1.- Muy queridos y gentiles amigos:
Provoca tristeza propia y ajena el encontrarnos con que éste nuestro mundo se está saturando de personas que nos pasamos la vida hablando solamente del azar, de lo fortuito, del destino, del signo, de la suerte, del zodiaco, de los astros..., de todos esos fatalismos que se convierten en pretextos que van evitando la acción comprometida y que van disculpando muchas y muy distintas acciones, desde las más insignificantes hasta aquellas que provocan vengüenza y molestia.
Qué triste resulta el encontrarnos sumergidos en medio de un ambiente de predestinación y pandeterminismo. Qué funesto el que los hombres de hoy, se enfoquen en buscar lo casual y no lo causal. Qué deplorable y, al mismo tiempo, reprobable el que renunciemos a la libertad en aras de encontrar siempre una excusa para autoprotegernos y que rechacemos directa o indirectamente nuestras responsabilidades.
Los cristianos conscientes no podemos creer en las casualidades sino en las causalidades, ya que cada uno de nosotros, por la libertad que Dios mismo nos ha dado, podemos y debemos asumir con madurez esa vocación a la que Dios mismo nos llama, para que así seamos responsables de nuestra propia respuesta, sin que caigamos en la evasión.
2.- Escuchemos, una y otra vez, durante este domingo aquello que nos puede y debe conducir a vivir el domingo de la eternidad: esa invitación que nos hace el Señor en el Evangelio para que meditemos en torno a nuestro propio valor como personas, en torno a las dificultades que enfrentamos, en torno a la entrega de la vida que se espera, en torno a los costos que se pagan en la vida y en torno a la necesidad de fructificar.
¡Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto!
3.- Hablar sobre granos y semillas es entablar un diálogo abierto sobre las virtudes, y es hablar sobre el verdadero sentido que tiene nuestra vida.
Como tú y yo lo sabemos, cada semilla posee el germen de las plantas, de las flores y de los frutos. De la misma manera, cada persona posee el germen de realidades que pueden y deben trascender lo que contemplamos con nuestros propios ojos. Cada persona trae en su valija de equipaje, con que Dios le ha dotado al inicio de su travesía existencial, esos instrumentos necesarios para construir la vida, para ser feliz y para hacer felices a los que nos rodean, y para así llegar, realizados y satisfechos, al final de nuestra jornada.
Lo importante será siempre ubicar el lugar que tenemos cada uno en la vida que Dios nos ha dado, y el no pensar ilusamente que las cosas valiosas de la existencia se puedan conseguir sin haber cubierto antes el costo necesario. Pero, te pido que no pienses sólo en lo monetario.
4.- Los cristianos no le debemos tener miedo a las dificultades. Las adversidades son ese momento privilegiado, que Dios nos ha dado, para que así nos levantemos en la vida con la victoria.
La invitación es para que aprendamos a obedecer a Dios, imitando a su Hijo Jesucristo, aún en los momentos difíciles.
Aprendamos que no hay vida verdadera sin la siembra del germen; que no existe el éxito sin el esfuerzo, sin el riesgo y sin la audacia de optar por la entrega personal.
La contraposición que el Señor Jesús ofrece entre su modo de actuar y el modo de actuar del mundo, es un constante recuerdo sobre esa tensión en que vive todo hombre inclinado a sus instintos, tendencias y deseos primarios por una parte, y por otra al ofrecimiento de una vida humana que ha de enraizarse en unas exigencias personales, y en una verdadera actitud de superación.
Las dificultades debemos enfrentarlas siempre con optimismo. Aún el sufrimiento, para el cristiano, se convierte en un excelente maestro cuando lo asimilamos por obediencia a Dios, nos lo ha recordado este domingo el autor de la Carta a los Hebreos.
“Hermanos: durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen”.
5.- ¿Qué sentido tiene el grano de trigo que muere?
-¡Hay que vivir al máximo!-, decía un comercial de bebidas gaseosas embotelladas.
Vivir, vivir,... ¿vivir?; en realidad ¡sobrevivir! o ¡infravivir! es lo que le interesa hoy en día al mundo. Disfrutar y sacar el “aparente” mayor provecho de lo que pasa a nuestro lado en cada momento, sin que con ello te comprometas en realidad.
Comprendamos de una vez, que la salud del cuerpo no se conserva sin disciplina, ejercicio y renuncia a aquello que en muchas ocasiones nos es fuertemente apetecible. Al meditar en torno a la salud del cuerpo tenemos que entender lo mismo para el espíritu.
El mundo de hoy sigue predicando su máxima número uno: obtener el máximo de los beneficios a cambio del menor de los desgastes, se trata de “la ley del mínimo esfuerzo”. Y fíjate como en nuestro tiempo, tanto en nuestra sociedad como en muchas de nuestras familias, ya estamos pagando muy cara la factura que viene acompañando a este principio que se convierte en el fin verdaderamente fatal de las personas y de las instituciones.
El hombre de hoy parece no conocer el valor de la renuncia, de la vida exigente, del aprender a decir “no”. El Evangelio nos parecerá contradictorio, ya que hoy, Dios nos recuerda que la vida no se nos dio para nosotros, sino para ver si somos capaces de ofrecer y de dar algo a los demás.
¡Cuánta gente enajenada, absorta, incapaz de salir de sí mismo! Y todo esto cimentado y causado por una vida en la que queremos tener de todo, y todo lo que tienen los otros.
6.- ¡Tenemos que aprender a renunciar! El hombre se encontrará en la soledad todas la veces que no quiera dar frutos, cuando sólo aspire a respirar el aire, beber del agua y tomar el sol, pero no quiera ofrecer algo a nuestro entorno.
Date cuenta de que la vida no es un continuo vacacionar, que hay que aprender a trabajar; que la vida no es sólo graduación, que hay que aprender a estudiar; que la vida no es sólo el dormir, que hay que aprender a madrugar; que la vida no es sólo el casarse, que hay que aprender a amar; que la vida no es sólo el cobrar, que hay que aprender a entregarse. Que si quieres viajar tienes que aprender a pagar el costo del pasaje. ¡Ya basta de todas esas personas que nos queremos pasar la vida viajando de aventón!
7.- El grano de trigo tiene que morir. ¡Entiéndelo!, hay siempre una recompensa en todo lo que hacemos, o una consecuencia. La del sólo placer es la del hastío y la repugnancia; la de la renuncia es el crecimiento y la paz del corazón.
A primera vista parece que sólo es bueno lo que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que nos sea agradable, que todo dolor es malo y que todo placer es bueno. Y hoy Dios nos dice que: No es absurda la muerte; No es absurda la renuncia voluntaria; No es absurda la exigencia personal; No es absurdo el dolor que brota del amor, de la congruencia y de la generosidad; No es absurdo el sacrificio aceptado y ofrecido.
8.- El germen de la vida que posee cada grano de trigo sólo fructifica cuando cae en la tierra. Y enterrar el grano es aprender a renunciar a comernos todo lo que queremos comer, limitarnos de algo que de forma inmediata podría traernos placeres; sacrificándolo por algo que vendrá con la distancia del tiempo. Se trata de renunciar a lo fácil como norma.
La capacidad de aprender de la renuncia nos llevará con el tiempo a tener mayor fortaleza emocional y social, a diferencia de aquellos que satisfacen inmediatamente los sentidos. El aprender a resistir a las tentaciones de los resultados inmediatos, nos hará más competentes en la vida, más eficaces, tener mayor seguridad, capacidad de enfrentarnos a las frustraciones, capacidad de no derrumbarse ante los embates de la adversidad. Saber cultivar para cosechar después, nos hará capaces de enfrentar los desafíos y resolverlos en lugar de renunciar, seremos personas que tengan una sana autoconfianza y a quienes se les pueda delegar la confianza.
Comprender esto nos hará, que con el tiempo sepamos renunciar a las gratificaciones momentáneas, mientras tengamos un objetivo por alcanzar en la vida.
9.- Aprendamos que lo verdaderamente duradero se hace con tiempo, con paciencia, con silencio esperanzador, con sacrificio y con la fe en Dios. ¡Y ésta es precisamente la vocación del cristiano, porque esperamos la vida eterna! Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo pero si muere da mucho fruto.
Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
1.- Vólvamos a recuperarlo en nuestra mente y en nuestro corazón: Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
El mensaje del Señor que nos está anunciando, la ya muy cercana vivencia de su Pasión, coincide con una de las más aberrantes manifestaciones de la cultura de la muerte.
Es por ello que no quisiera hablar solamente sobre una semilla que muere, sino que también resulta necesario hablar de los frutos de la semilla que cae en tierra. Es necesario hablar del viernes santo y de nuestro Domingo de Pascua. Tan importante es hablar de la muerte como lo es el hablar de la resurrección. No separemos la muerte del grano de trigo de esos frutos que trascienden.
2.- Queridos amigos: ¡la paz sea con ustedes!
¡La paz sea con ustedes! Así saluda el Señor resucitado que ha vencido a la muerte.
¡La paz sea con ustedes! Es el saludo del Señor resucitado a sus apóstoles cuando estaban escondidos en el Cenáculo. Después del Viernes Santo, después de la muerte más injusta que ha acontecido sobre la faz de la tierra, el Señor Resucitado los saluda diciendo. “¡La paz sea con ustedes!”.
Ellos no comprenden lo que sus ojos miran, la razón no asimila lo que contemplan y, ante el silencio de los apóstoles, el Señor les muestra sus manos lastimadas, sus extremidades perforadas por el hierro de los clavos. Manos que acariciaron el rostro de los niños, que abrieron los ojos del ciego, que abrazaron al pecador. Ahora tienen la huella imborrable de la violencia, y al mostrarles esas manos les vuelve a repetir: ¡La paz sea con ustedes!
Este es el saludo del Señor victorioso para cada uno de nosotros.
3.- Te quiero decir que el día en que murieron nuestros seres queridos y el día en que concluya nuestra, fue, es y será una celebración.
Te preguntarás: ¿cómo puede hablar el cura de celebración cuando se experimenta la ausencia y cuando el dolor cincela el alma? Te recuerdo que los cristianos hemos recibido nuestra vida para buscar a Dios, que la muerte es para encontrarlo y que la eternidad es para poseerlo.
4.- Es muy cierto, que al experimentar la muerte de nuestros seres queridos, las lágrimas no desaparecen tan fácilmente de nuestros ojos. Recuerda que el capítulo 11 de san Juan nos cuenta que, el Señor lloró cuando Lázaro murió, y la gente decía: ¡Mira cuanto le amaba!
Cristo nos muestra como nuestras lágrimas pueden ser sagradas. Las lágrimas no constituyen un signo de debilidad, sino de fuerza. Las lágrimas transmiten con mayor elocuencia que mil estrofas juntas un mensaje de dolor indecible, de profundo arrepentimiento o de amor inefable. Sin embargo, debemos cuidar que si bien nuestras lágrimas pueden expresar el dolor del corazón, jamás deberán expresar ni falta de fe ni falta de esperanza
5.- Debemos tener cuidado para que no separemos la integridad del mensaje cristiano. El Viernes Santo está unido al Domingo de la Pascua, la Cruz se une íntimamente a la Resurrección, es por ello que la Cruz de Cristo tiene para nosotros un sentido que lo trasciende todo.
¿Qué es el Viernes Santo sin el Domingo de Pascua? ¿Qué es la Cruz sin la Resurrección?
La Cruz sin la Resurrección, para los judíos es un castigo. La Cruz sin la Resurrección para los apóstoles es un fracaso. Solamente en la medida en que la Cruz se une a la Resurrección, la Cruz se convierte en un mensaje de salvación para todos los hombres.
En nuestra vida acontece lo mismo: ¿Qué ha sido el viernessanto de nuestros seres queridos sin el domingodepascua? ¿Qué es el misterio de la cruz de aquellos a quienes amamos sin la esperanza de la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de los que amamos es un castigo; sin la resurrección, el viernessanto de los que queremos puede ser visto como un fracaso. Solamente la resurrección lo transforma todo.
7.- Ahora, nosotros comprendemos que la tumba no es más que la cuna y el cementerio es dormitorio de eternidad. Nosotros hemos comprendido que la muerte no es la última estación en el trayecto de la vida, sino que existe una estación que está más allá de la conclusión de nuestros días.
Para nosotros la muerte es el inicio del nuevo día, es el amanecer de nuestra esperanza. La muerte es el despuntar de una luz de eternidad.
La Cruz de Cristo ha florecido y ahora posee frutos de eternidad que le convierten en el verdadero árbol de la vida y que anuncia el inicio de una primavera de gloria.
El domingo de pascua ha transformado nuestro viernes santo, la resurrección ha transformado la cruz y... ha transformado la muerte.
8.- San Agustín nos ha dicho que la muerte es el paso de la noche al nuevo día, en donde el Sol que nace de lo alto será contemplado en toda su majestad y se superarán totalmente las tinieblas de nuestra vida. San Juan Crisóstomo la concibe como un sueño que nos hace despertar a una nueva realidad, en donde la realidad ha superado plenamente lo que hayamos soñado en esta vida; también dice que es el fin del espectáculo en el teatro de la vida, dónde el telón se corre, se regresan las vestimentas, ya no hay rey ni hay vasallo, no hay rico ni hay pobre, todos regresamos tal como somos ante aquel que nos dio el guión de nuestra vida. Bousset la describe como la necesaria destrucción de un viejo edificio que permite levantar una nueva edificación, de tal manera que el inquilino que somos cada uno de nosotros pueda vivir en la eternidad, en esa Casa que tiene tantas habitaciones preparadas por Cristo, tal y como Él nos lo ha asegurado. Es el momento para transportarnos a la fiesta del Cielo, en donde queremos que las manecillas del reloj giren con mayor velocidad para disfrutar de la alegría de las bodas del Cordero, lo dice San José María Escrivá de Balaguer. El Cardenal Newman citando el Evangelio de este domingo dice que es el tiempo de la cosecha, ya que la semilla ha caído en la tierra y nos ha llegado el tiempo de recoger la mies, nos presentamos ante Dios, no con nuestras manos vacías, sino rebosantes de buenos frutos. Santo Tomás de Aquino dice que es como cuando alguien tiene un hermano que ha sido coronado Rey de un país lejano y que al conocer la noticia, nosotros deseamos marchar, vender lo que tenemos o abandonarlo puesto que queremos encontrarnos y vivir con Él. No es el punto final sino un viaje que emprendemos hacia la eternidad, decía San Cipriano.
10.- Todas estas enseñanzas debería tenerlas presente en su mente el cristiano, cualquiera que fuere el rostro que la muerte haya tomado en nuestra vida. Debemos comprender que: Si el grano de trino no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere producirá mucho fruto.
Quizá por sólo poner un ejemplo lo deben comprender aquellos que viven la viudez.
¿Qué es la viudez? Se trata de una situación dolorosa que afecta a casi el cincuenta por ciento de los cónyuges. El cónyuge (lo mismo que cualquier otro ser humano) no debe evadir el problema de la muerte, puesto que no puede evadirse de morir y, en muchos casos (digamos la mitad), debe ver morir a su cónyuge.
El cristiano tiene que ser capaz de aceptar la muerte. Pero, no es lo mismo la aceptación fatalista de quien observa naturalmente que todo lo que está vivo un día se muere, que aquella aceptación cristiana de quien vive su filiación divina. No es lo mismo la muerte para quien no espera nada y para quien la muerte es un adiós definitivo, que para aquellos que saben que es sólo un tiempo de ausencia, puesto que el grano de trigo se transformará en una realidad superior a la sola promesa de esta vida.
Francisco Ruiz Bernárdez, un poeta argentino, en los tres últimos versos de un soneto de su libro: Antología poética, lo expresa de este modo: «Y el tiempo que discurre hacia la muerte, no existe por el tiempo que ha pasado, sino por el tiempo que falta para verte».
¿Sabes? Aun habiendo descubierto el sentido de la muerte, la separación siempre es dolorosa. En algunos casos, parece imposible la supervivencia, pero... todo tiene arreglo para el que tiene fe. Muchas veces, supondrá renunciar a proyectos, acariciados desde tiempo atrás, de viajar juntos o de disfrutar de un tiempo para ellos solos que antes no tenían. A veces, se añadirá el dolor del tipo de muerte, pero el grano de trigo es nuestra esperanza.
11.- Muy queridos amigos: ¡La paz sea con ustedes!
Este es el saludo del Señor resucitado a los apóstoles que se encuentran encerrados, atemorizados. Y al verlos sumergidos en la incomprensión, el Señor les muestra sus manos lastimadas por los hierros y les vuelve a decir: ¡La paz sea con ustedes!
Y, al mostrarles sus manos con las huellas de la sinrazón humana, les está diciendo: Yo también sé lo que es el dolor. Yo también sé lo que es el abandono. Yo también sé lo que es la soledad. Yo también conozco lo que es la muerte. Yo también sé lo que es estar en la cruz con el cielo entenebrecido, y sé lo que es exclamar desde la cruz del viernes santo esa cuarta Palabra: ¡Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado!
