En tiempos de crisis, desaliento, lamentos y consumo en exceso, no hace mal mirar al Pesebre de Belén. Recuperar la sonrisa, el humor, la mirada teologal a un “Niño envuelto en pañales”. La Navidad de un Niño desvalido y “significante” cuestiona estas vidas perturbadas, insatisfechas, a pesar de estar saciadas, pero vacías y faltas de sentido. Se echa en falta la otra cara de la Navidad, la Navidad de lo pequeño, de lo sencillo, de“LO SUFICIENTE”.Puede ser bueno orar con San Agustín:
…..“Señor, tu nos diste que te encontráramos
…..Y el ánimo para seguir buscándote.
…..No permitas que sucumbamos al cansancio ni a la desesperanza”
(de Trin.15,28,51)
La Navidad nos trae mensajes de esperanza en medio del “taedium vitae”, del tedio que nos destruye. Tiene razón Charles Péguy:
…..“La virtud que mas me gusta, dice Dios, es la esperanza…
…..Esta niñita Esperanza es la que atravesara los mundos,
…..Esta niñita de nada, ella sola, y llevando consigo la fe y la caridad,
…..Ella es la que atravesara los mundos llenos de obstáculos”.
La Navidad abrió los surcos de la esperanza, y, a pesar de la muerte de todas las utopías, perdura la utopía de la esperanza, semilla del Reino. Un Niño recién nacido abre las puertas de la esperanza, ofrece una nueva feliz: “Os ha nacido unSalvador”, que anuncia la Salvación y denuncia las desigualdades irritantes entre el Norte y el Sur.
Y desde ahí mismo, desde la bondad del ser humano, en Navidad, arranca solidaria la propuesta de otro mundo factible, con lamentos de protesta, que se hacen más poderosos en Navidad, ante el mapa de la geografía de la pobreza del mundo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario