Por J. Garrido
1. Situación
Comencemos por algunas preguntas:
- ¿Te preocupa lo económico, de modo que su falta o el afán de tener más te agobia?
- ¿Qué te da más seguridad, confiar en Dios o dominar las situaciones?
- ¿Has tenido que conquistar alguna vez tu autonomía y responsabilidad, dejando de depender de Dios, y ahora no sabes cómo integrar tu autonomía con el abandono amoroso en la Providencia?
- ¿Tu imagen de Dios te permite confiar en ti mismo y, a la vez, no apoyar tu vida en ti mismo, sino en El?
2. Contemplación
¿Es que Jesús es un ingenuo que no tiene mínimamente en cuenta los afanes de la existencia? ¿Por qué dice que no nos preocupemos del mañana, que seamos como los pájaros del campo, alegres y descuidados?
El hombre siempre se ha preocupado por la subsistencia. Pero es que en nuestra cultura occidental, lo escandaloso es la improvisación. ¿Qué pretende Jesús, que vivamos como Francisco de Asís, ese mendigo feliz, admirable, sin duda, pero a quien los mismos cristianos han terminado por desfigurar?
Fíjate bien: Ese realista que desnuda el corazón del hombre, Jesús, cuando habla de Dios-Padre, es como un niño. ¡Qué inmediatez de presencia, qué transparencia de relación!
Por eso, cuando escuchas este famoso evangelio de la Providencia desde tu razón calculador, está claro no puedes entender nada.
Encima te dice que tienes que vivir al día, «pues a cada día le bastan sus disgustos». ¿Se trata de no disponer de un remanente en el banco o de no cotizar para la seguridad social? No, se trata de algo más radical: De perder pie en todo sistema de seguridad, para tener uno solo, la confianza en Dios.
3. Reflexión
El tema es complejo. Vamos a centrarnos en éste: ¿Has tenido alguna experiencia en que has perdido las riendas, te abandonaste en manos de Dios y comprobaste la paz de no necesitar controlar la existencia?
Esta experiencia a veces se da en momentos de apuro, al ver que se encuentra una solución a una situación sin salida y se la atribuimos a Dios, ya que a El hemos recurrido.
La mayoría de las veces no se da la solución que esperábamos, pero la confianza en Dios nos transforma y libera hasta el punto de que dejamos de depender de la solución del problema.
4. Praxis
No nos perdamos en hipótesis, en experiencias posibles. Ahora, en nuestra vida ordinaria somos llamados a poner nuestra seguridad en manos de Dios-Padre. Por ejemplo:
- Tienes tendencia a estar siempre haciendo planes, en lo económico, en lo laboral o en lo espiritual. Piensa si esta ansiedad no es huida; ¿de qué? En todo caso te impide vivir el presente, gozar de las pequeñas cosas de la vida.
- Estás ahorrando para un piso mejor, para unas vacaciones a la altura de otros compañeros de trabajo. ¿Qué hay en todo eso? No es malo, cierto; pero quizá, sin darte cuenta, está esclavizándote.
- Probablemente no puedes hacerte un planteamiento general de renuncia a tus seguridades económicas; pero, ¿por qué no hacer la prueba de desprenderte de algo que considerabas imprescindible y que ahora sospechas que te impide la libertad interior?
- Piensa en alguna realidad que ahora mismo te provoca angustia e inseguridad, sea material o espiritual. ¿Eres capaz de dejarte en manos de Dios?
- ¿Dónde descansas, dónde tocas fondo, en última instancia? No es lo mismo descansar en los amigos, en tu esposo/a, en tu autoestima, que en Dios.
- ¿Te preocupa lo económico, de modo que su falta o el afán de tener más te agobia?
- ¿Qué te da más seguridad, confiar en Dios o dominar las situaciones?
- ¿Has tenido que conquistar alguna vez tu autonomía y responsabilidad, dejando de depender de Dios, y ahora no sabes cómo integrar tu autonomía con el abandono amoroso en la Providencia?
- ¿Tu imagen de Dios te permite confiar en ti mismo y, a la vez, no apoyar tu vida en ti mismo, sino en El?
2. Contemplación
¿Es que Jesús es un ingenuo que no tiene mínimamente en cuenta los afanes de la existencia? ¿Por qué dice que no nos preocupemos del mañana, que seamos como los pájaros del campo, alegres y descuidados?
El hombre siempre se ha preocupado por la subsistencia. Pero es que en nuestra cultura occidental, lo escandaloso es la improvisación. ¿Qué pretende Jesús, que vivamos como Francisco de Asís, ese mendigo feliz, admirable, sin duda, pero a quien los mismos cristianos han terminado por desfigurar?
Fíjate bien: Ese realista que desnuda el corazón del hombre, Jesús, cuando habla de Dios-Padre, es como un niño. ¡Qué inmediatez de presencia, qué transparencia de relación!
Por eso, cuando escuchas este famoso evangelio de la Providencia desde tu razón calculador, está claro no puedes entender nada.
Encima te dice que tienes que vivir al día, «pues a cada día le bastan sus disgustos». ¿Se trata de no disponer de un remanente en el banco o de no cotizar para la seguridad social? No, se trata de algo más radical: De perder pie en todo sistema de seguridad, para tener uno solo, la confianza en Dios.
3. Reflexión
El tema es complejo. Vamos a centrarnos en éste: ¿Has tenido alguna experiencia en que has perdido las riendas, te abandonaste en manos de Dios y comprobaste la paz de no necesitar controlar la existencia?
Esta experiencia a veces se da en momentos de apuro, al ver que se encuentra una solución a una situación sin salida y se la atribuimos a Dios, ya que a El hemos recurrido.
La mayoría de las veces no se da la solución que esperábamos, pero la confianza en Dios nos transforma y libera hasta el punto de que dejamos de depender de la solución del problema.
4. Praxis
No nos perdamos en hipótesis, en experiencias posibles. Ahora, en nuestra vida ordinaria somos llamados a poner nuestra seguridad en manos de Dios-Padre. Por ejemplo:
- Tienes tendencia a estar siempre haciendo planes, en lo económico, en lo laboral o en lo espiritual. Piensa si esta ansiedad no es huida; ¿de qué? En todo caso te impide vivir el presente, gozar de las pequeñas cosas de la vida.
- Estás ahorrando para un piso mejor, para unas vacaciones a la altura de otros compañeros de trabajo. ¿Qué hay en todo eso? No es malo, cierto; pero quizá, sin darte cuenta, está esclavizándote.
- Probablemente no puedes hacerte un planteamiento general de renuncia a tus seguridades económicas; pero, ¿por qué no hacer la prueba de desprenderte de algo que considerabas imprescindible y que ahora sospechas que te impide la libertad interior?
- Piensa en alguna realidad que ahora mismo te provoca angustia e inseguridad, sea material o espiritual. ¿Eres capaz de dejarte en manos de Dios?
- ¿Dónde descansas, dónde tocas fondo, en última instancia? No es lo mismo descansar en los amigos, en tu esposo/a, en tu autoestima, que en Dios.



No hay comentarios:
Publicar un comentario