Publicado por DABAR
No hay sarmientos sin vid como no hay vino sin uvas, pero estas verdades de Perogrullo no son tan evidentes en la vida cotidiana.
Traducir esto a nuestra condición de cristianos significa decir que sin Jesús no somos nada, pero que de hecho organizamos nuestra vida contando casi exclusivamente con nuestros propios intereses y dejando apenas espacio para que se desarrollen los intereses de Jesús, los intereses de Dios, los intereses del Reino. Sin su vida no tenemos vida, pero nuestra vida se alimenta más del dinero, de los orgullos personales, de las posesiones privadas, del prestigio del que4 alardeamos, d los seguros de todo tipo, del disfrute del momento presente que de la vida entregada al servicio de los hermanos.
La de la vid es una imagen con solera, sugerente, usada frecuentemente por los profetas que veían en ella la imagen del pueblo. El ‘cántico de la viña’ de Isaías ha llegado a ser una de las más hermosas páginas de la literatura universal.
Y sigue siendo una imagen válida para nosotros, el Pueblo de Dios que, se supone, vive y se alimenta de El, y en consecuencia obra como El.
Imagen que nos enseña que no nos nutrimos de la Ley, sino de Cristo vivo, a quien nos une al amor (el suyo y el nuestro), la fidelidad, el seguimiento, la entrega a su voluntad, a su causa, a la causa de los pobres…
Estar unidos a Cristo por estos lazos tiene que producir unos frutos, como los que producen los sarmientos íntima y estrechamente unidos a la vid; y los frutos no pueden ser otros que los mismos de Jesús, porque El es la vid.
Unidos a otra raíz daremos otros frutos… o no daremos ninguno. ¿No será esto lo que explica muchas d las situaciones que tienen que sufrir –mejor que vivir- tanto y tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Todo edificio se construye sobre cimientos, y a tono con los cimientos van los resultados; las situaciones que se dan en la vida también se construyen sobre ‘cimientos’:
Sobre la agresividad, el afán de competencia, el negocio de la venta de armas, los intereses económicos…terminan por surgir un fabuloso edificio de guerra.
Sobre la insolidaridad, el reparto desequilibrado de bienes, la acumulación de riqueza en pocas manos…se construye el paro.
Sobre la falta de respeto a las libertades de los hombres, el afán de perpetuarse en el poder, la manipulación de la información… se construye dictadura y absolutismo.
Sobre la falta de educación e información, carencia de intereses de vida, ausencia de oporturnidades, pobreza, marginación… se construye drogadicción.
Sobre la indiferencia y el desinterés hacia los problemas de los demás, el egoísmo, la lucha por ser el primero, el afán de pasar por encima de los demás se construye marginación y soledad.
Sobre los grandes banquetes y los grandes dispendios de la sociedad occidental se construye el hambre en el Tercer Mundo.
Sobre la escasez de hombres y mujeres alegres y confiados, sabedores de que somos hijos de Dios, conocedores de que estamos llamados a un futuro triunfal que debemos anticipar ya aquí y ahora se construye la desesperanza.
Y en fin, las diferentes formas del mal se construyen, crecen y medran sobre la falta de capacidad para ver las ‘otras posibilidades’ de la vida.
Es Pascua, y eso significa que las ‘otras posibilidades’ se pueden y se deben hacer realidad; es Pascua y eso significa que realmente podemos construir sobre Cristo y sobre su causa. Es Pascua y eso significa que El tenía razón, que la mayoría de nuestros males nacen de ignorar nuestras propias posibilidades, o de desconfiar de ellas; pero nuestra ignorancia y nuestra desconfianza no se pueden excusar fácilmente porque crean mucho dolor, mucho sufrimiento innecesario. Tenemos los frutos que recogemos de la siembra que hemos hecho, y la solución no es mirar al cielo esperando que llueva de lo alto la solución, porque la solución ya vino de lo alto y se quedó entre nosotros: es Cristo, muerto y resucitado, vivo entre nosotros en y por la Comunidad de la que El es la Vida, la Raíz, el Sustento y la Vida.
DIOS HABLA
HECHOS DE LOS APOSTOLES 9, 26 31
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos,pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
I JUAN 3, 18 24
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conocemos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
JUAN 15, 1 8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
PRIMERA LECTURA
En la exposición de los primeros tiempos de la Iglesia y, sobre todo, de la acción del Espíritu en ella, lo cual es lo característico del libro de los Hechos, un acontecimiento muy importante es la vocación de Saluo/Pablo narrada por primera vez (hay otras dos muy parecidas en Hch 22,6-16 y Hch 26,12-18) en Hch 9,1-19.
