón sea posible, para que se haga realidad la reconciliación.
No es tarea fácil. Con frecuencia nos enfrentamos a realidades donde el odio y la venganza llevan años o siglos arraigados.
Y es ahí donde se nos pide ser testigos de que “el perdón es más dulce que la venganza”.
jueves, 20 de agosto de 2009
De vuelta a España, ¡qué vieja está la feligresía!
Publicado por Una Iglesia Provocativa
Acabo, como quien dice, de volver de Londres, y aunque espero poder seguir digiriendo y comentando lo vivido allí, he de confesar que estoy en un cierto estado de shock.Será porque con eso de viajar tanto, y conocer tantos sitios y personas, uno no puede evitar convertirse en algo guiri en sus costumbres y actividades. Y lo mismo que todavía me cuesta eso de comer a las tres de la tarde, tras un mes comiendo a las doce y media de la mañana y cenando a las siete de la tarde, también me cuesta volver a ciertas costumbres y prácticas de mi parroquia.
Por supuesto que, como con la comida, muchos saldrán con lo de “como en España ni se come ni se vive en ninguna parte” Si son felices con el jamón, los toros, la siesta y las visitas veraniegas a la ermita, me congratulo por ellos; a mí también me encantan todas esas cosas, lo que no quita para que me dé cuenta de que hay cosas interesantes allende los pirineos.
Pero vamos al tema. Por un lado, hogar dulce hogar; Roma, dulce hogar, como el título del apasionante libro de Scott Hahn. Tras un mes entre anglicanos sienta bien esto de volver a las misas de mi parroquia, y al día a día de lo ordinario, en donde se esconde lo extraordinario.
Pero, por gustoso que me resulte ir a misa a recibir al Señor, mi primera experiencia, de vacaciones en Levante, ha sido ir a una parroquia llena de gente un poco entradita en años, y de vuelta a Madrid, aunque la cosa mejora, la feligresía que observo me sigue suponiendo un contraste tremendo con la realidad que he vivido en Inglaterra.
Algún otro día me meteré con el tema de la estadística. Sólo adelantar, que si en mi parroquia, que se supone que es de las más grandes de España y de las más jóvenes, sólo contáramos a la gente que no peina canas, quedarían muy poquitos jóvenes en relación al ingente número de personas que asiste a diario y los domingos a la misma.
Todo en la vida es cuestión de a quién te compares, y las comparaciones son odiosas. Para mí llegar de Home Focus, una convivencia de toda la parroquia en la que estaba, Holy Trinity Brompton, a la que asisten 1.800 personas, y en la que te das cuenta que con treinta y pico años ya te consideran casi un anciano, da mucho que pensar.
La reflexión para mí es que frente al lugar común de decir que “a los jóvenes no les interesa la iglesia”, y el discurso aislacionista e involucionado que predica la vuelta a lo anterior como receta mística para la conversión del mundo, hay una generación que estamos perdiendo y que sí vendría a la iglesia si se lo pusiéramos más fácil.
Ponerlo más fácil, no es rebajar la doctrina, ni relajar las costumbres; eso ya lo han intentado muchos y han fracasado, a los números me remito.
Ponerlo más fácil, es darse cuenta de que la Iglesia tiene un mensaje no sólo relevante para el mundo de hoy, sino crucial para todo el mundo entero, y reconocer que el mensaje no se predica solo, sino que viene envuelto en un envoltorio que hay que hacer atractivo para la gente. El regalo no puede cambiar, el envoltorio sí. Pero esto implica ponerse al cabo de la calle, aprender a hablar en el idioma de la gente, no demonizar la cultura de fuera y aprender a proponer la verdad a gente que sólo nos va a escuchar si se sienten acogidos y respetados en su verdad, por imperfecta que nos resulte.
Los obispos de Latinoamérica, el CELAM, con cuyo seminario teológico tengo el placer de trabajar, lo tienen muy claro. Han lanzado lo que se llama La Misión Continental, y en ella explican que la Iglesia entera debe ponerse en estado de misión, y entre otras cosas renovar las estructuras pastorales caducas…
¿Estamos dispuestos a reconocer que se nos han caducado las estructuras, que se nos han caducado los fieles que vienen a misa, que no existe recambio suficiente y que la Iglesia no está llegando a esta sociedad en la que vivimos?
