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domingo, 24 de marzo de 2013

Contemplaciones con el Evangelio: Llenos de alegría…

Domingo de Ramos 2013 C

San Gregorio Nacianceno tiene una hermoso Sermón llamado “Vamos a participar de la Pascua” en el que nos va diciendo “Si eres el Cirineo, toma tu cruz y sigue a Cristo. Si estás crucificado con él como un ladrón, como el buen ladrón confía en tu Dios (…) Adora al que por ti fue crucificado, e, incluso si estás crucificado por tu culpa, saca provecho de tu mismo pecado y compra con tu muerte tu salvación. Entra en el paraíso con Jesús y descubre de qué bienes te habías privado. Contempla la hermosura de aquel lugar y deja que, afuera, quede muerto el murmurador con sus blasfemias…”.
Y sigue: “Si eres José de Arimatea…, si eres Nicodemo…, si eres la Magdalena…”.
Es una linda manera de contemplar, bien ignaciana, metiéndonos en la escena para sacar provecho de la Pasión del Señor.

Centrándonos en Cristo, en lo que hace y dice el Señor, nos identificamos con los personajes que dialogan e interactúan con él más de cerca.

Si eres Zaqueo….: no mirés a los otros, hacé que Jesús te mire a vos


La de Zaqueo es una linda imagen para comenzar la Pascua. Es con este “hombre de baja estatura” que Jesús tiene el último encuentro antes de “marchar delante de los suyos subiendo a Jerusalén” (Lc 19, 27).

Jesús viene de Jericó, ciudad imagen de este mundo, donde el jefe de los publicanos se ha subido a un sicómoro para verlo pasar y el mismo Señor se ha invitado a comer en su casa.
Es una linda entrada ya que en estos días hemos asistido a una multitud de encuentros de este tipo entre el Papa Francisco y muchos “publicanos modernos” que se han emocionado y han sido capaces de dar testimonio público al ver en Jesús una esperanza para hacer ese cambio de vida que todos anhelamos en el fondo de nuestro corazón.
Si sos D’Elía podés twitear: “Vi en el diario una linda imagen del Papa con la Presidenta. Hoy es un día distinto”.
Si sos Hebe podés escribirle: “Don Francisco, no sabía de su actividad pastoral en las villas…”.
Si sos Cristina podés decirle: “Puedo tocarlo” y quizás el Señor te de un beso en la mejilla, como hizo el Papa con ella…

Digo esto para que te salgas si es que sin darte cuenta te pusiste del lado de los que dicen siempre: “Este recibe a los pecadores”.
O, en todo caso, si sos de los que no dudan del Papa, fijate si no te pusiste al lado de los que dudan de la “estatura moral” de los que ahora se le acercan…

Nada de quedar del lado de los murmuradores. Vamos por el lado de los petisos.
Vamos a participar de la Pasión. Por eso “Si sos Zaqueo…” no mirés a los otros, si son más o menos publicanos que vos. Subite a la higuera que encuentres y lográ que Jesús te mire a vos en esta Semana Santa. Hacé de cuenta de que Jesús es Francisco y mandale un mensajito, un Twitter o un mail o préndete a la TV o andá a algún lugar donde sepas que él va a estar (en Roma estará en una cárcel para menores lavando los pies, y si hubiera estado aquí lo habrías podido encontrar en el Hogar de San José adonde quería ir a lavar los pies el Jueves Santo).

Si sos uno de los dos discípulos que mando a buscarle una burra…, alegrate de ser de los invisibles a los que Jesús mira
Puede ser que en esta Pascua no te toque nada importante. Es más, puede que nunca te haya tocado y que seas una persona común, sin ninguna anécdota extraordinaria, como la de Zaqueo.
Te podés identificar entonces con estos dos discípulos que Jesús mandó a que le consiguieran el asna y su burrito, sobre el que se montó luego para entrar en Jerusalén. Yo no sabía que los romanos despreciaban a los asnos y eso me hizo pensar en cómo el Señor tenía pensados y elegidos cada uno de sus gestos, todos los de su vida, por supuesto, pero de manera muy rezada y cuidadosamente elegidos los de la semana de la pasión. Por eso, identificarse con alguno de esos discípulos anónimos, que estaban para lo que se necesitara, es tan provechoso o más que identificarse con los personajes sobresalientes. De hecho, no hay personajes sobresalientes en la Pasión. Sólo Jesús es el protagonista. Y los que tuvieron papeles secundarios, como la Verónica que le limpió el rostro, fueron luego los más conocidos, aunque no por su propio nombre sino más bien por el de su acción: “Verónica = verdadero icono”.
Cómo llamaríamos a estos discípulos que fueron a buscar la burra y su burrito. Quizás “los transportistas” como se llama a sí misma una persona amiga a quien le gusta siempre definirse por lo que hace: “al fin y al cabo yo solo soy la transportista, que traigo la comida al Hogar”. Puede ser lindo entrar en la pasión poniéndonos el nombre de discípulo y agregándole el de algún oficio que tenemos en la comunidad. Discípulo cocinero, discípula lavandera, discípulo secretario, discípula maestra… Y mejor aún si a discípulo le agregamos el de algún trabajito inesperado que nos encomiendan en estos días. Hay que estar atentos porque por ahí uno piensa que la gracia de su encuentro con Jesús la logrará estando de espectador en primera fila de alguna ceremonia y resulta que termina de pinche reemplazando a alguno en una tarea “secundaria”. Seguro que allí se encontrará con un Jesús agradecido que aprovecha sus servicios.
Ayer el Papa Francisco les celebró una misa privada a los que atienden la limpieza del Vaticano y a los encargados de los jardines. Y lo hizo de mañanita porque estos trabajadores son los que no pueden asistir a las otras ceremonias. Son “los invisibles” como dijo una de las empleadas y sentí que lo decía con esta alegría de que hablo, de sentirse “discípula-recolectora de basura”, “discípula-jardinera” a quien el Papa le dedica una misa especial a primera hora de la mañana.

Si sos uno de entre la gente que llevaba sus ramos… alegrate de ser infalible “en tu modo de creer”

Dice Lucas que “Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto. Decían: ‘Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.’ Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: ‘Maestro, reprende a tus discípulos.’ Respondió: ‘Les digo que si éstos callan gritarán las piedras.’”
En estos días en que hemos vivido una especie de Octava del Papa, antes de la de Semana Santa y de la Octava de Pascua, muchos son los que en todo el mundo “llenos de alegría se han puesto a alabar a Dios a grandes voces por todos los signos que han visto”. Como en aquella entrada triunfal en Jerusalén, la balanza de la consolación de todo el mundo se ha inclinado a favor del Papa y hasta los que hablaban mal se han puesto a bendecir a Dios.
Hace bien para entrar en la Semana Santa, identificarse con “la gente”, sentirse humanidad, sentirse pueblo de Dios, sentirse uno entre la multitud, uno más de todos y con todos. Hacer consciente esta dimensión social que nos hace “ser más que uno solo”, “ser uno con todos”, es muy lindo. Nos permite experimentar la acción del Espíritu que es “convocación de los que creen en Jesús”. Esta identificación con lo común es más que una suma de partes. ¿Cómo expresar lo inefable? Diría que cuando uno experimenta que la alegría que siente es compartida por todos, como cuando salió el Papa al balcón y se inclinó para recibir la bendición, puede alzar la mirada y “personalizar” ese amor y esa alegría compartida y decir: Bendito Espíritu Santo, Espíritu del Padre y de Jesús, Espíritu que unifica la Iglesia y nos hace tener un solo corazón: el Tuyo.
Reflexionábamos en el grupo de matrimonios acerca de la alegría del Papa Francisco, cómo surgía su sonrisa tan espontánea en contacto con la gente, en todo momento, siendo que antes se lo veía como alguien más bien adusto o parco en sus expresiones. Y alguien expresó algo muy justo a mi parecer, al decir que era una gracia, no algo simplemente natural, y que la debía haber recibido cuando pidió la oración en la Plaza y se dejó inundar de esa oleada de bendición y alegría de la multitud y de todos los que rezamos por él desde cada rincón del mundo.
El Padre Bergoglio siempre nos citaba aquello de que el pueblo de Dios es infalible “in credendo”. Infalibilidad en creer va unida a infalibilidad en enseñar, que es propia de la jerarquía. Ambas infalibilidades se refieren a Jesús: la Iglesia no falla al transmitirnos el evangelio de Jesús y no falla al darnos los sacramentos. De la misma manera, el pueblo entero y reunido concordemente, como en estas ocasiones, no falla al creer y amar a Jesús, no falla, diría, al reconocerlo y afirmarlo en los gestos de quienes lo representan. Cuando el Papa Francisco se inclina para pedir la oración, todos creímos y confesamos “infaliblemente” que ese era un gesto propio y auténtico de Jesús para este tiempo de gracia que nos toca vivir. Esa oleada de fe transmitida “con el modo propio del pueblo de Dios, que es la de ungir con su alegría y devoción incondicional al que ama” es lo que recibió nuestro Papa Francisco. De allí esa alegría desbordante y pacífica que lo precede y lo rodea y que deja tras de sí como la imagen de una hermosa sonrisa. La misma que tenía de niño, como se veía en una foto de archivo.
Bueno, dejamos por hoy en este punto y seguiremos por este camino en la semana santa: Vamos a participar de la Pasión!