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sábado, 19 de mayo de 2012

Pasar de largo



Es habitual escuchar aquello de que lo importante, con respecto a los asuntos de la fe, es experimentar a Dios. Y quienes dicen esto entienden, por lo común, que de lo que se trata es de tener buenas sensaciones cuando uno se dirige a Dios o, de algún modo, lo tiene presente. Una vez más, nuestra sensibilidad acaba siendo la medida de lo real. Así, uno dice que ha tenido una experiencia de Dios en el mismo sentido en que puede decir que ha tenido una gran experiencia por haber hecho puenting o visitado las cataratas del Niagara. Pero en verdad no hay ahí experiencia, sino simplemente un cóctel de sensaciones intensas. Y eso quizá sea suficiente para el consumidor, pero no para quien sepa de qué va este asunto. Pues lo cierto es que en toda experiencia, lo experimentado es, precisamente, aquello que no acaba de ajustarse a los estrechos moldes de nuestra receptividad o, por decirlo con otras palabras, aquello que sigue estando pendiente en el hecho mismo de hacerse presente. Hablamos, al fin y al cabo, de una alteridad tout court. De ahí, que Dios estrictamente sea eso que echamos en falta en toda experiencia de Dios.

Muchos creyentes se llenan la boca con esto de su experiencia de Dios. Pero quizá podrían de vez en cuando preguntarse cuál podría ser la experiencia que Dios tiene de ellos. Pues en cristiano lo decisivo con respecto a Dios no se decide del lado del hombre, sino del lado de Dios. Ahora bien, de preguntárselo, probablemente no podrían evitar un cierto rubor. Pues es sabido —¡y esto es lo que sabemos ciertamente de Dios!— que esa experiencia no puede ser otra que la que tiene el pobre de nosotros. Y es así que Dios diría del hombre lo que muchos también dicen de Dios, a saber, que es aquél que pasa de largo.

El texto está extraído del blog personal del autor: http://kobinski.wordpress.com/2012/05/09/experience-of-god/

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martes, 1 de mayo de 2012

Números y realidad para el 1 de Mayo de 2012



“…Los representantes de los obreros de diferentes países, resolvieron fijar el primero de Mayo de 1890 como fiesta universal de obreros con el objeto de iniciar de nuevo y con mayor impulso y energía, en campo ampliado y armónica unión de todos los países, esto es, en fraternidad internacional, la propaganda en pro de la emancipación social”, decía el “Manifiesto a todos los Trabajadores de la República Argentina. ¡1 de Mayo de 1890!. ¡Trabajadores!. Compañera: Compañeros: ¡Salud!. ¡Viva el primero de Mayo: día de fiesta obrera universal!”.

Aquella fecha surgió como consecuencia de la gran huelga protagonizada por más de 300 mil trabajadores norteamericanos el primero de mayo de 1886 que exigía no solamente las ocho de trabajo sino también el fin de la explotación contra un millón setecientos mil chicas y chicos de diez y quince años que soportaban jornadas de 14 a 16 horas diarias y la construcción de un mundo nuevo basado en la solidaridad y la justicia social.

Ciento veintiséis años después, la Argentina presenta una geografía existencial que contrasta con los números oficiales que predican una realidad más vinculada al deseo que a la cuestión concreta.

Al revisar las cifras del propio Ministerio de Trabajo de la Nación, aparecen los accidentes laborales.

En la Argentina del presente se producen 630.766 accidentes laborales por año, 1.752 por día.

73 accidentes laborales por hora, más de uno por minuto en la Argentina del tercer milenio.

Y, según se mida, entre dos y más de veinte personas pierden la vida cada veinticuatro horas en el país que durante décadas fue faro de los derechos laborales en el mundo.

De tal forma, es necesario tomar conciencia que muchos de los buscan ganarse la vida la terminan perdiendo.

Como decía Pitágoras, del otro lado de la cifras está el secreto del universo, de la vida.

Para la cartera laboral hay solamente un 6,7 por ciento de desocupados.

Pero la misma repartición informa que el 34,3 por ciento de los asalariados no está registrado.

Es decir que más de la tercera parte de los trabajadores en la Argentina actual está precarizada aún para las mismísimas cifras oficiales del Ministerio de Trabajo de la Nación.

Ese grado de precarización demuestra la permanencia de la matriz de los años noventa, donde el trabajo en blanco era elegido como objetivo por los sectores empresariales para mantener sus tasas de ganancias.

En la Argentina, durante mucho tiempo, se sostuvo que “los únicos privilegiados eran los niños”.

La página oficial del Ministerio de Trabajo de la Nación informa que el 6,5 por ciento de las niñas y niños de cinco a trece años tiene actividades laborales.

Una cifra aproximada de 664.449 chicas y chicos, según el último censo de población del año 2010.

Sin embargo, para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina el número asciende a más de un millón cuatrocientos mil pibas y pibes en esa situación.

Cifra parecida a aquella que marcaban los anarquistas y dirigentes sociales que impulsaron el primer primero de mayo de la historia.

Realidades que continúan y que hacen del día internacional de los trabajadores una fecha para protagonizar la construcción de un presente distinto donde la realidad se haga de acuerdo a la existencia de los que son más y no siga deformada por la falsificación de números y recortes intencionados.

Fuentes: Ministerio de Trabajo de la Nación; Observatorio del Derecho Social y Observatorio de la Deuda Social.

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Uno de Mayo ¿Fiesta del Trabajo o Borrachera del Capital?



El Dios de la Biblia puso al hombre la tarea del trabajo, es decir, del esfuerzo sudoroso para labrar la tierra y producir los bienes necesarios para mantener la vida.
--Los pájaros del cielo no trabajar para alimentarse, ni los lirios para vestirse de hermosura, porque existe una Providencia que les viste y alimenta.
-- El hombre, en cambio, debe trabajar, sembrar el campo, hilar el algodón o el lino si quiere mantenerse.
El trabajo ha sido fuerte, ha sido duro a lo largo de los siglos, de manera que el poeta ha podido distinguir a los hombres entre aquellos que son ricos, como clérigos y nobles (¡no trabajan!), y los otros, los que viven de sus manos, agricultores y obreros (Jorge Manrique).


Pero el duro trabajo ha podido convertirse a lo largo del siglo XVIII-XIX (en especial en occidente) en medio de liberación. Los trabajadores han tomado conciencia de su poder y, de alguna forma, han creado con su esfuerzo (y su sufrimiento) nuevas condiciones humana, nuevas libertades laborales y sociales… Como signo de esa conciencia del poder del trabajo que crea libertad nació esta fiesta del trabajo (1 de Mayo), que la Iglesia católico acabó aceptando bajo el “patrocinio” de San José Obrero.

Pues bien, año 2012, parece que casi todos se han unido para “reventar” la fiesta del trabajo.

-- Ni las Iglesias se atreven a recordar a San José Obrero…
-- Ni los sindicatos parecen dispuestos de verdad a salir a la calle...
-- Y los políticos no saben qué hacer con el trabajo (¡a no ser despedir más y más obreros!)…

¿Qué hacer?

Al menor repensar lo que supone la Fiesta del Trabajo, y tomar fuerzas para mantenerse y aprender en los duros años de exilio que nos esperan. Buen día a todos los que tenéis trabajo... y también a los que no lo tenéis... A todos quiero dedicar este post con mucho amor, con un poco de rabia.

INTRODUCCIÓN. UN RECUERDO. DE SAN JOSÉ OBRERO A LA TRINIDAD SATÁNICA

Aun recuerdo mis primeros unos de mayo, en Durango, cuando no había vacación escolar, ni fiesta en las fábricas (el año 1951-1952), cómo íbamos los niños escondidos y con miedo al colegio, porque aparecían por la calle manifestaciones de obreros, perseguidos por los grises. (Teníamos, en cambio, vacación el 2 de Mayo, por fiesta nacional de lucha en contra de los franceses).

Aquello pasó, Franco acabó aceptando el Uno de Mayo convertido en fiesta folclórica de los logros del régimen… con niñas bailando en trajes regionales, con gentes llevando sus frutos por la Gran Vía o la Castellana...

Y así pasaron los años, de modo que los sindicatos tomaron la fiesta como suya. Y volvieron a pasando los años… Y no sé si este año de Dios (2012) podrán salir “procesiones de trabajadores” cantando la alabanza del trabajo, hablando del valor del trabajo…

Porque el trabajo, en general, ha dejado de ser “duro” (en occidente)… pero ha dejado de ser también liberador, para volverse bien escaso, en manos de capitales y mercados, que no valoran el trabajo humano, ni buscan la fraternidad, sino el triunfo del propio capital.

¿Podrá celebrarse la Fiesta del Trabajo en un tiempo y un año en que se está destruyendo concienzudamente gran parte del trabajo?

¿Podrá hablarse del Dios del trabajo, o de San José Obrero, patrono de los trabajadores, en un tiempo en que el trabajador vuelve a ser en gran parte esclavo de un capital y un mercado pervertido, al servicio de sí mismo y no del hombre?

Siga leyendo mi manifiesto quien quiera acompañarme en este día de llamada al trabajo que libera, es decir, de llamada al don y tarea de la fraternidad que produce par bien de todos.

Sí, quiero tratar de la Trinidad...

La Trinidad cristiana estaba formada por el Padre Dios, el Hijo Jesucristo (que éramos todos los hombres) y el Espíritu Santo (que era la comunión o amor entre Dios y los hombres, entre todos los hombres y mujeres).

Pero ahora ha surgido una Trinidad distinta, formada por Dios-Capital (que no es Padre, sino monstruo que todo lo devora), por el Hijo-Empresa, que no redime, sino que produce bienes de consumo al servicio de los privilegiados del sistema, y por el Espíritu-Santo-Mercado, que no es comunión de amor, sino forma de dominio de unos sobre otros

1. Dios Padre, el Capital.

Parece providente, ofrece beneficios tangibles a sus siervos y devotos, pero, conforme a la acepción que judíos y cristianos daban a ese término, es un «ídolo»: No es fuente de gracia (creador), ni comunicación real, sino Mamona, poder que domina sobre todos los grupos y personas (cf. Mt 6, 24). Vale en sí y sólo para sí, como principio al que todo lo demás se subordina.

En contra de todos los posibles ensueños politeístas post-modernos (que hablan de nuevos dioses y nuevas libertades), parece que sólo hay un Dios imperante, que no es Yahvé, Allah, ni el Padre Padre, ni el Tao, ni el Nirvana, ni Brahman… sino el Capital todopoderoso, que domina sobre todo, imponiendo su dictado.