En el texto siguiente Lucas da cuenta de la reacción ante ese hecho. Hay dos rasgos interesantes. Por una parte la inicial desconfianza ante la actividad de la predicación de Pablo. Son los elementos humanos que siguen funcionando en la iglesia. pero que han de superarse. En este caso – como en otros debería ser – por diálogo y apoyo mutuo
El otro rasgo es el sumario del v. 31. Como en otros semejantes no se trata de dar una descripción histórica de los sucesos, que nunca ocurrieron de ese modo tan maravilloso, sino de dar cuenta de la acción del Espíritu, el cual, significativamente, aparece al final de estas líneas. Es claro que la acción del Espíritu es paz, asistencia y presencia en la comunidad, con los beneficiosos efectos narrados en esta perícopa.
Hoy día debemos esperar, aun cuando no seamos la Iglesia primitiva, esta presencia y esforzarnos por detectarla en medio de la realidad de la comunidad. Si no aparece es que no estamos abiertos – pueblo y jerarcas – a la acción del Espíritu. Y creo que eso es lo que está pasando en la iglesia española actual, sobre todo por su parte de arriba.
SEGUNDA LECTURA
Juan intercala fragmentos parenéticos o exhortativos entre afirmaciones más doctrinales o dogmáticas.
En esta perícopa se comienza y termina con una recomendación más a un amor práctico y real, cosa frecuente en este autor. No por frecuente esa recomendación es menos importante, sino más. Lo malo es el olvido práctico en que tantas veces se cae.
Asentado esto, encontramos una de las afirmaciones más consoladoras de todo el Nuevo Testamento y más olvidadas en la enseñanza, catequesis y, por ende, conciencia cristiana.
Contando con una condena de la propia conciencia, algo bien corriente aun entre cristianos de buena voluntad, Juan apunta a un hecho conocido, pero del que no se sacan las necesarias o posibles consecuencias: Dios es mayo que nuestra conciencia, aun cuando ésta sea nuestro criterio último de moralidad. Precisamente porque Dios es Dios y no ser humano, procede de otro modo. Lo obvio sería una condena similar a la pronunciada por uno mismo en su fuero interno. Pero si hay una buena voluntad básica de construir el amor práctico, aun cuando no se logre y se caiga en lo negativo, podemos y debemos seguir teniendo confianza porque Dios es mayo y no se rige por nuestros logros. La simplicidad del argumento estremece. En el fondo mismo del perdón, de tanto perdones gratuitos del evangelio, en la misma justificación del impío está la infinita misericordia y comprensión de Dios. ¿Lo creemos realmente o damos más importancia a otras cosas?.
Ello no quita, sino impulsa una guarda de los mandamientos del amor lo mejor posible, pero sin la actitud del contable, del escrupuloso y del fariseo. Es cuestión de que fiarse de Dios sea más importante para nosotros que fiarse de nosotros mismos o de cualquier instancia humana, incluida la comunidad.
EVANGELIO
Texto. El contexto es la cena de Jesús con sus discípulos antes de la ida de Jesús al Padre (capítulos 13-17).El texto desarrolla la alegoría de la vid, del labrador y de los sarmientos La vid es Jesús; el labrador, el Padre; los sarmientos, los discípulos.
Dos expresiones destacan en el desarrollo de la alegoría: permanecer en (se repite siete veces) y dar fruto (se repite seis veces). Permanecer en es condición sine qua non, condición absolutamente necesaria del dar fruto: El sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid (v.4). Sin permanencia en la vid el sarmiento no puede hacer nada, sólo le resta ser retirado de la viña, secarse y servir de leña para el fuego (v.6). Es decir, la existencia del sarmiento carece de sentido si no permanece en la vid.
Dada la identificación de Jesús con la vid y de los discípulos con los sarmientos, la alegoría es una reiterada invitación de Jesús a sus discípulos a permanecer en él y poder así dar fruto abundante. Perspectiva hacia delante.
En perspectiva hacia atrás están las palabras de Jesús a sus discípulos con anterioridad a la última cena. Esas palabras han ido haciendo de ellos personas limpias, nuevas. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado (v.3). Esas son las palabras que deben guardar los discípulos: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros (v.7). Las palabras de Jesús han desencadenado un proceso de cambio en los discípulos y en ese cambio fundamenta Jesús la invitación a los discípulos a permanecer unidos a él.
La alegoría habla también del Padre en cuanto labrador que poda los sarmientos para que den más fruto. El dato no tiene un ulterior desarrollo, salvo la mención en el versículo final al prestigio y honor que adquiere el Padre por el fruto abundante de los sarmientos. Toda buena cosecha es un timbre de gloria para el labrador.
Comentario. Los sarmientos somos hoy nosotros. A nosotros va hoy dirigida la insistente invitación de Jesús a permanecer unidos a él. Ser cristiano no es tanto adherirse a una doctrina, cuanto adherirse a una persona.
Para ello tendremos que prestar oídos a las palabras de Jesús, conocerlas, hacerlas nuestras.
Esas palabras irán haciéndonos personas limpias, nuevas. Así iremos descubriendo a Jesús y descubriendo que vale la pena mantenernos unidos a él. Y daremos frutos abundantes. Y el Padre estará orgulloso de nosotros y ganará prestigio y fama entre los que todavía no saben que tienen en él a un Padre.
