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domingo, 6 de enero de 2013

¡SIEMPRE ESTÁS!

En las plazas y en las iglesias,
siempre estás tú.
En los mercados y en los claustros,
siempre estás tú.
En las ciudades y en los desiertos,
siempre estás tú.
En los valles y en las montañas,
siempre estás tú.
En las fábricas y salas de fiesta,
siempre estás tú.
En las playas y en los monasterios,
siempre estás tú.
En las cumbres nevadas y en los oasis,
Siempre estás tú.
En las calles y en los corazones,
siempre estás tú...


Aunque ya no haya estrellas
y yo vaya por caminos inciertos,
tú siempre estás...

Aunque no te ofrezca nada
-ni oro ni incienso ni mirra-
tú siempre estás.

Aunque vuelva a mi hogar
en busca de paz y seguridad,
tú siempre estás.

Te veo junto a mí
en los días de éxito y favor
y en los oscuros y de tribulación.

Te veo junto a mí,
a veces delante, a veces detrás,
y también en mis flancos débiles y sin cubrir.

Te veo junto a mí
rodeándome y protegiéndome
y también sacándome al horizonte.

Te veo junto a mí
cuando ando entre la gente
y contemplo el rostro de quienes van y vienen.

Y cuando abro mis ojos,
ora camine ora me detenga,
es tu rostro el que me ilumina y emociona.

En todos los lugares en los que estoy, estás.
A todas las horas que estoy, estás;
y tu rostro encarnado, siempre me ama más.


Florentino Ulibarri

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Encuentros con la Palabra: “(...) y arrodillándose le rindieron homenaje”

Domingo de la Epifanía del Señor – Ciclo C (Mateo 2, 1-12) 6 de enero de 2013

Hace ya varios años, el 6 de enero de 1995, el P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J., Superior General de la Compañía de Jesús, tuvo una Alocución a la Congregación General 34ª, reunida en Roma, en la que afirmó lo siguiente:

"Nuestro hermano Pedro Teilhard de Chardin manifestó repetidas veces su deseo de que la solemnidad hoy celebrada cambiara de nombre, o al menos de prefijo. Para resaltar que festejamos el día en que Nuestro Señor deviene transparente desde el fondo de todos y de todo como fuente y como meta, como alfa y como omega, esta solemnidad debería denominarse 'dia-fanía' en lugar de 'epi-fanía'. Porque no se trata propiamente de una repentina irrupción en la historia de Quien es su Creador y Salvador, sino más bien de una misteriosa y silenciosa 'dia-fanía' mediante la que Cristo alumbra el verdadero fondo de todo ser, obrando en todo y por todo para conducir todo hacia la plenitud, hasta que Dios sea todo en todos, en la realidad total (1 Cor. 15,28). Teilhard declara que no lee la historia de los magos como una 'verdad fotográfica', sino como una verdad luminosamente indicativa de Quien llena el universo con su presencia dinámica, del Único que da sentido a nuestra historia, del Dios siempre mayor en todo y para todos".



La fiesta que celebramos hoy nos recuerda que la voluntad de Dios es manifestarse a todos los pueblos a través de su hijo hecho hombre. Reconocer al Hijo de Dios en este niño es un acto profundo de fe que nos compromete a reconocerlo en toda la humanidad y en toda la creación, presente y actuante: “Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

El encuentro con el Señor, nuevamente encarnado en medio de nuestra historia, nos invita a volver a nuestra tierra por otro camino. El año que comienza debe ser un momento para recomenzar nuestra caminada hacia la plenitud que Dios nos invita a vivir con él, cambiando aquello que nos impide reconocer la manifestación de Dios en medio de su pueblo. Volver por otro camino es descubrir aquellos aspectos de nuestra vida que deben cambiar, que deben dejarse transformar por el amor que Dios nos muestra, por la paz que nos trae su enviado, por la vida que nos regala a través del Niño Jesús, nacido en un pesebre para nuestra salvación.

Que nuestro Buen Dios, dueño y Señor de la historia, nos regale sus bendiciones en este año, para que podamos reconocer los brotes germinales de su presencia en toda nuestra historia, personal, familiar, comunitaria y social, de manera que podamos ser transparencia suya para todos los que nos rodean.


* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá

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Magos: Una leyenda muy “histórica” (U. Luz)

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Presenté ayer el tema de los magos según el testimonio de Benedicto XVI. Vuelvo hoy al tema desde la perspectiva de la exégesis, recogiendo el “cuerpo” (sin notas) del comentario de U. Luz, exegeta protestante de Suiza (*1938), autor del estudio más denso e influyente sobre Mateo en la segunda mitad del siglo XX.
Esta visión de U. Luz ha influido poderosamente en la presentación del Papa, como podrá advertir quien siga leyendo. Pero los matices son distintos, y ellos son los que aquí interesan. Para U. Luz el relato de los magos es una leyenda teológica, que sirve para entender el sentido del nacimiento de Jesús y para fundar la misión cristiana, en un contexto política y religiosamente conflictivo:

a. U. Luz presenta ese pasaje como una leyenda teológica, creada para destacar el carácter mesiánico de Jesús, como auténtico rey judío, frente a Herodes.



b. El relato pone de relieve la apertura de la Iglesia al paganismo (y del paganismo a la Iglesia) desde una perspectiva oriental (persa), desde una clave de nacimiento regio más de que muerte pascual.

c. U. Luz (protestante, como he dicho) ha dado mucha importancia a la historia de la exégesis del texto de los magos, que nos habla más de la historia de la Iglesia que de la historia de Jesús.

d. Este relato es una leyenda, de principio a fin, pero nos introduce en el sentido de la historia… En esa línea, ofrece una historicidad muy profunda, que nos permite conocer la identidad de Jesús mejor que muchas “historias reales” en sentido cronística.

e. Como protestante, U. Luz ha destacado el carácter personal de la estrella (cada creyente tiene la suya), más que su carácter histórico y comunitario.

f. Como hombre de fe, U. Luz ha puesto de relieve el carácter "espiritual" de los dones de los magos... No ha entrado en las implicaciones económicas y sociales del tema.

g. Finalmente, Luz no ha sabido o no ha querido destacar la importancia de la figura de la Madre de Jesús como Gebirá.


A pesar de todo ello, el comentario de Luz sigue siendo fundamental para entender el pasaje de los magos.

1ª Imagen: Portada del primero de los cuatro volúmenes del comentario de Mateo,publicado en Sígueme (Salamanca), el mejor que existe actualmente en el mercado.
2ª Imagen. U. Luz. Nació en Männedorf (Suiza) en el año 1938. Ha sido profesor de Nuevo Testamento en Tokio (1970-1971), Göttingen (1971-1980), y desde el año 1980 en la Universidad de Bern. Su gran obra es: «El evangelio según san Mateo» I-IV, 1993-2005.

Texto:

1 Nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempo del rey Herodes, llegaron unos magos de oriente a Jerusalén 2 y dijeron: «¿Dónde está el recién nacido rey de los judíos? Porque hemos visto salir su estrella y hemos venido a adorarle». 3 Cuando el rey Herodes oyó esto, se sobresaltó, y con él toda Jerusalén. 4 Y convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo y se informó por ellos del lugar donde había de nacer el Mesías. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judá; porque así está escrito por los profetas:

6 ‘Y tú, Belén, tierra de Judá,
en modo alguno eres el menor
entre los principales clanes de Judá,
porque de ti saldrá un jefe
que será pastor de mi pueblo, Israel’».

7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y se informó cuidadosamente acerca del tiempo de la aparición de la estrella, 8 los envió a Belén y dijo: «Id y averiguad exactamente qué hay de ese niño. Si lo encontráis, notificádmelo para que yo también vaya a adorarlo». 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino. Y he aquí que la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella sintieron mucha alegría. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre. Y postrándose, le adoraron y abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y avisados en sueños de que no volvieran donde Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

EL TEXTO. INTRODUCCIÓN

Redacción y tradición

Esta perícopa está muy elaborada por Mateo. Rara vez contiene un lenguaje no mateano. De no afirmar que Mateo inventó simplemente la perícopa, habrá que suponer que fue el primero en poner por escrito el fragmento de la tradición transmitida oralmente.