Yo también sé lo que es el dolor. ¡ La paz sea con ustedes!
Este es el saludo que Jesucristo resucitado dirige a cada uno de nosotros: ¡la paz sea con ustedes! Solamente en Jesucristo encontraremos la paz.
Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
“Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que dónde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.
1.- Apreciables y gentiles amigos:
¡Espero que el horario de verano no nos afecte tanto en nuestro desempeño!
Oigan ¿Qué opinión guardan sobre el siguiente pensamiento del sacerdote jesuita Theilard de Chardin en su publicación: “La actividad de la energía”?: “El hombre no está ya en la tierra como un artista en contemplación, ni como un turista en un crucero, sino como un capitán en el timón, conduciendo al mundo hacia horizontes nuevos, en busca de nuevas estrellas”.
Es bello, podríamos responder de inmediato. Ahora te quiero preguntar: ¿Eres como un turista en tu propia embarcación o realmente vas capitanendo tu propia existencia?
2.- Nuevamente la memoria ha hecho una de las suyas, y me ha trasladada en un maravilloso viaje, a través de algunos parajes, en el paso de mi vida a través de las aulas en las distintas escuelas de mi vida; y todo con la finalidad de ayudarme a comprender algunos principios que pertenecen a la verdadera Escuela de la Vida.
El Evangelio de hoy, inmediatamente me recordó aquel principio físico de que “la materia no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma”. Se nos afirmaba, en las aulas, que los animales y las plantas en la muerte sólo cambian sus calorías, sus átomos y sus moléculas. Y que su materia básica es imperecedera.
Sin embargo, el día de hoy, hay un dato que el Evangelio le añade a la ley física que todos conocemos. Jesús nos dice, utilizando la imagen del grano de trigo: nuestra transmutación puede ser una transformación de vida plena o, al contrario, puede ser una degradación en muerte lastimera.
Queda en la infecundidad o producimos frutos.
3.- Si el grano de trigo no muere bajo la tierra quedará infecundo, no germinará, no va a fructificar.
Por el otro lado, la capacidad que se tiene de morir bajo la tierra, le han dado al grano de trigo la capacidad de convertirse en un género de vida superior y mejor: Renace incesantemente en una planta que le reemplaza con ventaja: “Pero si muere, producirá mucho fruto.”
Y, vamos que en el segmento anterior hemos meditado abundantemente sobre el sentido cristiano de la muerte. En éste último espacio, quisiera que en nuestra reflexión siguiéramos aplicando la verdad del Evangelio a nuestra vida cotidiana.
4.- Y es que al aparentemente estar muriendo, la semilla bajo la tierra no muere. Todo lo contrario; fructifica, es un foco de actividad intensa, se transforma y se multiplica.
La que aparentemente no muere, por no descender a las profundidades subterráneas es la que en realidad está muriendo, y está privándose de la mejor de sus propias etapas posibles.
Hablando de esa materia, que se nos ha enseñado que una vez, después del acto creador de Dios, ya no se crea ni se destruye, debemos agregar que alguna se transforma en una vida superior y que otra se deforma en deshechos infértiles.
Esto, al mismo tiempo, debe hacernos comprender el mensaje de vida eterna: conservarse es morir a la transformación posterior; sacrificarse, entregarse, dar la vida significará vivir en la transformación posterior que esperamos los cristianos.
Y sin embargo, esa excesiva y contínua preocupación por uno mismo, no nos deja tiempo para morir. Y el grano de trigo sigue al sol y al aire, pero sólo, en la superficialidad de los caminos y el asfalto.
5.- Pero,... ¿qué nos dice aquí y ahora el Evangelio?
No renunciemos a la iluminación que el Evangelio hace en este día sobre la experiencia de la Pascua del cristiano con el aparente fin de sus días. Releamos el Evangelio, recibamos el regalo de Dios y tengamos actitudes distintas en lo cotidiano, actitudes verdaderamente cristianas.
Y es que algunos tratamos de una forma ligera un misterio que es de suma importancia para el hombre. La muerte, dicen, es una exigencia de la vida. Dicen: para que la vida se diversifique y progrese, las generaciones han de sucederse.
Barois, cuando en su juventud estaba en perfecto estado de salud, afirmaba al escribir: “¿Por qué temer a la muerte? ¿Es diferente de la vida? Nuestra existencia sólo es un constante paso de un estado a otro: la muerte sólo es una nueva transformación. ¿Por qué temerla? ¿Qué hay de temible en dejar de ser ese todo momentáneamente estructurado que somos? ¿Cómo se puede temer una restitución de nuestros elementos a un medio inorgánico, dado que es al mismo tiempo una vuelta segura a la inconsciencia?
¿Para mí, desde que he comprendido la nada que me espera, el problema de la muerte no existe. Hasta... disfruto... pensando que mi personalidad no es duradera... y la certeza de que mi vida es limitada... aumenta especialmente el placer que experimento...”.
Así pensaba Barois cuando tenía vigor, pero muchos años después, consumido por la tuberculosis, volvió a leer lo que había escrito. “Y dejó caer el libro sobre sus rodillas. Abrumado por lo que se había atrevido a escribir, antes, sin saber...”.
6.- El Evangelio no nos lleva a tener actitudes de evasión ante la vida, sino a comprometernos en nuestra vida, reiterándonos que de ello dependerá el acceso a la vida verdadera, el cual nosotros los bautizados contemplamos no como si fuera un destino humano, sino como una esperanza cristiana.
Haber perdido las razones para vivir, es estar ya muerto. Esos pensadores se están aniquilando inmediatamente con el fin de no afrontar, tanto la incertidumbre como la angustia de la respuesta a una pregunta desgarradora e ineluctable, para aquellos que no tienen fe.
Piensan ellos en su corazón: “si un día la tierra será aniquilada, ¿qué sentido tiene seguir actuando, luchando, sufriendo, procreando, cansándose? Todo da igual, si todo es inútil”. Todo llega a ser insensato, si no hay dirección, si no hay una meta, si no se tiene un destino, si no se percibe una utilidad.
7.- Si el hombre no es capaz de conocer una vida distinta a la vida biológica, tarde que temprano, aunque sea momentánamente, vive la sinrazón de la vida, puesto que le falta conocer ese “para qué”, que va suscitando todos los “porqués” y los “cómos” de nuestro vivir.
Releamos como contraste a lo que pensaba Barois, éstas tan distintas y saludables líneas de Theilhard de Chardin: “... no vale la pena sacrificarse cuando ningún interés superior está en juego. Un universo que continuará obrando laboriosamente en la espera consciente de la muerte absoluta, sería un mundo estúpido, un monstruo del Espíritu, por no decir una quimera”.
“Si el grano de trigo no muere bajo la tierra quedará infecundo, no germinará, no va a fructificar”.
8.- El Evangelio también nos da la pauta para que podamos reflexionar en torno a esas renuncias que le dan sentido y madurez a la vida.
Y es que la vida, como se nos propone hoy en día, parece construirse sobre la acumulación de bienes y sobre las apariencias, lejos de que se nos esté enseñando el valor de la renuncia, de la austeridad, de la abnegación y del sacrificio.
No hemos sido capaces de sembrar valores en el corazón de las personas, aún y cuando nos vayamos dando cuenta, de que aquello que está sumergido bajo la superficie es lo que les permite a los árboles permanecer de pie, independientemente de las circunstancias metereológicas.
La austeridad es un valor, ya que cuando los padres les consienten todo a sus hijos, suele ser el momento y la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre será necesario, con esas actitudes que nos hablan del abuso del amor. “Si bien la falta del amor materno y paterno nos puede matar, el exceso de amor no suele ser menos peligro”.
Tan dañino es el negar el afecto, como el que en la sobreposición de los sentimientos a los pensamientos, se permita todo en la vida.
9.- Hay una reflexión de José María Alimbau, un sacerdote español que te comparto en la brevedad: “La austeridad no es el arte de decir que no; es el arte de decir que sí”. Educar en la austeridad no es negación, sino afirmación:
1. Decir que sí a la CREATIVIDAD e IMAGINACION que dejamos despertar.
2. Decir que sí a la ILUSION de no ahogarnos dándoles más de lo que necesitan.
3. Decir que sí a su MADUREZ, pues no hemos llenado su corazón de necesidades absurdas e inútiles.
4. Decir que sí a su FELICIDAD, pues la felicidad no se consigue con cosas, sino que sale de dentro, del alma.
5. Decir que sí a la CAPACIDAD DE VALERSE POR SI MISMOS, sin necesidad de depender de los padres.
6. Decir que sí a la LIBERTAD, a esa capacidad para hacer lo que se debe hacer y no dejarse llevar por el “gusto” o de sus “ganas”, o por la “moda” y lo que anuncian en los televisores.