En otro tiempo, los devotos de Dios se levantaban y elevaban la frente hacia el misterioso origen de la vida, para elevar una alabanza… Hoy amanecen pensando en las agencias del Dios Capital, para ver cómo funciona eso del Ibex, y el Valor de la Renta… cómo se vende y se compra el Dinero. En manos de ese Dios implacable nos hallamos, trabajemos o no trabajemos, que en el fondo da lo mismo, de su “suerte” (es decir, de su capricho) dependemos…

2. Dios Hijo, Empresa “trabajadora” ¿Viva el Trabajo? ¿Muera este tipo de trabajo?

Del Padre Dios nacía el Hijo Jesucristo, la bella humanidad, cuerpo hermoso, alma brillante, como en la creación de la Sixtina, desnudos ambos, Padre e Hijo… Pero ahora, del Padre-Capital nace un Hijo Empresa, para honra y gloria del Capital, para mantener a los hombres sometidos a su poder supremo.

Hombres y mujeres vivían antaño en contacto inmediato con la realidad, campo y mar, lluvia y cosecha, que eran signo de Dios (hierofanía); las nuevas religiones han destacado la importancia de los enviados de Dios (Cristo o Mahoma, Buda o Krisna). Todos, de un modo o de otro, trabajaban por impulso de Dios para producir unos bienes que les capacitaran para vivir, con dureza, muchas veces fastidiados, pero sabiendo que merecía la pena trabajar (en general).

Pues bien, el sistema neo-liberal ha divinizado la empresa productora. Más que los bienes naturales o el trabajo personal, importa la «fábrica», que no crea vida, sino medios de consumo. Ella parece el Cristo actual y se eleva sobre grupos y pueblos, sin fronteras. Procede del Capital y le sirven, ofreciendo trabajo y consumo a sus beneficiados, como Mesías productor.

Pero el problema está en que la empresa de los trabajadores no crea “medios de consumo al servicio de la vida…”, sino que está empezando a producir medios para el disfrute de algunos. Muchas formas de trabajo no sirven ya para “redimir” y liberar a los hombres, sino para ponerles bajo la explotación del capital. Se producen miles y millones de “objetos de consumo inútil”, productos caros para los ricos (perfumes y joyas, vestidos y coches cada vez más costosos…), mientras aumentan las personas que no tienen nada.

Ciertamente, las fábricas son buenas, bueno es el producir para un consumo humano, para una elevación de los trabajadores… Pero hay un tipo de empresa vendida al puro capital, que especula con el trabajo y la vida de los hombres.

3. Dios Espíritu Santo, el Mercado.

Antes había naciones (unidades de generación), iglesias (castas, Shanga, pueblo, comunidad, Umma...) o estados, lugares de racionalidad social y de encuentro humano, moderados por la ley, al servicio de todos. Ahora los hombres tienden a comunicarse de un modo indirecto, a través del mercado, donde van los devotos a ver, admirar y comprar. Su influjo se extiende por doquier, de forma que todo se logra pagando. El mundo entero se ha vuelto una feria sin fin, una feria sin trabas, donde se compran y venden incluso (sobre todo) incluso personas, como decía el Apocalipsis de Juan, en una páginas famosa.

Éstas ideas no son mías, las escuche un día, hace muchos años, de boca de un famoso “funcionario” la ONU (Cf. R. PETRELLA, «Le Dieu du capital mondial»: Où va Dieu?, Revue de l’Univ. de Bruxelles 1999, 1, pp. 189-204). ¿Dónde va Dios? El Dios antiguo, el de la Biblia, bajaba a la caída de la tarde para dialogar con Adán, el desnudo y con Eva, la bella, en el jardín del Edén. Hablaban del trabajo del Paraíso y de la hermosura de la vida. Ahora Dios no baja… está en el mundo, haciéndose mercado, donde se vende la vida de niños y mayores, en tráfico de negros y de blancas, un mercado infinito, donde nada vale por sí misma, para sí mismo, sino para la venta infinita.

¿TRES DIOSES, UN SOLO DIOS? UNA GRAN PROTESTA

Antes decíamos que las tres “personas” (Padre, Hijo y Espíritu) formaban un único Dios. Ahora ya no hay personas, pero el “misterio” sigue… Capital-Empresa-Mercado forman el único Dios “impersonal” de este mundo. Esta es la trinidad dominante (Banco-Capital, Fábrica-Empresa, Comercio-Mercado), que define la infra-estructura del sistema y crea una super-estructura ideológica, a su propio servicio.

Así se expresa el Dios neo-liberal y mono-látrico (una única idolatría), que exige adoración suprema, aunque a su lado permita que existan otros dioses privados o menores (como el fútbol y los desfiles de modas, o las iglesias modosas), mientras no le estorben, ni impidan cumplir su cometido. Cada hombre puede cultivar sus sueños particulares de tipo estético o afectivo, familiar o religioso (si es que tiene tiempo para ello, si es que busca una parcela de independencia)…, de manera que el sistema parezca espacio de libertad formal, contra toda dictadura externa.

Pero esa libertad acaba estando al servicio del capital (que las empresas produzcan, que el mercado se extienda y lo domine todo), no de las personas y grupos marginados.

Antes se podría pensar que el capital podía estar al servicio de los hombres, y algunos (los más ingenuos) hasta lo creíamos… Hoy ya ni eso, ni los niños lo creen… Todos sabemos que el Capital se ha vuelto una especie de producto financiero, al servicio de sí mismo…

Ellos, los del capital (¿sus ministros, sus esclavos?) se han convertido en meros especuladores de dinero, marcando precios de rentas, poniendo notas a naciones y empresas, hundiendo a unas, elevando a otras, a capricho (es decir, para servicio propio, sin más norma que la propia gloria del dinero).

Muchos obreros con trabajo, muchos sindicatos... también se han vendido a la mentira de un sistema que destruye... que crea aprovechados, que favorece de algún modo a los que menos trabajan.

Esta religión del capital-mercado convierte en compra-venta los valores personales o afectivos, estéticos o lúdicos, para gloria de sí misma. Para ello necesita promover un tipo libertad de comunicación resulta nueva en la historia. Este es quizá el primer sistema que defiende una «tolerancia» básica, introduciendo expresamente en su estructura el poder de una comunicación universal, pero que tiende a ser mentirosa, es decir, que miente por principio para mantenerse (como la 2º Bestia de Ap 13, al servicio de la primera, que era ella misma, pero con otro nombre).

Han caído o están cayendo otros patrones de riqueza (como la ganadería y los productos agrícolas, como el y el petróleo, con el hierro...) y hemos puesto en el centro de todo la mera comunicación por la comunicación, pero una comunicación al servicio del Capital… El mundo entero se puede convertir en una empresa de comunicación de “mentiras” (de cosas fingidas, de bienes mentirosos)…

Éste es el mundo de los tres dioses que son uno: Capital, Empresa, Mercado…, un mundo donde al final no existen vencedores ni vencidos.

Los aparentes vencedores pueden perder sus valores personales ¿Qué vale ganar todo el mundo si pierdes el alma, la honradez, la vida auténtica?

Los vencidos pierden incluso la vida, quedando marginados: Nadie les mata físicamente, ni les impide escoger en teoría a su dios; pero al quedarse fuera de las redes del mercado dominante parece que no existen.

Surge así una situación de gran riesgo, que no es la muerte de Dios (a quien nadie puede matar, si es que existe), sino la muerte del hombre, que nosotros mismos podemos provocar, por la bomba, la manipulación genética y la angustia. Dios nos hizo para la vida (dice el libro de la Sabiduría…), pero nosotros somos capaces de procurarnos la muerte (si nos proponemos).

¿CELEBRAR EL DÍA DEL TRABAJO?

A pesar de todo lo anterior yo quiero celebrar mañana (hoy, 1 de Mayo del 2012) la Fiesta del Trabajo, es decir, la fiesta de una humanidad que es capaz de encontrar formas nuevas de situarse ante el mundo, “produciendo” formas nuevas de vida, en fraternidad…

Jesús dijo que él “trabajaba” siempre, lo mismo que su Padre…, lo mismo que el Espíritu Santo, que ha de ser la comunión en el trabajo de la vida de todos los seres humanos, al servicio de la misma vida.

La gran “revolución” del auténtico trabajo apenas ha empezado. Así quiero decirlo aquí, en nombre de la verdadera Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en contra de la trinidad satánica de un capital-empresa-mercado al servicio de la muerte.

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Las reformas laborales siguen ahondando en un modelo social profundamente inmoral


"La pobreza es un signo de la negación de Dios porque niega a la persona humana"
Publicado por Religión Digital

Los movimientos especializados de Acción Católica para la evangelización del Mundo Obrero: JOC (Juventud Obrera Cristiana), MTC (Mujeres Trabajadoras Cristianas) y HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) presentamos el comunicado "Mirar la realidad con esperanza" con motivo de la celebración del 1º de mayo, Día del Trabajo.

El 1º de Mayo es para nuestros movimientos tiempo de reflexión y discernimiento, de renovación del compromiso y de celebración de nuestra fe en el acontecer del mundo obrero y del trabajo.

Como parte de la Iglesia, debemos discernir desde el Evangelio los signos de los tiempos. Un discernimiento que a nosotros, movimientos de Acción Católica en el mundo obrero y del trabajo, nos hace preguntarnos cómo se anuncia y manifiesta la salvación de Dios en la realidad social que hoy vive el mundo del trabajo y qué es lo que está truncando su proyecto de fraternidad y justicia universal. ¿Hay hoy día buenas noticias para las personas empobrecidas?

Nuestro discernimiento nos debe ayudar a descubrir lo que en el actual contexto histórico, en las condiciones de vida y trabajo de tantas familias, existe como freno y ocultamiento del Reino de Dios, para transformar la realidad y colaborar a construir humanidad. Es la vida humana, lo más importante para Dios, lo que está en juego.

La pobreza, agravada por la crisis actual y por la mercantilización y precarización del trabajo, es un signo de la negación de Dios porque niega a la persona humana. Las causas de la crisis económica que padecemos y las distintas políticas que, desde hace años se vienen poniendo en marcha, siguen profundizando en una desigualdad estructural que sufre el mundo obrero y del trabajo, especialmente las personas más débiles: desempleadas, jóvenes, mujeres, inmigrantes...

