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sábado, 14 de abril de 2012

II Domingo de Pascua (Jn 20, 19-31) - Ciclo: Dichosos los que creen sin haber visto


Publicado por Servicios Koinonia

Hechos 4,32-35: Todos pensaban y sentían lo mismo
Salmo 117: Dad gracias al Señor porque es bueno
1Juan 5,1-6: Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo
Juan 20,19-31: Dichosos los que creen sin haber visto.

Tras la muerte de Jesús, la comunidad se siente con miedo, insegura e indefensa ante las represalias que pueda tomar contra ella la institución judía. Se encuentra en una situación de temor paralela a la del antiguo Israel en Egipto cuando los israelitas eran perseguidos por las tropas del faraón (Éx 14,10); y, como lo estuvo aquel pueblo, los discípulos están también en la noche (ya anochecido) en que el Señor va a sacarlos de la opresión (Éx 12,42; Dt 16,1). El mensaje de María Magdalena, sin embargo, no los ha liberado del temor. No basta tener noticia del sepulcro vacío; sólo la presencia de Jesús puede darles seguridad en medio de un mundo hostil.

Pero todo cambia desde el momento en que Jesús –que es el centro de la comunidad- aparece en medio, como punto de referencia, fuente de vida y factor de unidad.

Su saludo les devuelve la paz que habían perdido. Sus manos y su costado, pruebas de su pasión y muerte, son ahora los signos de su amor y de su victoria: el que está vivo delante de ellos es el mismo que murió en la cruz. Si tenían miedo a la muerte que podrían infligirles "los judíos", ahora ven que nadie puede quitarles la vida que él comunica.

El efecto del encuentro con Jesús es la alegría, como él mismo había anunciado (16,20: vuestra tristeza se convertirá en alegría). Ya ha comenzado la fiesta de la Pascua, la nueva creación, el nuevo ser humano capaz de dar la vida para dar vida

Con su presencia Jesús les comunica su Espíritu que les da la fuerza para enfrentarse con el mundo y liberar a hombres y mujeres del pecado, de la injusticia, del desamor y de la muerte. Para esto los envía al mundo, a un mundo que los odia como lo odió a él (15,18). La misión de la comunidad no será otra sino la de perdonar los pecados para dar vida, o lo que es igual, poner fin a todo lo que oprime, reprime o suprime la vida, que es el efecto que produce el pecado en la sociedad.

Pero no todos creen. Hay uno, Tomás, el mismo que se mostró pronto a acompañar a Jesús en la muerte (Jn 11,16), que ahora se resiste a creer el testimonio de los discípulos y no le basta con ver a la comunidad transformada por el Espíritu. No admite que el que ellos han visto sea el mismo que él había conocido; no cree en la permanencia de la vida. Exige una prueba individual y extraordinaria. Las frases redundantes de Tomás, con su repetición de palabras (sus manos, meter mi dedo, meter mi mano), subrayan estilísticamente su testarudez. No busca a Jesús fuente de vida, sino una reliquia del pasado.

Necesitará para creer unas palabras de Jesús: «Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel». Tomás, que no llega a tocar a Jesús, pronuncia la más sublime confesión evangélica de fe llamando a Jesús “Señor mío y Dios mío”. Con esta doble expresión alude al maestro a quien llamaban Señor, siempre dispuesto a lavar los pies a sus discípulos y al proyecto de Dios, realizado ahora en Jesús, de hacer llegar al ser humano a la cumbre de la divinidad realizado ahora en Jesús (Dios mío)..

Pero su actitud incrédula le merece un reproche de parte de Jesús, que pronuncia una última bienaventuranza para todos los que ya no podrán ni verlo ni tocarlo y tendrán, por ello, que descubrirlo en la comunidad y notar en ella su presencia siempre viva. De ahora en adelante la realidad de Jesús vivo no se percibe con elucubraciones ni buscando experiencias individuales y aisladas, sino que se manifiesta en la vida y conducta de una comunidad que es expresión de amor, de vida y de alegría. Una comunidad, cuya utopía de vida refleja el libro de los Hechos (4,32-35): comunidad de pensamientos y sentimientos comunes, de puesta en común de los bienes y de reparto igualitario de los mismos como expresión de su fe en Jesús resucitado, una comunidad de amor como defiende la primera carta de Juan (1 Jn 5,1-5).

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 128, que puede ser escuchado aquí (http://www.untaljesus.net/audios/cap128b.mp3) y cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600128). Merece la pena dar un vistazo a este punto de la red (http://www.untaljesus.net).

Para la revisión de vida
Dichosos los que sin ver han creído. ¿Cuáles son los fundamentos de mi fe? ¿Por qué creo? ¿Es mi fe una fe que no se apoya en argumentos racionales?
Paz a vosotros. ¿Tengo paz, paz profunda, shalom ?

Para la reunión de grupo
- Dichosos los que sin ver han creído. Creer ¿qué?, ¿a quién realmente? ¿Se puede creer a Dios? ¿En qué sentido
- Si la fe es «creer lo que no se ve”, ¿tuvo fe Tomás cuando confesó a Jesús como “Señor mío y Dios mío” sólo después de haberlo visto?
- ¿Qué relación (semejanzas, diferencias...) hay entre la fe humana (creer a alguien) y la fe religiosa (creer a Dios)?
- ¿Son las palabras «fe», «creer»... las más adecuadas para expresar la decisión del ser humano respecto al sentido más hondo de la vida? ¿Es posible que Dios sea un «alguien ahí superior», que creó un mundo y en él nos puso a nosotros, se escondió, dejó caer algunos signos, y ahora todo consiste en que tengamos «fe», en que le «creamos» creyendo a los que nos dicen que Alguien les dijo para que nos dijeran... ¿Es esto inteligible? ¿Es esto digno de Dios, y digno de la Humanidad actual? ¿No cabe otra manera de plantearlo todo? ¿«Otra fe es posible»?

Para la oración de los fieles
- Para que nuestras comunidades cristianas se miren en el espejo de aquella primera comunidad surgida a partir de la resurrección de Jesús, roguemos al Señor...
- Por todos los que tienen dificultades para la fe; para que encuentren en la comunidad de los creyentes un testimonio atractivo e iluminador...
- Para que como en el tiempo de la comunidad primitiva sean también hoy muchos los que se adhieran a la fe...
- Para que también hoy nuestra comunidad cristiana ejerza el ministerio de la curación, del alivio de todas las penalidades que afectan a la vida humana...
- Para que los cristianos de hoy aprovechemos también el ministerio del perdón de los pecados, tanto en forma individual como comunitaria...

Oración comunitaria
Dios de misericordia infinita que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales: acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para que comprendamos mejor que eres verdaderamente Padre y dador de Vida, que nos has encomendado acoger y acrecentar la vida, y que la Vida finalmente triunfará. Por J.N.S.

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martes, 7 de febrero de 2012

LA CURACIÓN DE LAS VÍCTIMAS DEBE SER DE SUMA IMPORTANCIA


Mensaje del papa al simposio internacional Hacia la curación y la renovación

CIUDAD DEL VATICANO, martes 7 febrero 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto, traducido del original en inglés, del mensaje que el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone SDB ha enviado en nombre de Benedicto XVI al rector de la Universidad Pontificia Gregoriana, padre François-Xavier Dumortier SJ, con motivo del simposio internacional “Hacia la curación y la renovación”. El congreso relanza el empeño de la Iglesia católica por la protección de los abusos sexuales de los menores y de las personas vulnerables.
***
Ciudad del Vaticano, 30 de enero de 2012
Estimado padre Dumortier:
El Santo Padre envía un cordial saludo a todos los participantes del Simposio "Hacia la curación y la renovación", que tendrá lugar del 6 al 9 de febrero de 2012, bajo los auspicios de la Pontificia Universidad Gregoriana y le asegura sus oraciones por esta importante iniciativa. Pide al Señor que, a través de sus deliberaciones, muchos obispos y superiores religiosos de todo el mundo puedan recibir ayuda para responder, al estilo de Cristo, a la tragedia del abuso de menores.
Como Su Santidad ha mencionado a menudo, la curación de las víctimas debe ser de suma importancia en la comunidad cristiana, y debe ir de la mano de una profunda renovación de la Iglesia en todos los niveles. Nuestro Señor nos recuerda que todo acto de caridad, incluso hacia el más pequeño de nuestros hermanos, es un acto de caridad hacia Él (cf. Mt 25,40). El Santo Padre por lo tanto, apoya y alienta todos los esfuerzos para responder con caridad evangélica al reto de proporcionar a los niños y adultos más vulnerables, un ambiente eclesial propicio para su crecimiento humano y espiritual. E insta a los participantes del Simposio a seguir recurriendo a la amplia gama de conocimientos especializados, con el fin de promover en toda la Iglesia una fuerte cultura de protección eficaz y apoyo a las víctimas.
Encomendando la labor del Simposio a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, imparte con satisfacción su bendición apostólica a todos los participantes, como prenda de fortaleza y paz en el Señor.

Sinceramente suyo en Cristo,
Cardenal Tarcisio Bertone SDB Secretario de Estado

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lunes, 11 de abril de 2011

Jesús, curador de la vida


Por Arnaldo Zenteno S.J.
Del Equipo de Servicios CNP. Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua
Publicado por Adital
Acompañando a los enfermos-enfermas de VIH-Sida
y siendo acompañadas-acompañados por ellas.
(*material de reflexión para un encuentro con Religiosas-os).

1.- El punto de partida es escuchar el clamor de estas enfermas y enfermos. Sentir vivamente su dolor, la discriminación que sufren en sus propias familias, en la escuela, en el trabajo, en la misma iglesia. Sentir también la discriminación y el señalamiento que alcanza a sus propios hijos e hijas. Sentir dolor e indignación ante esa discriminación y ante el crimen de las grandes y riquísimas empresas farmacéuticas que venden tan caros los retrovirales, y que presionan e impiden con el falso pretexto de sus patentes, que se distribuyan y vendan baratas las medicinas genéricas para estos enfermos. Y junto con ese sentir ante su clamor, pedir la gracia de que se nos conmuevan las entrañas como a Jesús y que actuemos como El. El punto de partida también incluye el estar abiertos-as a aprender de estos enfermos y enfermas lo que nos enseñan sobre la vida, el amor a la vida, el enfrentar tanto dolor y discriminación y así dejarnos también acompañar por ellos para servir más fielmente a Jesús en esta pastoral con estas hermanas y hermanos especialmente excluidos y discriminados.


2.- Lo central en nuestro acompañamiento, es acompañar como Jesús lo hizo, y lo quiere seguir haciendo a través de nosotras-os. Un dato innegable del Evangelio es la relación que Jesús hace entre el anuncio del Evangelio, de la Buena Noticia del Reino y la curación de los enfermos. Estos son dos pilares de sus palabras y de su actuar, y eso mismo lo da como Misión a los discípulos-discípulas que de dos en dos llevan su Buena Noticia.