Si el evangelista fue el primero en poner por escrito una tradición, las posibilidades de decir algo seguro sobre la historia de la tradición son escasas de entrada. Esto rige también para nuestra perícopa: es difícil construir de modo plausible una forma más originaria de la tradición. No contiene hiatos, sino que se narra con fluidez y sin fricciones con el relato anterior y posterior. Tampoco es posible, a mi juicio, volver a una redacción sobre los magos originariamente autónoma que no esté relacionada con la persecución y salvación del niño Jesús (2, 13-23).

Eso se contradice, en todo caso, con las tesis defendidas generalmente en la investigación. O bien se supone que se ha insertado en un relato originario sobre los magos el tema de Herodes que forzó a presentar la estancia «superflua» de los magos en Jerusalén, o que el tema de los magos configuró secundariamente un relato sobre Herodes que subyace originariamente en el capítulo 2. ¿O acaso se combinaron dos narraciones originariamente independientes? ¿O fue Mateo el que las combinó?

Tales tesis presentan escasa fuerza probativa, a mi juicio: un relato sobre Herodes sin los magos carecería totalmente de base: no se sabría cómo obtuvo Herodes sus informaciones sobre el niño rey. A la inversa, el relato sobre los magos se orienta hacia el episodio de Herodes: los magos son paganos; esto exige alguna forma de contraposición a Israel. Además, los magos o astrólogos revisten importancia en numerosos paralelismos sobre los peligros que corre el niño rey, de suerte que la presencia de los magos no resulta un cuerpo extraño. Los intentos de de-construcción literarios o de historia de la tradición «resuelven», a mi juicio, unos problemas que no existen en la actual redacción lograda y armoniosa.

Temas y analogías en la historia de la religión.

De los relatos afines sobre el niño rey, la haggadá de Moisés es la más próxima a nuestro relato y al texto de 2, 13-23: los magos (TgJ a Ex 1, 15; ExR 1, 18 a Ex 1, 22) o los letrados (F. Josefo, Ant., 2, 205) anuncian al Faraón el nacimiento de Moisés; el Faraón se sobresalta (F. Josefo, Ant., 2, 206) y planea la matanza de niños. Las tradiciones mosaicas fecundaron probablemente nuestro relato. Pero éste manifiesta a la vez, frente a aquéllas, tal autonomía –sobre todo en el empleo del tema de los magos– que en modo alguno se puede entender como mera copia de la haggadá de Moisés.

No se explica de ese modo el tema de la estrella. En fuentes helenísticas se habla de un cometa en el nacimiento de Mitrídates y en el episodio de Nerón que cuenta Suetonio. También se habla de cometas u otros fenómenos luminosos en el nacimiento de dioses. En monedas de Alejandro, de los diadocos, de César, de Augusto, pero también de Alejandro Janeo y de Herodes, se encuentra una estrella como símbolo del rey. Aparte de eso, está difundida la idea de que cada persona tiene su estrella, la gente rica una estrella brillante y los demás deslucida, que aparece con el nacimiento y se extingue con la muerte. En esta idea se basa la astrología popular de aquella época. En la tradición judía aparece una estrella en la historia del niño Abrahán que es perseguido por Nemrod. Pero los documentos son tardíos. Ap 12, 1 menciona una «gran señal en el cielo».

Más ardua es la cuestión de si hay que pensar en la profecía de Balaán sobre la estrella de Jacob (Nm 24, 17). La interpretación mesiánica de este pasaje fue muy frecuente. También en el relato de Balaán un profeta pagano frustra los planes de un rey malo al anunciar que Dios está con Israel (Nm 23, 21) y que en Israel surge un soberano. En tradiciones posteriores Balaán es caracterizado como mago. La historia de la exégesis muestra que los lectores cristianos pensaron en Balaán. Por otra parte, la estrella no se identifica con el Mesías, como en la exégesis de Nm 24, 17.

Las alusiones literales al episodio de Balaán en Nm 22–24 son relativamente escasas en 2, 1-12. La tradición judía establece una relación entre los magos que aparecen en la haggadá de Moisés y Balaán, pero los documentos son muy tardíos. En suma: el texto induce a los lectores con relativa facilidad a evocar el episodio de Balaán como intertexto. Que esto responda a una intención expresa del autor, es cuestión abierta.

Sobre todo la literatura posterior hizo frecuente alusión al episodio del rey de los armenios, Tirídates, que viajó a Roma con magos en su séquito y con gran pompa para rendir homenaje a Nerón. Hay razones históricas que hacen improbable que esta astuta maniobra política del año 66 d.C. influyera en nuestra perícopa. Posiblemente ese viaje fue sugerido por un fenómeno celeste extraño. El viaje de homenaje de los magos a Belén, motivado además no por un soberano reinante sino por un niño, sería una contra-historia subversiva para el viaje de Tirídates. Pero es probable que muchos lectores evocasen este episodio: ése fue el objetivo del viaje por tierra de Tirídates y su séquito de varios miles de personas, pagado por Nerón, desde Armenia hasta Nápoles.

Historicidad.

Nuestro relato es una leyenda escueta y sobria que no sigue las leyes de la verosimilitud histórica. Esto lo muestran las preguntas desesperadas de los exegetas: ¿Por qué Herodes no agregó al menos un espía a los magos? ¿Cómo pudo todo el pueblo de Jerusalén y los letrados sobresaltarse junto con el odiado rey Herodes por la llegada del Mesías? Tampoco se describe la estrella de un modo realista, es decir, plausible a nivel astronómico.

En la abundante literatura astronómica sobre nuestro texto aparecen en primer plano tres posibilidades de explicación:

1) Una supernova, de la que no existen documentos de aquella época.
2) Un cometa. Pero el cometa Halley, el más mencionado, del año 12/11 a.C. llegó demasiado pronto para el nacimiento de Jesús. Más en serio hay que tomar un cometa (¿o una nova?) atestiguada por astrónomos chinos para el año 5-4 a.C..
3) La conjunción de Júpiter y Saturno, que se produjo tres veces el año 7-6 a.C. Llamó la atención y fue predicha por astrónomos babilónicos. No encajaba mal en nuestro relato, porque Júpiter es el astro de los reyes, y Saturno, como astro del sábado, fue considerado a veces como estrella de los judíos.

Hay que decir que todos esos intentos aportan muy poco a la explicación de nuestro relato. Mateo quiso describir una estrella milagrosa que apareció en oriente, precedió a los magos camino de Jerusalén y de Belén (de norte a sur) y se detuvo encima de la casa donde se encontraba el niño. Áster significa filológicamente una estrella concreta, no un grupo de estrellas (= ästron). En las conjunciones de Júpiter y Saturno de los años 7-6 a.C., los dos planetas nunca se aproximaron lo bastante para verlos como un solo astro. Todo esto no excluye, obviamente, que el recuerdo de alguna aparición astral llamativa en la época del nacimiento de Jesús pudiera perdurar en la memoria de la comunidad.

La historicidad de la estrella queda descartada, en fin, por el hecho de que Lucas nada sabe al respecto; además, el episodio de los magos no podría encajar en el relato lucano del nacimiento. Parece que tampoco los padres de Jesús saben nada de los acontecimientos prodigiosos de su nacimiento (Mc 3, 31-35). No se detecta, en suma, un núcleo histórico; en cambio, las numerosas tradiciones paralelas en la historia de las religiones hacen más comprensible la elaboración del relato. Resumiendo: este relato no posee, a mi juicio, un núcleo histórico.

Sin embargo, la narración ofrece ciertos datos sobre la comunidad cristiana en la que se compuso: es una comunidad que está familiarizada con las tradiciones judías, pero también con algunas tradiciones helenísticas. Como la mayoría de las personas de la época, y también como muchos judíos, muestra cierta apertura hacia la astrología. En su situación sólo puede considerar al judaísmo como enemigo. A diferencia de Lucas, hace que se le tributen oro y aromas, ya en la cuna, al niño rey, Jesús. En su perspectiva los magos aparecen como paganos. La comunidad posee una cierta formación histórica, como indica especialmente 2, 22. ¿Quizá era una comunidad urbana situada en una zona no del todo judía?

EXPLICACIÓN, HISTORIA DE LA INFLUENCIA

Una vez más, el exegeta se encuentra con el problema de abordar correctamente un relato cuya historicidad es inverosímil. El problema se agudiza porque uno de sus postulados esenciales es el anuncio de la providencia de Dios: una providencia que se disuelve en simple relato se parece mucho a una ilusión. ¿Dónde está la acción de Dios, de la que pretende hablar el relato? No es fácil dar una respuesta. Para la comunidad, la apertura de Dios a los paganos era la experiencia de la salvaguarda (¿propia?) ante los ataques de los enemigos (¿judíos?); y la conciencia del triunfo de Jesús sobre el poder mundano, junto con la fe en el poder del Señor Jesús resucitado, era el presupuesto para este relato. La exégesis tiene que atender, pues, a lo que esta story tiene que atestiguar; al anunciador que la utiliza se le pregunta por unas experiencias propias que corresponden a este testimonio.

