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martes, 10 de septiembre de 2013

La teología de la Liberación, hoy

Del 5 al 8 de septiembre hemos celebrado en Madrid el 33 Congreso de Teología sobre “La teología de la Liberación, hoy”, que ha reunido a mil personas procedentes de los diferentes países y continentes en un clima de reflexión, convivencia fraterno-sororal y diálogo interreligioso, intercultural e interétnico.
1. Vivimos en mundo gravemente enfermo, injusto y cruel, en el que la riqueza se concentra cada vez más en menos manos y crecen las desigualdades y la pobreza. Entre 40.000 y 50.000 personas mueren al día por hambre y guerras, cuando existen recursos suficientes para alimentar al doble de la población mundial. El problema no es, por tanto, la escasez, sino la competitividad, la acumulación desmesurada y la injusta distribución, generadas por el modelo neoliberal. Los gobernantes dejan que gobiernen los poderes financieros y la democracia no ha llegado a la economía. La crisis europea actual tiene como efecto el desmantelamiento de la democracia.
2. La crisis económica se ha convertido en una crisis de los derechos humanos. Los llamados eufemísticamente “recortes” en educación y salud son, en realidad, violaciones sistemáticas de los derechos individuales, sociales y políticos, que habíamos conseguido con tanto esfuerzo a lo largo de los siglos precedentes.
3. Pero esta situación no es fatal, ni natural, ni responde a la voluntad divina. Se pueden romper las inercias cambiando nuestro modo de vivir, de producir, de consumir, de gobernar, de legislar y de hacer justicia y buscando modelos alternativos de desarrollo en la dirección que proponen y practican no pocas organizaciones hoy en el mundo
4. Estos días hemos escuchado los testimonios y las voces plurales de las diferentes teologías de la liberación, que se cultivan en todos los continente y que intentan colaborar en la respuesta a los más graves problemas de la humanidad antes descritos: en América Latina, en sintonía con el nuevo escenario político y religioso y con las experiencias del socialismo del siglo XXI; en Asia, en diálogo con las cosmovisiones orientales, descubriendo en ellas su dimensión liberadora, en África, en comunicación con las religiones y culturas originarias, en busca de las fuentes de la vida en la naturaleza.
5. Hemos comprobado que la teología de la liberación sigue viva y activa frente a los intentos del pensamiento conservador y de la teología tradicional de condenarla y darla por muerta. La TL es histórica y contextual y se reformula en los nuevos procesos de liberación a través de los sujetos emergentes de transformación: mujeres discriminadas que toman conciencia de su potencial revolucionario; culturas otrora destruidas que reivindican su identidad; comunidades campesinas que se movilizan contra los Tratados de Libre Comercio; jóvenes indignados, a quienes se les niega el presente y se les cierra las puertas del futuro; naturaleza depredada, que grita, sufre, se rebela y exige respeto; migrantes maltratados que luchan por mejores condiciones de vida, religiones indígenas y afrodescendientes que renacen tras siglos de silenciamiento.
6. La TL es teología de la vida, que defiende con especial intensidad la vida más amenazada, la de los empobrecidos, que mueren antes de tiempo. Hace realidad las palabras de Jesús de Nazaret: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Llama a descubrir a Dios en los excluidos y crucificados de la tierra: esa es la misión fundamental de las Iglesias cristianas, de la que han estado muy alejadas
7. Los reformadores religiosos han abierto y siguen abriendo caminos de compasión y liberación integral, que deben traducirse política, social y económicamente en cada momento histórico, de manera especial Siddharta Gautama el Buda y Jesús de Nazaret el Cristo (tema de la última conferencia del Congreso).
8. Denunciamos la falta de ética en las políticas gubernamentales que presentan los recortes como reformas necesarias para la recuperación económica. Nuestra denuncia se extiende a los bancos, las multinacionales y los poderes financieros como verdaderos causantes de la actual crisis en connivencia con los gobiernos que lo permiten. Optamos por otro modelo económico cuyos criterios sean el principio del bien común, la defensa de los bienes de la tierra, la justicia social y el compartir comunitario.
9.. Denunciamos el uso de la violencia, el militarismo, el armamentismo y la guerra como formas irracionales y destructivas de solución de los conflictos locales e internacionales, a veces justificados religiosamente. Optamos por un mundo en paz, sin armas, donde los conflictos se resuelvan por la vía del diálogo y la negociación política. Apoyamos todas las iniciativas pacíficas que vayan en esa dirección, como la jornada de ayuno y oración propuesta por el papa Francisco. Rechazamos la teología de la guerra justa y nos comprometemos a elaborar una teología de la paz.
10. Denunciamos el racismo y la xenofobia, que se manifiesta de manera especial en las leyes discriminatorias, en la negación de los derechos de los inmigrantes, en el trato vejatorio a que son sometidos por las autoridades y en la falta de respeto a su estilo de vida, cultura, lengua y costumbres. Optamos por un mundo sin fronteras guiado por la solidaridad, la hospitalidad, el reconocimiento de los derechos humanos sin discriminación alguna y de la ciudadanía-mundo frente a la ciudadanía restrictiva vinculada a la pertenencia a una nación.
11. Denunciamos la negación de los derechos sexuales y reproductivos y la sistemática violencia contra las mujeres: física, simbólica, religiosa, laboral, ejercida por la alianza de los diferentes poderes: leyes laborales, publicidad, medios de comunicación, gobiernos, empresas, etc. Dicha alianza fomenta y refuerza el patriarcado como sistema de opresión de género. En la discriminación y el maltrato a las mujeres tienen una responsabilidad no pequeña las instituciones religiosas. La teología feminista de la liberación intenta responder a esa situación reconociendo a las mujeres como sujetos políticos, morales, religiosos y teológicos.
12. Pedimos la inmediata suspensión de las sanciones y la rehabilitación de todas las teólogos y los teólogos represaliados (de quienes han visto sus obras prohibidas, condenadas o sometidas a censura, de quienes han sido expulsados de sus cátedras, de aquellos a quienes se les ha retirado el reconocimiento de “teólogos católicos”, de los suspendidos a divinis, etc.), sobre todo durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que fueron especialmente represivos en cuestiones de teología moral y dogmática, en la mayoría de los casos por su vinculación con la teología de la liberación e incluso por seguir las orientaciones del Concilio Vaticano II. Dicha rehabilitación es exigencia de justicia, condición necesaria de la tan esperada reforma de la Iglesia y prueba de la autenticidad de la misma. Reivindicamos, a su vez, dentro de las Iglesias, el ejercicio de los derechos y libertades de pensamiento, de reunión, de expresión, de cátedra, de publicaciones, no respetados con frecuencia, y el reconocimiento de la opción por l@s pobres como criterio teológico fundamental.
Con don Pedro Casaldáliga afirmamos que todo es relativo, incluida la teología, y que solo son absolutos Dios, el hambre y la liberación.

Madrid, 8 de septiembre de 2013
Enviado por Marcos Aleman sj

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sábado, 13 de abril de 2013

La Iglesia, un pacto de Pedro con Juan

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Tercer domingo de Pascua. Juan 21, 1-19. Como dice el título, la iglesia pascual es una secuencia de pactos de iglesias y de comunidades. Entre los más importantes que cuenta el NT se hallan éstos:

1. Pablo en 1 Cor 15. La pascua es pacto de experiencias de Pedro y los Doce, de los Apóstoles y Santiago, del mismo Pablo… Cada uno (cada grupo) ve a Jesús de una manera, todos pactan y se complementan, formando la Iglesia. De esa forma ha marcado Pablo un camino permanente de pactos de Iglesia.

2. Mc 16. Mujeres y Pedro. La Iglesia es el pacto esperado de las Mujeres fieles con Pedro y los Discípulos, que aún se han decidido a caminar de verdad a Galilea. En ese camino abierto al futuro de la misión universal está la Iglesia… Todo está por hacer según Marcos, en este bendito 2013, con el Papa Francisco.

3. Mc 28 supone que ese pacto de mujeres y discípulos pascuales se ha realizado ya en el Monte de Galilea. Allí nació la Iglesia, desde allí inició su camino, allí debemos volver hoy (año 2013) con Pedro (cf. Mt 16) y con las comunidades dispersas para reiniciar la marcha del evangelios.


4. Mujeres, apóstoles, judeo-cristianos... Lucas afirma (cf. Hch 1, 13-14) que el pacto primitivo y permanente (al que deben unirse los “pablos” posteriores) es el que formaron los Doce, con las Mujeres, los Hermanos de Jesús (los judeo-cristianos) y María, su Madre. De aquel pacto nacimos, en aquel pacto surgió la experiencia de Pentecostés.

5. El evangelio de Juan recoge dos pactos fundamentales. Uno es el que apareció el domingo pasado, entre la gran comunidad y Tomás (Jn 20); la comunidad ha de recibir a Tomás, que anda a lo libre; Tomás ha de aceptar a la comunidad, unidos todos a partir de la entrega de Cristo… El segundo pacto de Juan es el marca el evangelio de hoy (Jn 21)… Es el gran pacto de Pedro y el Discípulo Amado, del que seguiré tratando.

Éste pasaje (Jn 21) muestra, a mi juicio, el camino que debe seguir el Papa Francisco (representado por Pedro)… En este camino quiero recordar de nuevo a mi amigo Tomás, un buen Discípulo Amado, de quien traté ayer. En la imagen aparecen el Discípulo Amado y Pedro, corriendo hacia Jesús. Buen fin de semana a todos.

