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sábado, 31 de diciembre de 2011

Santa María Madre de Dios



Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción (Lucas 2, 16-21).

Contemplación
En estos días los medios nos resumen el 2011 con las fotos del año, las frases del año, los personajes y los acontecimientos más importantes…
El evangelio nos regala una linda imagen de María que sintoniza con este aspecto importante de nuestra vida, el de “conservar en la memoria” las cosas importantes de la vida. Claro que lo que María guardaba en su corazón quizás no coincide con lo que el mundo nos propone como síntesis del año.
En este espacio de las contemplaciones del evangelio les comparto algunas cosas que repasé de este año y espero que motiven a cada uno a rezar un rato repasando el año con los ojos de María. Si le contamos cosas de Jesús en nuestra vida ella y san José las escucharán “admirados”, como escuchaban lo que les decían los pastores y eso nos ayudará a valorar lo vivido “evangélicamente” y a ponerle el nombre de Jesús a todo lo que pasó.
Cada uno está invitado a hacer personalmente su ejercicio de memoria cordial y agradecida (eucarística): grabar en su alma “las fotos del año”, rumiar “la frase que más lo motivó”, agradecer “las personas que lo acercaron a Jesús”. A mí se me vienen estas cosas…

La frase del año
Hago memoria para ver cuál fue para mí “la frase del año”.
Yendo al Hogar hace unos días, al pasar por la verdulería a darle la bendición a Antoñito y saludar a Tito, me acordé de Martín el hermano de Tito, que falleció el año pasado por el alcohol y de él pasé a pensar en tantos nombres que se me escapan y en por qué en estos años no había puesto más atención en ir anotando los de cada uno, tal como me los voy encontrando por el camino… Después me consoló pensar que no los recuerdo yo pero los conoce El Hogar. Siempre hay alguien en el Hogar que se acuerda de la cara o del nombre: las asistentes de los que atienden, las de mesa de entradas porque ven las fotos, los encargados de la noche porque convivieron, los comensales porque “lo vieron por once…”.; yo me acuerdo especialmente de los que visité en el Hospital…
Caminaba pensando estas cosas y allí me vino lo que para mí fue la frase del año, esa de Hurtado al final de su vida cuando dice:
Espero escribir este verano (¿o comenzar?) algo sobre el sentido del pobre. Yo creo que allí está el núcleo del cristianismo y cada día hay más resistencia e incomprensión a todo lo que dice pobreza.
El sentimiento de “tantos pobres que se me escapan” me bajó la frase de Hurtado. Me emocionó pensar que algo así debió sentir él: que el sentido del pobre se le escapaba, que allí había algo esencial y que requería más atención, más cuidado, más compromiso, más contemplación.
Queda pendiente la tarea y abierta la pregunta, tal como la dejó Hurtado, que le decía a su amigo Arturo Gaete: “¿conoces algo bueno sobre esto?”.
El sentido del pobre –como el “sensus Iesu”, el “tener los sentimientos y criterios de Jesús”- no es algo que alguien pueda tener por sí solo. Necesitamos compartir lo que cada uno ha sentido al servir a los más pobres para que crezca en la comunidad el verdadero sentido del pobre. Harían falta mil periódicos para contar las historias de los pobres, no las historias que los amontonan por miles en los desastres y hambrunas sino las que fueran capaces de narrar las penas y los gozos de cada uno. El dato estadístico no basta (porque aturde), pero no debe faltar si se quiere construir una conciencia en la que el sentido del pobre esté despierto. Así como a mí se me pierden los nombres de los que están en la calle y de pronto desaparecen, al mundo se le pierden los nombres de naciones enteras. Recién hoy me enteré cuáles son las diez naciones más pobres del mundo. Yo tenía en mente Haití y algún país de África. Pero hay más. Naciones enteras en la que más del 80% de la población vive en la miseria: Zambia, Franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Moldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam, Angola. Guardar los nombres en el corazón –así como están sobre el altar de la capilla de la Casa de la Bondad los 39 nombres de los que acompañamos en estos dos años-, no es algo útil. No son nombres para guardar en ninguna agenda. Ni siquiera nos servirán para el cielo (el Rico Epulón conocía a Lázaro por su nombre pero no le sirvió el contacto). No son nombres que “nos vayan a servir para algo”, son nombres para recordar nomás. Porque, misteriosamente, recordar los nombres de los más pobres, hace a nuestra dignidad como personas. Es que son los nombres que completan el sentido del Nombre de Jesús –el Nombre bendito que está sobre todo nombre-. Jesús quiere decir Dios salva y “Dios salva llamando a cada uno por su nombre”. Sin el nombre de los pobres el Nombre de Jesús es un nombre vacío.