La historia de la exégesis muestra que cabe distinguir entre cinco tipos de exposición de nuestro texto: a) exposiciones cristológicas y soteriológicas en diversos estilos, b) interpretación de cara a la futura Iglesia a partir de las naciones paganas, c) aplicaciones a la religiosidad del individuo o de la comunidad, en las que los lectores se identifican con los magos, d) interpretaciones políticas y e) expresión de la providencia de Dios que no permitió la liquidación del niño Jesús. Estos diferentes tipos de exposición se complementan generalmente entre sí. Menciono algunos ejemplos, no en orden cronológico sino sistemático.

a) La interpretación cristológica.

Hay una interpretación muy antigua que entiende la venida de Cristo como la disolución de toda magia. Los magos, según Justino, Dial., 78, 9, se apartaron del demonio de la magia y se convirtieron a Cristo. Para Clemente de Alejandría, con Cristo apareció una «nueva estrella» que trastocó la antigua posición de las estrellas, abrió con una luz universal nuevos caminos de salvación y condujo a los hombres desde el desamparo a la providencia de Dios. Según Tertuliano, Idol., 9, la venida de Cristo significa el fin de la astrología, «porque después del nacimiento de Cristo nadie puede ya derivar del firmamento el nacimiento de un hombre». Interpreta los dones de los magos como una autodonación, y su retorno por otro camino como conversión. La venida de Cristo significa, pues, una nueva «luz de conocimiento». Con el homenaje de los magos la sabiduría del mundo cobra una nueva orientación.

Esto lleva consigo una nueva perspectiva cristológica. La proskynesis, que es adoración, se realiza ante el Hijo de Dios. Esto es patente sobre todo en la interpretación de los dones: desde Ireneo, Haer., 3, 9, 2, y Orígenes, Cels., 1, 60, la mirra se entiende como referencia a la muerte de Jesús (cf. Mc 15, 23; Jn 19, 39). Jesús recibe el oro como rey, el incienso como Dios, la mirra como hombre. A veces el incienso es referido también a la dignidad de Jesús como sumo sacerdote. Estas exégesis de la historia indican cómo la Iglesia antigua lee distintos pasajes bíblicos a la luz de la fe de la Iglesia. La exégesis alegórica es de la máxima importancia hermenéutica. Posibilita lo que hoy llamamos una «comprensión propia» de los textos bíblicos, a saber, su conexión con la fe propia o la enseñanza eclesial.

También es clara la perspectiva cristológica en muchas representaciones de los magos en el arte. Elijo como ejemplo el mosaico en el arco de triunfo de la iglesia de Santa Maria Maggiore en Roma, realizado poco después del Concilio de Éfeso (431). Cristo se sienta como un pequeño adulto en un trono espléndido, adornado con una almohada azul, que simboliza su soberanía universal. En su aureola porta una pequeña cruz, sobre él brilla la estrella de ocho rayos de Jacob. Al fondo están de pie cuatro ángeles vigilando el trono. A su derecha la madre de Dios, María; a la izquierda una figura femenina alegórica, que es interpretada como sibila y, por eso, como Iglesia procedente de los paganos. Los magos llevan vestidos persas (con pantalones, túnica ceñida y gorro frigio). El ademán oratorio de Cristo «es señal de auto-revelación y gesto imperial»: el niño Cristo es el «pequeño Logos entronizado». Todo el estilo de representación está tomado de la iconografía imperial de la antigüedad tardía.

b) La aplicación a la misión pagana a partir de la historia de la salvación

ve en los magos las primicias de los paganos («primitiae gentium») y hace que nuestro texto recupere el desiderátum de la genealogía. Desde Beda, los tres Magos representan los tres continentes de la tierra: Asia, África y Europa, y además a los tres hijos de Noé. Por eso, desde el siglo XII uno de los magos es representado en ocasiones de color negro.

La interpretación de los magos de cara a los paganos va unida con frecuencia a un énfasis antijudío: ya para Orígenes, Herodes es «un símbolo del pueblo rebelde». Juan Crisóstomo contrapone los Magos a los judíos rebeldes, que «ni siquiera creen a sus profetas», y exige a sus oyentes «abandonar al pueblo judío, la ciudad llena de desorden». Para Hilario, la prohibición divina a los magos de pasar por Jerusalén en el viaje de retorno significa que «no nos está permitido buscar ciencia y conocimiento en Judea».

c) Los magos sirven en diversos aspectos como figuras de identificación para los lectores cristianos.

Juan Crisóstomo entiende que son ejemplo de personas que han experimentado una «iluminación interior»; su regreso por otro camino indica una fe «que no pregunta por las razones para aquello que se le encarga a uno». Sobre todo los v. 11s mueven a los creyentes a identificarse con los magos: éstos, que traen dones para Cristo y después del encuentro con el niño Jesús vuelven a su patria por otro camino, son ejemplo para las personas que se convierten a la fe, se imponen así un compromiso y no vuelven ya a su «secta anterior». Si se interpreta el v. 11 en línea parenética, viene a exigir a los creyentes la donación generosa.

En la espiritualidad de la Edad Media tardía, los magos son modelo de amor profundo a Jesús.

Se inclinaron, según Pseudo-Buenaventura, «con reverencia y entrega, y besaron sus pies». Son ejemplo para los reyes y los grandes de este mundo, para hacerse humildes. La interpretación parenética aflora luego en otro pasaje: María, que amaba la pobreza, supo desprenderse de los regalos de los tres reyes y se los dio a los pobres. En la exégesis de la Reforma los magos se rigen por el «solum verbum» reformista: el resumen de la homilía de Lutero dice: «En suma: Deja de lado Jerusalén, Iglesia, ius principis, sed soli verbo adhere». Según el «Opus Imperfectum» (Juan Crisóstomo), sus dones, oro, incienso y mirra, son «fides rationalis, munda ratio, bona opera»; para Eutimio Zigabeno, obras puras, oración y mortificación de las pasiones; para Gregorio Magno, sabiduría, oración y «mortificatio carnis»; para Lutero, el reconocimiento o la fe, el amor y la esperanza («todo cristiano puede ofrecer estos dones, el pobre no menos que el rico); para Grocio, «misericordia, preces, puritas»; par Bengel, un corazón fiel, oración y meditación, y mortificación de la carne.

La identificación con los magos se expresa con especial belleza en las representaciones artísticas. En el mosaico de San Apollinare Nuovo in Ravenna del tiempo de Justiniano, los magos, de nuevo en ropaje persa, encabezan una larga procesión celestial de vírgenes que caminan sobre una pradera del paraíso y ofrecen sus coronas. Llevan sus dones ante el trono fastuoso de María, guarnecido de estrellas. Cristo aparece sentado –a diferencia del mosaico de Santa Maria Maggiore– en el seno de la madre de Dios, María. Ella es la figura verdaderamente central, flanqueada a derecha e izquierda por ángeles. Un modo muy diferente de identificación de los fieles con los tres reyes muestra por ejemplo, unos mil años después, el altar de la iglesia de Santa Columba en Colonia de Rogier van der Weyden (alrededor de 1500).La adoración no acontece ahora en el cielo, sino en el mundo; tampoco en una casa, como en Mt 2, 11 sino, en coincidencia con Lc, en el establo de Belén, con pobreza y humildad.

Los tres reyes llevan vestidos de la época, propios de ciudadanos prominentes de la Baja Edad Media. No son ya los dones lo que aparece en primer plano, sino la entrega de los mismos al recién nacido niño-Cristo, que está en el seno de María. María no es ya la reina del cielo, sino madre. De nuevo los tres sabios encabezan una procesión, pero no de vírgenes, sino de las personas de aquella época, que les siguen en dirección al niño del establo. A través de los muros del establo derruido no se ve el paraíso, sino una ciudad de la Baja Edad Media. De la columna central del establo cuelga un crucifijo: el niño nacido en extrema pobreza y humildad morirá en la cruz. La estrella celestial, símbolo de la gloria divina, solo es visible a medias.

Dimensiones políticas de Mt 2, 1-12.