3.-Y algo muy importante en el actuar de Jesús es que de cara a los enfermos y enfermas, se le estremecen las entrañas. O sea es algo que brota de lo más íntimo de su corazón y que es señal y manifestación de la Ternura, de la Misericordia de Dios para con sus hijas e hijos enfermos.


4.- Las curaciones que realiza Jesús no solo ven por la salud física del enfermo-a, sino también y con igual importancia por su integración en la familia y la sociedad. En la sociedad de su tiempo, como podemos ver por leyes del Antiguo Testamento y por prácticas en tiempo de Jesús, los enfermos y las enfermas eran considerados impuros. Y para cojos, ciegos y no se diga leprosos aun el acceso al Templo estaba prohibido. La Mujer que llamamos hemorroisa, no solo tenía su sangrado que le llevó a gastar todo su dinero con los médicos, sino que era considerada impura, y no debía haberse atrevido a tocar a Jesús.. Cuando Jesús cura a las enfermas y enfermos, los invita a volver a su familia, a presentarse en el Templo etc..y en todo caso, se pueden ya integrar de nuevo a la sociedad.- pensemos cómo esto se aplica a las enfermas-enfermos de VIH-Sida tan discriminados y apartados de la sociedad..


5.- Jesús se acerca las excluidas y excluidos, y los invita a su mesa, come con ellas y con ellos.


a) Algo que escandalizó especialmente a los fariseos y a los "cumplidores de la Ley” es que Jesús comía con publicanos y pecadoras. Y en la parábola del banquete, dice a sus servidores que inviten a todos, a los cojos, a los ciegos…a todos los excluidos. Sin duda las y los enfermos del VIH-Sida son de los más excluidos del banquete, de la mesa común en nuestra sociedad,y tal vez también de nuestras parroquias, escuelas y proyectos. Y no solo ellas-ellos, sino muchas veces también sus hijitas e hijitos.


b) Un caso especial –y que tiene que ver con nuestra reunión-es la actitud de Jesús con las y los leprosos. Ellas y ellos( Leprosos y/o enfermos de psoriasis y otras enfermedades de la piel que los hacía repugnantes ante los "limpios”) eran alejados, eran discriminados. En el caso de los 10 leprosos, Lucas nos dice que le gritan de lejos que los sane. Jesús les dice que se presenten en el templo, como los demás podían hacerlo,y el camino quedan curados(Lc 17,14). Desde el comienzo de su Evangelio Marcos nos dice: "Se le acercó un leproso (notemos se le acercó o sea Jesús con su actitud facilitaba se le acercara) y le suplica: Si quieres puedes sanarme. Jesús se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: lo quiero queda sano”(Mc.1,40-41) (Notemos Jesús se compadece y lo toca…) Y luego lo envía a presentarse al templo, rompiendo la discriminación que había padecido.

Con toda razón podemos pensar que un equivalente a los llamados leprosos de aquel tiempo son las y los enfermos del VIH-Sida, con el agravante de que el temor al contagio, temor desproporcionado que hace ver contagio hasta en darles la mano- hace que se les discrimine más en la vida social, en las escuelas, aun en los hospitales. Es bueno que reflexionemos si a nivel Iglesia, igualmente están discriminados, y podemos revisar nosotros mismos cómo los vemos, cómo actuamos con ellos y con sus hijitas e hijitos, qué actitudes tenemos.


6.- Mi propuesta de trabajo en común para el día de hoy, es la siguiente:


A) Empezar por compartir nuestra experiencia, nuestras actitudes, nuestros anhelos y nuestros temores ante las y los enfermos del VIH-Sida


B)Comentar lo que les acabo de plantear sobre la actitud y acciones de Jesús ante las y los enfermos y su exclusión social


C) Profundizar en ello, reflexionando en algunos párrafos del capítulo 6 del Libro de José A. Pagola: Jesús, aproximación histórica. Jesús Curador de Vida. Para facilitar esto, he dividido el texto de Pagola en 5 apartados para que se puedan hacer 5 Grupos. Cada grupo ve un apartado y se pregunta: Esto ¿qué tiene que ver con nuestra pastoral, nuestro acompañamiento con las y los enfermos del VIH-Sida? ¿Qué podremos hacer en esta línea siguiendo a Jesús?


D) Actuar.- en el plenario ¿Qué conclusiones bien concretas pastorales sacamos de esta reunión para nuestra pastoral o al menos para nuestro acercamiento con Jesús y como Jesús con las enfermas y enfermos del VIH-Sida?. Y no se trata solo para acompañarlos , sino también de abrirnos a aprender de ellas y ellos, y además se trata de querer ser acompañados por ellas y ellos en nuestro mismo servicio pastoralY terminemos con una oración pidiendo ser fieles al llamado que Jesús nos hace desde el clamor y anhelos de estas enfermas y enfermos.


[Arnaldo Zenteno S.J. Proyecto CEB Samaritanas].


*************


CAPÍTULO 6: JESÚS CURADOR DE VIDA. Para el trabajo en Grupos.

Texto (párrafos entresacados) del Libro de Pagola: Jesús. Aproximación Histórica.


1.-JESUS PROCLAMA EL REINO DE DIOS CURANDO, POTENCIANDO LA VIDA.


Jesús, el poeta de la misericordia de Dios hablaba con parábolas, pero también con hechos. Los campesinos de Galilea pudieron comprobar que Jesús, lleno del Espíritu de Dios, recorría sus aldeas curando enfermos, expulsando demonios y liberando a las gentes del mal, la indignidad y la exclusión. La misericordia de Dios no es una bella teoría sugerida por sus parábolas. Es una realidad fascinante: junto a Jesús, los enfermos recuperan la salud, los poseídos por el demonio son rescatados de su mundo oscuro y tenebroso. Él los integra en una sociedad nueva, más sana y fraterna, mejor encaminada hacia la plenitud del reino de Dios.


Jesús seguía sorprendiendo a todos: Dios está llegando, pero no como el "Dios de los justos”, sino como el "Dios de los que sufren”. El profeta del reino de Dios no tiene ninguna duda: lo que a Dios le preocupa es el sufrimiento de los más desgraciados; lo que le mueve a actuar en medio de su pueblo es su amor compasivo; el Dios que quiere reinar entre los hombres y mujeres es un "Dios que sana”. Así dice una antigua tradición de Israel: "Yo soy Yahvé, el que te sana” (Éxodo 15(26). Las fuentes cristianas lo afirman de manera unánime: "Recorría toda Galilea... proclamando la buena noticia del reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mateo 4,23. también Marcos 1,39; Mateo 9,35; Lucas 6,18, etc.).


A diferencia del Bautista, que nunca curó a nadie, Jesús proclama el reino de Dios poniendo salud y vida en las personas y en la sociedad entera. Lo que Jesús busca, antes que nada, entre aquellas gentes de Galilea no es reformar su vida religiosa, sino ayudarles a disfrutar de una vida más sana y más liberada del poder del mal. En la memoria de los primeros cristianos la primera mirada de Jesús no se dirige hacia los pecadores que necesitan ser llamados a conversión, sino hacia los que sufren la enfermedad o el desvalimiento y anhelan más vida y salud. El evangelio de Juan entiende la actividad de Jesús como enteramente encaminada a potenciar la vida "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10,10) La "vida eterna” de la que habla este escrito comienza en esta vida y alcanza suplenitud en el encuentro definitivo con Dios.


LA ENFERMEDAD COMO EXPERIENCIA SOCIAL DOLOROSA Y DE EXCLUSION


La enfermedad no es solo un hecho biológico. Al mismo tiempo es una experiencia que el enfermo interpreta, vive y sufre según el modelo cultural de la sociedad en que vive.

¿Cómo se vivía la enfermedad en aquellas aldeas que recorría Jesús?, ¿cómo les afectaba a aquellos campesinos?, ¿cómo reaccionaban sus familiares y vecinos?, ¿qué hacían para recuperar la salud? Los antropólogos suelen distinguir entre la patología o disfunción orgánica (disease), a la que se responde tratando de curar el mal biológico , y la enfermedad como experiencia vivida socialmente dentro de una cultura (illness), a la que se responde tratando de sanar las consecuencias dañosas tanto para el individuo como para el grupo social.


Los enfermos a los que Jesús se acerca padecen dolencias propias de un país pobre y subdesarrollado: entre ellos hay ciegos, paralíticos, sordomudos, enfermos de la piel, desquiciados. Muchos son enfermos incurables, abandonados a su suerte e incapacitados para ganarse el sustento; viven arrastrando su vida en una situación de mendicidad que roza la miseria y el hambre. Jesús los encuentra tirados por los caminos, a la entrada de los pueblos o en las sinagogas, tratando de conmover el corazón de la gente. Estos campesinos perciben su enfermedad no tanto como una dolencia orgánica, sino como una incapacidad para vivir como los demás hijos de Dios.Lo que anhelan estos enfermos no es solo la curación de una dolencia, sino poder disfrutar como los demás de una vida más plena.


Los leprosos sufrían su enfermedad de manera diferente. En realidad no son víctimas de la "lepra” , sino gentes afectadas por diversas enfermedades de la piel (soriasis, tiña, erupciones, tumores, eccemas...) que, cuando se extienden por todo el cuerpo, resultan repugnantes. El término hebreo , que se suele traducir de ordinario como "lepra”, no es la que la medicina actual conoce como "enfermedad de Hansen” (descubridor del mycobacterium leprae en 1868), sino que abarca un conjunto de enfermedades de la piel que, al producir decoloración, erupciones, llagas purulentas, etc., producen repugnancia (Levítico 13).

La tragedia de estos enfermos no consiste tanto en el mal que desgarra físicamente su cuerpo cuanto en la vergüenza y humillación de sentirse seres sucios y repulsivos a los que todos rehúyen. Su verdadero drama es no poder casarse ni tener hijos, no participar en las fiestas y peregrinaciones, quedar condenados al ostracismo.


También los enfermos de Galilea, como los de todos los tiempos, se hacían la pregunta que brota espontáneamente desde toda enfermedad grave: "¿Por qué?”, "¿por qué yo?”, "¿por qué ahora?”.En las aldeas que visitaba Jesús, la gente veía de ordinario en la ceguera, la lepra o cualquier otro tipo de enfermedad grave el castigo de Dios por algún pecado o infidelidad. Según el evangelio de Juan, al ver a un ciego de nacimiento, los discípulos preguntan a Jesús: "Rabí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido así?” (9,2). Por el contrario, la curación siempre era vista como una bendición de Dios. Por eso, como Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, el pueblo de Israel esperaba que la intervención final de Dios traería una vida llena de salud para todos: temor al contagio, sino porque son considerados "impuros” que pueden contaminar a quienes pertenecen al pueblo santo de Dios. La prescripción era cruel: "El afectado por la lepra... irá gritando: "Impuro, impuro". Todo el tiempo que le dure la llaga quedará impuro. Es impuro y vivirá aislado”.

(Levítico 13,45-46)


Aunque los evangelios presentan a veces a los leprosos cerca de la gente y con acceso bastante fácil a Jesús, se piensa que las prescripciones del Levítico seguían vigentes en ese tiempo . En una sociedad como la de Galilea, donde el individuo solo puede vivir integrado en su familia y su aldea, esta exclusión significa una tragedia. La mayor angustia del leproso es pensar que tal vez ya no pueda volver nunca a su comunidad.


2.- JESUS MANIFIESTA LA MISERICORIDA DE DIOS ESPECIALMENTE CON LOS ENFERMOS Abandonados por Dios y por los hombres, estigmatizados por sus vecinos, excluidos en buena parte de la convivencia, estos enfermos constituyen, probablemente, el sector más marginado de la sociedad. Pero, ¿están realmente abandonados por Dios o tienen un lugar privilegiado en su corazón de Padre? El dato histórico es incuestionable: Jesús se dedica a ellos antes que a nadie. Se acerca a los que se consideran abandonados por Dios, toca a los leprosos que nadie toca, despierta la confianza en aquellos que no tienen acceso al templo y los integra en el pueblo de Dios tal como él lo entiende. Estos tienen que ser los primeros en experimentar la misericordia del Padre y la llegada de su reino. Su curación es la mejor "parábola” para que todos comprendan que Dios es, antes que nada, el Dios de los que sufren el desamparo y la exclusión.


El difícil camino de la curación


Todo enfermo anhela liberarse un día de su enfermedad para disfrutar de nuevo de una vida sana. Pero ¿qué podían hacer los enfermos y enfermas de aquellas aldeas para recuperar su salud? Al verse enfermo, el israelita acudía por lo general a Dios. Examinaba su vida, confesaba ante él sus pecados y le pedía la curación. Podía recitar uno de tantos salmos compuestos por enfermos y que estaban recogidos en las Escrituras: "Ten piedad de mí, Señor, sáname, que he pecado contra ti” (Salmo 40,5). La familia era la primera en atender a su enfermo. Los padres y familiares más cercanos, el patrón de la casa o los mismos vecinos ayudaban al enfermo a reconocer su pecado e invocar a Dios. Al mismo tiempo buscaban a algún curador de los alrededores.


En los escritos evangélicos se puede observar cómo los parientes se preocupan de sus enfermos (Marcos 1,30); los padres y las madres se preocupan de sus hijos (Marcos 7,25; 9,1718); los patronos hacen lo posible por ver curados a sus criados (Lucas 7,2-10); incluso los vecinos buscan la curación de los enfermos de la aldea (Marcos 2,3-4). Al parecer, no podían acudir a médicos profesionales( por lo que estos cobraban)


La actuación de Jesús debió de sorprender sobremanera a las gentes de Galilea: ¿de dónde provenía su fuerza curadora? Se parece a otros curadores que se conocen en la región, pero al mismo tiempo es diferente. Ciertamente no es un médico de profesión: no examina a los enfermos para hacer un diagnóstico de su mal; no emplea técnicas médicas ni receta remedios. Su actuación es muy diferente. No se preocupa solo de su mal físico, sino también de su situación de impotencia y humillación a causa de la enfermedad. Por eso los enfermos encuentran en él algo que los médicos no aseguraban con sus remedios: una relación nueva con Dios que les ayuda a vivir con otra dignidad y confianza ante él. Sin embargo, lo que más diferencia a Jesús de otros curadores es que, para él, las curaciones no son hechos aislados, sino que forman parte de su proclamación del reino de Dios. Es su manera de anunciar a todos esta gran noticia: Dios está llegando, y los más desgraciados pueden experimentar ya su amor compasivo. Estas curaciones sorprendentes son signo humilde, pero real, de un mundo nuevo: el mundo que Dios quiere para todos.


LA FUERZA CURADORA DE JESÚS


¿Cuándo descubrió Jesús su capacidad de curar? ¿Fue su fe en la misericordia de Dios lo que le empujó a intentar aliviar el sufrimiento de los enfermos o, por el contrario, fue el descubrimiento de su poder curador lo que le condujo a anunciar la cercanía de Dios y su venida salvadora? Nunca podremos responder a este tipo de preguntas. Pertenecen al mundo secreto de Jesús.


Lo cierto es que Jesús contagia salud y vida. Las gentes de Galilea lo sienten como alguien que cura porque está habitado por el Espíritu y la fuerza sanadora de Dios. Aunque, al parecer, Jesús utiliza en alguna ocasión técnicas populares, como la saliva, lo importante no es el procedimiento que pueda emplear en algún caso, sino él mismo: la fuerza curadora que irradia su persona. La gente no acude a él en busca de remedios o recetas, sino para encontrarse con él. Lo decisivo es el encuentro con el curador. La terapia que Jesús pone en marcha es su propia persona: su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo o enferma, su fuerza para regenerar a la persona desde sus raíces, su capacidad de contagiar su fe en la bondad de Dios. Su poder para despertar energías desconocidas en el ser humano creaba las condiciones que hacían posible la recuperación de la salud.


En la raíz de esta fuerza curadora e inspirando toda su actuación está siempre su amor compasivo. Jesús sufre al ver la enorme distancia que hay entre el sufrimiento de estos hombres, mujeres y niños hundidos en la enfermedad, y la vida que Dios quiere para sus hijos e hijas. Los evangelios, tan sobrios siempre para hablar de los sentimientos de Jesús, utilizan constantemente el verbo splanjnizomai para decir que cura a los enfermos porque se "compadece” de ellos: literalmente, "se le conmueven las entrañas” (Marcos 1,41; 9,22; Mateo 9,36; 14,14; 15,32; 20,34; Lucas 7,13).

Lo que le mueve es su amor a los que sufren, y su voluntad de que experimenten ya en su propia carne la misericordia de Dios que los libere del mal. Para Jesús, curar es su forma de amar. Cuando se acerca a ellos para despertar su confianza en Dios, liberarlos del mal y devolverlos a la Convivencia, Jesús les está mostrando, antes de nada, que son dignos de ser amados.


3.- EL ESTILO PROPIO DE JESÚS AL CURAR


Jesús cura siempre de manera gratuita. No busca nada para sí mismo, ni siquiera que los enfermos se agreguen a su grupo de seguidores. La curación que suscita la llegada del reino de Dios es gratuita, y así la tendrán que regalar también sus discípulos. Mateo lo indica al hablar de las instrucciones de Jesús a los Doce: "Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (10,8).


Jesús tiene su estilo propio de curar. Lo hace con la fuerza de su palabra y los gestos de sus manos. Jesús habla con el enfermo y le manifiesta su voluntad de que quede curado. Es uno de sus rasgos característicos. No pronuncia fórmulas secretas ni habla entre dientes, como los magos. Su palabra es clara. Todos la pueden escuchar y entender. Al mismo tiempo, Jesús "toca” a los enfermos. Las fuentes cristianas lo repiten una y otra vez, matizando su gesto con expresiones diversas. A veces Jesús "agarra” al enfermo para transmitirle su fuerza y arrancarlo de la enfermedad. Otras veces "impone sus manos” sobre él en un gesto de bendición para envolverlo con la bondad amorosa de Dios. En otras ocasiones "extiende su mano y lo toca”, para expresarle su cercanía, acogida y compasión. Así actúa sobre todo con los leprosos, excluidos de la convivencia. Jesús "agarra” (krátein) a la suegra de Simón (Marcos 1,30), a la hija de Jairo (Marcos 5,41) o al joven epiléptico (Marcos 9,27). "Impone sus manos” (epitíthenai) sobre la mujer encorvada (Lucas 13,13), sobre el ciego de Betsaida (Marcos 8,23) o sobre cada uno de los numerosos enfermos que le traen en Cafamaúm a la puesta del sol (Lucas 4,40). "Extiende la mano y toca” (háptein) al leproso en Marcos 1,41.


Las manos de Jesús bendicen a los que se sienten malditos, tocan a los leprosos que nadie toca, comunican fuerza a los hundidos en la impotencia, transmiten confianza a los que se ven abandonados por Dios, acarician a los excluidos. Era su estilo de curar.


4.- LA ACCION SANADORA DE JESÚS ES INTEGRAL


Jesús no aportaba solo una mejora física. Su acción sanadora va más allá de la eliminación de un problema orgánico. La curación del organismo queda englobada dentro de una sanación más integral de la persona. Jesús reconstruye al enfermo desde su raíz: suscita su confianza en Dios, lo arranca del aislamiento y la desesperanza, lo libera del pecado, lo devuelve al seno del pueblo de Dios y le abre un futuro de vida más digno y saludable.


¿Cómo lo hace? Jesús comienza por reavivar la fe de los enfermos.


De diversas maneras se esfuerza para que confíen en la bondad salvadora de Dios, que parece haberles retirado su bendición. Las fuentes cristianas lo recogen como algo esencial de su acción curadora: "No temas, solo ten fe”; "todo es posible para el que cree”; ayuda a los enfermos a acoger a Dios en el interior de su experiencia dolorosa. Jesús trabaja el "corazón” del enfermo para que confíe en Dios, liberándose de esos sentimientos oscuros de culpabilidad y de abandono por parte de Dios. Jesús lo cura poniendo en su vida el perdón, la paz y la bendición de Dios.


-LA ENFERMEDAD Y LA MARGINACION SOCIAL. LA SALUD Y LA INCORPORACION SOCIAL


Al mismo tiempo, Jesús lo reconcilia con la sociedad. Enfermedad y marginación van tan estrechamente enlazadas que la curación no es efectiva hasta que los enfermos no se ven integrados en la sociedad. Por eso Jesús elimina las barreras que los mantienen excluidos de la comunidad. La sociedad no ha de temerlos, sino acogerlos. Las fuentes cristianas describen de diversas maneras la voluntad de Jesús de incorporar de nuevo a los enfermos a la convivencia: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”; "vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”; "vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo” (Marcos 2,11; 1,44; 5,19). Tal vez María de Magdala no tenía familia y Jesús, después de expulsar de ella "siete demonios” (Lucas 8,2), la acogió en su grupo de discípulos.


Es especialmente significativa su actuación con los leprosos, excluidos de la comunidad por su condición de impuros. Propiamente no le piden a Jesús que los cure, sino que los "limpie” y tenga con ellos esa "compasión” que no encuentran en la sociedad. Mientras recorría Galilea se le acercó un leproso suplicándole: "Si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1,40). En otra ocasión, a la salida de un pueblo, salieron a su encuentro diez leprosos, que le gritaban: "Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros” (Lucas 17,14).. Jesús reacciona con un gesto: extiende su mano y los toca. Aquellos hombres y mujeres son miembros del pueblo de Dios, tal como lo entiende Jesús. Al tocarlos, Jesús los libera de la exclusión. Su gesto es intencionado. No está pensando solo en la curación del enfermo; está haciendo una llamada a toda la sociedad. Está llegando el reino de Dios. Hay que construir la vida de otra manera: los impuros pueden ser tocados; los excluidos han de ser acogidos. Los enfermos no han de ser mirados con miedo, sino con compasión. Como los mira Dios.


5.-CONCLUSION.SIGNOS DE UN MUNDO NUEVO


Jesús no se limitó a aliviar el sufrimiento de los enfermos y endemoniados, sino que dio a su actividad curadora una interpretación trascendental: ve en todo ello signos de un mundo nuevo. Frente al pesimismo catastrófico que impera en los sectores apocalípticos, que lo ven todo infestado por el mal, Jesús anuncia algo sin precedentes: Dios está aquí. La curación de los enfermos y la liberación de los endemoniados, son su reacción contra la miseria humana: anuncian ya la victoria final de su misericordia liberando al mundo de un destino marcado fatalmente por el sufrimiento y la desgracia.


Probablemente, lo que mejor captaron todos fue la diferencia grande entre su actuación y la del Bautista. La misión del Bautista está pensada y organizada en función del pecado. Es su preocupación suprema: denunciar los pecados de las gentes y purificar de su inmundicia moral a quienes acuden al Jordán. Era lo que ofrecía a todos: un bautismo purificador para "el perdón de los pecados”. Por el contrario, la preocupación primera de Jesús es el sufrimiento de los más desgraciados. Las fuentes no presentan a Jesús caminando por Galilea en busca de pecadores para convertirlos de sus pecados, sino acercándose a enfermos y endemoniados para liberarlos de su sufrimiento. Su actividad no está propiamente orientada a reformar la religión judía, sino a aliviar el sufrimiento de quienes encuentra agobiados por el mal y excluidos de una vida sana. Es más determinante en su actuación eliminar el sufrimiento que denunciar los diversos pecados de las gentes. No es que no le preocupe el pecado, sino que, para Jesús, el pecado más grave y que mayor resistencia ofrece al reino de Dios consiste precisamente en causar sufrimiento o tolerarlo con indiferencia.


Las fuentes cristianas resumen la actuación de Jesús afirmando que se dedicaba a dos tareas: anunciar la buena noticia del reino de Dios y curar las enfermedades y dolencias en el pueblo. ("Recorría toda Galilea... proclamando la buena noticia del reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mt 4,23). Ese fue su empeño fundamental: despertar la fe en la cercanía de Dios luchando contra el sufrimiento. Por eso, cuando confía su misión a los discípulos, les encomienda la misma tarea. "Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar”. (Lucas 9, 2) En otro lugar, el mismo Lucas dice: "Cuando entréis en una ciudad... curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: el reino de Dios está cerca de vosotros” (Lucas 10,9 / / Mateo 10,7-8). Jesús solo realizó un puñado de curaciones y exorcismos. Por las aldeas de Galilea y Judea quedaron otros muchos ciegos, leprosos y endemoniados sufriendo sin remedio su mal. Solo algunos que se encontraron con él experimentaron su fuerza curadora.


Jesús no pensó nunca en los "milagros” como una forma fácil de suprimir el sufrimiento en el mundo, sino solo como un signo para indicar la dirección en la que sus seguidores han de actuar para acoger el reino de Dios.


Esto es el reino de Dios que tanto anhela: la derrota del mal, la irrupción de la misericordia de Dios, la eliminación del sufrimiento, la acogida de los excluidos en la convivencia, la instauración de una sociedad liberada de toda aflicción. Todavía no es una realidad acabada ni mucho menos. Hay que continuar poniendo signos de la misericordia de Dios en el mundo. Esa será precisamente la misión que confiará a sus seguidores.

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martes, 15 de febrero de 2011

SE ENCIENDE LA REBELDÍA EN EL MUNDO


Publicado por PROCLADE

La activista brasileña Janaina Stronzake ha opinado sobre el papel de los campesinos en momentos de crisis alimentaria para la agencia IPS. A continuación reproducimos algunas de las cuestiones abordadas:

¿A qué atribuye esta conmoción por los precios de los alimentos?
El tema de los precios y de la escasez de alimentos, o de las hambrunas, siempre es una cuestión compleja, con causas múltiples y una serie de factores que influyen. Atribuir, como se hace, el aumento de precios de los comestibles a que las poblaciones de China e India ahora se están alimentando me parece demasiado simplista. Es como decir: bueno, si estamos pagando más es culpa de indios y chinos. Y esto no es verdad.

¿Es que acaso faltan alimentos en el mundo?
Tenemos capacidad en el mundo de producir alimentos, y de calidad suficiente, para toda la gente, sin recurrir a tecnologías dudosas, como el caso de los transgénicos. En Brasil tenemos 120 millones de hectáreas sin cultivar. O sea, para producir más no hay que quitarle tierra a la Amazonia, no hace falta desequilibrar el ambiente ni tampoco acabar con los bosques. Lo único que se necesita es hacer una reforma agraria decente, adecuada, que se aseguren condiciones para que campesinos y campesinas sigan produciendo.

¿Entonces, cuál es la causa de todo esto?
Uno de los factores fundamentales para el aumento de precios es la especulación financiera. Es porque los alimentos son considerados mercancías y se negocian en las bolsas de los mercados a futuro.

¿A quiénes beneficia la especulación?
Las empresas transnacionales sacan partido de esto, juegan y especulan con el hambre de la gente y obtienen beneficios. Para demostrarlo basta con comparar entre los años de ascenso de los precios de los alimentos y los gráficos de ganancias y beneficios de las grandes empresas transnacionales. Por ejemplo, entre 2004 y 2008 asistimos a una serie de choques, disturbios, de poblaciones atacando supermercados en busca de alimentos y al mismo tiempo alzas en los comestibles.

¿Cómo reacciona el movimiento campesino ante los aumentos de precios de los alimentos?
Con mucha preocupación, porque responden a todo un sistema integrado. El pensador Zygmunt Bauman, de origen polaco, habla por ejemplo de los desperdicios humanos. Dice que es como si la gente sobrara en el mundo y hay que hacer algo con ella. Una forma es que se mueran de hambre, pues no hay trabajo para todos. Con las nuevas tecnologías de producción ya no hay necesidad de tantos brazos para trabajar. Entonces este exceso de población debe desaparecer. No porque no se puedan alimentar, sino porque dentro del sistema capitalista no generan ni consumen. Por tanto, tienden a desaparecer. Y un camino es éste, que se mueran de hambre con este tipo de crisis.

¿Que opinión tiene de los tratados de comercio internacional que abarcan a productos alimentarios?
La Vía Campesina reivindica que los alimentos no estén dentro de los acuerdos que promociona la OMC (Organización Mundial del Comercio). No pueden ser considerados como simples mercancías. Toda la humanidad necesita alimentos y debemos garantizar un mínimo para todos, independientemente de sus condiciones económicas. Y eso no pasa solamente por políticas asistenciales como, por ejemplo, las de Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia). Pasa por la necesidad de empoderar a la gente desde su propia comunidad para garantizar y producir alimentos. Esta es la soberanía alimentaria.

¿Qué espera de las negociaciones de la Ronda de Doha que promueve la OMC, con un capítulo dedicado a la reforma del comercio agrícola mundial?
Esas negociaciones no nos incluyen. Nos toma en cuenta simplemente como una tendencia a la desaparición de los campesinos y las campesinas. Pero el tema es que esa desaparición conlleva el riesgo de falta de alimentos, porque el agro-negocio, las grandes empresas, los que discuten en la Ronda de Doha pueden asegurar solo por un periodo una cantidad de alimentos, pero su preocupación es solo en torno a sus propios ingresos.

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lunes, 7 de febrero de 2011

Vivir para el Reino de Dios


Por Arnaldo Zenteno S.J.
Publicado por Adital
Del Equipo de Servicios CNP. Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua

Introducción

A finales de enero tuvimos nuestra Asamblea Nacional CEB de Nicaragua. Dentro del compartir fraterno el techo y el arroz y frijoles con las familias campesinas del Norte de Nicaragua, compartimos también el Análisis de la Realidad y la Reflexión de Fe como marco para revisar nuestro caminar en el 2010 y proyectarnos hacia el 2011.
El tema central de nuestra Reflexión de Fe, fue el Seguimiento de Jesús en la construcción del Reino de Dios. Esto es lo que le da sentido a nuestras CEB de Adultos, a nuestra Pastoral Juvenil CEB, a nuestros Proyectos Sociales por la Vida, y a nuestra Participación Ciudadana e Incidencia Política.
Inspirados en Pagola pasamos un power point sobre Jesús, su Primera Comunidad (con los Apóstoles) y el Reino de Dios. Rafael Aragón OP completó esa iluminación, y a todas-os los participantes les entregamos este documento que ahora les compartimos. Más adelante podremos compartirles nuestras conclusiones.
Pensamos que este tema es central para la vida cristiana. De paso quiero notar que en el Padre Nuestro pedimos Venga tu Reino. La traducción al español: venga a nosotros tu Reino, se presta a entender que venga a nosotros personalmente o solo para los cristianos, pero la petición de Jesús es que venga su Reino a las personas y a toda la sociedad. El Reino de Dios es el Proyecto de Dios para la vida humana. Como dice Aparecida: es la lucha por una Vida Digna.
¿Qué es lo más importante para Jesús? Una pregunta brota en quien busca sintonizar con Jesús: ¿qué es para él lo más importante, el centro de su vida, la causa a la que se dedicó por entero, su preferencia absoluta? La respuesta no ofrece duda alguna: Jesús vive para el reino de Dios. Es su verdadera pasión.
Por esa causa se desvive y lucha; por esa causa es perseguido y ejecutado. Para Jesús, “solo el Reino de Dios es absoluto; todo lo demás es relativo” (Pablo VI, Encíclica Anuncio del Evangelio, 8).
Lo central en su vida no es Dios simplemente, sino Dios con su proyecto sobre la historia humana. No habla de Dios sin más, sino de Dios y su Reino de paz, compasión y justicia.
No llama a la gente a hacer penitencia ante Dios, sino a “entrar” en su Reino. No invita, sin más, a buscar a Dios, sino a “buscar el Reino de Dios y su justicia”. Cuando pone en marcha un movimiento de seguidores que prolonguen su misión, no los envía a organizar una nueva religión, sino a anunciar y promover el Reino de Dios.
¿Cómo sería la vida si todos nos pareciéramos un poco más a Dios? Este es el gran anhelo de Jesús: construir la vida tal como la quiere Dios. Habrá que hacer muchas cosas, pero hay tareas que Jesús subraya de manera preferente: introducir en el mundo la compasión de Dios; poner a la humanidad mirando hacia los últimos; construir un mundo más justo, empezando por los más olvidados; sembrar gestos de bondad para aliviar el sufrimiento; enseñar a vivir confiando en Dios Padre, que quiere una vida feliz para sus hijos e hijas.
Desgraciadamente, el Reino de Dios es a veces una realidad olvidada por no pocos cristianos.
Muchos no han oído hablar de ese proyecto de Dios; no saben que es la única tarea de la Iglesia y de los cristianos. Ignoran que, para mirar la vida con los ojos de Jesús, hay que mirarla desde la perspectiva del Reino de Dios; para vivir como él hay que vivir con su pasión por el Reino de Dios.
Convertirnos al Reino de Dios. ¿Qué puede haber en estos momentos, para los seguidores de Jesús, más importante que comprometemos en una conversión real del cristianismo al Reino de Dios? Ese proyecto de Dios es nuestro objetivo primero. Desde él se nos revela la fe cristiana en su verdad última: amar a Dios es tener hambre y sed de justicia como él; seguir a Jesús es vivir para el Reino de Dios como él; pertenecer a la Iglesia es comprometerse por un mundo más justo.

Preguntas:
a) ¿En nuestra vida personal y en nuestras CEB es en verdad central y nos apasiona el Reino de Dios? Y ¿En qué se manifiesta esto?
b) ¿Qué significa para nuestras CEB convertirnos al Reino de Dios?¿ Y que deberemos hacer para que plenamente nos convirtamos al Reino de Dios?

2.- SEGUIR A JESÚS

Movimiento de Seguidores de Jesús. Jesús no dejó detrás de sí una “escuela”, al estilo de los filósofos griegos, para seguir ahondando en la verdad última de la realidad. Tampoco pensó en una institución dedicada a garantizar en el mundo la verdadera religión. Jesús puso en marcha un movimiento de “seguidores” que se encargaran de anunciar y promover su proyecto del “Reino de Dios”. De ahí proviene la Iglesia de Jesús. Por eso, nada hay más decisivo para nosotros que reactivar una y otra vez dentro de la Iglesia el seguimiento fiel a su persona. El seguimiento a Jesús es lo único que nos hace cristianos.
Aunque a veces lo olvidamos, esa es la opción primera de un cristiano: seguir a Jesús. Esta decisión lo cambia todo. Es como empezar a vivir de manera diferente la fe, la vida y la realidad de cada día. Encontrar, por fin, el eje, la verdad, la razón de vivir, el camino. Poder vivir dando un contenido real a la adhesión a Jesús: creer en lo qué él creyó; vivir lo que él vivió; dar importancia a lo que él se la daba; interesarse por lo que él se interesó; tratar a las personas como él las trató; mirar la vida como la miraba él; orar como él oró; contagiar esperanza como la contagiaba él. Sé que es posible seguir a Jesús por caminos diversos. El seguimiento de Francisco de Asís no es el de Francisco Javier o el de Teresa de Jesús.
Rasgos básicos en el seguimiento de Jesús. Son muchos los aspectos y matices del servicio de Jesús al Reino de Dios. Pero hay rasgos básicos que no pueden faltar en un verdadero seguimiento de Jesús. Señalo algunos: Seguir a Jesús implica poner en el centro de nuestra mirada y de nuestro corazón a los pobres. Situarnos en la perspectiva de los que sufren.Hacer nuestros sus sufrimientos y aspiraciones. Asumir su defensa. Seguir a Jesús es vivir con compasión. Sacudirnos de encima la indiferencia. No vivir solo de abstracciones y principios teóricos, sino acercarnos a las personas en su situación concreta. Seguir a Jesús pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad de secta. No excluir ni excomulgar. Hacer nuestro el proyecto integrador e incluyente de Jesús. Derribar fronteras y construir puentes. Eliminar la discriminación.
Seguir a Jesús es asumir la crucifixión por el Reino de Dios. No dejar de definirnos y tomar partido por miedo a las consecuencias dolorosas. Cargar con el peso del “anti-reino” y tomar la cruz de cada día en comunión con Jesús y los crucificados de la tierra. Seguir a Jesús es confiar en el Padre de todos, invocar su nombre santo, pedir la venida de su reino y sembrar la esperanza de Jesús contra toda esperanza.

Preguntas:
1.- En nuestras CEB y proyectos qué tan vivo y tan explícito está el Seguimiento de Jesús como lo central en nuestro caminar?
2.- De los rasgos del Seguimiento de Jesús arriba enumerados a) ¿Cuáles están más vivos? Y b) ¿Cuales están más débiles?

CEB Nicaragua.

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viernes, 14 de enero de 2011

Haití, un año después; años por delante


REACTIVADA LA EMERGENCIA EN HAITÍ

El 12 de enero de 2010 se registró en Haití un seísmo de 7 grados en la escala Richter, que devastó la capital, Puerto Príncipe, y sus alrededores. Unas horas más tarde, Fundación PROCLADE reactivaba la campaña de emergencia que puso en marcha en el país caribeño en el 2008. En el verano de ese año, varios huracanes y tormentas tropicales azotaron gran parte de Haití.

Gracias a la colaboración de cientos de donantes particulares, de voluntarios, de entidades públicas y privadas, así como de las diferentes organizaciones de la familia claretiana que se han sumado a esta campaña de emergencia, hemos podido asistir a miles de personas. Nuestra ayuda ha llegado tanto a la capital como a la zona fronteriza, donde se desplazaron muchos afectados por el terremoto. .
La primera intervención de la emergencia ha dado paso, un año después, a una rehabilitación y reconstrucción que abarca un desarrollo integral de las comunidades afectadas donde tiene presencia Fundación PROCLADE a través de PROMICLA y los Misioneros Claretianos de Haití. Gracias a los proyectos desarrollados, esta inversión en el desarrollo y mejora de sus vidas continúa un año después y será perdurable en el tiempo.
Los efectos de este terremoto, el más fuerte registrado en la zona desde 1770, han sido devastadores El número de fallecidos en el país más pobre del continente americano superó los 220.000 y hubo más de 500.000 heridos. En total, casi tres millones de personas se quedaron sin hogar. Unas cifras que nos hablan de una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia.
El 13 de enero, al día siguiente de la catástrofe, Fundación PROCLADE reactiva la campaña de emergencia con Haití, abierta tras los huracanes de 2008. Lo hace en coordinación con PROCLADE BÉTICA, PROCLADE YANAPAY, PROCLADE CANARIAS, Enllaç Solidari y Korima. Además colaboran las instituciones religiosas: Misioneros Claretianos, Misioneras Claretianas y Filiación Cordimariana.
Comenzó esta emergencia 2010 recogiendo donativos, destinados en una primera fase, a la búsqueda de supervivientes y a proporcionarles bienes de primera necesidad: agua, comida, medicamentos, ropa, herramientas, materiales, plantas eléctricas-generadores, tiendas de campaña.
Tras este primer período de satisfacer las necesidades básicas, se pasó a planificar la reconstrucción de la zona (viviendas, carreteras y otras instalaciones básicas).
La ayuda de los Misioneros Claretianos ha sido fundamental, debido a sus más de diez años de experiencia de trabajo en Haití. Su campo de acción no se centraba sólo en la capital, Puerto Príncipe, sino también en la cercana zona rural de Kazal. Al encontrarse ya en la zona, hizo el trabajo de Fundación PROCLADE mucho más efectivo antes y después de la emergencia. Desde la fundación ya tenían la experiencia en reconstrucción integral tras una catástrofe, como ya puso de manifiesto en Honduras tras el paso del huracán Mitch en el año 1998, en la emergencia en Asia tras el Tsuami del 2004 y en la reconstrucción integral en la región de Kanyakumari.

LOCALIZACIÓN DE LA INTERVENCIÓN
La intervención en esta emergencia se ha localizado en la capital Puerto Príncipe, barrio de Coquillot-Nazón y colindantes; en la región cercana de Kazal, que también sufrió los efectos del seísmo. Asimismo, también se están llevando a cabo proyectos en la zona fronteriza de Fonds Parisien y Jimaní donde se han desplazado cientos de personas tras el terremoto y donde hay presencia de Misioneros Claretianos que se coordinan con las Hermanas Carmelitas Vedrunas.
CONTRAPARTES

- MODECO/N (Mouvement pour le developpement de Coquillot – Nazón)
- MISIONEROS CLARETIANOS DE HAITÍ
- ONGD PROMICLA (Promoción misionera claretiana de Antillas)
- HERMANAS CARMELITAS VEDRUNAS

GRACIAS A VUESTRA COLABORACIÓN

Gracias a vuestra colaboración hemos podido llevar a cabo estas acciones y proyectos:
1. Desescombro y búsqueda de fallecidos
2. Facilitarles los primeros auxilios, campañas sanitarias y de reparto de medicamentos
3. Provisión de bienes de primera necesidad mediante: comida, agua, casetas de acampar, artículos de aseo básico (jabones, pastas dentales…); medicamentos, generadores de energía (plantas eléctricas), tanques de agua potable, baños sanitarios portátiles, herramientas y materiales, vehículo para que puedan distribuir las ayudas a la gente; carpas grandes.
4. Organizar brigadas de médicos y enfermeras en un primer período. Sufragar los gastos de los médicos y de las medicinas.
5. Transporte por camiones y por vía marítima de los artículos recolectados en los centros de acopio (uno en Puerto Rico y otro en República Dominicana).
6. Realizar trabajos de limpieza y remoción de escombros para limpiar la zona y planificar reconstrucciones. Alquilar maquinaria para apoyar esas labores.
7. Atención a los desplazados. Asistencia psicológica y educativa.
8. Reconstrucción de infraestructuras y construcción de nuevas instalaciones:
*En Nazón, barrio de Puerto Príncipe.
Rehabilitación del tanque de agua e instalación de un sistema purificador de agua potable para la superpoblada comunidad de Nazón, barrio muy castigado de Puerto Príncipe.
Implantación y conexión a la red eléctrica de alta tensión.
Reconstrucción de carretera.
Reconstrucción de tanque de agua e instalación de sistema potabilizador de letrinas y duchas:
Remoción de escombros en calles y solares en el barrio de Nazón-Puerto Príncipe para comenzar construcción de viviendas.
Reconstrucción integral consistente en la construcción de 25 viviendas completamente arrasadas en la zona devastada del barrio de Nazón-Puerto Príncipe.
* En la zona fronteriza de Fonds Parisien.
Construcción de un Comedor Infantil para niños desplazados.
Construcción de un espacio para atención pedagógica y psicológica - Rincones Pedagógicos a niños desplazados.
* En Kazal.
Construcción de 10 locales (de 16m2) para 10 familias desplazadas desde Puerto Príncipe por el terremoto.
Instalación y reconstrucción de cañerías de agua.
Creación de un grupo de arte y música para jóvenes en situación de riesgo.
Reconstrucción de Escuela cuya estructura y cimientos se vieron gravemente afectados por el terremoto.

UN LARGO CAMINO, Y MUCHOS PROYECTOS POR REALIZAR:
- Proyecto de salud que consistirá en la coordinación de clínicas de salud para Puerto Príncipe-Haití y para Jimaní-frontera.
Proyecto educativo que sea un espacio para jóvenes desplazados y locales que facilite la educación a distancia ya que los jóvenes en Jimaní y áreas adyacentes no van a la escuela ya que hay pocas y distantes y muy costosas.
Centro de formación de mujeres y jóvenes.
Proyecto de voluntariado en Jimaní, Rep. Dominicana, frontera con Haití para atención de desplazados.
Para la puesta en marcha de todos estos proyectos, Fundación PROCLADE ha colaborado permanentemente con PROMICLA, encargada de coordinar y gestionar allí la campaña de emergencia. Estas dos organizaciones en coordinación con los Misioneros Claretianos de Haití, buscan cada día dar esperanza e ilusión dentro de la difícil realidad que se vive en Haití 1 año después de la catástrofe.

GRACIAS A TU COLABORACIÓN
Donaciones particulares: 409.765,01
Subvenciones instituciones privadas: 178.736,00
Subvenciones instituciones públicas: 66.594,35
TOTAL 655.095,36

COORDINAN LA EMERGENCIA
Fundación PROCLADE, Korima, PROCLADE Bética, PROCLADE Yanapay, PROCLADE Canarias, Enllaç solidari y Solidaridad y Misión.

ORGANIZACIONES COLABORADORAS
Fundación Impulso
Gobierno de Cantabria
Diputación Provincial de Zaragoza
Ayto. de Colmenar Viejo
Ayto. de Puertollano
Cáritas Diocesana de Oviedo
Cáritas Diocesana de Barcelona

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domingo, 9 de enero de 2011

No perder la esperanza


Siempre hay motivos para dar gracias a Dios por todo lo que vivimos. Nos puede gustar más o menos… pero de cualquier circunstancia y situación podemos ver un rayo de esperanza. Precisamente, es de esa luz de la que yo quiero hablar. De la que no se apaga a pesar de los errores o de las injusticias, de la que siempre da una oportunidad para seguir siendo mejores y de aquella que sabe mostrar el corazón del hombre tal y como es.
Hace más de un año que en la prisión “Modelo” de Barcelona comenzamos a darle un poquito de fuerza a los grupos existentes de oración y catequesis. Por otra parte, empezaron grupos nuevos para las diferentes galerías, llenos de empuje y vitalidad. Han tenido una respuesta muy positiva y aunque a veces podamos cuestionarnos… también damos gracias a Dios por aquellas personas que quieren aprovechar ese tiempo, darle otro sentido y por supuesto, por las que desean de corazón dar un giro en sus vidas, por pequeño que sea. Pienso que nuestra misión es “sembrar”, sea de la forma que fuere. Los verdaderos resultados están en manos de Dios y sólo Él sabe lo que ocurre en el corazón del ser humano.
El mes pasado se confirmaron en el Centro Penitenciario siete internos. Lo preparamos con mucha ilusión y cariño y ellos lo vivieron intensamente. Presidió la celebración el Cardenal Lluís Martínez Sistach, el cual se hizo muy cercano dedicando tiempo a cada uno de los que quisieron compartir con él. En su homilía remarcó la importancia de amar, de sentirse amado… de no juzgar y de tener el corazón abierto a cada uno de nuestros hermanos.
Lo cierto es que fue un momento muy bonito para ellos, ya que están habituados a vivir con tensiones y enfrentamientos y esto ha facilitado un acercamiento entre ellos. Pidamos para que se dejen tocar el corazón y sepan mirar con bondad a todas las personas que sufren por sus causas: familias, amigos, víctimas… Que todos puedan alcanzar la paz en sus vidas y tener una mirada puesta en la esperanza.

Texto: Hna. Conchi García.
Publicado por Mi Vocación

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miércoles, 5 de enero de 2011

Los Reyes Magos visitan a los hijos de las mujeres reclusas de Picassen


Los niños permanecen con ellas hasta los tres años de edad
Publicado por Religión Digital

Los Reyes Magos de Oriente han visitado esta mañana, el Centro Penitenciario de Valencia, ubicado en la localidad valenciana de Picassent, para ofrecer regalos a los hijos de las reclusas, que permanecen con ellas hasta los tres años de edad.

Los obsequios, juegos y dulces, han sido entregados por Melchor, Gaspar y Baltasar, tras una cabalgata que se ha desarrollado en el interior de la cárcel, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes del secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria (SEPVAL).

Igualmente, los Reyes Magos han recorrido la enfermería del centro penitenciario, en donde también se han repartido regalos a más de 180 personas acogidas.

En la iniciativa, organizada por el SEPVAL, colaboran además de capellanes y voluntarios del secretariado diocesano, feligreses de las parroquias de Picassent que, por la tarde, una vez concluida su visita a la cárcel proseguirán su itinerario, junto con los Reyes Magos, con una cabalgata por las calles de la localidad.

Asimismo, con motivo de la Navidad y la fiesta de los Reyes Magos, el SEPVAL ha organizado este año un concurso de cartas a los Reyes Magos dirigida a los internos de Picassent. Los ganadores recibirán sus premios también a partir del próximo 5 de enero. El jurado estará formado por capellanes, voluntarios y personal del centro, según las mismas fuentes.

Además, el secretariado de Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de Valencia ha organizado este año una campaña para regalar a los presos sin recursos económicos del Centro Penitenciario de Picassent tarjetas de cabina telefónica para que puedan llamar a sus familiares durante las Navidades.

Con esa y otras iniciativas que el SEPVAL ha previsto "queremos amortiguar el choque que representa para los presos pasar la Navidad entre rejas", habida cuenta de que "estos días, eminentemente familiares, son especialmente tristes para quienes se encuentran privados de libertad", según las mismas fuentes.

Los capellanes y voluntarios del SEPVAL han organizado también actividades formativas, religiosas, lúdicas y solidarias hasta el próximo 9 de enero en la prisión, entre ellas, villancicos, conciertos, rondalla, ginkanas, proyecciones de la película "Un niño llamado Jesús", cuentacuentos, así como oraciones y misas.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

Cuidar y acompañar en el sufrimiento


Por José María GALÁN GONZÁLEZ-SERNA*
Publicado por Pastoral SJ

El principio bioético de no maleficencia es la base de toda la ética médica desde los tiempos hipocráticos1. Este principio tiene como exigencia el imperativo ético «no matarás», que viene siendo el eje fundamental de la norma legal que defiende la vida y su protección. El respeto a la vida es el derecho fundamental más condicionante para lograr una convivencia pacífica en las sociedades humanas.
El término «eutanasia», en su sentido etimológico (buena muerte), prácticamente ha dejado de tener uso social. El significado actual del término «eutanasia» se refiere a la conducta, por acción o por omisión, intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones compasivas y en un contexto médico. Cuando se habla de una ley de despenalización de la eutanasia, se está hablando de una legislación según la cual no existiría impedimento legal, bajo determinadas condiciones, para esta práctica dentro del ejercicio de la Medicina, en contra de lo que ha sido su ética tradicional2.


¿Qué significa una solicitud de eutanasia?

La angustia ante la muerte y la incertidumbre sobre la manera de morir, en parte ocasionada por la mala práctica de muchos profesionales que no llegan a atender correctamente al enfermo en la fase final de su existencia, genera en algunas personas la solicitud de eutanasia.
El miedo a la deshumanización del proceso de la propia muerte les lleva a buscar un autocontrol, un límite vital libremente escogido, sobre esta experiencia para hacerla menos dolorosa o prolongada. Así, algunos grupos sociales demandan un supuesto derecho a la muerte, para que llegue a ser legalmente posible exigir a otros que terminen con su vida o que les ayuden a finalizarla aportando o aplicando medios letales para ello3.
«Muerte digna» sería para este grupo la capacidad de elegir, en un proceso de enfermedad terminal, el momento de la propia muerte y asegurarse de que van a contar con quien esté dispuesto a ayudar o a realizar los actos necesarios para que esta se produzca.
Como esta conducta requiere un actor, se pide que el causante de la muerte sea un profesional de la salud, en concreto un médico, entendiendo que el médico, obligado tradicional y legalmente a hacer el bien al enfermo, no abusará de la prerrogativa que una supuesta despenalización supondría para suprimir la vida de una persona a petición propia.
De esta forma, en la literatura sobre este asunto surge el concepto de «muerte médicamente asistida» como aquella en la que el médico proporciona los medios o realiza las acciones necesarias para suprimir la vida de una persona a petición de esta cuando se encuentra en una situación de enfermedad sin tratamiento curativo, abocada a la muerte en un plazo más o menos breve o sujeta a penosos sufrimientos por las limitaciones funcionales que impone y sin tener perspectivas razonables de mejoría o curación4. Se trata de la hasta ahora denominada «eutanasia activa», directa, voluntaria, y del suicidio asistido, que nos señalan la doctrina jurídica actual o la moral tradicional como delitos en contra de la vida humana.


El médico, garante de la vida humana

La deontología médica afirma que el médico nunca deberá provocar intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste5.
El profesional de la salud es garante de la vida humana ante la sociedad que le permite ejercer esta profesión. Se le exige que vele por la vida y que ofrezca todos los medios disponibles en favor de la supervivencia, siempre que los riesgos o efectos adversos de las terapias no superen los beneficios objetivos6.
La situación legal vigente establecida por el Tribunal Constitucional Español, interpretando nuestra Carta Magna, no solo incluye el derecho a la vida, sino que excluye un supuesto derecho a la muerte. Esto significa que la vida es un valor jurídico indisponible a voluntad propia, y no tenemos el derecho de pedir a nadie que termine con nuestra vida sin solicitarle que cometa un delito tipificado por la ley y penado con la cárcel.
Hoy en nuestro país a nadie le es posible, legalmente, exigir a otro que le mate o que le ayude a acelerar la propia muerte. Sin embargo, el derecho a la asistencia sanitaria sí debe incluir el cuidado de la vida cuando esta llega a su fin, aliviando el sufrimiento y proporcionando los medios para una muerte tolerable7.
Nuestro código penal tipifica como delito la conducta que causara o cooperara activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro por petición expresa, seria e inequívoca de este, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría inevitablemente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes difíciles de soportar8.
Por lo tanto, la tipificación de esta conducta penada exige que se cause la muerte o que se coopere activamente con actos necesarios y directos a la muerte del otro. Esto se puede realizar por «comisión» o por «comisión por omisión»:
– Por «comisión», haciendo daño suficiente para suprimir la vida hasta causar la muerte; por ejemplo, aplicando tóxicos letales.
– Por «comisión por omisión», dejando de hacer médica o asistencialmente lo que deberíamos hacer en orden a respetar, proteger y cuidar la vida y, a consecuencia de esta omisión de asistencia, causar la muerte9. No aplicando o retirando cuidados o tratamientos debidos al caso. Omitiendo la asistencia obligada.
Dicho lo anterior, creo que es importante precisar el concepto de muerte «digna», pues evidentemente la muerte es, sobre todo, una realidad indigna. La mayor indignidad para un ser humano, ya que extingue su vida, que pasa del ser al no ser biológico.
Cuando se afirma la dignidad de la vida humana, se hace fundamentándose en que la vida posibilita el hecho mismo de ser. La consideración de «digna» exige el consiguiente respeto por parte de cada uno y de los demás y es fundamento de «merecimiento» de cuidados. El merecimiento genera el derecho a que los otros la respeten. La protección de la vida sí es un derecho.
La muerte, por el contrario, no es un derecho, porque supone la anulación de la vida biológica, es decir, del ser ontológico. Nadie tiene derecho a provocar la muerte de otro, a aniquilarlo para que deje de ser. Ni siquiera uno mismo debería autoaniquilarse. Sabemos que, a pesar de que el suicidio no esté penado por la ley, la conducta suicida debe evitarse por quienes están próximos al que la intenta, y sí se penaliza la ayuda al suicidio.
Por ello, en lugar de defender la dignidad de un acontecimiento indigno hablando de una «muerte digna», quizá sería más práctico preguntarnos si la manera en que se produce la muerte y la vivencia subjetiva de su acercamiento inexorable como aceptación de la condición humana es digna o indigna de una persona. Es decir, si se muere dignamente.
Esta cuestión tan fundamental nos orienta a dar una respuesta ética que debería consistir en proporcionar la ayuda necesaria para que el trance acontezca de la forma menos dura y más aceptable y pacífica posible, incorporando medidas que produzcan el máximo alivio y apoyo a las necesidades que presenta el enfermo en esta fase final de su vida.