Las reformas laborales, la reforma de las pensiones, las políticas de austeridad presupuestaria y de reducción en gastos sociales, la búsqueda de la competitividad a través de una devaluación interna de las condiciones de vida y trabajo de la ciudadanía, además de no contar con el respaldo de toda la comunidad política y económica, dentro y fuera de nuestras fronteras, siguen ahondando en un modelo social, profundamente inmoral. Así se niega el principio básico de humanidad que Juan Pablo II reclamaba:

"Las necesidades de los pobres deben tener preferencia sobre los derechos de los ricos; los derechos de los trabajadores, sobre el incremento de los beneficios"
(Toronto, 14 de septiembre de 2004).
Nuestra experiencia de encuentro con Jesucristo Resucitado nos hace mirar también la realidad con esperanza. En ella encontramos muchos signos que anuncian el Reino de Dios y su justicia. La vida de muchos hombres y mujeres del trabajo, de los jóvenes, sus ansias de justicia y de dignidad, sus experiencias de lucha y solidaridad, de organización y de cooperación, el reclamo de otro mundo posible, de parroquias y comunidades cristianas enraizadas en barrios obreros, de muchos militantes obreros cristianos, son testimonio de resurrección.

Este 1º de Mayo es también para nosotros un tiempo de acción evangelizadora y de compromiso transformador. Por eso, muchas y muchos de nosotros, estaremos presentes en los actos y/o manifestaciones que en ese día reclaman derechos sociales y laborales, porque entendemos que son un deber de justicia.

La experiencia del amor de Dios en nosotros queremos convertirla en amor a nuestros hermanos, compañeros y compañeras del mundo obrero y del trabajo al que pertenecemos. Un amor del que no podemos separar la lucha por la justicia.

Es tiempo, por tanto, de la caridad política que se ha de plasmar:

En formas de vida, personal y comunitaria, que propongan y hagan visibles estilos de vida alternativos, austeros, sostenibles y solidarios.
En compromiso en las organizaciones del mundo obrero, para que éstas coloquen en el centro de sus reivindicaciones y proyectos a los sectores más empobrecidos.
En denuncia de las políticas que generan desigualdad y rompen la vida humana y el desarrollo del trabajo como principio de vida.
En gestos que prioricen la preocupación por el mundo del trabajo en las planificaciones de nuestras Iglesias diocesanas.
En la difusión y fidelidad de los principios y orientaciones que la Doctrina Social de la Iglesia propone.
Así ayudaremos a la sociedad a encontrar respuestas éticas a la actual crisis que vivimos.

Esta acción y compromiso son fundamentales para ofrecer a Jesucristo como Buena Noticia en el mundo obrero y del trabajo, como propuesta de vida personal y social.

Por último, este 1º de Mayo es, también para nuestros movimientos, un tiempo de celebración de nuestra fe en el acontecer de nuestras vidas de trabajadores. En todas las diócesis españolas se llevarán a cabo Eucaristías, vigilias de oración, encuentros... donde celebraremos que Cristo sigue acompañando nuestras vidas y nuestras luchas, sigue acompañando al mundo obrero y del trabajo que sigue sufriendo.

Primero de Mayo de 2012.

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martes, 14 de febrero de 2012

“Dios mío ¿Dónde estás? No me oyes para remedio de tus pobres” [Homenaje a Gustavo Gutiérrez]



Sin muchos preámbulos quisiera, en este homenaje, señalar cuatro rasgos que pueden resumir la aportación teológica de Gustavo Gutiérrez.

1.- No hay salvación sin trabajo por la liberación.

El primer rasgo es haber planteado desde el principio el problema de las relaciones entre liberación histórica y salvación ultrahistórica. Un cristianismo desfigurado había reducido la fe a una esperanza en el más allá, donde el más-acá de nuestra historia sólo servía para merecer o comprar el billete de ese más allá. Semejante cristianismo chocaba con la pregunta central de Gustavo: “¿cómo hablar de un Dios Padre a aquél que ni siquiera es hombre?”, volviendo casi imposible la evangelización de los pobres que es distintivo de la misión de Jesús (Mt 11,5; Lc 4,18). Y además, desfiguraba y desvalorizaba la Resurrección de Jesús cuya enseñanza es que la salvación escatológica ha de ir gestándose y anticipándose ya en esta historia. De este tema que Gustavo planteó ya en su primera Teología de la liberación, brotó después el lema tan extendido en una América Latina asolada por la injusticia: “sin in-surrección no ha re-surrección”.

2.- De “la fuerza histórica de los pobres” a “Los pobres de Jesucristo”

La primera expresión es título de otra de las obras primerizas de Gustavo. La constatación de una fuerza histórica de los pobres podía ser un dato de la situación de aquellas horas. Pero es evidente que esa fuerza histórica se desvaneció poco después por la reacción del imperio del dios Dinero. Gustavo pasó entonces a hablar de “los pobres de Jesucristo” en el título de su espléndida obra (quizás la mejor) sobre Bartolomé de Las Casas. La fuerza teológica de los pobres compensó su pérdida de fuerza histórica. Con ello se dio relieve a otra de las tesis más decisivas de la teología de la liberación: que el problema de los pobres y la eliminación de la pobreza no es meramente un problema ético: es primariamente una cuestión cristológica y por tanto también un asunto teologal en el que nos jugamos la verdad de Dios o la idolatría. Por eso, cuando más tarde aprovechando la caída del Este, se lanzó la pregunta capciosa de qué queda de la teología de la liberación, el obispo Casaldáliga pudo responder sencillamente: quedan los pobres y queda el Dios de los pobres. O sea: queda todo.

En este punto quizá se estudie algún día la influencia de Guamán Poma en algunas formulaciones de Gustavo. Sospecho que el estudio valdría la pena. Yo me limito a sugerir una comparación entre dos canciones “de iglesia”: a) el himno final de la misa salvadoreña canta: “cuando el pobre crea en el pobre… construiremos la fraternidad” y podremos cantar libertad etc. b) En cambio, otra conocida canción de la época (“Pequeñas aclaraciones”), parte de un presupuesto similar (cuando el pobre nada tiene y aún reparte, cuando un hombre pasa sed y agua nos da…), pero no deduce de ahí ningún pronóstico histórico sino un juicio teológico: no se dice que entonces construiremos nada sino que “va Dios mismo en nuestro mismo caminar”. Con ello, otra vez, la teología y la praxis de la liberación se convierten en experiencia espiritual.

Esa es la fuerza teológica de los pobres. Y ya que hemos citado a Las Casas, completemos diciendo que el gran dominico no sólo es ejemplo por su defensa profética de los derechos de los oprimidos (y más si son oprimidos en nombre de Dios), sino también por su concepción de la evangelización (ésta sí que verdaderamente “nueva”): porque “Cristo concedió a los apóstoles solamente la licencia y autoridad de predicar el evangelio a los que quieran oírlo; pero no la de forzar o inferir alguna molestia o desagrado a los que no quisieran escucharlo”. Y, a su vez, “la Iglesia no tiene más poder en la tierra que el que tuvo Cristo”,

3.- “Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente”

Esa fuerza teológica de los pobres se despliega en el título de la obra quizás más conocida de Gustavo. Se trata de un breve comentario al libro de Job, que evoca el espléndido verso de César Vallejo (“Dios mío estoy llorando el ser que vivo”), gran poeta peruano muy citado en esta obra. Gustavo pone de relieve cómo toda teología que pretenda hablar y especular sobre Dios al margen del dolor de este mundo (sobre todo del dolor injusto) se convierte en un lenguaje comparable al de los amigos de Job, “consoladores inoportunos” e intachables “ortodoxos” de un dios falso, al que creen poder defender a costa del sufrimiento de su amigo. Pero con ello no hacen más que ofender a Dios, hablar falsamente de Él y convertir su presunta ortodoxia en una blasfemia, hasta verse desautorizados por el mismo Dios al final del libro. En cambio Job, protestando contra la injusticia que se comete contra él, es un testigo más veraz de Dios que todos los que “se acostumbran” a esa injusticia. Esa injusticia le ayudará a salir de sí y de su dolor ante el drama del sufrimiento injusto del mundo, a comprender que no hay nada que justifique el dolor injusto de un ser humano.

Con delicadeza y buenas palabras, creo que pocas veces se ha dado un aviso tan serio a toda esa teología meramente académica que se está queriendo revitalizar entre nosotros a raíz de la involución eclesial y que, so capa de ortodoxia, está elaborando una idolatría o una reflexión sobre un dios falso. Y deja planteado a la Iglesia el más decisivo de todos sus problemas: el de la identidad de Dios, deformada tantas veces por los creyentes y causa (según Vaticano II) de buena parte del ateísmo moderno. Conocer a Jesús es seguir a Jesús han dicho con frecuencia los teólogos latinoamericanos. Y hablar de Dios implica un “practicar a Dios” según expresión de Gustavo. Job es llevado a una experiencia de gratuidad que le deja desconcertado ante su propio dolor, pero le mueve proféticamente a trabajar contra todo el dolor del mundo. Teología y santidad (como la justicia y la paz) se besan para Gustavo.

4.- Fidelidad eclesial.

Por desgracia, como no podía ser menos, Gustavo se vio denostado y perseguido por una curia romana cada vez más ciega y que pretende articular en todo el episcopado mundial una confirmación de su ceguera. No ha sido el único en nuestro hoy ni en nuestro ayer: ciñéndonos al ámbito hispanohablante ¿habrá que evocar que santos y doctores de la Iglesia, como Juan de Ávila, Teresa de Jesús, Luis de Granada o el arzobispo Carranza, vieron puestas en el Índice de libros prohibidos algunas de sus obras y soportaron dificultades con la inquisición?. Pero lo que aquí merece ser destacado es la fidelidad y ejemplaridad de la reacción de Gustavo, en medio de dolores absurdos que sólo él conoce. He evocado otras veces cómo en Madrid, en un congreso de teología, ante preguntas capciosas que pretendían plantearle una opción entre la Iglesia y los pobres, Gustavo se negó a aceptar el dilema y confesó que él amaba a esta iglesia pecadora “con un amor de antes de la guerra”. Buen punto de referencia para muchos que hoy han compartido su mismo destino crucificado. Y buena lección histórica sobre la fecundidad del seguimiento crucificado de Jesús de Nazaret, que confirma lo que ocurrió con Lagrange, Rahner, Congar, De Lubac… y otros mártires de la teología del preconcilio Vaticano II, reivindicados luego en el concilio.

Las peripecias y los vericuetos de esa fidelidad (que necesitó también la astucia de las serpientes sin perder la sencillez de las palomas) no son para ser evocados aquí y son suficientemente conocidos. Sólo una palabra de gratitud para los hijos de Santo Domingo que salvaron para la Iglesia esta pequeña joya y permitieron a Gustavo convertirse en hermano de su querido Bartolomé de Las Casas.

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jueves, 9 de febrero de 2012

O somos corresponsables, o no seremos


Publicado por Sintonía Cordial

Se acaba de anunciar una Maratón de TV3 para luchar contra la pobreza. Una iniciativa muy loable y que sin duda ayudará en la tarea de sensibilización ciudadana para plantar cara a la crisis y para decir basta a la falta de oportunidades, al tiempo que se recogen recursos para apoyar proyectos a favor de las personas.

