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miércoles, 27 de mayo de 2009

Materiales Litúrgicos y Catequéticos: Pentecostés

Publicado por Juan Jauregui

(El sacerdote sale de la parte trasera de la Iglesia precedido por una cruz procesional y siete velas rojas apagadas, portadas por siete niños y que después se encenderán...)

Moniciones de entrada

(A)
Durante cincuenta días la Iglesia ha ido proponiendo a los fieles lo que es la nueva vida según el Espíritu. Ahora, el final es la celebración del envío del Espíritu sobre los discípulos para que todo lo dicho y escuchado pueda ser realidad en ellos.
La imagen mejor del día de Pentecostés es la imagen de la “nueva creación”. Es posible una creación nueva, es posible la novedad, es posible el hombre nuevo, es posible la aspiración secreta que el hombre lleva dentro, es posible una raza nueva de profetas que anuncien la obra de Dios en el mundo, es posible la renovación interior del hombre. Es posible lo imposible, por obra del Espíritu.
Los sencillos podrán entender los secretos de Dios; los soberbios quedarán al margen de la salvación. Dios, misterio profundo de amor, abre las puertas de su misterio a todos los de corazón pobre.


(B)
Hoy, día de Pentecostés, evocamos una experiencia eclesial muy importante: El Espíritu desciende sobre los apóstoles, los llena de coraje y los lanza a evangelizar, dando testimonio del Señor Jesús. Pentecostés es la fiesta cristiana de la madurez, de la comunidad en acción. Se nos ha dado el Espíritu Santo para hacer fraternidad, Reino de Dios, y para difundir apasionadamente el Evangelio.
Celebremos gozosamente este don en nuestra Comunidad. Sin duda que hay pecado en nosotros; pero el Espíritu es iluminación, empuje, acierto y generosidad.

(C)
¡Ven Espíritu Santo! Este es el grito que lanza hoy toda la Iglesia. En esta fiesta de Pentecostés celebramos que Dios derrama su amor sobre nosotros, dándonos su Espíritu y que, con Él, la vida de Jesucristo es también vida para nosotros.
Pentecostés es una fiesta de reunión y de convivencia. Es lo contrario de Babel, que significa confusión. Los apóstoles después de la muerte de Jesús estaban asustados, y el Espíritu los unió. Eran débiles, y los hizo fuertes.
Jesús nos envía su Espíritu a todos los cristianos para que podamos realizar en nuestras vidas lo que Jesús nos ha enseñado.

Bendición y aspersión del agua

El día de Pascua se bendijo el agua, símbolo de nuestro bautismo y que nos recuerda que hemos nacido a una vida nueva con Cristo. Hoy repetimos este signo porque es el Espíritu Santo el que nos hace renacer.

Bendición:
Padre, Tú has hecho que la muerte de Jesús sea fuente de vida para los hombres.
Todos: Ven y bendícenos.
Cristo, Tú nos has regalado tu palabra de vida.
Todos. Ven y bendícenos.
Espíritu Santo. Tú haces que vivamos de la misma manera que Jesús resucitado.
Todos: Ven y bendícenos.

Sacerdote: Dios Padre, que estás con nosotros renovando tus maravillas por medio de los sacramentos, ben+dice esta agua y concede que todos los que hemos sido bautizados vivamos testimoniando tu Pascua y comunicando a todos los hombres la alegría de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
(El sacerdote toma el hisopo y hace la aspersión...)

Oración: Que Dios Padre nos purifique del pecado y nos envíe su Espíritu para que vivamos unidos en Cristo hasta que estemos con él en el cielo. Amén.

Oración colecta

Que tu Espíritu, Señor, nos una a todos los que, en el mundo,
quieren ser testigos de tu amor.
En unión con el Papa que preside la Iglesia.
En unión con los hombres que consagran su vida a instaurar la paz
y la comprensión entre los pueblos.
En unión con todos los que trabajan para convencer a las naciones ricas a que den
sin esperar nada a cambio.
En unión con todos los que dan sin calcular y reparten sus bienes,
los superfluos y los necesarios.
De esta forma,esta tierra endurecida empezará a ser más habitable para todos
y Jesucristo vivirá con cada uno de los hombres. Tú que vives...

Escuchamos la Palabra

Monición a la Lectura

En la fiesta de Pentecostés los discípulos de Jesús, con María, su madre, reciben la fuerza del Espíritu, tal como había prometido el Señor. Se manifiesta como viento y como fuego, como lengua común, para que todos puedan escuchar la palabra. Los discípulos quedan transformados por esta maravillosa energía que les viene del cielo.

Monición al Evangelio

Pentecostés señala el comienzo de una nueva época en la historia del hombre; ahora es el tiempo de la justicia, del perdón y del amor, es el tiempo de que construyamos entre todos el Reino de Dios, y de que la Iglesia esté en la primera fila de los más esforzados trabajadores en esta tarea.


Homilías

(A)
Resulta patente que la fe en el Espíritu está cubierta de cenizas, no llamea. Los Santos Padres lamentaban que fuera el “gran desconocido”.
No. No se trata de promover una devoción más a la tercera persona de la Trinidad., sino de una actitud en el modo de vivir la fe. Si no tenemos una fe viva en la presencia y la acción del Espíritu, nuestro cristianismo se reduce a voluntarismo, moralismo o minimalismo rastrero.
Si no cuento con la acción del Espíritu, si soy yo el que tengo que valerme para vivirlo según mis propias fuerzas, si tenemos que salir a la mar con nuestro botecito, sin motor y sin velas, sólo con remos, sentiremos miedo como los apóstoles y nos quedaremos muy cerca de la costa, seremos muy tímidos y apocados a la hora de hacer nuestros compromisos. Nuestra vida humana y cristiana no tendrá entusiasmo ni alegría ni empuje. Pero, si creemos que llevamos dentro la fuerza divina del Espíritu de Jesús, seremos imparables. En la Ascensión recibimos la encomienda, en Pentecostés se nos dice a todos los discípulos: No temáis porque “seréis revestidos con la fuerza del Espíritu”.
Todos creemos que el Espíritu hizo maravillas en aquel puñado de pescadores; nadie duda de que los transformó de apocados en intrépidos. Pero la fe viva no consiste en eso solamente, sino en creer que aquellos milagros son paradigmas de los que el Espíritu puede y quiere realizar en los creyentes de todos los tiempos. Por ejemplo, Jesús nos pregunta como al paralítico: “¿Crees que puedo curarte, recrearte, hacerte nacer de nuevo mediante la acción del Espíritu? Tener fe es responder: “Sí, Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”.
La verdadera fe en el Espíritu no consiste sólo en saber que existe, que procede del Padre y del Hijo y que fue derramado sobre el grupo apostólico, sino en creer que habita dentro de nosotros, en la familia, en la comunidad y en la parroquia, como fuente de energía, con la cual podemos ser hombres y mujeres nuevos, revestidos de coraje para dar testimonio en el mundo, como aquellos sencillos hombres y mujeres que convivieron con Jesús. Pero, para ello, se necesita una fe llameante. ¿No sabéis que sois templos del Espíritu Santo?.
La Iglesia ora en la liturgia de hoy: “Oh Dios... no dejes de realizar en el corazón de tus fieles aquellas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica”. Dentro de nosotros habitan unas energías, unas potencialidades que ni soñamos. Sólo la fe en el Espíritu las libera.
¿Qué es lo que hace el Espíritu?
En un primer momento, congregar, unir; es Espíritu de comunión. Así nos lo presentan los escritos del Nuevo Testamento. La comunidad de Jerusalén es fruto de la acción del Espíritu que congrega en fraternidad por encima de diferencias de raza, cultura y nación. Es el Espíritu el que hace que tengan “un solo corazón y una sola alma”.
Reunidos en comunidad, el Espíritu nos hace nacer de nuevo, como dice Jesús a Nicodemo, nos transforma en hombres y mujeres nuevos: generosos, alegres, libres, fuertes... hasta el punto de provocar el comentario: “¡Qué cambiado estás, pareces otro!”.
El Espíritu nos fortalece y enriquece con carismas para que, como los primeros discípulos, seamos testigos de Jesús en el mundo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu para que seáis mis testigos”. Recibimos los dones del Espíritu no sólo para nosotros, sino para cumplir nuestra misión de ser sal, fermento y luz en el mundo, para que sembremos con generosidad las semillas del bien, para que construyamos el Reino.
Para que el Espíritu realice maravillas, repita sus milagros, es necesario:
Tener conciencia viva de su presencia dinámica en la interioridad de cada persona, de cada comunidad y de cada familia. Él es el manantial oculto, como le manifiesta Jesús a la Samaritana.
Dejarse llevar por sus impulsos de superación. Cuando a través del testimonio de otros cristianos, de experiencias fuertes, recibimos la llamada: ¿por qué no cambias? ¿por qué no das un paso adelante? ¿por qué no te liberas de la mediocridad? ¿por qué no te comprometes?, es el Espíritu que nos empuja desde dentro. No rechacéis las llamadas, “no apaguéis el Espíritu”.
Creer vivamente que puede y quiere hacer maravillas. No sólo ha hecho prodigios, “milagros”, en otros tiempos y en otros lugares, sino que los puede repetir en nosotros. El Espíritu es como el genio que un niño lleva dentro dormido y que es preciso despertar. Si creemos de verdad en la acción del Espíritu, si seguimos sus impulsos, hoy mismo será Pentecostés.

