NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA
Mostrando entradas con la etiqueta controversias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta controversias. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de diciembre de 2013

SEGUIMOS SIENDO UNA RELIGIÓN DE RICOS, SABIOS Y PERFECTOS (III Domingo de Adviento, Ciclo A Mateo 11, 2-11)

Juan Bautista está en la cárcel. Ha increpado públicamente al rey Herodes por sus muchas maldades, y el rey lo ha encarcelado. Oye hablar de Jesús y le manda sus discípulos, muy probablemente para pasarle sus discípulos a Jesús, para que se vayan con él.
El episodio parece dudosamente histórico, más bien da la impresión de ser una composición del evangelista para mostrar la transición de Juan, el precursor, a Jesús, el que había de venir, el esperado.
"¿Eres tú el que ha de venir?"
Nos interesa la respuesta de Jesús, la prueba de que Él es el enviado:
"los ciegos ven... y se anuncia a los pobres la Buena Noticia".
Son "las señales del Reino", como lo anunciaron los profetas, como hemos visto en el texto de Isaías. El Reino de Dios es salud, curación, alegría de los pobres...
Y si los ricos, los poderosos, los sabios esperaban otra cosa y se escandalizan, peor para ellos. Jesús ve que ya está siendo rechazado, como fueron rechazados los profetas, porque muchos que se dicen religiosos no aceptan a Dios como es, sino como a ellos les conviene que sea. Se escandalizarán de Jesús.

(Este es el tema, el argumento básico, del cuarto Evangelio: "vino a los suyos, y los suyos no le recibieron", y un tema básico del evangelio de Marcos).

Jesús aprovecha la ocasión para proclamar la grandeza de Juan: el último y más grande de los profetas: después de él, se acabó el destino de Israel, la preparación, la antigua Ley: después de Juan, el Reino de Dios. Dichoso el que acepte a Jesús, el que no se escandalice de Él.
Hay una sutil tentación en estos textos, un drama profundo y una Estupenda Noticia.
Todas las personas religiosas sufren esa tentación. Israel la sufrió y cayó en ella frecuentemente. "Dios está con nosotros, luego todo nos irá bien". Abundancia, éxito, fecundidad, felicidad, paz, alegría: ¿cómo no va a ser así, si está con nosotros el mismo Dios Libertador? ¿Cómo no nos va a librar del mal, de todo mal?
Pero no es así. Sigue habiendo ciegos y cojos, y se pierden las cosechas, y hay enfermedades.
Y es que "los ciegos ven" significa que Dios nos enseña para qué es la vida.
"Los cojos saltan" significa que podemos caminar hacia la Vida.
"Los enfermos se curan y los muertos resucitan" significa que salimos de nuestros pecados, esos pecados que nos matan, y recobramos la salud del espíritu, y salvamos la vida de la mediocridad y de la destrucción.

Pero ¡qué fuerte es la tentación de pedir a Dios que haga las cosas a nuestro gusto, nos quite los males de esta vida, convierta esta vida en el Paraíso! El Reino de Dios se ha convertido en el Paraíso en esta vida. Y es que, si Dios no nos sirve para eso, ¿para qué nos sirve?
Pues no, las enfermedades y la muerte son los pecados. Y los pobres son los pecadores. Son los pecadores los que reciben con gozo el Reino, no simplemente los que no tienen dinero. Y son los pecados los que desaparecen con la venida del Señor, no simplemente las enfermedades del cuerpo.

Así que, de una vez para siempre, Dios no hará que nos toque la Lotería ni que encontremos trabajo, ni que se nos cure un cáncer ni que aprobemos unas oposiciones. No lo hará.

Y es inútil que le pidamos todas esas cosas. La razón es muy sencilla: todas esas cosas pueden ser útiles o perjudiciales para nuestra salud, para nuestra salvación. Todas esas cosas pueden servirnos para nuestro destino o estropeárnoslo.
Dios nos proporciona el modo de que todo lo de la vida, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, nos valgan para La Vida. Pero, por encima de todo, Dios nos saca del pecado, sobre todo del Primer Pecado, el pecado más original y radical de todos: vivir sólo para esta vida, como si pudiera ser eterna, como si no hubiese más.

La tentación es aún más descarada para los que piensan en la religión como una presencia del Poder de Dios. Dios está aquí, nosotros somos sus representantes, luego nosotros tenemos poder, nosotros somos el poder de Dios en la tierra. Tentación de sacerdotes, de jefes de religiones. Como visires de su majestad, como secretarios del Jefe.
Tentación de convertir la salvación en poder, de entregar la religión a los poderosos, a los sabios, a los ricos. El Reino de Dios se ha convertido en el reinado de los sacerdotes, en el poder de la Iglesia.
De la misma manera, la Iglesia y sus jefes no tienen poder alguno sobre el mundo. Su único poder es el que mostró Jesús: servir a todo el mundo, ofrecer la palabra, ponerse de rodillas a los pies de todos, como un esclavo, y lavarles los pies.
Y, en lo más íntimo de mi conciencia, yo no soy superior a nadie por el hecho de haber recibido tanta Palabra de Dios. Yo sólo soy un mensajero; y muy mal mensajero, porque mis propios pecados y mi mediocridad oscurecen la Palabra que se me ha entregado.
Nuestro drama, una vez más, es que nosotros "esperamos a otro". También los judíos "esperaban a otro". Esperaban al restaurador de la gloria del reino de Judá. Y se escandalizaron de Jesús, y lo rechazaron.

Nosotros hacemos lo mismo. Oramos a Dios pidiéndole cosas que juzgamos importantísimas: y como no lo conseguimos, renegamos de Dios. "Estamos tirados, Dios no escucha".

¿Por qué no escuchamos nosotros a Dios? Pero nosotros estamos empeñados en que Dios nos sirva para hacer esta vida más confortable. Y a Dios eso no le interesa.
Pero, más aún, el drama es que nosotros no esperamos más que lo que vemos: vemos las religiones como alardes del poder de Dios, a cuyas leyes ha de someterse todo mortal, alardes de infalibilidad de los imprescindibles sacerdotes; vemos las religiones como cosa de cultos, de importantes... y no nos atrevemos a esperar nada más.
Por eso, somos incapaces de aceptar la Estupenda Noticia: que Dios es de los pobres. El revolucionario anuncio de Jesús, con sus palabras y con sus hechos, es que ni los ricos ni los sacerdotes ni los sabios ni los puros tienen preferencia alguna ante Dios.
Más aún, que el corazón de Dios se inclina irremediablemente hacia los otros, los marginados, los desafortunados, los impuros. Que Dios no es justo, sino descaradamente parcial en favor de sus hijos más necesitados. Que Dios está con los últimos.

"La Buena Noticia se anuncia a los pobres" es una estupenda revolución de Jesús, porque la religión parecía ser siempre cosa de ricos, de poderosos, desde el poder y la riqueza.

Su ejemplo perfecto es el Templo, mármoles, oros, cedro, incienso carísimo, manadas de reses sacrificadas, cánticos sublimes, personajes vestidos de reyes celestiales, poder, gloria, ostentación verdad infalible, presencia de Dios en el esplendor y la sabiduría... Jesús no es así, ni su Dios es así, ni es ésa su gente.
La gran Noticia es que Dios es de todos, de todos los que le necesitan, de todos los que quieran aceptar esa Noticia. "La Buena Noticia se anuncia a los pobres" es una buena noticia, porque siempre había sido cosa de ricos... hasta que llegó Jesús.

Y ésa es la señal que Jesús da a Juan: ¿os sirve esa señal? Dichosos vosotros si esa señal no os escandaliza.

Las lecturas de este domingo, por tanto, nos llevan a temas completamente básicos, y, entre ellos, el más fundamental: si aceptamos a Jesús tal como es, o nos inventamos otros, como a nosotros nos gusta. Es un tema crucial, que define toda la espiritualidad del Adviento: buscar a Jesús, como Él sea. Abrirnos a Dios, como venga. El Libertador no viene a darnos gusto, sino a liberarnos; el problema está en que a nosotros nos gustan las cadenas.
Pero llega el Señor, el Libertador. De muchas cosas nos tiene que liberar el Señor: la primera, sin duda, de nuestro deseo de que esta vida se convierta en el Paraíso por la fuerza milagrosa de Dios. Y la segunda, quizá más fuerte, de nuestra religión, de lo que nosotros hemos hecho con La Palabra.

José Enrique Galarreta

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

jueves, 25 de julio de 2013

El papa a los jóvenes argentinos: ¡quiero lío en las diócesis!

Río de Janeiro, 25 de julio de 2013 (Zenit.org)

El santo padre esta mañana se ha reunido en la Catedral de Río de Janeiro con jóvenes argentinos, en un encuentro que él mismo pidió y que no estaba en el programa oficial.

Publicamos a continuación las palabras del papa de una transcripción del discurso improvisado, facilitado por Radio Vaticana.

Gracias, gracias por estar hoy aquí, por haber venido. Gracias a los que están adentro, y muchas gracias a los que están afuera, a los treinta mil, me dicen que hay afuera, desde acá los saludos! Están bajo la lluvia. Gracias por el gesto de acercarse, gracias por haber venido a la Jornada de la Juventud.

Yo le sugerí al doctor Gasbarri que es el que maneja, que organiza el viaje, si hubiera un lugarcito para encontrarme con ustedes, y al medio día tenía arreglado todo. Así es que también le quiero agradecer públicamente al Doctor Gasbarri, esto que ha logrado hoy.


Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? ¡Espero lío! ¿Que acá dentro va a haber lío? ¡Va a haber! ¿Que acá en Río va a haber lío? ¡Va a haber! ¡Pero quiero lío en las diócesis! ¡Quiero que se salga afuera! ¡Quiero que la Iglesia salga a la calle! ¡Quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las instituciones, ¡son para salir! Si no salen, se convierten en una ONG, y la Iglesia no puede ser una ONG.