Damos la bienvenida a esta iniciativa, al tiempo que creo que nos puede ayudar a despertarnos para contribuir al cambio: se acabó el tiempo en el que todos pensaban en un Estado providencialista que tenía que asumirlo todo. Se acabó es tiempo de un Estado que creíamos tenía unos recursos infinitos, porque muchos o casi todos, tiraban de él usando y abusando de sus prestaciones y recursos: usuarios, políticos y funcionarios.

Muchos han puesto el grito en el cielo diciendo que es cuestión de la administración, que los impuestos, que….. La gravedad del momento presente nos ha de movilizar a todos, y todos debemos ser corresponsables. No podemos mirar para otro lado, lavarnos las manos, decir no es mi problema, o que lo arregle el gobierno, porque entonces tendremos un problema de verdad y que será de todos.

Es la hora de la humanidad; en la que la causa de unos es la causa de todos, y en la que tenemos que compartir proyectos, sueños y trabajos.

Unos de los cambios importantes será saber vivir austeramente, pero no basta. Será compartir, pero tampoco basta. Será saber administrar y dedicar unas horas a ayudar a los que están peor, pero tampoco es suficiente. El gran cambio tiene que venir por la conciencia de que todos somos parte del problema y que todos debemos ser parte y artífices de la solución.

Los recortes nos duelen, las reducciones, son sangrantes. Hay medidas impopulares que se han tenido que tomar y otras en las que no se ha acabado de acertar, en las que han pagado justos por pecadores, pero lo cierto es que algo hay que hacer, y si no movemos fichas, no acabaremos de resolver los grandes problemas sociales y económicos que nos flagelan.

Se acabó el tiempo de echar culpas a los otros de forma irresponsable, de vivir imputando a los otros movidos por ideologías o intereses partidistas; se acabó eso de descalificar porque sale gratis: O nos ponemos todos la camiseta del compromiso y tiramos del carro, o esto no tiene solución.

Esta es la hora de hacer piña: Ciudadanos y gobierno. Se acaba eso de vivir de las subvenciones y de no poner toda la carne en el asador. Tal vez sea también este el momento de reconocer la gran labor que realizan los voluntarios que gratuitamente dedican horas, muchas horas a un servicio y a un trabajo profesional y humano, que no siempre es suficientemente valorado.

Seguro que es la hora de reducir las grandes estructuras de ONG, Fundaciones, servicios sociales, etc. en las que elevadas sumas de las ayudas se quedan en sueldos de trabajadores, que no digo que no sean necesarios, pero que han hecho que muchas organizaciones hayan crecido tanto, tanto tanto, que hoy son un gigante que se come todo lo que se debería destinar a las ayuda, a crear oportunidades: a las personas.

No sé. Tal vez no soy políticamente correcta. Pero, bienvenida maratón. Alguno lo tenía que decir.

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martes, 7 de febrero de 2012

Crisis alimentaria en el Sahel


Publicado por UNICEF

Más de un millón de niños menores de 5 años necesitan tratamiento en los centros de alimentación para la desnutrición aguda grave de la región africana del Sahel. UNICEF lleva meses trabajando para evitar que la emergencia se agrave.

La escasez de lluvias ha afectado las cosechas y ha dejado en situación precaria a comunidades enteras. Según el análisis de situación realizado durante el verano y el otoño por los equipos de nutrición de UNICEF, siete de los ocho países de la zona presentan focos con tasas elevadas de desnutrición en niños menores de 5 años.

Los índices de desnutrición en las regiones más secas de Chad y Mauritania, Níger o Mali, requieren una respuesta de emergencia. Comunidades enteras de Burkina Faso, Senegal, el norte de Camerún y Nigeria también están en riesgo.

Existe un tratamiento terapéutico que combate la desnutrición. Por ello, el esfuerzo de UNICEF y sus aliados se centra en conseguir suficiente cantidad de alimento terapéutico de cara a las crecientes necesidades que se esperan para los próximos meses, y así, evitar una emergencia a gran escala. El desafío es grande y, si se consiguen los recursos necesarios para una acción a gran escala, aún se está a tiempo de evitar una catástrofe humanitaria.

NÍGER

Níger es uno de los países afectados. De acuerdo con las últimas estimaciones, la cosecha 2011-2012 estará marcada por un déficit de más de 519.000 toneladas de
cereales, lo que supone un 14% por debajo de las necesidades de consumo de la población.



El 11 de noviembre, el Gobierno de Níger junto a UNICEF, difundieron un análisis de la situación nutricional y de los alimentos en el país. En ese análisis se refleja que más de seis millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria. La crisis nutricional es un hecho en Níger y está golpeando con dureza zonas como Ouallam, Téra y Filingué, que han perdido toda su cosecha debido a la sequía o las plagas.
Acción de UNICEF:

UNICEF trabaja en su plan de respuesta temprana a la emergencia, tratando de conseguir suministro de alimento terapéutico suficiente para abordar las crecientes necesidades. Ya en noviembre, 270.924 niños con desnutrición aguda grave recibieron tratamiento.

Junto con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), se realizan acciones para ampliar la cobertura y para promover entre las familias hábitos saludables de alimentación infantil que pueden evitar casos de desnutrición.

Además, UNICEF, junto con la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, el Departamento de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, el gobierno de Níger y otros aliados han puesto en marcha una intervención de emergencia en el distrito de Magaria, donde más de 20.000 familias han recibido en los últimos meses aportaciones en efectivo para su subsistencia.

A través de este programa, cada madre recibe una mensualidad de 20.000 francos CFA, lo que equivale a 40 dólares, durante tres meses. Save the Children desarrolla este programa con el apoyo de UNICEF, ocupándose de la distribución en estrecha colaboración con los líderes de las comunidades para asegurar que se llega a quienes más lo necesitan.

MALÍ

Las tasas de desnutrición aguda de los niños en Malí se sitúan entre el 10-15%, muy próximas al umbral de emergencia, lo que significa que unos 315.000 niños menores de 5 años sufren desnutrición aguda y 915.000 niños menores de 5 años sufren desnutrición crónica.

Esta situación podría empeorar en los próximos meses. De hecho, el gobierno de Malí ha declarado situación de crisis para el año 2012, en términos de producción y disponibilidad de alimentos, especialmente en regiones del norte como Kayes, Koulikoro, Segou, Mopti, Tumbuktu, Gao y Kidal.

Si las predicciones sobre las cosechas se cumplen, se deteriorará aún más la situación nutricional, llegando según las peores estimaciones al millón de personas con desnutrición aguda. Esto podría provocar un inaceptable número de muertes de niños.

Además, existen importantes agravantes de la situación, como la creciente inestabilidad y la subida de los precios de los alimentos entre otras causas significativas.

Acción de UNICEF:

UNICEF está reforzando y acelerando las intervenciones para la prevención y cuidado de los niños desnutridos a través de 4 acciones claves:


Promoviendo hábitos correctos de alimentación infantil.
Controlando la deficiencia de micronutrientes a través de controles de salud.
Tratando los casos de desnutrición con la provisión de alimento terapéutico.
Mejorando la supervisión y el manejo de la desnutrición a través de un enfoque basado en el fortalecimiento comunitario.
MAURITANIA

Más de 650.000 personas sufren inseguridad alimentaria, y la situación prevista para los próximos meses es alarmante. Una combinación de factores como: la mayor sequía de las últimas décadas y las pobres cosechas, la limitada disponibilidad de cereales, la disminución de ingresos de las familias y la subida del precio de los alimentos está golpeando duramente a la población más vulnerable.

Acción de UNICEF:

UNICEF juntos con sus aliados ha desarrollado un plan de respuesta en las siete regiones más afectadas, con atención especial para las personas más vulnerables, teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada zona:


Distribución de alimentos suficientes en cantidad y calidad, incluyendo alimento terapéutico para los niños con desnutrición.
Garantizar el acceso y permanencia de los niños en la escuela, lugar idóneo para el seguimiento de la salud de los niños.
Proveer agua a las comunidades más afectadas por la sequía.
Apoyar controles periódicos de salud para el control nutricional de la población.

UNICEF espera empezar a recibir el apoyo de donantes de todo el mundo para expandir el programa a otras regiones de Níger durante 2012, beneficiar a las familias y fortalecer la capacidad del gobierno para responder a las crisis alimentaria. UNICEF España ha abierto ya una vía de colaboración para todos aquellos que quieran contribuir a evitar que la situación se agrave aún más en El Sahel.

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Trabajar para unos pocos


Organizaciones que se dedican a las causas más complejas y sostienen que todo el esfuerzo vale la pena, con tal de mejorar una vida

Por Micaela Urdinez | LA NACION

En la era de la multiplicación, del reinado de la cantidad, del impacto medido en términos de números, ellos se mueven en el casi obsoleto mundo de las unidades y los decimales. Porque cuando se trabaja con personas con realidades demasiado vulnerables, lo importante no son las cifras sino el cuerpo a cuerpo, la entrega absoluta y el amor incondicional. Entonces ya no es relevante si son uno, cinco o diez, sino que el foco está puesto en las mejoras que reciben estas personas en su día a día.

Estos son justamente los destinatarios de las organizaciones sociales que eligen trabajar para las minorías, para unos pocos, para las causas perdidas. Son las que destinan todos sus recursos humanos y económicos a mejorar la calidad de vida de chicos con VIH, de personas con discapacidad mental, de jóvenes adictos al paco, de mujeres en situación de trata o de acompañar en sus últimos días a enfermos terminales.

Adalides de lo imposible, están convencidos de que vale la pena todo esfuerzo con tal de salvar una vida, de calmar una angustia, de escuchar una pena, de recibir una sonrisa o un abrazo de agradecimiento. Por eso, se ponen la armadura contra las frustraciones y salen al campo de batalla en inferioridad de condiciones, pero dispuestos a dar lo que haga falta por una causa.

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Siempre se dedicó a trabajar en temas de derechos humanos pero la primera vez que escuchó el testimonio de una mujer víctima del tráfico de personas, su vida cambió para siempre. "Cuando te enterás de los sufrimientos de las víctimas, de las cosas que les hacen, de la situación de desamparo en la que están y la profunda injusticia que esto representa, uno no puede tomar otra actitud que hacer algo. Es como saber que hay esclavos a la vuelta de tu casa y no hacer nada. No puedo hacer la vista gorda y salir a comprar la camisa más barata en La Salada", explica Mercedes Assorati, responsable del Programa Esclavitud Cero de la Fundación El Otro, que vivió 10 años en Colombia luchando contra los carteles de la droga y sus aberraciones, y hoy siente que hace lo mismo pero en la Argentina. "Paulatinamente, el crimen organizado va tomando el control de más actividades: como la industria textil y la prostitución. Lo que no es trata, tiene una línea divisoria tan delgada que no sabés si es o no trata porque son situaciones de explotación descarnada. No hay situación de violación de los derechos humanos que me parezca más acuciante y que necesite mayor intervención. De hecho, creo que la trata es el desafío más grande en relación a los derechos humanos en el siglo XXI".

