Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel».
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre El. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: " Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre El, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo".
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».
El Evangelio de hoy nos presenta un cuadro sugestivo y que fácilmente podemos imaginar.
Vemos a Juan bautista rodeado de gente. Un poco más lejos Jesús se acerca lentamente hasta donde están ellos. Juan aprovecha para hablar a la gente de Jesús antes de que él llegue. Aunque, a decir verdad, el texto no nos dice que Jesús haya llegado hasta donde ellos.
¿Qué dice Juan, o más concretamente, qué le dice a la gente?
La primera afirmación que hace es: “Miren, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (29b). Una afirmación que consta de dos partes cada una de las cuales nos revela algo de Jesús.
Primera: “El Cordero de Dios”. Esta expresión nos recuerda todo el significado sacrificial y expiatorio que tenía el cordero en el Antiguo Testamento. (ver Éxodo 29).
Segunda: “Que quita el pecado del mundo” o como dice en otro texto: “Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz para que nosotros muramos al pecado y vivamos a una vida santa” (1 Pe 2,24). La acción salvífica de Jesús tiene dimensiones universales.
A continuación Juan recuerda a los que lo escuchan que ya les había hablado de Jesús cuando les dijo que: “El que venía detrás era más grande” (1,15). Hay aquí como un juego de palabras: Viene después de mí – existía antes que yo. Casi en estas dos afirmaciones podríamos identificar las dos dimensiones de la persona de Jesús: (1) la temporal: Viene después de mí, ya sea en su nacimiento como en el inicio de su misión y (2) la eterna: Existía antes que yo.
El versículo 31 aparentemente nos presenta una contradicción. En un primer momento Juan reconoce que él mismo no sabía quien era el que había de venir, pero afirma que a través de su acción de bautizar a la gente, lo que pretendía era que todo Israel lo conociera. Aquí se ve muy clara la misión de Juan: adelantarse al Mesías para darlo a conocer en su persona y en su acción. Esto él mismo lo hace bautizando.
Más adelante Juan nos repite que él no sabía quien era el Mesías, pero que quien lo envió a bautizar le había dicho: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu Santo baja y reposa es el que bautiza con Espíritu Santo” (33). El Espíritu Santo que ‘baja’ y ‘reposa’. No solo baja y desaparece, Juan usa el verbo reposar como para decir que el Espíritu descansa en Jesús, hace su morada en Él.
Juan termina con unas palabras que son garantía de verdad porque se basan en un testimonio directo: “Yo ya lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios” (34). Juan que inicia definiendo a Jesús como el Cordero de Dios, termina afirmando que más que Cordero es el Hijo de Dios.
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.
1. Juan pasó de llamar a Jesús Cordero de Dios a llamarlo Hijo de Dios. ¿Podrías descubrir en el texto el proceso que él mismo hizo?
2. En qué hago consistir el testimonio que estoy llamado/a a dar de Jesús?
3. ¿Cómo es nuestro testimonio comunitario de Jesús?
Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel».
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre El. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: " Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre El, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo".
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».
El Evangelio de hoy nos presenta un cuadro sugestivo y que fácilmente podemos imaginar.
Vemos a Juan bautista rodeado de gente. Un poco más lejos Jesús se acerca lentamente hasta donde están ellos. Juan aprovecha para hablar a la gente de Jesús antes de que él llegue. Aunque, a decir verdad, el texto no nos dice que Jesús haya llegado hasta donde ellos.
¿Qué dice Juan, o más concretamente, qué le dice a la gente?
La primera afirmación que hace es: “Miren, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (29b). Una afirmación que consta de dos partes cada una de las cuales nos revela algo de Jesús.
Primera: “El Cordero de Dios”. Esta expresión nos recuerda todo el significado sacrificial y expiatorio que tenía el cordero en el Antiguo Testamento. (ver Éxodo 29).
Segunda: “Que quita el pecado del mundo” o como dice en otro texto: “Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz para que nosotros muramos al pecado y vivamos a una vida santa” (1 Pe 2,24). La acción salvífica de Jesús tiene dimensiones universales.
A continuación Juan recuerda a los que lo escuchan que ya les había hablado de Jesús cuando les dijo que: “El que venía detrás era más grande” (1,15). Hay aquí como un juego de palabras: Viene después de mí – existía antes que yo. Casi en estas dos afirmaciones podríamos identificar las dos dimensiones de la persona de Jesús: (1) la temporal: Viene después de mí, ya sea en su nacimiento como en el inicio de su misión y (2) la eterna: Existía antes que yo.
El versículo 31 aparentemente nos presenta una contradicción. En un primer momento Juan reconoce que él mismo no sabía quien era el que había de venir, pero afirma que a través de su acción de bautizar a la gente, lo que pretendía era que todo Israel lo conociera. Aquí se ve muy clara la misión de Juan: adelantarse al Mesías para darlo a conocer en su persona y en su acción. Esto él mismo lo hace bautizando.
Más adelante Juan nos repite que él no sabía quien era el Mesías, pero que quien lo envió a bautizar le había dicho: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu Santo baja y reposa es el que bautiza con Espíritu Santo” (33). El Espíritu Santo que ‘baja’ y ‘reposa’. No solo baja y desaparece, Juan usa el verbo reposar como para decir que el Espíritu descansa en Jesús, hace su morada en Él.
Juan termina con unas palabras que son garantía de verdad porque se basan en un testimonio directo: “Yo ya lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios” (34). Juan que inicia definiendo a Jesús como el Cordero de Dios, termina afirmando que más que Cordero es el Hijo de Dios.
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.
1. Juan pasó de llamar a Jesús Cordero de Dios a llamarlo Hijo de Dios. ¿Podrías descubrir en el texto el proceso que él mismo hizo?
2. En qué hago consistir el testimonio que estoy llamado/a a dar de Jesús?
3. ¿Cómo es nuestro testimonio comunitario de Jesús?
P Fidel Oñoro C cjm
Centro Bíblico del CELAM
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