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jueves, 3 de septiembre de 2009

Comentarios Bíblicos y Pautas Homiléticas: XXIII Domingo del T.O. (Marcos 7,31-37) - Ciclo B

Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Publicado por Dominicos.org

Introducción

Dice Isaías que cuando llegue el Señor liberador, se abrirán los oídos de los sordos y cantará la lengua de los mudos. Sordos físicos siempre hubo, y los habrá. Personas que no escuchan (oyendo muy bien) sobreabundan en todas partes y clases sociales. Entre oír y escuchar hay gran diferencia; y es bien sabido que la calidad de vida humana se alcanza con la escucha.

La sordera que tiene su origen en problemas físicos o fisiológicos se trata médicamente, y los avances científicos resuelven cada vez mayor número de casos complicados. Lo que caracteriza al mundo del sordomudo de todos los tiempos es el aislamiento, la incapacidad para la comunicación con el entorno.

En la antigüedad a los que se preparaban para el bautismo se les llamaba “catecúmenos” = los que escuchan, los que tienen abiertos los oídos para escuchar la Palabra de Dios y pueden proclamar verbalmente los contenidos de la fe. Las catequesis bautismales iban dirigidas a liberar al hombre, abriendo sus oídos y soltando su lengua.



Comentario bíblico

Iª Lectura: Isaías (35,4-7): El Dios de la vida

I.1. La primera lectura se toma del libro de Isaías y forma parte del llamado pequeño Apocalipsis de ese libro (cc. 34-35); como tal se expresa en unas imágenes que pueden sorprendernos de parte de Dios. Probablemente estos capítulos no pertenecen al gran profeta del s. VIII a. C, sino que corresponderían mejor a los tiempos del Deutero-Isaías, que es quien continua el libro. Lo que verdaderamente llama la atención es la actuación personal de Dios sobre la ciudad de Sión-Jerusalén, que ha sido sometida al desastre.

I.2. Pero en la mentalidad de los profetas verdaderos, al juicio siempre sigue la salvación, la restauración, ya que el juicio de Dios nunca es definitivamente de destrucción, ni sobre las personas, ni sobre los pueblos. Los que están viviendo la depresión, serán curados por la salvación de Dios; los que padecen un mal físico serán liberados. Y todo culmina con la expresión del agua en el páramo, en la estepa, en el desierto. La vida es el signo más claro y contundente de la vida en un pueblo rodeado de desiertos. Este oráculo de esperanza, pues, es todo un precedente para los signos mesiánicos que Jesús llevó a cabo.


IIª Lectura: Santiago (2,1-5): La fe que vivifica y hace justicia

II.1. La segunda lectura de la carta de Santiago es una de las exhortaciones que ponen de manifiesto el objetivo pragmático de esta carta cristiana. La polémica que provoca en la comunidad la división de clases, la atención a los ricos en detrimento de los pobres, es un problema tan viejo como la vida misma. Pero es ahí donde la comunidad cristiana tiene que mostrar su identidad más absoluta. El pragmatismo de la carta de Santiago no nos da la posibilidad de matices de ningún género, y es que en estas exigencias de favoritismo. Santiago lo plantea desde la fe en Jesucristo. Entre las pocas veces que se nombre a Jesucristo en esta carta, esta es una, y precisamente en uno de los momentos más significativos de lo que debe ser la praxis cristiana en la “asamblea”, que es donde se retrata una comunidad. Aunque esto debe aplicarse a toda la vida de la comunidad en el mundo.

II.2. La fe debe mostrarse en la práctica, porque de lo contrario la fe se queda en una cuestión ideológica y es eso lo que en nombre del Señor no se puede justificar. Los pobres, en la asamblea, deben tener la misma dignidad, porque en ella son elevados a la dignidad que el mundo no quiere otorgarles, pero la comunidad cristiana no puede caer en el mismo favoritismo por los ricos.