7. Decir que sí a DIOS, que es Padre de todos y nos pide amor, entrega y servicio a los demás.
10.- Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
“Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. (13 de julio de 2008).
1.- Muy queridos amigos:
Hoy es domingo, es la fiesta de la Pascua semanal y, junto con ustedes elevo una plegaria a Dios, por todos aquellos que viven el Domingo sin ocaso.
El grano de trigo de nuestros seres queridos difuntos ya ha caído en la tierra y, ahora obtiene frutos para la eternidad.
Debemos ser conscientes de que el cristiano durante su vida diaria vive la siembra de un futuro imperecedero.
2.- Y es que al venir a este mundo todos fuimos colocados en esta tierra como el germen de una semilla dada por Dios que tendrá su final, cuando cada uno haya sido liberado de la tierra y sea aceptado en el reino eterno de Dios. Mientras nos llega ese momento, el creyente estará sujeto a los avatares y condiciones de una creación de la que, en muchas ocasiones, sólo comprendemos que vivimos, y nada más.
Comprendemos que vivimos, ¡así es!, pero al mismo tiempo sabemos que esta vida es pasajera, transitoria, efímera y fugaz.
Lo peor, que le puede suceder al cristiano, es que se encapriche con aquello que no es más que un camino y un pasar. Lo peor que nos puede suceder, es que convirtamos los medios en fines y nuestros viajes en destinos.
Pero hay algo peor que el querer quedarse para siempre en el camino. Hay algo peor que el querer afincarse a lo que esta vida ofrece. Hay algo peor que esto, que en sí mismo nos trae siempre decepciones y desengaños, y que al final nos genera el llanto de la pérdida.
Peor que lo anterior, es el no darse cuenta de que la vida de cada uno es una siembra para la eternidad. ¡Eso es peor! No querer ver que en esta vida vivimos para un futuro y que el futuro será irremediablemente el fruto de nuestra tierra sembrada en el presente. Y ahí está nuestra suerte y nuestra desgracia.
La libertad es humana, y precisamente por ella, nosotros podemos elegir entre el sembrar para el futuro en vida, o en el sólo depositar en la tierra la corrupción y la muerte.
3.- El hombre debe recordar que el presente compromete el futuro y que los cristianos debemos recordar que el presente compromete nuestra eternidad. Diría Ludwig Wittgenstein, que “la vida eterna les corresponde a aquellos que han sabido vivir el presente”.
Lo peor del hombre, es que no acierta a comprender y no quiere admitir que lo que haga en esta vida o lo que deje de hacer aquí, tiene repercusiones en la perpetuidad.
Hoy, el hombre no comprende que la creación se mueve y se crea por la eclosión de las semillas, resultado de la tierra que sembramos, que nace lo que había en germen, que se desarrolla lo que tiene un origen, que nada surge de la nada, y que el hombre está totalmente condicionado por lo que hace y por lo que siembra para vivir su futuro inmediato y para el futuro de la eternidad.
El presente de cada uno, lo que cada uno siente y vive, es el resultado de todo lo que ha sabido sembrar. Cuando nos olvidamos que todo lo que hacemos, y que la intención y el motivo de lo que hacemos un día germinará, es entonces cuando tendremos que recoger los frutos de nuestra incoherencia y de nuestra falta de previsión.
Si hoy vivimos tú y yo sin pensar, mañana tú y yo nos lamentaremos precisamente por no haber sembrado las semillas de la bondad.
Nuestra vida es el nacimiento de un germen, es el resultado de un crecimiento. Lo peor de todo serán siempre esos nuestros nocivos juicios que ignoran la bondad de Dios. Hay quien blasfema al decir que esta vida son las incoherencias, o lo que ellos inconsecuentemente llaman “los caprichos” de Dios. El cristiano, si es un buen sembrador no puede estar de acuerdo con esto, y por eso cada día, cada semana, cada mes y cada año deposita en la tierra lo que quiere recoger.
Pero, el hombre olvida esa imagen en su vida personal y cree que puede esperar un futuro feliz desde un presente sembrado en la corrupción, la pereza, la apatía, el desinterés, el abandono, la mentira, la injusticia, el soborno y todas esas formas con que nos sentimos tentados a vivir despreocupados y distraídamente.
4.- ¿Te acuerdas de Goethe?. Sí, aquel que escribió el Fausto hace dos centurias. Johann Wolfgang von Goethe, escribió también los siguientes versos, que bien los podríamos aplicar a nuestras expectativas de eternidad estrechamente vinculadas con la siembra en el tiempo:
"No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.
No es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.
5.- Amigos muy queridos:
Cuando pienso en la semilla que ha caído en la tierra. Cuando hablo sobre la muerte, en lo personal, prefiero compararla no con el pabilo de una vela que se extingue sino con un tapiz que termina de tejerse. La muerte para el cristiano no es en modo alguno el final sino el inicio. No es una realidad que se consume sino una obra que se perfecciona. Se trata del hombre que le da los últimos pincelazos al lienzo de su vida y que se presenta ante Dios con las obras de la existencia. ¡Esta es la visión cristiana!
6.- ¿Qué diferencia existe entre la visión cristiana y la no cristiana? Muy sencillo, la diferencia se llama Pascua de Resurrección.
La resurrección de Jesucristo, es aquello que transforma la muerte y nuestra vida, que transforma todas las cosas,… aún las más complicadas de explicar.
¿Sabes? James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, fue un ferviente partidario de la pena de muerte. A principios del año 1978 le escribió al Cardenal Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, “si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por su buena conducta?”
El Cardenal Sheen, quien se distinguió por el excelente uso del recurso de la radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Amigos muy queridos: Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó nuestra Iglesia, no la crucifixión. Si el senador James Donovan es capaz de incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.”
7.- ¿Qué es la muerte sin la eternidad? ¿Cómo es contemplada la cruz sin la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los judíos un castigo y para los griegos una necedad o locura. Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los apóstoles un fracaso.
Es la resurrección, la que nos permite contemplar la cruz no como castigo ni como fracaso, sino como acontecimiento de salvación, como sabiduría y como victoria.
La resurrección nos permite contemplar el plan divino oculto detrás de todos los acontecimientos. Por la resurrección, sabemos que Dios sabe obtener bienes aún de todas aquellas realidades que aparentan ser males.
8.- Es esto lo que le conduce a san Agustín de Hipona a expresar en sus Confesiones: “No teme perder a aquellos a quienes ama quien los ama en Aquel que no se pierde”.
Nuestra vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como la antesala de la habitación de la vida eterna. La vida terrena no se va a prolongar al negar la vida de la eternidad sino que se encogerá miserablemente.
Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Ludwig Feuerbach, sino que nos conduce a una incesante vigilancia.
El más allá le pone los cimientos a las relaciones del más acá.
El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en búsqueda de la luz, de un nuevo horizonte.
La muerte no se debe comparar con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo muy poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.
Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Dónde persiste el amor, dónde el amor triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.
“Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad” decía Platón, en su diálogo del “Banquete”. “El que no ama camina en las tinieblas” nos dice el Evangelio.
El misterio de la muerte se esclarece solamente por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.
9.- Cantaba la Iglesia primitiva: “Alguien muere y es como unos pasos que se detienen, pero para nosotros es en realidad para emprender un nuevo viaje.
Alguien muere y es como una semilla que cae en tierra y para nosotros es en realidad para ser transformado y producir un fruto de abundancia.
Alguien muere y es como una puerta que se cierra y para nosotros es en realidad para entrar a parajes que transforman la vida.
Alguien muere y es como una voz que se silencia y para nosotros es en realidad para escuchar y entonar un nuevo canto”.
La resurrección nos hace comprender de modo distinto nuestra muerte, y esto se ha manifestado en el gran tesoro de nuestra santa Madre Iglesia, la cuál tiene, no dos décadas sino dos milenios de fidelidad a Jesucristo.
Elevo a Dios una plegaria para que la Pascua de nuestros seres queridos, de mi padre y de mi madre, de tu padre y de tu madre, nos permita a ti y a mí vivir nuestra Pascua de Conversión, y que un día nos reditúe en vida eterna.
Dios nos invita a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo efímero y lo vital. “Sólo pensando en la muerte se puede vivir despierto”, decía Don Miguel de Unamuno, y sólo así el grano que caiga en la tierra no se perderá.
