NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA
Mostrando entradas con la etiqueta via crucis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta via crucis. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de abril de 2011

VÍA CRUCIS MEDITADO (Con texto de Fernando Cordero ss.cc. e ilustraciones de Patxi Velasco y Poe)

Dibujos: Patxi Velasco y Poe
Textos y oraciones: Fernando Cordero ss.cc.

I Estación: Jesús es condenado a muerte
Jesús sigue siendo condenado a morir injustamente. Es el hambriento en un mundo donde hay comida para todos. Es el enfermo que no puede conseguir las medicinas. Es el anciano abandonado y víctima de la soledad. Es el feto destrozado… Y nos seguimos lavando las manos.

Condenas injustas, en medio de la noche. Los poderes cercan al que es la Verdad. Él en la fila de los últimos, de los que no cuentan carga con el dolor de la humanidad, carga con nuestros sufrimientos y dolores, se pone en el lugar del que más padece. Así es el condenado a muerte que viene a dar su vida por nosotros.

Oración: Señor Jesús, al contemplarte víctima de la injusticia, la mentira y el poder, te pedimos que asemejándonos a tu noble corazón, trabajemos cada día por lograr que los más desfavorecidos alcancen la vida junto a Ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


II Estación: Jesús carga con la Cruz

Jesús aguanta el peso de los que sufren. Soporta el dolor de los otros condenados por puro amor. Acoge el sufrimiento del Sur, de las mujeres, de los abandonados, de los que no pudieron subsistir porque otros se quedaron con su pan… Jesús suda con su carga, pero la lleva con la dignidad del que nunca nos deja solos en el dolor.

Oración: Señor, danos fuerza y fidelidad para cargar con los dolores de nuestros hermanos. Haznos firmes y decididos para poder soportar el sufrimiento de los que no cuentan. Que su dolor y su tristeza pesen en nuestras vidas. Como Tú, no permitas que abandonemos a los más arrinconados, antes bien, alentados por tu Espíritu, llevemos la suave carga de los sufrientes. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


III Estación: Jesús cae por primera vez

Es tanto el dolor, el peso y el sufrimiento que Jesús cae, se derrumba por momentos. Su humanidad fatigada acaricia el suelo.

Jesús cae. Los pobres caen. Nuestros hermanos caen. Y nosotros seguimos con lo nuestro: con nuestras músicas, nuestros descansos y comodidades, nuestras noticias, nuestros regalos, nuestras compras…, nuestras historias para no ver al que cae. Ciegos vivientes de la monotonía o del consumismo, permitimos que Jesús, que el hermano, que el que nos necesita caiga. Y caen delante de nosotros. ¡El Cielo clama con estas caídas! Y… para colmo, ¡seguimos igual!

Oración: Señor Jesús, por el misterio de tu Cruz, despiértanos continuamente. Danos la sensibilidad del que sabe ponerse en el lugar del otro, del caído, abandonado, tirado en la cuneta de la vida. No permitas que nuestra indiferencia nos haga cómplices de aquellos a los que la historia de la injusticia tira por las calles de nuestro entorno. Te lo pedimos a Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


IV Estación: Jesús encuentra a su madre

Una espada atraviesa el corazón a María. La espada del dolor, de la madre que ve padecer a la vida de sus entrañas. María acompaña a su Hijo, en el camino más fuerte que puede tener una madre que es el de contemplar el final de su hijo. No hay dolor más fuerte ni más grande.

Nos unimos al dolor de tantas madres del mundo, que ven morir a sus hijos por el hambre, la droga, las enfermedades…, que ven morir a sus hijos ante la falta de ilusiones y de oportunidades. Madres dolorosas del mundo, corazones partidos por el dolor. Mujeres fuertes que acompañan hasta el final sin pasar facturas. Mujeres libres, sensibles y dolorosas, como María, nuestra Madre.

Oración: Señor Jesús, con María queremos acompañar tu dolor y encontrarnos con el sufrimiento de nuestros hermanos. Que el grito del dolor de los pobres no nos deje indiferentes. Afrontemos la espada del dolor, acompañando la vida que se escapa por las injusticias del mundo y las nuestras propias. Amén.


V Estación: Jesús es ayudado por el Cireneo

A Jesús le alivia el peso de los sufrientes una Iglesia que es cirenea, que carga con las historias de las personas que, empujada por el Espíritu, pone con alegría su esfuerzo al servicio de su Señor.

Y, Jesús, en medio de su Pasión sonríe y se alegra de comprobar que la Iglesia samaritana, la Iglesia de los pequeños, la Iglesia que anuncia lo que vive le ayuda en su misión del Calvario.

Seamos esa Iglesia. Ahora, en Cuaresma. Y siempre.

Oración: Señor Jesús, coronado de espinas con la cruz a cuestas, no te olvides de tu Iglesia. Pide al Padre por ella e ilumínala con la memoria de tu Espíritu. Ojalá en medio del mundo, tu Iglesia de testimonio de frescura, entrega, sencillez, alegría. Iglesia samaritana, misionera y cirenea. Tu comunidad, tu pueblo, tu gente. No te olvides de tu Iglesia. Impúlsala con tu amor a servir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


VI Estación: Jesús encuentra a Verónica

Con el salmo 26 decimos:

“Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.

Tú no puedes ocultarnos, Señor, tu rostro, porque te vemos continuamente presente en los sufrientes.

Secar su sudor y su sangre será nuestra vocación. Seremos Iglesia samaritana, al estilo de Verónica, cuando aliviemos el dolor de los que más sufren. Cuando ese dolor quede impregnado no en lienzos externos, sino en lo más interior de nuestra alma. En ese interior que queda tocado no por imágenes, sino por historias concretas de hermanos nuestros que actualizan tu Cruz en el Calvario.

Oración: Señor Jesús, cansado y humillado, varón de dolores y esperanza de los pobres. Déjanos acercarnos a ti como Verónica, permite que te encontremos en el hermano que sufre. No nos dejes caer en la tentación de aligerar el peso de nuestra conciencia con pequeñas acciones aisladas, sino haz que vivamos cada vez más un compromiso mayor con los más arrinconados, humillados y crucificados. Amén.


VII Estación: Jesús cae por segunda vez

Sus caídas son cada vez más terribles, porque el camino, la subida se va haciendo más costosa y empinada. Las fuerzas decaen. Y, encima, Él no cae solo.

Jesús sigue cayendo hoy. Cae con el pobre, con el enfermo, con el desnudo, con el preso… Y nosotros no caemos en la cuenta de tantos como están cayendo.

Son caídas hacia el abismo. Abismo de insolidaridad, de indiferencia cómplice. Abismo de oscuridad, de falta de valores, de superioridad y pasotismo.

Esta segunda caída es un segundo aviso. Jesús ya no cae siquiera en el suelo. ¿No podemos hacer nada por sostener a Jesús, por sostener a los que caen?

Oración: Señor Jesús, caído y compañero de los que continuamente caen, víctimas de la falta de amor de los que les rodean. Remuévenos para no dejarte ver tirado por el suelo junto al pobre, el anciano o el preso. No permitas que seamos cómplices de las sombras de tanto desconsuelo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


VIII Estación: Jesús consuela a las mujeres

El peso de la Cruz de Jesús se hace próximo a las mujeres. Mujeres sin rostro que siguen sufriendo marginación, maltrato… en tantos lugares, aún, desgraciadamente. Jesús se acerca a vosotras que, creadas por la mano amorosa del buen Dios, os veis privadas de una situación digna para vivir y para amar.

La pobreza y la marginación son palabras femeninas. Palabras que no tendrían que estar asociadas a géneros. Palabras que no tendrían que tener que aplicarse y que, lamentablemente, cada día nos sorprenden, porque no podemos quedarnos igual ante tantas violencias y discriminaciones.

Oración: Señor Jesús, consuelo de las mujeres de Jerusalén, consuelo de las mujeres de todos los tiempos. Síguete acercando a aquellas que, fielmente, te acompañan en tu itinerario pascual. Anímalas con tu palabra y desconcierta los corazones henchidos por el orgullo, el poder y la fuerza. Cuida a todas las mujeres del mundo, Tú, que cargado con la Cruz, tuviste tiempo para acercarte a ellas. Amén.


IX Estación: Jesús cae por tercera vez

Jesús cae y es pisoteado. Cae por el peso de la Cruz, por las burlas y la avalancha del mal. Cae por sí mismo, pero es tirado. Estructuras, intereses, poderes que oprimen, siguen tirando y aplastando a Jesús: en África, en Asia, en América… y aquí, también muy cerca de donde vivimos, con nuestro estilo de vida, nuestra búsqueda de comodidades, nuestras opciones. Nosotros también, desgraciadamente, pisoteamos a Jesús. Parece que le amamos, pero en el momento crucial, nos pueden nuestros gustos, intereses y apetencias.