EL PACTO DE PEDRO Y EL DISCÍPULO AMADO

Hacia el año 100-110 d. C, una comunidad cristiana, de origen judío, animada por un enigmático "discípulo amado de Jesús", una comunidad muy especial que había empezado a desarrollarse en Jerusalén y después (quizá tras la guerra judía del 67-70 d. C.) en alguna zona del entorno (Siria-Transjordania o Asia Menor), se integró en la Gran Iglesia. Los fieles de esa comunidad trajeron consigo un evangelio (Juan, Jn) donde, junto al Discípulo amado, se recuerda a Pedro (Jn 1, 40; 6, 68; 11, 6-9), sobre todo en el capítulo final (Jn 21), que se añadió quizá en un momento posterior, para trazar las relaciones históricas e institucionales entre la Gran Iglesia y los miembros del grupo.

Veamos la escena. Pedro, representante de la Gran iglesia, sale a pescar, con otros seis discípulos, formando así un grupo de Siete (como los siete helenistas de Hech 6-7). Entre ellos se encuentra el Discípulo Amado, que no tiene más autoridad y tarea que amar y ser amado, dentro de una comunión de "amigos" (Jn 15, 15). Se puede discutir si era una figura simbólica o real.

Algunos le han identificado con Juan el Zebedeo, otros con Lázaro, a quien Jesús amaba (cf. Jn 11, 5. 28) e incluso con María Magdalena, a quien Jesús parece haber querido de un modo especial, de manera que ella podría haber sido la inspiradora de la comunidad que está en el fondo del Cuarto Evangelio (la comunidad del discípulo amado). Pero es muy difícil decidirlo, pues el evangelio no ha resuelto el tema.

La función de Pedro había aparecido al principio del evangelio (Jn 1, 42), cuando Jesús le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que significa Pedro», es decir, Piedra-cimiento de la iglesia (cf. Mt 16, 17-18). Por eso, el Discípulo Amado ha de aceptarle, dialogando con la iglesia institucional. Ello exigía un doble pacto histórico.

1) La Gran iglesia (Pedro) debía admitir a los carismáticos del Discípulo amado, testigos de la libertad originaria del amor.

2) Por su parte, la comunidad del Discípulo amado debía reconocer la autoridad de Pedro, es decir, de la Gran iglesia (como supone Jn 21).

Ese capítulo final (Jn 21) parece la expresión de un pacto que se realizó a finales del siglo I o principios del II, entre la Gran iglesia (representada por Pedro) y la comunidad del Discípulo amado y que el evangelio presentó en forma de pesca, dirigida por Simón Pedro (que dice: voy a pescar), a quien acompañan Tomás, Natanael, los zebedeos y otros dos desconocidos. Desde aquí podemos trazar la identidad del Discípulo amado y la función de Pedro.

1. No sabemos quién era el Discípulo amado.

Todo nos permite suponer que el evangelio ha querido mantener en la sombra su identidad personal (real o simbólica), para que los lectores puedan identificarse con ella. Éste es el discípulo que se reclina y apoya su cabeza sobre el pecho de Jesús, en la última cena, en gesto de hondo simbolismo, que implica intimidad, como indica la conversación que sigue, que le relaciona de un modo especial con Pedro (en positivo) y con Judas (en negativo) (Jn 13, 21-27).

En el contexto simbólico de la última cena (Jn 13-17 tiempo de revelación de amor), éste personaje puede ser un símbolo de aquellos que para seguir a Jesús y comprenderle han de hacerse amigos suyos. De todas maneras, el relato que sigue a la última cena y a la oración del huerto, parece indicar que ese mismo discípulo amado, que acompaña a Pedro, es un hombre real, de cierta importancia, porque aparece como amigo (conocido) del Sumo Sacadote, consiguiendo así que a Pedro le abran también la puerta de la casa donde se celebra el juicio de Jesús (cf. Jn 18, 15-16).

Esta posible amistad del Discípulo amado con el Sumo sacerdote constituye uno de los grandes enigmas del evangelio de Juan. Algunos han pensado que se trataba de una relación de tipo laboral: el discípulo amado (que sería Juan Zebedeo) llevaría pescado a la casa de los sumos sacerdotes. Pero es más probable que el cuarto evangelio haya querido presentar al Discípulo amado como alguien que está cerca de la élite sacerdotal: es un judío importante que se ha hecho amigo de Jesús.

Sea como fuere, el evangelio sigue diciendo que este Discípulo amado se mantiene bajo la cruz, donde no está Pedro, como signo de una iglesia que acoge a la Madre de Jesús, representando así la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento, de Israel y de la Iglesia (Jn 19, 26-27). El Discípulo amado y Pedro siguen juntos tras la muerte de Jesús y, por indicación de María Magdalena, corren al sepulcro vacío, donde ven el sudario y las vendas, cuidadosamente dobladas. Ese signo basta que el Discípulo amado crea en la resurrección

2. Pedro ha de hacerse Discípulo amado.

El testimonio básico sobre el Discípulo amado aparece en Jn 21 donde le vemos de nuevo con Simón Pedro, ratificando el pacto de su comunidad con la gran iglesia (Pedro). Como hemos dicho ya, se trata de un pacto institucional, entre la gran iglesia y una comunidad especial, que se había mantenido por un tiempo separada de otras corrientes cristianas, realizando un fantástico camino de profundización en el amor de Jesús. Pues bien, este capítulo (Jn 21) quiere resituar a los dos grandes personajes de la iglesia, definiéndolos en clave de amor.

El relato comienza, como también hemos dicho, con Simón Pedro, que afirma: voy a Pescar. Sin este principio no hubiera habido iglesia, como han indicado otros testimonios de Mt y Lc-Hech. Se le juntan varios discípulos, formando así un número de siete (como los helenistas de Hech 6): Pedro, Tomás, Natanael, dos zebedeos (Santiago y Juan) y dos cuyo nombre no se cita (Jn 21, 2). Uno (¿un zebedeo, alguien desconocido?) es el discípulo amado. Son Siete (como los helenistas de Hech 6-7), no Doce como los apóstoles de Jerusalén. Suben con Pedro a la barca y, a la voz del Señor, que les espera en la orilla, vuelven a echar las redes tras una noche en la que no han pescado nada.

Ahora logran pescar un gran número de peces (todos los pueblos) y el Discípulo amado reconoce a Jesús y dice a Pedro: ¡Es el Señor!» (Jn 21, 3-7). Pedro ha dirigido la faena, pero no sabe ver, porque aún no ama, y así depende del Discípulo amado, para descubrir a Jesús que espera en la orilla, recibiendo los peces que le traen y ofreciéndoles el pan y el pez del Reino. «Después que comieron, Jesús dijo: «Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?». Le dijo: «¡Sí, Señor! Tú sabes que te quiero». Le dijo: «¡Apacienta mis corderos!...» (Jn 21, 15-17).

En este contexto volvemos a descubrir la vinculación y diferencia entre Pedro y el discípulo amado, en línea de amor. Ambos han estado en la barca de la pesca; ambos deben seguir vinculados. Pedro tiene que aprender a amar a Jesús; el Discípulo amado debe aceptar el ministerio de Pedro. De esa forma, los dos quedan vinculados por el mismo amor. Así se entiende el final de la escena, que está centrada en Pedro, pero en su referencia al Discípulo Amado.

Después, tras recordar que Pedro ha cumplido bien su tarea, muriendo por ella (Jn 21, 18-19), el evangelista vuelve hacia atrás y añade:

«Jesús le dijo ¡Sígueme!. Pero Pedro, volviéndose, vio que también le seguía el Discípulo amado... y dijo a Jesús ¿Y este qué? Jesús le respondió: Si yo quiero que él permanezca hasta mi vuelta ¿a ti qué? Tú sígueme» (Jn 21, 21-22).

Pedro ha recibido una autoridad de amor y debe ejercerla siguiendo a Jesús y cuidando a las ovejas. Pero no puede imponerse sobre el discípulo amado, ni fiscalizarle. Pedro, la gran iglesia, tiene que dejar que el Discípulo amado viva en libertad de amor dentro de la Iglesia.

Contra la patología de un pastor (jerarca) que quiere tener la exclusiva y vigila a los demás eleva nuestro texto el buen recuerdo del Pedro ya muerto, que supo abrir un espacio para el Discípulo amado, y el buen recuerdo de de aquel Discípulo amado que supo mantenerse al lado de Pedro.

Pensaron algunos que ese discípulo no moriría, pero el evangelio tiene buen cuidado en indicar que Jesús no hablaba de eso (de no morir), sino de un modo de permanecer que desborda el plano de la iglesia instituida (de Pedro): “Si yo quiero que permanezca… ¿a ti qué?”. El Discípulo amado aparece así como signo de un amor que debe seguir existiendo en libertad, dentro de la Iglesia, sin estar dominado por Pedro.

En ese sentido profundo, el evangelio termina diciendo que ese discípulo amado sigue vivo a través del mismo evangelio: «Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero» (Jn 21, 24).