Los Cuidados Paliativos, respuesta integral
al sufrimiento humano al final de la vida

Pero ¿basta, en la atención al enfermo terminal, con no matar?
El mismo principio de no maleficencia, que nos recuerda que no se debe hacer mal o daño, que debe prevenirse y remover dicho daño, incluye la obligación de hacer o promover el bien, dando paso al principio bioético de la beneficencia.
El profesional sanitario contrae un compromiso especial de no hacer el mal y sí hacer el bien a sus pacientes, y así lo espera la sociedad que regula este compromiso, otorgándole una clara exigencia jurídica. Se trata de la obligación de garantizar una acción positiva en favor de la vida que incluye cuidar la calidad de vida10, también cuando el tiempo vital se acerca a su fin ante la proximidad de la muerte.
Hacer el bien al enfermo terminal exige atender la complejidad de esta situación centrándonos en la difícil experiencia humana del que está próximo a este momento con el afán de dar una respuesta correcta a lo que significa una experiencia vital límite.
De manera especial, precisamos caer en la cuenta de que, entre las múltiples y cambiantes necesidades del enfermo, es su vivencia subjetiva del proceso la que debe ponerse en un primer plano a la hora de proporcionar ayuda.
Si nos entendemos como seres dignos, valiosos, respetables, procuramos que nuestra vida sea vivida con unas condiciones dignas, es decir, en concordancia con el valor que nos reconocemos como seres humanos. Y el deseo de vivir dignamente incluye sin duda el deseo de morir dignamente, es decir, en unas condiciones propias de un ser valioso. Valioso por el hecho de ser humano y, muchas veces, por haber generado vínculos vitales significativos con personas, con proyectos, con el mundo, con el cosmos y con Dios. Seres cuya vida ha tenido un significado, un sentido. Una orientación a valores como la libertad, la amistad, la solidaridad, el amor, la capacidad de transformar nuestro entorno y la propia naturaleza.
Para atender adecuadamente la dimensión subjetiva de la enfermedad se requiere un abordaje terapéutico integral que genere la experiencia de confort físico suficiente y que, a su vez, permita atender las necesidades psico-espirituales, sociales y religiosas del morir.
Aunque los profesionales de la salud estamos cada vez más sensibilizados ante el sufrimiento físico de los enfermos, podemos observar cómo en nuestra sociedad actual existe un rechazo ante la realidad de la muerte y del sufrimiento subjetivo que esta conlleva.
Nosotros, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, no estamos en absoluto preparados para el diálogo con la muerte y el moribundo; es más, solemos rehuirlo, quizá porque en ellos, los moribundos, descubrimos nuestra propia limitación y nuestra propia muerte. Esto nos provoca temor. Además, ni que decir tiene que el acercarnos a la persona que sufre y establecer una relación de ayuda, de soporte para su sufrimiento, nos supone un esfuerzo especial para el que no solemos estar preparados. Nadie nos ha preparado para el momento del morir. ¿Qué palabra decir? ¿Qué gestos y actitudes mantener? ¿Qué sentido de la situación transmitir?
La atención a los aspectos subjetivos del morir requiere hoy facilitar una asistencia en la que se persiga, como objetivos esenciales:
– Morir con el mínimo sufrimiento físico, psíquico o espiritual.
– Morir sin dolor.
– Morir acompañado de los seres queridos.
– Morir bien informado, si se desea.
– Morir pudiendo rechazar los tratamientos que uno no desea.
– Morir en la intimidad personal y familiar.
– Morir de acuerdo con las propias creencias.
– Morir a tiempo y en paz.
Consecuentemente, lograr la muerte en paz exige el acompañamiento del paciente y una continuidad asistencial de calidad que garantice sus derechos en la fase final de su vida, proporcionando una terapia activa e integral orientada a lograr una muerte subjetivamente tolerable.
Para ello se hace necesario el abordaje integral del enfermo y la familia como unidad a cuidar, la promoción de la autonomía y la dignidad y el entorno de un ambiente adecuado.
Aunque se están dando pasos importantes para la implantación de los Cuidados Paliativos en el Sistema Nacional de Salud español, aún falta un significativo esfuerzo, tanto de carácter científico como asistencial y político, para alcanzar cotas adecuadas y equitativas de asistencia a toda la población.
Así, el Ministerio de Sanidad y Consumo, en su documento «Estrategias en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud», editado en 2007, identifica una serie de necesidades, entre las que destaco:
– Necesidad de universalización de los cuidados paliativos.
– Inequidades en la accesibilidad.
– Dificultades en la definición de terminalidad, particularmente en pacientes no oncológicos.
– Escasez de programas dedicados a pacientes no oncológicos.
– Escasez de programas dedicados a pacientes pediátricos oncológicos y no oncológicos.
– Inicio tardío de las actuaciones paliativas y falta de continuidad de las mismas.


El objetivo de los Cuidados Paliativos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define los cuidados paliativos (CP) como «el enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades amenazantes para la vida, a través de la prevención y alivio del sufrimiento, por medio de la identificación temprana y la impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicosociales y espirituales»11.
El objetivo prioritario de los cuidados paliativos es ayudar al paciente a afrontar humanamente el proceso de su propia muerte, logrando una mejora de la calidad de vida y confortabilidad en esta situación final12.
El buen morir o la buena muerte requieren que, verdaderamente, se asegure la posibilidad de ejercer las propias opciones personales en esta fase final de la vida. Lo que para alguien puede ser una muerte en condiciones tolerables, para otra persona puede serlo en condiciones intolerables. Por lo tanto, se hace imprescindible respetar e incorporar a este periodo vital los valores, creencias y deseos del paciente. Tal incorporación se traduce en su participación activa en la toma de decisiones sobre su tratamiento, sobre el lugar donde desea vivir este último periodo, sobre cuestiones familiares, espirituales, religiosas, legales y otras.
Un elemento importante para lograr dicho objetivo es la información veraz, realizada de forma asumible, sobre la situación real y el pronóstico. Una comunicación adecuada, seguida de un acompañamiento cualificado, permitirá al paciente mantener una esperanza razonable sobre su destino basándola en el logro de metas paliativas en el corto plazo que tienen como prioridad lograr una experiencia de muerte pacífica, reconciliando al enfermo con su situación13.
Una prioridad fundamental es el alivio de los síntomas, entre los que el dolor suele tener un gran protagonismo, que provocan sufrimiento y deterioran la calidad de vida del enfermo en situación terminal. Con este fin se emplean diversos fármacos y otras medidas, entre las que destacan los analgésicos o sedantes que habrá que aplicar, contando con el consentimiento del enfermo, para alcanzar los objetivos terapéuticos.
El paciente terminal debe participar y guiar la toma de decisiones asistenciales sobre su proceso, de forma que la persona con una enfermedad grave, probablemente irreversible o de muy difícil curación, pueda optar o no por los tratamientos que en su medio se consideren proporcionados, pudiendo rechazar responsablemente medios excepcionales o desproporcionados, o alternativas terapéuticas con probabilidades de éxito, a su juicio, dudosas. Esta actitud del paciente debe ser respetada y no puede confundirse con una conducta suicida14.
Para los profesionales de la salud no existe obligación ética ni legal estricta de mantener forzadamente en vida, mediante medios técnicos, a un paciente abocado a la muerte por inexistencia de un tratamiento eficaz15, por lo que la aplicación de medidas terapéuticas está muy condicionada por los propios deseos del paciente, que deberá aceptarlas o rechazarlas16. El enfermo, en este caso, puede solicitar libremente el rechazo de un tratamiento médicamente indicado para tratar de prolongar la vida, si es que solo se conseguiría prolongar una situación de sufrimiento sin esperanza de curación17.
No obstante, la moral católica marca unos límites a la retirada de tratamientos cuando afirma que, «aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden legítimamente ser interrumpidos»18.
Dentro de los cuidados y tratamientos obligados incluye explícitamente, a modo de recomendación, los cuidados espirituales, la alimentación, la hidratación, el dolor, la higiene, la prevención de las complicaciones del enfermo encamado19.
Para una ética civil, la retirada de tratamientos a solicitud del paciente, ante la proximidad de una muerte causada por la evolución biológica inevitable de una enfermedad terminal, tampoco sería considerada suicidio.


Sedación paliativa como medida terapéutica de excepción

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la eficacia del alivio del sufrimiento es a veces limitada, y nos encontramos con situaciones en las que los tratamientos y cuidados paliativos, aun utilizados correctamente, no lo contrarrestan suficientemente, e incluso puede producirse una situación insoportable para el paciente. Se trata de una circunstancia de refractariedad a las terapias comunes que no lograrían aliviar su sufrimiento. Es en estos casos cuando estaría justificado emplear fármacos para disminuir la conciencia como remedio terapéutico y, por ende, la percepción de sufrimiento que presenta el enfermo, y evitarle así una situación no soportable y, como consecuencia, su desesperación. Para ello se le propondrían los protocolos de sedación paliativa.
Ciertamente, no debemos confundir la aplicación de tóxicos con intención y resultado de muerte, que sí sería una conducta eutanásica punible, con la administración de sedantes al paciente con síntomas refractarios que le originan sufrimientos intratables y que necesita de un medio terapéutico para calmar su sufrimiento, pero sin que el fallecimiento sea finalmente ni causado ni pretendido por dicha sedación20.
Si la sedación se realiza correctamente, no tiene por qué provocar la muerte del enfermo, y sus límites se sitúan precisamente en que para eliminar el sufrimiento se hace perder al sujeto otras capacidades cognoscitivas, emocionales o de relación, manteniendo al sujeto en un estado de estupor del que difícilmente puede salir sin volver a padecer el mismo sufrimiento. Este estado de inconsciencia implica una pérdida de autonomía que es un derecho fundamental del enfermo y del que no podemos privarle sin causa clínica justificada y, además, contando con su aceptación o consentimiento informado.
Ya que el respeto a la vida humana y la asistencia paliativa dignifican el proceso del morir, es conveniente que nuestro derecho positivo recoja bien el derecho esencial de todos a que la fase final de la vida resulte lo más tolerable posible y se nos permita ejercer nuestra libertad de tomar decisiones en este más difícil vivir en el que la muerte esté próxima. Para ello sería interesante asegurar, incluso legalmente, los derechos de los ciudadanos en cuanto al proceso digno de su muerte21.