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Los días de Mercedes se diluyen en una tarea titánica que implica sortear la burocracia estatal, lidiar con la corrupción en todas sus formas, ver como miles de denuncias quedan sin efecto y tolerar que los prostíbulos sigan abiertos y los tratantes impunes. Lo único que la salva del desconsuelo, es el contacto directo con las víctimas y saber que colabora de alguna manera en sanar el corazón de estas personas que cargarán con cicatrices el resto de sus vidas. Supervisa cerca de 30 casos por año, de los que estima que sólo 5 tienen un final feliz. Las cifras no son alentadoras, pero las historias de vida sí. "Cada vez que nos agarra la frustración, pensamos que con tal de salvar a una persona, ya vale la pena. Porque cuando las cosas salen bien, tenés una víctima que te sonríe, que empezó a trabajar, que consiguió un departamento. El año pasado hubo una chiquita en Chile que se iba a ir a México con un tratante. Hablamos con diferentes organismos y ONG del lugar, y cuando la chica llegó a México había una comitiva de 15 personas esperándola. Hoy está bien y controlada. También tuvimos el caso de una nena cuya madre había desaparecido víctima de trata y la restituimos a la abuela. Otro caso es el de una chiquita que pasó por distintas formas de trata, los padres murieron y la tía la hacía trabajar en servidumbre doméstica, después en un taller en Buenos Aires, se puso de novia con un chico que la metió en la trata, se escapó 2 veces y hoy ya terminó el secundario, estudió peluquería y está trabajando", cuenta Mercedes, que guarda estos éxitos como tesoros en su corazón.

A todas ellas, les hacen un seguimiento para que no vuelvan a caer en las redes de tráfico y puedan reinsertarse socialmente. Las ayudan con la tenencia de sus hijos, a hacer juicios laborales si fueron víctimas de trata laboral, a obtener su DNI, a conseguir un trabajo digno y a restituir el resto de los derechos que fueron vulnerados. De esta forma, Assorati siente que está haciendo algo valioso para cada una de estas chicas, para toda la sociedad pero también para su familia. "Si no hago nada, las redes de crimen organizado van a tener paulatinamente más control. Y cuando me quiera acordar a mi hija también me la van a hacer desaparecer".

***
Romina es una explosión de alegría y energía. A sus treinta y pico, se mueve en una especie de baile en el que suma en brazos a su hijo de un año y medio. Esta imagen es la antítesis de esa adolescente que perdió 7 años de su vida en situación de calle en la villa 21-24 de Barracas, consumida por las drogas y sin tener control sobre su vida. Esto la llevó a no poder hacerse cargo de sus primeros 4 hijos, pero cuando quedó embarazada del quinto, el contar con la contención y la incondicionalidad del Padre Charly y de Patricia Figueroa, ambos del Hogar de Cristo, pudo finalmente salir del pozo y volver a sonreír.

El Padre Charly es uno de los curas villeros que hacen carne la consigna de "dar hasta que duela" y junto con a la ayuda voluntaria de Figueroa, se ocupan de los casos más complejos en el Hogar de Cristo, el programa de recuperación de la adicción a las drogas de la Parroquia Virgen de Caacupé de Barracas. El fin del proyecto es reinsertar en la sociedad a los jóvenes consumidores de paco específicamente y otras drogas, fortaleciendo sus virtudes para lograr un mejor nivel de vida sin consumo, trabajando y estudiando.

La parroquia busca acompañar toda la realidad de la villa y por eso trabaja en la prevención para llegar a los pibes antes que otras propuestas como el paco o la delincuencia. Para eso realizan un trabajo cuerpo a cuerpo, acompañando a cada uno, recibiendo la complejidades que traen sin prejuicios morales.

"La mirada religiosa es diferente a la estadística. No miramos números ni porcentajes sino que nos importa cada persona. Por un lado uno tiene una desazón grande cuando piensa que en el tiempo que nos lleva salvar a uno, son cientos lo que empezaron a consumir. En esa relación perdemos siempre pero sabemos que ganamos en la lucha individual, en el uno a uno", sostiene Charly.

Romina siguió consumiendo durante todo su embarazo y hasta llegó a pensar en vender a su hijo con tal de conseguir más plata para seguir alimentando su vicio. "La empezamos a llevar a la Sardá para hacerle los controles y ella confiaba en que nosotros la queríamos ayudar desde el corazón. Su embarazo tuvo muchas complicaciones y el bebé nació con un kilo nomás. Era uno de esos casos que eran imposibles incluso desde mi propia mirada. Pero gracias al amor, la paciencia y el estar pudimos acompañarla a esta vida y eso es un gran éxito", explica Figueroa, que empezó dándole mate cocido a los chicos que rancheaban en la calle y sostiene que la herramienta básica que usan es el amor. "Es imposible medir el éxito o el fracaso en estos temas, porque hoy capaz que están bien pero mañana vuelven a caer. Esto no es pescar con red sino con anzuelo, es uno a uno", resume.

Romina estuvo acompañada durante el embarazo y el parto. Inmediatamente después se internó durante 4 meses en Viaje de Vuelta y hoy vive en La Casita de San Miguel, un proyecto que incluye varias casas en el barrio en las que conviven personas con realidades vulnerables de manera amigables. Tiene a su hijo de un año y medio, está en pareja y se reencontró con sus hermanos y con sus otros hijos. "Ellos estuvieron todo el tiempo. Si no fuera por Charly y Patri hoy no estaría junto a mi hijo", dice Romina, que hoy va todos los días al hogar y colabora en la Guardería siendo una madre cuidadora.

Cerca de 500 chicos y jóvenes pasaron por el hogar, que en su mayoría siguen acompañando. Muchos participan de algunas actividades o talleres, y también reciben acompañamiento en su reinserción social en tema de educación, trabajo, documentación, salud y subsidios.

"Los chicos saben que pase lo que pase pueden volver y los vamos a recibir. Y se obran milagros que no los hacemos nosotros sino que somos simples intermediarios. El secreto es tratar de no ver el fracaso porque todo lo que se hace con amor deja una marca positiva. También hay que aprender que el éxito no se puede medir en función de nuestras propias expectativas y por eso nosotros elegimos armar con cada chico sus propios proyectos", agrega Figueroa.

Para Charly, el legado del Hogar de Cristo tiene un impacto testimonial porque muestra a una Iglesia trabajando por una situación de exclusión total y fiel al camino de Dios, y por el otro un impacto dentro de la villa porque en todos los barrios hay algún chico que se recuperó gracias a su intervención. "En la reunión de fin de año había 15 chicos que estaban en este camino. Y eso abre la esperanza y refuerza la idea de que se puede salir", concluye.

***
Para Vicky Acosta -madre del corazón de 30 chicos que pasaron en tránsito por su casa- lo más importante es que cada chico sepa que alguien lo quiere, que alguien lo elige, que alguien lo cuida. Por eso es una de las fundadoras de Familias de Esperanza, una organización especializada en acogimiento familiar y que ahora dirige dos hogares que albergan a 65 chicos en situaciones vulnerables.

"Creo que una vez que te metés en la minoridad en riesgo y tomás contacto con la crueldad de la que la gente es capaz, nunca volvés a ser la misma. Esta vocación me ayuda a mejorar como madre y como persona. Y creo que familiarmente también hemos crecido todos. Hasta hace un mes tuvimos en casa una chiquita que encontraron en la vía pública, pesando un kilo y medio y con hipotermia. Estuvo 3 meses con nosotros y después salió en adopción", cuenta esta mujer que hizo del ser madre, su motor de vida. Tiene 7 hijos biológicos - la última con Síndrome de Down - y además adoptaron un octavo, que también tiene Síndrome de Down.

"He tenido muchos chicos, algunos tres días y otros tres años. Grupos de hermanos, chicos con discapacidad. Todo este esfuerzo vale la pena con tal de devolverle a la persona su dignidad. Entonces uno no piensa en los números o cantidad, sino en cada persona. Son chicos que necesitan que le brindes todo porque muchas veces hasta les tenés que devolver las ganas de vivir, les tenés que buscar la mirada, conseguir que te dejen apretarle la manito y lograr que vuelvan a confiar en los adultos. Entonces uno además siente que pudo hacer un cambio positivo en sus vidas", explica Acosta, que mamó en su casa esto de la responsabilidad civil y siempre estuvo metida en el trabajo social.

Cada uno de los chicos que pasaron por su casa la marcaron de una manera diferente pero también tuvo un contacto cotidiano con los chicos que empezaron a vivir en los hogares de menores de la entidad. Y cuando piensa en ellos, Cristina Manitto -pasó de los 7 a los 17 años en uno de los hogares- ocupa sin dudas un lugar especial en su corazón. "Vicky nos llevaba de vacaciones a Córdoba con toda su familia, iba a su casa y me quedaba a dormir, jugaba con sus hijas, los domingos nos llevaba a misa y después a tomar un helado o nos iba a buscar al colegio. Sus hijos son buenísimos y siempre me trataron como una más de la familia", cuenta esta mujer de 20 años que hoy está en pareja, está terminando algunas materias que debe del secundario y tiene un hijo de un año.

"Creo que si no hubiera estado en el hogar, no sería la persona que soy ahora. Y por eso siempre lo voy a considerar mi casa. Allí tuve una infancia feliz, llena de amor, paz, alegría, contención y esperanza. A Vicky la quiero un montón y siempre le digo que es madre que hubiera querido tener", agrega Manitto, que una vez por mes se junta con su "madrina" para ponerse al día y charlar de sus vidas.

Acosta, por su parte, sigue abriendo las puertas de su casa y de su familia para recibir a los niños que hagan falta. "Son chicos que necesitan ver una familia en la que uno prioriza la palabra al golpe, en donde reciben amor y donde ven que también existen los límites. Se habla, se reta y se abraza. Y eso también es bueno", concluye Acosta.

***
"A mí me gustaría morirme acompañada", sostiene Roxana Amuchástegui de Rey Nores y por eso dedica su vida a esta noble tarea en La Casa de la Bondad de la Fundación Manos Abiertas, en Córdoba. Actualmente son 10 las personas que pasan sus últimos días en este hospice que realiza cuidados paliativos a personas con enfermedades terminales.