Creo que si lo estamos, entonces, aunque peinemos canas, podemos ser la iglesia que sirva de base para la vuelta de tantos y tantos a Cristo, a través de su Esposa, y mediante el conocimiento de la única verdad que predicamos: a Cristo, y este crucificado.
En fin…que hay mucha tela que cortar y espero ponerme a ello, si las ocupaciones estivales me lo permiten.
No obstante estar de vuelta, seguiré contando historias de gente con la que he estado en el Reino Unido, como la del inglés Pete Greig, creador de 24/7, un movimiento de oración que está arrasando por el mundo entero, o la del estadounidense Claire Sharebone, un americano que inspirado por la Madre Teresa tras vivir tres meses en la India con ella, ha creado una red de comunidades urbana-monásticas en Estados Unidos, que viven con los más pobres.
lunes, 17 de agosto de 2009
APRENDER A EQUIVOCARSE
Una de las virtudes-defectos más cuestionables: el perfeccionismo.
Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.
He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.
Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.
Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.
Así es, como decía Maxwel Brand: "Todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error".
Por eso, en las personas, siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen. Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.
Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.
Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".
Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.
No vale realmente la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.
Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.
He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.
Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.
Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.
Así es, como decía Maxwel Brand: "Todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error".
Por eso, en las personas, siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen. Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.
Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.
Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".
Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.
No vale realmente la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.
lunes, 10 de agosto de 2009
Diez frases de Rabindranath Tagore
Publicado por Ecclesia Digital
1.- "No llores por haber perdido el sol porque las lágrimas te impedirán ver las estrellas". (R. Tagore)
2.- "La vida es un don, que sólo merecemos dándolo". (R. Tagore)
3.- "Cuando el camino me canse, no te pediré que me hables, sino que me des tu mano". (R. Tagore)
4.- "He venido a ti para que me toques con Tu mano antes de comenzar yo mi día. ¡Descansa un momento tus ojos en mis ojos; déjame que me lleve a mi trabajo la certeza de tu amistad, Amigo mío!". (R. Tagore)
5.- "Sé como el sándalo, que perfuma las hachas que lo cortan". (R. Tagore)
6.- "No llores por haber perdido el sol porque las lágrimas te impedirán ver las estrellas". (R. Tagore)
7.-"Acéptame, Señor, cógeme este rato; y que se lleve el olvido los días huérfanos que pasé sin ti. Tiende este momentillo mío, descansadamente, en tu falda y tenlo bajo tu luz." (R. Tagore)
8.- "¡Déjame ahora que me siente tranquilo a escuchar tus palabras en el corazón de mi silencio! ¡No apartes tu cara de los oscuros secretos de mi alma, sino enciéndelos hasta consumirlos en tu fuego!". (R. Tagore)
9.- "Ojalá que yo pueda hacer de mi vida semejante a una flauta de caña; sencilla, derecha y toda llena de música". (R. Tagore)
10.- "Las palabras van al corazón cuando han salido del corazón". (R. Tagore)
2.- "La vida es un don, que sólo merecemos dándolo". (R. Tagore)
3.- "Cuando el camino me canse, no te pediré que me hables, sino que me des tu mano". (R. Tagore)
4.- "He venido a ti para que me toques con Tu mano antes de comenzar yo mi día. ¡Descansa un momento tus ojos en mis ojos; déjame que me lleve a mi trabajo la certeza de tu amistad, Amigo mío!". (R. Tagore)
5.- "Sé como el sándalo, que perfuma las hachas que lo cortan". (R. Tagore)
6.- "No llores por haber perdido el sol porque las lágrimas te impedirán ver las estrellas". (R. Tagore)
7.-"Acéptame, Señor, cógeme este rato; y que se lleve el olvido los días huérfanos que pasé sin ti. Tiende este momentillo mío, descansadamente, en tu falda y tenlo bajo tu luz." (R. Tagore)
8.- "¡Déjame ahora que me siente tranquilo a escuchar tus palabras en el corazón de mi silencio! ¡No apartes tu cara de los oscuros secretos de mi alma, sino enciéndelos hasta consumirlos en tu fuego!". (R. Tagore)
9.- "Ojalá que yo pueda hacer de mi vida semejante a una flauta de caña; sencilla, derecha y toda llena de música". (R. Tagore)
10.- "Las palabras van al corazón cuando han salido del corazón". (R. Tagore)
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