Provoca tristeza propia y ajena el encontrarnos con que éste nuestro mundo se está saturando de personas que nos pasamos la vida hablando solamente del azar, de lo fortuito, del destino, del signo, de la suerte, del zodiaco, de los astros..., de todos esos fatalismos que se convierten en pretextos que van evitando la acción comprometida y que van disculpando muchas y muy distintas acciones, desde las más insignificantes hasta aquellas que provocan vengüenza y molestia.Qué triste resulta el encontrarnos sumergidos en medio de un ambiente de predestinación y pandeterminismo. Qué funesto el que los hombres de hoy, se enfoquen en buscar lo casual y no lo causal. Qué deplorable y, al mismo tiempo, reprobable el que renunciemos a la libertad en aras de encontrar siempre una excusa para autoprotegernos y que rechacemos directa o indirectamente nuestras responsabilidades.
Los cristianos conscientes no podemos creer en las casualidades sino en las causalidades, ya que cada uno de nosotros, por la libertad que Dios mismo nos ha dado, podemos y debemos asumir con madurez esa vocación a la que Dios mismo nos llama, para que así seamos responsables de nuestra propia respuesta, sin que caigamos en la evasión.
2.- Escuchemos, una y otra vez, durante este domingo aquello que nos puede y debe conducir a vivir el domingo de la eternidad: esa invitación que nos hace el Señor en el Evangelio para que meditemos en torno a nuestro propio valor como personas, en torno a las dificultades que enfrentamos, en torno a la entrega de la vida que se espera, en torno a los costos que se pagan en la vida y en torno a la necesidad de fructificar.
¡Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto!
3.- Hablar sobre granos y semillas es entablar un diálogo abierto sobre las virtudes, y es hablar sobre el verdadero sentido que tiene nuestra vida.
Como tú y yo lo sabemos, cada semilla posee el germen de las plantas, de las flores y de los frutos. De la misma manera, cada persona posee el germen de realidades que pueden y deben trascender lo que contemplamos con nuestros propios ojos. Cada persona trae en su valija de equipaje, con que Dios le ha dotado al inicio de su travesía existencial, esos instrumentos necesarios para construir la vida, para ser feliz y para hacer felices a los que nos rodean, y para así llegar, realizados y satisfechos, al final de nuestra jornada.
Lo importante será siempre ubicar el lugar que tenemos cada uno en la vida que Dios nos ha dado, y el no pensar ilusamente que las cosas valiosas de la existencia se puedan conseguir sin haber cubierto antes el costo necesario. Pero, te pido que no pienses sólo en lo monetario.
4.- Los cristianos no le debemos tener miedo a las dificultades. Las adversidades son ese momento privilegiado, que Dios nos ha dado, para que así nos levantemos en la vida con la victoria.
La invitación es para que aprendamos a obedecer a Dios, imitando a su Hijo Jesucristo, aún en los momentos difíciles.
Aprendamos que no hay vida verdadera sin la siembra del germen; que no existe el éxito sin el esfuerzo, sin el riesgo y sin la audacia de optar por la entrega personal.
La contraposición que el Señor Jesús ofrece entre su modo de actuar y el modo de actuar del mundo, es un constante recuerdo sobre esa tensión en que vive todo hombre inclinado a sus instintos, tendencias y deseos primarios por una parte, y por otra al ofrecimiento de una vida humana que ha de enraizarse en unas exigencias personales, y en una verdadera actitud de superación.
Las dificultades debemos enfrentarlas siempre con optimismo. Aún el sufrimiento, para el cristiano, se convierte en un excelente maestro cuando lo asimilamos por obediencia a Dios, nos lo ha recordado este domingo el autor de la Carta a los Hebreos.
“Hermanos: durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen”.
5.- ¿Qué sentido tiene el grano de trigo que muere?
-¡Hay que vivir al máximo!-, decía un comercial de bebidas gaseosas embotelladas.
Vivir, vivir,... ¿vivir?; en realidad ¡sobrevivir! o ¡infravivir! es lo que le interesa hoy en día al mundo. Disfrutar y sacar el “aparente” mayor provecho de lo que pasa a nuestro lado en cada momento, sin que con ello te comprometas en realidad.
Comprendamos de una vez, que la salud del cuerpo no se conserva sin disciplina, ejercicio y renuncia a aquello que en muchas ocasiones nos es fuertemente apetecible. Al meditar en torno a la salud del cuerpo tenemos que entender lo mismo para el espíritu.
El mundo de hoy sigue predicando su máxima número uno: obtener el máximo de los beneficios a cambio del menor de los desgastes, se trata de “la ley del mínimo esfuerzo”. Y fíjate como en nuestro tiempo, tanto en nuestra sociedad como en muchas de nuestras familias, ya estamos pagando muy cara la factura que viene acompañando a este principio que se convierte en el fin verdaderamente fatal de las personas y de las instituciones.
El hombre de hoy parece no conocer el valor de la renuncia, de la vida exigente, del aprender a decir “no”. El Evangelio nos parecerá contradictorio, ya que hoy, Dios nos recuerda que la vida no se nos dio para nosotros, sino para ver si somos capaces de ofrecer y de dar algo a los demás.
¡Cuánta gente enajenada, absorta, incapaz de salir de sí mismo! Y todo esto cimentado y causado por una vida en la que queremos tener de todo, y todo lo que tienen los otros.
6.- ¡Tenemos que aprender a renunciar! El hombre se encontrará en la soledad todas la veces que no quiera dar frutos, cuando sólo aspire a respirar el aire, beber del agua y tomar el sol, pero no quiera ofrecer algo a nuestro entorno.
Date cuenta de que la vida no es un continuo vacacionar, que hay que aprender a trabajar; que la vida no es sólo graduación, que hay que aprender a estudiar; que la vida no es sólo el dormir, que hay que aprender a madrugar; que la vida no es sólo el casarse, que hay que aprender a amar; que la vida no es sólo el cobrar, que hay que aprender a entregarse. Que si quieres viajar tienes que aprender a pagar el costo del pasaje. ¡Ya basta de todas esas personas que nos queremos pasar la vida viajando de aventón!
7.- El grano de trigo tiene que morir. ¡Entiéndelo!, hay siempre una recompensa en todo lo que hacemos, o una consecuencia. La del sólo placer es la del hastío y la repugnancia; la de la renuncia es el crecimiento y la paz del corazón.
A primera vista parece que sólo es bueno lo que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que nos sea agradable, que todo dolor es malo y que todo placer es bueno. Y hoy Dios nos dice que: No es absurda la muerte; No es absurda la renuncia voluntaria; No es absurda la exigencia personal; No es absurdo el dolor que brota del amor, de la congruencia y de la generosidad; No es absurdo el sacrificio aceptado y ofrecido.
8.- El germen de la vida que posee cada grano de trigo sólo fructifica cuando cae en la tierra. Y enterrar el grano es aprender a renunciar a comernos todo lo que queremos comer, limitarnos de algo que de forma inmediata podría traernos placeres; sacrificándolo por algo que vendrá con la distancia del tiempo. Se trata de renunciar a lo fácil como norma.
La capacidad de aprender de la renuncia nos llevará con el tiempo a tener mayor fortaleza emocional y social, a diferencia de aquellos que satisfacen inmediatamente los sentidos. El aprender a resistir a las tentaciones de los resultados inmediatos, nos hará más competentes en la vida, más eficaces, tener mayor seguridad, capacidad de enfrentarnos a las frustraciones, capacidad de no derrumbarse ante los embates de la adversidad. Saber cultivar para cosechar después, nos hará capaces de enfrentar los desafíos y resolverlos en lugar de renunciar, seremos personas que tengan una sana autoconfianza y a quienes se les pueda delegar la confianza.
Comprender esto nos hará, que con el tiempo sepamos renunciar a las gratificaciones momentáneas, mientras tengamos un objetivo por alcanzar en la vida.
9.- Aprendamos que lo verdaderamente duradero se hace con tiempo, con paciencia, con silencio esperanzador, con sacrificio y con la fe en Dios. ¡Y ésta es precisamente la vocación del cristiano, porque esperamos la vida eterna! Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo pero si muere da mucho fruto.
II - EL DOMINGO DE PASCUA ES POSTERIOR AL VIERNES SANTO.
Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
1.- Vólvamos a recuperarlo en nuestra mente y en nuestro corazón: Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
El mensaje del Señor que nos está anunciando, la ya muy cercana vivencia de su Pasión, coincide con una de las más aberrantes manifestaciones de la cultura de la muerte.
Es por ello que no quisiera hablar solamente sobre una semilla que muere, sino que también resulta necesario hablar de los frutos de la semilla que cae en tierra. Es necesario hablar del viernes santo y de nuestro Domingo de Pascua. Tan importante es hablar de la muerte como lo es el hablar de la resurrección. No separemos la muerte del grano de trigo de esos frutos que trascienden.
2.- Queridos amigos: ¡la paz sea con ustedes!
¡La paz sea con ustedes! Así saluda el Señor resucitado que ha vencido a la muerte.
¡La paz sea con ustedes! Es el saludo del Señor resucitado a sus apóstoles cuando estaban escondidos en el Cenáculo. Después del Viernes Santo, después de la muerte más injusta que ha acontecido sobre la faz de la tierra, el Señor Resucitado los saluda diciendo. “¡La paz sea con ustedes!”.
Ellos no comprenden lo que sus ojos miran, la razón no asimila lo que contemplan y, ante el silencio de los apóstoles, el Señor les muestra sus manos lastimadas, sus extremidades perforadas por el hierro de los clavos. Manos que acariciaron el rostro de los niños, que abrieron los ojos del ciego, que abrazaron al pecador. Ahora tienen la huella imborrable de la violencia, y al mostrarles esas manos les vuelve a repetir: ¡La paz sea con ustedes!
Este es el saludo del Señor victorioso para cada uno de nosotros.
3.- Te quiero decir que el día en que murieron nuestros seres queridos y el día en que concluya nuestra, fue, es y será una celebración.
Te preguntarás: ¿cómo puede hablar el cura de celebración cuando se experimenta la ausencia y cuando el dolor cincela el alma? Te recuerdo que los cristianos hemos recibido nuestra vida para buscar a Dios, que la muerte es para encontrarlo y que la eternidad es para poseerlo.
4.- Es muy cierto, que al experimentar la muerte de nuestros seres queridos, las lágrimas no desaparecen tan fácilmente de nuestros ojos. Recuerda que el capítulo 11 de san Juan nos cuenta que, el Señor lloró cuando Lázaro murió, y la gente decía: ¡Mira cuanto le amaba!
Cristo nos muestra como nuestras lágrimas pueden ser sagradas. Las lágrimas no constituyen un signo de debilidad, sino de fuerza. Las lágrimas transmiten con mayor elocuencia que mil estrofas juntas un mensaje de dolor indecible, de profundo arrepentimiento o de amor inefable. Sin embargo, debemos cuidar que si bien nuestras lágrimas pueden expresar el dolor del corazón, jamás deberán expresar ni falta de fe ni falta de esperanza
5.- Debemos tener cuidado para que no separemos la integridad del mensaje cristiano. El Viernes Santo está unido al Domingo de la Pascua, la Cruz se une íntimamente a la Resurrección, es por ello que la Cruz de Cristo tiene para nosotros un sentido que lo trasciende todo.
¿Qué es el Viernes Santo sin el Domingo de Pascua? ¿Qué es la Cruz sin la Resurrección?
La Cruz sin la Resurrección, para los judíos es un castigo. La Cruz sin la Resurrección para los apóstoles es un fracaso. Solamente en la medida en que la Cruz se une a la Resurrección, la Cruz se convierte en un mensaje de salvación para todos los hombres.
En nuestra vida acontece lo mismo: ¿Qué ha sido el viernessanto de nuestros seres queridos sin el domingodepascua? ¿Qué es el misterio de la cruz de aquellos a quienes amamos sin la esperanza de la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de los que amamos es un castigo; sin la resurrección, el viernessanto de los que queremos puede ser visto como un fracaso. Solamente la resurrección lo transforma todo.
7.- Ahora, nosotros comprendemos que la tumba no es más que la cuna y el cementerio es dormitorio de eternidad. Nosotros hemos comprendido que la muerte no es la última estación en el trayecto de la vida, sino que existe una estación que está más allá de la conclusión de nuestros días.
Para nosotros la muerte es el inicio del nuevo día, es el amanecer de nuestra esperanza. La muerte es el despuntar de una luz de eternidad.
La Cruz de Cristo ha florecido y ahora posee frutos de eternidad que le convierten en el verdadero árbol de la vida y que anuncia el inicio de una primavera de gloria.
El domingo de pascua ha transformado nuestro viernes santo, la resurrección ha transformado la cruz y... ha transformado la muerte.
8.- San Agustín nos ha dicho que la muerte es el paso de la noche al nuevo día, en donde el Sol que nace de lo alto será contemplado en toda su majestad y se superarán totalmente las tinieblas de nuestra vida. San Juan Crisóstomo la concibe como un sueño que nos hace despertar a una nueva realidad, en donde la realidad ha superado plenamente lo que hayamos soñado en esta vida; también dice que es el fin del espectáculo en el teatro de la vida, dónde el telón se corre, se regresan las vestimentas, ya no hay rey ni hay vasallo, no hay rico ni hay pobre, todos regresamos tal como somos ante aquel que nos dio el guión de nuestra vida. Bousset la describe como la necesaria destrucción de un viejo edificio que permite levantar una nueva edificación, de tal manera que el inquilino que somos cada uno de nosotros pueda vivir en la eternidad, en esa Casa que tiene tantas habitaciones preparadas por Cristo, tal y como Él nos lo ha asegurado. Es el momento para transportarnos a la fiesta del Cielo, en donde queremos que las manecillas del reloj giren con mayor velocidad para disfrutar de la alegría de las bodas del Cordero, lo dice San José María Escrivá de Balaguer. El Cardenal Newman citando el Evangelio de este domingo dice que es el tiempo de la cosecha, ya que la semilla ha caído en la tierra y nos ha llegado el tiempo de recoger la mies, nos presentamos ante Dios, no con nuestras manos vacías, sino rebosantes de buenos frutos. Santo Tomás de Aquino dice que es como cuando alguien tiene un hermano que ha sido coronado Rey de un país lejano y que al conocer la noticia, nosotros deseamos marchar, vender lo que tenemos o abandonarlo puesto que queremos encontrarnos y vivir con Él. No es el punto final sino un viaje que emprendemos hacia la eternidad, decía San Cipriano.
10.- Todas estas enseñanzas debería tenerlas presente en su mente el cristiano, cualquiera que fuere el rostro que la muerte haya tomado en nuestra vida. Debemos comprender que: Si el grano de trino no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere producirá mucho fruto.
Quizá por sólo poner un ejemplo lo deben comprender aquellos que viven la viudez.
¿Qué es la viudez? Se trata de una situación dolorosa que afecta a casi el cincuenta por ciento de los cónyuges. El cónyuge (lo mismo que cualquier otro ser humano) no debe evadir el problema de la muerte, puesto que no puede evadirse de morir y, en muchos casos (digamos la mitad), debe ver morir a su cónyuge.
El cristiano tiene que ser capaz de aceptar la muerte. Pero, no es lo mismo la aceptación fatalista de quien observa naturalmente que todo lo que está vivo un día se muere, que aquella aceptación cristiana de quien vive su filiación divina. No es lo mismo la muerte para quien no espera nada y para quien la muerte es un adiós definitivo, que para aquellos que saben que es sólo un tiempo de ausencia, puesto que el grano de trigo se transformará en una realidad superior a la sola promesa de esta vida.
Francisco Ruiz Bernárdez, un poeta argentino, en los tres últimos versos de un soneto de su libro: Antología poética, lo expresa de este modo: «Y el tiempo que discurre hacia la muerte, no existe por el tiempo que ha pasado, sino por el tiempo que falta para verte».
¿Sabes? Aun habiendo descubierto el sentido de la muerte, la separación siempre es dolorosa. En algunos casos, parece imposible la supervivencia, pero... todo tiene arreglo para el que tiene fe. Muchas veces, supondrá renunciar a proyectos, acariciados desde tiempo atrás, de viajar juntos o de disfrutar de un tiempo para ellos solos que antes no tenían. A veces, se añadirá el dolor del tipo de muerte, pero el grano de trigo es nuestra esperanza.
11.- Muy queridos amigos: ¡La paz sea con ustedes!
Este es el saludo del Señor resucitado a los apóstoles que se encuentran encerrados, atemorizados. Y al verlos sumergidos en la incomprensión, el Señor les muestra sus manos lastimadas por los hierros y les vuelve a decir: ¡La paz sea con ustedes!
Y, al mostrarles sus manos con las huellas de la sinrazón humana, les está diciendo: Yo también sé lo que es el dolor. Yo también sé lo que es el abandono. Yo también sé lo que es la soledad. Yo también conozco lo que es la muerte. Yo también sé lo que es estar en la cruz con el cielo entenebrecido, y sé lo que es exclamar desde la cruz del viernes santo esa cuarta Palabra: ¡Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado!