Que me perdonen los obispos y los curas, si alguno después les arma lío a ustedes, pero es el consejo… gracias por lo que puedan hacer. Miren, yo pienso que en este momento, esta civilización mundial se pasó de rosca, ¡se pasó de rosca! Porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos. Y por supuesto, porque uno podría pensar, que podría haber una especie de eutanasia escondida. Es decir, no se cuida a los ancianos, pero también está esta eutanasia cultural: ¡no se los deja hablar, no se los deja actuar! Y la exclusión de los jóvenes: El porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo, sin empleo, ¡es muy alto! Y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo. O sea, ¡Esta civilización nos ha llevado a excluir las dos puntas que son el futuro nuestro!

Entonces, los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer. Los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, ¡A luchar por los valores! ¡Y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos! En el Pueblo Argentino, yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo que transmite la justicia, que transmite la historia, que transmite los valores, que transmite la memoria de Pueblo. Y ustedes, por favor, ¡no se metan contra los viejos! ¡Déjenlos hablar, escúchenlos, y lléven adelante! Pero sepan, sepan que en este momento, ustedes, los jóvenes y los ancianos, están condenados al mismo destino: exclusión! ¡No se dejen excluir! ¿Está claro? Por eso creo que tienen que trabajar.

Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio, es un escándalo. Que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, ¡es un escándalo! Y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la Cruz. La Cruz sigue siendo escándalo, pero ¡es el único camino seguro, el de la Cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús!

Por favor, ¡no licuen la fe en Jesucristo! Hay licuado de naranja, licuado de manzana, licuado de banana, pero por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera, no se licua! Es la fe en Jesús. Es la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, que me amó y murió por mí.

Entonces, ¡Hágan lío! ¡Cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los jóvenes! No se dejen excluir, y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licuen la fe en Jesucristo.

¡Las Bienaventuranzas! ¿Qué tenemos que hacer, padre? Mirá, leé las Bienaventuranzas que te van a venir bien, y si querés saber qué cosa práctica tenés que hacer, leé Mateo 25, que es el protocolo con el cual nos va juzgar, con esas dos cosas tienen el programa de acción: Las Bienaventuranzas y Mateo 25, no necesitan leer otra cosa. ¡Se los pido de corazón!

Bueno, les agradezco ya esta cercanía, me da pena que estén enjaulados, pero les digo una cosa. Yo por momentos siento, ¡qué feo estar enjaulado! ¡Se los confieso de corazón! Pero bueno… los comprendo! …Me hubiera gustado estar más cerca de ustedes, pero comprendo que por razón de orden, no se puede.

¡Gracias por acercarse, gracias por rezar por mí, se los pido de corazón, lo necesito! ¡Necesito de la oración de ustedes, necesito mucho! ¡Gracias por eso!

Y bueno, les voy a dar la bendición y después vamos a bendecir la imagen de la Virgen que va a recorrer toda la República y la Cruz de San Francisco, que van a recorrer misionariamente.

Pero no se olviden, ¡Hágan lío! ¡Cuiden los dos extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos, que son los ancianos y los jóvenes! ¡Y no licuen la fe!

Y ahora vamos a rezar para bendecir la Imagen de la Virgen y darles después la bendición a ustedes.

Nos ponemos de pie para la bendición, pero antes le quiero agradecer lo que dijo Monseñor Arancedo, que de puro mal educado no se lo agradecí, así es que gracias por tus palabras…

En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Señor tu dejaste en medio de nosotros a tu Madre para que nos acompañara.
Que ella nos cuide, nos proteja en nuestro camino, en nuestro corazón, en nuestra fe.
Que ella nos haga discípulos, como lo fue ella, y misioneros, como también lo fue ella.
Que nos enseñe a salir a la calle, que nos enseñe a salir de nosotros mismos.
Bendecimos esta Imagen Señor, que va a recorrer el País.
Que ella, con su mansedumbre, con su paz, nos indique el camino.

Señor, vos sos un escándalo, el escándalo de la Cruz,
una Cruz que es humildad, mansedumbre, una Cruz que nos habla de la cercanía de Dios.
Bendecimos también esta Imagen de la Cruz que recorrerá el País.

¡Muchas gracias y nos vemos en estos días!
¡Que Dios los bendiga y recen por mí, no se olviden!

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

martes, 23 de julio de 2013

¿Recibirá Francisco a Leonardo Boff?

Asegura que Bergoglio rehabilitará a los teólogos de la liberación condenados por Wojtyla y Ratzinger




El Papa de los pobres se encuentra en una de las cunas de la Teología de la Liberación. Y una de sus primeras peticiones en esta su única jornada de descanso en Brasil, antes de dirigirse al santuario de Aparecida y encontrarse con los asistentes a la JMJ de Río, ha sido el libro "Francisco de Asís y Francisco de Roma", escrito por el teólogo y ex franciscano Leonardo Boff.
Un Boff que se encuentra en Brasil y que participará, junto a varios jóvenes, en la vigilia conclusiva de la JMJ. Y que podría, según indicó a nuestro compañero Juan Arias -y él lo publica en El País-, ser recibido por Francisco. Ahora, de manera privada, o "después de haber concluido la reforma de la Curia".
"Le entregué el libro al arzobispo de Río, Mons. Orani Tempesta, y él se lo ha dado ya al Papa", confirmó Boff a Arias momentos antes de viajar a dos encuentros con más de mil jóvenes en Santa Catarina y en Sao Paulo. El teólogo, uno de los padres de la Teología de la Liberación, sí estará en Río el sábado, coincidiendo con la vigilia de oración en Guaratiba.
Respecto a un posible encuentro con Francisco, Boff apunta que "una amiga del Papa de cuando era arzobispo de Buenos Aires, con la que Francisco habla por teléfono todas las semanas, me dijo que le preguntó al Papa si tenía la intención de recibirme y su respuesta fue: 'Quiero hacerlo, pero sólo después de haber concluido la reforma de la Curia'.".
Tal encuentro sería entonces oficial, lo que no impide que Francisco, estando en Río, pueda encontrar en algún momento al teólogo franciscano, hoy defensor acérrimo de la revolución que él está llevando a cabo en la Iglesia, y que Boff llama de "ruptura".
En su conversación con Arias, el teólogo reitera sus recientes declaraciones a medios brasileños: que Francisco podrá rehabilitar a los más de 500 teólogos condenados por la Iglesia durante los años en que en ella mandaban Ratzinger y Wojtyla, pero que cree que no lo hará "mientras viva Benedicto XVI".

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

viernes, 15 de marzo de 2013

Pérez Esquivel: "Hubo obispos complices con la dictadura, pero Bergoglio no"

El premio Nobel de la Paz Alfonso Pérez Esquivel ha negado que el Papa Francisco tuviera vínculos con la dictadura argentina entre 1976 y 1983, como mencionan algunos críticos del nuevo Pontífice, aunque denuncia que "le faltó coraje" para acompañar su lucha por los Derechos Humanos.
En una entrevista a la cadena BBC Mundo que recoge Europa Press, Pérez Esquivel dijo que "hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Bergoglio no". En cualquier caso, horas después matizó este mensaje en su cuenta de Twitter: "No fue un cómplice directo de la dictadura, pero le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los DDHH".
"A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", concluyó Pérez Esquivel en su entrevista con este medio americano.
En este sentido, en otro mensaje publicado en la red social Twitter, ha sentenciado que "no se puede desconocer que gran parte de la jerarquía eclesial argentina fue cómplice de la dictadura".

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

sábado, 23 de febrero de 2013

Hermano Papa


Nos llegan lejanas noticias de ti. Dicen que te bajaste de la cruz, que no seguiste el ejemplo de Juan Pablo II, que quiso ser “signo” de que la Iglesia no se gobierna con fuerzas humanas sino con el Espíritu Santo. Pero también nos llegan noticias de que el Espíritu Santo se las ha tenido que ver estos últimos años con rencillas de poder que agotan a cualquiera. Debe haber sido duro todo eso. Acá a veces nos peleamos por quién lava los platos o limpia el baño, y nos hacemos harto daño con la competencia entre nosotros, cómo será allá que tienen cosas más importantes por las que pelearse. Te escribimos para hacerte presente nuestra solidaridad.
Por acá no nos preocupa quién será tu sucesor. No habíamos oído hablar de ninguno de los papábiles (nuestra candidata sería la hermana Lupita, pero le preocupa que si se va no hay quien sepa cómo funciona la cocina).


Hemos leído que lo que están peleando en la próxima elección es si continúa tu “operación limpieza” de la corrupción en la curia o si los poderes de las tinieblas pueden más. Nos resulta lejana esa disputa, pero importante, así es que solidarizamos con tu lucha contra la corrupción.

Echamos de menos en esta elección una disputa a nivel teológico y pastoral, pero no nos extraña. Nos dicen nuestros mayores que fuiste tú quien sacaste de los seminarios, universidades y publicaciones católicas los temas teológicos y pastorales que se discutían cuando eras teólogo. Nos dicen nuestros viejos también que pretendiste acabar con el más evangélico de los frutos de la Iglesia en los últimos siglos: el compromiso de la Iglesia Latinoamericana con la liberación de nuestros pueblos, el 40 % de los católicos del mundo. Pero no te tenemos rencor, todo lo contrario. Lejos de los seminarios y universidades nuestros viejos han seguido enseñándonos a leer el evangelio. Dicen que crees que “restauraste” la antigua Iglesia inmutable, porque en el cónclave que viene no será tema la implementación del Concilio Vaticano II ni la teología de la liberación. Parece que todo es tan distinto por allá. Acá en América Latina también hay gente de Iglesia que cree que la teología de la liberación está muerta.

Hoy dices que te faltan fuerzas espirituales para gobernar la Iglesia. Eso acá lo llamamos desolación, sequedad, y por eso queremos animarte.