El contraste entre Herodes, el rey malo, y el niño rey Jesús, cuya realeza es de orden muy distinto, llevó también a lecturas políticas del relato. En el siglo IV era frecuente contraponer entre sí la adoración de los magos y los tres jóvenes en el horno de fuego, Dn 3. Se trata en este caso de la resistencia al soberano perverso, Nabucodonosor o el rey pagano; en el otro, del homenaje a Cristo, el verdadero soberano del mundo, totalmente distinto.

La perspectiva difiere en la época de los emperadores cristianos. Éstos forman parte de los que adoran al rey recién nacido y reciben de él la soberanía. A ello se ajustan las representaciones artísticas que escenifican una ceremonia de homenaje que rinden unos reyes vasallos: el obsequio del primer mago es el «aurum coronarium», la corona de oro, símbolo de soberanía, que un rey vasallo pone a los pies del nuevo rey. Muchas fuentes atestiguan que algo semejante se practicaba en ritos cristianos: el soberano cristiano pone su realeza a los pies de Cristo rey universal, y la vuelve a recibir de él. La creencia en la realeza de los magos, que Cesáreo de Arles fue el primero en defender, pertenece quizá a este contexto histórico.

Desde la Edad Media hay usos populares en los cuales gente ordinaria: vecinos, pobres, niños, desempeñan el papel de «reyes». También aquí aparece clara una dimensión política: la de la protesta «escenificada» y ritualizada.

Los reformadores polemizaron contra la identificación de los magos con reyes; también la exégesis católica adoptó relativamente pronto el escepticismo de la Reforma. Lo cierto es que se vio aquí la escasa influencia que tuvo la exégesis en la religiosidad del pueblo: la Epifanía sigue siendo hasta hoy la fiesta de los tres reyes. Igualmente, el hecho de que en la época moderna los reyes «cristianos» se identificasen cada vez menos con el papel «regio» de los magos, tuvo poco que ver con la Reforma y mucho, en cambio, con la idea de la monarquía absolutista moderna.

e) En todas las épocas se ha entendido nuestro relato como testimonio de la providencia de Dios. Lo es en su sentido literal. No tanto el niño Cristo, sino más bien los magos fueron guiados por Dios. Dios estuvo actuando en sus corazones. En especial las leyendas y las representaciones escénicas de los tres reyes, que vuelven a narrar y revivir el episodio bíblico, se inspiran en esa idea.

TEMAS PARTICULARES

La exégesis tendrá que indagar ahora cómo se relaciona esta serie de dimensiones descubiertas en el curso de la historia con el potencial de sentido del texto originario.

Magos

El escenario es Jerusalén desde el principio. El viaje de los magos no le interesa a Mateo; su interés se centra en la confrontación con Herodes. Sólo da un dato sobre los magos: vienen de oriente, el lugar originario sin mayores precisiones, de la magia, la astrología y la sabiduría religiosa. El lector sabe que los magos son paganos; el evangelista lo subraya haciendo que pregunten en el v. 2 por el lugar de nacimiento, no del rey de Israel, sino del «rey de los judíos».

Mágos significa directamente un miembro de la casta sacerdotal persa; pero más tarde se amplía y designa también, desde el helenismo, a otros representantes de la teología oriental, de la filosofía y de la ciencia natural. El límite entre magos, astrólogos y teúrgos es fluido. Los magos anuncian grandes acontecimientos según antiguas tradiciones. Junto a eso, mágos se usa ya desde Sófocles y Eurípides negativamente: los magos son brujos y charlatanes. Pero la valoración de los magos es generalmente positiva, cosa comprensible dada la gran estima de que gozaba entonces la sabiduría oriental.

El judaísmo, que se muestra alérgico a cualquier forma de brujería por influencia del AT, suele juzgarlos negativamente, pero no puede ser insensible a la astrología y al gran aprecio helenístico hacia los magos. El cristianismo asume la valoración negativa judía. Por eso cabe suponer que también los lectores valorasen de entrada negativamente a los magos. Tanto mayor es entonces la sorpresa que el relato les produce. En el plano socio-histórico su prestigio es notable; es frecuente encontrarlos en palacios reales. Su elevado prestigio está en consonancia con los obsequios que traen al niño Jesús.

En nuestro texto no se presenta negativamente a los magos. Lo que los lectores tengan que retener de ellos lo mostrará solo el relato. Primero reaccionan quizá en forma ambivalente: en el contexto de Mt 1–2 conjeturan que los magos buscan al niño Jesús para homenajearlo, pero lo buscan en lugar equivocado. La estrella hace suponer que la relación con la astrología no queda excluida del todo; pero Mateo la deja de lado al no especificar cómo reconocieron los magos el significado de la estrella. Lo único decisivo es la guía de Dios.

Se ha vertido mucha tinta acerca de la estrella. La fórmula autos ton astera sugiere que Mt se refiere a la difundida idea de que cada ser humano tiene su estrella, o piensa en la estrella real. Pero esta estrella es un astro milagroso que muestra a los magos el camino y les precede hasta Belén.

Aparecen ahora en el escenario los adversarios del niño Mesías: Herodes y «toda Jerusalén con él». Su reacción es de sobresalto, lo cual demuestra que comprendieron la gravedad de la situación. Herodes y todo el pueblo de Jerusalén se unen en el frente judío contrario al niño rey. A todo el que conozca un poco la situación histórica, el esquema mateano tiene que sorprenderle: Herodes era tan impopular en la población jerosolimitana –aparte la casta superior fiel al rey– que la noticia del nacimiento de un niño rey hubiera desencadenado, sobre todo, alegría. Pero Mateo no se preocupa de eso. Para él, Jerusalén es la ciudad que dará muerte a Jesús; y el pueblo es aquel que dirá al final de su evangelio: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (27, 25). Del «rey de los judíos» que tanto sobresalta a Herodes y a su pueblo, se habla de nuevo en el relato de la pasión (27, 11.29.37.42).

Mateo ofrece así una señal de aquello que ocurrirá en la historia de la pasión. El v. 4 lo refuerza: Herodes reúne a los miembros del clan de los sumos sacerdotes y a los letrados, a los que llama expresamente letrados del pueblo (de Dios). Esta bella armonía de Herodes con los letrados es sorprendente para unos lectores que no tienen aún la imagen totalmente negativa de los letrados, imagen que resultará al final del evangelio; pero ofrece indicios tanto más claros sobre la intención del narrador. Herodes pregunta a los letrados por el lugar de nacimiento del Xristós. El título revela que Herodes no teme sólo a un rival, sino al Mesías de Israel.

Los letrados responden a la pregunta del rey aduciendo Miq 5, 1. Mateo, que aquí –en boca de los letrados– evita la fórmula de cumplimiento, no ve en la cita primariamente una «fundamentación veterotestamentaria del comienzo de la vida de Jesús fijable histórico-biográficamente». Se trata más bien, como muestra la palabra ´Ioúda reiterada y el fragmento tomado de 2 Sm 5, 2 con el término laó$, de una insinuación antijudía implícita: los letrados reconocen que se trata del esperado pastor mesiánico del pueblo de Dios, Israel; pero no extraen de eso ninguna consecuencia, sino que se hacen indirectamente cómplices de Herodes.

El malvado Herodes, por su parte, pide información a los magos. El lector no espera de él buenas intenciones precisamente. Cuando llegue en la lectura a lo formulado en el v. 16 en términos muy similares, adivinará la brutalidad abismal de Herodes; tendrá la impresión de que la matanza de los niños se había maquinado ya entonces. También el v. 8 sirve a la misma intención; el lector comprende la hipocresía de Herodes. Esto viene a sentar la base para el v. 12: Herodes intenta comprometer en el juego a los magos; pero su mala intención queda destruida por la intervención de Dios.

Los magos viajan de noche, no porque esto fuese usual en oriente, sino porque da ocasión al narrador para hablar de nuevo sobre la estrella. Al igual que en relatos afines, el lector ha de sentir aquí la providencia de Dios que actúa en todo el proceso y compartir la alegría desbordante que los ((11)) magos sienten por ello. El v. 11 constituye el clímax de la leyenda: los magos encuentran en la casa al niño y a su madre. La fórmula tò paidíon para referirse a Jesús, que evoca 2, 13s.20.21, y la no mención de José sugieren la posición especial de la virgen María en el sentido de 1, 18-25. La palabra proskunéw aparece por tercera vez después de los v. 2.8.