La iglesia aparece así fundada en el testimonio de alguien que ha amado a Jesús (que ha sido amado por Jesús), de tal forma que puede ofrecernos su recuerdo, garantizando su presencia. Sólo ese recuerdo de amor ofrece un fundamento al evangelio, que no es una verdad abstracta, trasmitida por alguien que no ama, sino testimonio de alguien que ha amado a Jesús. Sólo el amor permite recordar. Sólo el amor da ojos para ver y comprender la verdad. El Discípulo Amado es testimonio del amor de Jesús en la historia de los hombres y, de un modo especial, en el interior de la iglesia.

BIBLIOGRAFÍA SOBRE JUAN. PARA BLAS

((Con flecha hacia arriba los de origen hispano. Con dos estrellitas los más importantes...)).

a. Introducción
Sobre la interpretación de la figura y obra de Juan ha existido a lo largo del siglo XX una larga polémica que se refleja en los libros que siguen. Comienzo con algunos estudios generales, desde la perspectiva hispana (Tuñí, Vidal y Bartolomé.. ). Cito después algunas traducciones clásicas sobre el tema.

↑** Rábanos, R., y Muñoz León. D., Bibliografía joánica. Evangelio, Cartas y Apocalipsis, 1960-1986, CSIC, Madrid 1990.
↑** Tuñí, J. O. y Alegre, X., Escritos joánicos y cartas católicas, IEB 6, Verbo Divino, Estella 1995. Ofrecen un panorama general de toda la temática. Con amplia bibliografía sobre cada tema.
↑** Vidal, S., Los escritos originales de la comunidad del Discípulo “amigo” de Jesús, BEB 93, Sígueme, Salamanca 1997. Reconstruye los diversos estadios del texto (en original griego y traducción). Obra audaz y profunda. Le falta quizá un diálogo expreso con la tradición exegético, que le permitiría compulsar y verificar mejor sus hipótesis.
↑** Bartolomé, J. J., Cuarto Evangelio. Cartas de Juan. Introducción y Comentario, Madrid, CCS, 2002. Precioso manual que exponen y valora todas las visiones sobre Juan.
↑** García-Viana, L. F., El cuarto evangelio. Historia, teología y relato, San Pablo, Madrid 1996
** Dodd, C. H., La Tradición histórica en el cuarto Evangelio, Cristiandad, Madrid 1977. Id., Interpretación del cuarto evangelio, Cristiandad, Madrid 1978. Analizan los diversos contextos de surgimiento y lectura de Jn. Obra clásicas. Siguen siendo imprescindibles.
** Rigaux, B. y Lindars, B., Para una historia de Jesús IV. El testimonio del evangelio de Juan, Desclée de Brouwer, Bilbao 1979
** Cothenet, E., Evangelio según Juan, en Id. (ed.), Escritos de Juan y carta a los Hebreos, Introducción a la lectura de la Biblia 10, Cristiandad, Madrid 1985.
* Jaubert, A., El Evangelio según san Juan, CB 17, Verbo Divino, Estella 1987.
** Wengst, K., Interpretación del evangelio de Juan, Sígueme, Salamanca 1988. Precioso análisis de la tradición de Jn, que se situaría en un ambiente judío de Trasjordania.
** Brown, R. E. La comunidad del discípulo amado. Estudio de la eclesiología juánica, BEB 43, Sígueme, Salamanca 1987. Reconstruye las diversas etapas del despliegue de la comunidad de Jn, desde una perspectiva social, eclesial y cristológica, poniendo de relieve el paso de una cristología baja a una cristología alta.
** Destro A. y Pesce, M., Cómo nació el cristianismo Joánico: antropología y exégesis del Evangelio de Juan, Sal Terrae, Santander 2002. Análisis "religioso" del surgimiento de la tradición de Juan.

b. Comentarios

** Brown, R. E., El evangelio según Juan I-II. Cristiandad, Madrid 1979 (22002). Edición anterior, más breve, en R.E. Brown, Evangelio y epístolas de san Juan, Sal Terrae, Santander 1973. Sigue siendo el comentario normativo sobre Jn, que el autor estaba reelaborando en el momento de su muerte
** Schnackenburg, R. El evangelio según san Juan I-III, Herder, Barcelona 1980. Comentario enciclopédico, superado en algunos aspectos críticos, pero aún imprescindible. Cuenta con excursus de gran valor.
↑** Mateos, J. y Barreto, J., El evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético, Cristiandad, Madrid 1979. Versión reducida en Id., El Evangelio de Juan. Texto y Comentario, El Almendro, Córdoba 2002. Texto complementario: Íd., Vocabulario teológico del Evangelio de Juan, Cristiandad, Madrid 1980.Acentúa el simbolismo religioso y espiritual de Jn.
** León-Dufour, X. Lectura del evangelio de Juan I-IV, BEB 68/70 y 96, Sígueme, Salamanca 1992-98. Preciosa visión sapiencial de Jn, más que comentario exegético.
* Zevini, G., Evangelio según san Juan, Sígueme, Salamanca 1995. Lectura espiritual de Jn.
** Barret, J. K., El Evangelio según San Juan, Cristiandad, Madrid 2003. Comentario ya clásico (el texto inglés es de 1978). De corte tradicional y gran fidelidad al evangelio.
* Blank, J., El evangelio de san Juan I-II, NTM, Herder, Barcelona 1979-80.
* Wikenhauser, A., El evangelio según san Juan, CR, Herder, Barcelona 1967.
↑ * Tous, L., San Juan, un teólogo de hoy. Comentario al cuarto evangelio, Biblia y fe, Madrid 1978. Básico

c. Estudios teológicos. Jesucristo

↑ ** Balagué, M., Jesucristo, vida y luz. Estudio de los doce primeros capítulos del evangelio de Juan, Studium, Madrid 1963.
↑** Sabugal, S., Chistos. Investigación exegética sobre la cristología joanea, Herder, Barcelona 1972.
* Guillet, J., Jesucristo en el evangelio de Juan, CB 31, Verbo Divino, Estella 1980
↑** Camarero, L., Revelaciones solemnes de Jesús. Derás cristológico en Jn 7-8 (Fiesta de las Tiendas), Publicaciones Claretianas, Madrid 1997.
↑** Talavero Tovar, S., Pasión y resurrección en el IV evangelio, Pontificia, Salamanca 1976.
** Käsemann, E., El Testamento de Jesús: el lugar histórico del evangelio de Juan, BEB 47, Sígueme, Salamanca 1983. Acentúa el carácter gnóstico de Jn.
↑* Tuñí Vancells, J. O., Jesús y el evangelio en la comunidad juánica, Sígueme, Salamanca 1987.
** Potterie, I. de la, La verdad de Jesús. Estudios de cristología joanea, BAC, Madrid 1979
* Guillet, J., Jesucristo en el evangelio de Juan, CB 31, Verbo Divino, Estella 1986.

d. Estudios teológicos. La vida de los creyentes.

↑** Erdozaín, L., La función del signo en la fe según el cuarto evangelio. Estudio crítico-exegético de las perícopas Jn 4, 46-54 y Jn 20, 24-29, AnBib 33, Inst. Bíblico, Roma 1968.
↑** Tuñí Vancells, J. O., La verdad os hará libres: Jn 8,32. Liberación y libertad del creyente en el cuarto evangelio, Herder, Barcelona 1973. Íd., El testimonio del evangelio de Juan, Sígueme, Salamanca 1983. Id., Las comunidades joánicas, Desclée de Brouwer, Bilbao 1988.
↑** Casabó Suque, J. M., La teología moral en San Juan, AB 14, Fax, Madrid 1970.
↑** Cortés, E., Los discursos de adiós de Gn 49 a Jn 13-17, Monografías Bíblicas, ABE-Verbo Divino, Estella 1976.
↑** Luzárraga, J., “Oración y misión” en el evangelio de Juan, Universidad de Deusto-Mensajero, Bilbao 1978.
↑** Urbán F, A., El origen divino del poder: estudio filológico e historia de la interpretación de Jn 19,11a, Almendro, Córdoba 1987.
↑** Martín Moreno, J. M., Los personajes del cuarto Evangelio, Comillas, Madrid y Desclée de Brouwer, Bilbao 2002.
↑** Castro, S., Evangelio de Juan. Comprensión exegético existencial, Comillas, Madrid y Desclée de Brouwer, Bilbao 2002.
** Fehribach, A., Las mujeres en la vida del Novio. Un análisis histórico-literario feminista de los personajes femeninos en el Cuarto Evangelio, En clave de mujer..., Desclée de Brouwer, Bilbao 2001. Precioso estudio sobre las dos marías, la samaritana etc.
* Ernst, J., Juan: retrato teológico, Herder, Barcelona 1992

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viernes, 29 de marzo de 2013

Eucaristía, Cruz Cósmica: En la Entraña de Dios

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Vía-Crucis de Pérez Esquivel estación 12: Jesús muere en la cruz, el mundo desgarrado... como gran Hostia Eucarística, que es ofrenda suprema de amor.

Ésta es una Cruz Cósmica, convertida en Hostia (Eucaristía), ofrenda de amor que une, herida mesiánica que cura. De esta Cruz-Hostia, redonda y de cuatro brazos, que une a Dios con el mundo, trataron los antiguos Padres Griegos, con muchos pensadores modernos, desde Miguel de Unamuno (El Cristo de Velázquez) hasta Theilhard de Chardin (Misa en el Mundo).

