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domingo, 27 de noviembre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 28 de Noviembre de 2011 - I Semana de Adviento - Ciclo B


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 5-11

Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a sanarlo».
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos».

Compartiendo la Palabra
Por Dominicos.org

Compartimos la Palabra

Un año más, entramos en el Adviento acompañados del profeta Isaías. Él habló a los israelitas palabras de esperanza. Y esperanza es lo que nosotros necesitamos para preparar Navidad. Quizá porque nuestros tiempos no son fáciles, como no lo fueron los de Isaías, podemos más fácilmente vernos reflejados en aquellos que recibieron sus consignas como anuncio de salvación y solución de males y desgracias.

as palabras optimistas y llenas de esperanza de Isaías se cumplieron ocho siglos más tarde en Jesús. La salvación, redención e iluminación que necesitaba el pueblo de Israel, lo recibirán con Jesús. Y no sólo Israel, sino todos los pueblos. Universalidad que Jesús va dejando muy clara con su actuación y milagros. Hoy será un centurión romano, pagano, el beneficiario de su milagroso poder de sanación.

Amor y fe. Fe y amor

Dos actitudes sobresalen hoy en el evangelio: la de Jesús, que acoge a judíos y a paganos, particularmente a todos los que sufren y a los que llevan una vida un tanto o un mucho inhumana; y la del centurión, que se considera indigno de que Jesús vaya a su casa. De tal forma es sobresaliente su actitud, que en todo el mundo repetimos sus palabras inmediatamente antes de comulgar.

Este hombre, romano, pagano, manifiesta una honradez humana a toda prueba. Y, consecuente con su honradez, se preocupa de los demás y, en concreto, de la salud de su criado. Y no escatima medios para ayudar a su siervo enfermo. Y el centurión, el dueño, el acostumbrado a mandar y obedecer, como buen militar, se convierte en siervo de aquella persona que dependía de él. Y se pone en camino hacia Jesús.

Y, aunque no se nos dice cómo llegó a la fe, en el encuentro con Jesús manifiesta creer como no lo hacían los que habían visto sus milagros. Y Jesús quedó admirado. Lo normal era que la gente se admirara de Jesús: “La gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas” (Mt 7,28). Pero, hoy es Jesús el que se admira de la fe de un hombre que, aunque pagano, no la ha encontrado tan grande en ningún israelita.

La presencia de Jesús

Cómo hemos envidiado a los que convivieron físicamente con Jesús, a los que gozaron de su presencia. Hoy el centurión romano nos manifiesta que la fe es más importante que la mera presencia física. Jesús nos lo dijo también en momentos distintos de su vida: “¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que creen sin haber visto” (Jn 20,29).

Este hombre no necesita que Jesús vaya a su casa para que allí, con su presencia, cure a su siervo. Él cree que basta que diga una palabra, basta que él quiera, para que la curación tenga lugar.

No somos menos dichosos nosotros por creer y seguir a Jesús sin haberle visto físicamente. Él nos llama bienaventurados. El centurión añade el matiz de sentirse indigno de que Jesús entre en su casa, sin darse cuenta de que ya había entrado en su corazón. Y sin violentar excesivamente el texto, podemos concluir que aquel hombre fue también bienaventurado, y Jesús se admiró de él y de su fe. El mejor ejemplo para comenzar con buen pie el adviento.

Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino


Oramos con la Palabra

JESÚS, quienes no te conocían y se encuentran ante la grandeza de tu amor, se quedan deslumbrados, y nos dan lecciones a quienes desde que nacimos vivimos en ambiente cristiano. ¡Que pena que no apreciemos las maravillas que nos has dado: familia cristiana, bautismo de niños, formación católica, Evangelio...! Quiero descubrirte con ojos nuevos, para amarte con corazón nuevo.

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