Adoración

La palabra proskunéô designa la adoración mediante el gesto de postración en tierra, adoración que en la concepción griega se tributa a los dioses y, según la mentalidad oriental, también a hombres eminentes, sobre todo reyes. Aunque la palabra se pudo haber usado ya en sentido corriente durante la época neotestamentaria, predomina en Mateo su uso consciente y enfático: la proskúnhsiS se produce casi exclusivamente delante de Jesús, por parte de alguien que implora ayuda (8, 2; 9, 18; 15, 25; cf. 20, 20) y también por parte de los discípulos (14, 33 en combinación con el reconocimiento del Hijo de Dios), especialmente delante del Glorificado (28, 9.17). Ante las dudas que surgen, la palabra proskunéO designa en 28, 17 la actitud correcta hacia el Señor resucitado.

La proskúnhsiS de los magos sugiere al lector la majestad de Cristo, Hijo de David (1, 1), Hijo de Dios (cf. 1, 21; 2, 15) y Jesús Enmanuel. Hace que los lectores quizá todavía reservados simpaticen plenamente con los magos paganos: la proskúnhsiS es también su postura ante el Señor Cristo.

Los magos abren sus cofres y ofrecen dones al niño. La fórmula recuerda a Is 60, 6, y en segundo lugar a Cant 3, 6. Is 60 habla de la peregrinación escatológica de los paganos y de sus reyes a Sión. ¿Ve Mateo en la adoración de los magos un cumplimiento simbólico de este conocido vaticinio?. Dado que la reminiscencia veterotestamentaria en modo alguno es unívoca y no se hace referencia al contexto de Is 6, ese extremo no es seguro.
El sentido de los dones tampoco está claro. El incienso, resina de árboles que crecen en Arabia meridional, India y Somalia, y la mirra, también resina de árboles de Arabia y Etiopía, se emplearon primariamente en el culto, en prácticas mágicas y en ceremonias nupciales, para fines cosméticos y como condimento o medicamento. Ambos productos se consideraban artículos de lujo muy caros (de importación). El texto dice que los magos ofrecen al niño, además del oro, los dones más valiosos.

Después del clímax del v. 11, el relato se interrumpe. El narrador utiliza de nuevo el recurso del sueño para mostrar la guía de Dios; el plan perverso de Herodes queda desbaratado. El hecho de que sólo José goce de la aparición de un ángel (1, 20; 2, 13.19) puede ser un matiz delicado. Los magos regresan a su tierra; el narrador no muestra interés alguno por su destino ulterior.

RESUMEN

Volvamos a las cinco dimensiones del texto esbozados al principio, dimensiones que el texto ha ido ganando en su historia de la recepción. ¿Por qué cabe remitir al texto?:

a) El tema cristológico se alude solo indirectamente en este relato. Aparece reflejado de algún modo en la reacción de los hombres al Enmanuel: en el rechazo asesino de Cristo por Herodes, rey de los judíos, y en la proskynesis de los magos paganos, anticipando la adoración de los discípulos. Pero en el macrotexto, donde nuestro episodio sigue inmediatamente al texto cristológico capital 1, 18-25, es importante el tema cristológico. ¡Dios está con Jesús y los suyos!

b) Para Mateo está en primer plano la adoración de Jesús por unos paganos y su rechazo por los jerosolimitanos. De ese modo retoma una idea sugerida ya en 1, 1 y en la genealogía, y preludia un tema fundamental de su evangelio: la afluencia de los paganos al Mesías de Israel y su repulsa por parte de Jerusalén, culminando en la historia de la pasión. El texto no dice que los magos sean «la elite espiritual del mundo pagano»; pero algunos de sus lectores en Siria y Asia Menor habrán pensado eso;

c) Los magos no eran en principio personajes de identificación para los primeros lectores judeocristianos del evangelio de Mateo. Llegaron a serlo por el relato que ellos hicieron, pero sobre todo por su proskynesis. Para lectores paganocristianos posteriores lo fueron, probablemente, ya desde el principio. No es decisivo que los magos se convirtieran de su astrología atea a Cristo. Tampoco son decisivos los dones que traen consigo. Lo decisivo para la identificación de los lectores con los magos es más bien su adoración del niño Cristo (v. 11);

d) El relato tiene una dimensión de sentido político, a lo sumo, secundaria: que el niño que después tiene que huir sea un «antirrey» del brutal y violento Herodes, sólo queda del todo claro por los v. 16-18, la matanza de los niños. El evangelio entero de Mateo esclarecerá también esta idea: Jesús es el rey pacífico. Solamente la idea de legitimación de una soberanía terrenal ejercida por el niño Cristo es ajena al texto; e) Es importante, en fin, la idea de la guía y del plan de Dios para el relato tradicional sobre la salvaguarda del niño rey, Jesús, y para Mateo.

HISTORIA DE LA INFLUENCIA

Señalo, por último, algunos rasgos de la leyenda de los magos que siguen marcando aún nuestra imagen actual de los «tres reyes».

Sobre la procedencia de los magos hubo desde muy pronto dos concepciones contrapuestas. Justino supone que los magos llegan de Arabia, basándose sin duda en Sal 73, 10 y en Is 60, 6. Pero más tarde se impone, sobre todo en las representaciones artísticas, la procedencia de Persia y, en consecuencia, la indumentaria persa. Menos frecuente es la mención de Mesopotamia y de Etiopía como patria de los magos. El número de los magos fue un tema abierto durante mucho tiempo: mientras que en la Iglesia occidental se impuso pronto el número ternario, en la Iglesia de Siria fue frecuente hablar de 12 magos, llegados a Jerusalén con un numeroso séquito.

También se establece el punto temporal de su llegada a Jerusalén: el texto de Mt 2, 16 dio pie en un principio a postular los dos años después del nacimiento de Jesús; pero más tarde, por influencia sobre todo de Agustín, se impuso la idea del día decimotercero después del nacimiento. Esto hizo que la fiesta de Epifanía, que había perdido en occidente su carácter de fiesta de Navidad en favor del 25 de diciembre, pasara a ser la fiesta de Reyes.

Pasó mucho tiempo, no sólo en Siria, sino también en occidente, hasta que se impusieron los nombres a los magos. Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen por primera vez en el siglo VI. La figura externa de los magos se describe así: Gaspar es el joven barbilampiño, Melchor un anciano barbudo y Baltasar de tez morena, posteriormente de color negro. Se narra el viaje de vuelta de los magos por barco, su conversión por el apóstol Tomás y su muerte.

Los tres reyes tuvieron una notable relevancia en la religiosidad popular.

Desde la Baja Edad Media, más exactamente desde 1164, cobró auge en el área alemana el culto a las reliquias de los magos: Federico Barbarroja hizo trasladar las reliquias de los magos a Colonia después de la conquista de Milán. Esta acción simbólica, motivada quizá políticamente en un principio, ejerció gran influencia en la historia de la religiosidad de Alemania y explica también la dura polémica de los reformadores contra la devoción a los tres reyes.

Desde la Edad Media se atribuyeron a los magos las más diversas funciones de protección: como reyes, preservaban de la desgracia, protegían el establo, la casa y la cosecha contra el peligro de incendio y de las tormentas. Como magos ayudaban a domesticar el ganado recalcitrante y alejaban las enfermedades, especialmente la epilepsia. A partir de las escenificaciones medievales se desarrollaron las representaciones familiares de los tres reyes y, en una «democratización» de los reyes, se combinaban con usos de recaudación benéfica: jóvenes que hacían el papel de los tres reyes en cuartos rústicos.

De las escenificaciones de los tres reyes derivó igualmente, con elementos del cancionero de Adviento, el uso de la postulación infantil entonando el canto de la estrella. Pero, a diferencia de la fiesta de Navidad en los siglos XIX y XX, la fiesta de los tres reyes nunca llegó a ser en la Europa del norte una fiesta familiar relevante. Todo esto tiene poco que ver con el texto bíblico.

BIBLIOGRAFÍA

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EN JESÚS, DIOS AMANECE PARA TODOS

Epifanía del Señor

Es una de las fiestas más antiguas que se conocen. "Epifanía" significa en griego manifestaciones, en plural. Hasta hace bien poco se conmemoraban este día tres hechos de la vida de Jesús: la adoración de los magos, la boda de Caná y el bautismo. En la actualidad se celebra en occidente la adoración de los magos, más conectada con la Navidad y como símbolo de la llamada de todos los pueblos a la salvación ofrecida por Dios en Jesús.