Esta Cruz es el centro de la Teología Actual, tanto protestante (Moltmann, Dios Crucificado) como católica (J. Sobrino, Principio Misericordia).
Esta Cruz está en el centro de la gran protesta social y religiosa de la actualidad, contra los poderes que oprimen, destruyen y matan. Es la Cruz, más fuerte que las armas y el dinero, Cruz que puede curar el mundo roto, dividido.


En las reflexiones que siguen quiero ofrecer una simple Meditación sobre la Cruz Eucarística , a los pies de este Cristo de Esquivel, profundamente humana, profundamente cristiana, entendida a la luz del Via-Crucis que he venido comentando en los días anteriores.

Via-Crucis de P. Esquivel. Una meditación eucarística y cristiana (humana)

1. Cuadro. Jesús muere en la cruz para dar vida al mundo dividido. En el cuadro reconocemos la grieta existente entre el norte y el sur, entre los ricos y los pobres, los poderosos y los débiles, los explotadores y los explotados. Esta escisión del mundo es una de las causas del sufrimiento y muerte de Jesús. Al mismo tiempo la cruz y su sombra impiden que ese mundo se divida totalmente. La muerte de Jesús en la cruz constituye para nosotros y para el mundo un signo de esperanza y de nueva vida.

2. La Esfera y la Cruz. Muchas veces se ha contrapuesto (como hizo Chesterton) la esfera autosuficiente, cerrada en sí misma, el egoísmo redondo, y la cruz que abre sus brazos a todos. Pues bien, la Cruz del amor de Jesús rompe la esfera, haciendo posible que los hombres se comuniquen en amor, se encuentren unos a otros, vinculando así el arriba y abajo, la derecha y la izquierda en amor. Abrirse en cruz es hacerse diálogo, romper el círculo, hacerse brazos abiertos a la tierra entera.

3. La misa cósmica. Así vio este motivo Teilhard de Chardin, desde las altas mesetas del mundo, una Cruz Redonda (redonda como el mundo, el mundo entero), convertida en bendición de amor para todos los pueblos. Así ofreció Theilhard su gran “misa sobre el mundo”, sin pan y sin vino, pero con la vida cósmica, centrada en Jesús ofrecida como hostia de reconciliación. El mundo es una Hostia, una ofrenda de vida, no por odio, ni por castigo, sino por puro amor… desde el principio de los tiempos, desde su hondo secreto de Vida, Dios se hace y es Ofrecimiento de Vida, amor puro y total, todo en todos y para todos los hombres.

4. Cada misa, hostia redonda, una Iglesia que se abre en Cruz. El signo de la hostia redonda de pan, que expresa la redondez del mundo entero está hecha de cruz. Hoy día de la Eucaristía, Jueves Santo, la Iglesia ofrece en todos los lugares del mundo el signo del pan redondo, para que todos lo puedan compartir, comida hecha de amor, de vida concreto, rompiendo por un lado el mundo (hostia quebrada) para que todos puedan reconciliarse, desde los más pobres. Vivimos en un tiempo de Iglesias cerradas, círculos herméticos, hechos de silencio, Vaticanos que se esconden en sí mismos, tras muro de secreto… Pues bien, la nueva Iglesia del Jueves Santo debe romper su cierre, romperse en dos, hacerse cruz de amor para todos los hombres y mujeres de la tierra.

5. Los nuevos ministerios: El amor de los testigos, dos mujeres, dos hombres. Todo lo demás desaparece del primer plano. No hay Pilato, ni Caifás, ni Verdugos, ni espectadores curiosos… No hay tampoco Pedro (se ha ido: quo vadis?), ni están los doces, ni los miles de obispos de mitra y de leyes. Sólo ellos tres, dos mujeres (una madre, una amante) y un hombre (un discípulo querido), que son capaces de mirar y de entender desde el dolor inmenso. No hay filósofos que comprendan, han huido como he dicho los jerarcas de la Iglesia, quedan ellos, la nueva Iglesia de Jesús como saben los evangelios, empezando por Marcos y terminando por Juan. Con ellos, esos tres, empezará la historia de la iglesia que quiere convertirse en Hostia de amor al servicio de todos los hombres y mujeres de la tierra.

6. Allí atrás quedan las otras dos cruces, las de todos los crucificados de la historia, unos bandidos otros inocentes, unos buenos, otros malos… pero hoy todos buenos, por Jesús y con Jesús, ante el amor que muere y se entrega para engendrar vida. Quedan en Jesús todas las víctimas, elevadas en el amor de Dios; quedan, emergen del horizonte, se vuelven cada vez más cercanas, hasta fundirse con Jesús, la Víctima Pascual, convertida en fuente y principio de amor para todos los hombres y mujeres sobre el plano de la tierra.

7. América, el Mundo… Éste era el via-crucis latinoamericano, el camino de dolor de los miles y millones de campesinos y pobres de América Latina. Pues bien, ahora, al llegar a la plenitud del dolor, América desaparece prácticamente y queda en el gran Huevo de Dios la humanidad entera, norte y sur, una cara y la otra del planeta redondo. El dolor es el mismo, el mismo es el camino de vida de un mundo dislocado que tiene que quedar abierta, integrando a todos los que sufren y esperan en el camino de la Vida, que es dolor inmenso, esperanza de resurrección.

8. La Cruz, el útero de Dios. Desde siglos y siglos los hombres y mujeres han preguntado: ¿Cómo ha podido Dios crear este mundo? Han discutido sobre el tema con mitos y argumentos de filosofía, han hablado de big bang, del gran estallido, del inmenso grito… Pues bien, este Jueves Santo, los cristianos saben que Dios ha creado al mundo en la cruz de Jesús. De la cruz, del amor entregado y generoso de Dios, que es Cruz de Vida, nace la Vida de los hombres.

9. Pero sigue siendo la cruz histórica… Sigue siendo la cruz del dolor concreto y de la fidelidad concreta de Jesús, la cruz de Pilato y Caifás, la de todos los poderes de muerte del mundo que tienen que ser aniquilados en un sentido, como sabe Pablo, para convertirse en poderes al servicio de la vida. Por hoy queda así la imagen de la Cruz, hecha Hostia eucarística, hecha círculo de amor que se abre a todos los que saben acoger el amor y seguir amando.

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domingo, 6 de enero de 2013

Magos: Una leyenda muy “histórica” (U. Luz)

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Presenté ayer el tema de los magos según el testimonio de Benedicto XVI. Vuelvo hoy al tema desde la perspectiva de la exégesis, recogiendo el “cuerpo” (sin notas) del comentario de U. Luz, exegeta protestante de Suiza (*1938), autor del estudio más denso e influyente sobre Mateo en la segunda mitad del siglo XX.
Esta visión de U. Luz ha influido poderosamente en la presentación del Papa, como podrá advertir quien siga leyendo. Pero los matices son distintos, y ellos son los que aquí interesan. Para U. Luz el relato de los magos es una leyenda teológica, que sirve para entender el sentido del nacimiento de Jesús y para fundar la misión cristiana, en un contexto política y religiosamente conflictivo:

a. U. Luz presenta ese pasaje como una leyenda teológica, creada para destacar el carácter mesiánico de Jesús, como auténtico rey judío, frente a Herodes.



b. El relato pone de relieve la apertura de la Iglesia al paganismo (y del paganismo a la Iglesia) desde una perspectiva oriental (persa), desde una clave de nacimiento regio más de que muerte pascual.

c. U. Luz (protestante, como he dicho) ha dado mucha importancia a la historia de la exégesis del texto de los magos, que nos habla más de la historia de la Iglesia que de la historia de Jesús.

d. Este relato es una leyenda, de principio a fin, pero nos introduce en el sentido de la historia… En esa línea, ofrece una historicidad muy profunda, que nos permite conocer la identidad de Jesús mejor que muchas “historias reales” en sentido cronística.

e. Como protestante, U. Luz ha destacado el carácter personal de la estrella (cada creyente tiene la suya), más que su carácter histórico y comunitario.

f. Como hombre de fe, U. Luz ha puesto de relieve el carácter "espiritual" de los dones de los magos... No ha entrado en las implicaciones económicas y sociales del tema.

g. Finalmente, Luz no ha sabido o no ha querido destacar la importancia de la figura de la Madre de Jesús como Gebirá.


A pesar de todo ello, el comentario de Luz sigue siendo fundamental para entender el pasaje de los magos.

1ª Imagen: Portada del primero de los cuatro volúmenes del comentario de Mateo,publicado en Sígueme (Salamanca), el mejor que existe actualmente en el mercado.
2ª Imagen. U. Luz. Nació en Männedorf (Suiza) en el año 1938. Ha sido profesor de Nuevo Testamento en Tokio (1970-1971), Göttingen (1971-1980), y desde el año 1980 en la Universidad de Bern. Su gran obra es: «El evangelio según san Mateo» I-IV, 1993-2005.

Texto:

1 Nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempo del rey Herodes, llegaron unos magos de oriente a Jerusalén 2 y dijeron: «¿Dónde está el recién nacido rey de los judíos? Porque hemos visto salir su estrella y hemos venido a adorarle». 3 Cuando el rey Herodes oyó esto, se sobresaltó, y con él toda Jerusalén. 4 Y convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo y se informó por ellos del lugar donde había de nacer el Mesías. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judá; porque así está escrito por los profetas:

6 ‘Y tú, Belén, tierra de Judá,
en modo alguno eres el menor
entre los principales clanes de Judá,
porque de ti saldrá un jefe
que será pastor de mi pueblo, Israel’».

