Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 24-30
Jesús propuso a la gente esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?».
Él les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo».
Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero».
Compartiendo la Palabra
Queridos hermanos al finalizar esta semana, que fue regalo del Señor, les proponemos realizar una meditación distinta. La cita evangélica propuesta para el día de hoy fue tomada el último domingo (ver aquí), por lo tanto quisiera aprovechar este día que la liturgia nos propone recordar a San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Virgen María,y a su vez los abuelos de Jesús, para meditar brevemente acerca de nuestros abuelos, el lugar que ocupan dentro de nuestras familias y en la sociedad.
Pidamos por intercesión de Santa Ana y San Joaquín, la gracia de disponernos enteramente en este momento para escuchar lo que el Señor quiere contarnos, con estas sencillas palabras:
“Señor nos ponemos en tu Presencia, para que humildemente nos ayudes a reflexionar sobre esas personas que nos precedieron y le debemos, a muchos de ellos, haberte conocido, y que por la intercesión de los santos Ana y Joaquín, nos transformes en instrumentos útiles en tu plan de salvación.”
Puntos para la Oración
RAMAS DEL VIEJO ARBOL. Una imagen difundida para graficar una familia es la del árbol genealógico. Donde todo comienza con dos personas en la parte inferior y se va ramificando tantas veces, como lazos se vayan conformando. Es muy linda forma de expresar que todo en esta vida ha tenido un comienzo en la unión de dos voluntades, y es muy importante recordarlo, ya que el mundo es tan vertiginoso en su marcha y tan cambiante en sus modas, que muchas veces nos olvidamos de nuestros orígenes.
Así como en el Génesis todo comienza con un hombre y una mujer, en nuestra génesis también pasó lo mismo. Muchos tuvimos la gracia de haber conocido a nuestros abuelos, otros lamentablemente, sólo tuvieron acceso a ellos a través del recuerdo de unas amarillentas fotografías. Pero estoy seguro que todos, llevamos algo en nosotros, de lo que ellos fueron. A lo mejor en nuestra imagen, o forma de hablar o los intereses que nos mueven en esta vida. Nuestros viejos han dejado su huellas en el tiempo, a pesar de sus errores humanos, su vivo caminar en esta tierra nos han ido abriendo paso y nos transmitieron como herencia, su experiencia que tanto les costó amasarla. Contemplemos la imagen de nuestros abuelitos, demos gracias al Señor, por haberse manifestado a través de ellos y roguemos por sus almas, en caso que ya no los tengamos físicamente.
LARGO CAMINO RECORRIDO. Aunque hoy es más frecuente encontrar abuelos con 40 años de edad, la imagen del abuelo siempre es asociada al anciano. La persona mayor es un ser que en esta vida ha tenido oportunidad de haber transitado muchos caminos, algunos equivocados, otros muy duros, algunos muy solitarios y otros que estuvieron llenos de gente. El anciano ha llegado a un punto de su vida, donde ha comprendido (o está comprendiendo) cuales cosas son importantes y cuales superfluas. Ha perdido el miedo a la muerte, quizás por su proximidad o por haberse amigado con ella por que estuvo muy cerca de ella en incontables ocasiones.
Estas personas tienen mucho para contarnos y enseñarnos. No los dejemos solos, porque necesitan transmitir tanta verdad que guardan en su interior. Porque son parte de nuestra historia y parte nuestra. No los olvidemos en vida y mucho menos, su memoria, cuando ya no estén.
TABÚ EN LA SOCIEDAD. Una de las imágenes más patéticas que tenemos a menudo en nuestra sociedad es la de ver a los ancianos abandonados en las calles, pidiendo limosnas o como resignados a morir sin recibir ayuda de nadie. Otra imagen de miseria humana, vinculada a los abuelos, son esos modernos presidios llamados “asilos de ancianos”, algunos lujosos y en su mayoría muy pobres, donde son confinados por el abandono de sus familiares.
¿Qué está pasando con nosotros? Desconocemos nuestra propia carne, sin ver siquiera a un Cristo abandonado en cada uno de ellos. La hipocresía reina en este tema, porque de esto no se habla, no se quiere hablar porque lastima. Mientras tanto muchos viejos mueren solos, después de haber entregado sus vidas por cada uno de nosotros. Nos interesemos en este tema, en nuestros hermanos ancianos, pobres y desvalidos que ya no pueden ni levantar la voz para pedir ayuda.
Sus ojos de tristeza, son los de Jesús en la cruz. No nos quedemos en sentimentalismo, ni en hermosas lecturas piadosas, hagamos carne el Evangelio en esta sociedad yendo en busca de nuestros viejos, rescatándolos para devolverles amor y ofreciéndoles la oportunidad de una muerte digna de un hijo de Dios.
REFLEJO DEL REINO. Cuando niños al enseñarnos el catecismo nos han impuesto la imagen de un padre Dios viejito, con largas barbas y sentado en un gran trono. Son cosas de niños, diríamos, pero también encierra una hermosa enseñanza esta inocencia infantil, ya que con esa imagen estamos asociando que tenemos un Dios que todo lo ha recorrido en esta vida, que todo lo sabe y que desde allí reina. No nos adentremos en sutilezas teológicas de eruditos mayores, sólo recordemos con ternura, lo que nuestra simpleza y humildad nos lleva a creer.
También quisiera adjuntar a esa hermosa invención, otras mas reales y de las cuales Jesús nos habla de los Evangelios. Es la de los pobres, los humillados, los tristes, los abandonados, los excluidos, los enfermos, los recluidos, los perseguidos, los incomprendidos, en fin… de los propietarios del Reino del Padre. Podría asegurarles que nuestros ancianos de hoy en día sufren un poco o mucho, de todas esas atrocidades, sumado a que ya no tienen fuerzas ni posibilidades de defenderse, lo que lo convierten en victimas que están a punto de sacrificarse.
Los contemplemos. Los hagamos presentes en el aquí y ahora, porque son una realidad. Nuestros viejos sufren y mucho. Veamos el Reino en cada uno de ellos, porque si no podemos verlo ahí, difícilmente estemos preparados para encontrarnos cara a cara con nuestro Señor.
Oremos por ellos. Pero también por nosotros, para que el Señor nos muestre el camino para ser pequeños samaritanos con nuestros abuelos.
Imagen para contemplar
Nos situemos en la imagen de que hemos llegado a nuestra ancianidad y estamos cosechando lo que en vida hemos sembrado.
¿Cómo me tratan mis familiares? ¿Me siento solo? ¿Qué dolores son insoportables?
Conclusión
Los ancianos son una parte muy importante de la comunidad. No nos olvidemos de ellos, ya que junto a los niños, son los privilegiados de Dios en este mundo. Pidamos al Señor, por intercesión de Ana y Joaquín, que la realidad no nos sea indiferente y podamos involucrarnos en ella para hacer presente a Jesús.




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