(B)
La Iglesia anda hoy preocupada por muchas cosas. Las gentes abandonan la práctica religiosa. Dios parece interesar cada vez menos. Las comunidades cristianas envejecen. Todo son problemas y dificultades. ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué será de la fe en la sociedad de mañana?
Las reacciones son diversas. Hay quienes viven añorando con nostalgia aquellos tiempos en que la religión parecía tener respuesta segura para todo. Bastantes han caído en el pesimismo: es inútil echar remiendos, el cristianismo se desmorona. Otros buscan soluciones drásticas: hay que recuperar las seguridades fundamentales, fortalecer la autoridad, defender la ortodoxia. Sólo una Iglesia disciplinada y fuerte podrá afrontar el futuro.
Pero, ¿dónde está la verdadera fuerza de los creyentes? ¿De dónde puede recibir la Iglesia vigor y aliento nuevo? En las primeras comunidades cristianas se puede observar un hecho esencial: los creyentes viven de una experiencia que ellos llaman “el Espíritu” y que no es otra cosa que la comunicación interior del mismo Dios. Él es el “dador de vida”. El principio vital. Sin el Espíritu, Dios se ausenta, Cristo queda lejos como un personaje del pasado, el evangelio se convierte en letra muerta, la Iglesia es pura organización. Sin el Espíritu, la esperanza es reemplazada por la charlatanería, la misión evangelizadora se reduce a propaganda, la liturgia se congela, la audacia de la fe desaparece.
Sin el Espíritu, las puertas de la Iglesia se cierran, el horizonte del cristianismo se empequeñece, la comunión se resquebraja, el pueblo y la jerarquía se separan. Sin el Espíritu, la catequesis se hace adoctrinamiento, se produce un divorcio entre teología y espiritualidad, la vida cristiana se degrada en “moral de esclavos”. Sin el espíritu, la libertad se asfixia, surge la apatía o el fanatismo, la vida se apaga.
El mayor pecado de la Iglesia actual es la “mediocridad espiritual”. Nuestro mayor problema pastoral, el olvido del Espíritu. El pretender sustituir con la organización, el trabajo, la autoridad o la estrategia lo que sólo puede nacer de la fuerza del espíritu. No basta reconocerlo. Es necesario reaccionar y abrirnos a su acción.
Lo esencial hoy es hacer sitio al Espíritu. Sin Pentecostés no hay Iglesia. Sin Espíritu no hay evangelización. Sin la irrupción de Dios en nuestras vidas, no se crea nada nuevo, nada verdadero. Si no se deja recrear y reavivar por el Espíritu Santo de Dios, la Iglesia no podrá aportar nada esencial al anhelo del hombre de nuestros días.

(C)

Comenzamos por recordar que la fiesta de Pentecostés es una de las fiestas más grandes del calendario cristiano. Jesús había hablado muchas veces a sus discípulos de que les enviaría el Espíritu Santo, al que él nombra, según los momentos, como Espíritu Consolador., Espíritu de la Verdad, Paráclito o Fuerza de lo Alto. Al despedirse Jesús de sus discípulos, les recomendó que aguardaran unidos lo que les había prometido: la venida del Espíritu. Durante la fiesta judía de Pentecostés, estando los discípulos reunidos, ocurrieron cosas maravillosas. Cuenta la primera lectura que se “llenaron todos del Espíritu Santo”. Ese día, los cristianos sintieron en su alma la presencia del Espíritu de Dios. Debió de ser una experiencia nueva, iluminadora, fuerte, gozosa, impresionante. En la mañana de aquel día de fiesta, los cristianos salen a las calles invadidos por una locura o un delirio especial. Hasta oyen comentarios de gentes que los toman por borrachos. Pero lo que está ocurriendo en su interior es algo infinitamente más hermoso e inefable: sienten en su alma la presencia del Espíritu de Dios que los inunda. No estaban solos ni abandonados a sus pobres fuerzas. Otra presencia les guía y les empuja. Y es que el Espíritu de Dios anda en aquella pequeña Iglesia. Desde ese momento, el evangelio de Jesús se va haciendo vida en cada comunidad cristiana. Veremos a los primeros cristianos que comparten sus bienes, se perdonan, se ayudan como hermanos, contagian su fe y la celebran con alegría de corazón. Es el Espíritu de Dios el que los sostiene.
Sabemos bien que el Espíritu de Dios también va con nosotros poniendo en pie multitud de grupos, comunidades, gentes generosas, misioneros, catequistas, mártires...etc. ¿Cómo, si no, podríamos explicar, por ejemplo, que en estos tiempos haya personas que marchen de misioneros al corazón de África, donde pueden morir asesinados en cualquier momento? ¿Cómo explicar que haya personas que están gastando su vida con los más desgraciados de la tierra: pobres, enfermos, desamparados?
El Espíritu de Dios está en toda obra buena que salga de nosotros. Y hay muchas obras buenas que llevan la marca del Espíritu de Dios y hay muchas personas buenas que traslucen rasgos de Jesús.
Son todas esas personas que se desviven para hacer que el mundo funcione un poco mejor. Sabemos que nuestras parroquias son un vivero de gentes generosas.
Jesús decía: “Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros. Recibid el Espíritu Santo”. Resulta bonito pensar que cada uno de nosotros es enviado para hacer presente a Jesús en nuestro mundo. Llevamos dibujada en el alma la figura entrañable de Jesús y la tienen que ver los niños, los pobres, los que sufren, los desgraciados del mundo. Hacemos presente a Jesús en nuestro pueblo, en nuestra casa y en nuestro trabajo. NO vamos por la vida solo con nuestra pobreza. El Señor nos ha equipado bien. Para hacer nuestra tarea de cristianos, Jesús también nos da a nosotros su Espíritu. Eso es lo que celebramos en esta fiesta de Pentecostés.

Plegaria de los fieles

(A)
Pidamos al Padre que nos envíe y nos robustezca con la fuerza del Espíritu de Jesús.

Todos: Envía, Señor, tu Espíritu de amor

Que tu Espíritu llene la tierra.
Que tu Espíritu llegue a todos los hombres.
Que tu Espíritu ablande los corazones empobrecidos.
Que tu Espíritu ilumine a los que están en la noche.
Que tu espíritu nos regale sus dones.
Que tu Espíritu nos inspire lo que te es grato.
Que tu Espíritu guíe a los que te buscan.
Que tu Espíritu nos dé el gusto de las bienaventuranzas.

Envía tu Espíritu, Señor, para que siempre vivamos en tu presencia. Por JNS...

(B)

Movidos por el Espíritu, oremos con unánime corazón a Dios nuestro Padre, por mediación de su Hijo Jesucristo, diciendo:

Todos: Envía, Señor, tu Espíritu de amor.

Que tu Iglesia no se convierta en un fin en sí misma y se deje animar por tu Espíritu. OREMOS...
Que los pastores de tu Iglesia sepan descubrir, valorar y desarrollar los dones de cada cristiano al servicio del bien común. OREMOS...
Para que los cristianos por medio del discernimiento en el Espíritu ayuden al mundo a encontrar los cauces de la paz y la justicia. OREMOS...
Para que nuestra comunidad (parroquial) celebre esta fiesta como un auténtico día de envío y compromiso. OREMOS...

Envía, Padre, tu Espíritu y derrama sobre todos la abundancia de tus dones. Por JNS

(C)

Conscientes de nuestra incapacidad para todo, te pedimos, Padre, en este día santo de Pentecostés, que derrames sobre nosotros el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús:

Todos: Envía, Señor, tu Espíritu de amor.

Para que la Iglesia se santifique.
Para que todos los pueblos caminen hacia el entendimiento y la solidaridad.
Para que los sufren se sientan confortados.
Para que los que dudan se sientan iluminados.
Para que los que están divididos se reconcilien.
Para que los que viven en soledad y tristeza sean consolados.
Para que los que viven en el vicio y el pecado sean liberados.
Para que los que luchan por la justicia se sientan gratificados.
Para que a todos los hombres llegue tu Espíritu.
Para que todos nosotros recibamos la abundancia de tus dones.

Envía, Señor, tu Espíritu para que sea siempre nuestra fuerza y nuestro consuelo.

Ofrenda:

Gesto: Globo terráqueo y siete velas pequeñas.

Nuestro mundo vive inmerso en el desconcierto y en la inseguridad. No ve claro el rumbo de la historia, no entiende sus propias actuaciones, no vislumbra el sentido de su vida.
El cristiano ha visto iluminados estos interrogantes por Jesucristo. Y tiene una tarea urgente: compartir esa luz para que otros también puedan ver.
Presentamos como símbolo este globo terráqueo que nos representa a todos: niños y jóvenes, hombres y mujeres, que compartimos el mismo suelo, el mismo aire, las mismas inquietudes. Las velas que colocamos alrededor nos recuerdan la misión del cristiano: ser luz

(Se realiza el gesto...)

Oración sobre las ofrendas

Tú has encendido, Señor, una nueva luz en nuestro interior
gracias al fuego del Espíritu Santo que ha iluminado nuestros corazones.
Haz que, guiados por esa luz podamos encontrar la verdad,
ponerla a tu servicio y darla a conocer a todos los que viven a nuestro alrededor. Por JNS...

Prefacio

En verdad es justo y necesario,
nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre Santo, Dios todopoderoso.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual,
enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos
por su participación en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que,
desde el comienzo,
fue el alma de la Iglesia naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios
a todos los pueblos;
el Espíritu que congregó
en la confesión de una misma fe
a los que el pecado
había dividido en diversidad de lenguas.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan el himno de tu gloria
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...


Padrenuestro

Este es el día, Señor, en el que das tu aliento de vida a este mundo hambriento y sin fuerzas: en el que enciendes un fuego de amor en el corazón de los hombres; éste es el día en el que estamos llamados a reunirnos para formar una sola familia.
Movidos por el mismo Espíritu, te admiramos y llenos de alegría te decimos: Padre nuestro...

Nos damos la Paz

Señor Jesús, tu Espíritu está en medio de nosotros oculto, pero cercano y dispuesto a traernos tu Paz. Que este Espíritu de amor haga realidad entre nosotros la Paz que todos deseamos...

Compartimos el pan

El Espíritu es vínculo de unidad. Por eso, al compartir hoy entre nosotros la Paz, dejemos que el Espíritu sea quien restaure nuestras relaciones y fortalezca nuestra unidad. Que la paz del Señor Resucitado esté con todos vosotros...

Oración

Cristo, Señor, no nos dejes huérfanos.

Envíanos el soplo del Espíritu que nos haga saltar de alegría.

Envíanos el Espíritu que seque nuestras lágrimas.

Envíanos el Espíritu que haga surgir nuevas esperanzas
y nos muestre los caminos que nosotros solos no podemos seguir.

Envíanos el Espíritu que haga germinar en nosotros
la palabra que nos dejaste y los gestos que realizaste entre nosotros
para que no se apaguen los signos del reino que has inaugurado
y vive y vivirá para siempre. Amén.