7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y se informó cuidadosamente acerca del tiempo de la aparición de la estrella, 8 los envió a Belén y dijo: «Id y averiguad exactamente qué hay de ese niño. Si lo encontráis, notificádmelo para que yo también vaya a adorarlo». 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino. Y he aquí que la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella sintieron mucha alegría. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre. Y postrándose, le adoraron y abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y avisados en sueños de que no volvieran donde Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

EL TEXTO. INTRODUCCIÓN

Redacción y tradición

Esta perícopa está muy elaborada por Mateo. Rara vez contiene un lenguaje no mateano. De no afirmar que Mateo inventó simplemente la perícopa, habrá que suponer que fue el primero en poner por escrito el fragmento de la tradición transmitida oralmente.

Si el evangelista fue el primero en poner por escrito una tradición, las posibilidades de decir algo seguro sobre la historia de la tradición son escasas de entrada. Esto rige también para nuestra perícopa: es difícil construir de modo plausible una forma más originaria de la tradición. No contiene hiatos, sino que se narra con fluidez y sin fricciones con el relato anterior y posterior. Tampoco es posible, a mi juicio, volver a una redacción sobre los magos originariamente autónoma que no esté relacionada con la persecución y salvación del niño Jesús (2, 13-23).

Eso se contradice, en todo caso, con las tesis defendidas generalmente en la investigación. O bien se supone que se ha insertado en un relato originario sobre los magos el tema de Herodes que forzó a presentar la estancia «superflua» de los magos en Jerusalén, o que el tema de los magos configuró secundariamente un relato sobre Herodes que subyace originariamente en el capítulo 2. ¿O acaso se combinaron dos narraciones originariamente independientes? ¿O fue Mateo el que las combinó?

Tales tesis presentan escasa fuerza probativa, a mi juicio: un relato sobre Herodes sin los magos carecería totalmente de base: no se sabría cómo obtuvo Herodes sus informaciones sobre el niño rey. A la inversa, el relato sobre los magos se orienta hacia el episodio de Herodes: los magos son paganos; esto exige alguna forma de contraposición a Israel. Además, los magos o astrólogos revisten importancia en numerosos paralelismos sobre los peligros que corre el niño rey, de suerte que la presencia de los magos no resulta un cuerpo extraño. Los intentos de de-construcción literarios o de historia de la tradición «resuelven», a mi juicio, unos problemas que no existen en la actual redacción lograda y armoniosa.

Temas y analogías en la historia de la religión.

De los relatos afines sobre el niño rey, la haggadá de Moisés es la más próxima a nuestro relato y al texto de 2, 13-23: los magos (TgJ a Ex 1, 15; ExR 1, 18 a Ex 1, 22) o los letrados (F. Josefo, Ant., 2, 205) anuncian al Faraón el nacimiento de Moisés; el Faraón se sobresalta (F. Josefo, Ant., 2, 206) y planea la matanza de niños. Las tradiciones mosaicas fecundaron probablemente nuestro relato. Pero éste manifiesta a la vez, frente a aquéllas, tal autonomía –sobre todo en el empleo del tema de los magos– que en modo alguno se puede entender como mera copia de la haggadá de Moisés.

No se explica de ese modo el tema de la estrella. En fuentes helenísticas se habla de un cometa en el nacimiento de Mitrídates y en el episodio de Nerón que cuenta Suetonio. También se habla de cometas u otros fenómenos luminosos en el nacimiento de dioses. En monedas de Alejandro, de los diadocos, de César, de Augusto, pero también de Alejandro Janeo y de Herodes, se encuentra una estrella como símbolo del rey. Aparte de eso, está difundida la idea de que cada persona tiene su estrella, la gente rica una estrella brillante y los demás deslucida, que aparece con el nacimiento y se extingue con la muerte. En esta idea se basa la astrología popular de aquella época. En la tradición judía aparece una estrella en la historia del niño Abrahán que es perseguido por Nemrod. Pero los documentos son tardíos. Ap 12, 1 menciona una «gran señal en el cielo».

Más ardua es la cuestión de si hay que pensar en la profecía de Balaán sobre la estrella de Jacob (Nm 24, 17). La interpretación mesiánica de este pasaje fue muy frecuente. También en el relato de Balaán un profeta pagano frustra los planes de un rey malo al anunciar que Dios está con Israel (Nm 23, 21) y que en Israel surge un soberano. En tradiciones posteriores Balaán es caracterizado como mago. La historia de la exégesis muestra que los lectores cristianos pensaron en Balaán. Por otra parte, la estrella no se identifica con el Mesías, como en la exégesis de Nm 24, 17.

Las alusiones literales al episodio de Balaán en Nm 22–24 son relativamente escasas en 2, 1-12. La tradición judía establece una relación entre los magos que aparecen en la haggadá de Moisés y Balaán, pero los documentos son muy tardíos. En suma: el texto induce a los lectores con relativa facilidad a evocar el episodio de Balaán como intertexto. Que esto responda a una intención expresa del autor, es cuestión abierta.

Sobre todo la literatura posterior hizo frecuente alusión al episodio del rey de los armenios, Tirídates, que viajó a Roma con magos en su séquito y con gran pompa para rendir homenaje a Nerón. Hay razones históricas que hacen improbable que esta astuta maniobra política del año 66 d.C. influyera en nuestra perícopa. Posiblemente ese viaje fue sugerido por un fenómeno celeste extraño. El viaje de homenaje de los magos a Belén, motivado además no por un soberano reinante sino por un niño, sería una contra-historia subversiva para el viaje de Tirídates. Pero es probable que muchos lectores evocasen este episodio: ése fue el objetivo del viaje por tierra de Tirídates y su séquito de varios miles de personas, pagado por Nerón, desde Armenia hasta Nápoles.

Historicidad.

Nuestro relato es una leyenda escueta y sobria que no sigue las leyes de la verosimilitud histórica. Esto lo muestran las preguntas desesperadas de los exegetas: ¿Por qué Herodes no agregó al menos un espía a los magos? ¿Cómo pudo todo el pueblo de Jerusalén y los letrados sobresaltarse junto con el odiado rey Herodes por la llegada del Mesías? Tampoco se describe la estrella de un modo realista, es decir, plausible a nivel astronómico.

En la abundante literatura astronómica sobre nuestro texto aparecen en primer plano tres posibilidades de explicación:

1) Una supernova, de la que no existen documentos de aquella época.
2) Un cometa. Pero el cometa Halley, el más mencionado, del año 12/11 a.C. llegó demasiado pronto para el nacimiento de Jesús. Más en serio hay que tomar un cometa (¿o una nova?) atestiguada por astrónomos chinos para el año 5-4 a.C..
3) La conjunción de Júpiter y Saturno, que se produjo tres veces el año 7-6 a.C. Llamó la atención y fue predicha por astrónomos babilónicos. No encajaba mal en nuestro relato, porque Júpiter es el astro de los reyes, y Saturno, como astro del sábado, fue considerado a veces como estrella de los judíos.

Hay que decir que todos esos intentos aportan muy poco a la explicación de nuestro relato. Mateo quiso describir una estrella milagrosa que apareció en oriente, precedió a los magos camino de Jerusalén y de Belén (de norte a sur) y se detuvo encima de la casa donde se encontraba el niño. Áster significa filológicamente una estrella concreta, no un grupo de estrellas (= ästron). En las conjunciones de Júpiter y Saturno de los años 7-6 a.C., los dos planetas nunca se aproximaron lo bastante para verlos como un solo astro. Todo esto no excluye, obviamente, que el recuerdo de alguna aparición astral llamativa en la época del nacimiento de Jesús pudiera perdurar en la memoria de la comunidad.

La historicidad de la estrella queda descartada, en fin, por el hecho de que Lucas nada sabe al respecto; además, el episodio de los magos no podría encajar en el relato lucano del nacimiento. Parece que tampoco los padres de Jesús saben nada de los acontecimientos prodigiosos de su nacimiento (Mc 3, 31-35). No se detecta, en suma, un núcleo histórico; en cambio, las numerosas tradiciones paralelas en la historia de las religiones hacen más comprensible la elaboración del relato. Resumiendo: este relato no posee, a mi juicio, un núcleo histórico.

Sin embargo, la narración ofrece ciertos datos sobre la comunidad cristiana en la que se compuso: es una comunidad que está familiarizada con las tradiciones judías, pero también con algunas tradiciones helenísticas. Como la mayoría de las personas de la época, y también como muchos judíos, muestra cierta apertura hacia la astrología. En su situación sólo puede considerar al judaísmo como enemigo. A diferencia de Lucas, hace que se le tributen oro y aromas, ya en la cuna, al niño rey, Jesús. En su perspectiva los magos aparecen como paganos. La comunidad posee una cierta formación histórica, como indica especialmente 2, 22. ¿Quizá era una comunidad urbana situada en una zona no del todo judía?

