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viernes, 29 de marzo de 2013

Eucaristía, Cruz Cósmica: En la Entraña de Dios

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Vía-Crucis de Pérez Esquivel estación 12: Jesús muere en la cruz, el mundo desgarrado... como gran Hostia Eucarística, que es ofrenda suprema de amor.

Ésta es una Cruz Cósmica, convertida en Hostia (Eucaristía), ofrenda de amor que une, herida mesiánica que cura. De esta Cruz-Hostia, redonda y de cuatro brazos, que une a Dios con el mundo, trataron los antiguos Padres Griegos, con muchos pensadores modernos, desde Miguel de Unamuno (El Cristo de Velázquez) hasta Theilhard de Chardin (Misa en el Mundo).

Esta Cruz es el centro de la Teología Actual, tanto protestante (Moltmann, Dios Crucificado) como católica (J. Sobrino, Principio Misericordia).
Esta Cruz está en el centro de la gran protesta social y religiosa de la actualidad, contra los poderes que oprimen, destruyen y matan. Es la Cruz, más fuerte que las armas y el dinero, Cruz que puede curar el mundo roto, dividido.


En las reflexiones que siguen quiero ofrecer una simple Meditación sobre la Cruz Eucarística , a los pies de este Cristo de Esquivel, profundamente humana, profundamente cristiana, entendida a la luz del Via-Crucis que he venido comentando en los días anteriores.

Via-Crucis de P. Esquivel. Una meditación eucarística y cristiana (humana)

1. Cuadro. Jesús muere en la cruz para dar vida al mundo dividido. En el cuadro reconocemos la grieta existente entre el norte y el sur, entre los ricos y los pobres, los poderosos y los débiles, los explotadores y los explotados. Esta escisión del mundo es una de las causas del sufrimiento y muerte de Jesús. Al mismo tiempo la cruz y su sombra impiden que ese mundo se divida totalmente. La muerte de Jesús en la cruz constituye para nosotros y para el mundo un signo de esperanza y de nueva vida.

2. La Esfera y la Cruz. Muchas veces se ha contrapuesto (como hizo Chesterton) la esfera autosuficiente, cerrada en sí misma, el egoísmo redondo, y la cruz que abre sus brazos a todos. Pues bien, la Cruz del amor de Jesús rompe la esfera, haciendo posible que los hombres se comuniquen en amor, se encuentren unos a otros, vinculando así el arriba y abajo, la derecha y la izquierda en amor. Abrirse en cruz es hacerse diálogo, romper el círculo, hacerse brazos abiertos a la tierra entera.

3. La misa cósmica. Así vio este motivo Teilhard de Chardin, desde las altas mesetas del mundo, una Cruz Redonda (redonda como el mundo, el mundo entero), convertida en bendición de amor para todos los pueblos. Así ofreció Theilhard su gran “misa sobre el mundo”, sin pan y sin vino, pero con la vida cósmica, centrada en Jesús ofrecida como hostia de reconciliación. El mundo es una Hostia, una ofrenda de vida, no por odio, ni por castigo, sino por puro amor… desde el principio de los tiempos, desde su hondo secreto de Vida, Dios se hace y es Ofrecimiento de Vida, amor puro y total, todo en todos y para todos los hombres.

4. Cada misa, hostia redonda, una Iglesia que se abre en Cruz. El signo de la hostia redonda de pan, que expresa la redondez del mundo entero está hecha de cruz. Hoy día de la Eucaristía, Jueves Santo, la Iglesia ofrece en todos los lugares del mundo el signo del pan redondo, para que todos lo puedan compartir, comida hecha de amor, de vida concreto, rompiendo por un lado el mundo (hostia quebrada) para que todos puedan reconciliarse, desde los más pobres. Vivimos en un tiempo de Iglesias cerradas, círculos herméticos, hechos de silencio, Vaticanos que se esconden en sí mismos, tras muro de secreto… Pues bien, la nueva Iglesia del Jueves Santo debe romper su cierre, romperse en dos, hacerse cruz de amor para todos los hombres y mujeres de la tierra.

5. Los nuevos ministerios: El amor de los testigos, dos mujeres, dos hombres. Todo lo demás desaparece del primer plano. No hay Pilato, ni Caifás, ni Verdugos, ni espectadores curiosos… No hay tampoco Pedro (se ha ido: quo vadis?), ni están los doces, ni los miles de obispos de mitra y de leyes. Sólo ellos tres, dos mujeres (una madre, una amante) y un hombre (un discípulo querido), que son capaces de mirar y de entender desde el dolor inmenso. No hay filósofos que comprendan, han huido como he dicho los jerarcas de la Iglesia, quedan ellos, la nueva Iglesia de Jesús como saben los evangelios, empezando por Marcos y terminando por Juan. Con ellos, esos tres, empezará la historia de la iglesia que quiere convertirse en Hostia de amor al servicio de todos los hombres y mujeres de la tierra.

6. Allí atrás quedan las otras dos cruces, las de todos los crucificados de la historia, unos bandidos otros inocentes, unos buenos, otros malos… pero hoy todos buenos, por Jesús y con Jesús, ante el amor que muere y se entrega para engendrar vida. Quedan en Jesús todas las víctimas, elevadas en el amor de Dios; quedan, emergen del horizonte, se vuelven cada vez más cercanas, hasta fundirse con Jesús, la Víctima Pascual, convertida en fuente y principio de amor para todos los hombres y mujeres sobre el plano de la tierra.

7. América, el Mundo… Éste era el via-crucis latinoamericano, el camino de dolor de los miles y millones de campesinos y pobres de América Latina. Pues bien, ahora, al llegar a la plenitud del dolor, América desaparece prácticamente y queda en el gran Huevo de Dios la humanidad entera, norte y sur, una cara y la otra del planeta redondo. El dolor es el mismo, el mismo es el camino de vida de un mundo dislocado que tiene que quedar abierta, integrando a todos los que sufren y esperan en el camino de la Vida, que es dolor inmenso, esperanza de resurrección.

8. La Cruz, el útero de Dios. Desde siglos y siglos los hombres y mujeres han preguntado: ¿Cómo ha podido Dios crear este mundo? Han discutido sobre el tema con mitos y argumentos de filosofía, han hablado de big bang, del gran estallido, del inmenso grito… Pues bien, este Jueves Santo, los cristianos saben que Dios ha creado al mundo en la cruz de Jesús. De la cruz, del amor entregado y generoso de Dios, que es Cruz de Vida, nace la Vida de los hombres.

9. Pero sigue siendo la cruz histórica… Sigue siendo la cruz del dolor concreto y de la fidelidad concreta de Jesús, la cruz de Pilato y Caifás, la de todos los poderes de muerte del mundo que tienen que ser aniquilados en un sentido, como sabe Pablo, para convertirse en poderes al servicio de la vida. Por hoy queda así la imagen de la Cruz, hecha Hostia eucarística, hecha círculo de amor que se abre a todos los que saben acoger el amor y seguir amando.