Te escribimos para contarte que hay gente en la Iglesia que se siente llena de fuerza del espíritu, fuerza porque ser débil es una manera de ser fuerte: religios@s y laic@s que atienden migrantes y le hacen frente al crimen organizado, laicas que forman cooperativas de cafeteras, frijoleras, tejedoras o lo que sea para sacar adelante juntas a sus hijos. Obispos y curas que comparten el día a día de la autonomía indígena y la resistencia a la invasión capitalista. Catequistas y seminaristas que sacaron la parroquia a la calle para descubrir el evangelio entre jóvenes drogadictos. Algunos curas más osados que se atrevieron a entrar a los prostíbulos con la frente en alto (porque no iban a saciar con sexo pagado sus propias frustraciones, sino a consolar las penas de las trabajadoras sexuales). Instituciones de Iglesia que reparten condones a mujeres que no son dueñas de su cuerpo. Otros compas indignados desde la calle y las barricadas. Diáconos que acompañan parejas que no se pueden casar y comulgar “como Dios manda”, etcétera.

Esa Iglesia no está falta de fuerza espiritual. Está fuerte, pero no hace mucho ruido, no sale mucho en la tele ni en los diarios, y eso que no son pocos. Y te cuento una cosa: siguen alimentando su fe con la teología de la liberación, que no está muerta, andaba de parranda. Es verdad que no se enseña en los seminarios y universidades, pero se susurra en favelas, en comunidades indígenas, en cumbres ecuménicas, en patios carcelarios, en clases de religión de colegios sin nombre de santo. En noviciados de congregaciones religiosas, en colectivos de estudiantes “ultrones” y en barrios de migrantes por todo el continente. Se difunde en blogs donde la inquisición no llega, en Facebook y en radios comunitarias.

Hermano Papa: te animamos en este paso al lado que estás dando. Leemos en el diario que es un gesto de valentía, aunque no terminamos de entender porque no nos hemos dado el tiempo para leer el libro sobre los Vatileaks. Rezaremos para que todo salga bien en la curia. Tennos a nosotros también en tus oraciones. No hemos desertado de la Iglesia, acá estamos, sintiéndonos hermanos y sintiéndote hermano en el Señor Jesús, queriendo compartir contigo las fuerzas de su Espíritu.

Te saludamos desde cualquier lugar de América Latina.

PD: Te dedicamos un poema de un compa que expresa mucho mejor esta solidaridad que queremos hacerte sentir:

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

domingo, 30 de septiembre de 2012

Dom 30 IX 2012. Ay de vosotros, ricos, que habéis matado a Cristo


Pocas veces se han dicho en la historia palabras más fuertes sobre la riqueza y el riesgo que ella implica para aquellos que la tienen, pues se oponen a Dios, destruyéndose a sí mismos, y oprimiendo a los pobres, de manera que ellos son los que han matado a Cristo.
Estas palabras provienen de la Carta de Santiago, que retoma y comenta la más fuerte profecía del Antiguo Testamento y de Jesús (Lc 6, 21-24), cuando nos dice “bienaventurados los pobres… (ay de vosotros los ricos), sacando unas conclusiones que nunca se habían sacada previamente, y que resultan esenciales en estos momentos de inmensa crisis (2012), que nace precisamente de la codicia asesina de los ricos.

Éstas son palabras “de raza”, que brotan de la tradición de Amós y de Isaías, de los profetas de la ira de Dios que lanzan su dardo de fuego sobre los más ricos, que se destruyen a sí mismos (niegan a Dios), matando al mismo Cristo, es decir, cortando la esperanza de la vida humana. En manos de ellos estamos, y ellos pueden matarnos y matar la semilla de de Dios sobre la tierra.


Los ricos de esta palabra de Santiago (de Jesús y los profetas) no son una simple institución económica del neo-capitalismo (el FMI, BM o la OMC…), ni las multinacionales sin nombre que cabalgan con su muerte sobre campos o ciudades, sembrándolas de muerte… Estos ricos son hombres y mujeres concretos, con nombre y apellido, a los que el profeta de Cristo condena, no porque carezcan de un tipo de falsa fe religiosa (o no eleven plegarias a su dios asesino), sino porque destruyen a los hombres, matando de esa forma al Cristo.

Temblando sigo al leer esta palabra de la “epístola” de hoy (Dom 30.IX.2012), que quiero citar y situar brevemente. Buen fin de semana a todos, si pueden tras haber leído el texto… Tras la palabra de Jesús (si tu mano te escandaliza… córtatela…) viene esta arenga aún más dura de su hermano Santiago.

Texto

a. Y ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final!

b. El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer.

c. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al Justo. Él no se ha resistido (Santiago 5, 1-6).

Introducción

El texto no necesita largo comentario, pues lo que dice resulta cristalino, si es que se lee desde la “retórica” viva de la profecía. Puede dividirse en tres partes, como he señalado en la traducción:

a. La riqueza no es Dios, es un ídolo falso.
Fundarse en ella es pecado, matarse uno a sí mismo:

Ahora, hay de vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final!

Santiago se sitúa en el centro de la confesión de fe judía, que no conoce más Dios que Yahvé, sabiendo que el pecado mayor es la “idolatría”, que consiste en la divinización práctica del dinero, es decir, de aquello en lo que queremos fundar nuestra vida.

El pecado no es simplemente “dejar a Dios”, sino sustituirlo por el dinero (que Jesús llama Mamón), convirtiéndolo en principio y sustento de la vida. Pues bien, Dios vive y hace vivir… Por el contrario, el dinero se pudre (como herrumbre) y mata a los hombres que quieren sustentarse en él (como sabe el Sermón de la Montaña).

Divinizar la riqueza, ese es pecado. No se trata de algún tipo “confesión de fe abstracta”, sino de algún muy concreto: Querer fundar la vida en la propia riqueza, vivir para amontonarla, destruyéndose con ella.

Éste es el infierno de Santiago, el hermano de Jesús: Las mismas riquezas que habéis amontonado “os queman”, se destruyen y os destruyen. No hay un infierno “exterior”, hecho por Dios, para castigaros. Vosotros mismos os castigáis y os condenáis a la muerte al convertir vuestra vida el deseo de riqueza.

El hombre, hecho por Dios y para Dios (un ser divino), se vuelve siervo del dinero, matándose a sí mismo. Éste es el primer infierno.

b. La riqueza es pecado porque destruye a los pobres.
Quien vive para amontonar riqueza tiene que matar a los otros

El jornal defraudado a los obreros
que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros;
y los gritos de los segadores
han llegado hasta el oído del Señor de los Ejércitos.

Santiago toma estas palabras de la tradición campesina de Israel, y ellas pueden entenderse en todas las culturas de la tierra. Así evoca la imagen del obrero sin sueldo (defraudado) y del segador sin jornal (ni comida) a la caída de la tarde. La idolatría se convierte de esa forma en injusticia, la adoración del dinero en muerte de los pobres.

El jornal “defraudado” es el dinero que se quita a los pobres, el dinero que amontona el rico está hecho de la sangre de los oprimidos. Esta imagen del obrero o segador defraudado ha de traducirse en nuestra sociedad neo-capitalista (año 2012) en otras claves, pero se sigue entendiendo perfectamente:

‒ Está al fondo la experiencia de los millones de hombres y mujeres sin trabajo ni sueldo suficiente, mientras los ricos de las multinacionales almacenan dinero “abstracto” (virtual), pero que mata muy en concreto a los pobres.

‒ Está al fondo la experiencia de los hombres, mujeres y niños concretos (casi cien mil) que mueren cada día de hambre, mientras crece la espiral de un “mercado” donde todo se compra y se vende, con hombres y mujeres concretos que ganan y crecen (destruyendo su propia vida).

‒ La pobreza y el dolor del mundo, el hambre de los expulsados, éste es el grito del hombre que clama ante Dios. Éstos que así gritan y mueren son para Santiago, hermano de Jesús, los nuevos y eternos hebreos que gritan desde Egipto, el más tico de todos los países, como sabe el libro judío del Éxodo.

Visto así, el grito de hambre de los pobres no es un problema sólo social, sino teológico. Éste es el lugar en el que debe revelarse Dios en nuestro mundo.

c. Habéis condenado y matado al Justo,
es decir, al mismo Cristo.

Ésta es una de las palabras más sorprendentes del NT, una palabra que deriva de todo lo anterior: Este Justo al que han condenado y matado los ricos es Jesús, el redentor de la tradición de Santiago y de la Iglesia judeocristiana:

Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al Justo; él no os ha resistido.

El Credo oficial de la Iglesia dice sobriamente que Jesús fue crucificado en tiempos (bajo) Poncio Pilato, sin condenar más en concreto a los “culpables”. Santiago afirma, en cambio, que a Jesús le han matado y le siguen matando los ricos.

-- Cierta tradición gnóstica (iniciada ya por el mismo Pablo) dirá que a Jesús le mataron los “principados y poderes” del alto (infernales), sin saber en el fondo lo que hacían.

-- El evangelio de Marcos y toda la tradición sinóptica indicará que a Jesús le mataron los poderes político-religiosos de Jerusalén: el Gobernador Pilato, los Sumos sacerdotes…

-- Desde ese fondo, cristianos y judíos, exegetas de todos los tiempos, siguen discutiendo si a Jesús le mataron más los judíos o los príncipes romanos. Mil veces han perseguido los malos cristianos a los judíos llamándoles “deicidas”, asesinos de Jesús.

-- Pues bien, este pasaje de Santiago, enraizado en la mejor tradición judía y cristiana, afirma que a Jesús le han matado en concreto “los ricos”, es decir, los que vivís entregados al lujo y al placer, a costa de los pobres. Cada vez que muere por vosotros un “pobre” está muriendo a Cristo, es decir, estáis matando al Justo.

Santiago está diciendo que los que han matado a Jesús el Justo lo han hecho por codicia, porque han querido asegurar su poder y su dinero. Según eso, el rico que defrauda al pobre no es simplemente homicida, es deicida.

Ésta es la palabra clave, ésta la conclusión del texto de Santiago, que puede condensarse en tres afirmaciones radicales, con las que termino este comentario:

1. Los ricos, como idólatras y opresores, terminan matando al “justo”, es decir, a los pobres. Éste es un tema que ha sido explorado y desarrollado de un modo escalofriante por el libro de la Sabiduría (Sab 2), a partir de la tradición del Antiguo Testamento: La muerte del justo que es pobre.

2. En este contexto emerge, de manera sorprendente, la imagen y realidad del Justo (ton Díkaion), que es Jesús, el Mesías, a quien han matado (y siguen matando los ricos). La carta de Santiago es la más “sobria” del Nuevo Testamento en el plano cristológico: Apenas habla de Jesús, casi ni le cita. Pero en el lugar central le presenta como el Justo asesinado por todos los ricos de la historia humana: ¡Cada vez que lo hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis; cada vez que dejasteis morir a uno de ellos, a mí me matasteis! (cf. Mt 25, 31-46).

3. Jesús, el no violento, no ha resistido... y, sin embargo (por eso) él es quien decide el sentido de la historia. En esta palabra culmina el pasaje: “Ouk antitasstai hymin”. El Justo Jesús no se ha opuesto a vosotros con violencia, no os ha matado, no ha hecho la guerra… Se ha dejado matar, como el Siervo del Segundo Isaías, como el Justo de Sal 2. Éste es el Jesús que proclamó la “no violencia activa” (no juzguéis, no os opongáis al mal con violencia…). A partir de aquí se entiende la historia de los hombres.

Conclusión

Este pasaje no necesita conclusiones. Déjala así, así es la “rosa”, así es la profecía. Sumérgete en ella y “siente” la condena de un mundo injustos, de unos ricos-ricos que matan (dejan morir) a los pobres, matando al mismo Cristo, y llamándose a veces cristianos.

Todo lo demás pasa. Esta palabra de Santiago, teólogo de raza, hermano de Jesús nos introduce en el secreto de la historia humana.

(Seguiré mañana, presentando a Santiago y su carta. Buen sábado y domingo a todos, si podéis, tras haber leído a Santiago, después de haber leído ayer el otro texto clave de Jesús: ¡Córtate la mano….!).

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cómo se formó el poder monárquico-absolutista de los papas


Fuente: Koinonía

No fue así al principio. La Iglesia era una comunidad fraternal. No existía todavía la figura del papa. Quien dirigía la Iglesia era el emperador pues él era el Sumo Pontífice (Pontifex Maximus) y no el obispo de Roma ni el de Constantinopla, las dos capitales del Imperio.

Así el emperador Constantino convocó el primer concilio ecuménico de Nicea (325) para decidir la cuestión de la divinidad de Cristo. Todavía en el siglo VI el emperador Justiniano, que rehízo la unión de las dos partes del Imperio, la de Occidente y la de Oriente, reclamó para sí el primado de derecho y no el de obispo de Roma. Sin embargo, por el hecho de estar en Roma las sepulturas de Pedro y de Pablo, la Iglesia romana gozaba de especial prestigio, así como su obispo, que ante los otros tenía la “presidencia en el amor” y “ejercía el servicio de Pedro”, el de “confirmar en la fe”, no la supremacía de Pedro en el mando.


Todo cambió con el papa León I (440-461), gran jurista y hombre de Estado. Él copió la forma romana de poder que es el absolutismo y el autoritarismo del emperador. Comenzó a interpretar en términos estrictamente jurídicos los tres textos del Nuevo Testamento referentes a Pedro: Pedro como piedra sobre la cual se construiría la Iglesia (Mt 16,18), Pedro, el confirmador en la fe (Lc 22,32) y Pedro como Pastor que debe cuidar de sus ovejas (Jn 21,15). El sentido bíblico y jesuánico va en una línea totalmente contraria: la del amor, el servicio y la renuncia a cualquier honor.

Pero predominó la lectura del derecho romano absolutista. Consecuentemente León I asumió el título de Sumo Pontífice y de Papa en sentido propio. Después, los demás papas empezaron a usar las insignias y la indumentaria imperial, la púrpura, la mitra, el trono dorado, el báculo, las estolas, el palio, la muceta, se establecieron los palacios con su corte y se introdujeron hábitos palaciegos que perduran hasta los días actuales en los cardenales y en los obispos, cosa que escandaliza a no pocos cristianos que leen en los evangelios que Jesús era un obrero pobre y sin galas. Entonces empezó a quedar claro que los jerarcas están más próximos al palacio de Herodes que a la gruta de Belén.

Pero hay un fenómeno de difícil comprensión para nosotros: en el afán por legitimar esta transformación y garantizar el poder absoluto del papa, se forjaron una serie de documentos falsos. Primero, una pretendida carta del papa Clemente (+96), sucesor de Pedro en Roma, dirigida a Santiago, hermano del Señor, el gran pastor de Jerusalén, en la cual decía que Pedro antes de morir había determinado que él, Clemente, sería el único y legítimo sucesor. Y evidentemente los demás que vendrían después. Falsificación todavía mayor fue la famosa Donación de Constantino, un documento forjado en la época de León I según el cual Constantino habría hecho al papa de Roma la donación de todo el Imperio Romano.

Más tarde, en las disputas con los reyes francos, se creó otra gran falsificación, las Pseudodecretales de Isidoro que reunían falsos documentos y cartas como si proviniesen de los primeros siglos, que reforzaban el primado jurídico del papa de Roma. Y todo culminó con el Código de Graciano en el siglo XIII, tenido como base del derecho canónico, pero que se basaba en falsificaciones y normas que reforzaban el poder central de Roma además de en otros cánones verdaderos que circulaban por las iglesias. Lógicamente, todo esto fue desenmascarado más tarde pero sin producir modificación alguna en el absolutismo de los papas. Pero es lamentable y un cristiano adulto debe conocer los ardides usados y concebidos para gestar un poder que está a contracorriente de los ideales de Jesús y que oscurece el fascinante mensaje cristiano, portador de un nuevo tipo de ejercicio del poder, servicial y participativo.

Posteriormente se produjo un crescendo del poder de los papas: Gregorio VII (+1085) en su Dictatus Papae (la dictadura del papa) se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo; Inocencio III (+1216) se anunció como vicario-representante de Cristo y por fin, Inocencio IV (+1254) se alzó como representante de Dios. Como tal, bajo Pío IX en 1870, el papa fue proclamado infalible en el campo de doctrina y moral. Curiosamente, todos estos excesos nunca han sido denunciados ni corregidos por la Iglesia jerárquica porque la benefician.

Siguen sirviendo de escándalo para los que todavía creen en el Nazareno pobre, humilde artesano y campesino mediterráneo, perseguido, ejecutado en la cruz y resucitado para levantarse contra toda búsqueda de poder y más poder aun dentro de la Iglesia. Ese modo de entender comete un olvido imperdonable: los verdaderos vicarios-representantes de Cristo, según el evangelio de Jesús (Mt 25,45) son los pobres, los sedientos y los hambrientos. Y la jerarquía existe para servirlos, no para sustituirlos.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

jueves, 24 de mayo de 2012

La locura de creer en lo imposible


Publicado por Territorio abierto

Como cristianos católicos creemos en un Dios que se encarnó en forma humana, que fue crucificado como criminal y que resucitó de la muerte. A la luz de la razón, nuestras creencias pueden parecer ciencia ficción. De hecho, a los no creyentes es fácil que esta historia les suene a una fábula de locos. Sin embargo, es precisamente en esta locura donde se resume nuestra fe; una fe que cree en lo imposible, en la gracia de asumir como real algo tan humanamente improbable como la resurrección, que nos da la esperanza de que lo nuestro no termina en este mundo, sino más allá de esta existencia de carne y hueso.

Aunque creemos en un Cristo que vence a la muerte, a veces -aún en este tiempo pascual-, nos quedamos cabizbajos ante la tumba vacía, y perdemos de vista las señales de resurrección que nos rodean. Porque si juzgamos con criterios terrenales es fácil desesperarnos con toda la violencia, injusticia y sufrimiento que hay en el mundo; con tantas cruces, tanto individuales como sociales, con las que hay que cargar. Todo esto nos lleva a ver nuestra vida como un vía crucis sin esperanza de resurrección. ¿Qué razón tenemos para creer en lo imposible, si hasta dudamos de lo posible?

Pero a la luz de la fe, la realidad que nos rodea se transforma en la presencia amorosa de un Dios que nos cuida y nos acompaña aún en los momentos más oscuros. Es un proceso lento, que incluye dudas y tropezones inevitables. Requiere de mucho desprendimiento y entrega; pero poco a poco, el camino de la fe nos permite vislumbrar la voluntad de Dios detrás de la superficie de nuestra existencia. Esta voluntad divina no conoce ni las fronteras ni los límites de nuestra imaginación humana. Es la voluntad de un Dios que sueña en grande y cuyos planes son inimaginables a la luz de la razón humana.

Un estudiante jesuita que tuve la dicha de conocer hace unos meses llegó a personificar para mí este proceso. Él fue diagnosticado de cáncer el año pasado, y falleció hace un par de días. En los altibajos de su sufrimiento, dio ejemplo de lo que es aceptar con magnanimidad la voluntad de Dios. Siempre agradecía nuestras oraciones, mantenía firme su esperanza en el Señor, e inspiraba a muchos. Al acercarse a su muerte, se entregó con una paz profunda que sólo podía venir de una fe aún más profunda. En su angustia y dolor nos alentaba a todos a creer en lo imposible, a creer en un Cristo que haya resucitado de entre los muertos.

El Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola nos sirve de guía en este camino pedregoso de la fe. Según éste, es menester hacernos indiferentes ante todo lo creado, de tal manera que no queramos más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, sino lo que más nos lleva al fin por el cual fuimos creados: alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Nos exige mirar más allá de lo cotidiano, para ver nuestra existencia a la manera de Dios, es decir, como seres creados a su imagen y semejanza con un amor que rebasa nuestras expectativas humanas, y con un fin eterno. ¿Será posible recorrer este camino de la fe con todas las contrariedades de la vida? ¿Será posible creer en algo tan imposible? Sólo, quizás, si recurrimos a lo que nos dice la Sagrada Escritura: “Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19:26).

Por Kyle Shinseki sj

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

lunes, 30 de abril de 2012

¿Renovar la Iglesia o romperla?



En el año 95, los escándalos de pederastia que afligieron a Austria, acompañados de una insatisfacción creciente con algunas cuestiones disciplinares en la Iglesia llevaron a un importante sector de la Iglesia austriaca a suscribir masivamente una agenda de reformas. En Alemania, Somos Iglesia recogió casi dos millones de firmas en torno a las mismas peticiones. A finales de 1996 se constituyó en Roma el Movimiento internacional Somos Iglesia, con la participación de 10 países, la mayoría europeos, pero también los Estados Unidos y Canadá.

En España, la Corriente Somos Iglesia, que agrupaba en 1997 a 150 colectivos y a una red activa de 20.000 personas, trabajó durante dos trienios, hasta convocar en 2002, en Madrid, un encuentro internacional con 500 delegados de 30 países y de cuatro continentes, bajo el lema Otra Iglesia es posible.

Desde entonces hasta ahora, foros de curas como los de Girona, Madrid, Bizkaia.., colectivos de religiosos/as, Redes Cristianas, Iglesia de Base, colectivos de teólogos, publicaciones religiosas… han seguido manifestando preocupación y disgusto por la falta de abordaje y diálogo efectivo sobre temas que afectan a la eficacia de la Misión de la Iglesia y a su credibilidad.

Preocupaciones antes minoritarias adquieren ya centralidad, como se revela en la desesperada llamada de los párrocos y diáconos austriacos, y también en los ecos mediáticos de las protestas.

Legítimas son, tanto la preocupación por la renovación de la Iglesia para ser más eficaz al servicio de su misión evangelizadora por la paz, la justicia y la vida, cuanto la inquietud por su gobernabilidad e identidad. El obstáculo para el diálogo conciliar es que ambas preocupaciones queden divididas y enfrentadas, en vez de ser compartidas por una mayoría eclesial, incluyendo a su jerarquía.

Tan preocupante puede llegar a ser un lobby proponiendo salidas rupturistas, cuanto una pasividad defensiva que se limitara a poner cortapisas sin abordar los problemas. Muchos sienten hoy vacía la afirmación de que “la Iglesia se hace en la Eucaristía y que la Eucaristía hace a la Iglesia”, cuando tantas comunidades en el mundo no pueden celebrarla.

Voces de la jerarquía a favor de un debate conciliar sobre algunas de estas cuestiones, como la de los cardenales Martini y Lehman, o la del fallecido cardenal Hamao, han sido desestimadas.

En este Jueves Santo hemos escuchado del Papa la convicción de que la desobediencia no es un camino para renovar la Iglesia.

Habrá, sin duda, que encontrar vías más adecuadas, de manera corresponsable, para algo que nos compete y urge a todos; la acción del Espíritu necesita también de nuestro concurso. Hay cismas que llevan tiempo fraguándose: el más visible: el que podría capitalizar ahora esta “llamada a la desobediencia” aunque, probablemente, no sea su intención; el menos visible, pero no por ello menos preocupante: la desafección y la rebeldía creciente de muchos creyentes ante una institución que cada vez les resulta más ajena y menos creíble.

Es importante que sigan emergiendo con credibilidad nuevos liderazgos que apunten caminos conciliares de participación, diálogo y búsqueda de amplios consensos, para que una gran mayoría eclesial pueda aportar corresponsablemente sobre cuestiones que conciernen a toda la Iglesia.

De fondo está el tema pendiente de democratización de las relaciones en la Iglesia. El autoritarismo cierra las puertas a la mediación, imprescindible y demandada ante la crispación y la fractura, avivadas por fundamentalismos de diversos signos y, en ocasiones, por intereses que se alejan de la misión evangelizadora.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

martes, 24 de abril de 2012

Hacia un paradigma pos-religional



Cada vez se está hablando más del declive del cristianismo en Occidente. El catolicismo y el protestantismo por igual, atraviesan una grave crisis, tanto en Europa como en América del Norte. Son cada vez más los observadores que pronostican que a continuación la crisis va a afectar también a otras religiones. Se sospecha que la crisis no parece deberse a un problema propio del cristianismo, sino a la naturaleza misma de «las religiones», y la incapacidad creciente que éstas experimentan para acomodarse al profundo cambio cultural que está en curso. La hipótesis del advenimiento de un «paradigma pos-religional» quiere plantear la posibilidad de que estemos ante una transformación socio-cultural de hondo calado, en la que las «religiones neolíticas» van a dejar de ser viables cuando se implante a fondo la adveniente de «sociedad del conocimiento»(1), que será una sociedad «pos-religional»(2) [Ver las notas al final del texto. Especialmente esta segunda. Nota de ATRIO], y que las religiones que no se liberen de sus condicionamientos «religionales» ancestrales se verán abocadas a los márgenes residuales del curso de la historia.

Es obvio que este paradigma-hipótesis estaría conviviendo con fenómenos bien contrarios de conservadurismo religioso, revivals espirituales, carismatismo y neopentecostalismo. Sólo en algunos sectores geográficos puede estarse dando mayoritariamente, pero algunos observadores afirman que crecen los síntomas de que en las capas urbanas, cultas, tanto de jóvenes como de adultos, con acceso a cultura y tecnología… estaría empezando a hacerse presente este paradigma, también en América Latina (¿también en África y Asia?). Prescindiendo de sondeos cuantificadores de campo, nos queremos concentrar en la elaboración teórica de una primera presentación reflexiva e indagatoria de lo que aquí queremos llamar «paradigma pos-religional», que proponemos a debate y contraste de la comunidad de estudiosos de la teología y de las ciencias de la religión, así como de los«pastores» y de todas las personas preocupadas por la evolución actual de lo religioso.


POSIBLE FUNDAMENTO DE LA HIPÓTESIS
Una ampliación del conocimiento humano y un callado enfrentamiento de la ciencia actual con la religión parecerían ser causas intelectuales de este nuevo paradigma, entre otras. El desarrollo de las ciencias está llevando a la humanidad a observarse a sí misma y a hacerse de su religiosidad una idea en gran medida diferente de la que hasta ahora tenía de ella, lo cual repercute en una actitud nueva frente a la religión.

A estas alturas de la historia, la antropología cultural se cree ya en capacidad de poder hacer sobre la religión un juicio diferente al que ésta ha venido haciendo de sí misma, a la auto-definición con la que durante milenios la religión se ha presentado y con la que ha fraguado la opinión mayoritaria de las sociedades tradicionales, hasta hoy. Aunque quede mucho por investigar, y aunque otras ciencias también pueden aportar mucho, la antropología cultural –interdisciplinariamente considerada– cree saber ya cuándo y cómo se fraguaron las religiones, con qué mecanismos sociales y epistemológicos operan, y cuáles son las dimensiones humanas profundas en juego en su relación con el ser humano, individual y colectivo. La novedad de estos juicios es radical, y parece generalizarse y difundirse en las sociedades evolucionadas tan rápida como subliminalmente, generando un cambio profundo de actitud hacia la religión, que estamos interpretando precisamente como la llegada de un nuevo «paradigma pos-religional».

Éstos serían –muy en síntesis– los puntos nucleares de esta nueva visión que la antropología cultural está presentando hoy día sobre la religión:

