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sábado, 16 de marzo de 2013

LA VERGÜENZA DE JESÚS: V Domingo de Cuaresma (Jn 8, 1-11) - Ciclo C


1. - La trasgresión es clara. La acusada no se defiende. La ley es tajante. Jesús ha venido aquí a cumplir la ley, no a abolirla. Jesús cogió una piedra y la tiró sobre la adúltera y tras ella una lluvia de piedras acaba con la vida de esa mujer. Si el Evangelio de hoy hubiera tenido este final, allí hubiera abortado el cristianismo.



2. - Jesús oye la acusación y se le van los ojos al suelo.

--Jesús siente vergüenza ajena, porque sabe la vida de pecado de los acusadores.
--Jesús siente vergüenza ajena al ver la citada ley contra la bondad de Dios.
--Jesús siente vergüenza de que se manipule la vergonzosa situación de una pobre mujer para condenarle a Él, y, tal vez interiormente, le pide perdón a ella por ser causa involuntaria de aquella escena.
--Jesús siente vergüenza ajena, cuando nos oye hablar de “las mujeres de mala vida”, sin recriminar la fila de hombres que han ido comprando esos cuerpos como se compra un esclavo del siglo XXI.
--Jesús siente vergüenza ajena, cuando miramos con desprecio a una madre soltera, sin acordarnos de ese hombre irresponsable que ha abandonado a su hijo.

3. - El que esté limpio de pecado que tire la primera piedra.

Cuando curó al hombre de la mano seca, “Jesús le miró con ira”. Aquí, abochornado por la hipocresía humana, Jesús vuelve a mirar a tierra.
Es el peor castigo contra el hombre: que Dios no fije en él su mirada. En la mirada va el corazón. ¡Cuántas veces en una mirada comienza todo!
—El Señor mira a Juan y Andrés y les hace sus primeros discípulos.
—El Señor mira a Zaqueo subido en el árbol y entra en su casa la Salvación.
—El Señor mira con cariño al joven rico y le invita a seguirle.
—El Señor mira a Pedro que le niega y Pedro llora amargamente.
—El Señor mira a la adúltera y pasa por su pecado sin condenarlo. “No peques”. Y encuentra en ella ese granito de bondad que hay en cada hombre. Y eso lo saca afuera. Lo engrandece y lo proyecta al futuro. “Tampoco yo te condeno, anda adelante, no peques más”. En ti se está realizando algo nuevo que ya hecha sus brotes, como nos ha dicho la primera lectura, olvidando lo que dejas atrás, corre hacia delante como nos ha dicho Pablo.
La mirada de Jesús a la adúltera es de perdón, como Padre del Hijo Pródigo y es alentadora y optimista para el futuro. ¿Olvidaría jamás la adúltera esa mirada?

4. - Aprendamos de esa mirada de Jesús. Desarmemos nuestra mirada de toda carga de odio o desprecio con el que podemos hundir para siempre a una persona que busca nuestra ayuda y cariño. Miremos siempre con bondad aprendiendo del Señor a buscar en cada persona lo poquito de bueno que hay en ella.
Y si nos damos cuenta de que, con dificultad, vemos lo bueno de los demás, posiblemente los que necesitamos de médico, de un buen oftalmólogo somos nosotros. A los que el astigmatismo nos hace ver las cosas deformes o las cataratas nos hace verlo todo con sombras oscuras.
El Señor nos mire con bondad y cure nuestros ojos de forma que podamos mirar a los demás con limpieza y bondad.