Según una antigua leyenda, el rey Salomón tenía que tomar una decisión muy importante. Reunió a todas las criaturas existentes para que le aconsejaran.Salomón tenía en la mano una hermosa copa que estaba llena del agua de la vida para siempre. El que bebiera de esa agua no moriría, viviría siempre.
Todas las criaturas estuvieron de acuerdo en que el rey debería beberla. Todas a coro dijeron: Bebe. Oh rey. Y vive siempre.
Salomón preguntó si todas estaban presentes y le dijeron que la paloma no había llegado.
Cuando llegó la paloma, Salomón le preguntó su opinión y ésta le dijo: Señor, si mi compañero muere yo también debo morir. ¿De qué me serviría vivir siempre y ser inmortal si todos mueren y muere todo lo que yo amo?
Escuchado el consejo de la paloma, Salomón derramó el agua de la vida sin fin y no la probó.
Póngase usted en el lugar de Salomón ¿cómo respondería a la propuesta de Dios?
“Pídame lo que quiera y yo se lo concederé”.
¿Ya se ha puesto a soñar?
¿Ya sabe lo que pediría?
Yo pediría la luna, yo la tarjeta Visa Oro, yo una casita junto al mar, yo un gran amor, yo no tener que usar ninguna pastilla ni azul ni rosa…
No sabemos lo que pasó por la cabeza de Salomón en aquella visión cuando estaba en el templo de Gibeón ofreciendo su sacrificio a Dios.
Sí sabemos, lo dice la Palabra, lo que pidió.
“Da a tu siervo un corazón que sepa escuchar para juzgar a las personas y distinguir el bien del mal”.
Salomón no cayó en la trampa de peticiones egoístas: salud, dinero y amor.
Pidió un corazón que sepa escuchar, una mente atenta a la mente de Dios, saber tomar decisiones que agraden a Dios, sabiduría para distinguir lo bueno de lo malo. Eligió vivir en armonía con la voluntad de Dios.
Dios le concedió la sabiduría y un corazón atento y todo lo demás.
Pidió lo que Dios puede y quiere dar a sus hijos.
Para todas esas cosas que usted pediría está el trabajo, la ambición, la suerte, el robo, el engaño y los negocios sucios del mundo.
La Palabra de Dios nos avisa hoy: “cuidado con sus deseos, cuidado con lo que piden”.
Para pedir bien necesitamos un sistema de valores sano y cristiano y tener claras nuestras prioridades. Sólo desde la sabiduría de Dios nuestras prioridades serán justas.
Salomón pidió bien porque pidió lo que Dios puede dar.
El evangelio nos habla de un tesoro escondido y de una perla que hay que buscar y hay que darlo todo para hacerse con ella. El Reino de Dios, Jesucristo.
Buscar no en los catálogos, en las iglesias…
Apreciar, convencerse de su valor.
Darlo todo para quedarse con lo esencial.
Sólo un corazón que escucha puede encontrar lo esencial.
Usted es el único hombre célebre. No olvide que Jesús es su mayor fan.




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