Envío

Ven, Espíritu Santo, quedan aún muchos muros por derribar;
todavía no hemos aprendido a hablar lenguas que todos entiendan,
y sigue habiendo guerras estúpidas sin terminar....

Todos: “Ven, Espíritu de amor”.

Ven, Espíritu Santo y envía tu aliento sobre todos
los que construyen el futuro, sobre los que conservan los valores,
sobre los que protegen la vida, sobre los que creen y esperan...

Todos: “Ven, Espíritu de amor”.

Ven, Espíritu de Amor, y llena las casas de los hombres,
las ciudades y los pueblos de los hombres, el mundo y el universo de todos los seres.
Ven, Espíritu Santo y permanece siempre con nosotros y en nosotros.

Todos: “Ven, Espíritu de amor”.

Bendición

El Espíritu Santo que hemos recibido no es para nuestro lujo personal y para encerrarlo en nuestros corazones, sino para proclamarlo y hacerlo presente en la construcción de la comunidad y en la creación de un mundo mejor. Hagámoslo, desde ahora ya, con alegría y valentía, siguiendo el ejemplo de la primera Iglesia, sabiendo que es el Espíritu quien nos ayuda y fortalece con su presencia vivificadora. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R/. Amén.

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jueves, 9 de abril de 2009

V I E R N E S S A N T O: CELEBRACIÓN LITÚRGICA

El Viernes Santo no hay celebración de la Eucaristía, por una antigua tradición de la Iglesia, más o menos explicable. En su lugar se celebra una "Acción Litúrgica" que tiene tres partes:

• la lectura de la Palabra
• la oración
• la adoración de Cristo Crucificado.

La comunión, introducida recientemente, no parece tener mucho sentido desplazada de la celebración de la Eucaristía pero tiene hoy una significación muy especial.

1.- LAS LECTURAS.
Acudimos a La Palabra para refrescar nuestra fe. Recibimos un mensaje fundamental, la lectura de la Pasión, precedido de otros dos, que subrayan aspectos parciales de nuestra fe en Jesús Crucificado: el primero, de la profecía de Isaías y el segundo de la Carta a los Hebreos.

Primera lectura, del Profeta Isaías ( 53 )
Al final del llamado Libro de Isaías aparece en cuatro textos una figura un tanto enigmática, que se ha llamado “El Siervo de Yahvé”. Es la viva contraposición del Mesías Davídico triunfante. Frente a la figura de la presencia poderosa de Dios que viene desde el poder, la figura del “siervo sufriente”, el que carga con las culpas de otros. Es le teología de la cruz, en toda su crudeza.
La Iglesia ha visto en estos párrafos una prefiguración de Jesús, que no es la presencia mesiánica triunfadora sino la entrega incondicional, a través del sufrimiento incluso hasta dar la vida.
He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera. Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana - otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.
¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló? Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.
El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca. Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes. (Is 52:13-53:12)

Segunda lectura, de la carta a los Hebreos. (4,14 – 5,10)
En toda esta carta, se toman figuras del Antiguo Testamento para explicar desde ellas a Jesús. Aquí se compara a Jesús con el Sumo Sacerdote del templo de Jerusalén que, siendo hombre pecador como los demás, ofrece sacrificios por el pueblo. Así Jesús, uno de nosotros, asume la vida y muerte del hombre en sacrificio agradable a Dios. Es importante darnos cuenta de que esta es una manera de explicar a Jesús para gente que conocía muy bien la función de los sacerdotes, los sacrificios, las expiaciones ... los ritos judaicos. Para nosotros, todas estas
comparaciones resultan un poco lejanas. No debemos olvidar que son expresiones simbólicas. Nos merecen gran respeto, pues con ellas expresaron su fe en Jesús las primeras comunidades de creyentes.
Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y
hallar gracia para una ayuda oportuna.
Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para
siempre, a semejanza de Melquisedec. El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec.

Tercera Lectura. LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN.
Las lecturas culminan con la Pasión. Es el relato de Juan, en el que la figura de Jesús aparece majestuosa, dueño de sí mismo. Ni siquiera se hace alusión al "abandono" de Jesús. ( Juan es el único evangelista que tampoco habla del sudor de sangre y la angustia de Getsemaní). Es una pasión triunfal, en que Jesús asume la cumbre de su vida como una ofrenda libre y consciente. Ya hemos estudiado detenidamente la Pasión. Ahora se trata de “proclamarla”. Hacemos una lectura como creyentes. Debemos "disfrutar" de la lectura, como modo de contemplación: contemplemos el amor de Dios hecho visible en Jesucristo.


2. LA ORACIÓN UNIVERSAL

Reunida ante Jesús crucificado, la Iglesia entra en oración, agrupando ante Él todas las necesidades de la humanidad. Pasamos revista a todas las personas del mundo, creyentes y n o creyentes. Es un momento enormemente intenso, puesto que ponemos ante la muerte de Cristo todo el mundo, como acogiéndolos a todos junto a Jesús crucificado, y pidiendo por la salvación de todo el género humano.


3. LA ADORACIÓN DE LA CRUZ

La cruz, el patíbulo en que está colgado Cristo muerto, es el escándalo. Que alguien muera ahí es para que todos odiemos la cruz, la aborrezcamos, como símbolo vivo de la humillación de Jesús.
Pero desde la fe, la cruz se convierte en la demostración máxima de la entrega de Jesús: Jesús fue consecuente hasta el final, por eso creemos en Él. Más aún, en esa entrega de Jesús conocemos a Dios mismo. Jesús es capaz de ir hasta el final, hasta la misma cruz, por la fuerza del mismo Dios que estaba en Él. Por eso veneramos su cruz, porque en ella hemos podido conocer mejor de qué es capaz el amor de Cristo y el amor de Dios.
"Por la cruz a la resurrección" se convierte así en la síntesis profunda de la vida del cristiano. La aceptación de la cruz como elemento de salvación es la aceptación de la vida en servicio, como aceptación de la voluntad de Dios sobre nosotros. Es la aplicación de las lecturas de Filipenses y de Hebreos. Adoramos hasta el patíbulo de Cristo, porque el Espíritu de Dios ha podido dar sentido hasta a esa muerte infamante.
La adoración de la cruz es un signo de respeto y amor por algo tan unido al momento más dramático de la vida de Jesús. Pero tiene más sentido. Es la aceptación de la vida como cruz, la profesión de fe en que la cruz no es final sino camino. En la cruz que adoramos está Jesús muerto; solamente podemos adorarla porque sabemos que Jesús no está muerto, que ahora, mientras le contemplamos muerto, está vivo y sentado a la diestra de Dios.


4. LA COMUNIÓN

Hoy no se celebra la Eucaristía. La Iglesia lo ha hecho así como señal de duelo. Hoy no hay “celebración”. Es una antigua costumbre, más o menos razonable. Pero los cristianos echaban de menos la comunión, y desde hace algunos se la incluye en la celebración.
Hoy, Viernes Santo, con el recuerdo vivido y cercano de Jesús entregado hasta la muerte en cruz, comulgar adquiere un significado muy especial: se trata de comulgar con Él, en el sentido más profundo de la palabra comulgar; estar de acuerdo, estar con él, aceptarlo, adherirse a Él.
Esta comunión con Jesús subraya, hoy más que nunca, el sentido de compromiso que tiene la fe. Comulgar con Jesús significa aceptar una invitación: Jesús se sentía hijo y vivió como hijo; Jesús entregó su vida para que nos enterásemos de que somos hijos y viviéramos como hijos; Jesús invitó, y sigue invitando a vivir así.
Comulgar significa aceptar: aceptar que soy hijo, aceptar vivir como hijo, aceptar el encargo de anunciar esto, de preocuparse por los hijos. Siempre es así la comunión, pero hoy parece que este aspecto de adhesión a Jesús queda subrayado de manera muy especial, porque se hace en el momento en que contemplamos lo que le costó a Jesús todo eso.
Aceptar a Dios a pesar de la cruz, del mal de la vida y del mundo.
Aceptar que la cruz de los demás es mi cruz y estar dispuesto a compartirla.
Aceptar que la cruz es sólo camino, pero no final.
Aceptarlo porque creemos en Jesús, el Hijo entregado hasta la muerte.
Tuvo mucha razón el pueblo cristiano cuando reclamó que el Viernes Santo no podía pasar sin COMULGAR CON EL CRUCIFICADO.

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lunes, 16 de febrero de 2009

Cuatro preguntas con respuestas sobre el ayuno cristiano

Escrito por Ángel Rubio Castro - Obispo de Segovia

Evidentemente, el ayuno penitencial es muy diferente al de las dietas terapéuticas. Pero a su manera se le puede considerar como una terapia del alma.Image

1).-¿Qué hizo y dice Cristo en el Evangelio?

- Jesús después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre (Mt. 4,2)

Jesús dijo: Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. (Mt. 6, 16-17)


2).-¿Qué nos enseña la Iglesia?

La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición procurando mediante el ayuno, disponernos a recibir mejor las gracias del Señor. Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado varios días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a si mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia (c. 1249)

Son días de abstinencia de carne:

Todos los viernes de Cuaresma que no coincidan en fiesta de precepto.

Son días de ayuno y abstinencia de carne el miércoles de ceniza - este año el 25 de Febrero y el Viernes Santo, el 10 de abril.

La abstinencia de carne obliga a todos los que han cumplido catorce años. El ayuno obliga a todos los mayores de edad, hasta el comienzo de los sesenta.

Los viernes durante el año son días de penitencia sino coinciden en día de precepto. De suyo son días de abstinencia de carne, que puede sustituirse por otras formas de penitencia, oración y limosna.



3).-¿Qué sentido tiene el ayuno en el mundo actual?

Quien experimenta el hambre porque voluntariamente se priva del alimento, puede llegar a comprender la injusticia que sufren quienes no tienen que comer, no un día, sino muchos, incluso meses y años de hambre. Experimentar el hambre en la fórmula pedagógica para combatirla. El ayuno para que agrade a Dios debe ir unido con el amor del prójimo y comportar una búsqueda de la verdadera justicia. Es tan inseparable de la limosna como la oración. El ayuno no es mera hazaña ascética. Debe ser un gesto cristiano, una experiencia de piedad y devoción. Ayunar es saber prescindir, renunciar a las posibilidades de apropiación, compartir, superar el individualismo para enriquecer a los demás.