El relato que hoy leemos del evangelio de Mateo, no hay la más mínima posibilidad de que sea histórico. Esto no nos debe preocupar en absoluto, porque lo que se intenta con esa "historia" es dar un mensaje teológico. Dios se está manifestando siempre. Si el que, en un momento determinado lo descubre, quiere comunicarlo a otros, tiene que materializarlo en imágenes, para que los que no lo han descubierto, lo conozcan como si hubiera sido percibida por los sentidos. Dios está actuando siempre y en todas sus criaturas. Nosotros descubrimos esa presencia, sólo en circunstancias muy concretas.

El concebir la acción de Dios como venida de fuera y haciendo o deshaciendo algo en el mundo terreno, sigue jugándonos muy malas pasadas. Muchas veces he intentado explicar cómo es la actuación de Dios, pero acepto que es muy difícil de comprender, después de tanto tiempo creyendo en un Dios remedio de todos los males, apto para deshacer cualquier entuerto. Pensemos, por ejemplo, en el comienzo de la mayoría de las oraciones de la liturgia: "Dios todopoderoso y eterno... para terminar poniendo el cazo."

La expresión más simple de la teología escolástica reza así: Dios es acto puro. Quiere decir, que en Él no existe ni rastro de "potencia" (en sentido filosófico, capacidad o 'posibilidad' de ser o de actuar). En Dios no hay ninguna posibilidad de ser o de actuar que no esté colmada. El ser "nadapoderoso" no le viene por falta de poder, sino porque ya lo ha realizado todo. No puede hacer nada más. Si Dios empezara a hacer algo, antes de hacerlo no sería perfecto, porque todo acto lleva consigo un enriquecimiento, por lo tanto no sería Dios. Si Dios dejara de hacer algo, perdería una perfección y dejaría de serlo.

Debemos superar el concepto que tenemos de Dios creador. Dios no puede desentenderse de la criatura, como hacemos nosotros al 'crear' algo. La cosa creada es manifestación de Dios, que está ahí sosteniendo en el ser a su criatura, entregado totalmente a ella. Imaginad que la creación es la imagen que se refleja en el espejo. Si quitamos del medio la realidad reflejada, el espejo no podría reflejar ninguna imagen.

Dios crea porque es amor y en la creación manifiesta su capacidad de darse. Al crear Dios solo puede buscar el bien de las criaturas, no puede esperar nada para Él.

En contra de lo que nosotros creemos, la creación no falla nunca; para Dios todo está en orden y equilibrio en cada momento. En el Génesis se repite una y otra vez, que lo que iba haciendo Dios era "bueno", pero cuando llega a la creación del ser humano dice que era todo "muy bueno". La idea de un Dios que tiene que estar constantemente haciendo chapuzas con la creación, es mezquina. La idea de una salvación como reparación de una creación que le salió mal, es consecuencia de un maniqueísmo mal disimulado. Cada ser humano puede no ser consciente de lo que es y vivir como lo que no es, pero en el fondo seguirá siendo criatura de Dios y como tal único y perfecto.

Podemos seguir diciendo, que Dios actúa en la historia, que se sigue manifestando en los acontecimientos, pero conscientes de que es una manera impropia de hablar. Con ello queremos indicar que el hombre, en un momento determinado, se da cuenta de la presencia de Dios, y para él es como si en ese momento Dios se hiciera presente. Como Dios está en todas sus criaturas, y en todos los acontecimientos, está en ese momento. La manifestación de Dios es siempre la misma para todos, pero sólo algunos, en circunstancias concretas, llegan a descubrir su teofanía.

La presencia de Dios nunca puede ser apodíctica, nunca se puede demostrar, porque no tiene consecuencias que se puedan percibir por los sentidos y por lo tanto no se puede obligar a nadie a admitir esa presencia. Es indemostrable. Tener esto claro equivaldría a desmontar todo el andamiaje de las acciones espectaculares como demostración de la presencia del poder de Dios. No digamos nada cuando ese poder se quiere poner al servicio de los "buenos", e incluso, en contra de los "malos". Pascal decía: "Toda religión que no confiese que Dios es un Dios escondido, es falsa".

La gran paradoja está en que Dios es a la vez, el Dios que se revela siempre y el Dios que siempre está escondido. La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el ausente. Juan de la Cruz lo dejó muy claro: "Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido. Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eres ido."

Y el místico sufí persa Djelal Eddin Rumi dice: "Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma das vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver Tu faz escondida."

Veamos algunas conclusiones teológicas del relato de los Magos. No hace referencia a personas concretas, sino a personajes. No eran reyes, sino 'magos', es decir sabios que escudriñaban el cielo para entender mejor lo que pasaba en la tierra. Porque estaban buscando, descubrieron, encontraron. Fijaros que lo descubren los que estaban lejos, pero no se enteraron de nada lo que estaban más cerca del niño. Para descubrir la presencia de Dios, lo único definitivo es la actitud. Al descubrir algo sorprendente, se pusieron en camino. No sabían hacia dónde, pero arriesgaron.

Otro mensaje importantísimo para los primeros cristianos, casi todos judíos, es que todos los seres humanos están llamados a la salvación. Para nosotros hoy esto es una verdad obvia, pero a ellos les costó Dios y ayuda, salir de la conciencia de pueblo elegido. Pablo lo propone como un misterio que no había sido revelado en otro tiempo: "También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa". Lo definitivo no es pertenecer al pueblo elegido, sino estar en sincera búsqueda.

Preguntan por un Rey, contrapuesto al rey Herodes. La ciudad se sobresaltó con él, es decir identificada con el rey en su tiranía. Es Herodes el que lo identifica con el Mesías. Los sacerdotes y escribas "sabían" dónde tenía que nacer, pero no experimentan ninguna reacción ante acontecimiento tan significativo. Una vez más se demuestra que el conocimiento puramente teórico no sirve de nada.

El signo de la presencia extraordinaria de Dios en una vida humana era la estrella. Se creía que el nacimiento de todo personaje importante estaba precedido por la aparición de una estrella en el cielo. El relato nos dice que la estrella de Jesús, solo la pudo ver el que está mirando al cielo. El que está mirando a la tierra, nunca descubrirá la estrella. Solo los que esperan y buscan algo nuevo, están en condiciones de aceptar esa novedad. Para los magos, lo ya conocido no les satisfacía, por eso siguen escudriñando el cielo para poder detectar la gran novedad de Jesús. En Jerusalén nadie la descubre.

Los dones que le ofrecen, son símbolo de lo que significa aquel niño para los primeros cristianos después de haber interpretado su vida y su mensaje. El oro el incienso y la mirra son símbolos místicos de lo que el niño va a ser: el oro era el símbolo de la realeza; e incienso se utilizaba en todos los cultos que solo se tributa a Dios; la mirra se utilizaba para desparasitar el cuerpo y para embalsamar, como hombre.



Meditación-contemplación

Dios se manifiesta siempre y en toda criatura.
¿Por qué no lo descubro? Muy sencillo:
O busco un dios que no existe.
O le busco donde no está.
O le busco con la razón y no con el corazón.
.......................

No hay que buscar a Dios,
sino la luz que nos permita verlo en todas partes.
Al entrar en una habitación, no busco la lámpara, sino el interruptor.
Una vez pulsado, instantáneamente se hace la luz.
.................

La luz está dentro de ti. Puede llevar tiempo encontrar el interruptor.
Sigue tanteando, en cualquier momento lo descubrirás.
Tú no eres la habitación iluminada por UNA lámpara.
Eres la LÁMPARA que se transforma en LUZ.
...................


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sábado, 5 de enero de 2013

Un pedido original a los Reyes Magos

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Los Magos (Mercedes Sosa)

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Epifanía del Señor (Mateo 2,1-12) - Ciclo C: La luz, de donde venga

El relato de la Epifanía termina siendo toda una parábola de la vida del creyente.
Del creyente que no ve y descubre la luz del candil de una estrella.
Del creyente que sigue el camino de la luz.
Del creyente que, en sus dudas, busca la luz que se había apagado.
Del creyente que, en sus oscuridades, no se detiene sino que pregunta.
Del creyente que, acepta la luz, incluso de quienes viven en la oscuridad.