EXPLICACIÓN, HISTORIA DE LA INFLUENCIA

Una vez más, el exegeta se encuentra con el problema de abordar correctamente un relato cuya historicidad es inverosímil. El problema se agudiza porque uno de sus postulados esenciales es el anuncio de la providencia de Dios: una providencia que se disuelve en simple relato se parece mucho a una ilusión. ¿Dónde está la acción de Dios, de la que pretende hablar el relato? No es fácil dar una respuesta. Para la comunidad, la apertura de Dios a los paganos era la experiencia de la salvaguarda (¿propia?) ante los ataques de los enemigos (¿judíos?); y la conciencia del triunfo de Jesús sobre el poder mundano, junto con la fe en el poder del Señor Jesús resucitado, era el presupuesto para este relato. La exégesis tiene que atender, pues, a lo que esta story tiene que atestiguar; al anunciador que la utiliza se le pregunta por unas experiencias propias que corresponden a este testimonio.

La historia de la exégesis muestra que cabe distinguir entre cinco tipos de exposición de nuestro texto: a) exposiciones cristológicas y soteriológicas en diversos estilos, b) interpretación de cara a la futura Iglesia a partir de las naciones paganas, c) aplicaciones a la religiosidad del individuo o de la comunidad, en las que los lectores se identifican con los magos, d) interpretaciones políticas y e) expresión de la providencia de Dios que no permitió la liquidación del niño Jesús. Estos diferentes tipos de exposición se complementan generalmente entre sí. Menciono algunos ejemplos, no en orden cronológico sino sistemático.

a) La interpretación cristológica.

Hay una interpretación muy antigua que entiende la venida de Cristo como la disolución de toda magia. Los magos, según Justino, Dial., 78, 9, se apartaron del demonio de la magia y se convirtieron a Cristo. Para Clemente de Alejandría, con Cristo apareció una «nueva estrella» que trastocó la antigua posición de las estrellas, abrió con una luz universal nuevos caminos de salvación y condujo a los hombres desde el desamparo a la providencia de Dios. Según Tertuliano, Idol., 9, la venida de Cristo significa el fin de la astrología, «porque después del nacimiento de Cristo nadie puede ya derivar del firmamento el nacimiento de un hombre». Interpreta los dones de los magos como una autodonación, y su retorno por otro camino como conversión. La venida de Cristo significa, pues, una nueva «luz de conocimiento». Con el homenaje de los magos la sabiduría del mundo cobra una nueva orientación.

Esto lleva consigo una nueva perspectiva cristológica. La proskynesis, que es adoración, se realiza ante el Hijo de Dios. Esto es patente sobre todo en la interpretación de los dones: desde Ireneo, Haer., 3, 9, 2, y Orígenes, Cels., 1, 60, la mirra se entiende como referencia a la muerte de Jesús (cf. Mc 15, 23; Jn 19, 39). Jesús recibe el oro como rey, el incienso como Dios, la mirra como hombre. A veces el incienso es referido también a la dignidad de Jesús como sumo sacerdote. Estas exégesis de la historia indican cómo la Iglesia antigua lee distintos pasajes bíblicos a la luz de la fe de la Iglesia. La exégesis alegórica es de la máxima importancia hermenéutica. Posibilita lo que hoy llamamos una «comprensión propia» de los textos bíblicos, a saber, su conexión con la fe propia o la enseñanza eclesial.

También es clara la perspectiva cristológica en muchas representaciones de los magos en el arte. Elijo como ejemplo el mosaico en el arco de triunfo de la iglesia de Santa Maria Maggiore en Roma, realizado poco después del Concilio de Éfeso (431). Cristo se sienta como un pequeño adulto en un trono espléndido, adornado con una almohada azul, que simboliza su soberanía universal. En su aureola porta una pequeña cruz, sobre él brilla la estrella de ocho rayos de Jacob. Al fondo están de pie cuatro ángeles vigilando el trono. A su derecha la madre de Dios, María; a la izquierda una figura femenina alegórica, que es interpretada como sibila y, por eso, como Iglesia procedente de los paganos. Los magos llevan vestidos persas (con pantalones, túnica ceñida y gorro frigio). El ademán oratorio de Cristo «es señal de auto-revelación y gesto imperial»: el niño Cristo es el «pequeño Logos entronizado». Todo el estilo de representación está tomado de la iconografía imperial de la antigüedad tardía.

b) La aplicación a la misión pagana a partir de la historia de la salvación

ve en los magos las primicias de los paganos («primitiae gentium») y hace que nuestro texto recupere el desiderátum de la genealogía. Desde Beda, los tres Magos representan los tres continentes de la tierra: Asia, África y Europa, y además a los tres hijos de Noé. Por eso, desde el siglo XII uno de los magos es representado en ocasiones de color negro.

La interpretación de los magos de cara a los paganos va unida con frecuencia a un énfasis antijudío: ya para Orígenes, Herodes es «un símbolo del pueblo rebelde». Juan Crisóstomo contrapone los Magos a los judíos rebeldes, que «ni siquiera creen a sus profetas», y exige a sus oyentes «abandonar al pueblo judío, la ciudad llena de desorden». Para Hilario, la prohibición divina a los magos de pasar por Jerusalén en el viaje de retorno significa que «no nos está permitido buscar ciencia y conocimiento en Judea».

c) Los magos sirven en diversos aspectos como figuras de identificación para los lectores cristianos.

Juan Crisóstomo entiende que son ejemplo de personas que han experimentado una «iluminación interior»; su regreso por otro camino indica una fe «que no pregunta por las razones para aquello que se le encarga a uno». Sobre todo los v. 11s mueven a los creyentes a identificarse con los magos: éstos, que traen dones para Cristo y después del encuentro con el niño Jesús vuelven a su patria por otro camino, son ejemplo para las personas que se convierten a la fe, se imponen así un compromiso y no vuelven ya a su «secta anterior». Si se interpreta el v. 11 en línea parenética, viene a exigir a los creyentes la donación generosa.

En la espiritualidad de la Edad Media tardía, los magos son modelo de amor profundo a Jesús.

Se inclinaron, según Pseudo-Buenaventura, «con reverencia y entrega, y besaron sus pies». Son ejemplo para los reyes y los grandes de este mundo, para hacerse humildes. La interpretación parenética aflora luego en otro pasaje: María, que amaba la pobreza, supo desprenderse de los regalos de los tres reyes y se los dio a los pobres. En la exégesis de la Reforma los magos se rigen por el «solum verbum» reformista: el resumen de la homilía de Lutero dice: «En suma: Deja de lado Jerusalén, Iglesia, ius principis, sed soli verbo adhere». Según el «Opus Imperfectum» (Juan Crisóstomo), sus dones, oro, incienso y mirra, son «fides rationalis, munda ratio, bona opera»; para Eutimio Zigabeno, obras puras, oración y mortificación de las pasiones; para Gregorio Magno, sabiduría, oración y «mortificatio carnis»; para Lutero, el reconocimiento o la fe, el amor y la esperanza («todo cristiano puede ofrecer estos dones, el pobre no menos que el rico); para Grocio, «misericordia, preces, puritas»; par Bengel, un corazón fiel, oración y meditación, y mortificación de la carne.

La identificación con los magos se expresa con especial belleza en las representaciones artísticas. En el mosaico de San Apollinare Nuovo in Ravenna del tiempo de Justiniano, los magos, de nuevo en ropaje persa, encabezan una larga procesión celestial de vírgenes que caminan sobre una pradera del paraíso y ofrecen sus coronas. Llevan sus dones ante el trono fastuoso de María, guarnecido de estrellas. Cristo aparece sentado –a diferencia del mosaico de Santa Maria Maggiore– en el seno de la madre de Dios, María. Ella es la figura verdaderamente central, flanqueada a derecha e izquierda por ángeles. Un modo muy diferente de identificación de los fieles con los tres reyes muestra por ejemplo, unos mil años después, el altar de la iglesia de Santa Columba en Colonia de Rogier van der Weyden (alrededor de 1500).La adoración no acontece ahora en el cielo, sino en el mundo; tampoco en una casa, como en Mt 2, 11 sino, en coincidencia con Lc, en el establo de Belén, con pobreza y humildad.

Los tres reyes llevan vestidos de la época, propios de ciudadanos prominentes de la Baja Edad Media. No son ya los dones lo que aparece en primer plano, sino la entrega de los mismos al recién nacido niño-Cristo, que está en el seno de María. María no es ya la reina del cielo, sino madre. De nuevo los tres sabios encabezan una procesión, pero no de vírgenes, sino de las personas de aquella época, que les siguen en dirección al niño del establo. A través de los muros del establo derruido no se ve el paraíso, sino una ciudad de la Baja Edad Media. De la columna central del establo cuelga un crucifijo: el niño nacido en extrema pobreza y humildad morirá en la cruz. La estrella celestial, símbolo de la gloria divina, solo es visible a medias.

Dimensiones políticas de Mt 2, 1-12.

El contraste entre Herodes, el rey malo, y el niño rey Jesús, cuya realeza es de orden muy distinto, llevó también a lecturas políticas del relato. En el siglo IV era frecuente contraponer entre sí la adoración de los magos y los tres jóvenes en el horno de fuego, Dn 3. Se trata en este caso de la resistencia al soberano perverso, Nabucodonosor o el rey pagano; en el otro, del homenaje a Cristo, el verdadero soberano del mundo, totalmente distinto.