4).-¿Qué ocurre en nuestros días según el Papa Benedicto XVI?

En el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la cuaresma de 2009, afirma: En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes, es en primer lugar una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios….

“Ayunar por voluntad propia ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano que se inclina y socorre al hermano que sufre. Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño”.

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martes, 2 de diciembre de 2008

El Adviento, tiempo de santidad: Catequesis de Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy con el primer domingo de Adviento, entramos en ese tiempo de cuatro semanas con el que comienza el nuevo año litúrgico y que inmediatamente nos prepara para la fiesta de Navidad, memoria de la encarnación de Cristo en la historia. El mensaje espiritual del Adviento es sin embargo más profundo y nos proyecta ya hacia la venida gloriosa del Señor, al final de la historia. Adventus es una palabra latina, que podría traducirse como "llegada", "venida", "presencia". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico que indicaba la llegada de un funcionario, en particular la visita de un rey o de los emperadores a las provincias, pero podía usarse también para la aparición de una divinidad, que salía de su morada oculta y manifestaba así su poder divino: su presencia era celebrada solemnemente en el culto.

Adoptando el término Adviento, los cristianos querían expresar la relación especial que los unía a Cristo crucificado y resucitado. Él es el rey, que, entrando en esta pobre provincia llamada tierra, nos ha hecho el don de su visita y, tras la resurrección y ascensión al Cielo, ha querido seguir permaneciendo con nosotros; percibimos esta misteriosa presencia suya en la asamblea litúrgica. Celebrando la Eucaristía, proclamamos de hecho que Él no se ha retirado del mundo y que no nos ha dejado solos, y, aunque no lo podamos ver o tocar como sucede con las realidades materiales y sensibles, Él está con todo con nosotros y entre nosotros; es más, está en nosotros, porque puede atraer a sí y comunicar su vida a todo creyente que le abre el corazón. Adviento significa por tanto hacer memoria de la primera venida del Señor en la carne, pensando ya en su vuelta definitiva y, al mismo tiempo, significa reconocer que Cristo presente entre nosotros se hace nuestro compañero de viaje en la vida de la Iglesia que celebra este misterio. Esta conciencia, queridos hermanos y hermanas, alimentada en la escucha de la Palabra de Dios, debería ayudarnos a ver el mundo con ojos distintos, a interpretar los distintos acontecimientos de la vida y de la historia como palabras que Dios nos dirige, como signos de su amor que nos aseguran su cercanía en cada situación; esta conciencia, en particular, debería prepararnos para acogerlo cuando "de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin", como repetiremos dentro de poco en el Credo. En esta perspectiva el Adviento se convierte para todos los cristianos en un tiempo de espera y de esperanza, un tiempo privilegiado de escucha y de reflexión, para que nos dejemos guiar por la liturgia que invita a salir al encuentro del Señor que viene.

"Ven Señor Jesús": esta ardiente invocación de la comunidad cristiana de los inicios debe convertirse, queridos amigos, también en nuestra aspiración constante, la aspiración de la Iglesia de cada época, que anhela y se prepara al encuentro con su Señor. "Ven hoy Señor, ayúdanos, ilumínanos, danos la paz, ayúdanos a vencer la violencia", ven Señor, rezamos precisamente en estas semanas, "Señor, ilumina tu rostro y seremos salvados": hemos rezado así hace un momento, con las palabras del Salmo responsorial. Y el profeta Isaías nos ha revelado, en la primera lectura, que el rostro de nuestro Salvador es el de un padre tierno y misericordioso, que nos cuida en toda circunstancia porque somos obra de sus manos. "Tu, Señor, eres nuestro padre, desde siempre te llamas nuestro Redentor" (63,16). Nuestro Dios es un padre dispuesto a perdonar a los pecadores arrepentidos y a acoger a cuantos confían en su misericordia (cfr Is 64,4). Nos habíamos alejado de Él por causa del pecado cayendo bajo el dominio de la muerte, pero Él ha tenido piedad de nosotros y por iniciativa suya, sin mérito alguno por nuestra parte, ha decidido venir a nuestro encuentro, enviando a su único Hijo como Redentor nuestro. Que, ante un misterio de amor tan grande, surja espontáneamente nuestro agradecimiento y sea más confiada nuestra invocación: "Muéstranos, Señor, hoy en nuestro tiempo y en todas partes del mundo tu misericordia y danos tu salvación" (cfr Canto al Evangelio).

Queridos hermanos y hermanas, el pensamiento de la presencia de Cristo y de su vuelta cierta al final de los tiempos, es muy significativo en esta Basílica vuestra cercana al cementerio monumental del Verano, donde reposan, en espera de la resurrección, tantos queridos difuntos nuestros. ¡Cuántas veces en este templo se celebran liturgias fúnebres; cuántas veces resuenan llenas de consuelo las palabras de la liturgia: "En Cristo tu Hijo, nuestro salvador, brilla para nosotros la esperanza de la bendita resurrección, y si nos entristece la certeza de tener que morir, nos consuela la promesa de la inmortalidad futura"! (cfr Prefacio de difuntos I).

Pero esta monumental Basílica vuestra, que nos conduce con el pensamiento a aquella primitiva que hizo construir el emperador Constantino y que fue después trasformada hasta asumir su fisonomía actual, habla sobre todo del martirio glorioso de san Lorenzo, archidiácono del papa Sixto II y su mano derecha en la administración de los bienes de la comunidad. He venido a celebrar hoy la Sagrada Eucaristía para unirme a vosotros en honrarle en una circunstancia del todo singular, con ocasión del Año Jubilar Laurentiano, convocado para conmemorar los 1750 años del nacimiento para el cielo del santo Diacono. La historia nos confirma cuán glorioso es el nombre de este santo, junto a cuyo sepulcro nos hemos reunido. Su solicitud por los pobres, el generoso servicio hecho a la Iglesia en el sector de la asistencia y de la caridad, la fidelidad al Papa, que le llevó al punto de querer seguirle en la prueba suprema del martirio y el testimonio heroico de su sangre, derramada sólo pocos días después, son hechos universalmente conocidos. San León Magno, en una bella homilía, comenta así el atroz martirio de este "ilustre héroe". "Las llamas no pudieron vencer la caridad de Cristo; y el fuego que le quemaba por fuera era más débil que el que le ardía dentro". Y añade: "El Señor quiso exaltar hasta tal punto su nombre glorioso en todo el mundo que desde Oriente a Occidente, en el ful, en el fulgor vivísimo de la luz irradiada de los más grandes diáconos, la misma gloria que vino a Jerusalén por Esteban le haya tocado también a Roma por mérito de Lorenzo" (Homilía 85,4: PL 54, 486).

Este año coincide el 50° aniversario de la muerte del Siervo de Dios, Papa Pío XII, y esto nos llama a la memoria un acontecimiento particularmente dramático en la historia multisecular de vuestra Basílica, que tuvo lugar durante la segunda guerra mundial, cuando, exactamente el 19 de julio de 1943, un violento bombardeo infligió daños gravísimos al edificio y a todo el barrio, sembrando muerte y destrucción. Nunca podrá borrase de la memoria de la historia el gesto generoso llevado a cabo en aquella ocasión por mi venerado predecesor, que corrió a socorrer y consolar a la población duramente afectada, entre las ruinas aún humeantes. Tampoco olvido que esta Basílica acoge las urnas de otras dos grandes personalidades: en el hipogeo están expuestas a la veneración de los fieles los restos mortales del beato Pío IX, mientras en el atrio está colocada la tumba de Alcide De Gasperi, guía sabio y equilibrado para Italia en los difíciles años de la reconstrucción de la posguerra, y al mismo tiempo, estadista insigne capaz de mirar a Europa con una amplia visión cristiana.

Mientras estamos aquí reunidos en oración, quiero saludaros con afecto a todos vosotros, empezando por el cardenal vicario, monseñor Vicegerente, que es también Abad Comendatario de la Basílica, por el obispo auxiliar del Sector Norte y por vuestro párroco, padre Bruno Mustacchio, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido al inicio de la celebración litúrgica. Saludo al Ministro General de la Orden de los Capuchinos y a los Hermanos de la Comunidad que llevan a cabo su servicio con celo y dedicación, acogiendo a los numerosos peregrinos, asistiendo con caridad a los pobres y testimoniando la esperanza en Cristo resucitado a cuantos se acercan a visitar el cementerio del Verano. Deseo aseguraros mi aprecio y sobre todo, mi recuerdo en la oración. Saludo además a los diversos grupos empeñados en la animación de la catequesis, la liturgia, la caridad, a los miembros de los dos Coros Polifónicos, a la Tercera Orden Franciscana local y regional. He sabido también con gozo que desde hace algún año está hospedado aquí el "laboratorio misionero diocesano" para educar a las comunidades parroquiales en la conciencia misionera, y me uno de corazón a vosotros al augurar que esta iniciativa de nuestra diócesis contribuya a suscitar una valiente acción pastoral misionera, que lleve el anuncio del amor misericordioso de Dios a todo rincón de Roma, implicando principalmente a los jóvenes y a las familias. Quisiera finalmente extender mi pensamiento a los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas o en dificultad. A todos y cada uno los recuerdo en esta Santa Misa.

Queridos hermanos y hermanas, en este inicio del Adviento, ¿qué mejor mensaje recoger de san Lorenzo que el de la santidad? El nos repite que la santidad, es decir, el salir al encuentro de Cristo que viene continuamente a visitarnos, no pasa de moda, al contrario, con el paso del tiempo resplandece de modo luminoso y manifiesta la perenne tensión del hombre hacia Dios. Que esta celebración jubilar sea, por tanto, ocasión para vuestra comunidad parroquial de una renovada adhesión a Cristo, de una mayor profundización del sentido de pertenencia a su Cuerpo místico que es la Iglesia, y de un empeño constante de evangelización a través de la caridad, Lorenzo, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, sea para cada uno ejemplo de dócil adhesión a la voluntad divina para que, como hemos escuchado al apóstol Pablo recordar a los Corintios, también nosotros vivamos de modo que seamos encontrados "irreprensibles" en el día del Señor (cfr 1 Cor 1,7-9).