Él se queda solo, tirado, pisoteado. ¿Nos hemos dando cuenta del Cristo tirado en la calle, al que llamamos sin techo, sin papeles, sin…?

No seamos cómplices de empobrecer al hermano. No pisoteemos a Jesús en el hombre o mujer que está en la cuneta de la historia y del mundo. Aún estamos a tiempo de ayudar a levantarlo. Tan cerca. Tan lejos. Es una cuestión estructural y también de cada uno.

Oración: Señor Jesús, que caes por tercera vez, con más dureza, al suelo. Tú sientes la carga de la Cruz y el desprecio de aquellos que dan la espalda a tu Evangelio, de los que prefieren ganar intereses en lugar de desvivirse por el bien del hermano. Que esta tercera caída sea para nosotros una fuerte interpelación para tener cuidado al pisar y no aplastar al más débil, con el afán de enriquecer nuestro propio yo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Desposeído, desnudo, despreciado se acerca a dar calor a los desabrigados. Modelo de vida y no modelo de pasarelas ni maniquí de frívolas modas. Le han quitado su túnica verde de la esperanza y comparte su humillación con los que han sido desvalijados por los intereses de un mundo competitivo y cruel.

La ropa almacenada podría abrigar a toda la humanidad. Sin embargo, ahí está, almacenada, hasta que pase la efímera temporada y se arroje a los contenedores del olvido. Y nuestros hermanos pasan frío, frío del que hiela, pasan necesidad… ¿Hemos hecho caso omiso al Evangelio: estuve desnudo y me vestisteis?

Oración: Señor Jesús, que compartes la vergüenza del desnudo con los más pobres, que te haces uno con ellos y no evitas ningún sufrimiento. Corazón solidario que va a ser traspasado por bombear tanto Amor, ayúdanos a no ser víctimas de modas pasajeras sino a compartir con generosidad la única moda que nunca pasa y que solo se anuncia en tu Cruz. Tú que vives y reinas, revestido de la gloria del Padre, por los siglos de los siglos. Amén.


XI Estación: Jesús es clavado en la Cruz

El poder y el pecado taladran sus manos. El poder y el pecado crucifican a los crucificados. El poder y el pecado, con clavos crueles, hacen brotar la sangre de los que van a morir. Cuando los poderes no están al servicio del pueblo, cuando lo que prima es el tener y el acopio de dinero que sesga la vida de los pobres, entonces, solo podemos decir: Señor, ten piedad.

Ten piedad de un mundo donde se nos olvidó ser hermanos. Ten piedad de un mundo donde somos capaces de perforar cuerpos y regar con sangre. Perdónanos, Señor, por estar asociados a esta masacre. Cuando dinero, poder y orgullo se ponen por encima del ser humano, entonces hemos perdido el norte. Perdónanos nuestros pecados. Conviértenos a ti.

Oración: Señor Jesús, escarnecido, coronado de espinas, varón de dolores. Los clavos de tu Cruz nos siguen recordando hoy a todos los crucificados de la historia y de la humanidad. Tus clavos, que traspasan tu vida generosa y única, hacen brotar sangre como río de agua viva que, al igual que el cáliz de la eucaristía, se convierte en singular ofrenda para nuestra conversión. Tú, siempre dándote. Nosotros solo podemos invocar esta sentida oración: Señor, ten piedad. Amén.


Estación XII: Jesús muere en la Cruz

Hagamos un silencio. Un silencio profundo. Dejemos unos segundos para

Jesús sigue muriendo en nuestros hermanos. Muere a nuestro lado. Muere injustamente y torturado. Continuemos nuestro silencio. Profundamente sintamos el silencio de la muerte tan injusta. No pensemos ahora en los motivos, ni en los que la han provocado. Solo hagamos silencio.

Y tras el silencio: miremos los árboles de la cruz donde está clavada nuestra salvación.

Oración: Señor Jesús, varón de dolores muerto en la Cruz. Esperanza de Israel y de la Iglesia, mueres en la Cruz. Despojado y humillado, mueres en la Cruz. Anónimo y desnudo, mueres en la Cruz. Y, en tu muerte, se atisba, Señor, el brote del Amor. Ayúdanos a no crucificar a nuestros hermanos. Apostemos por la vida, nunca por la condena a muerte o la exclusión. Desde tu Cruz, nos dejas tu perdón. Con corazón agradecido y temblando, te decimos: Ten piedad, Señor. Amén.


Estación XIII: Jesús muere en manos de su madre

El cielo se viste de luto. María llora a su hijo. Al Padre se le conmueven las entrañas en la muerte del predilecto.

Hoy el cielo sigue llorando a sus hijos. ¡Cuántas lágrimas caen por los niños que mueren de hambre, por tantas víctimas de guerras fratricidas, por los que mueren arrinconados en soledad, por los que mueren sin tener la oportunidad de nacer, por los que son eliminados…!

Nos quedamos contemplando el desgarro de Dios ante la muerte de sus hijos. El Padre de la Vida, en su Corazón entrañable y bueno, sufre en lo hondo la pérdida de la dignidad de sus hijos.

Nos quedamos contemplando el Corazón traspasado de María. No hay estampa más dura en el mundo que ver a un hijo muerto en las manos de su madre.

Aunque nuestra falta de fe nos lo impida, no hay duda de que Dios siempre acompaña el misterio de los que sufren. En su sufrimiento está el Padre, sujetando y aguantando a la humanidad que se desmorona. Así es Dios. Nunca se evade del sufrimiento de los que tanto ama.

Y nosotros, ¿acompañamos también este sufrimiento?

Oración: Señor Jesús, muerto y en los brazos de tu madre y nuestra madre. Corazón atravesado por la lanzada y vida sesgada por el egoísmo cruel. Al contemplar el misterio de tu muerte, movilízanos para acompañar a los caídos de nuestro mundo. Convirtámonos en las manos de tu Madre para un mundo en el que hacen falta manos unidas para dar calor y amor. Amén.


Estación XIV: Jesús es sepultado

Su cuerpo sin vida será trasladado al sepulcro y la luz de Dios lo convertirá en sagrario. Luz de vida para todos. Luz para los que creen que este mundo no tiene solución. Luz en medio de las oscuridades de nuestros planteamientos y opciones. Luz para caminar como hermanos e hijos del Buen Dios. Luz para animar, alegrar, apoyar, cuidar, servir, alzar… Luz que surge de la verdad, de la opción radical de quien ha dado la vida por nosotros.

Vencerá la Vida, se hará justicia. La muerte de Jesús barrunta el brote nuevo de un mundo donde Dios reinará. Todos seremos felices.

Oración: Señor Jesús, tu cuerpo es sepultado, pero no se cierra tu vida con la piedra del sepulcro. En el silencio de tu ausencia se presagia la Luz de la vida que, en cada eucaristía, renovamos en el altar fraterno de los que hacen memoria de tu Pascua, de ese paso tuyo en medio de nuestras historias. El sepulcro no es el lugar definitivo. Se entrevé, pronto, la gloria del Amor. Ojalá descansemos siempre en esta confianza, que impulse nuestra vida y nuestros compromisos. Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén.


SEGUIR LEYENDO LA NOTA

martes, 29 de marzo de 2011

Vía Crucis para la tercera semana de Cuaresma (Por Teresa de Calcuta)


Este Vía Crucis fue compuesto por la Madre Teresa de Calcuta para los jóvenes del mundo, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional de 1976, con el título: "Un recorrido por la Pasión de Cristo, de ayer y de hoy"

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
"Llegada la mañana todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo, tuvieron consejo contra Jesús para matarlo, y atado lo llevaron al procurador Pilatos" (Mt 27,1-2). El pequeño niño que tiene hambre, que se come su pan pedacito a pedacito porque teme que se termine demasiado pronto y tenga otra vez hambre. Esta es la primera estación de calvario.