En este quinto domingo de Pascua, el Evangelio tiene unas claras y sabrosas resonancias eclesiales. Pero unas resonancias que, lejos de estar dirigidas unilateralmente a esos cambios que tanto anhelamos vislumbrar en el interior de nuestra familia común: la iglesia, se dirigen a todos y cada uno, es decir, apuntan abiertamente a nuestra responsabilidad dentro de la misma. Se trata entonces, de un pasaje que puede y debe leerse ya en clave personal, ya en clave comunitaria.
Dicho esto, tenemos que en el contexto de la Última Cena del Señor, Juan pone en boca de Aquel, una alegoría de color netamente veterotestamentario. Pero ¿para qué lo hace? O mejor dicho ¿por qué lo hace como lo hace? ¿Qué intencionalidad persigue? Sin duda que -desde esa “subversión” de los valores establecidos con que Jesús relaciona el Reino de los Cielos- el fin es presentar la novedad de su proyecto, su relectura del plan de Dios. Y dentro de ese proyecto y relectura, qué papel toca a sus seguidores.
En efecto, retomando la imagen de la viña con la que proféticamente se designaba a Israel como pueblo elegido y cuidado por Dios, Jesús viene a afirmar algo llamativamente distinto en lo que hace a la relación de pertenencia a Dios, de unión con Él. Decimos distinto no porque la comunidad con la que sueña no vaya a contar con la fidelidad entrañable del Padre al cuál está a punto de dirigirse, sino porque dicha realidad ya no dependerá -por el lado de los hombres- ni de lo institucional, ni tampoco de prerrogativas de sangre, grupo o status alguno.
Para Jesús, la existencia e identidad de la comunidad del nuevo Israel, del nuevo pueblo de Dios, dependerá de su participación en la vida que Él ha traído con su particular andadura. Dependerá de que se asuma o no, la unidad íntima y dinámica a la que alienta su Espíritu de Vida. De tal forma que, así como los sarmientos no tienen vida propia ni pueden dar fruto si no tienen savia, los discípulos y la comunidad de Jesús, sino reciben y se aferran a su Espíritu vivificador, carecerán de vida, estarán abocados a la esterilidad.
Para el que se autodenomina la vid, vid que no aparece como un tronco desnudo, la cuestión se centrará en la interrelación y comunicación vital que pueda establecerse entre Él como tronco y nosotros como sarmientos. De ahí la insistencia en el verbo “permanecer” como expresión acabada de esta especie de diálogo existencial, de esta compenetración entre el revelador del Padre y los creyentes. Compenetración y diálogo dador de gozo y sentido, dador de frutos.
Pero el pasaje no sólo define lo que sería la religiosidad o espiritualidad del nuevo pueblo de Dios, en el sentido del llamado a producir frutos como expresión de compromiso, sino que desde el principio nos presenta también la actividad del Padre, su poda. Poda que como metáfora, sintetiza magistralmente el sentido último de la alegoría: la voluntad salvadora de Aquel que como buen labrador sólo persigue que demos fruto como seguro para nuestra realización personal y comunitaria.
Poda que como corte, tanto de aquello que nos impide dar fruto, como también de aquello que nos permitirá dar más, es sin duda una realidad extraña. Una realidad que como ley de vida, controla, encauza y orienta nuestras fuerzas, impidiendo la dispersión, dando nuevas energías, haciéndonos ser lo que tenemos que ser.
En fin, un expresivo llamado a la interpelación personal al momento de ser y vivir como iglesia. Pero una interpelación personal que es todo un voto de confianza por parte de Dios en tanto que el desafío de permanecer unidos a Él exige una implicación en la que nadie puede jugar el papel que a cada uno nos corresponde. El hecho de que la savia sea la misma para todos es sugestivo y desafiante al momento de contemplar aquellos cambios que decíamos anhelar al principio de estas líneas. Unos cambios que evidentemente en la vida de la iglesia pasan por volver a animarla desde el Espíritu del Resucitado, dejando atrás la mera confesión verbal, la mera práctica vacía de contenido vital a la que nos hemos acostumbrado. Permanecer unidos al Señor para dar frutos, hoy como nunca, supondrá asumir positivamente la poda que voluntaria o involuntariamente el tiempo presente, con su legítima independencia, nos impone. Algo que debe ser asumido por todos y cada uno, pues todos tenemos la misma potencialidad de vida -en esto no hay unos con más acceso, y por ende control, a la savia que otros- al momento de replantear nuestra inhibición y pasividad de cara a la lucha arriesgada y creativamente evangélica por una nueva sociedad, una nueva iglesia, una nueva justicia…
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Oh Dios, que por el admirable trueque de este sacrificio nos haces partícipes de tu divinidad; concédenos que nuestra vida sea manifestación y testimonio de esta verdad que conocemos.