Prepararnos al adviento de Cristo es también la exhortación que encontramos en el Evangelio de hoy: "Velad", nos dice Jesús en la breve parábola lucana del amo de casa que se va pero no se sabe cuándo volverá (cfr Mc 13,33-37). Velar significa seguir al Señor, elegir lo que Él ha elegido, amar lo que Él ha amado, conformar la propia vida a la suya; velar comporta transcurrir carda momento de nuestro tempo en el horizonte de su amor sin dejarnos abatir por las inevitables dificultades y problemas cotidianos. Así lo hizo san Lorenzo, así debemos hacer nosotros y pedimos al Señor que nos de su gracia para que el Adviento nos estimule a todos a caminar en esa dirección. Nos guíen y nos acompañen con su intercesión la humilde Virgen de Nazaret, María, elegida por Dios para ser la Madre del Redentor, san Andrés, de quien hoy celebramos la fiesta, y san Lorenzo, ejemplo de intrépida fidelidad cristiana hasta el martirio. Amen.

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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Benedicto XVI presenta a san Pablo como apóstol

Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos la intervención que pronunció este miércoles Benedicto XVI durante la audiencia general que concedió a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general.



Queridos hermanos y hermanas

El miércoles pasado hablé del gran cambio que se produjo en la vida de San Pablo tras su encuentro con Cristo crucificado. Jesús entró en su vida y lo transformó de perseguidor en apóstol. Este encuentro marcó el inicio de su misión: Pablo no podía continuar viviendo como antes, ahora se sentía investido por el Señor del encargo de anunciar su Evangelio en calidad de apóstol. Es precisamente de esta su nueva condición de vida, es decir, de ser apóstol de Cristo, que quisiera hablar hoy. Nosotros normalmente, siguiendo a los Evangelios, identificamos a los Doce con el título de apóstoles, para indicar a aquellos que eran compañeros de vida y oyentes de las enseñanzas de Jesús. Pero también Pablo se siente verdadero apóstol y parece claro, por tanto, que el concepto paulino de apostolado no se restringe al grupo de los Doce. Obviamente, Pablo sabe distinguir su propio caso del de aquellos "que habían sido apóstoles anteriores" a él (Gálatas 1, 17): a ellos les reconoce un lugar totalmente especial en la vida de la Iglesia. Sin embargo, como todos saben, también san Pablo se interpreta a sí mismo como apóstol en sentido estricto. Es cierto que, en el tiempo de los orígenes cristianos, nadie recorrió tantos kilómetros como él, por tierra y por mar, con el único objetivo de anunciar el Evangelio.

Por tanto, él tenía un concepto de apostolado que iba más allá del relacionado sólo con el grupo de los Doce y transmitido sobre todo por san Lucas en los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hch 1,2.26;6,2). De hecho, en la primera carta a los Corintios Pablo hace una clara distinción entre "los Doce" y "todos los apóstoles", mencionados como dos grupos distintos de beneficiarios de las apariciones del Resucitado (cfr 1Cor 15, 5.7). En este mismo texto él pasa a llamarse a sí mismo humildemente como "el último de los apóstoles", comparándose incluso con un aborto y afirmando textualmente: "indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Cor 15, 9-10). La metáfora del aborto expresa una humildad extrema; se la vuelve a encontrar también en la Carta a los Romanos de san Ignacio de Antioquía: "Soy el último de todos, soy un aborto; pero me será concedido ser algo, si alcanzo a Dios" (9,2). Lo que el obispo de Antioquía dirá en relación a su martirio inminente, previendo que éste daría la vuelta a su condición de indignidad, san Pablo lo dice en relación a su propio trabajo apostólico: es en él donde se manifiesta la fecundidad de la gracia de Dios, que sabe transformar un hombre malogrado en un apóstol espléndido. De perseguidor a fundador de Iglesias: ¡esto ha hecho Dios en uno que, desde el punto de vista evangélico, habría podido considerarse un deshecho!

¿Qué es, por tanto, según la concepción de san Pablo, lo que hace apóstoles de él y de los demás? En sus cartas aparecen tres características principales que constituyen al apóstol. La primera es "haber visto al Señor" (cfr 1 Cor 9,1), es decir, haber tenido con él un encuentro determinante para la propia vida. Análogamente, en la Carta a los Gálatas (cfr 1, 15-16), dirá que ha sido llamado, casi seleccionado, por gracia de Dios con la revelación de su Hijo de cara al anuncio a los paganos. En definitiva, es el Señor el que constituye el apostolado, no la propia presunción. El apóstol no se hace a sí mismo, sino que lo hace el Señor; por tanto, necesita referirse constantemente al Señor. No es casualidad Pablo dice ser "apóstol por vocación" (Rm 1,1), es decir, "no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre" (Gal 1,1). Esta es la característica: haber visto al Señor, haber sido llamado por Él.

La segunda característica es la de "haber sido enviado". El mismo término griego apóstolos significa precisamente "enviado, mandado", es decir, embajador y portador de un mensaje; debe actuar por tanto como encargado y representante de un mandante. Por eso Pablo se define "apóstol de Jesucristo" (1 Cor 1,1; 2 Cor 1,1), o sea, delegado suyo, puesto totalmente a sus ervicio, hasta el punto de llamarse "siervo de Jesucristo" (Rm 1,1). Una vez más sale a primer plano la idea de una iniciativa de otro, la de Dios en Jesucristo, a la que se está plenamente obligado; pero sobre todo subraya el hecho de que se ha recibido una misión de parte de Él que hay que cumplir en su nombre, poniendo absolutamente en segundo plano cualquier interés personal.

El tercer requisito es el ejercicio del "anuncio del Evangelio", con la consiguiente fundación de iglesias. El de "apóstol", por tanto, no es y no puede ser un título honorífico, sino que empeña concretamente y también dramáticamente tida la existencia del sujeto interesado. En la primera carta a los Corintios, Pablo exclama: "¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? (9,1). Análogamente, en la segunda carta a los Corintios, afirma: "Vosotros sois nuestra carta..., sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo" (3,2-3).

No nos sorprende, por tanto, si el Crisóstomo habla de Pablo como de "un alma de diamante" (Panegíricos, 1,8), y sigue diciendo: "Del mismo modo que el fuego, aplicándose a materiales distintos, se refuerza aún más..., así la palabra de Pablo ganaba a su causa a todos aquellos con los que entraba en relación, y aquellos que le hacían la guerra, atrapados por sus discursos, se convertñian en alimento para este fuego espiritual" (ibid., 7,11). Esto explica por qué Pablo define a los apóstoles como "colaboradores de Dios" (1 Cor 3,9; 2 Cor 6,1), cuya gracia actúa en ellos. Un elemento típico del verdadero apóstol, sacado a la luz por san Pablo, es una especie de identificación entre Evangelio y evangelizador, ambos destinados a la misma suerte. Nadie como Pablo, de hecho, ha puesto en evidencia cómo el anuncio de la cruz aparece como "escándalo y necedad (1 Cor 1,23), al que muchos reaccionan con incomprensión y rechazo. Esto sucedía en aquel tiempo, y no debe extrañarnos que suceda también hoy. En este destino, de aparecer como "escándalo y necedad", participa también el apóstol y Pablo lo sabe: es la experiencia de su vida. A los Corintios les escribe, no sin una vena irónica: "Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros, mas vosotros, fuertes. Vosotros, llenos de glorias; mas nosotros, despreciados. Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el deshecho de todos" (1 Cor 4,9-13). Es un autorretrato de la vida apostólica de San Pablo: en todos estos sufrimientos prevalece la alegría de ser portados de la bendición de Dios y de la gracia del Evangelio.

Pablo, por otro lado, comparte con la filosofía estoica de su tiempo una tenaz constancia en todas las dificultades que se le presentan: pero él supera la perspectiva meramente humanística, reclamando el componente del amor de Dios y de Cristo: "¿Quien nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquél que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8,35-39). Esta es la certeza, la alegría profunda que guía al apóstol Pablo en todas estas vicisitudes: nada puede separarnos del amor de Dios. Y este amor es la verdadera riqueza de la vida humana.

Como se ve, san Pablo se había entregado al Evangelio con toda su existencia; ¡podríamos decir las veinticuatro horas! Y cumplía su ministerio con fidelidad y con alegría, "para salvar a toda costa a alguno" (1 Cor 9,22). Y respecto a las Iglesias, incluso sabiendo que tenía con ellas una relación de paternidad (cfr 1 Cor 4,15), incluso de maternidad (cfr Gal 4,19), se ponía en actitud de completo servicio, declarando admirablemente: "No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestro gozo" (2 Cor 1,24). Ésta es la misión de todos los apóstoles de Cristo en todos los tiempos:: ser colaboradores de la verdadera alegría.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]



Queridos hermanos y hermanas:

La tradición ha denominado a San Pablo como "el Apóstol" por excelencia. También él en sus cartas se dio a sí mismo este título. Ahora bien, Pablo distinguió entre los apóstoles que le precedieron y su propio caso. Su concepto de apostolado, por tanto, no quedó restringido al grupo de los Doce Apóstoles. ¿Qué es lo que, según san Pablo, permitió a otros y a él llamarse apóstoles? Ante todo, haber visto al Señor. Se debió dar un encuentro determinante con Jesucristo, lo cual quiere decir que el apostolado es un don, no una presunción. En segundo lugar, el apóstol es un enviado, el portador de un mensaje. Por este motivo, san Pablo se define como "apóstol de Jesucristo". El tercer requisito es anunciar el Evangelio, con la consiguiente fundación de Iglesias. El apostolado no es un privilegio, sino un encargo que compromete la entera existencia del que lo desempeña. Hay una especie de identificación entre el Evangelio y el evangelizador. Ambos corren la misma suerte. Es la fuerza de los hechos lo que revela la identidad del apóstol. Esto se verificó magníficamente en San Pablo, que dedicó a su misión apostólica toda su energía, cumpliendo su ministerio con fidelidad y alegría. Buscó en todo momento, como afirma en su primera carta a los Corintios, hacerse "todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (9,22). Que este formidable ejemplo nos sirva siempre de provecho y estímulo.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular, a los "Pueri cantores" de la Escolanía de la Catedral de Burgos, a los Amigos del Hogar de Minusválidos, de La Guardia, a los fieles de la Parroquia de Santa María de Mataró y a los miembros del Colegio San Francisco de Asís, de Santiago de Chile. Que Dios os bendiga.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Benedicto XVI: El cristianismo no es una filosofía ni una moral, es un encuentro

Al rememorar la "conversión" de san Pablo



CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 3 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- El cristianismo no es una filosofía o una moral, es un encuentro con Cristo; explicó Benedicto XVI este miércoles al ilustrar el momento central de la vida de san Pablo: su encuentro con Jesús en el camino de Damasco.