SEGUNDA ESTACION
Jesús carga con la cruz
"Entonces se lo entregó para que lo crucificasen. Tomaron, pues, a Jesús, que llevando la cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota" (Jn 19,16-17). ¿No tengo razón? ¡Muchas veces miramos pero no vemos nada! Todos nosotros tenemos que llevar la cruz y tenemos que seguir a Cristo al Calvario, si queremos reencontrarnos con Él. Yo creo que Jesucristo, antes de su muerte, nos ha dado su Cuerpo y su Sangre para que nosotros podamos vivir y tengamos bastante ánimo para llevar la cruz y seguirle, paso a paso.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
"Dijo Jesús: El que quiera venir en pos de mí, que se niege a sí mismo, tome su cruz y sígame, pues el que quiera salvar su vida la perderá: pero el que pierda su vida, ese la salvará". (Mt 16,24). En nuestras estaciones del Via Crucis vemos que caen los pobres y los que tienen hambre, como se ha caído Cristo. ¿Estamos presentes para ayudarle a Él? ¿Lo estamos con nuestro sacrificio, nuestro verdadero pan? Hay miles y miles de personas que morirían por un bocadito de amor, por un pequeño bocadito de aprecio. Esta es una estación del Via Crucis donde Jesús se cae de hambre.

CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su Madre
"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava... Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí" (Lc 1, 45-49). Nosotros conocemos la cuarta estación del Via Crucis en la que Jesús encuentra a su Madre. ¿Somos nosotros los que sufrimos las penas de una madre? ¿Una madre llena de amor y de comprensión? ¿Estamos aquí para comprender a nuestra juventud si se cae? ¿Si está sola? ¿Si no se siente deseada? ¿Estamos entonces presentes?

QUINTA ESTACION
El cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
"Cuando le llevaban a crucificar, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo y le obligaron a ayudarle a llevar la Cruz" (Lc 23,26). Simón de Cirene tomaba la cruz y seguía a Jesús, le ayudaba a llevar su cruz. Con lo que habéis dado durante el año, como signo de amor a la juventud, los miles y millones de cosas que habéis hecho a Cristo en los pobres, habéis sido Simón de Cirene en cada uno de vuestros hechos.

SEXTA ESTACION
La Verónica limpia el rostro de Jesús
"Porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber" (Mt, 25, 35). ¿Con respecto a los pobres, los abandonados, los no deseados, somos como la Verónica? ¿Estamos presentes para quitar sus preocupaciones"y compartir sus penas? ¿O somos parte de los orgullosos que pasan y no pueden ver?

SÉPTIMA ESTACION
Jesús cae por segunda vez
"¿Quienes son mi madre y mis parientes? Y extendiendo su mano sobre sus discípulos dijo Jesús: he aquí a mi madre y a mis parientes... quienquiera que haga la voluntad de mi Padre" (Mt 12, ,48-50). Jesús cae de nuevo. ¿Hemos recogido a personas de la calle que han vivido como animales y se murieron entonces como ángeles? ¿Estamos presentes para levantarlos?. También en vuestro país podéis ver a gente en el parque que están solos, no deseados, no cuidados, sentados, miserables. Nosotros los rechazamos con la palabra "alcoholizamos". No nos importan. Pero en Jesús quien necesita nuestras manos para limpiar sus caras. ¿Podéis hacerlo?, ¿o pasaréis sin mirar?

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús consuela a las mujeres
"Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se lamentaba y lloraban por Él. Vuelto hacia ellas les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos" (Lc 23,27-28).Padre Santo, yo rezo por ellas para que se consagren a tu santo nombre, santificadas por Ti; para que se entreguen a tu servicio, se te entreguen en el sacrificio. Para eso me consagro yo también y me entrego como sacrificio con Cristo.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
"Os he dicho esto para que tengáis paz conmigo. En el mundo tendréis tribulaciones, pero confiad: yo he vencido al mundo" (Jn 16,33). Jesús cae de nuevo para ti y para mí. Se le quitan sus vestidos, hoy se le roba a los pequeños el amor antes del nacimiento. Ellos tienen que morir antes del nacimiento. Ellos tienen que morir porque nosotros no deseamos a estos niños. Estos niños deben quedarse desnudos, porque nosotros no deseamos, y Jesús toma este grave sufrimiento. El no nacido toma este sufrimiento porque no tiene más remedio de desearle, de amarle, de quedarme con mi hermano, con mi hermana.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
"Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado y la túnica" (Jn 19,23)¡Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas, fatigas y torturas de la vida diaria, para que logremos siempre una más grande y creativa abundancia de vida!

UNDÉCIMA ESTACION
Jesús es clavado en la cruz
"Después de probar el vinagre, Jesús dijo": Todo está cumplido, e inclinando la cabeza entregó el espíritu" (Jn 19,30). ¡Empecemos las estaciones de nuestro via crucis personal con ánimo y con gran alegría, pues tenemos a Jesús en la sagrada Comunión, que es el Pan de vida que nos da vida y fuerza! Su sufrimiento es nuestra energía, nuestra alegría, nuestra pureza. Sin él no podemos hacer nada.
DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
"Después de probar el vinagre, Jesús dijo": Todo está cumplido, e inclinando la cabeza entregó el espíritu" (Jn 19,30). ¡Empecemos las estaciones de nuestro via crucis personal con ánimo y con gran alegría, pues tenemos a Jesús en la sagrada Comunión, que es el Pan de vida que nos da vida y fuerza! Su sufrimiento es nuestra energía, nuestra alegría, nuestra pureza. Sin él no podemos hacer nada.

DECIMOTERCERA ESTACION
Jesús es bajado de la cruz
"Al caer la tarde vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era discípulo de Jesús... tomó su cuerpo y lo envolvió en una sábana limpia" (Mt 27,57.59). Vosotros jóvenes, llenos de amor y de energía, ¡no desperdiciéis vuestras fuerzas en cosas sin sentido!

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es sepultado
"Había un huerto cerca del sitio donde fue crucificado Jesús, y en él un sepulcro nuevo, en el cual aún nadie había sido enterrado... y pusieron allí a Jesús" (Jn 19,41-42). Mirad a vuestro alrededor y ved, mirad a vuestros hermanos y hermanas no sólo en vuestro país, sino en todas las partes donde hay personas con hambre que os esperan. Desnudos que no tienen patria. ¡Todos os miran! ¡No le volváis las espaldas, pues ellos son el mismo Cristo!

Publicado por Ecclesia Digital

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

martes, 15 de marzo de 2011

Vía Crucis para la 1° Semana de Cuaresma


Publicado por Ecclesia Digital

1ª Estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

"Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea.
Lo acepto todo con tal que tu voluntad
se cumpla en mi y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
No deseo más.
Pongo mi alma en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor del que soy capaz.
Porque para mí amarte es darme
entregarme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre".

(Beato Charles de Foucauld)

2ª Estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

"Nada se ha inventado sobre la tierra
más grande que la cruz.
Hecha está la cruz a la medida de Dios,
de nuestro Dios.
Y hecha está también a la medida del hombre...
Hazme una cruz sencilla, carpintero...,
sin añadidos ni ornamentos,
que se vean desnudos los maderos,
desnudos y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un sólo adorno que distraiga este gesto,
este equilibrio humano de los mandamientos.
Sencilla, sencilla....
hazme una cruz sencilla, carpintero.
Aquí cabe crucificado nuestro Dios,
nuestro Dios próximo,
nuestro pequeño Dios,
el Señor,
el Enviado Divino,
el Puente Luminoso,
el Dios hecho hombre o el hombre hecho Dios,
el que pone en comunicación
nuestro pequeño recinto planetario solar
con el universo de la luz absoluta.
Aquí cabe... crucificado... en esta cruz...
Y nuestra pobre y humana arquitectura de barro...
cabe... ¡crucificada también!"

(León Felipe)

3ª Estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

"En la cruz está la vida y el consuelo
y ella sola es el camino para el cielo.
En la cruz está el Señor de cielo y tierra
y el gozar da mucha paz, aunque haya guerra.
Todos los males destierra de este suelo
y ella sola es el camino para el cielo.
Es una oliva preciosa la santa cruz,
que con su aceite nos unta y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz con gran consuelo.
Que ella sola es el camino para el cielo".

(Santa Teresa de Jesús)

4ª Estación: JESÚS SE ENCUENTRA CON MADRE EN LA VÍA DOLOROSA

"Por el rastro de la sangre
que Jesús dejaba
va caminando su Madre:
quiebra el corazón miralla.
Las palabras que decía
son de mujer lastimada,
y cuando mira la sangre
por el suelo derramada,
acrecienta los suspiros
con dolor y ansia extraña.
Dice que va con prisiones
y con soga a la garganta,
y como un ciervo herido
que con sed va a buscar
agua.
Está mirando a su hijo,
que el alma se le arrancaba,
que casi no le conoce,
dícele de esta manera,
la cara desfigurada
con la voz llorosa y mansa:
¡Oh cordero sin mancilla!
¡Oh cordero que quitabas
los pecados con tu muerte
del mundo que tanto amabas!
Y estando en la cruz clavado,
vio a su Madre fatigada,
y no la pudo hablar
sino sólo una palabra".