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En verdad es justo, Padre, alabarte y bendecirte, pues aunque nos has llamado a la difícil tarea de construir entre nosotros tu Reino, no nos has dejado abandonados a nuestra suerte y nuestras fuerzas sino que nos has dado a tu propio Hijo Jesucristo, de modo que unidos a El, como sarmientos a la vid, demos los frutos que esperas de nosotros.
Así que ahora te alabamos y ensalzamos tu amor y tu grandeza
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Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna.
MONICIÓN DE ENTRADA
Jesús en el Evangelio de hoy nos habla a través de una imagen bien comprensible; la imagen de la vid y los sarmientos. Y lo hace para que caigamos en la cuenta de que sin Él no podemos hacer nada. Permanecer unidos a Él es la clave, el secreto para dar frutos. Frutos que tienen que ver con nuestra vida personal, pero también con nuestra vida comunitaria.
Con frecuencia pensamos que con nuestros simples criterios y esfuerzos todo saldrá adelante; sin embargo, hoy la liturgia nos invita a detenernos y preguntarnos y realmente esto es así… A detenernos y preguntarnos por el lugar real de Dios en nuestros proyectos y realizaciones, todo ello para recordar una vez más que si no permanecemos unidos a Jesús, Rostro Viviente del Padre, puede ocurrirnos lo que a los sarmientos separados de la vid, puede ocurrirnos que nos hagamos estériles, que nos sequemos…
SALUDO
Dios Padre, que en Jesús Resucitado nos anima a dar frutos de amor y libertad, con la fuerza del Espíritu Santo, esté con todos nosotros.
ACTO PENITENCIAL
A Dios que es misericordia infinita, por lo tanto mayor a nuestra conciencia a la que conoce perfectamente, pidámosle perdón:
-Por hacer de la iglesia sólo una obra humana, confiando más en nuestras caprichosas fuerzas que en la recta fuerza del Espíritu. Señor ten piedad.
-Por hacer del mundo un lugar alejado del plan del Padre. Cristo ten piedad.
-Por hacer de nuestras existencias, proyectos de vida mediocres y cómodos, de espaldas al proyecto vital de Jesús. Señor ten piedad.
Dios del perdón, acoge nuestras limitaciones y ayúdanos a vivir unidos a Ti para ir día a día superándolas.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
La comunidad de Jerusalén mira con recelo al nuevo converso Pablo. Ante esta actitud Pablo presenta sus credenciales como auténtico discípulo. Estas lo confirman como verdadero discípulo que ha aceptado su propia identidad. Además, esta lectura nos relata cómo los cristianos afirman su identidad frente al judaísmo.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Juan nos pone de manifiesto que las palabras son palabras mientras no hay hechos. Incluso las mas hermosas como el amor. Por eso, creer en el nombre de Jesús significa amarse los unos a los otros, y no de palabra, sino con hechos y de verdad. Esta es la única manera de vivir como cristianos con la conciencia tranquila.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El símil de la vid usado por Jesús muestra claramente que el cristianismo no es individualista, sino comunitario. Comunidad que recibe su savia de ese tronco sólido que es Jesús y también comunidad que necesita ir renovándose cada vez para dar más fruto.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Unidos a Jesús, como los sarmientos a la vid, pidamos con toda confianza, diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.
-Por los pastores de la iglesia. Para que atentos a la realidad, testimonien y ayuden a testimoniar la fuerza revitalizadora que el mensaje de Jesús de Nazaret tiene para los hombres y mujeres de hoy, especialmente los más débiles. Oremos.
-Por los países de Europa. Para que entre todos construyamos una sociedad más justa, libre y acogedora, mejor reflejo del entramado solidario de los sarmientos unidos al tronco de la vid. Oremos.
-Por todas las personas que sufren abandono e indiferencia, violencia e injusticia, pobreza y enfermedad. Para que a ellas llegue el consuelo de un una vivencia humana y cristiana coherente, comunicación real de la savia amorosa de Dios. Oremos.
-Por nuestra comunidad (parroquia). Para que viva en permanente fidelidad y entrega a Dios a través de la vida de todos los hermanos y hermanas. Oremos.
Jesús Resucitado, escucha nuestras plegarias y haz que unidos a Ti, demos frutos abundantes de amor y libertad. Tú que vives y reinas…
Salmo. LdS; Por siempre yo cantaré tu nombre, Señor.
Aleluya. Canta aleluya al Señor.
Ofertorio. Te presentamos el vino y el pan (de Espinosa, disco “Así cantamos” nº. 1); Este pan y vino (1CLN-H 4).
Santo. 1CLN-I 6.
Comunión. Un mandamiento nuevo (popular); Donde hay caridad y amor (1CLN-O 26); Ubi charitas (de Taizé o gregoriano).
Final. Id y proclamad (disco “Ven y sígueme”); Regina coeli.