Continuando con la serie de catequesis sobre el apóstol de las gentes, en el Año Paulino que dura hasta el próximo mes de junio, el Papa revivió junto a miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI el momento central de la vida de Saulo de Tarso.

Fue un auténtico giro en su vida, aclaró, "el Cristo resucitado aparece como una luz espléndida y habla a Saulo, transforma su pensamiento y su misma vida".

Sin embargo, señaló el obispo de Roma, "Pablo no interpreta nunca este momento como un hecho de conversión", pues "este giro de su vida, esta transformación de todo su ser no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o evolución intelectual y moral, sino que vino desde fuera: no fue el fruto de su pensamiento, sino del encuentro con Jesucristo".

"No fue sencillamente una conversión, una maduración de su 'yo', sino que fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo Resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de Pablo".

"Todos los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Solo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la llave para entender qué había sucedido: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquél que se había revelado y había hablado con él", añadió el Papa.

Esto significa que para los creyentes, "el cristianismo no es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si encontramos a Cristo", explicó el pontífice.

El Papa explicó que este encuentro personal se realiza hoy "en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia".

Sólo en este encuentro "podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que Él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos".

Muerte y resurrección

El Papa, tomando las dos fuentes del Nuevo Testamento que ilustran este acontecimiento (los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo), explicó a los peregrinos la centralidad del encuentro con Cristo en la vida del Apóstol.

Más allá de los detalles del relato del Camino de Damasco, Benedicto XVI explicó que la llave es la aparición real del Resucitado.

"El esplendor del Resucitado le deja ciego: aparece también exteriormente lo que era la realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo. Y después su definitivo 'sí' a Cristo en el bautismo reabre de nuevo sus ojos, le hace ver realmente".

"Todos los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Solo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la llave para entender qué había sucedido: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él".

Pablo se siente siempre "elegido y enviado por el mismo Cristo, sin intermediarios", explica el Papa, pero siempre en comunión con toda la Iglesia.

"Pablo aprendió que, a pesar de la inmediatez de su relación con el Resucitado, debe entrar en la comunión de la Iglesia, debe hacerse bautizar, debe vivir en sintonía con los demás apóstoles. Sólo en esta comunión con todos él podrá ser un verdadero apóstol", añade.

Por último, el Papa explicó que esta experiencia del apóstol es la que le permitió integrar su tradición judía con el pensamiento y la filosofía pagana.

"Esto engrandeció su corazón, lo abrió a todos. En este momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su heredad, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo".

"Al mismo tiempo, su razón se abrió a la sabiduría de los paganos; habiéndose abierto a Cristo con todo su corazón, fue capaz de entablar un diálogo amplio con todos, pudo hacerse todo con todos. Así realmente podía ser el apóstol de los paganos", concluyó Benedicto XVI.

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miércoles, 20 de agosto de 2008

21 de Agosto: Día del Catequista

Festividad de san Pío X
Publicado por San Pablo



Son muchos los caminos que llevan a ser catequista y, en todos los casos, suelen surgir muchas preguntas en torno a la tarea: ¿Lo podré hacer? ¿Lo podré hacer bien? ¿Estaré suficientemente formado? ¿Recibiré apoyo de la comunidad?

Sin embargo al ir entrando en el maravilloso mundo de la catequesis, las preocupaciones van cambiando. Se comprende que lo más importante es transmitir con amor el mensaje de Jesús y compartir con los demás la experiencia del encuentro con Cristo.


Así, el catequista se convierte, definitivamente, en una persona que cree y sigue a Jesucristo viviendo la alegría de ser su testigo. Lo escucha en la oración y en la lectura del evangelio y lo descubre en el discernimiento comunitario y en la vida cotidiana intentando ver a las personas, las cosas, las situaciones, tal y como él las vería hoy.

El catequista se reconoce en búsqueda, en camino; no se cree ni dueño de la verdad ni el "maestro" que llega para esclarecer a los demás sino un instrumento que el mismo Jesús, presente en la comunidad, envía, sostiene y da fuerza para superar las oscuridades y dificultades. Es parte de la gran marcha de creyentes que han recorrido y aún recorren la historia. Marcha que fue iniciada por el pueblo de Israel y ha continuado en la Iglesia y, a través de ella, ha llegado hasta nosotros.

San Pío X, patrono y modelo

Nacido en una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe Melchiorre Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. En 1850 ingresó al seminario de Padua, y fue ordenado sacerdote el 18 de setiembre de 1858. Su primera labor pastoral la realizó en la parroquia de Tómbolo-Salzano, distinguiéndose, además de su gran caridad para con los necesitados, por sus ardorosas prédicas que atraían hasta los más alejados del mensaje del evangelio.

En 1884 fue ordenado obispo para la diócesis de Mantua y en 1893, León XIII le concedió el capelo cardenalicio y lo trasladó a Venecia. En ningún momento cambió su modo de ser: sencillo, muy humilde, ejemplar en el amor a los más pobres.

A los pocos años, al morir León XIII, fue elegido su sucesor y su "programa pontificio" no fue otro que el del Buen Pastor: alimentar, guiar y custodiar el "rebaño humano" y buscar a las ovejas perdidas para atraerlas hacia Jesús.

La preocupación de Pío X por la santidad de la Iglesia lo llevó a actualizar los seminarios y fundar numerosas bibliotecas eclesiásticas. También se lo recuerda por sus aportes a la música sagrada y a la liturgia y la reforma de la liturgia de las horas.

Permitió la comunión diaria a todos los fieles y cambió la costumbre de la primera comunión: para que los niños pudieran recibirla a partir de los 7 años.

Impulsó la enseñanza del Catecismo porque sabía que apartar de la ignorancia religiosa era el inicio del camino para recuperar la fe que en muchos se iba debilitando y perdiendo.

Promovió un nuevo Código de Derecho Canónico que terminó de redactarse en 1917, bajo el pontificado de S.S. Benedicto XV.

Pío X impulsó una reforma de la curia romana, encomendó la revisión de la Vulgata a los benedictinos (1907), fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma (1909) y dio inicio a la publicación de la llamada Acta Apostolicae Sedis (1909), que aún hoy es la publicación oficial que trae los documentos pontificios.

Falleció el 20 de agosto de 1914, poco antes del estallido de la llamada "primera guerra mundial". El 14 de febrero de 1923 se introdujo su causa de beatificación y fue canonizado el 29 de Mayo de 1954.

Indudablemente fue adoptado por la gente como patrono de los catequistas por su sencillez, sus raíces rurales que jamás dejó de lado y por su ardor misionero y evangelizador.

Juan Carlos Pisano

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viernes, 25 de julio de 2008

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: CATEQUESIS

Publicado por Catequistas.org

1. La Palabra de Dios

La Palabra Sagrada de esta jornada dominical centra la atención de los oyentes en las de dios se halla escrita en los textos evangélicos

Primera lectura: Sabiduría 12. 13 y 16-19

El sueño de Salomón, cuando se le apareció el Señor para darle su bendición, se centró en la Sabiduría y no en el oro y en la plata. Por eso el Señor le alabó y le bendijo para siempre.

“En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras".
Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor David, mi padre, con gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un hijo que hoy está sentado en su trono.
Y ahora, Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo.
Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular.
Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?".
Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, 12 yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti.”

Lectura Segunda: Romanos 8. 26-27

La cercanía de Dios es algo que estaba en el corazón de San Pablo. Por eso aludía con frecuencia en sus cartas, en la presencia divina en medio de sus seguidores.

Hermanos. Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.
Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó.
Ante esto ¿qué diremos. Sólo una cosa: “Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?

Tercera Lectura: Mateo 13. 24-43

Las Parábolas del Reino se mantienen en Jesús con frecuencia. Fue el centro de su predicación profética y trató con ellas de conseguir que su mensaje de lucha contra el pecado calará muy hondo en sus seguidores.

“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; 46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendéis todo esto?", preguntó el Señor.
Sí, le respondieron los Discípulos.
Entonces agregó Jesús: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".


2. Comentario

El Reino de Dios es mencionado frecuentemente en el los textos bíblicos, sobre todo del Nuevo Testamento. Pero la Idea aparece sobre todo después de la Cautividad de Babilonia, atribuyendo a Dios poderes y majestad de rey oriental, lleno de magnificencia y dueño de todas las personas de su Reino.

La idea aparece pues los diversos escritos del Antiguo Testamento, que los judíos llaman todavía hoy Tanaj. Y la idea se asocia a la capacidad de intervención divina en la vida de los hombres. Está unida al entendimiento judío de que Dios habría de intervenir directamente para restaurar la nacionalidad de Israel y luego regir sobre ella.

Ese Reino de Dios precisaba intermedios en la tierra y para eso estaban los profetas y los reyes. El Reino de Dios fue expresamente prometido al Rey David, haciendo pacto entre él y Dios, prometiéndole que reinaría siempre alguien en el trono de su "casa", de sus descendientes.

Esto fue luego interpretado como que de la descendencia de David saldría el Mesías de Israel, que se sentaría en el trono de David y gobernaría por la eternidad. Y que siempre la majestad de la realeza divina estaría asociada a l rey elegido por Dios para su pueblo.

