Publicado por Claretgazteak
Claret define al misionero hijo del Inmaculado Corazón de María (Claretiano) como un hombre de fuego que "arde, abrasa y enciende..." (Cf Aut. 494.
Para expresar cómo se forja ese misionero, Claret acude a la alegoría de la fragua. "Al principio de estar en Vic pasabe en mí lo que en un taller de cerrajero, que el director mete la barra de hierro en la fragua, y cuando está bien caldeada, la saca y la pone sobre el yunque y empieza a descargar golpes con el martillo... Vos, Señor y Maestro mío, pusísteis mi corazón en la fragua de los Santos Ejercicios espirituales y frecuencia de sacramentos y así, caldeando mi corazón en el fuego del amor, a Vos y a María Santísima, empezasteis a dar golpes de humillaciones y yo también daba los míos en el examen particular que hacia de la virtud de la humildad, para mí tan necesaria". (Aut. 242)
Para expresar cómo se forja ese misionero, Claret acude a la alegoría de la fragua. "Al principio de estar en Vic pasabe en mí lo que en un taller de cerrajero, que el director mete la barra de hierro en la fragua, y cuando está bien caldeada, la saca y la pone sobre el yunque y empieza a descargar golpes con el martillo... Vos, Señor y Maestro mío, pusísteis mi corazón en la fragua de los Santos Ejercicios espirituales y frecuencia de sacramentos y así, caldeando mi corazón en el fuego del amor, a Vos y a María Santísima, empezasteis a dar golpes de humillaciones y yo también daba los míos en el examen particular que hacia de la virtud de la humildad, para mí tan necesaria". (Aut. 242)
Ángel San, cmf.



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