Los personajes del año
Los medios sacan “la foto” con los personajes del año. En el reino de los cielos los personajes del año son los que sienten que los personajes no son ellos sino aquellos a quienes sirven. Para mí, en este año del voluntariado, los personajes del año son esos millones y millones de argentinos y argentinas que rezan y trabajan para bien de todos y no en contra de nadie. Los medios no le dan importancia al número (cinco millones) porque se trata de gente “no marcha ni trabaja contra nadie”.
La mejor foto de esta gente la registró Don Luna -Carlitos-. Es la foto de la gente de Rincón y Alsina:
“Qué buena que es la gente de mi Patria, padrecito Diego. Viera cómo me ayudan todos. Yo duermo ahí, en el sindicato. Los guardias son muy amables y me dejan el lugarcito. Las hermanitas Siervas me cambian las vendas y me dan la medicación. El del Quiosco me cuida las cosas si tengo que hacer un trámite. Y me alcanzan algo de comidita… ¡Qué gente buena!”.
El sentido del pobre se despierta cuando nos sentimos mirados por ellos con la bondad con que miraba Don Luna. Y entonces uno no se quiere perder más esas miradas y esos juicios bondadosos que serán los del juicio final.

La fiesta del año
Otro recuerdo lindo para guardar es el de “La fiesta del año”. Para muchos de nosotros, la fiesta del año fue la de la primera comunión de Agustina, la hijita de Mauricio, en su última semana de vida, en la Casa de la Bondad. Hemos tenido muchas fiestas lindísimas este año y esta que elijo es por la onda que le puso Mauricio y por el vestidito blanco de su hija. ¡Qué ganas de celebrar que nos infundió a todos: la Casa entera celebró!:
La preparación de Agustina tenía que ser, más que rápida, simple. Al llegar ayer a la tarde a la Casa había libritos y fotocopias de un catecismo de apuro por varios lados. Al rato llegó Amalia, que iba a ser la catequista. La cuestión es que cuando ya me iba llegó Agustina. Yo estaba en la Oficina haciendo una encuesta para un trabajo de Jorge sobre emprendimientos productivos de ONGs y Agus, al darme un abracito quedó mirando el pizarrón: “Allí está mi nombre! Es para la Comunión.”
Son los detalles de la Casa que te recibe y te abraza desde todos sus rinconcitos, también desde un rincón del pizarrón.
Antes de ayer me dio mucha pena uno de nuestros comensales que no quiso brindar. Celebramos el fin del año con una comida rica, regalos y cantos y cuando pasamos brindando el dijo “que no tenía nada por qué brindar”. Al menos un saludo, le dije y eso aceptó. Pero me quedó la espina. Y por eso se me abrieron los ojos al milagro inaudito que es la Casa de la Bondad. O no es acaso un milagro de amor que se despierten unas ganas de festejar como las que tuvo Mauricio, como la que nos contagió con sus cuadros, con los asaditos, y con el esfuerzo sobrehumano que hizo para poder estar sentado en la misa de su hijita… La fiesta del año fue esa, sin duda, porque las fiestas se arman desde adentro, desde el milagro inacallable de querer festejar la vida precisamente cuando se está yendo.
El sentido del pobre se despierta cuando uno descubre maravillado y comparte la capacidad de festejar que tienen los que más sufren.

La sonrisa del año
Y termino con “La sonrisa del año”. Para mí fue la sonrisa de Hugo Reboledo. Pero, más que la foto de él sonriendo, lo que me quedó grabado fue el diálogo con Marcelo acerca de cómo “sonreía con los ojos”:
Cuando entré al Hogar a la mañana para anunciar que Hugo había muerto y entre otras cosas dije que sus sonrisas eran lindas, Marcelo, que lo cuidó como a un hijo en estos 10 meses desde que su cáncer le impidió trabajar en la cocina del Hogar y comenzó su via crucis por los rayos y las curaciones, dijo: es verdad, casi no se le entendía lo que decía de tan despacito que hablaba, pero sonreía con los ojos. Y cuando me decía esto se le iluminaron los ojos y a mí también. Porque las sonrisas con los ojos son contagiosas. Fuego que enciende otros fuegos.
Creo que cada uno puede hacer el ejercicio de encontrar su propia gente linda, la que este año “le sonrió con los ojos” y agradecer a Dios por ellos. Quizás más de uno se asombre al descubrir que son los pobres los que mejor “te sonríen con los ojos”.

Que la Virgen nos regale profundizar en ese “sentido del pobre” que ella tiene como pobrecita de Yahveh y como madre de todos los pequeñitos.