Yo también sé lo que es el dolor. ¡ La paz sea con ustedes!
Este es el saludo que Jesucristo resucitado dirige a cada uno de nosotros: ¡la paz sea con ustedes! Solamente en Jesucristo encontraremos la paz.
Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
III - PLANTAR PARA LA ETERNIDAD.
“Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que dónde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.
1.- Apreciables y gentiles amigos:
¡Espero que el horario de verano no nos afecte tanto en nuestro desempeño!
Oigan ¿Qué opinión guardan sobre el siguiente pensamiento del sacerdote jesuita Theilard de Chardin en su publicación: “La actividad de la energía”?: “El hombre no está ya en la tierra como un artista en contemplación, ni como un turista en un crucero, sino como un capitán en el timón, conduciendo al mundo hacia horizontes nuevos, en busca de nuevas estrellas”.
Es bello, podríamos responder de inmediato. Ahora te quiero preguntar: ¿Eres como un turista en tu propia embarcación o realmente vas capitanendo tu propia existencia?
2.- Nuevamente la memoria ha hecho una de las suyas, y me ha trasladada en un maravilloso viaje, a través de algunos parajes, en el paso de mi vida a través de las aulas en las distintas escuelas de mi vida; y todo con la finalidad de ayudarme a comprender algunos principios que pertenecen a la verdadera Escuela de la Vida.
El Evangelio de hoy, inmediatamente me recordó aquel principio físico de que “la materia no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma”. Se nos afirmaba, en las aulas, que los animales y las plantas en la muerte sólo cambian sus calorías, sus átomos y sus moléculas. Y que su materia básica es imperecedera.
Sin embargo, el día de hoy, hay un dato que el Evangelio le añade a la ley física que todos conocemos. Jesús nos dice, utilizando la imagen del grano de trigo: nuestra transmutación puede ser una transformación de vida plena o, al contrario, puede ser una degradación en muerte lastimera.
Queda en la infecundidad o producimos frutos.
3.- Si el grano de trigo no muere bajo la tierra quedará infecundo, no germinará, no va a fructificar.
Por el otro lado, la capacidad que se tiene de morir bajo la tierra, le han dado al grano de trigo la capacidad de convertirse en un género de vida superior y mejor: Renace incesantemente en una planta que le reemplaza con ventaja: “Pero si muere, producirá mucho fruto.”
Y, vamos que en el segmento anterior hemos meditado abundantemente sobre el sentido cristiano de la muerte. En éste último espacio, quisiera que en nuestra reflexión siguiéramos aplicando la verdad del Evangelio a nuestra vida cotidiana.
4.- Y es que al aparentemente estar muriendo, la semilla bajo la tierra no muere. Todo lo contrario; fructifica, es un foco de actividad intensa, se transforma y se multiplica.
La que aparentemente no muere, por no descender a las profundidades subterráneas es la que en realidad está muriendo, y está privándose de la mejor de sus propias etapas posibles.
Hablando de esa materia, que se nos ha enseñado que una vez, después del acto creador de Dios, ya no se crea ni se destruye, debemos agregar que alguna se transforma en una vida superior y que otra se deforma en deshechos infértiles.
Esto, al mismo tiempo, debe hacernos comprender el mensaje de vida eterna: conservarse es morir a la transformación posterior; sacrificarse, entregarse, dar la vida significará vivir en la transformación posterior que esperamos los cristianos.
Y sin embargo, esa excesiva y contínua preocupación por uno mismo, no nos deja tiempo para morir. Y el grano de trigo sigue al sol y al aire, pero sólo, en la superficialidad de los caminos y el asfalto.
5.- Pero,... ¿qué nos dice aquí y ahora el Evangelio?
No renunciemos a la iluminación que el Evangelio hace en este día sobre la experiencia de la Pascua del cristiano con el aparente fin de sus días. Releamos el Evangelio, recibamos el regalo de Dios y tengamos actitudes distintas en lo cotidiano, actitudes verdaderamente cristianas.
Y es que algunos tratamos de una forma ligera un misterio que es de suma importancia para el hombre. La muerte, dicen, es una exigencia de la vida. Dicen: para que la vida se diversifique y progrese, las generaciones han de sucederse.
Barois, cuando en su juventud estaba en perfecto estado de salud, afirmaba al escribir: “¿Por qué temer a la muerte? ¿Es diferente de la vida? Nuestra existencia sólo es un constante paso de un estado a otro: la muerte sólo es una nueva transformación. ¿Por qué temerla? ¿Qué hay de temible en dejar de ser ese todo momentáneamente estructurado que somos? ¿Cómo se puede temer una restitución de nuestros elementos a un medio inorgánico, dado que es al mismo tiempo una vuelta segura a la inconsciencia?
¿Para mí, desde que he comprendido la nada que me espera, el problema de la muerte no existe. Hasta... disfruto... pensando que mi personalidad no es duradera... y la certeza de que mi vida es limitada... aumenta especialmente el placer que experimento...”.
Así pensaba Barois cuando tenía vigor, pero muchos años después, consumido por la tuberculosis, volvió a leer lo que había escrito. “Y dejó caer el libro sobre sus rodillas. Abrumado por lo que se había atrevido a escribir, antes, sin saber...”.
6.- El Evangelio no nos lleva a tener actitudes de evasión ante la vida, sino a comprometernos en nuestra vida, reiterándonos que de ello dependerá el acceso a la vida verdadera, el cual nosotros los bautizados contemplamos no como si fuera un destino humano, sino como una esperanza cristiana.
Haber perdido las razones para vivir, es estar ya muerto. Esos pensadores se están aniquilando inmediatamente con el fin de no afrontar, tanto la incertidumbre como la angustia de la respuesta a una pregunta desgarradora e ineluctable, para aquellos que no tienen fe.
Piensan ellos en su corazón: “si un día la tierra será aniquilada, ¿qué sentido tiene seguir actuando, luchando, sufriendo, procreando, cansándose? Todo da igual, si todo es inútil”. Todo llega a ser insensato, si no hay dirección, si no hay una meta, si no se tiene un destino, si no se percibe una utilidad.
7.- Si el hombre no es capaz de conocer una vida distinta a la vida biológica, tarde que temprano, aunque sea momentánamente, vive la sinrazón de la vida, puesto que le falta conocer ese “para qué”, que va suscitando todos los “porqués” y los “cómos” de nuestro vivir.
Releamos como contraste a lo que pensaba Barois, éstas tan distintas y saludables líneas de Theilhard de Chardin: “... no vale la pena sacrificarse cuando ningún interés superior está en juego. Un universo que continuará obrando laboriosamente en la espera consciente de la muerte absoluta, sería un mundo estúpido, un monstruo del Espíritu, por no decir una quimera”.
“Si el grano de trigo no muere bajo la tierra quedará infecundo, no germinará, no va a fructificar”.
8.- El Evangelio también nos da la pauta para que podamos reflexionar en torno a esas renuncias que le dan sentido y madurez a la vida.
Y es que la vida, como se nos propone hoy en día, parece construirse sobre la acumulación de bienes y sobre las apariencias, lejos de que se nos esté enseñando el valor de la renuncia, de la austeridad, de la abnegación y del sacrificio.
No hemos sido capaces de sembrar valores en el corazón de las personas, aún y cuando nos vayamos dando cuenta, de que aquello que está sumergido bajo la superficie es lo que les permite a los árboles permanecer de pie, independientemente de las circunstancias metereológicas.
La austeridad es un valor, ya que cuando los padres les consienten todo a sus hijos, suele ser el momento y la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre será necesario, con esas actitudes que nos hablan del abuso del amor. “Si bien la falta del amor materno y paterno nos puede matar, el exceso de amor no suele ser menos peligro”.
Tan dañino es el negar el afecto, como el que en la sobreposición de los sentimientos a los pensamientos, se permita todo en la vida.
9.- Hay una reflexión de José María Alimbau, un sacerdote español que te comparto en la brevedad: “La austeridad no es el arte de decir que no; es el arte de decir que sí”. Educar en la austeridad no es negación, sino afirmación:
1. Decir que sí a la CREATIVIDAD e IMAGINACION que dejamos despertar.
2. Decir que sí a la ILUSION de no ahogarnos dándoles más de lo que necesitan.
3. Decir que sí a su MADUREZ, pues no hemos llenado su corazón de necesidades absurdas e inútiles.
4. Decir que sí a su FELICIDAD, pues la felicidad no se consigue con cosas, sino que sale de dentro, del alma.
5. Decir que sí a la CAPACIDAD DE VALERSE POR SI MISMOS, sin necesidad de depender de los padres.
6. Decir que sí a la LIBERTAD, a esa capacidad para hacer lo que se debe hacer y no dejarse llevar por el “gusto” o de sus “ganas”, o por la “moda” y lo que anuncian en los televisores.