(Juan López de Ubeda)

5ª Estación: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

“¡Ven, dulce cruz, así quiero decirlo! ¡Jesús mío, dámela siempre.
Si mis sufrimientos llegaran a ser demasiado pesados,
ayúdame a llevarlos...
Mira como extiende las manos Jesucristo en la cruz
para abrazarnos.
-¡Ven!
-¿Dónde?
-A los brazos de Jesús, dulce refugio y consuelo.
-¡Buscad!
-¿Dónde?
-En los brazos de Jesús.
-Avecillas del nido abandonado, vivid, morid,
descansad aquí, ¡quedaos!
-¿Dónde?
-En los brazos de Jesús crucificado"

(La Pasión según San Mateo de Bach)

6ª Estación: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

"Ahí la tenéis
con su paño de lágrimas
levantándolo entre los dedos.
Parece la hija de un fotógrafo antiguo y mediocre,
mostrando la negativa de un retrato mal hecho.
¿Quién es?...¿Quién es ese del retrato?
¿A quién se parece?
Se parece a mucha gente;
se parece a ese transeúnte;
se parece al mal ladrón;
se parece a mí...;
se parece a todos los hombres de la tierra.
Es una fotografía muy mal hecha,
pero a mí me gusta mucho;
está revelada
con una extraña mixtura
de sudor, de lágrimas y sangre".

(León Felipe)

7ª Estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

"Calor de Dios en sangre redentora
y en río de piedad en tu costado.
Bajo tu cruz quédeme arrodillado
con ansia y gratitud siempre deudora.
Conózcate, mi Cristo, en esta hora
de tu perdón si beso apasionado,
de ardiente labios de tu pie clavado,
sea flecha de amor y paz de aurora.
Conózcate en tu Vía Dolorosa,
y conozca, Señor, en los fulgores,
de tus siete palabras, mi caída.
Que en esa cruz pujante y misteriosa
pongo, sobre el amor de mis amores,
el amor entrañable de mi vida"

(Martín Alonso)

8ª Estación: JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

"¿Quién colocó mentira sobre el suelo
para las descansadas avenidas?
¿Para qué fe sin luz ansias mullidas
arropan al dolor con terciopelo?
Quien cabalgue amargura vaya a pelo
con las roncas esquelas doloridas,
fluyéndole la sangre por las bridas
sobre las ancas de la bestia en celo.
De rodillas aquellos los que ignoren
que pueden encontrarte en una rosa
o en la terrible soledad espesa...
Que es muy fácil, Señor que aquí te lloren
con una bienvenida presurosa
y la sangre rotundamente ilesa"

(Pilar Paz Pasamar)

9ª Estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

"Cristo, cristal purísimo
que no se rompe nunca.
Cristo, creo en tu cruz
que nutre nuestra arteria.
Bebo debajo de tu trono de espinas,
duermo en tu ala siempre viva,
y no hay porque pedirte por los hombres
porque todos los hombres están en tu memoria,
en tu luz desbordante con que nos amas sin méritos.
Sé que te desvives hasta morir, de nuevo,
en cada instante, por los son
que son ingratos con los otros.
Cristo, cristal purísimo
que no se rompe nunca.
Cristo, creo en tu cruz
que nutre nuestra arteria".

(Gloria Fuertes)

10ª Estación: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

"¡Qué vergüenza le daría
al Cordero santo el verse,
siendo tan honesto y casto,
desnudo entre tanta gente!
¡Ay, divina Madre suya!
Si ahora llegáis a verle
en tan miserable estado,
¿quién ha de haber que os consuele?
Mirad, Reina de los cielos,
si el mismo Señor es este,
cuyas carnes parecían azucenas y claveles.
Más ¡a Madre de piedad
que sobre la cruz le tienden
para tomar la medida
por donde los clavos entren!"

(Félix Lope de Vega y Carpio)

11ª Estación: JESÚS ES CRUCIFICADO

"¿Quién cuando cala el clavo, traspasada la albura,
tiene poder de hacer que la madera no sufra
al ser -cuidado puesto en ellos- ¡ay!, extraído...?
Y si el clavo es luz, ¿cómo sacarlo?
Sacar se puede de una vez la espina
sepultada en la carne; pero clavos macizos,
clavos de amor, ¡no pueden, no, sacarse!
Hay un destrozo en la toda la madera
y se derrama a un lado, como un río,
toda la savia en flor, toda la albura.
Está en el corazón la punta fiera
y está haciendo más daño que la herida;
pero qué bien guardar este tesoro
y no sacarle nunca, nunca, nunca, pues no hay mano
que le alcance a sacar sin el destrozo:
dejadla donde está, y que su sitio
sea en la luz del fondo, donde en punta
de diamante se recorta y relumbre y donde brilla
en gran constelación suya la carne.
¡Dejad el clavo del amor adentro!
No vengáis, no, por él...¡El clavo es uno
con el tuétano, y es uno con el hueso y la carne,
y tiene el brillo y el fulgor del golpe,
y es uno con el alma y el espíritu!

(Bernardo Casanueva)

12ª Estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

"Muere Jesús del Gólgota en la cumbre
con amor perdonando al que le hería,
siente deshecho el corazón María
del dolor de la inmensa pesadumbre.
Se aleja con pavor la muchedumbre
cumplida ya la santa profecía;
tiembla la tierra; el iluminar del día
cegando en tal horror, pierde su lumbre.
Se abren las tumbas, se desgarra el velo,
y a impulso del amor grande y fecundo
parece estar la cruz, signo de duelo,
cerrando augusta, con el pie al profundo
y con la excelsa cabeza abriendo el cielo
y con los brazos abarcando el mundo".

(Antonio Almendros Aguilar)

13ª Estación: JESÚS MUERTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

"Estaba en la honda agonía
al pie de la cruz llorosa
la Madre, Virgen María,
y de la cruz afrentosa
el hijo muerto pendía.
Y porque culpa tan fea
ofrenda tan suave borre,
la hirviente sangre gotea,
y en el peñasco que corre
avaro el viento la orea.
Allí por tierra postrada,
moribunda y desolada,
la castísima María,
con el suplicio abrazada,
la ardiente sangre bebía.
Y parado el mundo entero
asombrado la miraba,
que sola en dolor tan fiero,
a su Dios muerto lloraba
al pie del santo madero.
-¡Ella llora y yo pequé...!
Madre amorosa, perdón,
que yo le crucifiqué,
yo su sangre derramé
y manché la creación.
Yo le robé de tus brazos,
si respeto a su deidad;
le até con estrechos lazos
para arrancarle, es verdad,
las entrañas en pedazos.
¡Tú llorando, Madre mía,
cuando una lágrima tuya
el mundo rescataría
cuando el tiempo le concluya
en el postrimero día!
¡Tus ojos llorosos tanto
cuando al sol prestan su luz!
¡Oh Madre, por tal quebranto,
que me salve a mí tu llanto,
al pie de la santa cruz".

(José Zorrilla)

14ª Estación: JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

"¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abandonada cabellera negra
de Nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el Reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo, al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de Nazareno.
Que eres, Cristo, el único
Hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida,
por Ti el hombre muerto que no muere,
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
porque las gentes sepan que son hombres".

(Miguel de Unamuno)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Vía Crucis (Pachi - Fano)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

jueves, 1 de abril de 2010

Meditaciones para el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo


Por el cardenal Camillo Ruini,
vicario general emérito del Papa para la diócesis de Roma

INTRODUCCIÓN

CANTO
R. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
quia per Crucem tuam redemisti mundum.

1. Per lignum servi facti sumus, et per sanctam Crucem liberati sumus. R.
2. Fructus arboris seduxit nos, Filius Dei redemit nos. R.