La idea del Reino de Dios se encuentra predominantemente en el Nuevo Testamento, específicamente en los Evangelios. Es un término usado indistintamente con el de "Reino de los Cielos" o el Reinado de Dios. En el Evangelio de San Mateo se utiliza esta última, mientras que en Lucas, Marcos y Juan se utiliza "Reino de Dios". La explicación habitual es que el Evangelio de Mateo está destinado a los judíos, quienes prefieren evitar el uso directo del nombre de Dios. Pero ello no deja de ser una frágil interpretación

Lo importante es resaltar que se asocia en el oyente o en el lector siempre y de forma espontánea la idea de que Dios Reina en el mundo, de que manda y de todos los hombres han nacido para servir a Dios.

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Las tres parábolas del Reino de Dios que aparece n en las lecturas de la Iglesia en esta Jornada dominical aparecen encadenadas y responde al mismo diseño o la misma idea en torno a lo que significa.

“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

Tesoro, red barredera de pesca o mercader de perlas.¿Quién no se hará a la idea de que Dios pasea en la tierra en carroza de otro y con todos los hombres como vasallo?

El pensamiento cristiano del Reino de Dios agrupa varias ideas, entre las que destacan las siguientes.

- Es Jesús quien proclama el Reino como algo que ya está cerca, que está llegando en el presente, no como una realidad futura. Las actividades realizadas por Jesús, al sanar enfermedades, expulsar demonios, enseñar una nueva moral del perdón y de la pobreza, inicia una nueva esperanza en Dios. Es más fuerte y universal que la del Antiguo Testamento. Esa esperanza abarca al más pobre, al que llora, al que confía en Dios, al que ayuda a su hermano.

- El Reino que Jesús presenta no es el reino suyo en cuento hombre, contra lo que esperaban muchos judíos de su tiempo. Es el Reino de Dios, al que Jesús llama Padre."

- Jesús dio mucha importancia a este tema, como se puede ver en el Padrenuestro, donde es el segundo asunto más importante en esa oración.

- El Reino de Dios también se refiere al cambio de corazón o mente (metanoia) por parte de los cristianos, dando énfasis a la naturaleza espiritual de su Reino al decir "El Reino de los Cielos está dentro vuestro". Esta frase puede también traducirse, sin embargo, "el reino de los cielos está en medio de vosotros."

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Jesús usó el lenguaje del "Reino de Dios" de una forma mesiánica. En nada siguió la corriente de muchos judíos que se enfrentaban al dominio de los romanos en Palestina y mantenían una tensión a muerte con los invasores. El dijo muy claro cuando le preguntaron por la cuestión de la dependencia del los judíos a un poder extranjero, que era mejor “dar al César lo que es del César y a Dios darle lo que es de Dios”. Para él su reino no era de este mundo. Era un reino de verdad, conforme le dijo a Pilatos en el proceso que le llevó a la muerte de cruz.

En la teología católica, el Reino de Jesús es la lucha contra el mal y es el dominio de su mensaje de paz, de amor y de salvación que debe hacerse presente hasta el final del mundo. Jesús invitaba a todos los hombres a entrar en el Reino de Dios; llamaba a los justos a conservar su vida justa; y llamaba a los pecadores a convertirse y aceptar la infinita misericordia de Dios Padre.

Y para los que no entienden mucho de Teología, el Reino de Dios es la alegría de sentirse amigos de Dios y amigos de su enviado Jesucristo. Es vivir conforme al mensaje del Evangelio y hacer lo posible cada día para ser mejores y amar más al prójimo.

Los que vive ese mensaje del Reino saben que tienen la salvación asegurada, pues son conscientes de que Dios perdona sus pecados y la espera cuando su vida terrena termina para darles la recompensa eterna.


3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Se puede hacer un repaso de lo que hacen los hombres de poder en el mundo: los ricos, los que tienen mando e influencia en la sociedad, los políticos, los banqueros, los grandes artistas. Todos ellos buscan la manera de tener cada vez más, de dominar, de manifestar ante los demás su poder, de influir en la sociedad., de salir en los periódicos para que todo el mundo hable de ellos y les tenga envidia.
Se pueden citar algunos de los nombres que suenan en la prensa y se puede analizar de dónde les viene el poder.

2. Reflexión

El educador puede hablar de esos pequeños reinos o dominios en donde los hombres mandan y como muchas veces los que viven en su entorno no son felices, pues les tienen miedo
El Reino de Dios es otra cosa. Tratar de explicar lo que significa “reino de verdad, de justicia y de paz, reino de amor, reino de fidelidad a Dios

3. Acción

Hacer un análisis del ejercicios del poder en la tierra: Tratar mediante un debate los errores y aciertos de las principales forma de gobierno: dictadura, monarquía, república, oligarquía, anarquía, etc. y tratar de comparar el Reino de Dios con estos conceptos. Llevar la búsqueda a comparar el mensaje evangélico sobre la autoridad y el poder con la realidad de los que acontece en el mundo, en las diversas naciones, y de modo especial en la propia.

4 Colaboración

Hacer un viaje por el mundo, tratado de analizar como se ejerce el poder en cada nación. Cada miembro de la clase o del grupo elige un país, se informa y lo antes posible aporta una opinión, discutida por los demás, sobre los rasgos del poder y su ejercicio en ese país. Trata de decir si esos rasgos en tal o cual país están cerca o lejos del Evangelio

5. Interiorización

Se prepara una oración pidiendo que el Reino de Dios, el triunfo del bien, se extienda en cada país del mundo. Se puede comenzar con una plegaria introductoria y cada miembro del grupo o clase añade una petición a Dios muy concreta por el país que le ha tocado analizar.


4. Ejercicios para la catequesis.

- De Pequeños

Hacer un viaje imaginario a un reino, con castillo, soldados, carrozas, criados, príncipes y princesas
Luego dibujar algunos aspectos de ese reino: montañas, casas, carros, jardines, etc.
Imaginar que Jesús viene de nuevo a la tierra y se disfrazas de varios oficios: de soldado, de capital, de mendigo, de poeta, de médicos, de embajador de un país extranjero. Dirigir la comparación de cómo van a ser tratados cada uno de los que llega al castillo
Luego hacer un viaje al reino de los cielos y dejar que los escolares o los catequizandos vayan diciendo lo que imaginan que ven o que van a experimentar.

- De medianos

Buscar en la Biblia algunos reyes que se citan: David, Salomón, Asuero, Herodes, otros, y tratar de comparar su reinados, países y acciones relatadas con lo que fue el reino de Jesús. Indicar las inmensas diferencias y tratar de reflejar lo que realmente es el reino celeste.
Se puede hacer una dramatización donde cada uno simula ser uno de los reyes citado y da su punto de vista sobre el poder, sobre los hombres, sobre los tributos

- De Mayores y Preadolescentes

Buscar en San Pablo datos sobre la autoridad y el poder. Cada uno del grupo intenta encontrar una frase o texto que define, interprete o determina lo que es Autoridad en lenguaje del Apóstol.
Se puede ir colocando en una mural los textos, una vez que se hayan leído, interpretado y explicado por escrito en un pequeño papel.


5 Complementos parala reflexión

Términos del Diccionario de Catequesis. Reino de Dios. Imperio. Autoridad, Mando, Poder. Leyes. Justicia. Vasallos. Bien común. Sabiduría. Sociedad. Democracia. Libertad.

Puede consultarse directamente en la página web www.lasalle.es/catequesis2
En el formato de la Enciclopedia Wikipedia en: www.lasalle.es/catequesis

Libros interesantes:

Construyendo el reino de los cielos. Ramón Núñez. Madrid. Ed. Clie. 1998

El Reino de los cielos padece violencia. Benjamín Martín. Madrid. Apostolado mariano . 2000

El Reino de Dios José María Castillo. Bilbao. Desclée de Brouwer. 2004
Comer en el Reino de Dios. Eugène Laverdière. Santander. Sal Terrae. 2003

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jueves, 17 de julio de 2008

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: CATEQUESIS

Publicado por Catequistas.org


1. La Palabra de Dios

La palabra de Dios se hace presentes para el cristiano en los mensajes que hallamos en la Sda. Escritura. Las Parábolas de Jesús son especialmente hermosas y aleccionadoras.

Primera lectura: Sabiduría 12. 13 y 16-19

En el libro de la Sabiduría se habla con admiración de Quien y cómo es el Señor, a quien adora el Pueblo elegido y que es quien hizo el pueblo mismo
“Porque, fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos; ni tampoco hay rey ni soberano que pueda enfrentarse contigo para defender a los que tú has castigado.
Como eres justo, riges el universo con justicia, y consideras incompatible con tu poder condenar a quien no merece ser castigado.
Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder,
y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.”

Lectura Segunda: Romanos 8. 26-27

San Pablo sabe que Dios hace todas las cosas bien y que sigue actuando en la vida del os hombres en los tiempos presentes como siempre actuó a lo largo de todos los siglos anteriores.
“Hermanos. Nuestra salvación está en la esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?
Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia.
Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.
Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.”

Tercera Lectura: Mateo 13. 24-43

Las parábolas son lenguaje frecuente en Jesús, claro para sus contemporáneos, que estaban acostumbrados a ellas, y sobre todo de valor perpetuo, pues todos los pueblos tienen metáforas y lenguajes figurativos.
Las parábolas del Reino de Dios, como las que se nos presentan a continuación, son especialmente cautivadoras para nosotros.
“En aquel tiempo, les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los operarios fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?"
Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?".
"No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejad que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero".
También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".
Él les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!


