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  • LOS DOS REMOS - Publicado por Claretgazteak A orillas de un gran río entre montañas, un viejo barquero esperaba con su barca a la gente para trasladarla a la otra orilla. ...
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domingo 15 de noviembre de 2009

La alegría de sentirnos inseguros


Me pide un lector que le explique la frase del padre Arrupe “Tan cerca de nosotros no había estado el Señor, acaso nunca; ya que nunca habíamos estado tan inseguros”. La interpreta como que la cercanía del Señor crea inseguridad. Es justamente lo contrario: los pobres, los débiles, los inseguros son los predilectos de Jesús de Nazaret y por tanto, como enseñan las bienaventuranzas los más próximos al Reino.

Hay que conocer el contexto en que la frese fue pronunciada. La Iglesia vivía la época arriesgada del posconcilio: defecciones sacerdotales, crisis de vocaciones, inseguridad derivada de que las cosas no estaban tan claras y definidas como antaño. Recuerdo que un día salieron para secularizarse nada menos que dos generales de órdenes religiosas. Giuliana di Febo, que en esos tiempos era secretaria de Arrupe en la Unión de Superiores Mayores, de la que Arrupe fue reelegido presidente 16 veces, me contó que cuando fue con la noticia a Arrupe, éste en vez de escandalizarse comentó: “Giuliana, ahora tenemos que quererles más”. Y cuando un compañero vasco le habló indignado por el número de salidas, Pedro le contestó: “El último que apague la luz”, como diciendo que para él la Compañía no era un absoluto. Todas son frases que responden a una misma actitud: su optimismo y su confianza, consecuencias de la fe. Es una frase que ante los que siguen teniendo miedo ante el cambio o ante actitudes tan savonarlescas como las declaraciones de Martinez Camino, tronando con aires de prelado del Medioevo y excomulgando y declarando herejes por aquí y acullá, resulta consoladora. La Iglesia de Jesús no está en el Sanedrín sino con todos los pequeños que buscan en medio de la oscuridad y se sienten inseguros. Como dice el salmo: “Como un pequeñuelo en brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí”.

Evangelio Misionero del Día: Lunes 16 de Noviembre de 2009. XXXIII SEMANA DEL TO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 35-43

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
«Señor, que yo vea otra vez».
Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

El encuentro de Jesús con el ciego-mendigo de Jericó
Lucas 18,35-43
“¿Qué quieres que haga por ti? –Señor-, que vea otra vez”


Jesús ya está cerca de Jerusalén. Ha viajado desde Galilea, bajando hacia el sur, por el valle del Jordán, hasta llegar a Jericó, la “ciudad de las palmeras”. Aquí comenzará la subida de la montaña hasta coronar la meta de su peregrinación a Jerusalén y su Templo.

La curación de un ciego, antes de entrar en la ciudad, le permitirá a Jesús llegar a Jericó acompañado de un nuevo discípulo que da testimonio de su salvación.

Como en el caso del leproso sanado, la historia de este ciego-mendigo es una preciosa ilustración del poder de la fe: “Tu fe te ha salvado” (v.42; ver también 8,48; 17,19; 18,42). La apertura total del corazón ante Jesús, la fe, dispone a la persona para la acción salvífica de Dios.

Igualmente nos encontramos con una catequesis sobre la oración. De hecho, la fe se ejerce en la oración. El ciego-mendigo ora antes (“¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”, v.38), durante (“¡Señor, que vea!”) y después de la curación (“Y le seguía glorificando a Dios”, v.43a). Por lo demás, la alabanza por su curación se transforma en una coral de alabanza por parte de todo el pueblo (v.43b).

El ciego-mendigo vive una experiencia de Jesús, de la que vale notar sus momentos fundamentales:

1. Escucha la Palabra. Primero percibe el rumor de los pasos del cortejo de Jesús, luego se toma conocimiento de que se trata del “paso” de Jesús de Nazareth. El ciego inquieto, recibe un primer anuncio sobre Jesús y se interesa por él (ver también lo que comentamos sobre Herodes en el comentario de Lc 9,9).

2. Clama la misericordia del Señor. El ciego-mendigo comienza a orarle a Jesús pidiéndole misericordia. El título “Hijo de David”, indica que este hombre lo reconoce como Mesías. Es bueno que notemos en el texto el “crescendo” de los gritos del ciego. Otra magnífica ilustración de la perseverancia en la oración.

3. Jesús suscita una súplica creyente explícita. El ciego ha pedido misericordia, pero no ha dicho para qué. En el diálogo que sostiene con Jesús, que aparece en el centro del relato, Él le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?”. Parecería una pregunta obvia, pero no lo es. Para Jesús es importante que uno tenga claridad sobre lo que queremos y esperamos de él. Muchas veces en nuestra vida espiritual nos pasa lo miso: ¿Sabemos qué es lo que queremos de Jesús?

4. El ciego es sanado. Es sanado con el poder de la Palabra de Jesús. Su curación es al instante.

5. El sanado se vuelve discípulo. El texto dice: “Y le seguía glorificando a Dios” (v.43ª), el término que indica discipulado, “seguir”, y el verbo que describe la oración de alabanza se colocan al mismo nivel. Como sucede con cierta frecuencia en Lucas, la oración de alabanza acompaña las acciones de poder de Jesús. Alaba aquél que se deja maravillar por Dios y esta capacidad de maravillarnos como los pequeños es el aceite que mantiene ardiente y festiva la lámpara de la oración.


Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

1. ¿Cuáles son los pasos del encuentro vivo de Jesús con el ciego de Jericó?

2. En mi relación con Jesús, ¿sé qué es lo quiero de Él?

3. ¿Qué me (o nos) enseña el relato de hoy sobre la vida de oración?

Liturgia y Contemplación: Semana 33 del TO

Publicado por Cipecar

• Lunes, 16 de noviembre
“¡Jesús hijo de David, ten compasión de mi! (Lc 18,38)
El Reino de Dios y su misericordia siguen actuando en la vida de Jesús, sobre todo cuando se encuentra con la fe de un ser humano pobre y necesitado. Grita a Jesús que necesitas su compasión y acoge a los están en los bordes del camino.
Jesús, abre los ojos de mi corazón a la fe en ti, para que te siga por el camino alabando y glorificando tu nombre.

• Martes, 17 de noviembre
“Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa” (Lc 19,5)
Jesús, el Hijo del hombre salva lo perdido, lo despreciado, lo que no cuenta ante los ojos humanos. Cuando Jesús viene a habitar tu casa, a hospedarse contigo, te invita también a cambiar de vida, a ser compasivo, como lo es el Padre del cielo.
Jesús, ven a mi corazón, siéntate a mi lado, abre mis egoísmos y avaricias. Que tu salvación me haga misericordioso/a y solidario/a.

• Miércoles, 18 de noviembre
“Negociad mientras vuelvo” (Lc 19,13)
En esta parábola hay una llamada a trabajar incansablemente por el Reino. En este tiempo de la Iglesia debemos hacer fructificar los dones que el Señor nos ha dado a cada uno/a. No temas ante Jesús, Señor de la vida y de la muerte. No viene a condenar sino a invitarte a vivir el riesgo de fe y a producir frutos de amor.
Gracias, Señor, por todo lo que cada día recibo de ti. Gracias por la vida, la fe, la esperanza. Gracias por la alegría y la fraternidad. Gracias por la Eucaristía.

• Jueves, 19 de noviembre
“¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! (Lc 19,42)
La ciudad de Jerusalén, cuyo nombre significa paz, no reconoce la visita de Jesús, el mensajero de la paz enviado por Dios. Reconoce y acoge el mensaje salvador de Jesús. Su Palabra trae la paz y la justicia. Su vida es una parábola de paz y de comunión.
Hazme un instrumento de tu Paz. Donde haya odio, siembre yo el amor. Donde haya tristeza, siembre yo la alegría. Donde haya desunión siembre yo el perdón. Donde haya pena siembre el consuelo.

• Viernes, 20 de noviembre
“Mi casa es casa de oración” (Lc 19,46)
Jesús hace del templo el lugar de su enseñanza. Habla abiertamente de la voluntad del Padre y del auténtico culto. Acoge la Palabra de Jesús. Ora al Padre en espíritu y en verdad allí donde te encuentres, a lo largo de tu jornada de trabajo.
Que tu Reino, Señor se haga presente en mi vida de cada día. Purifica mi corazón, y haz de mi vida un lugar donde el hermano se encuentre contigo.

• Sábado, 21 de noviembre
LA PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN
“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” (Mt 12,48)
Jesús nos señala que los discípulos son su verdadera familia y que pertenecer a esta familia de Jesús, a la comunidad cristiana, implica cumplir la voluntad del Padre. María es la primera discípula de su Hijo Jesús porque acoge la Palabra en su corazón con un sí total y confiado a la voluntad de Dios.
Hágase. Y la Palabra se hizo carne en la tierra de María. Hágase. Y la Palabra comenzó a amasarse en el corazón de María. Gracias, María, por tu fe confiada hecha amor sin medida.

¿Cuál fue el primer milagro de Jesús?


Cada uno de los evangelistas da una versión diferente del primero de los actos milagrosos del Hijo de Dios: había razones para que ellos no quisieran contar lo que él históricamente hizo, sino que optaran por un mensaje religioso.


Si alguien nos preguntara cuál fue el primer milagro que hizo Jesús, no dudaríamos en responder que fue el del agua convertida en vino durante una fiesta de bodas, en la ciudad de Caná de Galilea. El mismo evangelio de san Juan lo dice expresamente: “Este fue el primer signo que hizo Jesús, en Caná de Galilea, con el cual mostró su gloria, y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 11).

Sin embargo, para los otros tres evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas), ese no fue el primer milagro realizado por Jesús. Más aún: ni siquiera se enteraron de este. Para ellos, no existe. Y, en su lugar, cada uno relata otro “primer” milagro.

Así, en san Marcos (y san Lucas), figura la curación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún. Y en san Mateo, la curación de un leproso luego del sermón de la montaña.

¿Por qué los evangelistas no están de acuerdo sobre el primer milagro de Jesús? ¿Por qué cada uno da una versión diferente? Porque ellos no pretendieron contar a sus lectores lo que históricamente hizo Jesús con su actividad milagrosa, sino transmitirles un mensaje religioso, que cada uno adecuó como mejor le pareció.

LOS ESPÍRITUS DE LA SINAGOGA

El evangelio de Marcos, que es el más antiguo, relata así el primer milagro de Jesús: “Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún. Y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Todos quedaron asombrados de su enseñanza porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga de ellos un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres tú: eres el Santo de Dios’. Jesús entonces lo reprendió: ‘¡Cállate y deja a ese hombre!’. El espíritu inmundo sacudió violentamente al hombre y, dando un fuerte grito, salió de él. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? Una enseñanza nueva, llena de autoridad. Da órdenes hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea” (Mc 1, 21 28).

AIRE LLENO DE ESPÍRITUS

Para entender por qué Marcos cuenta este milagro como el primero de Jesús, hay que tener en cuenta que él escribe su evangelio para los cristianos de Roma, es decir, para cristianos de origen pagano. Y los quiere convencer del enorme poder y de la autoridad de Jesús.

Ahora bien, para el ambiente pagano antiguo, especialmente el romano, no había quizás demostración de poder más grande que el exorcismo. En efecto, antiguamente se pensaba que muchas de las enfermedades y los males que sufría la gente se debían a los demonios que entraban en el cuerpo de las personas para atormentarlas. Según la mentalidad popular, el aire estaba infestado por miles de estos espíritus inmundos al acecho del momento oportuno para introducirse en el hombre. Y, una vez adentro, el enfermo solo podía librarse mediante la ceremonia del exorcismo que, para colmo, no siempre resultaba eficaz. Únicamente alguien con mucho poder podía enfrentar a estos espíritus.

Por escritores de la época, como Flavio Josefo (que escribió justamente en Roma), sabemos que la ceremonia era muy compleja. Se tomaba un anillo de metal y se le ataba la raíz de una planta especial Luego, el exorcista lo colocaba en la nariz del endemoniado y recitaba una serie de encantamientos secretos, conminando al demonio a abandonar al hombre y no volver jamás. Para que la liberación del poseso quedara demostrada, el espíritu debía derramar, al salir, un recipiente con agua colocado a distancia.

Pero había más. La raíz de la planta usada en el exorcismo no era fácil de conseguir. Y, una vez hallada, resultaba difícil sacarla pues se resbalaba de las manos. Para poder extraerla, había que echar sobre ella la orina de una mujer. Y, después de ser arrancada, quien la tocaba moría, a menos que la enrollara en el brazo mediante un rito especial.

EXORCISMOS DE FRONTERA

Frente a un ritual tan complejo, y poco efectivo, Marcos elige como primer milagro un exorcismo, precisamente para mostrar a sus lectores romanos el enorme poder de Jesús, muy superior a lo que hasta entonces ellos habían conocido. De este modo, les enseña que quien se pone del lado de Jesús, puede derrotar a las fuerzas más poderosas del mal, a aquellas que tanto los intranquilizaban y asustaban.

Por eso, como para los lectores de Marcos el exorcismo tenía una significación especial, cada vez que él cuenta un exorcismo (cuatro en total) lo ubica en las fronteras del país. Así, el primero, el del hombre de la sinagoga (1, 22-28), ocurre en Cafarnaún, ciudad limítrofe con el país de Gaulanítide. El segundo, del endemoniado de Gerasa (5, 1-20), “en la otra orilla del mar”, es decir, en tierras paganas fronterizas a Palestina. El tercero, de la hijita de la siro-fenicia (7, 24-30), “en la región de Tiro”, país del límite norte de Palestina. Y el cuarto, del joven epiléptico (9, 14-24), se produce (según las indicaciones geográficas de Marcos) en la región de Cesarea de Filipo (8, 27), es decir, en el territorio no judío colindante con Galilea.

Todos los exorcismos que Marcos relata se convierten, pues, en un vigoroso mensaje para sus lectores: el poder y la fuerza de Jesús de Nazaret están al servicio sobre todo de ellos, los paganos. De ellos, muchas veces perseguidos y postergados. De ellos, que estaban en las fronteras de la vida y al margen de la sociedad.

SIN PÁRPADOS NI OREJAS

Diez años después de Marcos, escribe Mateo su evangelio. Sus destinatarios ya no son (como en el caso de Marcos) de origen pagano, sino en su mayoría creyentes de origen judío y, por lo tanto, impregnados por la mentalidad y la cultura de este pueblo. Por eso Mateo elegirá como primer milagro de Jesús la curación de un leproso.

El relato dice: “Cuando Jesús bajó del monte, lo fue siguiendo una gran muchedumbre. Entonces se le acercó un leproso y se arrodilló ante él, diciéndole: ‘Señor, si quieres puedes limpiarme’. Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dijo: ‘Mira, no se lo digas a nadie. Vete y preséntate ante el sacerdote y llévale la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio’” (Mt 8, 1-4).

¿Por qué Mateo eligió este como el primer milagro de Jesús? Porque para la mentalidad judía de aquel tiempo (como para muchas culturas antiguas) no había enfermedad más terrible y espantosa que la lepra.

Si bien en ese entonces se llamaba “lepra” a cualquier afección de la piel, algunos testimonios que conocemos de esas patologías son pavorosos: se caían las orejas, se desprendían los párpados, la piel se volvía una masa ulcerosa y se perdían paulatinamente los dedos de las manos y los pies. Poco a poco, los músculos del cuerpo se desintegraban, y las manos se contraían hasta adquirir el aspecto de garras o pezuñas. Entonces el enfermo perdía la razón, entraba en coma y, finalmente, sufría una horrenda muerte.

Era tal el terror de los judíos hacia la lepra, que la Biblia conservó dos capítulos enteros dedicados a ella y a su prevención (Levítico 13-14), lo que no ocurrió con otra enfermedad.

UN MUERTO EN VIDA

Pero si el sufrimiento físico del leproso era terrible, su situación social era aún peor. En cuanto a alguien se le diagnosticaba lepra, inmediatamente se lo expulsaba de su familia y del pueblo, y no podía volver a entrar en la ciudad. Estaba condenado a vivir solo en el campo (Lv 13, 46), vestirse con harapos, usar cabello despeinado, la boca cubierta de vendas y, al caminar, debía gritar: “Impuro, impuro” (Lv 13, 45). Era, realmente, un muerto en vida.

La ley judía enumeraba sesenta y un contactos que convertían a alguien en impuro. Y el segundo en orden de importancia (después del contacto con un muerto) era el contacto con un leproso. Bastaba que uno de estos introdujera la cabeza en una casa, para que esta quedara contaminada desde los cimientos hasta el techo. Nadie podía acercarse a menos de dos metros de un leproso; y, si el viento soplaba de su lado, este debía alejarse a cincuenta metros.

Había maestros judíos que se jactaban de no haber comido un huevo comprado en una calle por donde había pasado un leproso. Otros, de arrojarles piedras para que se fueran. Otros, de esconderse o salir corriendo cuando los veían de lejos.

ANTEPASADOS SANADORES

La purificación de un leproso, pues, debió de haber sido un milagro lo suficientemente impresionante para un judío, como para que Mateo lo colocara en primer lugar en la lista de los prodigios hechos por Jesús. Sobre todo por la forma asombrosa cómo lo hizo: tocándolo. Algo jamás visto por un judío. Quizás no sea exagerado pensar que, para los lectores de Mateo, la frase más escalofriante de su evangelio haya sido: “Jesús extendió la mano y lo tocó” (8, 3).

Pero había una segunda razón por la cual Mateo colocó este relato como el primer milagro de Jesús. Y es que los grandes personajes de la tradición judía habían gozado del poder de curar leprosos. Así, la Biblia contaba que Moisés había sanado de la lepra a su hermana María (Nm 12, 9-16) y que el profeta Eliseo hizo lo mismo con el general sirio Naamán (2 Re 5, 1-14). Por lo tanto, con este milagro Mateo quiso también enseñar que Jesús estaba al mismo nivel que Moisés y que el profeta Elías, los dos grandes antepasados del pueblo de Israel.

EL DEMONIO REPETIDO

Más o menos por esta misma época, escribió san Lucas su evangelio. Y, al igual que Marcos, se dirige a un grupo de cristianos de origen pagano. Por lo tanto, en su escrito él prefirió volver al otro “primer milagro” de Jesús. Es decir, a la curación del endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún (Lc 4, 31-37). De esta manera, esperaba lograr en sus lectores paganos el mismo efecto que había logrado Marcos.

PARA ANUNCIAR AL MESÍAS

En último lugar escribe san Juan su evangelio. Pero, a diferencia de los otros tres evangelistas (que a lo largo de sus obras habían querido mostrar que Jesús estaba dotado de un poder impresionante y de una gran autoridad), él pretende enseñar otra cosa.

La comunidad de Juan estaba enfrentada con grupos de judíos que rechazaban a Jesús y que no lo aceptaban como Mesías. Por lo tanto, el problema que Juan tenía no era el de convencer a sus lectores (muchos de ellos ex-judíos) del gran poder de hacer milagros que tenía Jesús, sino de que él era realmente el Mesías esperado, el enviado de Dios. Lo dice expresamente al final de su escrito: “Estos prodigios han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios” (Jn 20, 31).

Con esta aclaración, veamos ahora el primer milagro que san Juan narra de Jesús: “Se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También Jesús fue invitado a la boda con sus discípulos. Como el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía’. Pero su madre dijo a los sirvientes: ‘Hagan lo que él les diga’. Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: ‘Llenen las tinajas de agua’. Las llenaron hasta el borde. Jesús ordenó: ‘Sáquenla ahora y llévenla al mayordomo’. Ellos se la llevaron. Y cuando el mayordomo probó el agua convertida en vino, como no sabía de dónde provenía (aunque los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían), llamó al novio y le dijo: ‘Todo el mundo sirve primero el buen vino, y cuando todos están bebidos se sirve entonces un vino de inferior calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final’. Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primer signo. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 1-11).

¿PARA QUÉ TANTO VINO?

¿Por qué Juan relata este milagro como el primero de Jesús? Es que, según la creencia judía, cuando llegara el Mesías, Dios lo festejaría con una inmensa fiesta de bodas, en la que el novio sería Dios y la novia, el pueblo de Israel. Ese día, Dios se casaría con su pueblo y, a partir de ahí, lo cuidaría y serviría con amor eterno, y no lo abandonaría más. Así lo anunciaba, por ejemplo, el profeta Isaías: “Como un joven se casa con una muchacha, así se casará tu Creador contigo; el gozo que siente el esposo por su novia, sentirá Dios por ti” (Is 62, 5). También el profeta Oseas: “Yo te haré mi esposa, Israel, para siempre; me casaré contigo porque te amo entrañablemente; tú te unirás a Yahvé” (Os 2, 21-22). Y así, otros profetas.

También según la tradición, esa fiesta de bodas se caracterizaría por la abundancia de vino, como lo decían, entre otros, Amós: “Aquel día, por los montes y colinas fluirá el vino como agua” (Am 9, 13); Isaías: “Aquel día Yahvé ofrecerá a todos los pueblos un banquete con vinos exquisitos y abundantes” (Is 25, 6); Joel: “Aquel día habrá una cosecha enorme de trigo y las bodegas rebosarán de vino” (Jl 2, 24). Incluso un libro apócrifo (2 Baruc 29, 5) dice, refiriéndose a las bodas del Mesías: “Ese día, cada tronco de la vid tendrá mil ramas, cada rama tendrá mil racimos, cada racimo tendrá mil uvas, y cada uva dará quinientos litros de vino”.

ADIÓS A LAS AGUAS

Al mostrar a Jesús en una fiesta de bodas, san Juan enseña que la boda escatológica, es decir, la que Dios tenía preparada para el final de los tiempos, ya ha llegado con Jesús.

Si a eso le añadimos que Jesús en esa boda hace aparecer... ¡seiscientos litros de vino!, una cifra desorbitante (en ninguna fiesta de pueblo se podría haber bebido tal cantidad de vino), el mensaje estaba claro: Jesús es el Mesías esperado, es el enviado de Dios que trae el vino abundante; por lo tanto, los últimos tiempos ya han comenzado.

El milagro de las bodas de Caná (y todos los milagros de Jesús, en san Juan), no pretende mostrar el poder “exterior” de Jesús, sino su persona “interior”. No quiere revelar “qué puede” hacer Jesús, sino “quién es” Jesús. Por eso, Juan no lo llama “milagro”, sino “signo”. Porque un signo es una señal de otra cosa (no de lo que se ve); es la huella de otra realidad más profunda, que el lector debe descubrir.

Finalmente, si notamos que los seiscientos litros de agua que Jesús reemplaza por vino no estaban en cualquier recipiente, sino “en las tinajas de piedra que los judíos usaban para sus purificaciones”, el mensaje es mucho más impactante: los ritos y las prácticas judías dejaron de tener valor; han quedado ahora reemplazadas por el vino de la Eucaristía.

PARA QUE VUELVA LA ALEGRÍA

Cada “primer milagro” de Jesús contado por los evangelistas tiene significado propio. En Juan, se nos enseña que Jesús es verdaderamente el Mesías, el enviado de Dios, y que no debemos esperar a ningún otro Salvador. En Marcos (y Lucas), se dice que el poder del Mesías está a nuestra disposición para derrotar a las fuerzas oscuras y tenebrosas que nos oprimen internamente. Y Mateo, nos indica que Jesús también tiene poder para vencer las divisiones sociales y las discriminaciones que nuestra sociedad fabrica hacia cierta gente “impura”.

Cada evangelista anunció esta Buena Noticia a sus comunidades de la manera que pudo y con el lenguaje que supo. En el mundo de hoy, en que la gente vive agobiada por opresiones internas y segregaciones sociales externas, los cristianos debemos mostrar que el poder del Mesías sigue vigente en nosotros y que podemos repetir el milagro de liberar a los hombres de las fuerzas sombrías que los oprimen por dentro y por fuera.
____________________
P. Ariel Álvarez Valdés. Doctor en Teología Bíblica, Santiago del Estero, Argentina. Publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl

UCA 1989-2009. Los pobres les convirtieron.

Por Víctor Codina sj. Bolivia.
Publicado por Pastoral SJ

En 1986, tres años antes de su muerte, estuve en la UCA de San Salvador dando clases de teología. Vivía en la misma comunidad de Ignacio Ellacuría, Segundo Montes e Ignacio Martín-Baró. En una comunidad muy cercana vivían Juan Ramón Moreno y Joaquín López y no lejos vivía Amando López.
La gran mayoría de ellos, comenzando por Ellacuría, eran profesores universitarios, intelectuales competentes, personas de gran peso en la sociedad salvadoreña.

Pero hubo algo más en sus vidas que hizo de ellos no sólo ilustres catedráticos, sino testigos del evangelio y mártires como Jesús.
Ellacuría no fue únicamente un gran filósofo discípulo de su paisano vasco Xavier Zubiri, ni Montes sólo un experto en derechos humanos, ni Martín-Baró se limitó a ser un gran psicólogo. Moreno no fue sólo un buen pastoralista, Amando no se contentó con ser un gran teólogo y Joaquín fue algo más que un director de Fe y Alegría. Había en todos ellos una secreta pasión por el Reino de Dios y su justicia, un deseo profundo de seguir Jesús de Nazaret hoy y aquí, una indignación por la triste situación del pueblo salvadoreño, un sentimiento de compasión ante tanto sufrimiento injusto. Fueron místicos y profetas en El Salvador.
Pero ¿cómo se dio este paso de personas ilustradas a profetas y testigos del evangelio? Se acercaron al pueblo y los pobres les enseñaron a leer el evangelio. Les dieron unos ojos y un corazón nuevo para ver la realidad social y eclesial desde los crucificados de la historia, desde los últimos, aquellos que serán nuestros jueces escatológicos en el juicio final de las naciones. Los pobres, poco a poco, los cambiaron, los humanizaron, los evangelizaron, los convirtieron. Como a Mons. Romero.
Por esto, como le sucedió a Jesús de Nazaret, los poderes de este mundo-imperio –dinero, armas, acaparadores de tierras- no los toleraron: los asesinaron. Como a Mons. Romero.
Con ellos asesinaron a dos sencillas mujeres del pueblo, Elba Ramos y su hija Celina, para que no hubiera testigos de la matanza de los seis jesuitas. Pero la muerte de estas dos mujeres quizá simboliza algo más: que el pueblo salvadoreño, al que ellos se habían acercado, los acogía, los hacía suyos, los abrazaba en su misma sangre. Han pasado 20 años, hacemos memoria de su pasión, su sangre clama al cielo y nos interpela como la sangre de Abel, como la de Jesús: Cristianos del siglo XXI ¿qué hemos hecho con los crucificados de nuestra historia, con los pobres, indígenas, africanos, migrantes, ancianos, mujeres y niños? Cristianos del siglo XXI ¿qué hemos hecho con la Buena noticia del evangelio, con la Iglesia de Jesús de Nazaret, para que hoy se hayan convertido en algo irrisorio, insignificante, sin interés, caduco?
Ojala los pobres también a nosotros nos enseñen a leer el evangelio y nos conviertan. Pero para ello no basta leer estadísticas socio-económicas o ver reportajes de TV sobre el hambre del mundo mientras cenamos tranquilamente. Hay que acercarse físicamente a los pobres, bajar a su encuentro, hay que estar junto a Elba y Celina. Seguramente reencontraremos allí al Dios de Jesús.

Benedicto XVI: “Una vida social auténtica empieza en la conciencia”

Audiencia a obispos brasileños en visita ad limina
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 15 de noviembre de 2009
ZENIT.org

Señor Cardenal,

Queridos arzobispos y obispos de Brasil,

En medio de la visita que estáis cumpliendo ad limina Apostolorum, os habéis reunido hoy para subir a la Casa del Sucesor de Pedro, que con los brazos abiertos os acoge a todos vosotros, estimados Pastores de la Región Sur 1, en el Estado de São Paulo. Allí se encuentra el importante centro de acogida y evangelización que es el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, donde tuve la alegría de estar en mayo de 2007 para la inauguración de la Quinta Conferencia del Episcopado Latino-Americano y del Caribe. Hago votos para que la semilla entonces lanzada pueda dar válidos frutos para el bien espiritual y también social de las poblaciones de ese prometedor Continente, de la querida Nación brasileña y de vuestro Estado Federal. Ellos “tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con condiciones más humanas: libres de la amenaza del hambre y de toda forma de violencia [Discurso inaugural (13/V/2007), n.4]. Una vez más, deseo agradecer todo lo que se realizó con tan gran generosidad y renovar mi cordial saludo a vosotros y a vuestras diócesis, recordando de modo especial a los sacerdotes, los consagrados y consagradas y los fieles laicos que os ayudan en la obra de la evangelización y la animación cristiana de la sociedad.

Vuestro pueblo abriga en el corazón un gran sentimiento religioso y nobles tradiciones, arraigadas en el cristianismo, que se expresan en sentidas y genuinas manifestaciones religiosas y civiles. Se trata de un patrimonio rico en valores que vosotros -como muestran los relatores, y don Nelson refería en el amable saludo que en vuestro nombre acaba de dirigirme- procuráis mantener, defender, extender, profundizar, vivificar. Al regocijarme vivamente con todo esto, os exhorto a proseguir esta obra de constante y metódica evangelización, conscientes de que la formación verdaderamente cristiana de la conciencia es decisiva para una profunda vida de fe y también para la madurez social y el verdadero y equilibrado bienestar de la comunidad humana.

En efecto, para merecer el título de comunidad, un grupo humano debe corresponder, en su organización y en sus objetivos, a las aspiraciones fundamentales del ser humano. Por eso no es exagerado afirmar que una vida social auténtica empieza en la conciencia de cada uno. Dado que la conciencia bien formada lleva a realizar el verdadero bien del hombre, la Iglesia, especificando cuál es este bien, ilumina al hombre y, a través de toda la vida cristiana, procura educar su conciencia. La enseñanza de la Iglesia, debido a su origen -Dios-, a su contenido -la verdad- y a su punto de apoyo -la conciencia- encuentra un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente o no creyente. Concretamente, “la cuestión de la vida y de su defensa y promoción no es prerrogativa únicamente de los cristianos. Incuso si recibe una luz y fuerza extraordinaria de fe, ésa pertenece a cada conciencia humana que aspira a la verdad y vive atenta y aprehensiva a la suerte de la humanidad. (···) El “pueblo de la vida” se alegra de poder compartir su compromiso con muchos otros, de manera que sea cada vez más numeroso el “pueblo por la vida”, y la nueva cultura del amor y de la solidaridad pueda crecer para el verdadero bien de la ciudad de los hombres” [Enc. Evangelium vitæ (25/III/1995), 101].

Venerables Hermanos, hablad al corazón de vuestro pueblo, despertad las conciencias, reunid las voluntades en un esfuerzo conjunto contra la creciente ola de violencia y menosprecio por el ser humano. Éste, de don de Dios acogido en la intimidad amorosa del matrimonio entre un hombre y una mujer, ha pasado a ser visto como mero producto humano. “Hoy, un campo primario y crucial de lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral del hombre es el de la bioética, donde se juega radicalmente la propia posibilidad de un desarrollo humano integral. Se trata de un ámbito delicadísimo y decisivo, donde irrumpe, con dramática intensidad, la cuestión fundamental de saber si el hombre se produce por sí mismo o depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de intervención técnica parecen tan avanzados que imponen una elección entre estas dos concepciones: la de la razón abierta a la trascendencia o la de la razón cerrada en la inmanencia” [Enc. Caritas in veritate (29/VI/2009), 74].

Job, de modo provocativo, llama a los seres irracionales a dar su propio testimonio: “Interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen. Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar. Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto? Él, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre” (Job 12, 7-10). La convicción de la recta razón y la certeza de fe de que la vida del ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, pertenece a Dios y no a los hombres, le confiere ese carácter sagrado y esa dignidad personal que suscita una única actitud legal y moral correcta, esto es, la del profundo respeto. Porque el Señor de la vida dijo: “A todos y a cada uno reclamaré el alma humana (···) porque a imagen de Dios hizo Él al hombre” (Gen. 9, 5.6).

Mis queridos y venerables Hermanos, nunca podemos desanimarnos en nuestra llamada a la conciencia. No seríamos seguidores fieles de nuestro Divino Maestro, si no supiéramos en todas las situaciones, también en las más arduas, llevar nuestra esperanza “contra toda esperanza” (Rom 4,18). Continuad trabajando por el triunfo de la causa de Dios, no con el ánimo triste de quien advierte sólo carencias y peligros, sino con la firme confianza de quien sabe poder contar con la victoria de Cristo. Unida al Señor de modo inefable está María, plenamente conforme con su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte. Por la intercesión de Nuestra Señora Aparecida, imploro de Dios luz, consuelo, fuerza, intensidad de propósitos y logros para vosotros y vuestros más directos colaboradores, al mismo tiempo que de corazón os concedo, extensiva a todos los fieles de cada comunidad diocesana, una particular Bendición Apostólica.

Elías Royón, nuevo presidente de CONFER

El jesuita ha sido elegido en la Asamblea General que se ha celebrado en Madrid
Publicado por Vida Nueva

Este jueves 12 de noviembre, en el transcurso de la XVI Asamblea de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) se ha elegido al jesuita Elías Royón Lara como presidente y a Margarita Bofarull, de la orden del Sagrado Corazón de Jesús, como vicepresidenta. Ambos han sido elegidos para un periodo de cuatro años, informa Ivicon.

Así concluye la XVI Asamblea de la CONFER, celebrada estos días en Madrid, en la que la tónica ha sido “la normalidad y la responsabilidad. Muchos asuntos en la carpeta de trabajo de los casi cuatrocientos superiores mayores, se han ido desgranando, analizando y votando canónicamente para darles operatividad a partir de hoy. Hablamos de normalidad porque esta Asamblea es ordinaria de elecciones, aquella que cada cuatro años renueva la dirección de Confer. No sólo se aprobó la gestión que ahora concluye, sino que los consagrados piden para los próximos años la misma incidencia y trabajo transformador en la sociedad que se ha emprendido”.

Qué demanda la sociedad

En una entrevista concedida a la revista Vida Nueva en noviembre de 2005 (nº 2.496), Royón hablaba de lo que demanda la sociedad española de la Vida Consagrada: “Se valora la entrega generosa y gratuita de religiosos y religiosas a los más pobres. (…) En el fondo, una parte numerosa de la sociedad demanda, sin expresarlo, que exista esta clase de personas que ennoblecen la condición humana: es como si viesen realizados en esos religiosos lo que ellos desearían poder hacer y sentir. (…) Sectores sociales que consideran los valores éticos, religiosos y cristianos como conformadores de una sociedad más humana esperan de la Vida Religiosa una mayor presencia en aquellos foros socioculturales donde se crea pensamiento y cultura, y se reflexiona, incluso críticamente, sobre los diversos modelos de sociedad. También la Vida Consagrada está interpelada a ser coherente con sus principios y sus compromisos, a vivir en verdad y transparencia”.

En lo que se refiere a cómo afronta la Vida Consagrada el siglo XXI, el jesuita respondía así en VN: “’Pasión por Cristo, pasión por la humanidad‘. Estas palabras se remiten al lenguaje de la vida y del testimonio con el que la Vida Consagrada debe expresar su identidad en el siglo XXI para poder hacerse inteligible en el mundo. Con frecuencia, esta significación se identifica con las respuestas que religiosos y religiosas han dado –y dan– a las necesidades concretas de las personas de cada época. Pero esas respuestas no llegan a expresar el verdadero sentido y razón de sus vidas, porque se interpretan en clave de ‘utilidad’. Los religiosos son ‘útiles’ a la sociedad, pero es necesario hacer visible lo que da sentido a esa ‘utilidad’, porque es lo que los define e identifica”.

Elías Royón

Nacido el 22 de febrero de 1937 en Benamejí (Córdoba), ingresa en la Compañía de Jesús el 11 de octubre de 1957 en Aranjuez. Se ordena sacerdote el 28 de junio de 1969 en Madrid y hace sus últimos votos en la Compañía el 5 de noviembre de 1975. Es licenciado en Filosofía (Alcalá de Henares, 1964) y doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma (1974). Ha sido maestro de novicios de la Compañía en España (1973-1981), vicerrector de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid, 1981-1987), donde además fue profesor de Teología Dogmática y Presidente Nacional de la CONFER (1994-1995). Desde 2004, es el provincial de España de los jesuitas.

Margarita Bofarull

Margarita Bofarull Buñuel, nació el 2 de febrero de 1961 en Barcelona. Profesó en la congregación del Sagrado Corazón de Jesús en 1997 y su formación académica es: Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona (1985), Licenciada en Teología especialidad Moral, por la Facultad de Teología de Cataluña (1994). Es profesora actualmente en excedencia de la Facultad de Teología de Cataluña y de la Universidad Centroamericana (UCA), de San Salvador. En su congregación ha desempeñado los siguientes cargos: consejera provincial, directora titular de un colegio y superiora provincial desde el año 2005.

Mensaje de Franc Rodé

Durante el desarrollo de la Asamblea de la CONFER, Eusebio Hernández Sola, delegado del cardenal Franc Rodé (prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica), dio lectura a una carta del mismo, en la que, entre otras cosas, decía: “Sé que tienen muchos trabajos para esta XVI Asamblea, sólo les pido que afronten todos estos temas con gran apertura al Espíritu, dejándose invadir por su luz, por su paz y por su ansia de comunión. Siempre, pero hoy especialmente, España necesita una Iglesia unida, convencida de la misión importante que tiene con su pueblo”.

Meditación para el domingo XXXIII del tiempo ordinario, 'B'


Para comprender mejor las lecturas de este domingo, es importante relacionarlas con el final del año litúrgico, que terminará con la solemnidad de Cristo Rey. La circunstancia cronológica toma un valor de signo y se convierte en llamada. Un día llegará el final de la representación de este mundo y el retorno glorioso del Señor entre sus ángeles.

Hoy, con la Liturgia de la Palabra, es posible que nos hagamos un examen al observar las reacciones que nos puede suscitar la afirmación evangélica “El cielo y la tierra pasarán”, y la certeza de la venida de Jesucristo en gloria. Según nos sintamos ante la verdad que profesamos en el Credo - “Creo en Jesucristo, que vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna” -, así podremos evaluar nuestra coincidencia con el querer de Dios y con el seguimiento de su llamada.

Reacciones posibles ante el mensaje que ofrecen las lecturas de hoy

* Miedo: “El sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, los astros se tambalearán” (Mc 13, 24-25).
* Súplica: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti” (Antífona del salmo interleccional).
* Profesión de fe: “Verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad” (Mc 13, 26).
* Confianza: “Mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte”. “Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro” (Sal 16 [15], 9) “Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados” (Hbr 10, 18).
* Gratitud: “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrados de sus pies” (Hbr 10, 12-13).
* Alegría: “Se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas” (Sal 16 [15], 9). “Me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 16 [15], 11).
* Contemplación: “Los sabios brillarán como fulgor del firmamento” (Dan 12, 3).

Lecturas y Liturgia de las Horas: Lunes 16 de Noviembre de 2009

XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B

Lectura del primer libro de los Macabeos
1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64

En aquellos días:
Surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. Fue entonces cuando apareció en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: «Hagamos una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas, nos han sobrevenido muchos males».
Esta propuesta fue bien recibida, y algunos del pueblo fueron en seguida a ver al rey y éste les dio autorización para seguir las costumbres de los paganos. Ellos construyeron un gimnasio en Jerusalén al estilo de los paganos, disimularon la marca de la circuncisión y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades.
El rey promulgó un decreto en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo y renunciaran a sus propias costumbres. Todas las naciones se sometieron a la orden del rey y muchos israelitas aceptaron el culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.
El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todas las ciudades de Judá. En las puertas de las casas y en las plazas se quemaba incienso. Se destruían y arrojaban al fuego los libros de la Ley que se encontraban, y al que se descubría con un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real.
Sin embargo, muchos israelitas se mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que mancharse con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron. Y una gran ira se descargó sobre Israel.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 118, 53.61.134. 150. 155. 158

R. ¡Dame vida, Señor; y guardaré tus mandamientos!

Me lleno de indignación ante los pecadores,
ante los que abandonan tu ley.
Los lazos de los malvados me rodean,
pero yo no me olvido de tu ley. R.

Líbrame de la opresión de los hombres,
y cumpliré tus mandamientos.
Se acercan a mí los que me persiguen con perfidia,
los que están alejados de tu ley. R.

La salvación está lejos de los impíos,
porque no buscan tus preceptos.
Veo a los pecadores y siento indignación,
porque no cumplen tu palabra. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 35-43

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
«Señor, que yo vea otra vez».
Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XXXIII
De la feria. Salterio I

16 de noviembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: DEJADO YA EL DESCANSO DE LA NOCHE

Dejado ya el descanso de la noche,
despierto en la alegría de tu amor,
concédeme tu luz que me ilumine
como ilumina el sol.

No sé lo que será del nuevo día
que entre luces y sombras viviré,
pero sé que, si tú vienes conmigo,
no fallará mi fe.

Tal vez me esperen horas de desierto
amargas y sedientas, mas yo sé
que, si vienes conmigo de camino,
jamás yo tendré sed.

Concédeme vivir esta jornada
en paz con mis hermanos y mi Dios,
al sentarnos los dos para la cena,
párteme el pan, Señor.

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,
acoge por tu Hijo la oración
que fluye del Espíritu en el alma
que sabe de tu amor. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Salmo 5 - ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO PERSEGUIDO

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Ant. 2. Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Cantico: SOLO A DIOS HONOR Y GLORIA 1Cro 29,10-13

Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Ant. 3. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Salmo 28 - MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

LECTURA BREVE 2Ts 3, 10b-13

Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan. Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito el Señor ahora y por siempre.
R. Bendito el Señor ahora y por siempre.

V. Solo él hizo maravillas.
R. Ahora y por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito el Señor ahora y por siempre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

PRECES

Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu Santo, y acudamos a él diciendo:

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia
para que, al llegar a la noche, podamos alabarte con gozo y limpios de pecado.

Que baje hoy a nosotros tu bondad
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz
para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.

Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones
y enriquécelos con toda clase de bienes.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Tu gracia, Señor, inspire nuestras obras, las sostenga y acompañe; para que todo nuestro trabajo brote de ti, como de su fuente, y tienda a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LIBRA MIS OJOS DE LA MUERTE.

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz, que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva,
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Haz que mi pie vaya ligero.
Da de tu pan y de tu vaso
al que te sigue, paso a paso,
por lo más duro del sendero.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo.
¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto
dame tu mano y ven conmigo. Amén

SALMODIA

Ant. 1. El Señor se complace en los justos.

Salmo 10 - EL SEÑOR ESPERANZA DEL JUSTO

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor se complace en los justos.

Ant. 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 14 - ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ant. 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE Col 1, 9b-11

Llegad a la plenitud en el conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo con alegría.

RESPONSORIO BREVE

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Favorece a tu pueblo, Señor.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos:
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad.

Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan contemplar tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ten piedad de los que han muerto
y acógelos en el descanso de Cristo.

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó Cristo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE

Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.

Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.

Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.

Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.

SALMODIA

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10

Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

sábado 14 de noviembre de 2009

ORACIÓN EUCARÍSTICA: XXXIII Domingo del T.O. (Marcos 13,24-32) - Ciclo B

Publicado por Fe Adulta


A Ti, Señor y Dios nuestro, hemos levantado nuestro espíritu
y entonamos en tu honor esta oración de acción de gracias.
Realmente es justo y obligado que te agradezcamos de corazón
las maravillas insondables del universo,
que para nosotros culmina en la creación del género humano
y en nuestra propia existencia.
Gracias, Señor, por ser un Dios cercano y amigo, un Dios Padre,
que no quiere ser temido sino amado,
que no amenaza con castigos sino que es pura promesa,
un Dios que es vida y nos abraza ahora y para siempre.
Deberíamos desvivirnos por servirte, por complacer tu voluntad,
y no desfallecer en la construcción de un mundo verdaderamente feliz.
Pero tenemos que reconocer que apenas cuentas en nuestras vidas,
que te hemos marginado, al igual que hemos hecho con tantos hermanos.
Querríamos que fueras ya, realmente, el centro de nuestras vidas,
para empezar a vivir aquí y desde ahora nuestra perfecta comunión contigo.
Aunque no necesitas de nuestras alabanzas,
te cantamos humildemente este himno de bendición a tu mayor gloria…

Santo, santo…

Gracias, Padre santo, muchas gracias te damos por tu hijo Jesús,
que con su vida y su mensaje ha llenado de sentido nuestra existencia
y nos ha iluminado el camino que nos lleva a Ti.
Nos ha enseñado que no podemos amarte sino amando a los hermanos,
que es inútil decirte Señor, Señor, si antes ni siquiera nos perdonamos,
que hemos de preocuparnos y ocuparnos de los que más nos necesitan.
Y por el mismo Jesús, nuestro buen maestro, sabemos
que la mayor felicidad está en darse desinteresadamente a los demás,
que sólo alcanzaremos nuestra plenitud humana, nuestra gloria verdadera, superando nuestros egoísmos y vaciándonos en favor de la humanidad.
Jesús nos pidió que le recordáramos hoy
repitiendo precisamente estos gestos solidarios, de total entrega.

El mismo Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,
te dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Tenemos presente toda la vida de Jesús, comprometida hasta la muerte,
y nos llena de alegría y esperanza creer que ha resucitado y vive en Tí.
Bendito seas, Padre, por Jesús, el buen hijo, nuestro consejero y amigo.

Envía, Padre Dios, tu Espíritu santo y vivificador sobre toda la humanidad.
Estamos muy lejos de hacer realidad tu proyecto, más lejos que nunca.
La ambición nos puede, la corrupción nos invade,
somos tan consumistas como nos lo podemos permitir,
hemos cerrado puertas y ventanas de nuestros hogares
y nos hemos hecho insensibles al grito de los que fuera mueren de hambre.
Somos conscientes, Señor, de que lo bueno y lo malo de este mundo
es fruto de nuestras acciones solidarias o egoístas.
Por eso te pedimos tu fuerza, porque querríamos invertir la tendencia
y asumir responsablemente el papel que nos corresponde a cada uno.
Nos proponemos unir nuestras manos y nuestro esfuerzo
a todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
para que la bondad abunde en la sociedad y la felicidad sea bien común.
Te rogamos, Padre Dios, por la comunidad cristiana
con el deseo de que sea modelo de entrega y fraternidad.
Te damos gracias por haber acogido ya a nuestros familiares difuntos.
En presencia de tu hijo Jesús, que nos ha convocado junto a esta mesa,
te bendecimos con toda nuestra alma, Padre santo,
como esperamos hacer por toda la eternidad.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca




PRINCIPIO

Aquí nos tienes, Padre, reunidos alrededor de tu mesa.
No estamos aquí porque lo merecemos sino porque te necesitamos.
Gracias por invitarnos con la Palabra y con el Pan.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


OFRENDA

Nuestro pan y nuestro vino, nuestra vida entera,
ofrecidos en tu mesa, como Jesús mismo,
ofrecido enteramente a Ti en el signo del pan y del vino.
Haz que nuestra vida sea de verdad
una entrega plena a todos nuestros hermanos.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


DESPEDIDA

Gracias, Padre, por la eucaristía.
Gracias porque alientas nuestra esperanza
y das fuerza a nuestra fe.
Gracias, Padre, por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.



S A L M O 16

Guárdame, Señor, que me refugio en Ti.
Decid al Señor: "Tú eres mi Dios,
Tú eres mi Bien y no deseo otro".

Aunque todo el mundo corra tras sus ídolos
mi herencia eres Tú, Señor.
Eres Tú quien garantiza mi suerte
Eres Tú mi herencia y mi riqueza.

Bendigo al Señor, mi consejero
y lo tengo presente sin descanso.
El Señor, a mi diestra. El es mi guía.

Así encuentra mi espíritu la paz,
mi corazón reposa seguro,
porque Tú no abandonas mi vida.

Tú me enseñas el camino de la vida
y encuentro ante tu rostro
la plenitud de vida y de alegría.

José Enrique Galarreta

Evangelio Misionero del Día: Domingo 15 de Noviembre de 2009. XXXIII DOMINGO DEL TO

Mis palabras no pasarán

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 13, 24-32

Jesús dijo a sus discípulos:

En aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y El enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Como cada año, este Domingo penúltimo del Calendario Litúrgico de la Iglesia nos hace tender la mirada hacia adelante, adelante del todo, al último día, cuando vendrá el Señor Jesucristo a acabar la historia del mundo, a juzgar a todos y a empezar la etapa final del Reino de Dios enclavándolo en la eternidad.
Jesús nos lo anuncia con toda claridad.
Los astrofísicos nos dirán muchas cosas —y cuánto se las agradecemos, porque son bellísimas y glorifican mucho a Dios— sobre cómo pudo comenzar el universo y cómo podría resolverse al final. Pero nadie puede asegurarnos nada sobre cómo acabará la Humanidad. Solamente Jesucristo ha tenido autoridad para rasgar el porvenir y decirnos lo que ocurrirá al final.
Jesús nos habla con lenguaje apocalíptico y hay que entender esta manera de hablar. Pero todo se reduce a estas afirmaciones completamente seguras:
- el mundo acabará en medio de una catástrofe universal;
- Jesucristo volverá glorioso a la Tierra, resucitará a todos los muertos y juzgará todos los hombres;
- los elegidos irán a la vida eterna y los condenados a un castigo sin fin;
- nadie sabe cuándo ocurrirá esto, porque es un secreto que se ha reservado Dios.
Al comunicarnos todo esto, Jesús lo asegura con una solemnidad inusitada, como no lo ha hecho en ninguna otra parte, y nos dice que pasarán el cielo y la tierra, mientras que sus palabras no dejarán de cumplirse una a una.
Pero vayamos al Evangelio de hoy, tal como nos lo trae Marcos.
Jesús está con los Doce en la ladera oriental de Jerusalén, contemplando el espectáculo espléndido que ofrece la ciudad, restaurada con magnificencia por el rey Herodes el Grande. Les anuncia cómo todo ese esplendor de la ciudad y del templo quedará reducido a escombros después de la guerra con los romanos —que estallará pronto—, y toma esta catástrofe de Israel como signo de lo que sucederá al final del mundo. Por eso, prosigue hablando de este modo:
- En aquellos días últimos, y después de esa terrible tribulación que sobrevendrá, el sol se oscurecerá, la luna ya no dará su luz y las estrellas del cielo caerán.
Ésta será la preparación para el fin. Habla Jesús con lenguaje figurado, pero quiere decirnos que esa preparación será espantosa. Y añade sobre su venida:
- Entonces este Hijo del Hombre mandará a sus ángeles para que reúnan desde todos los cuatro puntos cardinales a todos los elegidos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.
Y acaba con esas palabras que nos quitan toda duda:
- El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Sin embargo, para quitar de muchas cabecitas suposiciones y profecías inútiles, añade también esas otras palabras, con las cuales deshace todas las fantasías de los que se meten a profetas:
- En cuanto al día y la hora en que todo esto sucederá, no lo sabe nadie, ni los ángeles del cielo, sino sólo Dios.
¿Nos vamos a espantar nosotros con una visión como ésta? No; todo lo contrario. Cuanto más seria es, más esperanza nos da.
Aquel día será el triunfo definitivo de Jesucristo y de su Iglesia.
Aquel día sólo hará temblar a los malos impenitentes.
Aquel día será la salvación de todos los elegidos.
Aquel día empezará una gloria que ya no acabará jamás.
Ciertamente, que tal como nos lo describen los Evangelios —Marcos y Lucas, pero sobre todo Mateo— será un día grandioso. Espectáculo como aquel no lo podemos ni imaginar.
Jesucristo que vuelve a la Tierra de una manera tan diferente a como vino en Belén...
Los millones de millones de ángeles que le acompañan... Los demonios en cantidad también exorbitante que salen del infierno para ser juzgados...
Todos los hombres de todos los tiempos que salimos de nuestros sepulcros y nos reunimos ante el trono de Jesucristo...
Aquel oír una sentencia inapelable de condenación o la enhorabuena de todo un Dios que nos felicita por haberle sido fieles...
El entrar los unos en la Gloria y caer de los otros en una condenación sin fin...
Todo esto no es invento de nuestra imaginación. Todo esto está claro y especificado en el Evangelio, dicho y expuesto por el mismo Jesucristo. El lenguaje será todo lo apocalíptico y figurado que queramos, pero la realidad es ésta, confesada siempre por la Iglesia en la profesión de fe:
- Y de allí ha de venir Jesucristo con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino ya no tendrá fin...
El mirar el Juicio Final en el último día es para nosotros la mayor esperanza. Hacia allí vamos, y allí será el encuentro definitivo con Jesucristo en todo nuestro ser, una vez resucitados de nuestros sepulcros.
¡Señor Jesucristo!
Te agradecemos el que nos hayas descorrido el velo más denso del porvenir. ¡De cuántos errores, miedos y peligros nos has librado con esta tu revelación!
Ante lo que Tú nos dices, Te esperamos. Te recibiremos con gozo. Y —¡qué bien!—, estaremos siempre contigo...

CONVICCIONES CRISTIANAS

XXXIII Domingo del T.O. (Marcos 13,24-32) - Ciclo B
Por José Antonio Pagola

Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

Cuarta convicción. Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.

Viceversa

El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. Hay cosas que permanecen, quizá a las que, muchas veces, damos menor importancia. Nos encontramos con demasiados dilemas. ¿Qué pasa y qué permanece?


Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Mario Benedetti

XXXIII Domingo del T.O. (Marcos 13,24-32) - Ciclo B: Derribar muros para ver a los demás


El Evangelio de este domingo lo podemos leer de forma “tenebrosa”: como el anuncio de un fin catastrófico del mundo, o lo podemos leer de forma luminosa: como el anuncio de la llegada de un nuevo mundo.
Si Dios decidió “jugarse” por el hombre, haciéndose uno de nosotros, aceptando la muerte en cruz… sin duda es porque tiene una visión luminosa del futuro y quiere abrir a los hombres un futuro de esperanza.
San Pablo dirá que Jesús vino entre nosotros para derribar la muralla del odio que nos separaba a los hombres y formar un nuevo pueblo. Desde esa perspectiva hemos de entender las lecturas de hoy.
El lunes pasado se celebraban 20 años de la caída del muro de Berlín. Pero siguen siendo muchos los muros que deben caer.


Una vieja historia

“Un peregrino recorría su camino cuando cierto día pasó ante un hombre que parecía ser monje y que estaba sentado en el campo. Cerca de allí, otros hombres trabajaban en un edificio de piedra.
“Parece un monje “, dijo el peregrino.
“Lo soy” respondió el monje.
¿Quiénes son esos que están trabajando en la abadía?
“Mis monjes” contestó, “yo soy el abad”.
“Es magnífico “, comentó el peregrino. “Es estupendo ver levantar un monasterio. ”
“Lo estamos derribando” dijo el abad
“¿Derribándolo?” Exclamó el peregrino. “¿Por qué?”
“Para poder ver salir el sol todas las mañanas “, respondió el abad. (Joan Chittister)
Destruir para poder ver el sol cada mañana
Las grandes abadías suelen ser muy solemnes en sus estructuras y en sus muros. Pero tanta piedra, con frecuencia, impide que el sol penetre dentro. E impiden a los de dentro verlo amanecer cada mañana.
En la vida todos solemos construir grandes muros, a veces incluso muy bellos, pero que nos están dificultando ver el sol.
Tenemos demasiados muros que nos impiden ver a los demás. Incluso ponemos muros que dieran la impresión de ser transparentes, pero que no dejan ver ni a aquellos que están a nuestro lado.
El muro de “yo soy así”, y que nos impide ver y aceptar a los demás como ellos son.
El muro de “yo pienso que las cosas tienen que ser así”, y nos impide respetar el modo cómo las ven los demás. Como si fuésemos los únicos que tenemos ojos para ver, y gusto para discernir.
El muro de “a mí no me cambia nadie”, y que nos impide ver la luz de la verdad que los demás quieren irradiar sobre nosotros. Y no nos sentimos afectados por las señales que cada día Dios nos envía a través de los acontecimientos de la vida.
El muro de “yo soy el jefe, la cabeza”, y no nos deja ver que los demás también piensan, y que los demás también tienen cabeza.
El muro de “las cosas que tengo y he conseguido en la vida” y que nos cierran a la luz que Dios nos envía a través de las necesidades de los demás.
El muro de “mi carácter es así” y nos cierran el paso a la luz que nos invita a ser de otra manera y la llamada que nos llega desde los demás.
El muro de “mis tristezas y preocupaciones”, que nos cierra sobre nosotros mismos y no somos capaces de abrirnos a la alegría de la vida.
El muro de “yo hice tal cosa y ya estoy marcado para siempre”, y nos impide el gozo y la alegría de saber que el pasado ya no existe y que lo existe es el presente y el futuro que está amaneciendo.
En la vida no siempre es cuestión de construir. También a veces es preciso destruir.
La misma historia milenaria de la Iglesia ha ido creando demasiados muros que le impiden ver el caminar de la historia y del mundo.
La esperanza siempre viva
Nada hay más bello que despertarse y poder contemplar el sol.
Nada más bello que despertarse cada día y poder ver la luz que irradian aquellos que viven a nuestro lado.
Nada más bello que despertarse cada mañana y sentir la alegría de un nuevo día, un nuevo amanecer, un nuevo mundo.
Se necesitan profetas que vayan derrumbando nuestros muros de resistencia a la novedad del Espíritu y a los nuevos problemas de los hombres que esperan nuevas buenas noticias.
Puede que la vida se encargue de derrumbar muchos de esos muros que nos impiden ver con claridad.
Cuando todo lo veamos oscuro, pensemos si no habrá algún muro que nos impide la claridad.
Nunca digamos: esto ya es el final. El final de las paredes de un viejo Monasterio, puede ser el comienzo de nuevos amaneceres.
Además no nos toca a nosotros decidir el último capítulo, cuando la vida nos está preparando otro más bello. Esa es la razón de la esperanza, que no entiende de finales.
La esperanza es capaz de ver lo nuevo a través de las ruinas de lo viejo.

XXXIII Domingo del T.O. (Marcos 13,24-32) - Ciclo B: En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe

Encuentros con la palabra
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Enrique Patiño, uno de los redactores de El Tiempo, publicó hace algunos años un artículo llamado “El mensaje secreto de la Biblia”, en el que cuenta los descubrimientos que un periodista ateo y un matemático han hecho en la Biblia. Lo que hicieron fue tomar el original del Antiguo Testamento en hebreo, eliminar todos los espacios entre las palabras y transformar el texto sagrado en un continuo de letras de 304.805 caracteres; después introdujeron esto en un computador y comenzaron a desentrañar los mensajes secretos que, se supone, hay contenidos en la Escritura.

Según el autor de este artículo, no hay nadie que refute el código que estos científicos han descubierto. “Nadie que demuestre aún la razón de tantas coincidencias, ningún estudioso del lenguaje hebreo, de las matemáticas ni de la teología que explique de dónde salen palabras entre las palabras. Nadie que ‘revire’, dirían los mexicanos, contra el código secreto de la Biblia descubierto por el matemático israelí Eliayahu Rips y profundizado por el periodista ateo del Wall Street Journal, Michael Drosin”.

Dice el autor que, después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, los investigadores encontraron “en una misma página, las palabras Torres Gemelas, Derrumbadas, Dos veces y Avión; y más adelante: La próxima guerra, Las torres gemelas y Terroristas. Nada críptico. Nada parecido a las predicciones de Nostradamus. Todo tan claro que era difícil creerlo. Y una frase más: El fin de los días. Frase que se repitió en otro contexto, y con una probabilidad de uno entre 500.000 en una misma página junto con los nombres de Arafat, Sharon y Bush, líderes del estado palestino, Israel y E.U. Rips y Drosin buscaron entonces una fecha. Y la encontraron junto a la frase Fin de los días, a la sentencia Holocausto atómico y junto a Guerra mundial: 5766, año hebreo equivalente a 2006. Hombre bomba y Terrorismo complementan la advertencia”… Y vamos terminando el 2009 y parece evidente que esa ‘advertencia’ recalentada no tuvo efecto… Ya vendrá otro a decir cuándo será…

Cada cierto tiempo, ‘serios’ investigadores, descubren y publican sus conclusiones sobre la fecha del fin del mundo. Hay personas que se dejan impresionar fácilmente por este tipo de afirmaciones; aunque, la verdad sea dicha, cada vez se van pareciendo más a la historia del pastorcito mentiroso... ya casi nadie les cree y no conmueven a la humanidad con sus amenazas catastróficas. Jesús nos invita a estar atentos a las señales que permiten reconocer el fin de los tiempos; “Aprendan esta enseñanza de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas, y brotan sus hojas, se dan cuenta ustedes de que ya el verano está cerca. De la misma manera, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Hijo del hombre ya está a la puerta. (...) “El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. Y afirma enseguida, algo que puede dejarnos tranquilos: “Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre”.

De manera que la invitación que nos trae el Evangelio de hoy, no es a vivir atemorizados con las fechas que los estudiosos publican cada cierto tiempo, sino a estar atentos a las señales que permiten reconocer el momento definitivo del “Encuentro con la Palabra” que no dejará de cumplirse, como salvación universal para toda su creación. Eso es en vez de producir terror, que es lo que parecen querer producir los profetas de calamidades, lo que produce es una gran alegría y llena el corazón de esperanza en un mañana mejor y definitivo en el que la vida y el amor, vencerán por fin, y definitivamente, a la muerte y al odio.

XXXIII Domingo del T.O. (Marcos 13,24-32) - Ciclo B: El invierno y la primavera de la esperanza


El Evangelio de este penúltimo Domingo del año tiene mucho de invierno y tiene mucho de primavera. Primero se nos habla de ese momento final donde todo parece terminar en cataclismo. Luego nos abre a la primavera de la higuera que empieza a echar yemas en las ramas todavía casi desnudas del invierno. Y finalmente nos asegura nuestra esperanza en la Palabra de Dios. Todo pasará. Sólo una cosa no pasará: “Cielo y tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. Las cosas pueden ponerse mal, el cielo puede oscurecerse y sentir que el sol se apagó. Sin embargo, ahí está la Palabra del Resucitado que nos abre a la esperanza.

Si nos diesen a escoger, todos elegiríamos la primavera y el verano.
El invierno es demasiado feo, dicen muchos. Es muy triste, dicen otros.
El invierno es muy frío, comentan algunos. Nos priva de la alegría.
El invierno priva de sus hojas a los árboles.
En el invierno tenemos que ponernos el ropero entero.
En el invierno se nos enfrían los cuerpos.
En el invierno agarramos todos los resfríos y todas las gripes.

¿Te imaginas un año sin la estación del invierno?
Es posible que fuese una catástrofe. Porque en el invierno la tierra se empapa de agua.
Por eso la tierra se hace más fecunda.
En el invierno las semillas echan raíces en la tierra. Por eso pueden crecer mejor los tallos en primavera.
En el invierno la savia baja a las raíces y las fortalece. Por eso luego pueden dar mejores frutos.
En el invierno mueren infinidad de gusanos.
Por eso las plantas pueden estar más sanas en primavera y verano.

El invierno retrae la vida. Pareciera que todo se muere.
Pero no la mata. La manda a las raíces. La hace más fuerte.
El invierno desnuda los árboles. Para que la primavera los vista de nueva hojas.
El invierno encoge de frío el cuerpo. Pero nos hace anhelar el calor del verano.

La vida necesita del invierno.
Las dudas.
Los momentos de oscuridad.
El silencio de Dios.
Son el invierno de la fe.
Pero no matan la fe. La robustecen y fortalecen.
Los ahogos del presente. El no ver futuro, a pesar de nuestros esfuerzos.
Las estrecheces económicas.
El estar sin trabajo ni tener posibilidades de conseguirlo.
Son el invierno de la esperanza.
Pero no matan la esperanza. Le dan más consistencia.
Ni la fe ni la esperanza maduran en la bonanza.
La fe se fortalece en la persecución.
La esperanza se fortalece en la oscuridad.

En los momentos difíciles, la esperanza se esconde en las raíces.
Por eso luego, brota con más fuerza.
En esos días sin sol de nuestra vida, la esperanza se parece a esas ramas de los árboles en invierno. Dan la impresión de estar muertas.
Pero el calorcillo de la primavera, las despierta y las viste y engalana de nuevo.
Hay días en los que la esperanza se parece a los granos sembrados en tierra. Ya nadie los ve. Hasta que un día somos testigos de que la yema ha comenzado a brotar y el tallo espera la espiga.

El día que sientas que has perdido la esperanza, búscala en las raíces de tu corazón.
Búscala en la Palabra de Jesús Resucitado que también pasó por el invierno de la Cruz para resucitar en la primavera de la Pascua.
Nunca tomes decisiones con los hielos del invierno. Espera a la primavera.
Recién entonces comenzarás a soñar con las doradas espigas maduras del verano.

Oración

Señor, cuando llegamos al final del camino del Año Litúrgico diera la impresión
de que lo que nos espera es el desastre.
Y sin embargo, tú terminas este camino con una llamada a la esperanza.
Una esperanza garantizada por tus palabras.
Todo puede desaparecer, menos tu Palabra,
que siempre seguirá siendo Buena Noticia para los hombres.
Que esta tu Palabra, Señor,
ilumine esos nuestros días sin luz y donde no se ve la salida.

Clemente Sobrado C. P.

www.iglesiaquecamina.com

Lecturas y Liturgia de las Horas: Domingo 15 de Noviembre de 2009

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

En aquel tiempo,
se alzará Miguel, el gran Príncipe,
que está de pie junto a los hijos de tu pueblo.
Será un tiempo de tribulación,
como no lo hubo jamás, desde que existe una nación
hasta el tiempo presente.
En aquel tiempo, será liberado tu pueblo:
todo el que se encuentre inscrito en el Libro.
Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento
se despertarán, unos para la vida eterna,
y otros para la ignominia, para el horror eterno.
Los hombres prudentes resplandecerán
como el resplandor del firmamento,
y los que hayan enseñado a muchos la justicia
brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 15, 5. 8-11

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡Tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer
el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.



Mediante una sola oblación,
Él ha perfeccionado para siempre a los que santifica

Lectura de la carta a los Hebreos
10, 11-14. 18

Hermanos:
Los sacerdotes del culto antiguo se presentan diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, El ha perfeccionado para siempre a los que santifica.
Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna otra oblación.

Palabra de Dios.



EVANGELIO

Congregará a sus elegidos,
desde los cuatro puntos cardinales

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
13, 24-32

Jesús dijo a sus discípulos:
En aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y El enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA XXXIII
De la feria. Salterio I

15 de noviembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: ES VERDAD QUE LAS LUCES DEL ALBA

Es verdad que las luces del alba
del día de hoy
son más puras, radiantes y bellas,
por gracia de Dios.

Es verdad que yo siento en mi vida,
muy dentro de mí,
que la gracia de Dios es mi gracia,
que no merecí.

Es verdad que la gracia del Padre,
en Cristo Jesús,
es la gloria del hombre y del mundo
bañados en luz.

Es verdad que la Pascua de Cristo
es pascua por mí,
que su muerte y victoria me dieron
eterno vivir.

Viviré en alabanzas al Padre,
que al Hijo nos dio,
y que el santo Paráclito inflame
nuestra alma en amor. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

Ant. 2. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.» Aleluya.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.» Aleluya.

Ant. 3. Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

LECTURA BREVE Ap 7, 10. 12

¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder, y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los justos brillarán como el fulgor del firmamento por toda la eternidad.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los justos brillarán como el fulgor del firmamento por toda la eternidad.

PRECES

Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre y sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:

Tú que eres nuestra vida y nuestra salvación, Señor, ten piedad.

Creador de la luz, de cuya bondad recibimos, con acción de gracias, las primicias de este día;
te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.

Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad,
y que tu sabiduría dirija hoy todas nuestras acciones.

Que al celebrar la eucaristía de este domingo tu palabra nos llene de gozo,
y que la participación en el banquete de tu amor haga crecer nuestra esperanza.

Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
y vivamos durante todo el día en acción de gracias.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Digamos ahora todos juntos la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, concédenos alegrarnos siempre en tu servicio, porque la profunda y verdadera alegría está en ser fiel a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

II VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DIOS DE LA LUZ, PRESENCIA ARDIENTE.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Ant. 2. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Salmo 113 A - ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Ant. 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que les teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE 2Co 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad.

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Otorga, a los que han muerto, una resurrección gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, concédenos alegrarnos siempre en tu servicio, porque la profunda y verdadera alegría está en ser fiel a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90 - A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

LECTURA BREVE Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!