MEDITACIÓN
Cuando el Apóstol Felipe dijo a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre", él respondió: "Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces...? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14, 8-9). Esta noche, mientras acompañamos en nuestro corazón a Jesús, que camina bajo el peso de la cruz, no nos olvidemos de estas palabras suyas. También cuando lleva la cruz y cuando muere en ella, Jesús sigue siendo el Hijo de Dios Padre, una misma cosa con él. Mirando su rostro desfigurado por los golpes, la fatiga, el sufrimiento interior, vemos el rostro del Padre. Más aún, precisamente en ese momento, la gloria de Dios, su luz demasiado fuerte para el ojo humano, se hace más visible en el rostro de Jesús. Aquí, en ese pobre ser que Pilato ha mostrado a los judíos, esperando despertar en ellos piedad, con las palabras "Aquí lo tenéis" (Jn 19, 5), se manifiesta la verdadera grandeza de Dios, la grandeza misteriosa que ningún hombre podía imaginar.
En Jesús crucificado se revela además otra grandeza, la nuestra, la grandeza que pertenece a todo hombre por el hecho mismo de tener un rostro y un corazón humano. Escribe san Antonio de Padua: "Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú te mires en la cruz como en un espejo... Si te miras en él, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad... y tu valor... En ningún otro lugar el hombre puede darse mejor cuenta de cuánto vale, que mirándose en el espejo de la cruz" (Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214). Sí, Jesús, el Hijo de Dios, ha muerto por ti, por mí, por cada uno de nosotros, y de este modo nos ha dado la prueba concreta de cuán grandes y cuán valiosos somos a los ojos de Dios, los únicos ojos que, superando todas las apariencias, son capaces de ver en profundidad la realidad de las cosas.
Al participar en el Via Crucis, pidamos a Dios que nos dé también a nosotros esa mirada suya de verdad y de amor para que, unidos a él, seamos libres y buenos.

El Santo Padre:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
El Santo Padre:
Oremos.
Breve pausa de silencio.
Señor, Dios Padre omnipotente,
tú lo sabes todo,
tú ves la enorme necesidad que tenemos de ti en nuestros corazones.
Da a cada uno de nosotros la humildad de reconocer esta necesidad.
Libra nuestra inteligencia de la pretensión,
equivocada y algo ridícula,
de poder dominar el misterio que nos circunda por todas partes.
Libra nuestra voluntad de la presunción,
un tanto ingenua e infundada,
de poder construir solos nuestra felicidad
y el sentido de nuestra vida.
Haz penetrante y sincero nuestro ojo interior,
para poder reconocer, sin hipocresía,
el mal que hay dentro de nosotros.
Pero danos también,
a la luz de la cruz y de la resurección de tu único Hijo,
la certeza de que, unidos a él y sostenidos por él,
también nosotros podremos vencer el mal con el bien.
Señor Jesús,
ayúdanos a caminar con este espíritu detrás de tu cruz.
R/. Amén.


PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 6 - 7. 12. 16
Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les dijo: "Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él". Los judíos le contestaron: "Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios"...
Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: "Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César" ...Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

MEDITACIÓN
¿Por qué Jesús fue condenado a muerte, él, que "pasó haciendo el bien"? (Hch 10, 38). Esta pregunta nos acompañará a lo largo del Via Crucis como nos acompaña durante toda la vida.
En los Evangelios encontramos una respuesta verdadera: los jefes de los judíos quisieron su muerte porque comprendieron que Jesús se consideraba el Hijo de Dios. Y hallamos también una respuesta que los judíos utilizaron como pretexto para obtener de Pilato su condena: Jesús habría pretendido ser un rey de este mundo, el rey de los judíos.
Detrás de estas respuestas se abre un abismo, que los mismos Evangelios y toda la Sagrada Escritura nos permiten contemplar: Jesús ha muerto por nuestros pecados. Y aún más profundamente, ha muerto por nosotros, ha muerto porque Dios nos ama, y nos ama tanto que entregó a su Hijo único, para que el mundo se salve por él (cf. Jn 3, 16-17).
Debemos, por tanto, mirar a nosotros mismos: al mal y al pecado que habitan dentro de nosotros y que con excesiva frecuencia fingimos ignorar. Pero aún más debemos dirigir la mirada al Dios rico en misericordia que nos ha llamado amigos (cf. Jn 15, 15). Así, el camino del Via Crucis y todo el camino de la vida se convierte en un itinerario de penitencia, de dolor y de conversión, pero también de gratitud, fe y alegría.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.


SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo. 27, 27 - 31
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando la rodilla, se burlaban de él diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!". Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Del Evangelio según san Juan. 19, 17
Y Jesús, cargando con la cruz, salió al sitio llamado "de la Calavera", que en hebreo se dice Gólgota.

MEDITACIÓN

Después de la condena viene la humillación. Lo que los soldados hacen a Jesús nos parece inhumano. Más aún, es ciertamente inhumano: son actos de burla y desprecio en los que se expresa una oscura ferocidad, sin preocuparse del sufrimiento, incluso físico, que sin motivo se causa a una persona condenada ya al suplicio tremendo de la cruz. Sin embargo, este comportamiento de los soldados es también, por desgracia, incluso hasta demasiado humano. Miles de páginas de la historia de la humanidad y de la crónica cotidiana confirman que acciones de este tipo no son en absoluto extrañas al hombre. El Apóstol Pablo puso bien de manifiesto esta paradoja: "Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí... El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago" (Rom 7, 18-19).
Así es, precisamente: en nuestra conciencia se enciende la luz del bien, una luz que en muchos casos se hace evidente y por la cual, afortunadamente, nos dejamos guiar en nuestras opciones. En cambio, a menudo, sucede lo contrario: esa luz queda oscurecida por los resentimientos, por deseos inconfesables, por la perversión del corazón. Y entonces nos hacemos crueles, capaces de las peores cosas, incluso de cosas increíbles.
Señor Jesús, también yo soy de los que se han burlado de ti y te han golpeado. En efecto, tú has dicho: "cada vez que hicisteis eso con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 40). Señor Jesús, perdóname.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.


TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del profeta Isaías. 53, 4 - 6
¡Eran nuestras dolencias las que él llevaba, y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros lo tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus llagas hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y el Señor descargó sobre él la culpa de todos nosotros.

MEDITACIÓN
Los Evangelios no nos hablan de las caídas de Jesús bajo el peso de la cruz, pero esta antigua tradición es muy verosímil. Recordemos tan sólo que, antes de cargar con la cruz, Jesús había sido flagelado por orden de Pilato. Después de todo lo que le había sucedido desde la noche en el huerto de los olivos, sus fuerzas debían de estar prácticamente agotadas.
Antes de detenernos en los aspectos más profundos e interiores de la pasión de Jesús, consideremos simplemente el dolor físico que tuvo que soportar. Un dolor enorme y tremendo, hasta el último respiro en la cruz, un dolor que asusta.
El sufrimiento físico es lo más fácil de vencer, o al menos de atenuar, con nuestras actuales técnicas y metodos, con la anestesia y otras terapias del dolor. Si bien, una masa gigantesca de sufrimientos físicos sigue presente en el mundo, debido a muchas causas naturales o dependientes de comportamientos humanos.
De todas formas, Jesús no rechazó el dolor físico y así se solidarizó con toda la familia humana, en especial con aquella parte más numerosa cuya vida, todavía hoy, está marcada por esta forma de dolor. Mientras lo vemos caer bajo el peso de la cruz, le pedimos humildemente el valor de agrandar con una solidaridad hecha no sólo de palabras la pequeñez de nuestro corazón.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedica
mater Unigeniti!



CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su Madre

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 25 - 27
Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

MEDITACIÓN
En los Evangelios no se habla directamente de un encuentro de Jesús con su Madre a lo largo del camino de la cruz, sino de la presencia de María al pie de la cruz. Y allí Jesús se dirige a ella y al discípulo amado, Juan el evangelista. Sus palabras tienen un sentido inmediato: encomendar María a Juan, para que se ocupe de ella. Y un sentido mucho más amplio y profundo: al pie de la cruz María ha sido llamada a pronunciar un segundo "sí", después del sí de la Anunciación, con el cual se convierte en Madre de Jesús, abriéndonos así la puerta de la salvación.
Con este segundo sí, María se convierte en madre de todos nosotros, de todo hombre y de toda mujer por los cuales Jesús ha derramado su sangre. Una maternidad que es signo viviente del amor y de la misericordia de Dios por nosotros. Por eso, los vínculos de afecto y confianza que unen a María con el pueblo cristiano son tan profundos y fuertes; por eso acudimos espontáneamente a ella, sobre todo en las circunstancias más difíciles de la vida.
María, sin embargo, ha pagado un precio muy elevado por su maternidad universal. Como profetizó de ella Simeón en el templo de Jerusalén, "una espada te traspasará el corazón" (Lc 2, 35).
María, Madre de Jesús y madre nuestra, ayúdanos a experimentar en nuestras almas, en esta noche y siempre, ese sufrimiento lleno de amor que te unió a la cruz de tu Hijo.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati poenas incliti.


QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 26
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.

MEDITACIÓN
Jesús debía de estar verdaderamente agotado; por eso los soldados intentan remediarlo tomando al primer desventurado que encuentran y lo cargan con la cruz. También en la vida de cada día, la cruz, bajo muchas formas diversas -como una enfermedad o un accidente grave, la pérdida de una persona querida o del trabajo- cae sobre nosotros a menudo sin esperarlo. Y nosotros sólo vemos en ella una mala suerte o en el peor de los casos una desgracia.
Pero Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga" (Mt 16, 24). No son palabras fáciles; más aún, en el contexto de la vida concreta son las palabras más difíciles del Evangelio. Todo nuestro ser, todo lo que existe dentro de nosotros, se revela contra semejantes palabras.
Sin embargo, Jesús sigue diciendo: "Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará" (Mt 16, 25). Detengámonos en este "por mí": aquí está toda la pretensión de Jesús, la conciencia que él tenía de sí mismo y la petición que nos dirige a nosotros. Él está en el centro de todo, él es el Hijo de Dios que es una sola cosa con Dios Padre (cf. Jn 10, 30), él es nuestro único Salvador (cf. Hch 4, 12).
En efecto, con frecuencia sucede que lo que al comienzo sólo parecía una mala suerte o una desgracia, luego se ha revelado como una puerta que se ha abierto en nuestra vida llevándonos a un bien mayor. Pero no siempre es así: a menudo, en este mundo, las desgracias no son más que pérdidas dolorosas. Aquí de nuevo Jesús tiene algo que decirnos. O mejor, algo que le sucedió: después de la cruz, resucitó de entre los muertos, y resucitó como primogénito de muchos hermanos (cf. Rm 8, 29; 1 Co 15, 20). Sí, su cruz no se puede separar de su resurrección. Sólo creyendo en la resurrección podemos recorrer de manera sensata el camino de la cruz.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?


SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del profeta Isaías. 53, 2 - 3
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado.

MEDITACIÓN
Cuando la Verónica enjugó el rostro de Jesús con un paño, ese rostro no debía ser ciertamente atractivo: era un rostro desfigurado. Sin embargo, ese rostro no podía dejar indiferente, turbaba. Podía provocar burla y desprecio, aunque también compasión e incluso amor, deseo de ayudarlo. La Verónica es el símbolo de esos sentimientos.
A pesar de estar muy desfigurado, el rostro de Jesús es siempre el rostro del Hijo de Dios. Es un rostro desfigurado por nosotros, por el cúmulo enorme de la maldad humana. Pero es también un rostro desfigurado en favor nuestro, que expresa el amor y la donación de Jesús y es espejo de la misericordia infinita de Dios Padre.
En el rostro sufriente de Jesús vemos, además, otro cúmulo gigantesco, el de los sufrimientos humanos. Y así el gesto de piedad de la Verónica se convierte para nosotros en una provocación, en una exhortación urgente: en la petición, dulce pero imperiosa, de no volver la cabeza hacia otra parte, de mirar también nosotros a los que sufren, estén cerca o no. Y no sólo mirar, sino ayudar. El Via Crucis de esta noche no será baldío si nos lleva a realizar gestos concretos de amor y de solidaridad activa.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo
Quis non posset contristari,
piam matrem contemplari
dolentem cum Filio?


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del libro de los Salmos. 41, 6 - 10
Mis enemigos me desean lo peor: "A ver si se muere, y se acaba su apellido". El que viene a verme, habla con fingimiento, disimula su mala intención , y, cuando sale afuera, la dice. Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros: "Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse". Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme.

MEDITACIÓN
Jesús cae de nuevo bajo el peso de la cruz. Cierto que estaba agotado físicamente, pero estaba también herido mortalmente en su corazón. Pesaba sobre él el rechazo de los que, desde el principio, se habían opuesto obstinadamente a su misión. Pesaba el rechazo que, al final, le había mostrado aquel pueblo que parecía estar lleno de admiración e incluso de entusiasmo por él. Por eso, mirando a la ciudad santa que tanto amaba, Jesús había exclamado: "¡Jerusalén, Jerusalén, ... cuántas veces quise reunir a tus hijos a la manera que la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste!" (Mt 23, 37). Pesaba terriblemente la traición de Judas, el abandono de los discípulos en el momento de la prueba suprema, pesaba en particular la triple negación de Pedro.
Sabemos bien que pesaba también sobre él la masa innumerable de nuestros pecados, de las culpas que acompañan a la humanidad a lo largo de los milenios.
Por eso, supliquemos a Dios, con humildad, pero también con confianza: ¡Padre rico en misericordia, ayúdanos a no hacer todavía más pesada la cruz de Jesús! En efecto, como escribió Juan Pablo II, de quien esta noche se celebra el quinto aniversario de su muerte: "el límite impuesto al mal, del que el hombre es artífice y víctima, es en definitiva la Divina Misericordia" (Memoria e identità, p. 70).

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis
et flagellis subditum.


OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 27 - 29. 31
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado"...
Porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?».

MEDITACIÓN
En efecto, es Jesús quien tiene compasión de las mujeres de Jerusalén, y de todos nosotros. Incluso llevando la cruz, Jesús sigue siendo el hombre que tiene compasión de las multitudes (cf. Mc 8, 2), que prorrumpe en llanto ante la tumba de Lázaro (cf. Jn 11, 35), que proclama bienaventurados a los que lloran, porque serán consolados (cf. Mt 5, 5).
Jesús se muestra como el único que conoce realmente el corazón de Dios Padre y que por lo mismo nos lo puede dar a conocer a nosotros: "nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 27).
Desde los tiempos más remotos, la humanidad se ha preguntado, a menudo con angustia, cuál es realmente la actitud de Dios hacia nosotros: ¿una actitud de solicitud providencial, o por el contrario de soberana indiferencia, o incluso de desdén y de odio? No podemos responder con certeza a una pregunta de este tipo con el único recurso de nuestra inteligencia, de nuestra experiencia y ni siquiera de nuestro corazón.
Por esto, Jesús -su vida y su palabra, su cruz y su resurrección- es con mucho la realidad más importante de toda la existencia humana, la luz que ilumina nuestro destino.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Eia mater, fons amoris,
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios. 5, 19-21
Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación... En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado, Dios lo hizo expiar nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

MEDITACIÓN
He aquí el motivo más profundo de las repetidas caídas de Jesús: no sólo los sufrimientos físicos y las traiciones humanas, sino la voluntad del Padre. Esa voluntad misteriosa y humanamente incomprensible, pero infinitamente buena y generosa, por la cual Jesús se hizo "pecado por nosotros"; todas las culpas de la humanidad recaen sobre él, realizándose ese misterioso intercambio que hace de nosotros pecadores "justicia de Dios".
Mientras tratamos de ensimismarnos en Jesús que camina y cae bajo el peso de la cruz, es justo que experimentemos en nosotros sentimientos de arrepentimiento y de dolor. Pero más fuerte aún debe ser la gratitud que invade nuestra alma.
Sí, oh Señor, tú nos has rescatado, nos has librado, con tu cruz nos has hecho justos ante Dios. Es más, nos has unido tan íntimamente contigo, que has hecho de nosotros, en ti, los hijos de Dios, sus familiares y amigos. Gracias, Señor, haz que la gratitud hacia ti sea la nota dominante de nuestra vida.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.


DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 23 - 24
Los soldados... cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: "No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Así se cumplió la Escritura: "Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica".

MEDITACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras: estamos en el acto final de aquel drama, iniciado con la detención en el huerto de los olivos, a través del cual Jesús es despojado de su dignidad de hombre, antes incluso que de la de Hijo de Dios.
Muestran a Jesús desnudo a la vista de la gente de Jerusalén y de toda la humanidad. En un sentido profundo, es justo que sea así: él en efecto se despojó totalmente de sí mismo, para sacrificarse por nosotros. Por eso el gesto de despojarlo de las vestiduras es también el cumplimiento de la Sagrada Escritura.
Viendo a Jesús desnudo en la cruz, percibimos dentro de nosotros una necesidad imperiosa: mirar sin velos dentro de nosotros mismos; pero, antes de desnudarnos espiritualmente ante nosotros mismos, hacerlo ante Dios y ante nuestros hermanos los hombres. Despojarnos de la pretensión de aparecer mejores de lo que somos, para tratar en cambio de ser sinceros y transparentes.
El comportamiento que, más que ningún otro indignaba a Jesús era, en efecto, la hipocresía. Cuántas veces dijo a sus discípulos: no hagáis "como los hipócritas" (Mt 6, 2.5.16), o a los que desacreditaban sus buenas acciones: "¡Ay de vosotros hipócritas!" (Mt 23, 13.15.23.25.27.29).
Señor Jesús, desnudo en la cruz, ayúdame a estar yo también desnudo ante ti.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 25 - 27
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