Evangelio: Marcos (7,31-37): El Effatá del Reino

III.1. El evangelio de Marcos (7,31-37) nos narra la curación de un sordomudo en territorio de la Decápolis (grupo de diez ciudades al oriente del Jordán, en la actual Jordania), después de haber actuado itinerantemente en la Fenicia. Se trata de poner de manifiesto la ruptura de las prevenciones que el judaísmo oficial tenía contra todo territorio pagano y sus gentes, lo que sería una fuente de impureza. Para ese judaísmo, el mundo pagano está perdido para Dios. Pero Jesús no puede aceptar esos principios; por lo mismo, la actuación con este sordomudo es un símbolo por el que se va a llegar hasta los extremos más inauditos: Va a tocar al sordomudo. No se trata simplemente de una visita y de un paso por el territorio, sino que la pretensión es que veamos a Jesús meterse hasta el fondo de las miserias de los paganos.

III.2. Vemos a Jesús actuando como un verdadero curandero; incluso le cuesta trabajo, aunque hay un aspecto mucho más importante en el v. 34, cuando el Maestro “elevó sus ojos al cielo”. Es un signo de oración, de pedir algo a Dios, ya que mirar al cielo, como trono de Dios, es hablar con Dios. Y entonces su palabra Effatá, no es la palabra mágica simplemente de un secreto de curandero, sino del poder divino que puede curarnos para que se “abran” (eso significa Effatá) los oídos, se suelte la lengua y se ilumine el corazón y la mente. Y vemos que el relato quiere ser también una lección de discreción: no quiere ser reconocido por este acto taumatúrgico de curación de un sordomudo, sino por algo que lleva en su palabra de anunciador del Reino. Dios actúa por él, curando enfermedades, porque el Reino también significa vencer el poder del mal. Los enfermos en aquella sociedad religiosa, eran considerados esclavos de “Satanás” o algo así.

III.3. Su «tocar» es como la mano de Dios que llega para liberar los oídos y dar rienda suelta a la lengua. La significación, pues, por encima de asombrarnos de los poderes taumatúrgicos, es poner de manifiesto que con los oídos abiertos aquél hombre podrá oír el mensaje del evangelio; y soltando su lengua para hablar, advierte que, desde ahora, un pagano podrá también proclamar el mensaje que ha recibido de Jesús al escucharlo en la novedad de su vida. Esta es una lección que hoy debemos asumir como realidad, cuando en nuestro mundo se exige la solidaridad con las miserias de los pueblos que viven al borde de la muerte.

Fray Miguel de Burgos Núñez




Pautas para la homilía

* La sordera espiritual.

Fundamentalmente consiste en cerrarse a Dios y a los hombres. La padece aquel que edifica su vida solo sobre sí mismo, como si estuviera aislado; la realidad es que los demás le estorban. Se incapacita para descubrir la verdad desde otros ángulo o dimensiones; así es, y así quiere seguir.

Dirá: yo soy así; así aprendí las cosas; no tengo por qué cambiar. Sus intereses son los que están en juego; tiene su verdad como la única existente: se hace irreducible en ideas, y puede convertirse en un auténtico fanático. No puede captar la verdad desde otros ángulos, cultura, con otro lenguaje, o circunstancias. Rígido y severo. Su problema fundamental está en no aceptar que la mayoría de las cosas son relativas. Lo que se percibe, se percibe según quien las percibe: sus condiciones personales, modo de ser, cultura, religión, edad, etc.

La incapacidad para aceptar que la verdad puede ser percibida desde diferentes ángulos o parcelas le lleva a ser terco en sus ideas y planteamientos, considerándose el único capaz de descubrir modos válidos para abordar los problemas. Todo ello le vuelve duro y severo en los juicios, sin aceptar matices diferentes o la relatividad que puede introducirse de ordinario en muchas situaciones conflictivas.

La inseguridad que late en tales posturas de firmeza le exige no moverse por miedo a perder el equilibrio; el movimiento de una pieza conlleva la adaptación de otras. Al mismo tiempo crece el peligro de descubrir los vacíos o inconsistencia que anida en el interior de su personalidad. Hay un íntimo orgullo en el sordo de espíritu, una profunda egolatría que le obliga a levantar murallas diciendo que no necesita el apoyo o ayuda ajenos.