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
Traducir esto a nuestra condición de cristianos significa decir que sin Jesús no somos nada, pero que de hecho organizamos nuestra vida contando casi exclusivamente con nuestros propios intereses y dejando apenas espacio para que se desarrollen los intereses de Jesús, los intereses de Dios, los intereses del Reino. Sin su vida no tenemos vida, pero nuestra vida se alimenta más del dinero, de los orgullos personales, de las posesiones privadas, del prestigio del que4 alardeamos, d los seguros de todo tipo, del disfrute del momento presente que de la vida entregada al servicio de los hermanos.
La de la vid es una imagen con solera, sugerente, usada frecuentemente por los profetas que veían en ella la imagen del pueblo. El ‘cántico de la viña’ de Isaías ha llegado a ser una de las más hermosas páginas de la literatura universal.
Y sigue siendo una imagen válida para nosotros, el Pueblo de Dios que, se supone, vive y se alimenta de El, y en consecuencia obra como El.
Imagen que nos enseña que no nos nutrimos de la Ley, sino de Cristo vivo, a quien nos une al amor (el suyo y el nuestro), la fidelidad, el seguimiento, la entrega a su voluntad, a su causa, a la causa de los pobres…
Estar unidos a Cristo por estos lazos tiene que producir unos frutos, como los que producen los sarmientos íntima y estrechamente unidos a la vid; y los frutos no pueden ser otros que los mismos de Jesús, porque El es la vid.
Unidos a otra raíz daremos otros frutos… o no daremos ninguno. ¿No será esto lo que explica muchas d las situaciones que tienen que sufrir –mejor que vivir- tanto y tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Todo edificio se construye sobre cimientos, y a tono con los cimientos van los resultados; las situaciones que se dan en la vida también se construyen sobre ‘cimientos’:
Sobre la agresividad, el afán de competencia, el negocio de la venta de armas, los intereses económicos…terminan por surgir un fabuloso edificio de guerra.
Sobre la insolidaridad, el reparto desequilibrado de bienes, la acumulación de riqueza en pocas manos…se construye el paro.
Sobre la falta de respeto a las libertades de los hombres, el afán de perpetuarse en el poder, la manipulación de la información… se construye dictadura y absolutismo.
Sobre la falta de educación e información, carencia de intereses de vida, ausencia de oporturnidades, pobreza, marginación… se construye drogadicción.
Sobre la indiferencia y el desinterés hacia los problemas de los demás, el egoísmo, la lucha por ser el primero, el afán de pasar por encima de los demás se construye marginación y soledad.
Sobre los grandes banquetes y los grandes dispendios de la sociedad occidental se construye el hambre en el Tercer Mundo.
Sobre la escasez de hombres y mujeres alegres y confiados, sabedores de que somos hijos de Dios, conocedores de que estamos llamados a un futuro triunfal que debemos anticipar ya aquí y ahora se construye la desesperanza.
Y en fin, las diferentes formas del mal se construyen, crecen y medran sobre la falta de capacidad para ver las ‘otras posibilidades’ de la vida.
Es Pascua, y eso significa que las ‘otras posibilidades’ se pueden y se deben hacer realidad; es Pascua y eso significa que realmente podemos construir sobre Cristo y sobre su causa. Es Pascua y eso significa que El tenía razón, que la mayoría de nuestros males nacen de ignorar nuestras propias posibilidades, o de desconfiar de ellas; pero nuestra ignorancia y nuestra desconfianza no se pueden excusar fácilmente porque crean mucho dolor, mucho sufrimiento innecesario. Tenemos los frutos que recogemos de la siembra que hemos hecho, y la solución no es mirar al cielo esperando que llueva de lo alto la solución, porque la solución ya vino de lo alto y se quedó entre nosotros: es Cristo, muerto y resucitado, vivo entre nosotros en y por la Comunidad de la que El es la Vida, la Raíz, el Sustento y la Vida.
DABAR
DIOS HABLA
HECHOS DE LOS APOSTOLES 9, 26 31
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos,pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
I JUAN 3, 18 24
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conocemos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
JUAN 15, 1 8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
En la exposición de los primeros tiempos de la Iglesia y, sobre todo, de la acción del Espíritu en ella, lo cual es lo característico del libro de los Hechos, un acontecimiento muy importante es la vocación de Saluo/Pablo narrada por primera vez (hay otras dos muy parecidas en Hch 22,6-16 y Hch 26,12-18) en Hch 9,1-19.
En el texto siguiente Lucas da cuenta de la reacción ante ese hecho. Hay dos rasgos interesantes. Por una parte la inicial desconfianza ante la actividad de la predicación de Pablo. Son los elementos humanos que siguen funcionando en la iglesia. pero que han de superarse. En este caso – como en otros debería ser – por diálogo y apoyo mutuo
El otro rasgo es el sumario del v. 31. Como en otros semejantes no se trata de dar una descripción histórica de los sucesos, que nunca ocurrieron de ese modo tan maravilloso, sino de dar cuenta de la acción del Espíritu, el cual, significativamente, aparece al final de estas líneas. Es claro que la acción del Espíritu es paz, asistencia y presencia en la comunidad, con los beneficiosos efectos narrados en esta perícopa.
Hoy día debemos esperar, aun cuando no seamos la Iglesia primitiva, esta presencia y esforzarnos por detectarla en medio de la realidad de la comunidad. Si no aparece es que no estamos abiertos – pueblo y jerarcas – a la acción del Espíritu. Y creo que eso es lo que está pasando en la iglesia española actual, sobre todo por su parte de arriba.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
Juan intercala fragmentos parenéticos o exhortativos entre afirmaciones más doctrinales o dogmáticas.
En esta perícopa se comienza y termina con una recomendación más a un amor práctico y real, cosa frecuente en este autor. No por frecuente esa recomendación es menos importante, sino más. Lo malo es el olvido práctico en que tantas veces se cae.
Asentado esto, encontramos una de las afirmaciones más consoladoras de todo el Nuevo Testamento y más olvidadas en la enseñanza, catequesis y, por ende, conciencia cristiana.
Contando con una condena de la propia conciencia, algo bien corriente aun entre cristianos de buena voluntad, Juan apunta a un hecho conocido, pero del que no se sacan las necesarias o posibles consecuencias: Dios es mayo que nuestra conciencia, aun cuando ésta sea nuestro criterio último de moralidad. Precisamente porque Dios es Dios y no ser humano, procede de otro modo. Lo obvio sería una condena similar a la pronunciada por uno mismo en su fuero interno. Pero si hay una buena voluntad básica de construir el amor práctico, aun cuando no se logre y se caiga en lo negativo, podemos y debemos seguir teniendo confianza porque Dios es mayo y no se rige por nuestros logros. La simplicidad del argumento estremece. En el fondo mismo del perdón, de tanto perdones gratuitos del evangelio, en la misma justificación del impío está la infinita misericordia y comprensión de Dios. ¿Lo creemos realmente o damos más importancia a otras cosas?.
Ello no quita, sino impulsa una guarda de los mandamientos del amor lo mejor posible, pero sin la actitud del contable, del escrupuloso y del fariseo. Es cuestión de que fiarse de Dios sea más importante para nosotros que fiarse de nosotros mismos o de cualquier instancia humana, incluida la comunidad.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
EVANGELIO
Texto. El contexto es la cena de Jesús con sus discípulos antes de la ida de Jesús al Padre (capítulos 13-17).El texto desarrolla la alegoría de la vid, del labrador y de los sarmientos La vid es Jesús; el labrador, el Padre; los sarmientos, los discípulos.
Dos expresiones destacan en el desarrollo de la alegoría: permanecer en (se repite siete veces) y dar fruto (se repite seis veces). Permanecer en es condición sine qua non, condición absolutamente necesaria del dar fruto: El sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid (v.4). Sin permanencia en la vid el sarmiento no puede hacer nada, sólo le resta ser retirado de la viña, secarse y servir de leña para el fuego (v.6). Es decir, la existencia del sarmiento carece de sentido si no permanece en la vid.
Dada la identificación de Jesús con la vid y de los discípulos con los sarmientos, la alegoría es una reiterada invitación de Jesús a sus discípulos a permanecer en él y poder así dar fruto abundante. Perspectiva hacia delante.
En perspectiva hacia atrás están las palabras de Jesús a sus discípulos con anterioridad a la última cena. Esas palabras han ido haciendo de ellos personas limpias, nuevas. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado (v.3). Esas son las palabras que deben guardar los discípulos: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros (v.7). Las palabras de Jesús han desencadenado un proceso de cambio en los discípulos y en ese cambio fundamenta Jesús la invitación a los discípulos a permanecer unidos a él.
La alegoría habla también del Padre en cuanto labrador que poda los sarmientos para que den más fruto. El dato no tiene un ulterior desarrollo, salvo la mención en el versículo final al prestigio y honor que adquiere el Padre por el fruto abundante de los sarmientos. Toda buena cosecha es un timbre de gloria para el labrador.
Comentario. Los sarmientos somos hoy nosotros. A nosotros va hoy dirigida la insistente invitación de Jesús a permanecer unidos a él. Ser cristiano no es tanto adherirse a una doctrina, cuanto adherirse a una persona.
Para ello tendremos que prestar oídos a las palabras de Jesús, conocerlas, hacerlas nuestras.
Esas palabras irán haciéndonos personas limpias, nuevas. Así iremos descubriendo a Jesús y descubriendo que vale la pena mantenernos unidos a él. Y daremos frutos abundantes. Y el Padre estará orgulloso de nosotros y ganará prestigio y fama entre los que todavía no saben que tienen en él a un Padre.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
En este quinto domingo de Pascua, el Evangelio tiene unas claras y sabrosas resonancias eclesiales. Pero unas resonancias que, lejos de estar dirigidas unilateralmente a esos cambios que tanto anhelamos vislumbrar en el interior de nuestra familia común: la iglesia, se dirigen a todos y cada uno, es decir, apuntan abiertamente a nuestra responsabilidad dentro de la misma. Se trata entonces, de un pasaje que puede y debe leerse ya en clave personal, ya en clave comunitaria.
Dicho esto, tenemos que en el contexto de la Última Cena del Señor, Juan pone en boca de Aquel, una alegoría de color netamente veterotestamentario. Pero ¿para qué lo hace? O mejor dicho ¿por qué lo hace como lo hace? ¿Qué intencionalidad persigue? Sin duda que -desde esa “subversión” de los valores establecidos con que Jesús relaciona el Reino de los Cielos- el fin es presentar la novedad de su proyecto, su relectura del plan de Dios. Y dentro de ese proyecto y relectura, qué papel toca a sus seguidores.
En efecto, retomando la imagen de la viña con la que proféticamente se designaba a Israel como pueblo elegido y cuidado por Dios, Jesús viene a afirmar algo llamativamente distinto en lo que hace a la relación de pertenencia a Dios, de unión con Él. Decimos distinto no porque la comunidad con la que sueña no vaya a contar con la fidelidad entrañable del Padre al cuál está a punto de dirigirse, sino porque dicha realidad ya no dependerá -por el lado de los hombres- ni de lo institucional, ni tampoco de prerrogativas de sangre, grupo o status alguno.
Para Jesús, la existencia e identidad de la comunidad del nuevo Israel, del nuevo pueblo de Dios, dependerá de su participación en la vida que Él ha traído con su particular andadura. Dependerá de que se asuma o no, la unidad íntima y dinámica a la que alienta su Espíritu de Vida. De tal forma que, así como los sarmientos no tienen vida propia ni pueden dar fruto si no tienen savia, los discípulos y la comunidad de Jesús, sino reciben y se aferran a su Espíritu vivificador, carecerán de vida, estarán abocados a la esterilidad.
Para el que se autodenomina la vid, vid que no aparece como un tronco desnudo, la cuestión se centrará en la interrelación y comunicación vital que pueda establecerse entre Él como tronco y nosotros como sarmientos. De ahí la insistencia en el verbo “permanecer” como expresión acabada de esta especie de diálogo existencial, de esta compenetración entre el revelador del Padre y los creyentes. Compenetración y diálogo dador de gozo y sentido, dador de frutos.
Pero el pasaje no sólo define lo que sería la religiosidad o espiritualidad del nuevo pueblo de Dios, en el sentido del llamado a producir frutos como expresión de compromiso, sino que desde el principio nos presenta también la actividad del Padre, su poda. Poda que como metáfora, sintetiza magistralmente el sentido último de la alegoría: la voluntad salvadora de Aquel que como buen labrador sólo persigue que demos fruto como seguro para nuestra realización personal y comunitaria.
Poda que como corte, tanto de aquello que nos impide dar fruto, como también de aquello que nos permitirá dar más, es sin duda una realidad extraña. Una realidad que como ley de vida, controla, encauza y orienta nuestras fuerzas, impidiendo la dispersión, dando nuevas energías, haciéndonos ser lo que tenemos que ser.
En fin, un expresivo llamado a la interpelación personal al momento de ser y vivir como iglesia. Pero una interpelación personal que es todo un voto de confianza por parte de Dios en tanto que el desafío de permanecer unidos a Él exige una implicación en la que nadie puede jugar el papel que a cada uno nos corresponde. El hecho de que la savia sea la misma para todos es sugestivo y desafiante al momento de contemplar aquellos cambios que decíamos anhelar al principio de estas líneas. Unos cambios que evidentemente en la vida de la iglesia pasan por volver a animarla desde el Espíritu del Resucitado, dejando atrás la mera confesión verbal, la mera práctica vacía de contenido vital a la que nos hemos acostumbrado. Permanecer unidos al Señor para dar frutos, hoy como nunca, supondrá asumir positivamente la poda que voluntaria o involuntariamente el tiempo presente, con su legítima independencia, nos impone. Algo que debe ser asumido por todos y cada uno, pues todos tenemos la misma potencialidad de vida -en esto no hay unos con más acceso, y por ende control, a la savia que otros- al momento de replantear nuestra inhibición y pasividad de cara a la lucha arriesgada y creativamente evangélica por una nueva sociedad, una nueva iglesia, una nueva justicia…
SERGIO LOPEZ
PARA LA ORACION
Señor, tu que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.----------------------------------
Oh Dios, que por el admirable trueque de este sacrificio nos haces partícipes de tu divinidad; concédenos que nuestra vida sea manifestación y testimonio de esta verdad que conocemos.
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En verdad es justo, Padre, alabarte y bendecirte, pues aunque nos has llamado a la difícil tarea de construir entre nosotros tu Reino, no nos has dejado abandonados a nuestra suerte y nuestras fuerzas sino que nos has dado a tu propio Hijo Jesucristo, de modo que unidos a El, como sarmientos a la vid, demos los frutos que esperas de nosotros.
Así que ahora te alabamos y ensalzamos tu amor y tu grandeza
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Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
Jesús en el Evangelio de hoy nos habla a través de una imagen bien comprensible; la imagen de la vid y los sarmientos. Y lo hace para que caigamos en la cuenta de que sin Él no podemos hacer nada. Permanecer unidos a Él es la clave, el secreto para dar frutos. Frutos que tienen que ver con nuestra vida personal, pero también con nuestra vida comunitaria.
Con frecuencia pensamos que con nuestros simples criterios y esfuerzos todo saldrá adelante; sin embargo, hoy la liturgia nos invita a detenernos y preguntarnos y realmente esto es así… A detenernos y preguntarnos por el lugar real de Dios en nuestros proyectos y realizaciones, todo ello para recordar una vez más que si no permanecemos unidos a Jesús, Rostro Viviente del Padre, puede ocurrirnos lo que a los sarmientos separados de la vid, puede ocurrirnos que nos hagamos estériles, que nos sequemos…
SALUDO
Dios Padre, que en Jesús Resucitado nos anima a dar frutos de amor y libertad, con la fuerza del Espíritu Santo, esté con todos nosotros.
ACTO PENITENCIAL
A Dios que es misericordia infinita, por lo tanto mayor a nuestra conciencia a la que conoce perfectamente, pidámosle perdón:
-Por hacer de la iglesia sólo una obra humana, confiando más en nuestras caprichosas fuerzas que en la recta fuerza del Espíritu. Señor ten piedad.
-Por hacer del mundo un lugar alejado del plan del Padre. Cristo ten piedad.
-Por hacer de nuestras existencias, proyectos de vida mediocres y cómodos, de espaldas al proyecto vital de Jesús. Señor ten piedad.
Dios del perdón, acoge nuestras limitaciones y ayúdanos a vivir unidos a Ti para ir día a día superándolas.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
La comunidad de Jerusalén mira con recelo al nuevo converso Pablo. Ante esta actitud Pablo presenta sus credenciales como auténtico discípulo. Estas lo confirman como verdadero discípulo que ha aceptado su propia identidad. Además, esta lectura nos relata cómo los cristianos afirman su identidad frente al judaísmo.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Juan nos pone de manifiesto que las palabras son palabras mientras no hay hechos. Incluso las mas hermosas como el amor. Por eso, creer en el nombre de Jesús significa amarse los unos a los otros, y no de palabra, sino con hechos y de verdad. Esta es la única manera de vivir como cristianos con la conciencia tranquila.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El símil de la vid usado por Jesús muestra claramente que el cristianismo no es individualista, sino comunitario. Comunidad que recibe su savia de ese tronco sólido que es Jesús y también comunidad que necesita ir renovándose cada vez para dar más fruto.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Unidos a Jesús, como los sarmientos a la vid, pidamos con toda confianza, diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.
-Por los pastores de la iglesia. Para que atentos a la realidad, testimonien y ayuden a testimoniar la fuerza revitalizadora que el mensaje de Jesús de Nazaret tiene para los hombres y mujeres de hoy, especialmente los más débiles. Oremos.
-Por los países de Europa. Para que entre todos construyamos una sociedad más justa, libre y acogedora, mejor reflejo del entramado solidario de los sarmientos unidos al tronco de la vid. Oremos.
-Por todas las personas que sufren abandono e indiferencia, violencia e injusticia, pobreza y enfermedad. Para que a ellas llegue el consuelo de un una vivencia humana y cristiana coherente, comunicación real de la savia amorosa de Dios. Oremos.
-Por nuestra comunidad (parroquia). Para que viva en permanente fidelidad y entrega a Dios a través de la vida de todos los hermanos y hermanas. Oremos.
Jesús Resucitado, escucha nuestras plegarias y haz que unidos a Ti, demos frutos abundantes de amor y libertad. Tú que vives y reinas…
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada. Las puertas de la nueva ciudad (disco “Viviremos con él”); Cristo, alegría del mundo (1CLN-761); Iglesia peregrina (1CLN-408); Hoy me siento peregrino (disco “Siguiendo las pisadas de Cristo”); Danos un corazón grande para amar (1CLN-718); Cristo nos une en torno a su altar (disco “15 Cantos para la Cena del Señor”).Salmo. LdS; Por siempre yo cantaré tu nombre, Señor.
Aleluya. Canta aleluya al Señor.
Ofertorio. Te presentamos el vino y el pan (de Espinosa, disco “Así cantamos” nº. 1); Este pan y vino (1CLN-H 4).
Santo. 1CLN-I 6.
Comunión. Un mandamiento nuevo (popular); Donde hay caridad y amor (1CLN-O 26); Ubi charitas (de Taizé o gregoriano).
Final. Id y proclamad (disco “Ven y sígueme”); Regina coeli.
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net





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