7. Decir que sí a DIOS, que es Padre de todos y nos pide amor, entrega y servicio a los demás.
10.- Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.
IV - EL GRANO DE TRIGO QUE MUERE.
“Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. (13 de julio de 2008).
1.- Muy queridos amigos:
Hoy es domingo, es la fiesta de la Pascua semanal y, junto con ustedes elevo una plegaria a Dios, por todos aquellos que viven el Domingo sin ocaso.
El grano de trigo de nuestros seres queridos difuntos ya ha caído en la tierra y, ahora obtiene frutos para la eternidad.
Debemos ser conscientes de que el cristiano durante su vida diaria vive la siembra de un futuro imperecedero.
2.- Y es que al venir a este mundo todos fuimos colocados en esta tierra como el germen de una semilla dada por Dios que tendrá su final, cuando cada uno haya sido liberado de la tierra y sea aceptado en el reino eterno de Dios. Mientras nos llega ese momento, el creyente estará sujeto a los avatares y condiciones de una creación de la que, en muchas ocasiones, sólo comprendemos que vivimos, y nada más.
Comprendemos que vivimos, ¡así es!, pero al mismo tiempo sabemos que esta vida es pasajera, transitoria, efímera y fugaz.
Lo peor, que le puede suceder al cristiano, es que se encapriche con aquello que no es más que un camino y un pasar. Lo peor que nos puede suceder, es que convirtamos los medios en fines y nuestros viajes en destinos.
Pero hay algo peor que el querer quedarse para siempre en el camino. Hay algo peor que el querer afincarse a lo que esta vida ofrece. Hay algo peor que esto, que en sí mismo nos trae siempre decepciones y desengaños, y que al final nos genera el llanto de la pérdida.
Peor que lo anterior, es el no darse cuenta de que la vida de cada uno es una siembra para la eternidad. ¡Eso es peor! No querer ver que en esta vida vivimos para un futuro y que el futuro será irremediablemente el fruto de nuestra tierra sembrada en el presente. Y ahí está nuestra suerte y nuestra desgracia.
La libertad es humana, y precisamente por ella, nosotros podemos elegir entre el sembrar para el futuro en vida, o en el sólo depositar en la tierra la corrupción y la muerte.
3.- El hombre debe recordar que el presente compromete el futuro y que los cristianos debemos recordar que el presente compromete nuestra eternidad. Diría Ludwig Wittgenstein, que “la vida eterna les corresponde a aquellos que han sabido vivir el presente”.
Lo peor del hombre, es que no acierta a comprender y no quiere admitir que lo que haga en esta vida o lo que deje de hacer aquí, tiene repercusiones en la perpetuidad.
Hoy, el hombre no comprende que la creación se mueve y se crea por la eclosión de las semillas, resultado de la tierra que sembramos, que nace lo que había en germen, que se desarrolla lo que tiene un origen, que nada surge de la nada, y que el hombre está totalmente condicionado por lo que hace y por lo que siembra para vivir su futuro inmediato y para el futuro de la eternidad.
El presente de cada uno, lo que cada uno siente y vive, es el resultado de todo lo que ha sabido sembrar. Cuando nos olvidamos que todo lo que hacemos, y que la intención y el motivo de lo que hacemos un día germinará, es entonces cuando tendremos que recoger los frutos de nuestra incoherencia y de nuestra falta de previsión.
Si hoy vivimos tú y yo sin pensar, mañana tú y yo nos lamentaremos precisamente por no haber sembrado las semillas de la bondad.
Nuestra vida es el nacimiento de un germen, es el resultado de un crecimiento. Lo peor de todo serán siempre esos nuestros nocivos juicios que ignoran la bondad de Dios. Hay quien blasfema al decir que esta vida son las incoherencias, o lo que ellos inconsecuentemente llaman “los caprichos” de Dios. El cristiano, si es un buen sembrador no puede estar de acuerdo con esto, y por eso cada día, cada semana, cada mes y cada año deposita en la tierra lo que quiere recoger.
Pero, el hombre olvida esa imagen en su vida personal y cree que puede esperar un futuro feliz desde un presente sembrado en la corrupción, la pereza, la apatía, el desinterés, el abandono, la mentira, la injusticia, el soborno y todas esas formas con que nos sentimos tentados a vivir despreocupados y distraídamente.
4.- ¿Te acuerdas de Goethe?. Sí, aquel que escribió el Fausto hace dos centurias. Johann Wolfgang von Goethe, escribió también los siguientes versos, que bien los podríamos aplicar a nuestras expectativas de eternidad estrechamente vinculadas con la siembra en el tiempo:
"No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.
No es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.
5.- Amigos muy queridos:
Cuando pienso en la semilla que ha caído en la tierra. Cuando hablo sobre la muerte, en lo personal, prefiero compararla no con el pabilo de una vela que se extingue sino con un tapiz que termina de tejerse. La muerte para el cristiano no es en modo alguno el final sino el inicio. No es una realidad que se consume sino una obra que se perfecciona. Se trata del hombre que le da los últimos pincelazos al lienzo de su vida y que se presenta ante Dios con las obras de la existencia. ¡Esta es la visión cristiana!
6.- ¿Qué diferencia existe entre la visión cristiana y la no cristiana? Muy sencillo, la diferencia se llama Pascua de Resurrección.
La resurrección de Jesucristo, es aquello que transforma la muerte y nuestra vida, que transforma todas las cosas,… aún las más complicadas de explicar.
¿Sabes? James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, fue un ferviente partidario de la pena de muerte. A principios del año 1978 le escribió al Cardenal Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, “si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por su buena conducta?”
El Cardenal Sheen, quien se distinguió por el excelente uso del recurso de la radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Amigos muy queridos: Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó nuestra Iglesia, no la crucifixión. Si el senador James Donovan es capaz de incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.”
7.- ¿Qué es la muerte sin la eternidad? ¿Cómo es contemplada la cruz sin la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los judíos un castigo y para los griegos una necedad o locura. Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los apóstoles un fracaso.
Es la resurrección, la que nos permite contemplar la cruz no como castigo ni como fracaso, sino como acontecimiento de salvación, como sabiduría y como victoria.
La resurrección nos permite contemplar el plan divino oculto detrás de todos los acontecimientos. Por la resurrección, sabemos que Dios sabe obtener bienes aún de todas aquellas realidades que aparentan ser males.
8.- Es esto lo que le conduce a san Agustín de Hipona a expresar en sus Confesiones: “No teme perder a aquellos a quienes ama quien los ama en Aquel que no se pierde”.
Nuestra vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como la antesala de la habitación de la vida eterna. La vida terrena no se va a prolongar al negar la vida de la eternidad sino que se encogerá miserablemente.
Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Ludwig Feuerbach, sino que nos conduce a una incesante vigilancia.
El más allá le pone los cimientos a las relaciones del más acá.
El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en búsqueda de la luz, de un nuevo horizonte.
La muerte no se debe comparar con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo muy poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.
Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Dónde persiste el amor, dónde el amor triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.
“Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad” decía Platón, en su diálogo del “Banquete”. “El que no ama camina en las tinieblas” nos dice el Evangelio.
El misterio de la muerte se esclarece solamente por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.
9.- Cantaba la Iglesia primitiva: “Alguien muere y es como unos pasos que se detienen, pero para nosotros es en realidad para emprender un nuevo viaje.
Alguien muere y es como una semilla que cae en tierra y para nosotros es en realidad para ser transformado y producir un fruto de abundancia.
Alguien muere y es como una puerta que se cierra y para nosotros es en realidad para entrar a parajes que transforman la vida.
Alguien muere y es como una voz que se silencia y para nosotros es en realidad para escuchar y entonar un nuevo canto”.
La resurrección nos hace comprender de modo distinto nuestra muerte, y esto se ha manifestado en el gran tesoro de nuestra santa Madre Iglesia, la cuál tiene, no dos décadas sino dos milenios de fidelidad a Jesucristo.
Elevo a Dios una plegaria para que la Pascua de nuestros seres queridos, de mi padre y de mi madre, de tu padre y de tu madre, nos permita a ti y a mí vivir nuestra Pascua de Conversión, y que un día nos reditúe en vida eterna.
Dios nos invita a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo efímero y lo vital. “Sólo pensando en la muerte se puede vivir despierto”, decía Don Miguel de Unamuno, y sólo así el grano que caiga en la tierra no se perderá.




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