MEDITACIÓN
Jesús es clavado en la cruz. Una tortura tremenda. Y mientras está colgado en la cruz hay muchos que se burlan de él e incluso lo provocan: «A otros ha salvado y él no se puede salvar... ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libere ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?» (Mt 27, 42-43). Así se mofaban no sólo de su persona, sino también de su misión de salvación, la misión que Jesús estaba llevando a cumplimiento precisamente en la cruz.
Pero, en su interior, Jesús experimenta un sufrimiento incomparablemente mayor, que le hace prorrumpir en un grito: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34). Se trata, en verdad, de las palabras inciales de un salmo, que se concluye con la reafirmación de la plena confianza en Dios. Y, sin embargo, son palabras que hay que tomar totalmente en serio, ya que expresan la prueba más grande a la que fue sometido Jesús.
Cuántas veces, frente a una prueba, pensamos que hemos sido olvidados o abandonados por Dios. O incluso estamos tentados a concluir que Dios no existe.
El Hijo de Dios, que bebió hasta el fondo su amargo cáliz y luego resucitó de entre los muertos, nos dice, en cambio, con todo su ser, con su vida y su muerte, que debemos fiarnos de Dios. En él sí que podemos creer.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati
poenas mecum divide.


DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 28 - 30
Sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: "Tengo sed". Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: "Está cumplido". E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

MEDITACIÓN
Cuando la muerte llega después de una dolorosa enfermedad, se suele decir con alivio: "Ha terminado de sufrir". En cierto sentido, estas palabras sirven también para Jesús. Sin embargo, frente a la muerte de cualquier hombre y mucho más de ese hombre que es el Hijo de Dios, son palabras demasiado limitadas y superficiales.
Efectivamente, cuando Jesús muere, el velo del templo de Jerusalén se rasga en dos mientras tienen lugar otros signos, que hacen exclamar al centurión romano que estaba de guardia en la cruz: "Realmente éste era Hijo de Dios" (cf. Mt 27, 51-54).
En realidad, nada hay tan oscuro y misterioso como la muerte del Hijo de Dios, que junto con Dios Padre es la fuente y la plenitud de la vida. Pero, tampoco hay nada tan luminoso, porque aquí resplandece la gloria de Dios, la gloria del Amor omnipotente y misericordioso.
Frente a la muerte de Jesús, nuestra respuesta es el silencio de la adoración. Así nos encomendamos a él, nos ponemos en sus manos, pidiéndole que nunca nada, tanto en la vida como en la muerte, nos pueda separar de él (cf. Rom 8, 38-39).

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
cum emisit spiritum.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan. 2, 1 - 5
Había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino". Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora". Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él diga".

MEDITACIÓN
La hora de Jesús ya se ha cumplido y Jesús es depuesto de la cruz. Los brazos de su Madre están prontos para acogerlo. Después de haber gustado hasta el final la soledad de la muerte, Jesús encuentra enseguida -en su cuerpo exánime- al más fuerte y dulce de sus vínculos humanos, el calor del afecto de su Madre. Los mejores artistas, pensemos en la Piedad de Miguel Ángel, han sabido captar y expresar la profundidad y la fuerza indestructible de este vínculo.
Recordando que María, al pie de la cruz, se ha convertido en madre de cada uno de nosotros, le pedimos que ponga en nuestro corazón los sentimientos que la unen a Jesús. En efecto, para ser verdaderamente cristianos, para poder seguir de verdad a Jesús, hay que estar unidos a él con todo lo que hay dentro de nosotros: la mente, la voluntad, el corazón, nuestras pequeñas y grandes opciones cotidianas.
Sólo así Dios podrá ocupar el centro de nuestra vida, sin quedar reducido a una consolación que, aunque esté siempre a mano, no interfiera con los intereses concretos que nos impulsan a actuar.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
donec ego vixero


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo. 27, 57-60
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

MEDITACIÓN
Con la piedra que cierra la entrada del sepulcro, parece que todo haya acabado realmente. ¿Pero podía quedar prisionero de la muerte el Autor de la vida? Por eso, el sepulcro de Jesús, desde entonces hasta hoy, no sólo se ha convertido en el objeto de la más conmovedora devoción, sino que también ha provocado la más profunda división de las inteligencias y de los corazones: aquí se divide el camino que separa a los que creen en Cristo de los que, por el contrario, no creen en él, aunque a menudo lo consideren un hombre maravilloso.
Efectivamente, aquel sepulcro quedó vacío muy pronto y jamás se ha podido encontrar una explicación convincente de por qué quedó vacío, excepto la que dieron María Magdalena, Pedro y los otros Apóstoles, los testigos de Jesús resucitado de entre los muertos.
Ante el sepulcro de Jesús detengámonos en oración, pidiendo a Dios esos ojos de la fe que nos permitan unirnos a los testigos de la resurrección. Así, el camino de la cruz se convertirá también para nosotros en fuente de vida.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi goria. Amen.


DISCURSO DEL SANTO PADRE
Y BENDICIÓN APOSTÓLICA

El Santo Padre dirige su palabra a los presentes.
Al final del discurso, el Santo Padre imparte la Bendición Apostólica:

V/. Dominus vobiscum.
R/. Et cum spiritu tuo.
V/. Sit nomen Domini benedictum.
R/. Ex hoc nunc et usque in sæculum.
V/. Adiutorium nostrum in nomine Domini.
R/. Qui fecit cælum et terram.
V/. Benedicat vos omnipotens Deus,
Pater, et Filius, et Spiritus Sanctus.
R/. Amen.
CANTO
R. Crux fidelis, inter omnes arbor una nobilis,
Nulla talem silva profert, flore, fronde, germine!
Dulce lignum dulci clavo dulce pondus sustinens.
1. Pange, lingua, gloriosi prœlium certaminis,
Et super Crucis trophæo dic triumphum nobilem,
Qualiter Redemptor orbis immolatus vicerit. R.
2. De parentis protoplasti fraude factor condolens,
Quando pomi noxialis morte morsu corruit,
Ipse lignum tunc notavit, damna ligni ut solveret. R.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

domingo, 28 de marzo de 2010

VÍA CRUCIS MEDITADO

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Vía Crucis basado en el Diario de Santa Faustina


Publicado por Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Oración preparatoria:

Señor misericordioso, Maestro mío, deseo seguirte con fidelidad, deseo imitarte en mi vida cada vez más perfectamente, por eso te ruego que a través de la meditación de tu Pasión me concedas la gracia de compren­der cada vez mejor los misterios de la vida espiritual. María, Madre de la Misericordia , siempre fiel a Cristo, guíame por las huellas de la dolorosa Pasión de tu Hijo y alcánzame las gracias necesarias para que este vía crucis sea fecundo en mi corazón.

--------------------------------------------------------------------------------


I Estación - Jesús ante el Senedrín

Jesús a Santa Faustina: No te extrañes si a veces sospechan de ti injustamente. Yo por amor a ti, fui el primero en beber este cáliz„ de sufrimientos injustos (289). Cuando estaba ante Herodes he obtenido para ti la gra­cia de saber elevarte por encima del desprecio humano, de seguir, fielmente mis pasos (1164).

Santa Faustina: Jesús, somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos. El alma silenciosa es fuerte, ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio. El alma silen­ciosa es capaz de la más profunda unión con Dios (477).



Jesús misericordioso, ayúdame a que sepa aceptar cada juicio humano y no me dejes pronunciar nunca la sentencia de condena contra ti en mis prójimos.



II Estación: Jesús carga con la cruz

Jesús a Santa Faustina: No tengas miedo de los sufrimientos, Yo estoy contigo, (151 ). Cuanto más ames el sacrificio, tanto más puro será tu amor hacia mí (279).

Santa Faustina: Oh Jesús, te doy gracias por las pequeñas cruces, por las contrariedades con las que tropiezan mis propósitos, por el peso de la vida comunitaria, por una mala interpretación de mis in­tenciones, por las humillaciones por parte de los demás, por el comportamiento áspero frente a mí, por la salud débil y por el agotamiento de las fueras, por repudiar yo mi propia voluntad, por el anonadamiento de mi propio yo, por la falta de reconocimiento en todo, por los impedimentos hechos a todos mis planes (343).



Jesús misericordioso, enséñame apreciar las dificultades de la vida, la enfermedad, cada sufrimiento y con amor llevar esta cruz cotidiana.