2. Comentario

Se presentan hoy tres parábolas que responden al mismo esquema: el esquema del Reino de Dios, que precisa mensajeros comprometidos, cristianos firmes que lo viva como ejemplo para los demás y personas llenas de fe y esperanza para ver la manos de Dios en todos los aconteceres de la vida.
El Evangelio nos presenta un maravilloso “tríptico” de parábolas para hablarnos del misterio del Reino de los cielos: la parábola de la cizaña, del grano de mostaza y de la levadura. Cristo hablaba a sus discípulos, pero muchas gentes le escuchaban seguramente. Y les decía tres veces la misma cosa: que el dueño del campo lo cuida y no quiere que se estropee la buena simiente, que una pequeña parte de bien puede fermentar toda la humanidad, que el más pequeño hecho o gesto realizado por Dios se puede convertir en gigantesco árbol para albergar a las aves del cielo.
Toca con estas tres comparaciones la realidad de su misión salvadora, sumamente importante y esencial para entender el mensaje que trae a la tierra. Su “Buena Nueva” está presente detrás de las tres metáforas, que reflejan realidades pequeñas de la vida.
La parábola del grano de mostaza enseña que el Reino de los cielos, que es lo mismo que decir la tarea de lucha contra el mal y hacer que el bien triunfe, es aparentemente pequeño empeño de unos pocos. Pero en los designios de Dios está destinado para llevar a la felicidad eterna a toda la humanidad. Aparentemente es casi insignificante en sus inicios, pero tiene que ir creciendo, gracias a quien lo anuncia, hasta convertirse en un árbol frondoso, capaz de abrigar en sus ramas a las aves del cielo.
Es lo que dice Jesús a quien se dedica a hacer el bien y tiene la impresión de que sus obras buenas son insignificantes. Una palabra, fecundada por Dios mismo, puede salvar a miles de personas y llevarlas a la vida eterna.

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La parábola de la levadura habla de esa acción silenciosa y lenta, pero profundamente eficaz y transformante, que realiza el mensajero del cristiano, no con gritos sino con el testimonio de una vida ordenada. Y si además se decide a dar a conocer el mensaje evangélicos a las personas con las que vive, el árbol crece y la masa de todos los hombres queda fecundada por las buenas intenciones y las realidades de la vida.
A los largo de todos los tiempos es lo que hechos cristianos decididos y audaces, que han llevado el mensaje de la salvación a todos los rincones de la tierra. El cristiano de verdad sabe que no basta salvar la propia alma, sino que debe llevar la luz a todos los ambientes y a toda la sociedad, impregnando de fe y de vida evangélica todas las realidades humanas.
Es lo que hacían los cristianos en los primeros tiempos. Con su maravilloso testimonio de vida santa y auténtica, con su ejemplo de caridad, de pureza, de piedad y con el perfume de sus virtudes, lograron transformar el ambiente corrompido y enrarecido del paganismo antiguo. Esto es lo que ha hecho la Iglesia a lo largo de veinte siglos de historia, a pesar de tantas persecuciones y calumnias como se han levantado contra ella.
Y lo sigue haciendo en nuestros días, con las mismas armas de siempre: la fe, la esperanza y la caridad.
La parábola de la cizaña, por su parte recuerda a los seguidores del Evangelio que nunca se librarán de asechanzas y de obstáculos. La cizaña es toda hierba mala que impide a la semilla buena crecer libremente en el campo de Dios. Cizaña es todo aquello que significa obstáculo, pecado y vicio en el mundo. La cizaña tiene múltiples rostros y formas: la mentira, la vanidad, el odio, la persecución, la calumnia, la división, el engaño, la injusticia, el fraude...
Cizaña es toda forma de egoísmo y de soberbia; son las pasiones desordenadas del ser humano, la intriga, la maledicencia, la mentira, el escándalo... Es todo aquello que sirve de tropiezo para llegar a Dios o se opone a Él. Es, en fin, el misterio del mal en el mundo y en el hombre. ¡Y vaya que si es un misterio!
¡Cuántas veces hemos escuchado estas preguntas tan inquietantes como difíciles de responder!: “¿Por qué existe el mal en el mundo, si Dios es tan bueno? ¿Por qué permite el dolor y el sufrimiento humano, sobre todo de los más débiles, los inocentes y desamparados? ¿Por qué las guerras, las injusticias, el odio, la venganza, la prostitución, el abuso de los poderosos?”
Y sentimos tal vez indignación o rebeldía interna... y también la tentación de preguntarle a Dios, como los obreros de la parábola: “Pero, ¿no sembraste tú buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, sale la cizaña?” Y el Señor nos responderá lo mismo que a los obreros: “Un enemigo lo ha hecho... mientras vosotros dormíais”.

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Dios no es el culpable de que el mal exista en el mundo. El ha hecho libre al hombre y le ha dado posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Es el mismo hombre quien es culpable de tantos desórdenes y abusos que vemos con frecuencia. Pero no hemos de olvidar de que también es el causante del bien que existe en abundancia: ayudas, servicios, apoyos, limosnas, solidaridad, búsqueda de la paz, alegría y ansia de felicidad.
Son muchos los abusos que se dan en la tierra. Pero también es cierto que son muchos más los actos buenos que, sin hacer ruido, multitud de hombres de buena voluntad realizan en la sociedad. Es cierto que los periódicos se encargan de resaltar los desórdenes: abusos y excesos en todos los campos, libertinaje sexual, subjetivismo y relativismo moral, indiferentismo o fanatismo religioso, la imposición de leyes y conductas que violan los derechos humanos y la propia conciencia. Pero también es cierto que hay mucha gente que ayuda al prójimo y que lucha por el triunfo del bien sobre el mal.
Si somos buenos cristianos, personas con dignidad, con conciencia y con valores, tenemos que ponernos de parte del bien y sembrar por el mundo alegría y confianza en Dios. Debemos arrancar todo mal de raíz y tenemos que hacer que el bien triunfe en nuestras mentes, en nuestras familias y en nuestra sociedad.
Esta actitud no hará entender por qué Dios permite que la cizaña crezca al mismo tiempo que el buen trigo Porque Él, en su infinita paciencia y misericordia, no quiere que “fulminemos” a los malos, sino que les demos tiempo para comenzar a ser buenos. Tal vez también ellos se den cuenta de su error, se arrepientan y se conviertan, como el buen ladrón del Evangelio, aunque sea a la última hora de su vida. A nosotros nos toca ser buenos colaboradores de Dios: tener paciencia como Él, dar tiempo al tiempo, orar también por los que nos persiguen y calumnian El Señor Jesús quiere que sepamos perdonar, que les demos a todos el buen ejemplo de caridad y que oremos por todos aquellos que pueden ser, de algún modo, “cizaña” para que lleguen a ser trigo bueno en el campo del Señor.


3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Podemos hacer una lista de gestos de cizaña, sacando los datos de cualquier periódico del día. Se hace entre todos una colección de hechos malos que se dan en el mundo y se convierten en noticia en el periódico.
Pero conviene también que hagamos una recopilación de hechos, gestos y actitudes de personas bienintencionadas y virtuosas, que suelen hacer menos ruido en los periódicos, pero son reales.

2. Reflexión

A luz de los hechos el Profesor de religión o el catequista comenta cómo es la conducta de Dios que se refleja en las tres parábolas del evangelio: cizaña, levadura, semilla de mostaza

3. Acción

Se divide el grupo en tres subgrupos y se encarga buscar datos sobre las tres realidades que sirven para hacer una parábola o comparación. Cada grupo se encarga de formular una plan de vida cristiana usando como modelo lo que significa cada parábola. Si no se hace un plan sistemático, al menos hay que lograr una lista de consignas o de acciones recomendadas…

4 Colaboración

Se recuerda el plan formulando una encuesta a varias personas ajenas al grupo o clase: ¿qué te parece que los malos estén en el mundo y que parezca que tienen más triunfos en la vida que los buenos? ¿Cómo se explica que Dios pruebe con dolores o penas a los buenos y a veces parezca que los malos tienen más ventajas…? Se recogen respuestas y se debaten en clase o en la catequesis. El educador termina haciendo presente el procedimiento de Dios de dejar que los hombres sean libres

5. Interiorización

Se perfila una plegaria inventada por los mismos escolares o los catequizandos y se pide que los buenos sean más y los malos sean menos, que entendamos a los buenos y les imitemos y entendamos a los malos y les perdonemos, que siempre pertenezcamos al bando de Dios y nunca a los que se declaran enemigos de la divinidad.


4. Ejercicios para la catequesis.

- De Pequeños

Dibujar y explicar las parábolas con tres dibujos, una espiga y una plantita de cizaña, unos granos de levadura y un pan. También con los pequeños se pueden hacer grupos de tres o cuatro escolares o catequizandos en cada grupo. Y hablan, interpretan y dibujan el objeto vegetal de estas parábolas del Evangelio.

- De medianos

Estudiar en los libros del nuevo Testamento que árboles son citados y en que contexto está aludido cada vegetal: higuera, sicomoro, palmera, olivo, alguno más. Fabricar una parábola, como las tres del texto evangélico, y adornarla con un texto hermoso y simbólico aludiendo a los misterios de la vida: la fuerza de los malos, la distribución injusta de las riquezas, el temor a los fuertes, otros rasgos que llaman la atención. Cada uno elige su parábola y rasgo. Luego la expone ante los demás

- De Mayores y Preadolescentes

Buscar alguna metáfora, texto o figura en alguno de los Profetas (Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel.) que vayan en la línea de la lucha profética contra el mal, contra la injusticia y la idolatría…


5 Complementos parala reflexión

Términos del Diccionario de Catequesis: Vida cristiana, Oración, Trabajo, Predicación, Buen ejemplo, Caridad, Solidaridad, Fidelidad, Valentía, Anuncio. Predicación. Mensajeros.

Puede consultarse directamente en la página web www.lasalle.es/catequesis2
En el formato de la Enciclopedia Wikipedia en: www.lasalle.es/catequesis

Libros interesantes:

Términos del Diccionario de Catequesis. Mal, Libertad, Pecado, Tendencia a la perfección, Ascética, Predicación, Animación apostólica, Evangelizar, Testimonio, Primeros cristianos.

Libros interesantes

Cuando me porto mal: cómo ayudarte a obrar bien. Lisa Engelhardt. Ed. San Pablo. Madrid. 2008-04-25

Al trigo y al cizaña. Julio Antonio Gonzalo. Madrid. Asociación de Ciencia y Cultura. 2006

El trigo y la cizaña. Luis de Lezama. Madrid. Ed. San Pablo. 1997

La semilla de mostaza: Las enseñanzas gnósticas de Jesús. Varios. Mr. Ediciones. 2007

Como levadura en la masa. Luis Enrique Hernández. Madrid. Acción Cultural Cristiana 2003

El fermento de Cristo: eficacia del cristianismo. Juan Luis Lorda. Madrid. Rialp. 2003

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