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jueves 16 de febrero de 2012

Jesús y el leproso, toda la vida cristiana


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Los tres posts anteriores han venido comentando el texto la curación del leproso, con la irritación de Jesús y la desobediencia obediente del curado. Son muchos los lectores que me han llamado o escrito pidiéndome que sintetice el tema, y lo hago gusto, retomando unos motivos que publiqué en su momento en RS 21 (http://www.21rs.es/) y que que podrán allí encontrarse en su correspondiente.
Ofrezco así una síntesis del tema y me despido de este motivo crucial de la “lepra” , entendida como enfermedad física y social… y de su curación que exige una forma nueva de concebir la comunión humana y de integrar a los que parecen expulsados de ella.
Es sin duda un tema médico, pero es, sobre todo, un tema humano, de sensibilidad y diálogo, de apertura agradecida... En la primera imagen, los diez leprosos curados por Jesús según el evangelio de Lucas. Nueve van por la vida, uno vuelve para dar gracias a Jesús. En la otra imagen, Jesús con el leproso de Marcos.


Dejo a mis lectores de nuevo (por última vez) con este motivo tema de la “lepra” que sigue definiendo nuestra vida cristiana.

Gracias por haberme seguido en estos días... y perdonad por la reiteración de argumentos y palabras, tomadas en gran parte de mi comentario de Marcos (VD, Estella 1012).

Lea este post sólo quien quiera tener una visión de conjunto del tema, con bastantes reiteraciones, con alguna idea nueva. El motivo merecía la pena, creo que ha sido una seria que ha merecido la pena..., en nuestro tiempo, en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia, tan dada a expulsar de nuevo a los leprosos de diverso tiempo (social y personal, corporal e intelectual y religioso)

LEPROSO 1. INTRODUCCIÓN.


Texto: Marcos 1,40-45

Mc 1, 40-45. En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme." Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero: queda limpio." La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

1. Quién es un leproso. Un enfermo

De la sinagoga de Cafarnaúm, pasando por la casa de la suegra de Simón, Marcos nos lleva a las sinagogas rurales de Galilea (1, 39) y a los campos donde vagan los impuros, aquellos que no pueden integrarse en la ciudad. En ese campo, expulsado de la sociedad, habita el leproso que «puesto de rodillas suplicaba a Jesús: Si quieres, puedes limpiarme».

El leproso esta expulsado, no puede entrar en una población, y así busca a Jesús en el campo, diciendo que él puede curarle. Jesús escucha, se apiada, toca al leproso con la mano y responde «Quiero». Éste es el primer gesto de voluntad clara de Jesús, que responde al leproso e inicia así un camino de limpieza que el judaísmo más legal no admitía, pues separaba a posesos (cf. 1,21-29) y a leprosos.

La contraposición es evidente. El judaísmo del Levítico y de la ley de sacerdotes declara lo limpio y lo manchado: divide, organiza ritualmente a los hombres, expulsando a los sucios, y reintegrando a los curados, pero sin poder limpiarles. Jesús, en cambio, vuelve a las raíces del auténtico Israel y dice: «quiero, queda limpio», y de esa forma cambia y construye un orden nuevo donde caben posesos y leprosos, una comunidad de acogida universal.

2. El leproso, un expulsado.

Jesús ha empezado a proclamar el evangelio “en las aldeas” (kômopoleis, poblados de campo), iniciando así una misión rural, centrada en los exorcismos, realizados en las pequeñas sinagogas, de manera que él aparece como experto en cuestión de posesos. Pues bien, entre sinagoga y sinagoga, atravesando por el campo, se le acercó un leproso, con quien (al parecer) no contaba, echándose a sus pies de rodillas (gonypetôn), como adorándole, para exponerle su caso y decirle: “si quieres… (ean thelês) puedes purificarme” (katharisai).

Jesús no le ha buscado, quizá no pensaba que Dios le mandaba a curar a los leprosos, pero el leproso se lo dice: “Si quiere, puedes…”. Este leproso conoce su mal por experiencia, pues la misma Ley le ha expulsado de la sociedad, de manera que no puede albergar ninguna esperanza de Reino, pues ha de habitar fuera de las poblaciones, sin escuchar el mensaje que Jesús está sembrando precisamente en ellas, al curar a los endemoniados.

Es el último en el escalón de la vida, sin esperanza alguna. Está fuera del círculo social, pero Jesús pasa y él (el leproso) puede decir algo que Jesús no sabía: «Puedes limpiarme». Jesús no había tenido en cuenta a los leprosos, por eso es el leproso el que tiene que enseñarle, mostrándole su carne herida. No es un simple enfermo, sino un expulsado, más aún, un excomulgado en el sentido fuerte del término, y sólo el sacerdote podía reintegrarle en la sociedad si se curaba (Lev 13-14).

3. El leproso, un maestro de Jesús.

La escena empieza con el gesto del leproso que viene y ruega (1, 40), puesto de rodillas (gonipetôn), diciendo a Jesús “si quieres…”, poniendo su caso y su causa en sus manos. Todo nos permite suponer que Jesús no se había detenido a pensar en el problema, ni conocía el poder que este leproso le atribuye (¡si quieres puedes limpiarme!), ni sabía cómo desplegarlo, asumiendo en su misión la tarea de “purificar” a los leprosos (el texto emplea la palabra katharisai, que propiamente hablando no es curar, sino purificar, limpiar).

La iniciativa no parte de Jesús, sino del leproso que le dice lo que ha de hacer (¡si quieres…!), despertando en él una nueva conciencia de poder, que desborda las fronteras del viejo Israel sacerdotal. Este leproso puede saber que Jesús había curado al poseso de Mc 1, 23, esclavizado por un espíritu impuro (akatharton) y a la mujer con fiebre (1, 31). Pues bien, sabiendo que Jesús pudo “purificar” a un poseso, está seguro de que podrá purificarle también a él, declarándole limpio y realizando algo que, según Lev 13-14, sólo podían hacer los sacerdotes, cuando declaraban puros a los leprosos previamente curados.

Para ser maestro hay aprender de los otros. Jesús, el gran maestro, aprendió la lección del enfermo: ¡Si quiere puedes limpiarme! Aprendió y quiso, limpió al leproso, iniciando un camino que le llevará dar la vida por los otros, como supo siglos más tarde, Damián de Veuster, un cristiano, que aprendió todo de los leprosos.

LEPROSO 2. JESÚS LE LIMPIA

1. Gesto de Jesús.

El leproso del camino había enseñado a Jesús, diciéndole que “si quería” podía limpiarle (Mc 1, 40). Pues bien, Jesús escuchó al leproso y supo así que tenía poder para limpiarle, en nombre de Dios, por encima de los sacerdotes, que controlaban los casos de lepra, expulsando a los manchados, pero sin curarles. Así sigue el texto: « Y, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: Quiero, queda puro. Al instante desapareció la lepra y quedó puro» (Mc 1,41-43).
Esta acción nos sitúa en el centro de la máxima “transformación” del evangelio. Jesús no será “Mesías” luchando, en guerra, contra Roma, ni tomando el templo por la fuerza, para hacerse allí Gran Sacerdotes, sino acogiendo y ofreciendo un lugar para vivir a los leprosos. Éstos son los rasgos de su gesto:

1. Compadecido (splagnistheis). Esta palabra evoca la experiencia del Dios de Moisés, que se define como “aquel que está lleno de misericordia y compasión” (Ex 34, 6). En el principio de la acción de Dios, que perdona y acoge a su pueblo, esta la misericordia. Pues bien, según ese pasaje, Jesús ha sentido esa misma “conmoción interior” de Dios ante el leproso, una compasión-misericordia que brota de su entraña, como puso de relieve J. Sobrino, en un libro inolvidable: El principio misericordia, Santander 1992.

2. Extendió la mano y le tocó. Movido por su compasión, Jesús desoye y supera la ley del Levítico, que prohibían “tocar” a los leprosos, bajo pena de impureza. Expresamente rompe esa ley y hace algo que nadie podía, sino sólo el sacerdote, y no para curar/purificar, sino sólo para certificar una curación: tocar a los supuestos leprosos. Jesús extiende la mano y toca expresamente al leproso, sabiendo que, en línea de ley, ese contacto va a mancharle, pero sabiendo también y, sobre todo, que él puede y debe purificar al leproso. Esta mano de Jesús que toca es la expresión de una misericordia que transciende unas leyes externas de pureza.

3. Y le dice ¡quiero, queda limpio! (1,41b). Esa palabra ratifica la misericordia anterior y expresa el sentido del contacto de la mano. El leproso le ha dicho ¡si quieres! (ean thelês) y Jesús le ha respondido, cumpliendo así su petición: ¡quiero, sé puro! (thelô katharisthêti). A través de esa voluntad de Jesús, en primera persona (¡quiero!), se revela la voluntad creadora de Dios.

2. Ampliación.

La misericordia, el contacto físico y la palabra purificadora de Jesús llegan a la hondura del enfermo, que antes se hallaba expulsado de la sociedad “sagrada” (y marginadora). Jesús invierte así el proceso de expulsión de la Ley, acogiendo (¡purificando!) al leproso. No espera y observa, como deben hacer los sacerdotes, para sancionar una posible curación ya realizada (cf. 1, 44; Lev 14, 3), sino que escucha la necesidad del impuro y le acoge, ofreciéndole su contacto corporal y su palabra, abriendo un espacio de pureza (salud, dignidad, humanidad) en su nueva familia mesiánica.

En este contexto pueden plantearse dos cuestiones importantes, aunque no esenciales, para entender el movimiento de Jesús. 1. La enfermedad. El texto dice que aquel hombre era un leproso (lepros), una palabra que indicaba varias enfermedades de la piel (y no sólo la producida por el bacilo de Hansen, que entonces no se conocía). Por eso, algunos comentaristas de Marcos prescinden de esa palabra (lepra), empleando otras más o menos equivalentes.

Pero al evangelio no le importa el carácter biológico de aquella enfermedad, sino su carácter “humano”: expulsaba a los enfermos, les hacia impuros. 2. La curación. El texto dice que “de pronto desapareció la lepra y quedó puro (con un verbo en pasivo divino: ekatharisthê: Dios le hizo puro). Evidentemente, Marcos está pensando en un “cambio externo”, y así supone que la piel del enfermo tomó otra apariencia, como si quedara sana o se le cayeran las escamas. Pero, el término que emplea no es “se curó” (iathê), sino “quedó puro” (ekatharisthê). Lo que importa e la “pureza personal”.

Según este pasaje, Jesús curó a un sólo leproso (a un hombre impuro), pero al hacerlo fue como si hubiera declarado que todos los leprosos son humanamente limpios, superando así los tabúes y las divisiones de purezas e impurezas que expulsaban a ciertos hombres y mujeres de la sociedad. Nos hallamos ante un gesto que sigue siendo socialmente inaudito, un gesto que sólo algunos hombres grandes como el P. Damián han comprendido y actualizado en la iglesia.

LEPROSO 3. JESÚS SE IRITA

1. Tema.

En los dos números anteriores del RS21 he presentado el “milagro” del leproso (Mc 1, 40-41), que enseñó a Jesús y a quien Jesús sanó. Podríamos esperar que la escena tuviera un “happy end”, de manera que leproso y Jesús se abrazaran ante el aplauso de todos, incluidos los sacerdotes de Jerusalén. Pero de manera extraña (y ejemplar) el texto dice que Jesús se irritó «y le expulsó, diciendo: Mira, no digas nada a nadie, sino, vete, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio de ellos» (Mc 1, 43-44).
Este pasaje nos sitúa ante las consecuencias de lo que implica “optar” por lo leprosos (como hizo Damián de Veuster). Jesús purificó al leproso, pero quiso que se integrara en el espacio “normal” de la comunidad, dominada por los sacerdotes. Pues bien, el evangelio mostrará que eso resulta imposible: ¡Una vez que se opta por los leprosos todo cambia!. Desde ese fondo se entiende el “enfado” de Jesús. Primero cura al leproso; después se irrita con él. Tiene que haber una razón grave, muy grave, gravísima, para que el “dulce” Jesús actúe de esa forma.

2. El enojo de Jesús.

Este pasaje es muy extraño. Jesús había escuchado al leproso y, movido por la misericordia, le había dicho: “queda puro”. Pero después parece que se arrepiente “e irritado con él (embrimêsamenos autô) le expulsó (exebalen auton)». Las dos palabras que describen su estado interior y su acción (irritado, le expulsó…) destacan la implicación afectiva de Jesús en este gesto, que tiene grandes consecuencias para todo desarrollo posterior de su proyecto.

Jesús había “salido” de Cafarnaúm, para enseñar en las sinagogas del entorno campesino (1, 38), en tarea programada de evangelización rural (de exorcismos y preparación del Reino), que, en principio, no plantea problemas, porque los posesos no tienen una “marca de impureza” externa, y porque la Ley (en especial el Levítico) no les expulsa de la comunidad (como hace con los leprosos). Pero, este nuevo gesto (¡ha tocado a un leproso!) le ha convertido en impuro según la Ley. Además, al decir al leproso “queda limpio”, Jesús ha asumido una autoridad propia de sacerdotes (decidir quién pertenece o no al pueblo de Israel), entrando en conflicto con ellos (cf. Lev 13-14). Así comienza un choque de autoridad que culminará en su muerte (los sacerdotes le expulsarán del pueblo de Israel, entregándole a los romanos para que le maten).

En ese contexto puede situarse mejor la “ira” o conmoción de Jesús, como si no supiera (o no pudiera) superar la ruptura interior y exterior que le ha causado su relación con este leproso al que ha limpiado. (a) Por una parte, tiene piedad del leproso, le toca, y le declara limpio. (b) Pero, por otra parte, se irrita ante él, y le expulsa, diciéndole que vaya donde los sacerdotes, como para “rendirles” obediencia, como si por ahora no quisiera “romper” con ellos.

3. Explicación.

Este pasaje nos sitúa así ante un Jesús extremadamente sensible, que va aprendiendo a medida que ejerce su tarea mesiánica. ¿Con quién se irrita?

− Puede irritarse con las instituciones de Israel, porque quieren mantener sometidos por ley a los leprosos; se irrita, pero no puede (no quiere) empezar enfrentándose con los sacerdotes y, por eso, con ira, manda al leproso que vaya y que cumpla según Ley, para que ellos, en principio, no se opongan a la obra de Jesús (para testimonio de ellos). Esa actitud puede situarnos ante un dato histórico: En principio, Jesús quiso mantenerse fiel a las instituciones de Israel y por eso pidió al leproso que “callara”: que no propagara el “milagro” (la revolución que implica), que volviera al conjunto social establecido, para que los sacerdotes reconozcan y admitan de nuevo en el orden sagrado que ellos controlan.

− Puede irritarse también consigo mismo, porque el leproso a quien él ha purificado (por misericordia) cambia sus proyectos y pone en riesgo su misión en Israel (en las sinagogas del entorno, donde ya no puede entrar, pues todos saben ha tocado a los leprosos). Por eso, en vez de mantenerle a su lado y de decirle que le siga (como ha hecho con los cuatro pescadores de 1, 16-20), Jesús le expulsa (exebalen). No le quiere en su grupo, porque sería un impedimento para su misión en los pueblos del entorno. Marcos parece indicar así que Jesús buscaba un imposible: por un lado declaraba puros a los leprosos; por otro lado intentaba mantenerse dentro de las estructuras sagradas del viejo Israel (que les expulsaba). Por eso, en este momento, preso de una división interior, expulsa” al leproso curado (¡no quiere que le acompañe!) y le ordena, con irritación, que se marche y se inscriba en el libro sagrado de los sacerdotes…

Este mandato de un Jesús “irritado”, que no quiere romper el orden de Israel, al menos en este momento y que, por eso, acepta sus instituciones, nos sitúa ante un problema clave de la iglesia posterior. Nosotros, hoy, sabemos que aquella primera estrategia “pactista” de Jesús (¡no irritar a los sacerdotes) resultará inviable, pues los mismos sacerdotes le condenarán a muerte (Mc 14, 1-2), mientras que un leproso, como éste a quien él ha curado (¡quizá el mismo!), le recibe en su casa de Betania en la anteúltima cena (Mc 14, 3-9). El P. Damián conocía bien esas “historias” de leprosos que mantienen su dignidad y que reciben y acogen en su casa a los que otros (como los sacerdotes del viejo Jerusalén) quieren matar. Quien empieza acogiendo y curando (dando dignidad) a los “leprosos” se enfrenta con grandes problemas, como supo Jesús.

LEPROSO 4. OBEDECE DESOBEDECIENDO

1. Tema.

He venido tratando en los números anteriores de Jesús y del leproso de Mc 1, 39-45, poniendo de relieve el gesto duro del Jesús airado, que ordena al leproso purificado que calle y se integre en el orden social de los sacerdotes, conforme a lo prescrito por Moisés. Pero el leproso no le quiere obedecer, sino todo lo contrario: en vez de acudir al sacerdote y guardar silencio empieza a “kêryssein polla”, esto es, a proclamar con gran fuerza lo que Jesus ha hecho con él «de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes» (Mc 1, 45).

Es evidente que ese leproso curado desobedece a Jesús en un plano, pero lo hace para obedecerle en otro más profundo, proclamando la palabra (es decir, la forma de actuar de Jesús). Él había empezado “enseñando” a Jesús (¡si quiere, puede…). Ahora, al final de la escena, le sigue enseñando, y así le dice que debe prescindir de los sacerdotes (no someterse a ellos), con las consecuencias sociales que ello implica. Este leproso es el primer predicador cristiano (como la suegra de Simón, que había sido la primera “ministra”: 1, 31), al proclamar lo que Jesús ha hecho con él, presentándose así como germen de una nueva comunión de liberados, que superan la ley sacerdotal, haciéndose testigos del evangelio, es decir, de una humanidad donde todos son puros.

2. Trama.

A este leproso le habían “expulsado” ya los sacerdotes, cuando estaba enfermo, teniendo que vivir fuera de pueblos y aldeas. Ahora que está curado (que es puro) no quiere someterse más a ellos, ni aunque se lo mande Jesús, que ha dicho: ¡Sométete a los sacerdotes! En un sentido, por experiencia, este leproso “sabe” más, atreviéndose a sacar unas consecuencias que ni Jesús quería sacar por entonces: ¡Sabe que debe liberarse de los sacerdotes de Jerusalén!

Este leproso hace “por Jesús” algo que no estaba previsto, pues la misma dinámica de Jesús, que le ha curado, le ha liberado del control sagrado de los sacerdotes. La suegra de Simón respondía al "milagro" (Jesús la levantó en sábado) poniéndose a servir a los demás, superando de esa forma la ley del sábado judío (1, 31). En esa línea avanza este leproso, pero de un modo más directo y programado, pues no va a los sacerdotes (como debía, según Ley, que Jesús le ha recordado), sino que predica el nuevo mensaje de pureza en los pueblos de Galilea e influyendo en la estrategia posterior del evangelio.
Este leproso sabe que Jesús ha puesto en marcha un movimiento de Vida y ya no puede volver donde los sacerdotes, ni aunque se lo mande externamente Jesús, pues el mismo Jesús le ha mostrado un camino de liberación y Reino que supera el control de los sacerdotes. De esa forma, desobedeciendo obedece de verdad.

3. Consecuencias.

Desobedeciendo en un sentido, obedece en otro, mucho más profundo, actuando así como el primer misionero cristiano (antes de Pedro, antes de Pablo).

− Jesús leproso. Esa actitud del implica hace cambiar a Jesús, que ya no puede entrar abiertamente en las ciudades sino que ha de habitar en despoblado (1, 45b), teniendo que suspender el programa que había iniciado en 1, 39, como reformador de las sinagogas, al menos por un tiempo. ¿Por qué? Porque, de hecho, su mensaje va en contra de los sacerdotes y porque él mismo se ha hecho impuro, como el leproso al que ha curado, apareciendo ante la Ley como leproso.

− Jesús buscado. Ha sido él quien ha querido curar al leproso, “tocándoles” y quedado así, por un tiempo, “fuera de la Ley”. De esa forma, este Jesús “leproso” (marcado por su forma de tratar a los leprosos) tiene que vivir al descampado. No puede “ir” a los lugares donde está la gente normal, sino que debe habitar en lugares desiertos, pero vienen a buscarle de todas partes, reconociendo así que hay un tipo de vida, una misión, que sólo puede iniciarse desde fuera del orden establecido.

Los otros discípulos (incluido Simón Pedro) acabarán abandonando y entregando a Jesús en manos de los sacerdotes de Jerusalén (cf. Mc 14). Por el contrario, este leproso se ha arriesgado por él desde el principio, superando la ley sacral antigua y abriendo un camino de predicación y de vida que sólo podrá entenderse del todo y culminar tras la pascua. De esa forma ha recorrido en un solo movimiento los muchos pasos que ha de dar el verdadero discípulo del Cristo. Desde ese contexto podemos identificar a este leproso limpiado con Simón Leproso (no Simón Pedro), que acoge a Jesús en su casa al final del evangelio, cuando los sacerdotes han decidido matarle (Mc 14, 3-9). En esa línea se ha movido el P. Damián de Veuster.

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URGENTE


Para ti, que siempre vives la vida a un ritmo vertiginoso, quiero recordarte que lo más importante que tienes en la vida, eres tú y todos los que te rodean, y recuerda que...

Urgente, es una palabra con la que vivimos día a día, en nuestra agitada vida, y a la cual, le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad. -

Urgente, es la manera más pobre de vivir en este mundo, porque sabes, el día que nos vamos, dejamos pendiente las cosas, que verdaderamente fueron urgentes.

Urgente, es que hagas un alto en tu ajetreada vida, y te preguntes: Qué significado tiene todo esto que yo hago? Urgente, es que seas más amigo, más humano, más hermano. .

Urgente, es que sepas valorar el tiempo que te pide un niño, una niña.

Urgente, es que cada mañana, cuando veas salir el sol, te impregnes de su calor, y le des gracias al Señor, por tan maravilloso regalo. .

Urgente, es que mires a tu familia, a tus hijos, a tu esposa, y a todos los que te rodean, y valores ese tan maravilloso tesoro.

Urgente, es que le digas a las personas que quieres, hoy, no mañana, cuánto los quieres!.

Urgente, es que te sepas hijo de Dios, y te des cuenta que él, te ama, y quiere verte sonreír feliz y lleno de vida.

Urgente, es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano que no puede echar tiempo atrás, que todo lo hizo urgente ...
... que fue un gran empresario, un gran artista, un gran profesional, que llenó su agenda de urgencias, citas, proyectos, pero dentro de todo, lo más importante, se te olvidó VIVIR.


Facundo Cabral

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Un libro en las manos


“He buscado en todas partes el sosiego, y no lo he encontrado sino sentado en un rincón con un libro en las manos”.

La chica de esta foto ha hecho suya la frase de Tomás de Kempis. Ha dejado sus cuadros en el caballete, ha colgado su gabán y se ha sumergido en las páginas de un libro que le conduce a tierras, mares y paisajes insospechados, donde convive con otros seres humanos, aprende de sus historias, experimenta en cierto modo sus alegrías, penas, amores y fracasos. Leer un libro es crecer un poco más por dentro.
Enlace
El alma lectora descansa en medio de la tibia luz del parque, pero no está ociosa, pues recrea con el autor e incluso puede superarle en el alcance de sus vivencias y pensamientos. Ningún buen escritor sueña lo que sus lectores pueden soñar.

Ningún logrado personaje deja de vivir su propia vida cuando el autor pone su punto final a su obra. Pues, como decía André Maurois, “la lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta”.


Por Pedro Miguel Lamet sj

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miércoles 15 de febrero de 2012

Evangelio Misionero del Día: 16 de Febrero de 2012 - VI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo B


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 8, 27-33

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»
Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».
Entonces Él les preguntó: «y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»
Pedro respondió: «Tú eres el Mesías».
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.
Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Compartiendo la Palabra
Por Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos y amigas:

La vida es un camino en el que hasta el último día podemos aprender cosas nuevas.

Así también el discipulado cristiano: seguir al Maestro es un continuo aprendizaje. Es verdad que hay un primer momento de formación más intensa. Pero nunca llegamos a saberlo todo, y siempre hemos de estar abiertos a la sorpresa.

Hoy los discípulos tienen esa experiencia. Jesús les va instruyendo por el camino. Y en esta ocasión utiliza el método de las preguntas. Quiere saber qué dicen de Él. Qué piensan otros, y qué piensan los discípulos. Pedro parece dar la respuesta correcta: en su convivencia con el Maestro comienza a intuir lo que representa… pero no le da el auténtico significado. Jesús lo intuye, y por eso les instruye sobre el tipo de Mesías que Él quiere encarnar: su mesianismo pasa por la cruz, en la esperanza de la resurrección.

Entonces Pedro muestra que no ha entendido nada. Quiere él marcar las pautas, dictar el modo, señalar el camino. Y ante ello, Jesús dice las palabras más duras que encontramos en el Evangelio para uno de los suyos: “¡Quítate de mi vista, Satanás!...”. Es mucho lo que está en juego. Él no quiere ser mal interpretado. Por eso, desde el amor a Pedro, es también capaz de corregirle con firmeza, para que corrija la visión que tenía de su misión.

Hoy es un buen día para reflexionar sobre nuestra imagen de Jesús. Es muy fácil quedarse solamente con una de sus facetas. Jesús, según la Palabra, es el enviado del Padre, el Hijo del hombre -hermano de todos-, el Maestro de vida, el sanador de los necesitados, el cordero entregado y el Señor del mundo. Todo eso, como puente hacia el Padre y como inaugurador del Reino.

Después de 21 siglos, Él quiere seguir instruyendo a sus discípulos, por el camino, para que continuemos su misión en nuestros días.

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 16 de Febrero de 2012


TIEMPO ORDINARIO - SEMANA VI
Lectura de la carta de Santiago 2, 1-9

Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas.
Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?
Por lo tanto, si ustedes cumplen la Ley por excelencia que está en la Escritura: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", proceden bien. Pero si hacen acepción de personas, cometen un pecado y son condenados por la Ley como transgresores.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 33, 2-7

R. El Señor escucha al pobre que lo invoca.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor, Él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia Él, quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 8, 27-33

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»
Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».
Entonces Él les preguntó: «y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»
Pedro respondió: «Tú eres el Mesías».
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.
Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA VI
De la feria. Salterio II.

16 de febrero

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: SEÑOR, TÚ ME LLAMASTE.

Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la buena nueva,
para sanar las almas.

Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras,
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Salmo 79 - VEN A VISITAR TU VIÑA

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Ant. 2. Anunciad a toda la tierra que el señor hizo proezas.

Cántico: ACCION DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO - Is 12, 1-6

Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.

Él es mi Dios y salvador:
confiare y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel!».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Anunciad a toda la tierra que el señor hizo proezas.

Ant. 3. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Salmo 80 - SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:

acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta;

porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre tu boca y yo la saciaré.

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

LECTURA BREVE Rm 14, 17-19

El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación.

RESPONSORIO BREVE

V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti, Señor.

V. Porque fuiste mi auxilio.
R. Medito en ti, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.

PRECES

Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos y nunca desatiende sus súplicas, y digámosle con humildad:

Ilumínanos, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque nos has iluminado con la luz de Jesucristo;
que esta claridad ilumine hoy todos nuestros actos.

Que tu sabiduría nos dirija en nuestra jornada;
así andaremos por sendas de vida nueva.

Ayúdanos a superar con fortaleza las adversidades
y haz que te sirvamos con generosidad de espíritu.

Dirige y santifica los pensamientos, palabras y obras de nuestro día
y danos un espíritu dócil a tus inspiraciones.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre y digámosle:

Padre nuestro...

ORACIÓN

A ti, Señor, que eres la luz verdadera y la fuente misma de toda luz, te pedimos humildemente que meditando fielmente tu palabra vivamos siempre en la claridad de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CUANDO LA LUZ SE HACE VAGA

Cuando la luz se hace vaga
y está cayendo la tarde,
venimos a ti, Señor,
para cantar tus bondades.

Los pájaros se despiden
piadosamente en los árboles,
y buscan calor de nido
y blandura de plumajes.

Así vuelven fatigados
los hombres a sus hogares,
cargando sus ilusiones
o escondiendo sus maldades.

Quieren olvidar la máquina,
olvidar sus vanidades;
descansar de tanto ruido
y morir a sus pesares.

Ya todo pide silencio,
se anuncia la noche amable:
convierte, Padre, sus penas
en abundancia de panes.

Alivie tu mano pródiga,
tu mano buena de Padre,
el cansancio de sus cuerpos,
sus codicias y sus males. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71 I - PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Ant. 2. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ant. 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE 1Pe 1, 22-23

Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor les colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor les colma de bienes.

PRECES

Elevemos a Dios nuestros corazones agradecidos porque ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales y digámosle con fe:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al Papa Benedicto XVI y a nuestro obispo N.,
que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, a nuestros pueblos y ciudades
y aleja de ellos todo mal.

Multiplica como renuevos de olivo alrededor de tu mesa hijos que se consagren a tu reino,
siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de aquellas de tus hijas que han consagrado a ti su virginidad, para que, en la integridad de su cuerpo y de su espíritu, sigan al cordero donde quiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Da la paz a los difuntos
y permítenos encontrarlos nuevamente un día en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos con confianza a nuestro Padre:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza, te pedimos humildemente que, meditando día y noche en tu palabra, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: SE INCLINA YA MI FRENTE

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.

SALMODIA

Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi carne descansa serena.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 23

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

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martes 14 de febrero de 2012

“… Y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”


Publicado por Corazones

Así leemos en el Evangelio: Cuando a Jesús se le pregunta si es él quien tiene que venir en nombre de Dios, responde: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Respuesta de Jesús que nos debe hacer reflexionar, porque son las señales del Reino (reinado) de Dios, aquí y ahora.

Hoy la medicina hace “milagros”. Así nos solemos expresar al referirnos a los adelantos que hay tanto en la medicina como, sobre todo, en la cirugía. Ciegos que empiezan a ver (cataratas); cojos que puede andar (trasplantes o ortopedia); leprosos que se curan (hoy es una enfermedad que se puede curar con relativa facilidad; sordos que oyen (audífonos sofisticados); los muertos resucitan (resucitan, no “reviven”).

Pero, ¿los pobres son verdaderamente evangelizados? Esta sería la señal más clara de ese reinado de Dios. La respuesta está en lo que entendamos por “evangelizar” Si lo entendemos como “hablarles de Dios, de la Iglesia, etc… habría que concluir que no. En primer lugar, porque no vamos a ellos (llegamos a pocos). Nuestras iglesias no suelen ser frecuentadas por los más pobres; nuestra pastoral y apostolado se suele dirigir a los que vienen (que no son ellos).

Si por evangelizar entendemos acercarnos a los más desvalidos, los más pobres, los marginados, los que no vienen a la iglesia, los excluidos, para decirles que Dios los ama, y nosotros también; para compartir con ellos nuestro amor, y aquello que tenemos y de lo que ellos carecen, todo hecho con sencillez, humildad, y hasta agradecimiento por aceptarnos, entonces sí que podemos ir pensando en que el Reino está cerca. Sólo entonces serán realidad las palabras de Jesús:…”y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”.

Si nos acercamos a cualquiera de las parroquias, veremos en algunas de ellas un fuerte movimiento de pastoral. Pero si analizamos quiénes son los beneficiarios y los agentes de esa pastoral, nos daremos cuenta de que faltan esos”pobres que tienen que ser evangelizados”. Es verdad que a ciertas horas, en ciertos días, junto a cierta puerta de la parroquia, espera un buen número de personas más o menos pobres (y más en la actual crisis), esperando la atención de Caritas: comida, recibo de la luz, del agua, de la casa…). Y se les atiende, en la medida de las posibilidades. Algo es algo; pero no es todo. Faltaría un plus para poder decir que son evangelizados. Sé que no es fácil, pero ¿quién ha dicho que el Evangelio sea fácil?

Necesitamos más entrañas de misericordia, más celo por el Reino de Dios, un amor más fuerte, para poder hacer ciertas cosas, para poder llevar en vivo el mensaje de Jesús.

S cierto que hay lugares donde esa tarea parece ser más fácil, como es en los lugares de misión. Creo que en la mayoría de los casos, los misioneros evangelizan en su doble acción de promoción humana y sentido cristiano.

No sé si es muy posible, o sencillamente posible, pero creo que las parroquias, en general, deberían plantearse otro tipo de evangelización: sin abandonar a las 99 ovejas, ir en busca de la escarriada. Esa parábola de Jesús, algo nos querrá indicar.

Félix González

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¿Hacia dónde lleva el Espíritu la Vida Consagrada del siglo XXI?


Por José Cristo Rey García Paredes, cmf
Publicado por Ciudad Redonda

Conozco tu conducta: mira que he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar, porque, aunque tienes poco poder, has guardado mi Palabra y no has renegado de mi nombre. … Ya que has guardado mi recomendación de ser paciente, también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. Vengo pronto; mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona…El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. » (Apc, 3, 8-13).
Más allá de sus particularidades en cada continente, en cada nación o país, en cada orden o congregación, en cada comunidad o persona, la vida consagrada es como una navecilla de vela impulsada por el viento del Espíritu. El Espíritu que genera su pluralidad carismática, es la fuente –así mismo- de su fundamental unidad. El viento marca sus ritmos, su velocidad, su orientación; le permite luchar contra las corrientes que quieren llevarla hacia otros destinos u incluso su misma destrucción. Hoy la vida consagrada, navecilla impulsada por el viento, no cuenta con corrientes favorables en muchos lugares de la tierra, pero sí con el Viento –siempre favorable- del Espíritu. Y, por eso, nos preguntamos: ¿Hacia dónde lleva el Espíritu la Vida Consagrada del siglo XXI., globalmente considerada?

El cambio “relativo”

Sociedad tradicional

Podría parecer que pocas cosas han cambiado en la vida consagrada del siglo XXI. La diversas familias religiosas, extendidas ya por todo el mundo, nos hablan de sus fundadores y fundadoras, nos muestran características comunes y persistentes, no renuncian a símbolos del pasado y se entusiasman recurriendo a ellos: imágenes, símbolos, himnos, hábitos, costumbres etc..
Aunque hablemos del nuevo rostro de la vida consagrada, no debemos olvidar que las órdenes o congregaciones son y tienden a ser “sociedades tradicionales”, aun en medio de la sociedad del movimiento. En ellas la tradición cuenta más que el futuro, las raíces más que las ramas, la inspiración originaria más que los sueños utópicos de futuro. El mito de los orígenes, el carisma inicial y germinante es aquel que se cuida, conserva, venera. El pasado mejor, discernido, acrisolado, es el que alecciona a las nuevas generaciones. La autoridad viene del pasado, no del futuro
Cuando un joven ingresa en una orden o congregación no es que renuncie al futuro, pero sabe bien -o pronto lo sabrá- que su mirada habrá de volverse hacia las raíces del árbol, habrá de aprender de los inicios, de la historia… en suma, de la tradición e iniciarse en un estilo de vida que viene del pasado en sus elementos más característicos. Esto contrasta bastante, sobre todo, en aquellas sociedades en las que no hay auténticos procesos iniciáticos.
La vida consagrada -que recibe hoy nuevas adhesiones en países y continentes en los que hasta ahora había sido muy minoritaria- sigue reproduciendo su rostro tradicional. No estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo rostro, una nueva identidad y fisonomía.
En todos los continentes -Europa, América, África, Ásia, Oceanía- las familias carismáticas que forman la vida consagrada tienen las mismas señas de identidad: viste el hábito franciscano, dominicano, cisterciense o benedictino, tanto un español, como un inglés, un brasileño como un canadiense, un japonés como un filipino, un vietnamita como un libanés, un congoleño como un ruandés… Pero, más aún que el hábito, el estilo carismático es el mismo. ¡Y cuánto se cuida y protege esta identidad común a partir de los elementos básicos que la definen! Los institutos religiosos con fuerte identidad carismática cuidan mucho de configurar desde esa identidad los nuevos brotes de vida que surgen en uno y otro continente.
Había recelos en la vida consagrada, como los hay en cualquier sociedad tradicional, respecto a la acogida de vocaciones nativas y provenientes de otras culturas, lenguas, razas. Lo que en principio podría parecer un enriquecimiento numérico del Instituto, suscitaba miedos, recelos, desconfianzas respecto a la capacidad real de que esas personas advenientes fueran capaces de integrarse de verdad en la corriente vital del Instituto, sin desvirtuar con el tiempo su espíritu o deteriorarlo. En tales recelos entraban también los jóvenes “modernos” y, sobre todo, “posmodernos” de los países tradicionalmente cristianos, que traen a la vida consagrada un estilo cultural tan diferente al reinante entre las mayorías de nuestros institutos.

Las nuevas generaciones y el desafío de la interculturalidad

En los años setenta y posteriores- con más fuerza- los institutos se han abierto a la acogida de nuevas vocaciones; más aún, lo han favorecido. En este sentido, la vida consagrada ha iniciado una etapa de catolicidad, antes inédita. “Católico” es etimológica y teológicamente hablando aquello que está abierto al todo, que no se cierra, que tiene capacidad de integrar todo lo que adviene. Esta catolicidad sigue desplegándose y haciéndose más fuerte, en la medida en la que -¿providencialmente?- la vida consagrada se debilita en los países e iglesias en las que hasta ahora estaba más asentada y consolidada.
Aun recordamos aquellos tiempos en que se pensaba que esta forma de vida es la más apta para seres humanos de ciertas culturas y no de otras, de ciertos talantes y no otros. En el fondo se pensaba que los países de vieja cristiandad eran los que detentaban el privilegio de esta forma de vida, que sus culturas eran las más adecuadas para que floreciera y que su implantación en otras latitudes y culturas habría de hacerse con muchos miramientos y cautelas. ¡Cuántas veces no se dijo que la vida religiosa no está hecha para los habitantes de ciertas poblaciones… a no ser en casos muy excepcionales! Tímidos intentos de acogida, acompañados de una desconfianza sostenida, acababan en el fracaso. En lugar de promover las vocaciones en tales países, se hacía de la actividad misionera en tales países el mejor argumento para promocionar vocaciones entre los jóvenes de los países de vieja cristiandad.
Sin embargo, a partir de los años ochenta, quizá movida por la crisis vocacional de los países tradicionalmente católicos, se optó por una expansión misionera-vocacional. Hubo institutos que buscaron caladeros vocacionales. Un criterio de establecimiento de nuevas presencias no era únicamente el servicio a los diversos pueblos y a la evangelización sino también los recursos vocacionales. No intento en manera alguna juzgar negativamente este hecho, aunque en determinadas circustancias el fenómeno fuera censurable. La cuestión es que gracias a esta audacia misionera-convocante algunos institutos consiguieron levantar el vuelo. Asia y África emergieron como continentes en los cuales, a pesar de la escasísima minoría católica, el 2% de católicos frente a un 98% de no-católicos en Asia y un 15% frente a un 85% de no cristianos en África, ofrecía una juventud capaz de insertarse en los institutos religiosos, que aunque envejecidos, algunos casi en estado “terminal”, podían ofrecerles también su experiencia, su espiritualidad contrastada, sus recursos materiales y económicos y formativos. Se inició así una especie de inmigración en la vida consagrada de las antiguas iglesias. Jóvenes de la India, de Filipinas, de Corea y Japón, de Nigeria, del Congo, de Ruanda o Guinea, comenzaron a incorporarse a la vida consagrada. La vida consagrada y sus institutos se mostraron mucho más receptivos que antes al fenómeno vocacional. El proceso formativo era lento, pero constante y creciente. En pocos años la vida consagrada tiene también rostro africano y asiático.
Los miembros de estos continentes están ya integrados, con pleno derecho, dentro de la vida consagrada. No son ya jóvenes inexpertos y en proceso de iniciación, sino religiosos o religiosas maduros, bien formados, con experiencia y que han conectado adecuadamente con la gran tradición que el instituto les ofrecía.
No pocos han sido integrados en los gobiernos generales, tal vez con un cierto apresuramiento, como gesto de buena voluntad, cuando no estaban suficientemente preparados para una tarea así. Una especie de tolerancia exótica ha hecho que los miembros de los institutos acepten esta situación de paso, hasta conseguir una integración más madura y experta en el gobierno de los institutos. Se prevee que en un plazo no muy lejano, la vida consagrada en sus institutos y comunidades sea mayoritariamente orientada y dirigida por quienes pertenecen a países, culturas y tradiciones religiosas ajenas a las que hasta ahora han prevalecido-. El desafío de la interculturalidad está servido.

¿Pasos hacia delante?

A comienzos del siglo XXI la vida consagrada tiene un rostro diferente a aquel que fue más común en el siglo pasado. Resultaría enormemente ingénuo y además presuntuoso, anticipar cómo será la vida consagrada a finales de este primer siglo de este nuevo milenio; estúpido del todo sería hablar de lo que será la vida consagrada del tercer milenio; ¿puede alguien ser capaz de prever con mil años de perspectiva? Quizá, por eso, el lenguaje del “nuevo milenio” –a no ser que tenga un sentido apocalíptico- no nos sirve.
La vida consagrada es hoy la que es: más católica y siempre continuista o tradicional. Que se ha renovado integrando los elementos más positivos del proceso histórico es evidente; lo mismo le sucede a la sociedad, a cada uno de los pueblos. La vida consagrada asume el crecimiento intelectual y teológico, las nuevas tecnologías; todo lo novedoso que el progreso trae, antes o después queda integrado en estas comunidades. Pero los intentos de una total tranformación, renovación o refundación, sirven a la postre, para dar hacia delante un pasito pequeño, sin aportar la revolución que se pretendía. Después de momentos turbulentos las cosas vuelven a su cauce y la vida consagrada sigue siendo la que era, la que es.
Nosotros creemos que es el Espíritu quien la mantiene en la existencia y movimiento. Desde siempre hemos proclamado que es un don del Espíritu a su Iglesia, al mundo. Que el Espíritu es su fundador permamente. Por eso, la existencia de la vida consagrada es misterio, es don del Espíritu y no resultado de un modelo organizativo que perdura, que resulta exitoso a lo largo de los siglos. Ella nace de encuentros misteriosos con Dios en la oración y en la contemplación compasiva de nuestro mundo. Ella se mantiene gracias a un proceso permanente de fe. Parecen dirigidas a nosotros aquellas palabras del profeta Isaías: “Si no creéis en mí, no subsistiréis” (Is 7,9).

Cuestiones de inmediato futuro

Es verdad que hasta ahora se ha logrado mantener la cohesión y unidad carismática. Pero pueden llegar tiempos y están llegando, en los cuales también se reivindique un origen carismático diferente. ¿Habrá fundadores asiáticos, fundadores africanos? ¿Será que la vida consagrada nacida en los países de vieja cristiandad necesitará otras raíces culturales?
Nos hemos visto precisados a adaptar nuestros fundadores y fundadoras a las nuevas circunstancias. Los esfuerzos de los institutos por globalizar la imagen del propio fundador, por hacerlos personajes con proyección global, mundial, han sido grandes. Es un proceso de mitificación legítimo, pero que puede conllevar un peligro: olvidar que los fundadores fueron personajes históricos, culturalmente limitados. Por eso, a veces puede sonar a falso el querer presentar a ciertos fundadores y fundadoras, como paradigmas universales, a no ser que se universalice una visión que estaba demasiado condicionada en sus orígenes por un lugar, una situación, una visión del mundo. De ahí la pregunta: ¿Cuándo decimos hablar de nuestros fundadores, de quién o de qué estamos realmente hablando? ¿Del personaje histórico o de una idea, proyecto o visión que se adjudica pedagógicamente a una persona que algo tuvo que ver pero que la supera por todas partes? Aquella distinción teológica, útil en otros tiempos, entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, sería aplicable a nuestros fundadores: el fundador de la historia y el fundador mitificado de la fe del instituto. Cuando se produce una corriente des-mitificadora, puede caerse todo por los suelos.
Los procesos de mitificación cohesionan a los miembros de los institutos, hacen fuertes sus instituciones. Cuando una realidad se mitifica, no se admiten objeciones, todo se debe aceptar emocionalmente. En tiempos de gran diversidad cultural en los miembros de un instituto, parece importantísimo recurrir al mito, para así crear la cohexión necesaria entre tanta diversidad. Es perfectamente comprensible que se recurra al mito carismático para tejer la unidad carismática que nos dé razón de ser como instituto, congregación y orden. En esta situación, la figura “histórica” del fundador o fundadora interesa menos, sobre todo, en aquellos aspectos que cerrarían el paso hacia el progreso.

¿Hacia dónde nos está llevando el Espíritu?

No es fácil conocer hacia dónde está llevando el Espíritu el mundo, la iglesia, la vida consagrada.

El dilema: ¿qué espíritus o Espíritu nos mueven?

Para nosotros, los creyentes, el Espíritu es el gran motor de la historia. Estamos en el tiempo de la “missio Spiritus”. El Espíritu ha sido enviado y actúa en toda la tierra. Pero su acción no es una evidencia, sino un misterio. Jesús decía de Él o Ella que “el Viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo el que nace del Espíritu»” (Jn 3,8). Así las cosas, hemos de ser muy precavidos y humildes a la hora de responder a esta cuestión: ¿hacia dónde nos está llevando el Espíritu? Con mucha facilidad atribuímos al Espíritu con mayúscula aquello que es atribuible a otros “espíritus” con minúscula. El “discernimiento” de espíritus es, en este caso, imprescindible. Y aun cuando creamos que ya disponemos de una respuesta, aun entonces, hemos de asumirla con humildad, con temor y temblor, conscientes de que el Espíritu de Dios nos supera por todas partes y su acción nos resulta misteriosa.
Esta reflexión justifica que cuestionemos, ya de principio, esas respuestas claras y distintas (sean de signo progresista o de signo conservador) que asignan al Espíritu lo que son visiones particulares de personas o grupos, o tendencias políticas. Hay quienes han afirmado que el modelo de vida consagrada “inserta en medios populares” es el lugar adonde el Espíritu la lleva. Otros han reafirmado que la recuperación de los grandes valores tradicionales como la oración, la obediencia a la Iglesia, la vida en comunidad, son los rasgos que el Espíritu quiere de la vida consagrada. Unos han defendido como tendencia del Espíritu el abandono de las grandes instituciones de apostolado propias (colegios, hospitales), para implicarse en obras llevadas a cabo por el Estado u otras instituciones, colaborando con ellas. Mientras unos creen que el Espíritu nos pide una permanente disponibilidad e itinerancia, otros creen que nos pide encarnación, compromiso con la gente con la que estamos. Mientras unos afirman que el Espíritu nos lleva hacia una cierta independencia de la Iglesia jerárquica y una actitud crítica y “profética” ante ella, otros creen que es a la integración en las grandes líneas pastorales, a la obediencia y comunión eclesial, hacia donde nos lleva.
Nos podría servir como criterio de discernimiento sobre aquello que el Espíritu quiere de nosotros y hacia dónde nos lleva, el siguiente: ¡pertenece al Espíritu de Dios todo aquello que nos induce a: a) ser “memoria Jesu” en nuestra vida y misión: “el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14,26); b) profundizar en la comunión de la Alianza: “la comunión del Espíritu esté con vosotros” (Koinonia Pneumatos) (2 Cor 13,13); c) responder a los desafíos con imaginación creadora y transformadora (Spiritus creador): “un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gen 1,2).
Creo que son estas tres las características fundamentales de la misión del Espíritu. Y, por consiguiente, su acción se descubre allí donde estas tres características se pueden verificar. Es lo que quiero exponer en los siguientes apartados, aplicado a la vida consagrada mundial en este momento de comienzo de siglo.

“Memoria Jesu” (Jn 14,26)

El primado de la Palabra de Dios y, por lo tanto, del Espíritu

La vida consagrada de nuestro tiempo, femenina y masculina, ha sido agraciada –junto con toda la Iglesia- con un mayor conocimiento del Señor Jesús. La recuperación notabilísima de la Palabra de Dios en la propia formación, espiritualidad y misión, la formación bíblica permanente, el redescubrimiento de la persona de Jesús desde claves mucho más existenciales e interpelantes que en el pasado preconciliar, han enriquecido de una manera especial la vida consagrada. La vida consagrada está hoy mucho más cerca del Espíritu en la medida en que está más cerca de la Palabra de Dios.
La ética que se nos propone en la vida consagrada tiene mucho más que ver con el Evangelio, que con tradiciones ascéticas, impositivas. Hemos tomado una gran conciencia de que más vale misericordia, que sacrificios, que de poco sirve ayunar si devoras al hermano. El Espíritu ha realizado una obra ética impresionante, cuyo alcance a veces se nos escapa, en lo referente al aprecio a la dignidad de la persona, el respeto al ser humano de cualquier condición, en la defensa de la libertad y autonomía y de los derechos inalienables de los individuos. De una vida religiosa con rasgos dictatoriales y ascéticos en excesos, hemos pasado –gracias a la acción del Espíritu- a una vida consagrada más fraterna, más humanizada, más libre.

Hacia una mayor identificación con Jesús

El Espíritu, sin embargo, no nos deja tranquilos. Él nos hace comprender que el seguimiento de Jesús es un vocación permanente, incesante, sin tregua. Nos pide saber interpretar el seguimiento en cada tiempo, en cada lugar. La vida consagrada pretende –aunque muchas veces no lo consiga- ser “camino”, proceso, identificación progresiva con Jesucristo. De ahí, la importancia que les hemos dado a los itinerarios formativos y espirituales en nuestros planes de formación y espiritualidad.
Los rasgos carismáticos de cada instituto son apreciados no tanto por lo que evocan de los propios fundadores, sino porque son rasgos carismáticos que hacen más penetrante y apasionante la identificación con Jesús.
El Espíritu nos ha llevado –en esta línea- a convertir la celebración eucarística –en el contexto dinámico del año litúrgico- el centro de nuestra espiritualidad, convivencia y misión.
Por fidelidad a Jesús nos hemos cuestionado la relación que, como seguidores del Señor, mantenemos con el poder y el dinero y qué tipo de poder es el que nosotros ejercemos, o qué tipo de economía es la que nos caracteriza. Cada día se nos ha ido haciendo más evidente, que somos “memoria Jesé” cuando renunciamos al poder y a la codicia como idolatría, al poder político, económico y religioso, que en el Apocalipsis y en los Profetas es presentado bajo la imagen de las bestias. El poder-servicio, el poder del amor, el poder de la minoridad, es aquel que deseamos inspire nuestras decisiones, nuestras conductas.
El Espíritu nos lleva hacia un seguimiento de Jesús tal que reproduzcamos en nosotros sus rasgos, su estilo de vida, que nos convirtamos en biografías con rasgos cristológicos, o cristologías vivientes. Por eso, esta forma de vida religiosa quiere ser más itinerante, compasiva, evangelizadora.
El Espíritu, sin embargo, nos identifica con Jesús no de forma genérica y estandarizada. El Espíritu es intérprete, configura dentro del tiempo que nos toca vivir. Por eso, su acción no es repetitiva. Hace “memoria Jesé” poniendo de relieve en nosotros aquellas virtudes que son más elocuentes en nuestro tiempo. Lo que se ha vuelto anacrónico en la sociedad no es mediación elegida por el Espíritu. La tarea hermenéutica del seguimiento de Jesús nos pide descubrir bajo qué mediaciones el Espíritu nos conduce hacia una mayor identificación con nuestro Señor.

La “comunión del Espíritu” (Koinonia Pneumatos) (2 Cor 13,13)

El Espíritu se nos ha revelado como el Espíritu de la Nueva Alianza, de la Comunión. Es el Espíritu del Padre y del Hijo, es el Espíritu que originó la vida de Jesús en el seno de María, y es el Espíritu que reposó permanentemente sobre Jesús hasta el momento del sacrificio supremo. El Espíritu ha sido derramado sobre toda carne, sobre toda realidad. El Espíritu es punto de encuentro, clave de acceso al otro, mediación de Alianza, fuerza de comunión. Donde hay comunión y amor, allí está el Espíritu.
Este dinamismo es cada vez más fuerte dentro de la vida consagrada. Está siendo llevada por el Espíritu hacia una mayor comunión.

En el entramado de las iglesias particulares y de la sociedad

Veo en la vida consagrada una tendencia muy fuerte a vivir nuestra forma de vida más, mucho más integrados, en la trama de las iglesias particulares y de nuestras sociedades. La llamada diocesanización, parroquialización de la vida consagrada, o incluso “secularización” no ha sido a mi modo de ver, un error, sino un paso –tal vez a veces excesivo, pero perfectamente corregible- hacia el redescubrimiento de nuestra esencial eclesialidad y mundanidad.
Reivindicamos ahora nuestra eclesialidad, no porque dispongamos de documentos pontificios que avalen nuestra autonomía o exención, sino porque la hacemos valer en nuestras acciones misioneras, en nuestra con-vivencia y nuestro compartir con todos los miembros del pueblo de Dios, porque nos sentimos, ante todo y sobre todo, pueblo de Dios.
Cuando junto con otros religiosos y religiosas nos encontramos y situamos en el pueblo de Dios, nos avergonzamos de nuestros pasado triunfalismos carismáticos e institucionales que nos hacían sentirnos en “estado de perfección”, seguidores más cercanos de Jesús, expresión del radicalismo evangélico y de la profecía… etc. Ese peligro nos acecha siempre que nos situamos en nuestros espacios “propios y particulares” y no tenemos contacto con los demás y a los que llamamos a colaborar –laicos- los mantenemos en una dependencia y subordinación absoluta. Cuando, sin embargo, nos integramos con los demás, entonces reconocemos nuestro extravío, y vemos que de nada sirve nuestra identidad carismática si no es, ante todo y sobre todo, identidad eclesial. En la Iglesia los carismas se redefinen, se tornan servicios humildes y no medallas de distinción y privilegio, adquieren rasgos “franciscanos” de minoridad.
La vocación eclesial ínsita en nuestra vocación consagrada no se deja aquejar del particularismo del que, tantas veces, adolecen también, las iglesias particulares. También en las iglesias particulares nos sentimos “peregrinos”, “transeúntes”. Estamos en las iglesias particulares disfrutando de su hospitalidad. Pero, como en todo caso de hospitalidad, la presencia es siempre transeúnte, pasajera, provisoria. Somos comunidades provisorias, itinerantes. Nuestra eclesialidad es singularmente católica. Estamos abiertos y disponibles para cualquier iglesia particular, en el momento en que sea necesario.
También nos sentimos más pertenecientes a la sociedad, a la ciudadanía. No solo queremos pertenecer a una iglesia particular, también al pueblo, a la sociedad en cuyo espacio nos es dado vivir. La inculturación se ha convertido para nosotros, no solamente en un requisito misionero, en una estrategia evangelizadora, sino en un rasgo necesario de una espiritualidad de la encarnación. Por eso, la pertenencia a asociaciones civiles, la integración en la sociedad civil se nos presentan como exigencias espirituales y vocacionales, que en nada aminoran ni deterioran nuestra vocación religiosa.

Vida consagrada, “globalizada” y “católica”: el don y la tentación

Es interesante apuntar este aspecto de nuestra catolicidad. Hay una forma de entender la catolicidad que, a mi modo de ver, se aproxima demasiado a una noción de globalización que la ética desaprueba. Se trata de la catolicidad o globalización entendidas como uni-versalización, es decir, como reproducir lo uno en otras partes, en todas las partes. En eso consisten todos los imperialismos: lo uno se impone por doquier. Aunque el imperio admita peculiaridades de grupos o pueblos, no obstante, su gran objetivo es imponerse para crear unidad. Este modelo globalizador no respeta la dignidad de las personas, de los grupos. Los priva de sus peculiaridades culturales, de sus derechos innatos a continuar siendo ellos mismos. Es lo que se ha dado en llamar la “destrucción creativa” (John Gray).
Esto se produce también en una catolicidad en la que se impone un modelo, por ejemplo, “romano” (que implica visión teológica, litúrgica, jurídica, pastoral…), destruyendo las peculiaridades de cada iglesia particular. Proyecto de Juan Pablo II no era ofrecer a la Iglesia un catecismo universal, sin más, sino favorecer a partir de él la retraducción multicultural de ese Catecismo en las diferentes iglesias particulares. Ese proyecto puede quedar frenado por la pereza que siempre nos acecha, privando a las iglesias particulares de algo que les es absolutamente necesario.
Cosa distinta es la catolicidad o la globalización entendidas como solidaridad, comunión, diálogo, integración, de los pueblos diferentes, de todas las formas particulares de ser, vivir y actuar como iglesia. Esta catolicidad requiere una especie de permanente “perichóresis”, intercambio entre la iglesia mundial y las iglesias particulares, entre la humanidad y sus naciones, sin que prevalezca una realidad particular sobre las otras y sí el bien de la humanidad o de la iglesia global sobre las particularidades. En este modelo de catolicidad o globalidad nadie es eliminado, absorbido; nadie se encierra en sí mismo, o se absolutiza. En este modelo llegan a la humanidad o la iglesia las riquezas de las naciones, de las iglesias particulares. Es un modelo sinodal. Todos caminan conjuntamente.
Pues bien, la vida consagrada se hace más eclesial en este segundo sentido. Es defensora apasionada de lo particular, pero su condición de peregrina y transeúnte en las iglesias particulares, la convierte en singular valedora de la comunidad y solidaridad entre todas las particularidades de la Iglesia.
Con el flujo y reflujo de los destinos dentro de la vida consagrada, vemos cómo en iglesias particulares de Corea o de Filipinas, de Nigeria o de Zimbaue o de cualquier otro país, están presentes religiosas o religiosos que vienen de iglesias de América o de Europa. Ellas y ellos intentarán por todos sus medios inculturarse, servir con todos sus dones a la vida eclesial, y quedarán enriquecidos por ella. Pero, a su vez, su presencia no tiene rasgos de voto de estabilidad. Su estabilidad se basa en la pertenencia a la Iglesia en cualquier parte del mundo. Así también en las viejas iglesias hay una presencia de la vida consagrada, tal vez ya jubilada, que trae memorias de otras iglesias del mundo entero en las que esos religiosos o religiosas desgastaron su vida. Ellas y ellos son puertas o ventanas abiertas hacia la catolicidad, que sacan a las iglesias particulares de sus particularismos estériles.

La preocupación política

La comunión que el Espíritu quiere no es sólo intraeclesial. El Espíritu quiere unificar la humanidad dentro de la admirable variedad. El Espíritu es fuente de unidad y diversidad, o si queremos de diversidad que tiene todas las posilidades de entrar en una vivificante unidad.
Una vida consagrada movida por el Espíritu, es llevada a confrontarse con los poderes políticos que discriminan, que dividen y subyugan, que no reconocen las individualidades, que el mismo Espíritu suscita como carismas. Nada extraño, entonces, que recupere de nuevo la vida consagrada un talante más político. Que entienda que no puede estar en la sociedad como un elemento neutro, descomprometido, recluído en un sistema religioso que no se entromete en otros asuntos. La vida consagrada es llevada por el Espíritu a ser profecía sin compromisos de los valores de justicia, paz. Por eso, se pone de parte de la gente más necesitada, defiende al oprimido, al huérfano y a la viuda, hace de sus casas santuarios donde son acogidos los perseguidos. En algunas naciones la vida consagrada resulta incómoda, es perseguida.
Es también verdad que existe una fuerte inercia –agravada por el envejecimiento de los religiosos- que en no pocos paises nos vuelve conservadores y mantenedores del sistema imperante, conservadores políticos un tanto viscerales, identificados con una línea a la que casi siempre aplaudimos, y críticos viscerales hacia otra línea que casi siempre rechazamos. La visceralidad política no es don del Espíritu. Ahí la acción del Espíritu nos lleva, nos llevará hacia una mayor ecuanimidad.

Allí donde se reactiva la Alianza… allí la vida consagrada

Entender la vida consagrada como una forma de vida en Alianza y al servicio de la Alianza de Dios con los seres humanos, de los seres humanos con Dios y entre sí, es el horizonte adecuado para ver el camino por donde el Espíritu nos lleva
Hay alianzas basadas en el dinero, en el poder, en el interés. Hay Alianzas basadas en el amor, en el aprecio mutuo, en el reconocimiento de la vocación común. Algo tan simple como es trabajar en equipo, formar comunidad, sentirse pueblo, pierde su simplicidad para convertirse en el quicio de nuestra vida. El diálogo que nos hace comprender al otro, la curiosidad que nos lleva a descubrir lo desconocido, la convivencia que nos permite ver de cerca la realidad, son caminos de Alianza que configuran nuestra vida.

Spiritus Creator et Consumator

¿Hacia dónde nos lleva el Espíritu? Bien podemos decir que hacia la nueva Jerusalén que baja del cielo y se establece entre nosotros, hacia el cielo nuevo y la tierra nueva.
Los artistas, movidos por la inspiración creadora, son capaces de extraer de la nada o del caos, la belleza plasmada en mil formas. Sin espíritu el artista no es nada. El Espíritu nos sorprende día a día con nuevas creaciones y nos envía el alimento cultural, artístico, intelectual, espiritual que nos hace falta. Donde falta la capacidad creadora, allí no está el Espíritu. Creando sin pausa, el Espíritu lleva la historia y la redención a su consumación.
¿Hacía dónde nos lleva el Espíritu? Quiero fijarme únicamente en tres aspectos: a) la imaginación creadora en el ámbito de la teología, del arte y de la espiritualidad; b) la capacidad creadora de nuevos modelos de institucionalización o refundación institucional; c) la terapia regeneradora.

Imaginación creadora

Señales de la presencia del Espíritu entre nosotros son las innumerables obras de arte y de pensamiento que han sido generadas y siguen siendo generadas en el espacio de la vida religiosa. Nuestros artistas y pensadores no son –como algunas veces se ha pensado- amenazas a la vivencia del carisma y de la misión. Quienes tuvieron que hacerse espacio para la creación y eran considerados, al principio como excéntricos y malos religiosos, se convirtieron después en puntos de referencia simbólica.
No solo se vive el carisma de la hospitalidad, o la evangelización catequética, o la compasión, a través del trabajo apostólico, también a través de la creación artística y simbólica. En ella, sea musical, literaria, arquitectónica, escultural, pictórica, teatral… se expresa el “Spiritus Creador”, que nos abre hacia nuevos horizontes y hace que descienda hacia nosotros la Nueva Jerusalén.
El cultivo de la imaginación creadora ensancha el espacio de nuestra tienda, y fortalece nuestra capacidad de seducción y atracción. La belleza salvará la vida consagrada.

Refundación institucional

Hace años el teólogo Johann Baptist Metz reivindicaba la necesidad de nuevas instituciones –“instituciones de segundo orden”- en las que se expresase la libertad crítica de la fe. Los sistemas cerrados crean instituciones en las cuales todo está previsto, prevalece el pensamiento único, no hay espacios para la diferencia, la multiculturalidad.
En la vida consagrada llevamos un tiempo largo de refundación institucional. Y digo largo porque el ritmo de nuestros Capítulos Generales es de sexenio a sexenio. Si un gobierno general se despista, puede dejar pendiente una reforma necesaria a muchos años vista.
El Espíritu nos puede inspirar aquellas soluciones institucionales que nos permitan vivir en auténticas comunidades, que sean al mismo tiempo misioneras y apostólicas y también lugares de encuentro, de convivencia, de oración. El Espíritu nos puede llevar a una nueva forma de entender la dimensión centrífuga y centrípeta de nuestra vida, la conexión entre acción, pasión y contemplación y plasmarlas en nuestras instituciones.
Las diversas experiencias en el ámbito formativo intentan descubrir hacia dónde nos lleva hoy el Espíritu. El énfasis en la “personalización” de los procesos formativos es un gran paso. Creo que también el Espíritu nos lleva a reconocer la fuerza formativa de de una cierta desinstitucionalización formativa. Me refiero a la obesidad de los sistemas formativos, que al final resultan perjudiciales para los mismos formandos, o a la falta de imaginación formativa.
Refundación institucional es un nuevo horizonte que el Espíritu nos abre.

La terapia regeneradora

En sus inicios la vida monástica era considerada como una forma de vida con capacidades “terapéuticas”. Es más, los monjes eran llamados “terapeutas del desierto”. La experiencia monástica se convertía para no pocos varones y mujeres en su mejor terapia antropológica.
Si reconocemos cada vez con más fuerza la unidad del ser humano, espiritual y corpóreo, ese reconocimiento nos lleva a deducir que la curación de todos nuestros males no acontece únicamente en una dimensión de nuestro ser; sino que ha de realizarse armónicamente en todos.
La vida monástica ha sido una terapia integral para el alma, pero también para el cuerpo. En su obra “Vita Antonii” reconoce san Atanasio cómo la vida ascética repercutió tan positivamente en el cuerpo del anciano Abad Antonio, que causó sensación entre todos los que lo contemplaban cuando ya, muy anciano, visitó Alejandría. Quedaron todos admirados de su equilibrio, energía y belleza corporal.
También el gran monje Evagrio introdujo en el desierto una auténtica terapia espiritual para los monjes. Desde su profundo conocimiento del ser humano, ideó caminos terapéuticos para vencer las tendencias negativas, los pecados capitales o malos pensamientos, o demonios interiores. Se trataba de terapias auténticamente regeneradoras.
Pero no hace falta ir tan lejos. La vida consagrada está descubriendo hoy una espiritualidad, adecuada para nuestro tiempo. En ella cuenta lo corporal y lo anímico, lo psicológico y lo espiritual. La espiritualidad que hoy se propugna es mucho más integral e integradora: afecta al alma y al cuerpo, a la individualidad y a la comunidad, a la comunidad y a la sociedad, a la ética y a la estética, a la estética y a la dietética. La forma de entender la vida, con sus ritmos de silencio, de desierto y retiro, y con su actividad generosa, crea un equilibrio fantástico en la vida humana.
También se está poniendo de relieve cómo la oración, la recitación de los salmos, la celebración de los ritos sacramentales crean situaciones de fecundidad y vitalidad para el ser humano.
La vida consagrada está descubriendo, movida por el Espíritu, que ella tiene una cierta función materna, con relación al ser humano. Los obispos asiáticos suelen convocar a la vida consagrada a ejercer entre sus pueblos una función de “paternidad y maternidad espiritual”.

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a la vida consagrada

No estamos en un momento malo. La vida consagrada sigue su proceso de crecimiento a nivel mundial.
Pero el tiempo se nos vuelve decisivo. Hemos de tomar decisiones serias y sabias. Son tiempos para el entusiasmo y no la lamentación. El Espíritu lleva nuestra navecilla. Las corrientes nos quieren llevar en otra dirección. Pero ya vemos claro. Intuímos mejor hacia dónde vamos. La voz del Espíritu la oímos, aunque no lo veamos. Jesús y su ángel nos lo dicen: “El que tenga oídos, oiga –es decir “¡obedezca!”- lo que el Espíritu dice a la vida consagrada.

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El Amor es vida, es energía y es el motor de la existencia


Los corazones humanos muchas veces actúan como cárceles cuando han sentido los rasguños de la incomprensión humana, pero si es triste contemplar la ignorancia de los hombres, mas triste es observar corazones encarcelados.

Quita las cadenas de tu corazón, vuelve a encender la antorcha del Amor y entrégalo a cuanto ser encuentres a tu paso, porque debes saber que el Amor es para el hombre, lo que el agua es para las plantas, es la vida, es la energía y es el motor de la existencia.

Recuérdalo siempre y cada noche, cuando presa de tu tristeza y de tu dolor vuelvas a sentir soledad, toma estas líneas y repitiéndolas en voz alta, repítelas una y mil veces, hasta que sientas que esta voz proviene de ti mismo, hasta que sientas Mi presencia en ti, y a mi Amor inundándote y desbordándose de adentro hacia afuera.

Si lo haces, serás una flor renacida, la primavera volverá a llegar a tu vida y el frío invierno se alejará de ti.
Un nuevo sol alumbrará tus pasos y la vida entera retomará su curso, porque una flor se ha abierto nuevamente.

KWAN YIN

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