NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

domingo, 4 de enero de 2009

Epifanía del Señor: La dimensión misionera de la Epifanía (Mt 2, 1-12)

Por Umberto Marsich, m.x.

CONTEXTO ECLESIAL

El relato de los Reyes Magos de Oriente nos anuncia la misión universal de Jesús, quien se reveló a ellos, «representantes-símbolo» de la humanidad entera que busca a Dios...

Hay una idea muy querida por los evangelistas, en continuidad con las profecías universalistas de Isaías: que Jesús es el Salvador de todos los hombres y que no hay salvación si no es por su mediación. El relato de los Reyes Magos de Oriente nos anuncia la misión universal de Jesús, quien se reveló a ellos, «representantes-símbolo» de la humanidad entera que busca a Dios: «Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron ‘¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?’». Isaías lo había ya profetizado: «Todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos...Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá». Con el episodio de los Magos de Oriente, Mateo, utilizando imágenes y frases del Antiguo Testamento, construye una espléndida metáfora del camino del hombre hacia la luz-verdad de Dios.

Jesús, luz estrella del mundo
La estrella luminosa, que en este episodio de la infancia de Jesús conduce a los Magos hacia Belén, prodigio llamativo de la naturaleza sideral, se identificará, luego, con la persona misma de Jesús, nueva y verdadera «luz del mundo», luz para todos los pueblos. Isaías mismo lo había anunciado contundentemente: «Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti». Además, como los demás personajes importantes de la historia, Jesús debía tener su propia estrella: «Vimos surgir su estrella –dijeron los magos a Herodes— y hemos venido a adorarlo». Él es el nuevo David, profetizado por Isaías, destinado a ser el Emanuel, o sea, Dios con nosotros, sobre el cual brillará la estrella mesiánica.

La Iglesia toma la inspiración de este episodio de la Epifanía para decirnos que es también suya la misión de anunciar y difundir a todos los pueblos de la Tierra la fuerza salvadora de Jesús. Dios se ha hecho carne y salvación, también para el hombre tecnológico e informatizado, hedonista y sin esperanza, de hoy. El hombre, en palabras de Benedicto XVI, tiene todavía necesidad de Dios y de la salvación, en Cristo Jesús. Por tanto, creemos firmemente que Jesús es el único salvador y que lo es también para aquellos que han nacido antes que Él, sin conocerlo. El agua de la salvación es Él y lo es también para aquellos que lo buscan en otros torrentes religiosos, tal vez más torcidos y áridos, más largos y difíciles, pero siempre torrentes que conducen, en Cristo, a Dios y al mar de la salvación divina. La tecnología, hasta la más avanzada, y la ciencia, hasta la más compleja, jamás tendrán el poder de salvar al hombre del no sentido de la vida, y de los males morales y sociales que lo atormentan.

Los personajes de la Epifanía

El episodio evangélico de los Magos es muy rico en personajes. Entre todos destaca Herodes, el rey culpable de la matanza de los inocentes, por miedo de perder su frágil y vulnerable poder; astuta zorra política que no logra ver más allá de sus mezquinos intereses: «Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese Niño —les dice falsamente Herodes a los magos— y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo». En efecto, Herodes es el «enemigo de Jesús» de todos los tiempos; el símbolo de todos aquellos que, aun hoy, obstaculizan la difusión de su mensaje de amor: los poderosos de la economía desigual, los intelectuales ateos, los falsos profetas mediáticos, los mercaderes de la muerte y las multinacionales de la guerra y de la pornografía. Jesús y la Iglesia, por afectar los sucios intereses económicos de los poderosos, son, en efecto, por ellos perseguidos y martirizados.

Por lo contrario, los Reyes Magos somos todos aquellos que creemos en el Señor; aquellos que, guiados por el Libro y por la Estrella, llegamos a Belén y vimos al Niño: hombres y mujeres de todos los tiempos y de todas las nacionalidades que, fascinados por el claror de Jesús, hemos dejado nuestras seguridades humanas y las oscuridades del pecado. Al niño Dios, imitando a los Reyes Magos, ofrecemos nuestra fe, reconociéndole como rey, Dios y salvador: «Después —nos relata Mateo—, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra». Con los Magos, transitamos de las tinieblas de la ignorancia a la luz del conocimiento de Jesús, conscientes. Pero no ha pasado lo mismo para todos. El hombre de hoy parece, más bien, haber escogido un camino opuesto al de los Magos. En efecto, ha abandonado la luz para volver a la oscuridad; ha rechazado la fe, recibida por Dios, para aventurarse en una existencia sin sentido e intranscendente. La seducción de las riquezas, poder y placeres, ha devastado el alma de muchos, incluso de nuestras comunidades cristianas. Sus experiencias de abandono de la fe y de la luz nos ayuden a no equivocarnos jamás de orientación y a no salirnos del camino de fe iniciado, o sea, el camino de la luz.

La dimensión misionera de la Epifanía

El Evangelio, finalmente, nos informa que, después de haber encontrado a Jesús en la gruta de Belén, los Magos regresaron a sus países, llenos de gracia y desbordantes de alegría. Desearíamos poder decir lo mismo de nosotros. En efecto, hemos encontrado a Jesús en la Eucaristía celebrada. Reconocemos que la solemnidad de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo es, sin lugar a dudas, la más misionera de todas. Solemnidad que debería impulsarnos a asumir y vivir, de hecho, la misión eclesial de llevar a Jesús a todos los rincones de la tierra. Su estrella quiere alumbrar a todos los hombres.

Conclusión

Ahora lo que importa es que nos mantengamos fieles a la luz que se ha prendido, un día, dentro de nosotros y que permanezcamos así hasta el fin de nuestro viaje. Un viaje que no dura meses, como el de los Reyes, sino toda la vida, hasta que estemos, nosotros también, delante el rostro luminoso del niño Dios, para siempre. Iluminados por este hermoso relato, nos quedamos con tres enseñanzas: que Dios se manifiesta a todos los que lo buscan con corazón sincero; que quien lo busca termina por encontrarlo, a pesar de las dificultades, y que solamente es sabio el que, encontrándolo, cae de rodillas ante Él: «Entraron en la casa —escribe el evangelista acerca de los reyes magos— y, postrándose, lo adoraron».

No hay comentarios: