Por CAMINO MISIONERO

TERCERA SEMANA DE PASCUA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 60-69

TERCERA SEMANA DE PASCUA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 60-69
Después de escuchar la enseñanza de Jesús, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo ?»
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida,
la carne de nada sirve.
Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen».
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».
Nos quedamos contigo, Señor
Juan 6,60-69
“Señor, ¿dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”
Junto con María
Comenzamos el mes de Mayo, en el que, tomando conciencia de la significación de la presencia de María –la Madre de Jesús- en la Iglesia, como ella tratamos de cultivar el silencio interior para escuchar la voz de Dios en Jesús Resucitado, nuestro Buen Pastor que guía a la Iglesia por los caminos de la historia. María, nos dice Lucas, “guardaba todas estas palabras y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19).
La Virgen María nos inspira en este mes para seguir fielmente a la escucha del Maestro. Como ella, la “escucha de la Palabra” nos lleva a decirle “sí” de forma clara y decidida al proyecto del Reino de Dios y a hacer de nuestra vida una dinámica de “servicio” a Dios y los hermanos. Esta es la forma concreta de ser discípulo de Jesús. El precioso abordaje que el P. Carlos Álvarez Gutiérrez hace sobre el discipulado de María en la introducción de la revista de este mes, nos muestra claramente que no podremos hacer una verdadera “Lectio Divina”, si no nos apoyamos en las actitudes de la Virgen Madre, si no aprendemos de la dinámica interna de su caminar en pos de Jesús.
Con estas actitudes marianas de “escucha”, “respuesta” y “servicio”, sigamos el itinerario bíblico -de escucha y respuesta en la oración y con la vida- en la segunda parte del Tiempo Pascual, que ocupa prácticamente el resto del mes de Mayo de este año.
Es de notar que, excepto tres días, el evangelio de Juan ocupa nuestra atención en la lectura bíblica de este mes.
El “Amén” al discurso del “Pan que da la Vida”
El evangelio de hoy, nos presenta la escena conclusiva del capítulo 6 de Juan. Después de la multiplicación de los panes y los peces, de ayudar a los discípulos a pasar el mar en la noche y de hacer una maravillosa revelación del “Pan que da la Vida”, el auditorio de Jesús reacciona.
La primera reacción es un escándalo: “Es duro este lenguaje” (6,60a). Los discípulos manifiestan sentirse golpeados por la propuesta de “comulgar” a Jesús, de considerar que el hacerse ellos mismos pan que vivifica a los demás –a partir de la identificación sacramental con Cristo Crucificado- excede cualquier posibilidad humana razonable: “¿Quién puede escucharlo?” (6,60c). En pocas palabras los discípulos expresan que no puede tomar en serio la propuesta de Jesús.
Jesús responde amablemente con cuatro frases. Dos preguntas y dos afirmaciones:
1. “¿Esto os escandaliza?” (6,61). Los invita a examinar su reacción.
2. “¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?” (6,62). Los invita a mirar el camino del Crucificado: lo que Jesús pide, Él lo ha vivido primero.
3. “El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada” (6,63a). Los invita a tomar conciencia de que esto no se realiza por las propias fuerzas (carne) sino por el don vivificador del Espíritu.
4. “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (6,63b). Los invita a acoger la propuesta como un don: Jesús no nos pide nada que no podamos vivir, por eso en cada “palabra” suya el soplo del “Espíritu” nos ayuda a encarnarla.
Viene entonces la segunda reacción: el auditorio se divide en dos. Un grupo de discípulos se va de la escuela de Jesús: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él” (6,66). Otro grupo, encabezado por Pedro, se queda con Jesús y hace una bellísima confesión de fe (6,67-70).
Hay tres afirmaciones importantes en la declaración de Pedro:
(1) Una reflexión desencantada: “Señor, ¿Dónde quién vamos a ir?” (6,68a). La reflexión pone en guardia sobre las decisiones precipitadas, movidas por el impulso del sentimiento. Para tomar decisiones primero hay que reflexionar si no hay posibilidades mejores. Según Pedro no las hay.
(2) Una referencia a las palabras de Jesús: “Tú tienes palabras de vida eterna” (6,68b). Pedro se apoya en la promesa que acaba de hacer Jesús: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (6,63b). Comprende que el decisivo de Jesús es la vida y que Él está en capacidad de darla. Pedro muestra interés por este don.
(3) Un reconocimiento de la persona de Jesús: “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (6,69). La confianza en Jesús es total: “creemos y sabemos”. El plural comunitario indica una fe eclesial. Reconoce en Jesús una relación especial con el Padre: “Santo” quiere decir que pertenece a Dios y está unido a Dios de manera total.
Pedro se apoya en el elemento decisivo y fundamental de la fe: la relación de Jesús con Dios, la pertenencia de Jesús a Dios. En Jesús está el don de la “vida plena”, por eso es que es preferible quedarse con Jesús, que alejarse de forma insensata.
Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón
1. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Por qué aún sigo caminando con Jesús?
2. ¿Cuál fue la propuesta de Jesús que escandalizó a un buen grupo de discípulos? ¿Alguna enseñanza de Jesús me escandaliza y me parece imposible de vivir?
3. ¿Qué ayuda ofrece Jesús para poder encarnar su Palabra?
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida,
la carne de nada sirve.
Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen».
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».
Nos quedamos contigo, Señor
Juan 6,60-69
“Señor, ¿dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”
Junto con María
Comenzamos el mes de Mayo, en el que, tomando conciencia de la significación de la presencia de María –la Madre de Jesús- en la Iglesia, como ella tratamos de cultivar el silencio interior para escuchar la voz de Dios en Jesús Resucitado, nuestro Buen Pastor que guía a la Iglesia por los caminos de la historia. María, nos dice Lucas, “guardaba todas estas palabras y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19).
La Virgen María nos inspira en este mes para seguir fielmente a la escucha del Maestro. Como ella, la “escucha de la Palabra” nos lleva a decirle “sí” de forma clara y decidida al proyecto del Reino de Dios y a hacer de nuestra vida una dinámica de “servicio” a Dios y los hermanos. Esta es la forma concreta de ser discípulo de Jesús. El precioso abordaje que el P. Carlos Álvarez Gutiérrez hace sobre el discipulado de María en la introducción de la revista de este mes, nos muestra claramente que no podremos hacer una verdadera “Lectio Divina”, si no nos apoyamos en las actitudes de la Virgen Madre, si no aprendemos de la dinámica interna de su caminar en pos de Jesús.
Con estas actitudes marianas de “escucha”, “respuesta” y “servicio”, sigamos el itinerario bíblico -de escucha y respuesta en la oración y con la vida- en la segunda parte del Tiempo Pascual, que ocupa prácticamente el resto del mes de Mayo de este año.
Es de notar que, excepto tres días, el evangelio de Juan ocupa nuestra atención en la lectura bíblica de este mes.
El “Amén” al discurso del “Pan que da la Vida”
El evangelio de hoy, nos presenta la escena conclusiva del capítulo 6 de Juan. Después de la multiplicación de los panes y los peces, de ayudar a los discípulos a pasar el mar en la noche y de hacer una maravillosa revelación del “Pan que da la Vida”, el auditorio de Jesús reacciona.
La primera reacción es un escándalo: “Es duro este lenguaje” (6,60a). Los discípulos manifiestan sentirse golpeados por la propuesta de “comulgar” a Jesús, de considerar que el hacerse ellos mismos pan que vivifica a los demás –a partir de la identificación sacramental con Cristo Crucificado- excede cualquier posibilidad humana razonable: “¿Quién puede escucharlo?” (6,60c). En pocas palabras los discípulos expresan que no puede tomar en serio la propuesta de Jesús.
Jesús responde amablemente con cuatro frases. Dos preguntas y dos afirmaciones:
1. “¿Esto os escandaliza?” (6,61). Los invita a examinar su reacción.
2. “¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?” (6,62). Los invita a mirar el camino del Crucificado: lo que Jesús pide, Él lo ha vivido primero.
3. “El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada” (6,63a). Los invita a tomar conciencia de que esto no se realiza por las propias fuerzas (carne) sino por el don vivificador del Espíritu.
4. “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (6,63b). Los invita a acoger la propuesta como un don: Jesús no nos pide nada que no podamos vivir, por eso en cada “palabra” suya el soplo del “Espíritu” nos ayuda a encarnarla.
Viene entonces la segunda reacción: el auditorio se divide en dos. Un grupo de discípulos se va de la escuela de Jesús: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él” (6,66). Otro grupo, encabezado por Pedro, se queda con Jesús y hace una bellísima confesión de fe (6,67-70).
Hay tres afirmaciones importantes en la declaración de Pedro:
(1) Una reflexión desencantada: “Señor, ¿Dónde quién vamos a ir?” (6,68a). La reflexión pone en guardia sobre las decisiones precipitadas, movidas por el impulso del sentimiento. Para tomar decisiones primero hay que reflexionar si no hay posibilidades mejores. Según Pedro no las hay.
(2) Una referencia a las palabras de Jesús: “Tú tienes palabras de vida eterna” (6,68b). Pedro se apoya en la promesa que acaba de hacer Jesús: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (6,63b). Comprende que el decisivo de Jesús es la vida y que Él está en capacidad de darla. Pedro muestra interés por este don.
(3) Un reconocimiento de la persona de Jesús: “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (6,69). La confianza en Jesús es total: “creemos y sabemos”. El plural comunitario indica una fe eclesial. Reconoce en Jesús una relación especial con el Padre: “Santo” quiere decir que pertenece a Dios y está unido a Dios de manera total.
Pedro se apoya en el elemento decisivo y fundamental de la fe: la relación de Jesús con Dios, la pertenencia de Jesús a Dios. En Jesús está el don de la “vida plena”, por eso es que es preferible quedarse con Jesús, que alejarse de forma insensata.
Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón
1. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Por qué aún sigo caminando con Jesús?
2. ¿Cuál fue la propuesta de Jesús que escandalizó a un buen grupo de discípulos? ¿Alguna enseñanza de Jesús me escandaliza y me parece imposible de vivir?
3. ¿Qué ayuda ofrece Jesús para poder encarnar su Palabra?




Adelante
Muchos Más Artículos
INICIO
No hay comentarios:
Publicar un comentario