Las edificaciones en zonas sísmicas han de prever ciertos movimientos parciales para defender la totalidad del inmueble; la adaptación vital de los organismos se realiza por el movimiento interno que permite asimilar los nutrientes eliminando los residuos. La actitud de discípulo, que oye, permite la continuada formación y crecimiento personal; una postura superficial puede hacerle creer que ha nacido para enseñar, sin necesidad pervia de aprender.


* Cristo nos da la libertad de escuchar.

Cristo nos libera de dicha sordera del espíritu, y nos capacita para escuchar: En la vida diaria sobreabundan excelentes documentos del Magisterio de la iglesia sobre doctrina social, la paz, la familia, ecumenismo, emigración o diálogo. ¿Se escuchan? La sordera espiritual puede enrocarnos en nosotros mismos, de tal modo que reforzamos los particulares puntos de vista para esquivar una respuesta generosa, o más comprometida. Incluso podemos pensar que tales mensajes, en sí mismo buenos, no van dirigidos a nosotros o que son coincidentes con nuestro parecer.

La escucha libera al discípulo de Cristo del miedo a enfrentarnos con la Verdad. La Verdad nos hará libres: porque es incompatible con la mentira, con ideas o procedimientos que vienen del maligno, de la superficialidad, egoísmo o injusticia. Cualquier verdad científica o humana suficientemente probada es liberadora, e incluso si no concordase con ciertos textos bíblicos obligaría al estudio más profundo y revisión de los mismos.

La escucha serena y atenta de los demás enriquece nuestra vida, nos priva de juicios irreflexivos, y adorna la verdad con los matices que el otro nos regala: Nos lleva a descubrir la verdad que anida en el otro y que sirve de mediador, de parte de Dios, para enriquecernos cuando la asimilamos.


* Cristo nos da libertad para hablar.

La sanación que Jesús realiza en el sordomudo, significa también la soltura de nuestra lengua para expresar ajustadamente nuestra manera de vivir, de amar, de pensar, de captar a los demás. La actitud del discípulo con sus compañeros es de compartir LO recibido, dándolo gratuitamente al otro, creciendo ambos en el intercambio de dones.

.- El mutismo puede venir del temor o de la cobardía. En las relaciones familiares es frecuente la poca comunicación al no atreverse a manifestar sentimientos, afanes, ilusiones o pareceres individuales. Jesús se presenta y nos invita a la libertad serena y humilde en los modos de expresión: ofreciendo la verdad, que no imponiendo; no-callando por miedo en las ocasiones en las que es un deber hacerlo…

.- Hay silencios que provienen de comodidad, pereza o egoísmo. Así ocurre cuando no compartimos la Verdad hallada, o silenciamos sugerencias por las implicaciones que pueden comprometernos, o cuando tenemos en las manos la ocasión de ayudar o enriquecer a los demás de múltiples maneras y callamos.

.- La humildad bien entendida no infravalora a nadie, sino que nos coloca en la verdad, iguales al resto, ni más ni menos: Nos capacita para manifestar lo que somos, pensamos o sentimos, con nuestras ideas y posibilidades de ser tenidos en cuenta fraternalmente.


* Sugerencias prácticas

- El sordomudo curado es signo de aquel que abre su mente y acoge a Cristo Salvador. Para cada uno de nosotros constituye la ocasión de redescubrir con alegría nuestro bautismo, como nacimiento cotidiano de hijos de Dios.

-La muchedumbre seguía a Jesús buscando milagros, curaciones, salud corporal. Quizás también a nosotros hayamos de actualizar el sentido profundo sanador, liberador, que Jesús nos ha ofrecido con su vida, muerte y resurrección:

.- Podemos redescubrir y fomentar la escucha, como discípulos que buscan al Maestro.

.- Podemos valorar los dones recibidos: Ojos, oídos, brazos, pies, corazón… con todas las capa-cidades operativas que ponen a nuestro alcance, y de eso modo favorecer a los hermanos con nuestro amoroso servicio .

.- Podemos alabar, bendecir, agradecer… y hablar de las maravillas de Dios: Es Buena Noticia que necesita toda la humanidad.

Fray Manuel González de la Fuente

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