1.- Supongo que lo habéis oído muchas veces. Epifanía significa manifestación, presencia, llegada de alguien importante a una ciudad. Algo así como entrada triunfal. Es una palabra griega que también hacia referencia a la presencia prodigiosa de un dios. O la visión de un hecho milagroso. Las Iglesias orientales fueron conservando ese principio prodigioso y, finalmente, se relacionó la fiesta con el Bautismo del Señor. En la Iglesia latina se relacionó con la presencia de los Reyes Magos y con la manifestación del Hijo de Dios a los pueblos gentiles. La figura –realidad y leyenda—de los Magos ha crecido mucho en nuestra religiosidad popular y da lugar al enorme encanto de la fiesta infantil que celebramos todos los años: los Magos traen –precisamente desde Oriente—juguetes a los niños que han sido buenos, que, como se sabe, lo son la mayoría. No hay más que verlos tan tranquilitos en esta fiesta de hoy, aquí en la iglesia.2.- Y sin obviar el principal cometido que tiene la liturgia en la enseñanza de las verdades fundamentales de nuestra fe, hay que admitir el valor importante de de la religiosidad popular, del acerbo que pone en nuestras vidas la presencia de los Magos en el Portal del Belén. Lo han repetido muchos autores –y entre ellos el admirado José Luis Martín Descalzo—que ni eran Reyes, ni Magos, ni Tres. La costumbre religiosa fue dándoles el “aspecto” que ahora tienen, pero que desde luego poco importa como pudieron ser en realidad. Y hay otra frase de Martín Descalzo maravillosa: que no se sabe si se pusieron en marcha porque vieron la estrella o vieron la estrella cuando iniciaron su camino. Lógicamente, la historia y peripecia de los Magos de Oriente ha llenado muchas páginas y más recientemente se ha querido relacionar a la Estrella de Belén con los movimientos de esos cometas que periódicamente visitan la tierra. Tanto da. El mensaje importante es que algo o alguien superior los puso en camino porque adivinaron, en sus lejanos países de origen, que alguien muy notable había nacido muy lejos; o que, asimismo, en algún lugar del mundo había ocurrido un fenómeno extraordinario. Fue, sin duda, esa vivencia cósmica que se antífona de entrada de la misa del muy reciente domingo segundo de Navidad—de antesdeayer—y que hacia referencia a ese momento de silencio sereno que envolvió a la tierra antes de que la Palabra se hiciera presente…
3.- Y, bajo mi punto de vista, la mejor enseñanza de esta fiesta de hoy es que el Señor nos convierta en niños y que podamos acudir a toda hora al Portal de Belén como el “esclavito” que cita San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales. Ese niño que se hizo esclavito de los “inquilinos” el Portal para estar muy cerca de ellos. La infancia espiritual nos llevará más rápido al lugar donde queríamos llegar con nuestras ciencias sagradas y con las más densas teologías. Y es que solo los niños y unos Reyes llenos de ilusión pueden ver la Estrella que conduce a Belén.


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