La perspectiva difiere en la época de los emperadores cristianos. Éstos forman parte de los que adoran al rey recién nacido y reciben de él la soberanía. A ello se ajustan las representaciones artísticas que escenifican una ceremonia de homenaje que rinden unos reyes vasallos: el obsequio del primer mago es el «aurum coronarium», la corona de oro, símbolo de soberanía, que un rey vasallo pone a los pies del nuevo rey. Muchas fuentes atestiguan que algo semejante se practicaba en ritos cristianos: el soberano cristiano pone su realeza a los pies de Cristo rey universal, y la vuelve a recibir de él. La creencia en la realeza de los magos, que Cesáreo de Arles fue el primero en defender, pertenece quizá a este contexto histórico.

Desde la Edad Media hay usos populares en los cuales gente ordinaria: vecinos, pobres, niños, desempeñan el papel de «reyes». También aquí aparece clara una dimensión política: la de la protesta «escenificada» y ritualizada.

Los reformadores polemizaron contra la identificación de los magos con reyes; también la exégesis católica adoptó relativamente pronto el escepticismo de la Reforma. Lo cierto es que se vio aquí la escasa influencia que tuvo la exégesis en la religiosidad del pueblo: la Epifanía sigue siendo hasta hoy la fiesta de los tres reyes. Igualmente, el hecho de que en la época moderna los reyes «cristianos» se identificasen cada vez menos con el papel «regio» de los magos, tuvo poco que ver con la Reforma y mucho, en cambio, con la idea de la monarquía absolutista moderna.

e) En todas las épocas se ha entendido nuestro relato como testimonio de la providencia de Dios. Lo es en su sentido literal. No tanto el niño Cristo, sino más bien los magos fueron guiados por Dios. Dios estuvo actuando en sus corazones. En especial las leyendas y las representaciones escénicas de los tres reyes, que vuelven a narrar y revivir el episodio bíblico, se inspiran en esa idea.

TEMAS PARTICULARES

La exégesis tendrá que indagar ahora cómo se relaciona esta serie de dimensiones descubiertas en el curso de la historia con el potencial de sentido del texto originario.

Magos

El escenario es Jerusalén desde el principio. El viaje de los magos no le interesa a Mateo; su interés se centra en la confrontación con Herodes. Sólo da un dato sobre los magos: vienen de oriente, el lugar originario sin mayores precisiones, de la magia, la astrología y la sabiduría religiosa. El lector sabe que los magos son paganos; el evangelista lo subraya haciendo que pregunten en el v. 2 por el lugar de nacimiento, no del rey de Israel, sino del «rey de los judíos».

Mágos significa directamente un miembro de la casta sacerdotal persa; pero más tarde se amplía y designa también, desde el helenismo, a otros representantes de la teología oriental, de la filosofía y de la ciencia natural. El límite entre magos, astrólogos y teúrgos es fluido. Los magos anuncian grandes acontecimientos según antiguas tradiciones. Junto a eso, mágos se usa ya desde Sófocles y Eurípides negativamente: los magos son brujos y charlatanes. Pero la valoración de los magos es generalmente positiva, cosa comprensible dada la gran estima de que gozaba entonces la sabiduría oriental.

El judaísmo, que se muestra alérgico a cualquier forma de brujería por influencia del AT, suele juzgarlos negativamente, pero no puede ser insensible a la astrología y al gran aprecio helenístico hacia los magos. El cristianismo asume la valoración negativa judía. Por eso cabe suponer que también los lectores valorasen de entrada negativamente a los magos. Tanto mayor es entonces la sorpresa que el relato les produce. En el plano socio-histórico su prestigio es notable; es frecuente encontrarlos en palacios reales. Su elevado prestigio está en consonancia con los obsequios que traen al niño Jesús.

En nuestro texto no se presenta negativamente a los magos. Lo que los lectores tengan que retener de ellos lo mostrará solo el relato. Primero reaccionan quizá en forma ambivalente: en el contexto de Mt 1–2 conjeturan que los magos buscan al niño Jesús para homenajearlo, pero lo buscan en lugar equivocado. La estrella hace suponer que la relación con la astrología no queda excluida del todo; pero Mateo la deja de lado al no especificar cómo reconocieron los magos el significado de la estrella. Lo único decisivo es la guía de Dios.

Se ha vertido mucha tinta acerca de la estrella. La fórmula autos ton astera sugiere que Mt se refiere a la difundida idea de que cada ser humano tiene su estrella, o piensa en la estrella real. Pero esta estrella es un astro milagroso que muestra a los magos el camino y les precede hasta Belén.

Aparecen ahora en el escenario los adversarios del niño Mesías: Herodes y «toda Jerusalén con él». Su reacción es de sobresalto, lo cual demuestra que comprendieron la gravedad de la situación. Herodes y todo el pueblo de Jerusalén se unen en el frente judío contrario al niño rey. A todo el que conozca un poco la situación histórica, el esquema mateano tiene que sorprenderle: Herodes era tan impopular en la población jerosolimitana –aparte la casta superior fiel al rey– que la noticia del nacimiento de un niño rey hubiera desencadenado, sobre todo, alegría. Pero Mateo no se preocupa de eso. Para él, Jerusalén es la ciudad que dará muerte a Jesús; y el pueblo es aquel que dirá al final de su evangelio: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (27, 25). Del «rey de los judíos» que tanto sobresalta a Herodes y a su pueblo, se habla de nuevo en el relato de la pasión (27, 11.29.37.42).

Mateo ofrece así una señal de aquello que ocurrirá en la historia de la pasión. El v. 4 lo refuerza: Herodes reúne a los miembros del clan de los sumos sacerdotes y a los letrados, a los que llama expresamente letrados del pueblo (de Dios). Esta bella armonía de Herodes con los letrados es sorprendente para unos lectores que no tienen aún la imagen totalmente negativa de los letrados, imagen que resultará al final del evangelio; pero ofrece indicios tanto más claros sobre la intención del narrador. Herodes pregunta a los letrados por el lugar de nacimiento del Xristós. El título revela que Herodes no teme sólo a un rival, sino al Mesías de Israel.

Los letrados responden a la pregunta del rey aduciendo Miq 5, 1. Mateo, que aquí –en boca de los letrados– evita la fórmula de cumplimiento, no ve en la cita primariamente una «fundamentación veterotestamentaria del comienzo de la vida de Jesús fijable histórico-biográficamente». Se trata más bien, como muestra la palabra ´Ioúda reiterada y el fragmento tomado de 2 Sm 5, 2 con el término laó$, de una insinuación antijudía implícita: los letrados reconocen que se trata del esperado pastor mesiánico del pueblo de Dios, Israel; pero no extraen de eso ninguna consecuencia, sino que se hacen indirectamente cómplices de Herodes.

El malvado Herodes, por su parte, pide información a los magos. El lector no espera de él buenas intenciones precisamente. Cuando llegue en la lectura a lo formulado en el v. 16 en términos muy similares, adivinará la brutalidad abismal de Herodes; tendrá la impresión de que la matanza de los niños se había maquinado ya entonces. También el v. 8 sirve a la misma intención; el lector comprende la hipocresía de Herodes. Esto viene a sentar la base para el v. 12: Herodes intenta comprometer en el juego a los magos; pero su mala intención queda destruida por la intervención de Dios.

Los magos viajan de noche, no porque esto fuese usual en oriente, sino porque da ocasión al narrador para hablar de nuevo sobre la estrella. Al igual que en relatos afines, el lector ha de sentir aquí la providencia de Dios que actúa en todo el proceso y compartir la alegría desbordante que los ((11)) magos sienten por ello. El v. 11 constituye el clímax de la leyenda: los magos encuentran en la casa al niño y a su madre. La fórmula tò paidíon para referirse a Jesús, que evoca 2, 13s.20.21, y la no mención de José sugieren la posición especial de la virgen María en el sentido de 1, 18-25. La palabra proskunéw aparece por tercera vez después de los v. 2.8.

Adoración

La palabra proskunéô designa la adoración mediante el gesto de postración en tierra, adoración que en la concepción griega se tributa a los dioses y, según la mentalidad oriental, también a hombres eminentes, sobre todo reyes. Aunque la palabra se pudo haber usado ya en sentido corriente durante la época neotestamentaria, predomina en Mateo su uso consciente y enfático: la proskúnhsiS se produce casi exclusivamente delante de Jesús, por parte de alguien que implora ayuda (8, 2; 9, 18; 15, 25; cf. 20, 20) y también por parte de los discípulos (14, 33 en combinación con el reconocimiento del Hijo de Dios), especialmente delante del Glorificado (28, 9.17). Ante las dudas que surgen, la palabra proskunéO designa en 28, 17 la actitud correcta hacia el Señor resucitado.

La proskúnhsiS de los magos sugiere al lector la majestad de Cristo, Hijo de David (1, 1), Hijo de Dios (cf. 1, 21; 2, 15) y Jesús Enmanuel. Hace que los lectores quizá todavía reservados simpaticen plenamente con los magos paganos: la proskúnhsiS es también su postura ante el Señor Cristo.