"No hay nada curativo. Ni aceleramos ni postergamos la muerte de los pacientes. Lo único que hacemos es acompañarlos, estar con ellos y tratar que tengan la mejor calidad de vida hasta último momento, sin dolor", explica Amuchástegui, trabajadora social y vicedirectora del hogar por el que ya pasaron 300 personas y que tiene una capacidad de 15 camas.

Los pacientes llegan muy "golpeados", con muchas carencias económicas y afectivas, y Amuchástegui -junto a un grupo interdisciplinario de profesionales y voluntarios- se ocupan de sanar muchas heridas, justo en la etapa más difícil de sus vidas porque es cuando se enfrentan a la muerte. "Con muy poco, como ser una atención cariñosa, lográs que personas duras, sufridas, se vayan contenidas y en paz. Cuando ellas logran dejarse querer, y aceptar esta realidad, y te permiten estar cerca, hay una gran alegría. Algunos nos dan unas clases de vida impresionantes. Se reconcilian con ellos mismos, con sus familiares. El que queda, queda en paz. Y el que se va, se va en paz", resume Amuchástegui, que recuerda que gracias a su fe religiosa, no ve a la muerte como una tragedia sino como el comienzo de otra vida.

Los pacientes pasan un promedio de 6 meses con ellos, en los que además de recibir mucho amor y contención, tienen la posibilidad de reconciliarse con ellos mismos y con sus seres queridos. Mientras tanto reciben la mejor atención médica y la ternura de más de 200 voluntarios que los lavan, los alimentan, los cambian de posición, conversan con ellos, los escuchan y comparten momentos.

"Cada uno de ellos que podemos cuidar y se muere en paz, para nosotros es un logro enorme", agrega Amuchástegui, una ejemplo de amabilidad y dulzura.

***
Los chicos se le cuelgan del cuello, de los brazos, de las piernas. Sentada en un banco del jardín, Silvia Casas disfruta de ser la fuente de amor de estos 17 corazones que tanto la reclaman. Ella, junto a su marido, fueron el primer matrimonio en adoptar a un chico con VIH en 1990 y hoy es la responsable del Hogar MANU, en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, el único en el país especializado en recibir chicos con VIH.

"Todo lo que hacemos vale la pena por el resultado. Yo no siento que estemos ayudando a unos pocos porque estamos ayudando a algo mucho más grande que es una causa: la de los chicos desamparados con VIH. Y además, logramos demostrar que este tema se puede abordar de una forma integral y exitosa, y que otros pueden replicarlo", sostiene Casas, que viste anteojos negros porque se contagió de conjuntivitis de uno de los chicos. Se levanta los lentes para mostrar unos ojos inyectados en sangre y dice: "Esto también vale la pena".

Hoy en día el hogar cuenta con chicos de 9 a 17 años que llegan derivados de los Centros Zonales de Promoción y Protección de los Derechos de Infancia y también de los servicios sociales de los hospitales. En su mayoría, son chicos que provienen de hogares de alta vulnerabilidad y que sufrieron situaciones de abandono. Por eso los primeros tiempos consisten en un trabajo cuerpo a cuerpo con ellos, para poder integrarlos al hogar y darles todo el amor que necesitan.

"La idea es que los chicos se revinculen con sus familiares pero lamentablemente eso es lo que menos ocurre. Ahí es el juez el que decide si los ponen en situación de adoptabilidad, pero lo cierto es que tenemos estadías mucho más largas de las deseadas", cuenta Casas. De hecho, en 10 años de vida, sólo consiguieron 4 revinculaciones con las familias de origen. Pero hay otras cifras que son más alentadoras: 15 chicos con VIH salieron en adopción o guardas con familias que participan de su programa de Hogares, 10 bebés se fueron con diagnóstico negativo y se entregaron a través del registro de adoptantes y 10 fueron derivados a otros institutos por temás más complejos, como adicciones.

Además de recibir la atención médica especializada que requieren en el Hospital Garrahan, se atienden las necesidades cotidianas de cada uno de ellos, como llevarlos al colegio, comprarles ropa, organizarles salidas, hacer la tarea. todas las tareas de una madre pero multiplicadas por diecisiete. "Los chicos hacen una vida normal, van a la escuela, algunos hacen las actividades que les gustan. Tratamos de que tengan la mejor vida posible y se puedan desarrollar al máximo. Pero también se llevan materias a fin de año y nos hacemos malasangre como cualquier padre", cuenta Casas, entre risas.

"Uno ve chicos que llegan con un deterioro que te atraviesa el corazón y después, de a poco, van progresando. Nuestro objetivo es que la gente no de vuelta la cara cuando se habla de chicos con VIH y de a poco lo vamos logrando", dice Casas, mientras abraza a una de las nenas que tiene a upa.

COMO COLABORAR

Casa MANU

www.casamanu.org.ar

Hogar de Cristo

www.sinpaco.org

Familias de Esperanza

www.familiasdeesperanza.org.ar

Manos Abiertas

www.manosabiertas.org.ar

El Arca

www.elarca.org.ar

Fundación El Otro

www.elotro.org.ar.

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jueves, 25 de agosto de 2011

Los porqués del hambre


Veus. Esther Vivas. El País.

Vivimos en un mundo de abundancia. Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cuando en el planeta habitan 7.000. Comida, hay. Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre?

La emergencia alimentaria que afecta a más de 10 millones de personas en el Cuerno de África ha vuelto a poner de actualidad la fatalidad de una catástrofe que no tiene nada de natural. Sequías, inundaciones, conflictos bélicos… contribuyen a agudizar una situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, pero no son los únicos factores que la explican.

La situación de hambruna en el Cuerno de África no es novedad. Somalia vive una situación de inseguridad alimentaria desde hace 20 años. Y, periódicamente, los medios de comunicación remueven nuestros confortables sofás y nos recuerdan el impacto dramático del hambre en el mundo. En 1984, casi un millón de personas muertas en Etiopía; en 1992, 300.000 somalíes fallecieron a causa del hambre; en 2005, casi cinco millones de personas al borde de la muerte en Malaui, por solo citar algunos casos.

El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de comida? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias? Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.

Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? Evidentemente, los fenómenos meteorológicos pueden agravar los problemas alimentarios, pero no bastan para explicar las causas del hambre. En lo que respecta a la producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién y para qué se produce.

En muchos países del Cuerno de África, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos…) ha provocado la expulsión de miles de campesinos de sus tierras, disminuyendo la capacidad de estos países para autoabastecerse. Así, mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, se da la paradoja de que Gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea…) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.

Asimismo, hay que recordar que Somalia, a pesar de las sequías recurrentes, fue un país autosuficiente en la producción de alimentos hasta finales de los años setenta. Su soberanía alimentaria fue arrebatada en décadas posteriores. A partir de los años ochenta, las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que el país pagara su deuda con el Club de París, forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste. En lo que se refiere a la agricultura, estas implicaron una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como el arroz y el trigo, de multinacionales agroindustriales norteamericanas y europeas, quienes empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de coste y haciendo la competencia desleal a los productores autóctonos. Las devaluaciones periódicas de la moneda somalí generaron también el alza del precio de los insumos y el fomento de una política de monocultivos para la exportación forzó, paulatinamente, al abandono del campo. Historias parecidas se dieron no solo en países de África, sino también en América Latina y Asia.

La subida del precio de cereales básicos es otro de los elementos señalados como detonante de las hambrunas en el Cuerno de África. En Somalia, el precio del maíz y el sorgo rojo aumentó un 106% y un 180% respectivamente en tan solo un año. En Etiopía, el coste del trigo subió un 85% con relación al año anterior. Y en Kenia, el maíz alcanzó un valor 55% superior al de 2010. Un alza que ha convertido a estos alimentos en inaccesibles. Pero, ¿cuáles son las razones de la escalada de los precios? Varios indicios apuntan a la especulación financiera con las materias primas alimentarias como una de las causas principales.

El precio de los alimentos se determina en las Bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la de Chicago, mientras que en Europa los alimentos se comercializan en las Bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Fráncfort. Pero, hoy día, la mayor parte de la compra y venta de estas mercancías no corresponde a intercambios comerciales reales. Se calcula que, en palabras de Mike Masters, delhedge fund Masters Capital Management, un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo. Se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida en el consumidor final. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, compañías de seguros, que causaron la crisis de las hipotecas subprime, son quienes hoy especulan con la comida, aprovechándose de unos mercados globales profundamente desregularizados y altamente rentables.

La crisis alimentaria a escala global y la hambruna en el Cuerno de África en particular son resultado de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados. La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas y que a lo largo de las últimas décadas han erosionado, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, la capacidad de los Estados del sur para decidir sobre sus políticas agrícolas y alimentarias.

Volviendo al principio, ¿por qué hay hambre en un mundo de abundancia? La producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años sesenta, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado desde entonces. No nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso. Como señalaba el relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en una entrevista a EL PAÍS: “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución”.

Si queremos acabar con el hambre en el mundo es urgente apostar por otras políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas, a sus necesidades, a aquellos que trabajan la tierra y al ecosistema. Apostar por lo que el movimiento internacional de La Vía Campesina llama la “soberanía alimentaria”, y recuperar la capacidad de decidir sobre aquello que comemos. Tomando prestado uno de los lemas más conocidos del Movimiento 15-M, es necesaria una “democracia real, ya” en la agricultura y la alimentación.