Para ellos, los que debían tener luz sobre el lugar donde había nacido el Niño, eran los de Jerusalén.
Hasta se imaginaron que quien pudiera hacer luz en su camino sería Herodes, que vivían en la mayor oscuridad.
Alguien que más le preocupaba el sillón de Rey, que el nacimiento de Dios encarnado.
Resulta curioso el relato:
Quienes habían perdido la luz que los guiaba preguntan a quien no tenía luz.
Y quien carecía de la luz, termina poniéndoles en el camino de la luz.
También él debió de preguntar.
Pero de pregunta en pregunta la estrella vuelve a encenderse.
Y gracias a quien carecía de luz ellos se alegraron mucho de ver de nuevo la estrella y así llegar hasta la cuna de Belén.
Herodes y todo Jerusalén se estremecieron con la noticia traída por unos paganos.

La vida del hombre, como la vida del creyente, necesita de la luz.
Luz para reconocernos a nosotros mismos.
Luz para reconocer a los demás.
Luz para reconocer los caminos de la vida.
Luz para llegar a Dios.

Y lo interesante es descubrir que hasta los malos pueden convertirse en luz.
Lo importante no es saber de dónde viene la luz.
Lo importante es que la luz alumbres nuestros caminos.
Es preciso estar abiertos a la luz, venga de donde venga.
Puede venir de los buenos, que sería lo lógico.
Puede venir de los malos, también ellos pueden ayudarnos a ver.

El Concilio Vaticano II comienza la Constitución sobre la Iglesia llamándola “Luz de las gentes”. La Iglesia es como “el sacramento de la luz para el mundo”.
No siempre la Iglesia emite gran luminosidad.
También ella, compuesta por cada uno de nosotros, puede opacar la luz.
Los últimos tiempos, demasiados acontecimientos han hecho saltar muchos fusibles.
Hemos vivido tiempos con demasiadas sombras.
Sombras proyectadas desde la Cúpula del Vaticano.
Sombras proyectadas desde cuantos “bautizados” nos decimos “luz del mundo”.

Y muchos se escudan en esas sombras para justificar su incredulidad.
Muchos se escudan en esas debilidades y pecados de la Iglesia para justificar el salirse de ella.
Y nos olvidamos, que unos paganos llegaron a “ofrecer sus dones y postrados adorar al Niño”, gracias a las indicaciones de quienes vivían en la oscura noche religiosa.
La Iglesia está llamada a “ser luz”.
A veces se apaga la luz.
Y sin embargo, aún así, la Iglesia, con sus defectos seguirá siendo “luz de las gentes”.
También la Iglesia tendrá que cuestionarse a sí misma.
También los creyentes tendremos que cuestionarnos a nosotros mismos.
Porque, buenos o malos, todos podemos encender una estrella en la vida de los demás.

Por eso, no rechaces la luz, aunque vengan de la oscuridad.
¡Si vieras el sarro que tienen muchas de las tuberías de agua de tu casa!
Y sin embargo cocinas con esa agua.
Y bebes de esa agua, aunque no falten sibaritas que prefieren comprar esos balones de agua.
No mires a quien enciende la luz.
Lo importante es que tú puedas ver.
No mires a quien te señala el camino de Dios.
Lo importante es que llegues hasta El.

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Evangelio Misionero del Día: 06 de Enero de 2013 - Epifanía del Señor

"VIENEN A ADORARLE DE TODO EL MUNDO"

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según Mateo 2,1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

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viernes, 7 de enero de 2011

Solemnidad de la Epifanía: No era un estrella más


Publicado por Entra y Verás

Un estrella diferente que les conduce al encuentro de la Luz de las luces "el Sol que ha nacido de lo alto". Esa es la experiencia de los Magos y eso es lo que nosotros tenemos que intentar experimentar. Que la luz del Niño nos llene de fuerza, nos encandile para afrontar todos nuestros retos y hacer la vida más fácil a cuantos nos rodean.

El interés por los astros y su interpretación ha acompañado al ser humano desde siempre. El descubrimiento de nuevas estrellas o planetas causa asombro y suscita interpretaciones variadas. Un ejemplo de esto ocurrió hace 2011 años cuando unos Magos salieron de Oriente siguiendo una estrella; y eso que, seguramente, a lo largo de sus vidas habían contemplado cientos, millones de estrellas a partir de las cuales habían hecho sus predicciones. En esta ocasión los Magos, pertenecientes a una casta sacerdotal persa dedicados a la astrología y a la interpretación de los sueños, se dieron cuenta que aquella estrella no era como las demás. Su luz y resplandor les sedujo de tal forma que se pusieron en camino pues vieron en ella ni más ni menos que al Rey de los Judíos. Llegan a Jerusalén. Mateo nos presenta en el evangelio a Herodes sobresaltado al ver en peligro su soberanía e incluye la cita del profeta Miqueas, en la que aparece un detalle muy importante para la fiesta que hoy celebramos: De ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel. No sólo será rey de los judíos sino de todo el pueblo. Los Magos después de charlar con Herodes continúan su búsqueda y la estrella vuelve a aparecer llevándolos hasta Él, que estaba en brazos de María. Fue tal la impresión, que se postraron y comenzaron a adorarlo. Después de esta experiencia inolvidable, cambian de camino y desaparecen. Son muchas las consecuencias que podemos sacar de este relato. Pero voy a destacar solamente dos aspectos:

En primer lugar en la universalidad. ¿De quién son las estrellas? Su luz, su visibilidad no puede enlatarse, pertenece a todos. Cristo simbolizado por esa estrella es también universal. Hasta ahora solamente le habían visto los pobres, los ancianos y los pastores: María, José, Simeón, Ana y los pastores. Los Magos son paganos y de una clase superior. No sólo pertenece a los judíos sino que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo nos dice la Carta a los Efesios. Y esa unión, esa universalidad en Cristo, piedra angular, la ponemos de manifiesto en cada eucaristía al sentarnos a una misma mesa dejando, se supone, a un lado nuestras diferencias. Cristo es luz para todos, piensen de la forma que piensen, para los cumplidores, los cristianos de verdad, los ocasionales y los que nunca vienen.

El otro aspecto es la actitud de los Magos. Al llegar a la casa se ven desbordados de alegría y después de ofrecerle sus regalos desparecen por otro camino y ya no les guía la estrella sino el gozo que el niño les ha regalado. Su vida, pues, se transforma totalmente. Se convierten en pura epifanía, en manifestación de ese niño Dios que se ha quedado prendido en sus ojos.

Dejarse deslumbrar por una estrella puede parecer hoy algo trasnochado propio de románticos y jubilados insomnes, pues nuestros ojos están más acostumbrados a los destellos de la pantalla y la maravilla del 3D. Sin embargo el asombro es un paso necesario que nos despoja de cuanto somos y hace que podamos ver, mirar, contemplar y gustar. Los Magos simbolizan a tantos hombres y mujeres que se preguntan, buscan, caminan tras la luz. La ceguera que nos ata a las cosas e impide que veamos más allá de nuestro ombligo mantiene ocultos estos detalles que necesitan de contemplación y asombro. En esa situación no hay estrella, ni niño ni asombro capaz de atravesar la espesa costra que nos envuelve. Pues sólo a los ojos limpios y sinceros se muestra la maravilla del milagro de la vida, del amor incondicional, de la alegría que inunda el ambiente. De esta forma podremos ver cómo ante nuestros ojos se hace transparente la belleza, la divinidad escondida de forma que nuestras pupilas quedarán transfigurados por la luz de este niño Dios que destella amor, alegría y paz. No los sucedáneos.

Ojalá, intentemos de verdad ser en nuestra vida diaria como los Magos, verdadera epifanía, verdadera manifestación de la luz que hemos encontrado y que se supone que nos llena de vida y nos hace que los demás se beneficien de nuestro hallazgo.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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miércoles, 5 de enero de 2011

LO QUE HAY DETRÁS DEL RELATO DE LOS MAGOS


Epifanía del Señor (Mt 2, 1-12) - Ciclo A
Por Fray Marcos

Epifanía (epifaneia) significa manifestaciones. Toda manifestación de Dios tiene que ser universal. Dios siempre se manifiesta a través de los seres creados, pero es para que todos los hombres descubran lo que son y lo vivan. Dios no puede tener ni privilegios ni exclusivismos.

No estamos celebrando la fecha de un acontecimiento. El día 6 de Enero se celebró la Natividad de Jesús en toda la Iglesia durante varios siglos. Más tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de Diciembre, para suplantar la fiesta pagana del sol. Es curioso que se nos diga ahora que las fiestas de Navidad se están paganizando. En Oriente se sigue celebrando la Navidad el día 6 de Enero. Al celebrarse en occidente la Natividad de Jesús el 25 de Diciembre, se reservó la fecha del 6 de Enero para celebrar las “Epifanías del Señor”. Durante mucho tiempo, se celebró, no sólo la adoración de los Magos, sino también, el Bautismo del Señor y las Bodas de Caná.

