Por Franz Wieser (Perú)
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Una palabra de Jesús, dirigida a las mujeres que lo acompañaron, me llamaba siempre especial atención: “No lloren por mí; lloren por ustedes mismos y por sus hijos.” ¿No es así, que la gente en general, viendo a Jesús maltratado tan cruelmente, más siente compasión que admiración, admiración porque Jesús no había rehuido las consecuencias de su hablar y actuar en nada aceptable para los poderosos políticos y religiosos?
Eso me hizo siempre pensar, que la verdadera “vía crucis” consiste en seguir a Jesús en el camino previo a su condena, asumiendo esta misma actitud de transparencia, de justicia, de compromiso por los marginados, pobres, oprimidos, abusados y engañados en provecho de privilegios, lujo y dominio de unos pocos sobre los muchos.
Eso es mucho más difícil que subir una colina, derramar gemidos y lagrimas de emoción y compasión. Pero, no. Esto resultaría conflictivo, nos haríamos enemigos poderosos, expondríamos en peligro nuestra vida y la de nuestros familiares, perderíamos “amigos” que nos sacan de apuros ante las leyes, costumbres y autoridades. ¿Quién quiere ser un “outsider?”
Jesús hubiese podido fácilmente evitar toda esta reacción de rechazo y odio, si hubiese hecho caso al demonio que lo tentaba: limitarse en asuntos puramente religiosos, ceremoniales y quedando bien con los dueños de esta mundo. Es significativo entonces que a Jesús, en medio de su dolor físico, le preocupe más el destino hasta de sus seguidoras más cercanas y de los hijos de estas, tan dispuestos al acomodo, al conformismo y a una religiosidad sentimental que no cambia nada y no ayuda a nadie.
“No lloren por mí…”, que soy consecuente con un amor real y libertador hasta el final. Si esto dijo a las mujeres que no tenían vergüenza en acompañar al “subversivo” en los ojos del mundo, ¿que decir de los varones que durante años eran testigos oculares y auditivos de Jesús, y en este momento se escondieron por temor que les pueda pasar lo mismo como a su amigo tan apreciado? ¿No les había anticipado: “Me persiguen a mi, los perseguirán también a ustedes…porque el mundo odia la luz que pone al descubierto su iniquidad? ”Por luz, se entiende la verdad, la verdad que hace libre. Por eso el miedo a la verdad de la gente por parte de quienes se aprovechan del débil.
Sin embargo, hay que tener en cuento lo que seguía después de todo este drama. Como sea que se interprete Pentecostés, de repente en los discípulos de Jesús se produce un cambio radical, comienzan a entender, y se tiran a la calle anunciando lo acontecido como una Buena Noticia.
Casi todos sufrían el martirio. Y cientos de miles después de ellos, hasta nuestros días. Pienso no solamente en el obispo Romero en Nicaragua, o a tantos pastores ejecutados por denunciar la injusticia. Hay entre estos muchos laicos mártires de ambos sexos: jueces, periodistas, activistas sociales etc. etc. que fueron perseguidos, torturados y ejecutados por haberse dejado llevar por el mismo espíritu de amor, como Jesús de Nazaret. ¿Y yo?, ¿ y tu? quienes nos consideramos cristianos?
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