Las religiones no son «de siempre», no existen desde que el ser humano está sobre la faz de la Tierra. Hoy sabemos que las religiones son jóvenes, casi «recientes». La más antigua, el hinduismo, sólo tendría unos 4500 años. El judeocristianismo, 3200. En términos evolutivos, aun limitándonos a los tiempos del género homo (entre 5 y 7 millones de años), o más todavía de la especie homo sapiens (150 mil o 200 mil), las religiones son «de ayer mismo». Hemos pasado muchísimo más tiempo sin religiones que con ellas, aunque espirituales parece que lo hemos sido desde el primer momento: homo sapiens y homo spiritualis parecen ser coetáneos. Las religiones no son por tanto algo que acompaña necesariamente al ser humano, como muestra la historia(3).
Las religiones se han formado en la época neolítica, tras la gran transformación que vivió nuestra especie al pasar de ser tribus nómadas de cazadores y recolectores, a vivir sedentariamente en sociedades urbanas ligadas al cultivo de la tierra, a raíz de la «revolución agraria»(4). En esa coyuntura evolutiva (tal vez el momento más difícil de su historia evolucionaria) la humanidad ha tenido que reinventarse a sí misma creando unos códigos que le permitieran vivir en sociedad, no ya en bandas o manadas, con derecho, moral, cohesión social, sentido de pertenencia… para ser viable y sobrevivir como especie. En esa coyuntura, nuestra especie ha echado mano de la que es quizá su fuerza mayor desde su aparición como especie emergente: su capacidad simbólica y religiosa, su necesidad de sentido y de experiencia de trascendencia. Quizá podría haber sido de otra manera, pero ha sido de hecho así.
Desde el neolítico hasta nuestros días, las sociedades han sido religiosas, «religiocéntricas», transidas de religión en todas sus estructuras: su conocimiento (y su ignorancia), sus creencias, su cultura, su sentido de identidad, su cohesión social y el sentido de pertenencia de sus miembros, su derecho, su política, su legitimidad, su estructura social, su cosmovisión, su arte… «La cultura ha sido la forma de la religión, y la religión ha sido el alma de la cultura» (Tillich). El impulso religioso, la fuerza de la religión, ha sido el motor del «sistema operativo» de las sociedades. Si exceptuamos los dos últimos siglos, desde la revolución agraria no hemos conocido sociedades ni grandes movimientos sociales ni siquiera revoluciones no religiosas; es claro que sus motivaciones eran también y fundamentalmente económicas y políticas, pero era a través de lo religioso como eran gestionados esos impulsos sociales. La religión misma –con un prestigio cuasidivino, su autoridad incuestionable, sus creencias, mitos, dogmas, leyes, moral… e incluso sus instancias inquisitoriales– fungía como software programador de cada sociedad. Eso ha sido así durante todo el tiempo neolítico –o «agrario» en el sentido amplio que estamos utilizando–, que ahora la antropología cultural sostiene que se está acabando.
¿Con qué mecanismos internos las religiones han ejercido esta su capacidad programadora de la sociedad? Por medio de:
la creación e imposición de su cosmovisión sobre la sociedad: ella es quien ha dicho a la humanidad, en cada sociedad, qué es la realidad, cuál es su origen, su sentido y sus exigencias morales;
las creencias fundamentales vehiculadas por los mitos sagrados, que han fungido como los presupuestos, axiomas, postulados, presupuestos profundos de cada sociedad, como la arquitectura epistemológica misma de la sociedad humana;
una «epistemología mítica», que ha atribuido a Dios sus propias elaboraciones, para presentarlas como revelación o voluntad de Dios, y así absolutizarlas para dar seguridad a la sociedad humana;
una exigencia radical de sumisión [islam significa sumisión], de fe [una exigencia primera en el cristianismo], de «creer lo que no se ve» (o lo que ni siquiera se entiende);
ejerciendo con todos estos mecanismos como sistema operativo de la sociedad (lo que se evidencia en los sistemas sociales de los imperios con su religión de Estado, la «sociedad de cristiandad» o los «regímenes teocráticos» en otras religiones, por ejemplo).
A partir de estas premisas podríamos dotarnos ahora de una nueva definición técnica ad hoc de las «religiones» en el sentido que aquí queremos dar al término: llamamos técnicamente «religión» a la configuración socio-institucionalizada que la religiosidad (espiritualidad) constitutiva del ser humano adoptó en la edad agraria, configuración que ha fungido como sistema fundamental de programación y de autocontrol de las sociedades agrarias neolíticas. En esta exposición entendemos «religión» en este estricto sentido técnico, y no en cualquiera de las otras acepciones de la palabra (religiosidad, dimensión religiosa, espiritualidad, institución religiosa…); no tener en cuenta esta precisión de vocabulario nos llevaría inevitablemente a la confusión. Derivadamente, llamaremos técnicamente «religional» a lo relativo a esta «configuración socio-religiosa propia del tiempo agrario o neolítico»

En este sentido, es de notar que el paradigma que queremos presentar es calificado como «pos-religional», no como «pos-religioso», porque continuará siendo«religioso» en el sentido normal del diccionario, en cuanto «relacionado con la dimensión espiritual del ser humano y de la sociedad», aunque cambien las culturas y las épocas; lo llamamos posreligional porque ciertamente se instalará en la superación de la citada configuración de lo religioso (aquellos modos de funcionar a los que luego nos vamos a referir propios de las religiones que genéricamente llamamos «agrarias» –incluyendo ahí las ganaderas y otras formas más especializadas–).

El prefijo «pos» no lo tomamos en el sentido literalmente temporal (como un «después de») sino en un sentido genéricamente superador: «más allá de». Por ello, igualmente sería válido decir «a-religional», sin posible confusión en la dimensión temporal. «Pos-religional» no significa «pos-religioso»ni «post-espiritual», sino, estrictamente, «más allá de lo «religional», es decir, más allá de «lo que han sido las religiones agrarias», o una«religiosidad sin religiones (agrarias)», una espiritualidad sin la “configuración socio-institucionalizada propia de la edad neolítica” (sin progra mación social, sin sumisión, sin dogmas…). Obviamente, nos apoyaremos en otras mediaciones, gestos, símbolos, instituciones o «sistematizaciones» de otro tipo, porque la experiencia espiritual humana no puede darse en el vacío…; pero no es éste el momento dirimir este punto.


ELEMENTOS PRINCIPALES DEL PARADIGMA POS-RELIGIONAL
Tratemos de establecer ya los elementos principales de la nueva conciencia «pos-religional» propia de ese fenómeno complejo de la cultura social emergente, consecuencia principal de la ampliación del conocimiento humano.

1. Las Religiones son otra cosa que lo que tradicionalmente pensábamos, que lo que todavía piensa mucha gente, que lo que ellas piensan de sí mismas y han difundido en la sociedad durante milenios. Las religiones no están respaldadas por una especie de preexistencia que haría de ellas un cuerpo supremo primordial de sabiduría, unas formas de sabiduría divina reveladas por Dios mismo, lo que las convertiría en el único medio de acceso a esa revelación y a la relación con el Misterio.

Las religiones –siempre, no se olvide, en el sentido específico que estamos dando al término– son, más bien, un fenómeno histórico, una forma sociocultural concreta que la dimensión profunda de siempre del ser humano ha revestido en una determinada era histórica. No son «la religiosidad misma».No son equiparables sin más a la espiritualidad humana de todos los tiempos.

Las religiones son formas, históricas, contingentes, y cambiantes, mientras que la espiritualidad es una dimensión constitutiva humana, permanente, anterior a las formas, y esencial al ser humano… La espiritualidad puede ser vivida en, o fuera de las religiones. Podríamos prescindir de las religiones, pero no podremos prescindir de la dimensión de transcendencia del ser humano…

2. Las religiones son también construcciones humanas… Como hemos dicho, la ciencia y la sociedad ya saben mucho sobre su origen, su formación, sus mecanismos. Ello cambia radicalmente nuestra percepción sobre ellas: las religiones son obra nuestra, creaciones humanas, geniales, pero humanas –a veces, demasiado humanas–, y que deben estar a nuestro servicio, no al revés.

Las religiones –sus creencias, sus mitos, su moral…– no son obra directa de un Dios out there, up there, que nos envió ese don de las religiones, sino que son algo que ha surgido de aquí abajo, algo muy terrestre, que nos lo hemos hecho nosotros los humanos, impulsados ciertamente por la fuerza del misterio divino que nos invade, pero según nuestras posibilidades y con nuestros condicionamientos muy concretos.

Las religiones se absolutizaron a sí mismas al atribuir su propio origen a Dios. Fue un mecanismo que sirvió para fijar y dar consistencia inamovible a las construcciones humanas que ellas eran, en el afán de asegurar las fórmulas sociales de convivencia con las que la humanidad había logrado dotarse. Hoy estamos perdiendo la ingenuidad, y ese carácter absoluto de las religiones, que durante milenios fue un componente esencial de las sociedades humanas, que nos hizo más fácil y más pasiva la vida de los humanos, se nos evidencia como un llamativo espejismo epistemológico, que habíamos asumido por vía de una creencia, pero que hoy ya no nos resulta ni necesario, ni deseable, ni soportable.

3. Entonces, no estamos sometidos a las religiones, no estamos condenados a marchar por la historia por el camino acabadamente trazado por ellas, como si fuera un designio divino que marcara previamente –desde siempre, y desde fuera-nuestro destino, como si nos obligara a adoptar las soluciones con que nuestros ancestros trataron de resolver sus problemas y de interpretar la realidad a la medida de sus posibilidades…

Si las religiones son construcción nuestra, ello significa que no nos quitan el derecho (ni la obligación) de pronunciarnos ante la historia y de aportar nuestra propia respuesta a los problemas de la existencia, y de expresar con autoconfianza nuestra propia interpretación de la realidad de lo que somos, ayudados por nuestros descubrimientos científicos. No estamos obligados a tomar como verdad intocable e infranqueable las interpretaciones obsoletas y las soluciones ancestrales que se dieron a sí mismas generaciones humanas de hace unos cuantos miles de años, como si aquellas interpretaciones fueran una supuesta «revelación» venida de fuera y de obligado cumplimiento. Ese equívoco «religional» en el que han vivido nuestros antepasados, nos parece, a estas alturas de la historia, una alienación.

Da miedo sentirnos solos, responsables ante la historia, libres ante los caminos religiosos tradicionales, sin un camino seguro e indiscutiblemente obligatorio trazado por los dioses… Esta nueva visión del mundo, este «paradigma pos-religional», genera una autoconciencia humana profundamente diferente respecto a la que nos había marcado la conciencia religional tradicional. Ahora nos sentimos libres de las ataduras «religionales» para dar rienda suelta a nuestra realización personal y colectiva, para asumir plenamente nuestra responsabilidad, nuestras decisiones, nuestra interpretación al propio riesgo, sin ninguna restricción ni coacción supuestamente externa, aunque bien preocupada por sintonizar con el Misterio que nos mueve.

4. Las religiones, supuestamente las únicas conocedoras del principio de los tiempos y del final del mundo, no son, por naturaleza, eternas, para siempre. Ahora las sabemos más bien temporales, construidas humanamente, recientes, contingentes. Y sabemos que no es imposible que puedan desaparecer. No son esenciales a nuestra naturaleza, y nos han acompañado una pequeña parte de nuestra historia evolucionaria.

Las religiones agrarias están ligadas a la época neolítica: podríamos decir que surgieron de hecho para hacer viable la especie humana al entrar en esa era nueva, la subsiguiente a la revolución agraria. Pero, es precisamente esa era la que los especialistas dicen que actualmente está llegando a su fin. ¿Qué futuro podemos pronosticar a las religiones en una época de transición que anuncia el final de la era que las hizo surgir?