El relato de los magos que acabamos de leer es el mejor ejemplo de cómo no sirve para nada la exégesis si no se hace llegar al pueblo. La inmensa mayoría de los fieles sigue pensando en una historia real.

En realidad es una narración fantástica que ni siquiera es original del cristianismo. En otras muchas culturas se habla de estrella que anuncia el nacimiento de un gran hombre; de tiranos que persiguen a un niño que va a ser un salvador para su pueblo; de inocentes que mueren para salvar al escogido; de grandes personajes que rinden tributo al recién nacido, etc., etc. Todo con la única intención de hacer ver la extraordinaria grandeza de un personaje que después de demostrar su grandeza con sus hazañas, se quería demostrar que era ya sobrehumano desde el instante en que nació.

Dejemos bien claro, una vez más, desde el principio, que cuando nació Jesús no pasó absolutamente nada fuera de lo normal. Ni siquiera sabemos cuándo, ni sabemos dónde, ni sabemos cómo nació. Este pasaje de los magos, como todos los relatos de la infancia, es una historia muy bien tramada, que utiliza elementos de las culturas circundantes para trasmitir una teología ya muy elaborada sobre Jesús.

Todo el relato se desarrolla en un lenguaje específicamente mateano. Se trata de dejar claro que los de cerca rechazan de plano a Jesús por lo que significa, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es. Esta visión sería impensable sin la experiencia de su pasión y muerte, provocada por el rechazo de las autoridades judías y por el miedo de Roma a todo lo que oliera a rebelión.

A través de los siglos se ha ido adornando el relato con afirmaciones que no están en el texto, pero que hoy todo el mundo cree a pies juntillas. Ni dice que eran tres. Mucho menos sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni ‘mago’ tiene, para nada, el significado que hoy damos a la palabra mago. En su origen el termino magoi significaba un miembro de la casta sacerdotal persa. Más tarde designó a otros representantes de la teología, de la filosofía y de la astronomía. Según el texto, los ‘magos’ son unos paganos que orientados por signos extraordinarios que solo ellos saben interpretar, llegan a descubrir a Jesús.

Mateo nos está advirtiendo de la llamada de todos los hombres a creer en Cristo.

Los intentos que se han hecho a través de la historia de explicar la posibilidad de un fenómeno celeste que explicara la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni estrella, ni conjunción de astros. El intento de encontrar explicación científica al fenómeno, es olvidarse de que es un relato simbólico. Pero es que, si se encontrara explicación científica, quedaría anulada la intervención de Dios que es lo que se intenta poner de manifiesto. Una estrella no puede pararse ‘encima de donde estaba el niño’.

Pero desde el punto de vista teológico, sí es relevante que el signo de la presencia de Dios se detenga en el lugar donde se encuentra Jesús: nos está recordando que al que busca de verdad, Dios lo guía y terminará encontrando lo que busca con ahínco.

También queda la historia fuera de toda lógica, cuando nos dice que se sobresaltó toda Jerusalén con Herodes. Herodes era odiado por todos los judíos. El anuncio de un rey distinto, sólo podía provocar alegría entre los habitantes de Jerusalén. Pero Mateo está pensando en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el rechazo de los judíos no es cosa del último momento, sino constante y anterior a cualquier manifestación de Jesús.

Se trata de marcar la diferencia entre los magos y el Niño Rey por una parte, y los letrados y Herodes por otra. A pesar de la estrategia de Herodes para deshacerse del Niño, Dios está allí para salvarlo.

Tanto la intervención de Dios por medio de la estrella y de los sueños, como la derrota de Herodes a pesar de su maldad, están hablando de la experiencia de la comunidad de Mateo. A pesar de todas las dificultades con los judíos y con los paganos, están convencidos de que Dios está con ellos y les conducirá a la victoria.

Si analizamos en profundidad nuestra actitud ante el Niño, resulta que el miedo de Herodes y de los jefes judíos, es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Cuántas veces en nuestra vida hemos dicho: esto no lo creo, cuando queríamos decir: esto no me gusta. Estaríamos dispuestos a adorar a un Dios que potenciara nuestras seguridades y nuestro poder. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa.

Como los magos salen de su tierra para buscar, nosotros tenemos que salir de nuestro “ego”, de nuestras seguridades terrenas para buscar. Sin esa actitud, aunque haya nacido el Niño, aunque aparezca la estrella, el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios religiosos y sociales, no mueven un dedo para comprobar. Están muy a gusto con lo que tienen. Se quedan con su conocimiento y sus libros.

El mensaje de este relato puede advertirnos a nosotros que el amor a la verdad crea nómadas, no instalados satisfechos. Cuantas veces, los cristianos nos hemos conformado con marcar a los demás la dirección sin mover un dedo para acompañarles. Esta diferente actitud de los magos, nos tiene que hacer pensar. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen la Niño, los judíos no lo reconocen. Son tesis propias del evangelio de Mateo.

El hecho de que en un momento determinado, los magos pregunten a Herodes y éste pregunte a su vez a los que conocen las Escrituras es muy interesante. Las Escrituras pueden servir de pauta, pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares o tiempos sin estrella. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios; no para buscar argumentos a favor de lo que ya creemos, sino abiertos a lo que nos va a decir aunque sea distinto a lo que yo espero.

Ante millones de estrellas que brillan en el firmamento, los magos descubren la de Jesús. Ante las miles de estrellas que llaman la atención en nuestro mundo, nosotros tenemos que descubrir la de Cristo. Si no estamos atentos, nos equivocaremos y elegiremos la que no es.

Todo hombre tiene la obligación de dejarse iluminar por su estrella, pero también de ser guía para los demás. No se trata de “convertir” a nadie. Nuestra obligación es hacer ver a los demás la bondad de Dios, manifestando con nuestra vida su cercanía. Hacemos presente lo que es Dios, siempre que salimos de nosotros mismos y vamos en ayuda de los demás.

No debemos presentarnos como poseedores de la verdad, sino como compañeros en la búsqueda. El verdadero creyente será siempre un buscador de la verdad, no un guardián. Fijaros lo que tiene que cambiar la actitud de los cristianos, sobre todo de sus dirigentes.

Esta celebración nos tiene que lanzar más allá de los raquíticos planteamientos de una iglesia, “fuera de la cual no hay salvación”. Dios se manifiesta a todos los pueblos de todas las épocas. Todos los hombres están a la misma distancia de Dios. En el momento que nos sentimos privilegiados o detentadores de la verdad, hemos hecho polvo el mensaje de esta fiesta.

Todos recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y enseñar a los demás. Todos tenemos la obligación de encender una luz, en lugar de maldecir de las tinieblas. No podemos seguir mirándonos al ombligo con autocomplacencia sin límites.

El reino de Dios es algo mucho más extenso que los contornos, siempre limitados, de una Iglesia. El amor, la entrega, la capacidad de salir de sí e ir al otro, son posibilidades universales y abarcan a todos los hombres. Esto no quiere decir que todos los hombres tengan que pertenecer a la misma institución, y menos aún a la misma cultura. Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres, no el sometimiento de todos a la disciplina de una Iglesia.

Allí donde haya un hombre que crece en humanidad, amando a los demás, allí se está manifestando Cristo. Hoy no podemos entender la apertura a los gentiles como propuesta para que se conviertan a nuestra religión porque sea la única verdadera. Lo importante es potenciar lo que hay de cristiano en cada hombre, aunque no conozca a Jesús.



Meditación-contemplación

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?
Nunca sabremos a ciencia cierta dónde está,
porque Dios está siempre revelándose y siempre ocultándose.
En cuanto dejo de buscarlo, desaparece.
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Dios no es un ser concreto que puedo buscar con un candil.
Está en todas las cosas, pero no soy capaz de descubrirlo.
Está dentro de mí, formando parte de mi propio ser.
Si encuentro mi verdadero ser, ya lo he encontrado a Él.
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La puerta que te llevará a tu centro, se abrirá sola.
Sólo tienes que dejar de buscarle en ninguna otra parte.
Céntrate y concéntrate una y mil veces.
Sin saber cómo, irá apareciendo la luz, en lo más íntimo de ti mismo.
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