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jueves, 18 de agosto de 2011

Un Mantra Profético sobre los Pobres


Ron Rolheiser (Tradicido por Carmelo Astiz, cmf)

¡Nadie logra ir al cielo sin una carta de recomendación de los pobres! Es ésta una cita atribuida a James Forbes, un Pastor protestante de Nueva York, que capta maravillosamente algo que los profetas antiguos de Israel resaltaron hace muchos siglos.
Los grandes profetas de Israel habían acuñado este mantra: La calidad de tu fe será juzgada por la calidad de la justicia en tu tierra. Y la calidad de la justicia en la tierra se juzgará siempre por cómo lo pasan las “viudas, los huérfanos y los forasteros o extranjeros” mientras vives. La frase “viudas, huérfanos y forasteros” codificaba los tres grupos más débiles y vulnerables en la sociedad de aquel tiempo. Según los grandes profetas de Israel, finalmente seremos juzgados moral y religiosamente según cómo lo pasaron los más pobres de los pobres mientras vivíamos.
Ése es un pensamiento inquietante, que se vuelve aún más inquietante cuando vemos cómo Jesús confirmó esa visión. Aunque tiene que contextualizarse dentro de todo el mensaje de Jesús, tenemos en el evangelio de Mateo el famoso texto sobre el Juicio Final en el que Jesús nos dice que, al fin del día, cuando nos presentemos ante el Gran Rey en el día del juicio, se nos hará solamente una serie de preguntas; y todas ellas tendrán que ver con cómo tratamos a los pobres: ¿Diste de comer al hambriento? ¿Diste de beber al sediento? ¿Acogiste al forastero y al extranjero? ¿Vestiste al desnudo? ¿Visitaste al enfermo? ¿Fuiste a visitar al encarcelado? Dudo de que ninguno de nosotros tendría el crudo valor para predicar hoy en día esto, justo como está escrito en los evangelios, desde ningún púlpito. Y sin embargo Jesús lo dijo en serio. Nadie logra ir al cielo sin una carta de recomendación de los pobres.
Ahora bien, en esto hay una serie entera de retos.
Primero: La exigencia de vivir una vida que refleje justicia y auténtica preocupación por los pobres es parte integral y no-negociable del discipulado cristiano. Es algo que no está basado en ideología alguna particular que uno puede aceptar o rechazar, con tal de que yo viva honesta y religiosamente en mi vida privada. Esto es parte esencial del evangelio; requisito tan importante como el orar, ir a la iglesia los domingos y guardar en orden mi vida moral personal. Para un cristiano, no basta sólo con ser piadoso, bueno y asistente regular a la iglesia. También nosotros necesitamos una carta concreta de recomendación de los pobres.
Segundo: Lo que ese mantra de los profetas y la enseñanza de Jesús sobre el Juicio Final también nos enseñan es que la caridad sola no basta. La caridad es una gran virtud, parte integrante de la virtud más importante de todas, el amor. Nunca puede minimizarse. Pero la caridad no es necesariamente justicia. Yo puedo ser una persona maravillosamente caritativa, bondadosa, moral y generosa en mi propia vida, y todavía estar aprovechándome injustamente de un sistema histórico, social, político y económico que me está premiando indebidamente mientras está oprimiendo y robando a otros. Las cosas que obtengo honestamente por medio de mi duro trabajo y con las que soy muy generoso en cuanto a compartir con otros, pueden ser al mismo tiempo el producto de un sistema que es injusto con otras personas. Preocuparse por las “viudas, huérfanos y forasteros” me exige no sólo bondad personal y caridad, sino que me exige también tener el valor para percibir cómo mi honesta riqueza puede ser también parcialmente el producto de un sistema deshonesto. ¿Quién pierde mientras yo gano?
Finalmente: El mantra de los profetas y las enseñanzas de Jesús sobre el Juicio Final deberían ser un reto para escudriñar constantemente mi conciencia con preguntas como éstas: ¿Estoy alcanzando realmente a los pobres? ¿Tengo en mi vida “huérfanos, viudas y forasteros o extranjeros” reales, de carne y hueso? Mi compromiso con los pobres ¿es algo solamente teórico, un ideal que yo abrazo, pero algo que nunca impacta realmente a los pobres? Es fácil servir de boquilla a este ideal y es aún más fácil dejarlo escrito en mi currículo de vida de forma que aparezco como bueno ante los demás y me siento bien conmigo mismo. Sin embargo, como Ruth Burrows pregunta: ¿Nuestra retórica sobre los pobres, les ayuda realmente a ellos o simplemente nos ayuda a nosotros a sentirnos mejor con respecto a nosotros mismos?
Admito que estas preguntas no son fáciles, y que habríamos de ir despacio en responderlas. A veces lo único que podemos hacer es admitir nuestra propia impotencia. Recuerdo que una vez asistí a una conferencia, pronunciada por el famoso teólogo Gustavo Gutiérrez, en la que, después de su disertación, se levantó un hombre y, con dolorosa honestidad, compartió sinceramente sobre su propia impotencia en alcanzar a los pobres: ¿Qué puede hacer una persona frente a todas las cuestiones globales de injusticia que nos asedian en nuestro mundo?
Gutiérrez reconoció la complejidad de la pregunta y simpatizó con la impotencia de aquel hombre, pero entonces añadió: “Como mínimo, asegúrate de tener siempre al menos una persona pobre concreta en tu vida, a la que estés atendiendo de una manera especial. Esto asegurará que tu compromiso siempre tenga al menos alguna persona concreta de carne y hueso!”
Una sola carta de recomendación de los pobres es mejor que no tener ninguna recomendación en absoluto.

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domingo, 26 de junio de 2011

EL GRAN SERVICIO DE LOS POBRES


"Yo les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras.”
(Lc 19, 40)

Si el cuerpo no sintiera el dolor y si no pudiera gemir, llorar o gritar, sería una catástrofe. No nos enteraríamos de la enfermedad, nos despreocu-paríamos y moriríamos como moscas.

Pues bien, en el gran cuerpo de la sociedad, no hay enfermedad más grave que la pobreza. Si los pobres soportan el peso y el dolor de la pobreza sin quejarse, sin protestar, sin decir una palabra, la sociedad está en peligro de morir. Por eso, hoy como ayer, del grito de los pobres depende el futuro del mundo.

La paz y, por ende, la vida del mundo penden de ese grito y de la respuesta que el mundo le dé. El grito de los pobres es el mayor servicio que se pueda prestar a la humanidad. Acallarlo con caramelos, promesas que nunca se cumplen, o con alicientes que fomentan dependencia, parasitismo y mendicidad es un crimen.

¿Cuánto tiempo podrá seguir avanzando todavía la humanidad con toda la injusticia que le machaca el cuerpo? ¿Quiénes pueden promover mejor la justicia, la libertad y la paz que los que están más cruelmente desprovistos de ellas?

Desgraciadamente, ellos son los que menos hablan, cansados tal vez de no ser escuchados. Con todo, es necesario que su grito nos taladre los oídos y nos atraviese el corazón para que despertemos. Para la humanidad entera es cuestión de vida o muerte.

Pero es necesario también que los pobres sepan soñar, ya que el sueño es la otra gran fuerza capaz de curar al mundo enfermo y transformarlo en un maravilloso jardín donde todos los hombres y las mujeres puedan finalmente compartir con paz y alegría los mismos derechos en igualdad y libertad.

Los pobres de la tierra son los grandes profetas de la tierra: llevan en su cuerpo el mundo que debe morir y en su corazón el que debe nacer.

Y para los que no lo saben, la vieja Biblia –de una actualidad más acuciante que nunca– es, desde una tapa a la otra, la voz del pobre, su grito, su sueño, su esperanza y sus triunfos. La Biblia es el libro de los pobres que, desde la sangre de Abel hasta el grito desesperado del Crucificado del Calvario, golpea la conciencia humana para que despierte y comprenda que la salud, la salvación, o sea el bienestar, la paz y el futuro de la humanidad son absolutamente inseparables del trato que la misma humanidad le está reservando al pobre.



Eloy Roy
http://todoelmundovaalcielo.blogspot.com/

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martes, 17 de mayo de 2011

La pobreza como delito


Por Eduardo Galeano

Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando pegamento.
Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo acribillan a los niños de la calle.
Algunos expertos llaman “niños de escasos recursos” a los que disputan la basura con los buitres en los suburbios de las ciudades.
Según las estadísticas, hay setenta millones de niños en estado de pobreza absoluta, y cada vez hay más, en esta América Latina que fabrica pobres y prohíbe la pobreza.
Entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan.
La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Nacen con las raíces al aire.
Muchos de ellos son hijos de familias campesinas, que han sido brutalmente arrancadas de la tierra y se han desintegrado en la ciudad.
Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas abrevian el viaje.
De cada dos niños pobres, uno trabaja, deslomándose a cambio de la comida o poco más: vende chucherías en las calles, es la mano de obra gratuita de los talleres y las cantinas familiares, es la mano de obra más barata de las industrias de exportación, que fabrican zapatillas o camisas para las grandes tiendas del mundo.
¿Y el otro?
De cada dos niños pobres, uno sobra.
El mercado no lo necesita. No es rentable, ni lo será jamás.
Y quien no es rentable, ya se sabe, no tiene derecho a la existencia.
El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, expulsa a los niños. Los expulsa, y les teme.
Desde el punto de vista del sistema, la vejez es un fracaso, pero la infancia es un peligro. En muchos países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y está haciendo trizas el tejido social comunitario.
¿Qué destino tienen los dueños de nada en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho sagrado?
Los niños pobres son los que más ferozmente sufren la contradicción entre una cultura que manda consumir y una realidad que lo prohíbe.
El hambre los obliga a robar o a prostituirse; pero también los obliga la sociedad de consumo, que los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto.
En las calles de las grandes ciudades, se forman bandas de desesperados unidos por la muerte que acecha.
Según la organización Human Rights Watch, los grupos parapoliciales matan seis niños por día en Colombia y cuatro por día en Brasil.
¿Y ellas?
Hay medio millón de niñas brasileñas que venden el cuerpo, casi tantas como en la India, y en la República Dominicana la próspera industria del turismo ofrece subastas de niñas vírgenes.
“Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo.
Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista”.

(Información recibida de la Red MUndial de Comunidades Eclesiales de Base)

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¿Época de cambios o cambio de época? (I)


Oscar Mateos
Publicado por Cristianismo y Justicia

No descubro nada si afirmo que atravesamos un momento histórico. No es sólo la magnitud de la crisis, son las convulsiones sociales y la intensidad con que se están produciendo, son los nuevos medios y redes sociales, los nuevos lenguajes, los nuevos relatos…Síntomas todos de que algo, a lo mejor, está cambiando en nuestra sociedad. Síntomas, a lo mejor, de que nos encontramos en un profundo corrimiento de tierras y no sólo en una simple crisis económica. Pero esto no lo digo yo, lo anuncian a menudo algunos sociólogos, y seguramente, todos, desde nuestra cotidianeidad percibimos que algo profundo se está produciendo. No sabemos si bueno o malo. Sólo intuimos que el mañana ya no será como el ayer, que nos encontramos, seguramente, ante un cambio de época.

La historia social nos demuestra que los procesos históricos son lentos, que las transformaciones muchas veces son silenciosas, pero sobre todo, que nunca es el fin de la historia, que nada es para siempre. Probablemente, Juan Luís Vives, Tomás Moro o Erasmo de Rotterdam intuían que cuando se dirigían a sus contemporáneos en pleno siglo XVI, lo hacían ya desde el desparpajo que suponía dejar atrás las sombras de la Edad Media y del sistema feudal; probablemente, los padres de la Ilustración, los que redactaron la Enciclopedia dando un portazo definitivo al mundo teocéntrico que todavía coleaba en Europa, intuían que algo importante se estaba produciendo; los socialista utópicos, y más tarde Marx o Bakunin, vieron con sus ojos como toda una sociedad proletaria era capaz de empezar a poner límites a una Revolución Industrial terriblemente despiadada con las condiciones de vida de millones de personas. Lean a Emile Zola, y verán como en su Germinal, escrito en plena crisis de la década de 1870, el propio título de su obra quería reflejar que algo estaba germinando, un nuevo sujeto histórico, en este caso el movimiento obrero, que iba a transformar por completo el futuro de la Europa que estaba por llegar.