Parece plausible la hipótesis de que las religiones («agrarias») pudieran desaparecer. No parece un imposible en sí mismo, ni tendría por qué ser un desastre histórico gravísimo: hemos vivido la mayor parte de nuestra historia «sin religiones» (todo el paleolítico), y está demostrado que ello no impidió nuestra cualidad humana profunda, nuestra espiritualidad.

5. A estas alturas ha quedado ya indirectamente evidenciada una distinción que se impone. Tradicionalmente las religiones detentaban el monopolio de lo espiritual. Una persona podría ser espiritual, solamente mediante las religiones. Eran consideradas la fuente misma de la espiritualidad, la conexión directa con el Misterio. Religiones y espiritualidad eran todo uno, la misma cosa.

Hoy, como acabamos de expresar, la conceptuación de las religiones está cambiando radicalmente en el paradigma posreligional emergente. Cada día a más personas se les hace evidente que las religiones no son la fuente de espiritualidad, sino sólo unas formas socio-culturales que la espiritualidad ha revestido históricamente; con frecuencia son un freno y un obstáculo para la espiritualidad, que es una dimensión esencial y característica del ser humano, que le acompaña permanente desde su surgimiento como especie. Las palabras religión, religioso, religiones, que tradicionalmente venían cubriendo intercambiablemente todo el ámbito de lo relativo a la espiritualidad, hoy deberán pasar, escrupulosamente, por la criba de la distinción entre lo religioso (lo que tiene que ver con esa dimensión misteriosa del ser humano) y lo religional (lo que pertenece simplemente al ámbito de esas configuraciones socio-culturales e institucionales que hemos llamado religiones agrícola-neolíticas).


EL PARADIGMA POS-RELIGIONAL EN SÍNTESIS
Una vez expuestos estos elementos principales de la visión constitutiva del paradigma posreligional, podríamos tratar de expresar su núcleo argumentador en apretada síntesis:

• Primera premisa: Las religiones (no «la religión, ni la espiritualidad, ni la religiosidad…), en el sentido técnico que hemos dado aquí al término, son una creación neolítica, de la edad agraria de la humanidad, tanto productos de ella como causas de la misma.

• Segunda: La transformación socio-cultural que estamos atravesando en la actualidad implica, precisamente, el final de esa época agrario-neolítica. Lo que ahora está siendo superado y barrido ha estado en los fundamentos de la sociedad humana y en la forma de la conciencia humana de la especie durante los últimos 10.000 años (desde el comienzo de la edad; ésa es la profundidad del cambio actual). Emerge un tipo nuevo de sociedad, con unos fundamentos distintos –sobre todo epistemológicos– que resultan incompatibles con el “sistema operativo” milenario neolítico. Se impone, por ello, un cambio sistémico tanto a nivel epistemológico como a nivel del tipo de conciencia espiritual de la humanidad. De ahí la radicalidad y la profundidad del cambio epocal que estamos viviendo, un nuevo «tiempo axial».

• Consecuencia: las religiones (agrario-neolíticas), identificadas con el tipo de conciencia, cosmovisión y epistemología agrarios, están perdiendo base y entrando en un profundo declive a medida que –por la acumulación de conocimientos científicos, tecnológicos, sociales y experienciales– va emergiendo un tipo de conciencia, de cosmovisión y de epistemología nuevo, incompatible con el tradicional neolítico. Los humanos de la sociedad adveniente ya no pueden expresar su dimensión espiritual en aquella configuración concreta de las religiones «agrarias» (tanto agrícolas como ganaderas), y éstas no logran sintonizar y hacerse entender por la nueva sociedad. Las religiones agrario-neolíticas se ven abocadas por tanto a transformarse radicalmente, o a desaparecer. Por su parte, las personas, comunidades e instituciones de estas religiones, a medida que pasan a la nueva cultura, se van desprendiendo de los mecanismos y de la epistemología agrarios, y van pasando a vivir su espiritualidad «pos-religionalmente».

Para verificar consecuentemente esta hipótesis:

Habrá que profundizar en el concepto técnico de«religiones» agrario-neolíticas, no limitándonos a la referencia a su origen tras la Revolución Agraria, sino adentrándonos en su estructura epistemológica y sus características esenciales, permanentes durante este tiempo de la edad agraria.
Habrá que mostrar más fundamentadamente la afirmación de que estamos ante «el fin de la edad neolítica», detallando concretamente en qué elementos antropológicos sustanciamos esta afirmación, y cuáles son los rasgos de la nueva sociedad que resultan incompatibles con sus religiones.
Y habrá que elaborar un proyecto de acompañamiento a la sociedad en esta época que se avecina de tránsito desde la sociedad agraria a la nueva sociedad.
Concluyendo, llamamos paradigma pos-religional a esa forma de vivir la dimensión profunda del ser humano que se libera y supera los mecanismos propios de las religiones agrario-neolíticas, a saber:

• su «epistemología mítica»,
• su monopolio de la espiritualidad,
• su exigencia de sumisión, de aceptación ciega de unas creencias como reveladas por Dios,
• su ejercicio del poder político e ideológico sobre la sociedad, ya sea en regímenes de cristiandad, cesaropapistas, islámicos, de unión de Iglesia-Estado, de imposición de las leyes eclesiásticas sobre la sociedad civil…
• su imposición de una moral heterónoma, venida de lo alto, con una interpretación de la ley natural desde una filosofía oficialmente impuesta, con una moral no sometida a un examen comunitario y democrático,
• su control del pensamiento humano, con los dogmas, la persecución de la libertad pensamiento, la Inquisición, la condena y ejecución de “herejes”, la pretensión de infalibilidad, de inspiración divina, de detentar la interpretación autorizada de la voluntad de Dios…
• su proclamación como «Santas Escrituras» reveladas (en el caso de las«religiones del libro») de las tradiciones ancestrales acumuladas, exaltadas como Palabra directa de Dios, como normativa suprema e indiscutible para la sociedad y para las personas…
• su interpretación premoderna de la realidad como un mundo en dos pisos, con un mundo divino sobrenatural encima de nosotros, del que dependemos y hacia el que vamos…
• su interpretación de la vida y de la muerte en términos de prueba, juicio y premio/castigo de manos de un Juez Universal que es el Señor supremo de cada religión…

Con el fin de la era agraria, todas estas estructuras cognoscitivas, axiológicas y epistemológicas milenarias, están dejando de ser viables, a medida que adviene la nueva sociedad. Fueron un gran invento humano. Gracias a esas andaderas, las bandas nómadas de cazadores y recolectores lograron reinventar su humanidad haciéndola capaz de convivir en la ciudad, regulada por el derecho, unida por una conciencia religiosa de pertenencia a una colectividad con una identidad atribuida a los dioses…

La crisis actual no se debe principalmente a procesos de secularización, o a pérdida de valores, o a la difusión del materialismo o del hedonismo (interpretación culpabilizante normalmente esgrimida por la oficialidad de las religiones), ni tampoco a la falta de testimonio o a los escándalos morales de las religiones, sino a la eclosión de una nueva situación cultural, que culmina la transformación radical de las estructuras cognoscitivas, axiológicas y epistemológicas neolíticas, transformación que comenzó con la revolución científica del siglo XVI, la Ilustración del XVIII y las varias olas de industrialización. Los síntomas sociales son un cierto agnosticismo difuso, la pérdida de la ingenuidad epistemológica, un sentido crítico más acentuado, una conceptuación más utilitarista de las religiones como al servicio del ser humano en vez de como receptoras de una lealtad total por parte de sus adeptos, la desaparición de la idea de «la única religión verdadera» y el desvanecimiento de la plausibilidad de una moral revelada heterónoma; pero el cambio estructural gravita sobre la citada transformación epistemológico-cultural.

No estamos pues ante un fenómeno realmente nuevo, sino sólo ante su radicalización Y no estamos ante una interpretación radicalmente nueva (este paradigma pos-religional), sino ante la toma de conciencia de que el eje de acumulación del cambio es sobre todo epistemológico, y que ello lo transforma radicalmente todo.

Dos cautelas:

A) Como ya señalamos al principio, no estamos queriendo decir que sólo esto es lo que acontece en el campo religioso, como si todo el escenario estuviera actualmente ocupado por esta transformación del paradigma de las religiones agrarias en un paradigma pos-religional. En el campo religioso tienen lugar muchos otros fenómenos, simultáneamente, incluso caóticamente, ya que son en algunos aspectos, contradictorios.

Junto a esta crisis de la religión, decimos que se dan efervescencias religiosas y revivals, retrocesos y fundamentalismos. En esta propuesta teológica nosotros hemos centrado nuestro foco selectivamente en un aspecto concreto de la transformación en curso, que no niega todo el resto de elementos presentes. Ocurren otras cosas en el campo religioso, pero también ocurre ésta, y esta propuesta teológica quiere llamar la atención sobre ella, a pesar de su carácter difícilmente perceptible y todavía minoritario que reviste en muchas regiones.

B) Lo que venimos diciendo tampoco se puede aplicar, indiscriminadamente, a TODAS las religiones. Porque no todas las religiones son«agrarias». Hay una buena cantidad de religiones, todo un género de las mismas, que no han pasado por la revolución agraria y urbana.

Conservan en su seno una matriz de experiencia religiosa propia de los tiempos anteriores a la transformación neolítica (a la separación frente a la placenta de la sacralidad de la naturaleza, a la asunción de la transcendencia divina dualista y acósmica, etc.), y no cayeron en la deriva controladora y programadora de la sociedad mediante la sumisión a doctrinas, dogmas, inquisiciones… Aquí podemos ubicar la gran familia de religiones cósmicas, indígenas, animistas… así como otras que, aun perteneciendo históricamente al período neolítico y siendo religiones de sociedades netamente agrarias (agrícolas o ganaderas), se mantuvieron al margen del ese control dogmático-doctrinal, como por ejemplo el hinduismo, una «religión sin verdades». Quiere esto decir que tampoco este paradigma se aplica a todas las religiones. La realidad es pues, más compleja que nuestros intentos simplificadores de comprensión, lo cual nos urge a una mayor precisión, a una más serena humildad y a un mayor interés por el estudio de campo, la investigación y el diálogo.