III Estación: Jesús cae bajo el peso de la cruz

Jesús a Santa Faustina: Las culpas involuntarias de las almas no retienen mi amor hacia ellas ni me impiden unirme a ellas; sin embargo las culpas, aunque sean las más pequeñas pero voluntarias frenan mis gracias y a tales almas no las puedo colmar de mis dones (1641).

Santa Faustina: Oh Jesús mío, soy tan propensa al mal y eso me obliga a vigilarme continuamente, pero nada me desalienta, confío en la gracia de Dios, que abunda donde la miseria es la más grande (606).



Señor misericordioso, guárdame de cualquier infidelidad, aunque sea la más pequeña. pero voluntaria y consciente.



IV Estación: Jesús encuentra a su Madre

Jesús a Santa Faustina: Aunque todas las obras que surgen por mi voluntad están expuestas a grandes sufrimientos, sin embargo considera si alguna de ellas estuvo expuesta a mayores dificultades que la obra directamente mía- la obra de la Redención. No debes preocuparte demasiado por las contrariedades (1643).

Santa Faustina: Vi a la Santísima Virgen (…), que se acercó mí (…) y me dijo estas palabras: Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás. (449).



María, Madre de la Misericordia , está conmigo siempre, sobre todo en el sufrimiento, así como estabas en la vía dolorosa de tu Hijo.



V Estación: Simón Cirineo ayuda a Jesús a lleva la Cruz

Jesús a Santa Faustina: Permito contrariedades para multiplicar méritos. Yo no recompenso por el resultado positivo sino por la paciencia y el trabajo emprendido por mí (86).

Santa Faustina: Oh Jesús mío, tú no das la recompensa por el resultado de la obra, sino por la voluntad sincera y el esfuerzo emprendido; por lo tanto estoy completamente tranquila, aunque todas mis iniciativas y mis esfuerzos quedaran frustrados, ni fueran realizados jamás, si hago todo lo que está en mi poder, lo demás no es cosa mía (952).



Jesús, Señor mío, que cada pensamiento, cada palabra, cada actividad sean emprendidos sólo por amor a tí. Purifica mis intenciones.



VI Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Jesús a Santa Faustina: Has de saber que cualquier cosa buena que hagas a cualquier alma, la acojo como si la hubieras hecho a mí mismo (1768).

Santa Faustina: Aprendo a ser buena de Jesús, de Aquel que es lo bondad misma, para que pueda ser llamada hija del Padre Celestial (669). Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y solamente el amor da valor a nuestras acciones (303).



Señor Jesús. Maestro mío, haz que mis ojos, mis manos, mi boca, mi corazón... sean misericordiosos. Transfórmame en misericordia.



VII Estación: Jesús cae por segunda vez

Jesús a Santa Faustina: La causa de sus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en mí (1488). Debes saber que por ti misma no puedes nada (639). No eres capaz de recibir ni siquiera mis gracias sin mi ayuda (738).

Santa Faustina: Jesús no me dejes sola (..). Tú sabes, Señor, lo débil que soy. Soy un abismo de miseria, soy la nada misma. Por eso ¿qué habría de extraño si me dejaras sola y yo cayera si me dejaras sola? (1489). Por eso Tú, oh Jesús, tienes que estar continuamente conmigo como la madre cerca de su niño débil, y aún más (264).



Que me apoye tu gracia, Señor, para que no caiga continuamente en los mismos errores: y si caigo, ayuda que me levante y glorifique tu misericordia.



VIII Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Jesús a Santa Faustina: Oh, cuánto me agrada la fe viva (1420). Deseo que haya en ustedes más fe en el momento actual (352).

Santa Faustina: Te ruego ardientemente, Señor, que dejes reforzar mi fe para que en mi gris vida cotidiana no me guíe según la consideraciones hu­manas, sino según el espíritu. Oh, como todo atrae al hombre hacia la tierra, pero una fe viva mantiene el alma en una esfera más alta y al amor propio le asigna el lugar que le corresponde, es decir, el último (210).



Señor misericordioso, gracias por el santo Bautismo y la gracia de la fe. Vuelvo a llamar continuamente: ¡Señor, creo, aumenta mi fe!



IX Estación: Jesús cae por tercera vez

Jesús a Santa Faustina: Has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes ( ...)Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que me lo pidas, glorificas mi misericordia (1488).

Santa Faustina: Oh Jesús mío, a pesar de tus gracias, siento y veo toda mi miseria. Comienzo el día luchando y lo termino luchando; en cuanto aparto una dificultad, en su lugar surgen diez por superar, pero no me aflijo por ello, porque se muy bien que éste es tiempo de la lucha y no de la paz. (606).



Señor misericordioso, te doy, lo que es mi propiedad exclusiva, es decir el pecado y la debilidad humana. Te ruego que mi miseria se ahogue en tu insondable misericordia.



X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Jesús a Santa Faustina: Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos. De repente el Señor me dijo: La esposa debe asemejarse al Esposo.

Santa Faustina: Entendí estas palabras en profundidad. Aquí no hay lugar para ninguna duda. Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y de la humildad (268).



Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón según tu Corazón.



XI Estación: Jesús es clavado en la cruz

Jesús a Santa Faustina: Discípula mía, ten un gran amor para aquellos que te hacen sufrir; haz el bien a quienes te odian (1628).

Santa Faustina: Oh Jesús mío, tú sabes qué esfuerzos son necesarios para tratar sinceramente y con sencillez, con aquellos de los cuales nuestra naturaleza huye, o con los que nos hicieron sufrir consciente o inconscientemente, esto es imposible humanmente. En tales momentos más que en otras ocasiones, trato de descubrirte a ti, Jesús, en aquellas personas y por ti hago el bien para ellas (comparar 766).



Oh Amor purísimo, reina totalmente en mi corazón y deja amar lo que supera la medida humana (comparar 328).



XII Estación: Jesús muere en la cruz

Jesús a Santa Faustina: Todo esto es, por la salvación de las almas. Reflexiona, hija mía, sobre lo que haces tú para su salvación (1184).

Santa Faustina: Entonces vi a Jesús clavado en la cruz. Después de estar Jesús colgado en ella vi toda una multitud de almas crucificadas con Jesús. Y vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas. La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz, en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz, detrás de sí y estaban descontentas. Entonces Jesús me dijo:

Jesús: Ves, esas almas que se parecen a mí en el sufrimiento y en el desprecio, también se parecerán a mí en su gloria; y, aquellas que menos se asemejan a mí en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes también en mi gloria (446).



Jesús, Salvador mío, escóndeme en el fondo de tu Corazón para que alimentada con tu gracia pueda asemejarme a ti en el amor a la cruz y participar en tu gloria.



XIII Estación: Jesús es bajado de la cruz

Jesús a Santa Faustina: El alma más querida para mí es la que cree fuertemente en mi bondad y la que tiene confianza plenamente; le ofrezco mi confianza y le doy todo lo que pide (453).

Santa Faustina: Acudo a tu misericordia, Dios compasivo, sólo Tú eres bondad. Aunque mi miseria es grande y mis ofensas muchas, confío en tu misericordia porque eres Dios de misericordia y desde tiempo inmemorial nunca se ha oído, ni el cielo ni la tierra recuerdan que un alma confiada en tu misericordia haya quedado decepcionada. (1730)



Jesús misericordioso, cada día multiplica en mí la confianza en tu misericordia para que siempre y en todas partes dé testimonio de tu bondad y tu amor infinito.



XIV Estación: Jesús es puesto en el sepulcro

Jesús a Santa Faustina: Aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con mi gracia y lucha por mi reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán los días del destierro, con ellos la oportunidad de adquirir méritos para el cielo. Espero de ti (...) un gran número de almas que glorifique mi misericordia durante toda la eternidad (1489).

Santa Faustina: A cada alma que me has confiado, oh Jesús, procuraré ayudarla con la oración y el sacrificio, para que tu gracia pueda obrar en ella. Oh gran Amante de las almas, oh Jesús mío, te agradezco por esta gran confianza, ya que te has dignado confiar estas almas a nuestro cuidado (245).



Haz Señor misericordioso, que no perezca ni una sola alma de las que me has confiado.

--------------------------------------------------------------------------------



Oración después del Vía Crucis:

Jesús mío, mi única esperanza, te agradezco este gran libro que has abierto delante de las ojos de mi alma. Este gran libro es tu Pasión afrontada por amor hacia mí. De este libro he aprendido cómo amar a Dios y a las almas. En él están encerrados inagotables tesoros (...). Oh Jesús, que pocas son las almas que te entienden en tu martirio de amor (...). Feliz el alma que ha entendido el amor del Corazón de Jesús (304).

SEGUIR LEYENDO LA NOTA