Orar La Biblia
J. L. Caravias
J. L. Caravias
1. Señor, te rogamos que, como Josué, estemos llenos de espíritu de sabiduría al estilo de Moisés (Dt 34,9). Concédenos su espíritu para que sepamos también nosotros ser tus profetas (Núm 11,25).
2. Que tu Espíritu esté sobre nosotros, como lo estuvo sobre Otoniel, para salvar a Israel de las manos de sus enemigos (Jue 3,10).
3. Revístenos de tu fuerza, como a Gedeón, para que podamos ayudar al pueblo a liberarse de sus enemigos, estimando y usando los valores de nuestra cultura popular (Jue 6,34).
4. Entra con tu fuerza en cada uno de nosotros, de forma que, como Sansón, podamos vencer al león y romper las ligaduras que nos aprisionan (Jue 14,6; 15,14). Danos, como a él, fuerza, determinación y coraje (Jue 16,6).
5. Irrumpe en nosotros, como en David, y permanece con nosotros para siempre (1Sm 16,13), de forma que lleguemos a ser personas según tu corazón (1Sm 13,14).
6. Espíritu de Yavé, como a Miqueas, llénanos de fuerza, de justicia y de fortaleza (Miq 3,8).
7. Espíritu de Dios, entra dentro de nosotros, como lo hiciste con Ezequiel, de forma que podamos mantenernos en pie y escuchar tu palabra (Ez 2,2). Elévanos sobre la tierra y condúcenos, como a él, a donde podamos ver tu Gloria, sabiendo distinguirla de todas las idolatrías existentes a nuestro alrededor (Ez 8,3ss).
8. Envíanos, Señor Dios, tu Espíritu (Is 48,16), para que sepamos, como Isaías Junior, dar fuerzas al que está cansado y robustecer al que está débil (Is 40,29).
9. Concede tu espíritu de justicia a los que se sientan en los tribunales (Is 28,6). Y en el momento de ser llevados a los tribunales por tu causa, que seas tú, Espíritu del Padre, el que hables por nosotros (Mt 10,20).
10. Que como en el Tercer Isaías y en Jesús, tu Espíritu, Señor Dios, esté sobre nosotros, nos unja y nos envíe a dar Buenas Nuevas a los pobres, a anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver, a sanar los corazones heridos, a liberar a los oprimidos y proclamar un año feliz lleno de tus favores (Is 61,1; Lc 4,18s).
11. Desciende sobre nosotros en forma de paloma, como lo hiciste sobre Jesús, para que podamos sentirnos hijos amados del Padre Dios (Mt 3,16s).
Que así sea.
2. Que tu Espíritu esté sobre nosotros, como lo estuvo sobre Otoniel, para salvar a Israel de las manos de sus enemigos (Jue 3,10).
3. Revístenos de tu fuerza, como a Gedeón, para que podamos ayudar al pueblo a liberarse de sus enemigos, estimando y usando los valores de nuestra cultura popular (Jue 6,34).
4. Entra con tu fuerza en cada uno de nosotros, de forma que, como Sansón, podamos vencer al león y romper las ligaduras que nos aprisionan (Jue 14,6; 15,14). Danos, como a él, fuerza, determinación y coraje (Jue 16,6).
5. Irrumpe en nosotros, como en David, y permanece con nosotros para siempre (1Sm 16,13), de forma que lleguemos a ser personas según tu corazón (1Sm 13,14).
6. Espíritu de Yavé, como a Miqueas, llénanos de fuerza, de justicia y de fortaleza (Miq 3,8).
7. Espíritu de Dios, entra dentro de nosotros, como lo hiciste con Ezequiel, de forma que podamos mantenernos en pie y escuchar tu palabra (Ez 2,2). Elévanos sobre la tierra y condúcenos, como a él, a donde podamos ver tu Gloria, sabiendo distinguirla de todas las idolatrías existentes a nuestro alrededor (Ez 8,3ss).
8. Envíanos, Señor Dios, tu Espíritu (Is 48,16), para que sepamos, como Isaías Junior, dar fuerzas al que está cansado y robustecer al que está débil (Is 40,29).
9. Concede tu espíritu de justicia a los que se sientan en los tribunales (Is 28,6). Y en el momento de ser llevados a los tribunales por tu causa, que seas tú, Espíritu del Padre, el que hables por nosotros (Mt 10,20).
10. Que como en el Tercer Isaías y en Jesús, tu Espíritu, Señor Dios, esté sobre nosotros, nos unja y nos envíe a dar Buenas Nuevas a los pobres, a anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver, a sanar los corazones heridos, a liberar a los oprimidos y proclamar un año feliz lleno de tus favores (Is 61,1; Lc 4,18s).
11. Desciende sobre nosotros en forma de paloma, como lo hiciste sobre Jesús, para que podamos sentirnos hijos amados del Padre Dios (Mt 3,16s).
Que así sea.



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