¿Nos encontramos en uno de esos momentos? Sin perspectiva histórica es difícil y arriesgado afirmarlo con rotundidad. Seguramente, ni Vives, ni Moro, ni Marx, ni Zola, sabían con certeza que estaban siendo protagonistas (y, en su caso, inductores activos de un cambio profundo), pero sí intuían que algo importante estaba teniendo lugar. Tampoco lo sabemos nosotros. Nuestros sociólogos, politólogos o científicos arrojan datos e intuiciones que podrían indicar que algo se está cociendo en este sentido.

Pero, ¿qué es exactamente lo que se cuece? Existen, en mi opinión, tres grandes síntomas de cambio profundo. El primero se encuentra en el terreno de los relatos. Los textos de Stephan Hessel, Indignaos!; el oscarizado documental Inside Job; el contundente Manifiesto de economistas aterrados, o el libro coral Reacciona, se han erigido en una parte del hilo argumental que está tratando de explicar la crisis económica, pero sobre todo la necesidad de que la sociedad de consumo, adormecida paulatinamente en los últimos 30 años, recupere el destino de sus vidas y el significado auténtico de la palabra democracia. No es casualidad que todos estos nuevos relatos, ocupen un destacado lugar en el número de ventas: Hessel fue el autor más vendido en el último Sant Jordi, mientras que Inside Job lleva ya más de dos meses en carteleras y ampliando el número de salas en las que se está proyectando. Junto a este hecho, considero igualmente significativo la emergencia de tres figuras nonagenarias como iconos de toda una generación. Sí, personas de casi un siglo de vida, se han levantado con profunda indignación para advertirnos a nosotros, herederos de sus conquistas sociales, que estamos atravesando un momento de preocupante regresión social y democrática. Además de Hessel, del que seguro ya saben obra y milagros, me refiero a José Luis Sampedro o al recientemente fallecido Ernesto Sábato, quien desde las páginas de La resistencia ya advertía hace diez años sobre la deriva de nuestra sociedad.

El segundo síntoma es la proliferación de iniciativas sociales en los últimos meses. El estallido de movimientos de protesta, manifestaciones, acampadas, plataformas, colectivos, asociaciones o simplemente individuos que alzan su voz para decir basta creo que tiene pocos precedentes. Seguramente aquí peco de cierta miopía histórica y podrán decir ustedes que el mayo del 68, la primavera de la Europa del este, el movimiento altermundialista o las movilizaciones contra la guerra de Irak, también fueron momentos de gran efervescencia social. No lo niego. Pero, a lo mejor, una parte de la movilización actual es también heredera de todos esos movimientos precedentes y complementarios, y solo a lo mejor, los movimientos actuales son más amplios y han logrado trasladar a una población que ve cada día más mermados sus derechos sociales, la necesidad de retomar el timón de la historia. Y aquí también es nuevo, o al menos se manifiesta con una contundencia para mí sin precedentes, el cuestionamiento de las instituciones tradicionales, entre ellas los propios sindicatos y los partidos de izquierda. Y como no, el impacto de las redes sociales en esta quizá nueva cultura política y de acción colectiva, que esquiva los canales tradicionales, que es capaz de poner en jaque a todo un sistema político logrando que una palabra de denuncia se convierta en trending topic.

Finalmente, el tercer síntoma tiene que ver con los posibles horizontes. ¿Será esta efervescencia social flor de un solo día? ¿O nos está indicando cambios profundos? ¿El final de esta etapa será volver a la normalidad de antaño, recuperando los índices de crecimiento macroeconómico habituales, apuntalando nuestro maltrecho Estado del Bienestar o bien controlando un poco más los mercados financieros? ¿No tienen la sensación de que estamos en un punto de inflexión? ¿No perciben a su alrededor un todavía incipiente pero profundo debate sobre la democracia, sobre Europa, sobre el individuo en la sociedad de consumo? ¿No se sienten profundamente desconcertados y angustiados sobre el devenir, pero a la vez expectantes, inquietos, protagonistas de una etapa histórica?

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EL RETO PARA EL FUTURO: HAY QUE GLOBALIZAR LA JUSTICIA SOCIAL

Congreso en Roma sobre la “Mater et Magistra” y la “Caritas in veritate”

En un mundo globalizado es necesario globalizar también la justicia social si se quiere dar una respuesta a las nuevas situaciones. Además, es necesario respetar nuevas reglas, como evitar la competencia desleal entre países y crear sistemas de seguridad social en los países destinatarios de la deslocalización.
Estos son algunos de los argumentos abordados en la segunda jornada del congreso internacional organizado por el Consejo Pontificio “Justicia y Paz”, que se celebra en Roma hasta mañana por los cincuenta años de la encíclica Mater et Magistra.
En la segunda jornada se trabajó por áreas continentales: África, América, Asia y Europa sobre temas precisos como la sociedad del trabajo y el bien común, estilos de vida, el paradigma del desarrollo, la pluralidad de empresas y la dignidad de los derechos de los trabajadores.
Pero también se habló sobre el trabajo, la valoración y remuneración, las políticas sociales, la subsidiariedad y la justicia social. Y no de menor importancia el tema sobre la tierra como ambiente de vida, condiciones climáticas, recursos materiales, desarrollo integral y también demografía y bioética.
Antes de la misa conclusiva, monseñor Mario Toso, secretario del Consejo Pontificio “Justicia y Paz” profundizó en los problemas de los desequilibrios tradicionales que se vuelven a presentar hoy y cómo para resolverlos, el punto central sigue siendo la justicia social en el contexto de un mundo globalizado.
“Una justicia global que tenga como punto de referencia el bien común, porque la justicia social es la justicia relativa al bien común”, recordó.
Esto implica, añadió, que “tanto en el plano nacional como en el internacional haya políticas unitarias, politicas, económicas, sociales, fiscales, de desarrollo y de salvaguarda del medio ambiente, porque en un contexto de globalización, la unicidad, tanto en la economía como en los sectores económicos y entre las diversas regiones, es necesario que aumente”.
Monseñor Toso recordó que la Caritas in veritate “nos invita a practicar la justicia social dentro de los desequilibrios que se añaden hoy a los tradicionales”.
“Uno de los caminos indicados por Benedicto XVI – prosiguió – es el renacimiento del pensamiento moral, después es necesaria una reflexión sobre la unicidad de la economía mundial, y sobre la globalización de la economía social”, así como la universalización de “una democracia sustancial, social y participativa”.
Deslocalización
Así como la Mater et Magistra hace cincuenta años hablaba de una remuneración equitativa, hoy existe “la exigencia del bien común a nivel mundial” y por tanto hay otros parámetros, como el de “evitar una competencia desleal entre las economías de los distintos países; favorecer la colaboración entre las economías nacionales con acuerdos fecundos y cooperar en el desarrollo de las comunidades política y económicamente menos avanzadas”.
Un punto central es que “hoy, frente a la liberalización de los mercados, de la deslocalización de muchas empresas, si se quiere realizar el desarrollo integral y armónico, no se deben erosionar o considerar superfluos los derechos sociales”.
Es más, dado que “los derechos laborales no se pueden separar de los demás derechos civiles y políticos, es necesario contribuir a realizar éstos también donde se deslocalizan las empresas. Los sistemas de protección y de seguridad social – como dice la Caritas in veritate – deben ser reformados en los países más ricos en sentido societario y participativo. Así se ahorran energías y se puede ayudar a los países más pobres”.
Ethos mundial
Para instituir una justicia social global, indicó monseñor Toso, “es necesario que la democracia globalizada sea sostenida por un ethos abierto a la trascendencia, animado por la fraternidad y por la lógica del don”, apoyado “en un cuadro jurídico y ético seguro, es decir, en los derechos y deberes arraigados en la ley moral universal, y no en el libre albedrío”.
Es necesario también, subrayó, que esta justicia “no se fundamente en un mero consenso social, sino en el reconocimiento del bien humano universal”.
El prelado abogó por “una governance mundial de colaboración a nivel de multilateralidad”, pero también “mediante un verdadero governement de decisión y de control super partes”, es decir, “mediante la constitución de una autoridad política mundial, poliárquica, subsidiaria, mediante la reforma de la ONU y su democratización, además de la creación de una nueva arquitectura económica y financiera internacional”.
Además, explicó, es necesario “repensar la intervención del Estado en la economía, diversa de la concepción estatalista o liberal impuesta en los últimos años”.
Se trata de articular “una economía social, un equilibrio entre economía social y finanza. De modo que las finanzas estén al servicio de la economía real, y ésta vuelva a encontrar su finalidad, que es servir al bien común”.
“Es necesario – concluyó – una adecuada política fiscal para la redistribución equitativa de la riqueza producida, no aplicada de forma indiscriminada, sino según una serie de criterios relacionados con el peso familiar”. Esto sin olvidar “nuevas políticas agrícolas, industriales, medioambientales, del trabajo especialmente para los jóvenes”.
Una sola doctrina social
Por su parte, ayer, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y presidente de Caritas Internationalis, insistió también en la importancia de una unicidad dentro de la propia doctrina social de la Iglesia.
“No existe – explicó el purpurado – una doctrina social de la Iglesia distinta en las diferentes partes del mundo. Si uno vive en América Latina, África o Europa, los principios de la doctrina social que se aplican a nuestras realidades son siempre los mismos. No hay una forma de solidaridad o de subsidiariedad para un continente distinta que para otro”.
Esto no quita, sin embargo, que “la realidad sobre la que se aplican los principios de la doctrina social es una realidad local. Es la situación social, cultural, económica y política que vive cada comunidad eclesial”.
Recordó que “un papa escribe una encíclica no sólo porque considera importante hablar de un tema social actual. Él recibe contribuciones de los obispos, que a su vez son motivados por las contribuciones de los fieles laicos”.
Se trata por tanto de un proceso “continuo y dinámico. Evidentemente la doctrina fundamental no cambia: la Sagrada Escritura sigue siendo la base de nuestra fe, y los principios que se deducen para la acción, como el bien común, la solidaridad y el destino universal de los bienes, son universales”.
Concluyendo su intervención, el cardenal Rodríguez Maradiaga recordó que una dimensión constructiva de la predicación del Evangelio es “la acción a favor de la justicia y de la participación en la transformación del mundo”.
Pero además del empleo de los instrumentos de las ciencias sociales y humanas para comprender las causas estructurales de los problemas, se necesita “una espiritualidad que sea nuestra guía”, aunque “el mensaje del magisterio social no sea en sí mismo una espiritualidad”.

ROMA, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).-

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