Algunos de la multitud, que habían oído a Jesús, opinaban: «Éste es verdaderamente el Profeta». Otros decían: «Éste es el Mesías». Pero otros preguntaban: «¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» y por causa de Él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre». Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en Él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita».
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»
Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta».
Y cada uno regresó a su casa.
Querido amigo/a:
El evangelio de hoy parece un campo de batalla. La tensión se palpa en el ambiente. Muchas preguntas, muchas respuestas, muchas discordias... Se acerca el final.
En cada generación y en cada cultura se vuelven a repetir las mismas preguntas sobre Jesús. “¿Quién es éste?”, “¿de dónde viene y a dónde va?”, “¿qué pretende?”... A veces la respuesta se busca de forma serena y otras de forma apasionada.
Y cada persona que escucha pronunciar el nombre de Jesús está llamada también a tener que dar una respuesta: “ya lo escucharé otro día”, “uno de tantos”, “una reliquia del pasado”... “el Mesías esperado”, “el Hijo del Hombre”, “el Dios-con-nosotros”... “mi guía”, “mi confidente”, “mi fuente y mi meta”...
Según la formación y la experiencia de cada creyente, podrá haber matices en la respuesta, pero el misterio de Jesús pasa por tres palabras:
* verdadero hombre: pasó por lo nuestro, no de oídas, sino de verdad; nació, creció, trabajó, compartió, trabajó, sufrió... por eso puede tener una palabra que acompañe todas las situaciones y a todas las personas; Jesús es “el ser humano auténtico”, el modelo en el que Dios se basó para soñarnos...
* verdadero Dios: ya no tenemos que imaginarnos ni especular sobre cómo será Dios y dónde encontrarle; le tenemos por entero en Jesús, en su vida, en su palabra, en su entrega; si había distancia entre la humanidad y Dios, en Jesús ha sido salvada, y en Él encontramos al Hijo que nos lleva al Padre por el Espíritu, al hogar...
* camino, verdad y vida: porque es verdadero hombre y verdadero Dios, su persona es para nosotros el camino a seguir, la verdad para ser conocida, la vida para ser vivida...
Jesús no es primordialmente una idea, sino un hecho, una persona, por quién muchos han vivido, han amado e incluso han entregado su vida.
Y tú, ¿quién dices que es él? Pregúntale... y déjale que te responda. Y vive desde ahí.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre». Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en Él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita».
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»
Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta».
Y cada uno regresó a su casa.
Compartiendo la Palabra
Por Luis Manuel Suárez cmf
Por Luis Manuel Suárez cmf
Querido amigo/a:
El evangelio de hoy parece un campo de batalla. La tensión se palpa en el ambiente. Muchas preguntas, muchas respuestas, muchas discordias... Se acerca el final.
En cada generación y en cada cultura se vuelven a repetir las mismas preguntas sobre Jesús. “¿Quién es éste?”, “¿de dónde viene y a dónde va?”, “¿qué pretende?”... A veces la respuesta se busca de forma serena y otras de forma apasionada.
Y cada persona que escucha pronunciar el nombre de Jesús está llamada también a tener que dar una respuesta: “ya lo escucharé otro día”, “uno de tantos”, “una reliquia del pasado”... “el Mesías esperado”, “el Hijo del Hombre”, “el Dios-con-nosotros”... “mi guía”, “mi confidente”, “mi fuente y mi meta”...
Según la formación y la experiencia de cada creyente, podrá haber matices en la respuesta, pero el misterio de Jesús pasa por tres palabras:
* verdadero hombre: pasó por lo nuestro, no de oídas, sino de verdad; nació, creció, trabajó, compartió, trabajó, sufrió... por eso puede tener una palabra que acompañe todas las situaciones y a todas las personas; Jesús es “el ser humano auténtico”, el modelo en el que Dios se basó para soñarnos...
* verdadero Dios: ya no tenemos que imaginarnos ni especular sobre cómo será Dios y dónde encontrarle; le tenemos por entero en Jesús, en su vida, en su palabra, en su entrega; si había distancia entre la humanidad y Dios, en Jesús ha sido salvada, y en Él encontramos al Hijo que nos lleva al Padre por el Espíritu, al hogar...
* camino, verdad y vida: porque es verdadero hombre y verdadero Dios, su persona es para nosotros el camino a seguir, la verdad para ser conocida, la vida para ser vivida...
Jesús no es primordialmente una idea, sino un hecho, una persona, por quién muchos han vivido, han amado e incluso han entregado su vida.
Y tú, ¿quién dices que es él? Pregúntale... y déjale que te responda. Y vive desde ahí.
Tu hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, claretiano
Luis Manuel Suárez, claretiano





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