Publicado por Fundación Epsilon
El mundo en el que vivimos es el menos moderado que existir pudiera. ¿Se puede decir que es moderado un mundo que se gasta la mayor parte de sus recursos en preparar su destrucción? ¿O son moderadas las sociedades que consumen más de lo que necesitan y tiran lo mucho que les sobra mientras otros grupos humanos rabian de hambre? Y los títeres del imperialismo, a quienes no les importa eliminar o hacer desaparecer a las personas o a los pueblos demasiado radicales, ¿serán ellos los moderados? Pero estas cosas no se pueden decir. Son cosas que suenan a radicales; y entre gente civilizada el radicalismo es, por lo menos, de mal gusto. En eso sí hay que ser moderados. ¿Hasta para anunciar el evangelio?LA ULTIMA BIENAVENTURANZA
«Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque ésos tienen a Dios por Rey» (Mt 5,10).
Jesús promete la felicidad a sus discípulos, a todos aquellos que se decidan a poner en práctica su mensaje. Pero Jesús no oculta nunca que felicidad no significa ausencia de problemas. En medio de una sociedad claramente egoísta, organizada en beneficio de los menos y a costa de los más, el simple intento de realizar las propuestas del mensaje de Jesu's, la sola pretensión de vivir como hermanos, provocará la oposición de los que disfrutan de privilegios y acarreará todo tipo de acusaciones, de amenazas, de conflictos, de persecuciones a quienes tengan esa osadía, ese atrevimiento.
«Mirad que yo os mando como ovejas entre lobos...» (Mt 10,6).
Jesús no esconde la incomodidad de estos conflictos. Acaba de decir a sus discípulos que los envía «como ovejas en medio de lobos» y que recibirán ataques de todos los lados: de los tribunales civiles y religiosos, de reyes y gobernadores: «Os llevarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os conducirán ante gobernadores y reyes por mi causa» (10, 17-18). Son las instituciones que manejan el poder de este mundo las que se van a oponer a que este mundo cambie, a que este mundo se arregle. Incluso la familia, cuando en ella se instale la ideología del poder: «Un hermano entregará a su hermano a la muerte y un padre a su hijo; los hijos denunciarán a sus padres y los harán morir. Todos os odiarán por causa mía...» (10,21-22). No. No faltarán los conflictos, como no le faltaron al mismo Jesús.
PERDER EL MIEDO...
Pero en medio de esas persecuciones Jesús no va a dejar solos a los suyos. Ni tampoco el Padre, que estará ejerciendo su función de buen rey para con ellos y, en medio de esos conflictos, mantendrá su promesa de felicidad para los que hayan tomado la decisión de seguir a Jesús. Porque si para Dios son importantes todas las criaturas del mundo, hasta los pájaros más pequeños (Mt 6,26), ¡cuánto más lo serán los que intentan vivir como hijos suyos, explicando a los demás cómo es el Padre y cómo los que quieran ser sus hijos pueden vivir como hermanos!
Y estando defendidos por el Padre, por el autor y dueño de la vida, ¿qué miedo van a dar los señores de la muerte? Además, aquel que dé la cara por Jesús y se juegue la vida por difundir su mensaje puede estar seguro de que Jesús dará la cara por él cuando lo necesite.
Hay que perder el miedo. No porque seamos más valientes que nadie, sino porque sabemos con qué aliados contamos.
... Y NO LA VOZ
«Conque no les cojáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deja saberse; lo que os digo en la noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea».
Es verdad que nunca dice Jesús que la actitud de los suyos deba ser el buscar el choque: «Sed cautos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10,16b). El conflicto no es bueno, no hace feliz a nadie y siempre que se pueda habrá que evitarlo. Pero sin abandonar la tarea que tenemos encomendada.
Porque el peligro en el que podríamos caer, quizá con la intención de evitar los conflictos, es el de perder la voz: callarnos todo lo que tenemos que decir para no molestar o, lo que sería mucho peor, limar las asperezas del mensaje de Jesús para tener contentos a todos. Eso sería ocultar y mantener en secreto lo que debe ser proclamado desde las azoteas, a la luz del día.
NI MIEDO NI INCONSCIENCIA
Resumiendo: el compromiso cristiano supone determinados riesgos. Decir a los ricos que Dios no está de su parte, a los poderosos que su poder ni viene de Dios ni les pertenece a ellos, a los jerarcas religiosos que «sólo a Dios el honor y la gloria», y que su función sólo tiene sentido si es de hecho un servicio a los pobres, los preferidos de Dios, y no les da derecho a ningún tipo de privilegios..; decir que todos los hombres somos iguales y que Dios quiere que eso sea una realidad de hecho...; decir que la única riqueza justa es aquella que se reparte y se comparte...; decir que Dios no está con los que hacen, preparan o negocian con la guerra, sino con los que trabajan por la paz...; decir todo eso puede traernos conflictos, incomodidades, persecuciones. Vendrán. No hay que buscarlos, no hay que ser inconscientes. Pero tampoco callarse por miedo.


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