Los magos abren sus cofres y ofrecen dones al niño. La fórmula recuerda a Is 60, 6, y en segundo lugar a Cant 3, 6. Is 60 habla de la peregrinación escatológica de los paganos y de sus reyes a Sión. ¿Ve Mateo en la adoración de los magos un cumplimiento simbólico de este conocido vaticinio?. Dado que la reminiscencia veterotestamentaria en modo alguno es unívoca y no se hace referencia al contexto de Is 6, ese extremo no es seguro.
El sentido de los dones tampoco está claro. El incienso, resina de árboles que crecen en Arabia meridional, India y Somalia, y la mirra, también resina de árboles de Arabia y Etiopía, se emplearon primariamente en el culto, en prácticas mágicas y en ceremonias nupciales, para fines cosméticos y como condimento o medicamento. Ambos productos se consideraban artículos de lujo muy caros (de importación). El texto dice que los magos ofrecen al niño, además del oro, los dones más valiosos.

Después del clímax del v. 11, el relato se interrumpe. El narrador utiliza de nuevo el recurso del sueño para mostrar la guía de Dios; el plan perverso de Herodes queda desbaratado. El hecho de que sólo José goce de la aparición de un ángel (1, 20; 2, 13.19) puede ser un matiz delicado. Los magos regresan a su tierra; el narrador no muestra interés alguno por su destino ulterior.

RESUMEN

Volvamos a las cinco dimensiones del texto esbozados al principio, dimensiones que el texto ha ido ganando en su historia de la recepción. ¿Por qué cabe remitir al texto?:

a) El tema cristológico se alude solo indirectamente en este relato. Aparece reflejado de algún modo en la reacción de los hombres al Enmanuel: en el rechazo asesino de Cristo por Herodes, rey de los judíos, y en la proskynesis de los magos paganos, anticipando la adoración de los discípulos. Pero en el macrotexto, donde nuestro episodio sigue inmediatamente al texto cristológico capital 1, 18-25, es importante el tema cristológico. ¡Dios está con Jesús y los suyos!

b) Para Mateo está en primer plano la adoración de Jesús por unos paganos y su rechazo por los jerosolimitanos. De ese modo retoma una idea sugerida ya en 1, 1 y en la genealogía, y preludia un tema fundamental de su evangelio: la afluencia de los paganos al Mesías de Israel y su repulsa por parte de Jerusalén, culminando en la historia de la pasión. El texto no dice que los magos sean «la elite espiritual del mundo pagano»; pero algunos de sus lectores en Siria y Asia Menor habrán pensado eso;

c) Los magos no eran en principio personajes de identificación para los primeros lectores judeocristianos del evangelio de Mateo. Llegaron a serlo por el relato que ellos hicieron, pero sobre todo por su proskynesis. Para lectores paganocristianos posteriores lo fueron, probablemente, ya desde el principio. No es decisivo que los magos se convirtieran de su astrología atea a Cristo. Tampoco son decisivos los dones que traen consigo. Lo decisivo para la identificación de los lectores con los magos es más bien su adoración del niño Cristo (v. 11);

d) El relato tiene una dimensión de sentido político, a lo sumo, secundaria: que el niño que después tiene que huir sea un «antirrey» del brutal y violento Herodes, sólo queda del todo claro por los v. 16-18, la matanza de los niños. El evangelio entero de Mateo esclarecerá también esta idea: Jesús es el rey pacífico. Solamente la idea de legitimación de una soberanía terrenal ejercida por el niño Cristo es ajena al texto; e) Es importante, en fin, la idea de la guía y del plan de Dios para el relato tradicional sobre la salvaguarda del niño rey, Jesús, y para Mateo.

HISTORIA DE LA INFLUENCIA

Señalo, por último, algunos rasgos de la leyenda de los magos que siguen marcando aún nuestra imagen actual de los «tres reyes».

Sobre la procedencia de los magos hubo desde muy pronto dos concepciones contrapuestas. Justino supone que los magos llegan de Arabia, basándose sin duda en Sal 73, 10 y en Is 60, 6. Pero más tarde se impone, sobre todo en las representaciones artísticas, la procedencia de Persia y, en consecuencia, la indumentaria persa. Menos frecuente es la mención de Mesopotamia y de Etiopía como patria de los magos. El número de los magos fue un tema abierto durante mucho tiempo: mientras que en la Iglesia occidental se impuso pronto el número ternario, en la Iglesia de Siria fue frecuente hablar de 12 magos, llegados a Jerusalén con un numeroso séquito.

También se establece el punto temporal de su llegada a Jerusalén: el texto de Mt 2, 16 dio pie en un principio a postular los dos años después del nacimiento de Jesús; pero más tarde, por influencia sobre todo de Agustín, se impuso la idea del día decimotercero después del nacimiento. Esto hizo que la fiesta de Epifanía, que había perdido en occidente su carácter de fiesta de Navidad en favor del 25 de diciembre, pasara a ser la fiesta de Reyes.

Pasó mucho tiempo, no sólo en Siria, sino también en occidente, hasta que se impusieron los nombres a los magos. Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen por primera vez en el siglo VI. La figura externa de los magos se describe así: Gaspar es el joven barbilampiño, Melchor un anciano barbudo y Baltasar de tez morena, posteriormente de color negro. Se narra el viaje de vuelta de los magos por barco, su conversión por el apóstol Tomás y su muerte.

Los tres reyes tuvieron una notable relevancia en la religiosidad popular.

Desde la Baja Edad Media, más exactamente desde 1164, cobró auge en el área alemana el culto a las reliquias de los magos: Federico Barbarroja hizo trasladar las reliquias de los magos a Colonia después de la conquista de Milán. Esta acción simbólica, motivada quizá políticamente en un principio, ejerció gran influencia en la historia de la religiosidad de Alemania y explica también la dura polémica de los reformadores contra la devoción a los tres reyes.

Desde la Edad Media se atribuyeron a los magos las más diversas funciones de protección: como reyes, preservaban de la desgracia, protegían el establo, la casa y la cosecha contra el peligro de incendio y de las tormentas. Como magos ayudaban a domesticar el ganado recalcitrante y alejaban las enfermedades, especialmente la epilepsia. A partir de las escenificaciones medievales se desarrollaron las representaciones familiares de los tres reyes y, en una «democratización» de los reyes, se combinaban con usos de recaudación benéfica: jóvenes que hacían el papel de los tres reyes en cuartos rústicos.

De las escenificaciones de los tres reyes derivó igualmente, con elementos del cancionero de Adviento, el uso de la postulación infantil entonando el canto de la estrella. Pero, a diferencia de la fiesta de Navidad en los siglos XIX y XX, la fiesta de los tres reyes nunca llegó a ser en la Europa del norte una fiesta familiar relevante. Todo esto tiene poco que ver con el texto bíblico.

BIBLIOGRAFÍA

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domingo, 9 de diciembre de 2012

JESÚS APRENDIÓ DE JUAN Y DESPUÉS LE SOBREPASÓ


INTRODUCCIÓN

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. La liturgia de hoy empieza por el primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía, por lo menos, trescientos años que no aparecía un profeta en Israel.

Al narrar Lucas la concepción y el nacimiento de Juan antes de decir casi lo mismo de Jesús, está manifestando lo que este personaje significaba para los cristianos de la época. La idea de precursor inmediato es la clave de todo lo que nos dicen de él.

Los evangelistas destacan la figura de Juan, aunque todos están interesados en resaltar la superioridad de Jesús. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no tuvo que ser fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. Relatos extrabíblicos confirman que en el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús aún no le conocía nadie.





CONTEXTO

Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el capítulo 3, y curiosamente se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza de verdad el evangelio. Se intenta situar los acontecimientos en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar, para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el "lugar" no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica, no solo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: "todos verá la salvación de Dios".

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una auténtica liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud en la relación con Dios y con los demás.

El mensaje de Jesús se aparta en gran medida del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio -buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar.

No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de "el que ha de venir" pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una "buena noticia". Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él.

Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

Hay un aspecto de su doctrina que sí coincide con el mensaje de Jesús. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comporta¬miento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y la observancia puramente externa de la Ley.



APLICACIÓN

Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación? Como decía Pablo, más que nunca necesitamos hoy crecer en sensibili¬dad para apreciar los auténticos valores humanos. Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede "prometer" nada. Dios es la salvación que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir, y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios, llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros, si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato, es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Hace ya tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: "Es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida". Se supone que para los cristianos, no.

Al celebrar una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo, del placer y del egoísmo. Pero lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada en estas Navidades. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. De esta manera, sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Cuando nuestras "necesidades" podemos satisfacer¬las en el supermercado, ¿qué necesidad tenemos de otra salvación?

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien¬cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede, de una vez por todas, planificar su salvación trazando un camino claro y directo que le lleve a su plenitud. Su capacidad es limitada. Solo tanteando puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su propio progreso, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como nueva salvación. Ninguna de las salvaciones anunciadas por los profetas puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc (Bar 5,1-9) y también Pablo (Flp 1,4-11), como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia, es el romano, que era la restitución según la ley de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor.

Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.



Meditación-contemplación

El profeta es una persona que descubre algo importante para su vida,
y que se lo comunica a los demás para que también lo vivan.
No se trata de un conocimiento intelectual, sería un maestro.
Se trata de un descubrimiento de lo que ES.
.......................

Trata de recordar a los "profetas" que te han ayudado en ese camino hacia tu ser.
Piensa no sólo en los "grandes" sino en los pequeños, pero cercanos.
Siente agradecimiento hacia todos ellos.
Piensa ahora si has descubierto en ti mismo algo interesante.
.....................

Lo que vivió-experimentó Jesús,
ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
................


Fray Marcos

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