El caso de los Estados Vegetativos Permanentes y eutanasia

Los casos recientes (Terri Schiavo en Estados Unidos, Eulana Englaro en Italia) han puesto de manifiesto el desafío que suponen hoy en día los casos de los Estados Vegetativos Permanentes y el problema de la suspensión de la hidratación y alimentación artificial.
El Estado Vegetativo Permanente es aquel en que, por diversas causas nosológicas, se presenta el siguiente estado clínico, que persiste en una duración mayor a 12 meses en lesión traumática y 3 meses en la no traumática:
1. Ausencia evidente de conciencia de sí mismo o del entorno e incapacidad para interactuar con otros.
2. Ausencia de respuesta sostenida, reproducible, propositiva y voluntaria al estímulo visual, auditivo, táctil o nociceptivo.
3. Ausencia total de expresión o comprensión del lenguaje.
4. Despertar intermitente, manifestado por ciclos de sueño-vigilia.
5. Preservación de actividad hipotalámica y de tronco-encéfalo que permita sobrevivir con cuidados médicos.
6. Incontinencia fecal y vesical.
7. Variable preservación de reflejos en nervios craneales y espinales.
Se trata de una vida exenta de relación interpersonal y de capacidad de desarrollarse normalmente, por encontrarse inconsciente o desconectada del medio, lo que origina diversidad de complicaciones, como pueden ser la inmovilidad y el encamamiento permanente, con dependencia de otras personas para cualquier actividad; infecciones respiratorias o urinarias de repetición; posible desnutrición; úlceras por presión; incontinencia urinaria y fecal; retracciones musculares; etc. Sin embargo, aunque se da un importante deterioro cerebral, no existe una muerte completa del cerebro, por lo que se persiste en vida «vegetativa».
Si se aportan cuidados básicos y se tratan las complicaciones habituales, se puede estar durante años en esta situación, con unas perspectivas mínimas, muy improbables, de recuperación.
Como se puede prolongar el tiempo de vida, pero la calidad de vida, entendida como autodeterminación y capacidad de autonomía física, se mantendría en cotas nulas, hay quien se plantea si no habría que limitar los tratamientos, dejar de tratar las complicaciones y dejar morir al enfermo para el que no existen posibilidades razonables de recuperación. Esta limitación puede referirse a tratamientos farmacológicos, al tratamiento de complicaciones o a la supresión de medidas básicas como la alimentación e hidratación, o a los cuidados generales de higiene.
¿Puede considerarse o no como «comisión por omisión» la omisión de un tratamiento que podría prolongar la vida? ¿Y la limitación del esfuerzo terapéutico decidida por parte del médico o por rechazo del enfermo? ¿Puede un familiar o representante legal llegar a tomar decisiones en el lugar de un paciente falto de capacidad para actuar por sí mismo que aboquen a la muerte del enfermo habiendo tratamientos o cuidados que pueden evitarla?
Como norma general, sobre esta problemática hay que recordar que el derecho a la vida y la exclusión del derecho a la muerte no impiden, según las leyes españolas, que una persona capaz pueda ejercer, en el pleno ejercicio de su autonomía, como manifestación del agere licere, el derecho a rechazar tratamientos indicados aunque estos pudieran mantenerles en vida22. La ley de autonomía del paciente lo recoge como el derecho a rechazar tratamientos.
Esta aceptación se da con total claridad cuando es la misma persona interesada quien rechaza los tratamientos o cuidados indicados por los profesionales sanitarios, pero que no desea o se niega a recibirlos.
En estos casos, los profesionales de la Medicina deben dialogar con el paciente sobre su decisión, a fin de que conozca las consecuencias de la misma, y además proporcionarle un apoyo emocional y psicológico a su experiencia de enfermedad. Sin embargo, no deben forzar la integridad física ni moral del paciente que elige con plena libertad, debiendo respetar sus deseos, sean estos expresados directamente o previamente a la situación clínica a través de documentos de instrucciones previas o voluntades anticipadas. La responsabilidad moral de aceptar que se incremente el riesgo de mayor deterioro e incluso de morir recaerá sobre quien ha rechazado las medidas que podrían permitir su continuidad vital. Este razonamiento es, a mi parecer, aplicable a la situación de pacientes en Estado Vegetativo Permanente, que si han expresado mediante instrucciones previas o voluntades anticipadas su deseo de que en esa circunstancia clínica no se les traten las complicaciones graves o no se aplique nutrición por vía nasogástrica u otras vías artificiales, han de poder ver respetados sus deseos, aunque evidentemente esta decisión les lleve, en el caso de que no puedan superar sin tratamiento dichas complicaciones o no realizar una ingesta oral, a un deterioro progresivo e incluso a la muerte.
Considero que la situación es diferente cuando la toma de decisiones recae sobre el familiar o representante legal, porque a este se le debe exigir que las decisiones que toma, no para sí mismo, sino en lugar de y para el paciente incapaz a quien representa, sean en beneficio de este. Socialmente se entiende que la vida es un valor fundamental y, por lo tanto, no debería ponerse en juego a no ser por motivos de mucha gravedad. Así, la solicitud de retirada o no inicio de tratamientos o cuidados eficaces que preservan la vida a petición de representantes legales ha de ser evaluada cuidadosamente por los profesionales de la salud, que han de verificar que son razonables y en beneficio objetivo del paciente según su mejor interés. De no ser así, habrán de solicitar de la autoridad judicial una toma de postura antes de retirar o no iniciar estos medios. Es posible que la autoridad judicial entienda que el representante es fiel portavoz de los criterios y valores vitales del enfermo y dé la autorización para la retirada o no inicio de los tratamientos o cuidados.
Siempre cabe la posibilidad de que el clínico implicado en las decisiones del enfermo, de sus representantes o de los jueces, por motivos personales de cómo entiende su conciencia profesional, derive la asistencia a otro compañero que la acepte, al no desear tomar parte en actuaciones en las que considera que no debe colaborar, por perjudicar la vida que él entiende obligado a proteger en general y también en ese caso concreto. Esta postura puede presentar dificultades en la práctica, pero está protegida por el derecho constitucional a la objeción de conciencia y por el artículo décimo del Código Dentológico Médico, que afirma que, si el paciente debidamente informado no accediera a someterse a un examen o tratamiento que el médico considerase necesario, o si exigiera del médico un procedimiento que este, por razones científicas o éticas, juzga inadecuado o inaceptable, el médico queda dispensado de su obligación de asistencia.
De todas formas, el cuidado de la vida exige del profesional de la salud un compromiso de ayuda a quien está en situación de fragilidad y limitación y respetar la justa voluntad del paciente, colaborando a atenuar su sufrimiento, a lograr, en la medida de lo posible, su recuperación, o a ayudarle, finalmente, en el más difícil momento de su vida, cuando se acerca el morir.


* Médico especialista en medicina interna. Coordinador del Área de Ética y Bioética de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Provincia Bética). Miembro de CVX. .



1. GRACIA, D., Primun non nocere. El Principio de no maleficencia como fundamento de la ética médica, Discurso de aceptación en la Real Academia de Medicina de Madrid, ANZOS, S.A., Madrid 1990.
2. Declaración sobre la eutanasia de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. 2002.
3. Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente: http://www.eutanasia.ws/ (visitada el 19 de mayo de 2010).
4. JÚDEZ J., «Suicidio Asistido y Eutanasia: un Debate Clásico y Trágico, con Pronóstico Reservado»: Anales del Sistema Sanitario de Navarra 30, Suplemento 3 (2007), 137-161.
5. Organización Médica Colegial, Código Español de Ética y Deontología Médica, 1999, Artículo. 27.3; WILLIAMS, John R., Manual de Ética Médica, Asociación Médica Mundial, 2005.
6. Entendemos por «beneficios objetivos» aquellos que cualquier persona o la generalidad de la población entenderían como tales y poseen una base científica, filosófica y cultural consensuada.
7. SIMÓN, P., «Muerte Digna en España»: Derecho y Salud 16, Número Extraordinario (2008), 75-94.
8. Código Penal Español, Artículo 143.
9. Código Penal Español, Artículo 196. Código Penal Español, Artículo 11. «Los delitos o faltas que consistan en la producción de un resultado sólo se entenderán cometidos por omisión cuando la no evitación del mismo, al infringir un especial deber jurídico del autor, equivalga, según el sentido del texto de la Ley, a su causación. A tal efecto se equiparará la omisión a la acción: cuando exista una específica obligación legal o contractual de actuar; cuando el omitente haya creado una ocasión de riesgo para el bien jurídicamente protegido mediante una acción u omisión precedente».
10. «Calidad de Vida»: Satisfacción individual ante las condiciones objetivas de vida desde los valores y las creencias personales.
11. World Health Organization, WHO definition of palliative care, Disponible en http://www.who.int/cancer/palliative/definition/en/ (visitada el 11.04.2010).
12. Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Cuidados Paliativos, Guía de Práctica Clínica sobre Cuidados Paliativos, Madrid, Plan Nacional para el SNS del MSC. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del País Vasco; 2008. Guías de Práctica Clínica en el SNS: OSTEBA n. 2006/08.
13. BUISÁN, R. – DELGADO, J.C., «El Cuidado del Paciente Terminal»: Anales del Sistema Sanitario de Navarra 30, supl. 3 (2007), 103-112.
14. Declaración sobre la eutanasia de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. 2002.
15. STANLEY, J.M., «The Appleton Consensus : suggested international guidelines for decisions to forego medical treatment»: Journal of Medical Ethics 15 (1989), 129-136.
16. Comisión Permanente del Consejo Consultivo de Andalucía, op. cit., 20.
17. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.278.
18. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.279.
19. Juan Pablo II, Intervención de Juan Pablo II el 20 de marzo ante los participantes en el Congreso sobre «Tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo», organizado por la Academia Pontificia para la Vida, y la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos, Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2004, 2. Consejo Pontificio Para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, Carta de los Agentes de la Salud, Libros MC, Madrid 1995, 93-122.
20. BARRIOS, L.F., «La Sedación terminal»: Derecho y Salud 13/2 (2005), 157-186. Organización Médica Colegial, Código Español de Ética y Deontología Médica, 1999, Artículo 27.1. BOCETA, J. – CÍA, R. – CUELLO, J.A. – DUARTE, M. – FERNÁNDEZ, A. – SANZ, R. – FERNÁNDEZ, E. (Coord.), Sedación Paliativa y Sedación Terminal, Consejería de Salud, Junta de Andalucía, 2005. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.279.
21. SIMÓN LORDA, P. – ALARCOS MARTÍNEZ, F.J., Ponencia «Ética y Muerte Digna», Comisión Autonómica de Ética e Investigación Sanitarias, Junta de Andalucía, Consejería de Salud, 2008.
22. Tribunal Constitucional Español, Sentencia 120/1990.

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