DE CARA AL INMEDIATO TRÁNSITO
Ésta que estamos haciendo es una propuesta teológica, una profundización teórica para mejor poder transformar la realidad que interpreta (interpretar como forma de transformar). Pero es obvio que tiene repercusiones pastorales, y muy grandes. Porque de lo que estamos hablando es de un tsunami cultural y religioso, de una metamorfosis que tal vez nos hará difícil reconocernos a nosotros mismos en un próximo futuro.

Y esta puede ser una situación muy difícil de atravesar para la humanidad; los antropólogos dicen que el tránsito de la sociedad paleolítica a la neolítica, con la revolución agraria, fue la situación más difícil que ha experimentado nuestra especie; tal vez estamos en un momento evolutivo semejante. Se hace necesario plantear cómo acompañar este «transito» que va a realizar o ya está iniciándose en la sociedad, desde las religiones «agrarias»,a un nuevo tipo de sociedad cuya realización espiritual va a darse más bien por vías y según modelos que continuarán siendo religiosos pero «pos-religionales»,sin que hoy por hoy sepamos concretamente cómo serán esas vías y esos modelos, pues… habremos de inventarlos.

Las religiones se van a ver abocadas –ya lo están siendo en muchos lugares– a situaciones de declive, de pérdida de miembros y pérdida de credibilidad y plausibilidad, por una parte, y por otra van a experimentar la contradicción con sus propios mecanismos agrarios. Ya muchas personas perciben que necesitan transformar su religiosidad, radicalmente, pero sienten punzantemente la contradicción con la doctrina oficial, con siderada infalible e inmutable, que les prohibe todo cambio o abdicación de los principios ancestrales. En algunas sociedades se cuentan ya por decenas de millones las personas que abandonan calladamente las religiones para seguir siendo religiosos pos-religionalmente. Es posible que algunas jerarquías religiosas, prendidas en el espejismo de una lealtad sagrada, prefieran numantinamente hundir a sus propias instituciones religiosas al bloquear su evolución, haciéndolo, con la mejor intención, a la mayor gloria de Dios. Pero es también posible que muchos grupos humanos sean capaces de transformarse. Es bien posible, y lo creemos además deseable, que las religiones agrarias evolucionen hacia unas nuevas formas religiosas (pos-religionales) consistentes con esta nueva sociedad del conocimiento. Se darán cuenta de que igual que la ciencia contradijo con razón el geocentrismo que ellas consideraban incluso revelado, hoy la ciencia nos descubre que el religiocentrismo ha sido un espejismo religional, y que igual que entonces fue posible abandonar la vieja cosmovisión y continuar con la vivencia espiritual, así hoy será posible –y necesario– liberarnos de las ataduras de lo religional, para encontrar la realización espiritual en un nuevo escalón evolutivo.

Todo parece indicar que el Titanic de las religiones agrarias no va a llegar a flotar en las latitudes del océano de la sociedad del conocimiento.

Todo parece indicar que no va a durar tanto, y se va a hundir. Se pasó su kairós, aunque le queda un poco de cronos. Pero no es el fin del mundo. Es sólo el fin de un mundo, el fin del mundo agrario–neolítico y de su epistemología, y con ello el fin de las configuraciones religionales de la espiritualidad, las que hemos llamado«religiones agrario neolíticas».

La vida y su dimensión profunda continúan. Y es deber nuestro comprender lo que está sucediendo, para no encontrarnos luchando contra la Realidad, sino para ayudar a este nuevo parto evolutivo de nuestra especie, para volver a reinventarnos como hicimos al comienzo del neolítico.

Es deber nuestro también ser prudentes, no empujar a nadie más allá de sus necesidades ni de sus posibilidades, advertir claramente que la situación es difícil, es un nuevo nacimiento, una metamorfosis, un«cambio de especie», o un cambio de sistema operativo, y que es un momento de riesgos importantes, tanto en el plano social cuanto individual. Es deber de la teología avizorar lo nuevo, no sólo en el aspecto deconstructivo, sino en el constructivo: no sólo lo que ya no podemos creer, sino cómo podemos pues desarrollar en plenitud nuestra dimensión transcendente o espiritual, la cualidad humana profunda que las religiones religionales, después de todo, con más o menos limitaciones, querían apoyar. Muchas cosas están muriendo, es inevitable que mueran, y no acaban de morir, tratamos de ayudarles a bien morir (el ars moriendi de morir dando vida para otros, dando a luz). Mientras tanto, es todo un mundo nuevo el que trata de nacer, y no acaba de nacer, y queremos ayudarle a nacer.

Las religiones van a verse en la necesidad de reinterpretar y reconvertir todo su patrimonio simbólico, que fue creado bajo los condicionamientos epistemológicos del tiempo agrario. Se trataría de una reelaboración, una «re-recepción» (Congar) de todo su patrimonio, elaborado inicialmente hace milenios, y mantenido históricamente bajo una ignorancia y una incultura de las que hace muy poco que acabamos de salir, gracias al portentoso despliegue de las ciencias. Las religiones habrán de buscar cómo re-comprender, y qué queda–si queda algo– de muchas de las creencias, dogmas, moral heterónoma, ritos agrarios… dentro de esta nueva situación del conocimiento y de los nuevos marcos de interpretación.

Muchos seres humanos, al verse incapacitados de seguir apoyándose en las religiones para sobrevivir espiritualmente, van a experimentar serias dificultades en la integridad espiritual de sus vidas. Como cuando el avión despega y abandona el sistema de apoyo de sus ruedas sobre el suelo, teniendo que pasar a apoyarse en un nuevo sistema de sustentación, totalmente distinto, el de sus alas, la mayor parte de la humanidad va a tener que pasar por momentos de difícil equilibrio en el tránsito de uno a otro sistema axiológico, tan diferentes, y hasta cierto punto, incompatibles, y sin cambio automático.

Lo que viene es un tsunami. Los riesgos son graves, en todos los órdenes. Es deber de la teología responsable avizorar estos problemas y tratar de acompañar este «tránsito» inevitable en el que ya estamos. Tanto en el aspecto teórico como en el práctico, el tema merecería mucha más extensión que la de esta sencilla «propuesta teológica». Nosotros la dejamos aquí, y la entregamos a consulta y debate, deseosos de que sea corregida y mejorada. ¿Podríamos ofrecer, a final de este año, un libro amplio, con las reflexiones, profundizaciones y debates que esta sencilla presentación del paradigma pos-religioso suscite? Quedan ustedes cordialmente invitados.

Notas:

(1) Tratamos de no hacer énfasis en una caracterización concreta de la nueva cultura o sociedad emergente para no introducir un debate lateral. Nuestra preferencia sería denominarla «sociedad del conocimiento», no en el sentido de sociedad muy culta, sino en el sentido de que el conocimiento probablemente será su «eje de producción y acumulación», es decir, sociedades que viven de producir conocimiento. Sea cual sea esa caracterización, lo importante para nuestro objetivo es atender a la estructura epistemológica de esa sociedad.

(2) Utilizamos los neologismos «religional» y «pos-religional» como conceptos técnicos a ser distinguidos cuidadosamente de «religioso» y«pos-religioso», como luego explicaremos.

(3) Con recelo y resignación aceptamos la palabra «espiritualidad»,tratando de no transigir con su innegable connotación etimológica dualista. Es una palabra consagrada por el uso, y es sabido que no la aceptamos como referida a un «espíritu» contrapuesto a una supuesta materia no espiritual… Postulamos una conceptuación más adecuada de lo que por espiritualidad se quiso significar: aquella dimensión de profundidad (Tillich), aquella necesidad de enmarcar nuestras vidas en contextos más amplios (Armstrong), la calidad humana profunda (Corbí), las motivaciones últimas, la mística por la que vive y lucha y con la cual contagia a los demás (Casaldáliga-Vigil)… Para subsanar su limitación, tratamos de reconducir la palabra acompañándola con expresiones paralelas.

(4) Hablamos de sociedad o época «agraria» no en el sentido de sociedad rural o de sociedad agrícola, dedicada al sector primario de la economía, la agricultura, sino refiriéndonos, desde una perspectiva antropológico-cultural, a la sociedad humana posterior a la «revolución agraria neolítica», como catalogación global de una época que llegaría hasta su disolución actual. La llamamos «agraria» en sentido amplio, incluyendo las sociedades ganaderas, que comparten unas estructuras epistemológicas propias de todo ese tiempo neolítico posterior a la revolución sociocultural que se inició con el descubrimiento de la agricultura. Las revoluciones científica (siglo XVI) e industrial (XVIII y siguientes) pueden ser consideradas como el comienzo del fin del neolítico o«edad agraria» profunda, quiebre que actualmente estaría en su fase de culminación. Estas categorías y las afirmaciones necesitan mucha matización; adoptamos pedagógicamente este lenguaje simplificado para facilitar una «presentación»sencilla de este paradigma.

Estas precisiones de vocabulario pueden explicar por qué se hace necesario acudir a este artesanal neologismo –perfectamente dentro de las reglas etimológicas de la lengua-, para evitar el equívoco, tanto de equipararlo con lo «religioso» en el sentido normal del diccionario, como de confundirlo indebidamente con lo «anti-religioso» o lo ateo. De todas formas: ¿es el adjetivo «religional» el más adecuado para calificar este paradigma? Creemos que es correcto, que es adecuado, y que es útil (por plástico y efectista), pero creemos que no es absoluto, y que puede ser mejorado, porque quizá no proviene de lo esencial del fenómeno al que se refiere ni tal vez evoca lo que pudiera ser su base material o su especificidad epistemológica. Por eso, nosotros lo proponemos con humildad como provisional y mejorable.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA