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lunes, 27 de febrero de 2012

Persecución y muerte de la oveja negra


(Imposible comprender la Redención si no partimos de que el Redentor fue un reformador que se rebeló pacíficamente -verdadera oveja negra- contra la ausencia de misericordia y la corrupción de la Religión, único poder civil de entonces.
Esa fue la "causa real y humana" de su muerte cruel. Solo nuestra pequeñez, la tradición judía de la expiación y las disparatadas interpretaciones míticas -aún de buena fe- pudieron imputar a Dios semejante crimen. Ahora podemos verlo. Y debemos pregonarlo al Pueblo creyente, arrepintiéndonos de los ignorantes disparates del pasado.
Si te cierras a la crecida luz de nuestro tiempo, estás rechazando la luz que brota del Redentor, que también nos redime de ignorancias y fantasías míticas. Precisamente porque Él nos encaminó hacia la plenitud humana. ¡Ojalá este cuento y mis próximas meditaciones te sirvan para profundizar, durante la Cuaresma, en tema tan esencial para los cristianos!).

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Había una vez un gran rebaño de ovejas. Al frente de ellas unos pastores celosos de su misión y su poder. Las mantenían divididas en distintos rediles: las lustrosas en el más confortable, las normalitas en el masivo y lejano, las enfermas excluidas para no contagiar al resto, las rebeldes desterradas. A todas las hacían cargar con las inflexibles normas que ellos habían multiplicado.

Pero un día nació una "oveja negra" -bella, rebelde y singular- en la gran majada. Fue creciendo, aprendiendo y observando sin hacerse notar. En su madurez comenzó a recorrer todos los apriscos sin miedo a enfermar. Es más, se dedicó a consolar y curar a cuantas ovejas se le acercaban ya fueran flacas o gordas, blancas o negras, enfermas o sanas, dóciles o rebeldes. "Y al mirar al rebaño, se compadecía de él, porque estaba cansado y decaído como ovejas sin pastor" (Mt 9,36).

Un día se le acercó una ciega de nacimiento y la curó. Y dijo estas extrañas palabras: "Yo he venido a este mundo para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos. Al oír esto, algunos pastores muy estrictos que estaban allí preguntaron: ¿Somos también nosotros ciegos? Y les dijo: Si fueseis ciegos, no tendríais culpa; pero como decís que veis, seguís en pecado" (Jn 9,39).



Esta oveja hablaba por los codos y no se cortaba un pelo a la hora de dirigirse a los pastores. Su lana era distinta pero, a medida que pasaba el tiempo, se distinguía cada vez más por su valentía, bondad y claridad. Otro día les dijo: "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guarda le abre la puerta y las ovejas reconocen su voz; él llama a sus ovejas por sus nombres y las saca fuera. Y cuando ha sacado todas sus ovejas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz" (Jn 10,1).

No solo era excepcional, sino que estaba considerada más negra que negra por los pastores porque no se les sometía ni les adulaba. Se mostraba autónoma y libre, destacaba por su locuaz veracidad y ausencia de miedo, defendía al rebaño con todo empeño y dedicación, lo libraba de cargas inútiles y nunca rehuía a quien pudiera necesitarla.

A todos compartía los secretos de las amplias cañadas y los verdes pastos. Un día llego a decir: "El buen pastor soy yo. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es el pastor ni el propietario de las ovejas, viendo venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo ataca y las dispersa, porque es un asalariado y no le importan las ovejas" (Jn 10,11).



Naturalmente los pastores oficiales se sentían acusados por éstas y otras palabras. Se enfurecieron, se encolerizaron, rechinaron los dientes. "Y buscaron el modo de acabar con ella, pero tenían miedo porque todo el rebaño estaba asombrado de sus palabras sabias" (Mc 11,18).

Lo intentaron de varios modos y maneras. Pero resulta que aquella oveja, tan negra y respondona para los vigilantes del aprisco, a sus hermanas les parecía blanquísima, bondadosa, pacífica y milagrosa.

A pesar de los riesgos, la "oveja negra" de la que hablo siguió desenmascarando a los encargados del rebaño. Y les dedicó duras palabras como éstas: "Raza de víboras…" (Mt 12,34); "Sepulcros blanqueados..." (Mt 23,27); "¡Ay de vosotros que recorréis mares y tierras para lograr un seguidor y, cuando os sigue, lo hacéis reo del fuego, dos veces más que vosotros!" (Mt 23,15).

Lo estáis adivinando. Los que tenían el encargo de cuidar del rebaño terminaron acorralando a aquella oveja tan distinta. La agarraron, la juzgaron con falacias (porque ellos se tenían por justos) y la condenaron a morir de una forma terrible: clavándola en un madero y dejando que se desangrara.



A partir de este suceso, hubo otras ovejas que se escaparon del primitivo redil y se establecieron por su cuenta pacíficamente. Su intención era seguir el ejemplo de aquella oveja valiente y buena que a todas quería y defendía. Incluso cuentan que la "oveja negra" salió del hueco donde la dejaron muerta y se unió al "nuevo rebaño" durante un tiempo.

Esta historia es real, verídica y lógica. Existen en el mundo criaturas que se creen buenas pero son capaces de odiar y matar a quien no piensa como ellas o desenmascara sus abusos y errores.

Lo que me resulta extrañísimo es que, pasado el tiempo, algunos componentes del "nuevo rebaño" se inventaran el cuento de que la bondadosa "oveja negra" no murió por el odio de aquellos pastores indignos, sino porque su padre Dios la envió al patíbulo para pagar por los pecados de las otras ovejas.

O sea que los responsables de aquel tormento no fueron los injustos pastores criminales, sino el progenitor de la oveja que la envió expresamente a sacrificarse, según un plan previsto y aprobado desde la eternidad. Aquéllos solo fueron los ejecutores materiales de la voluntad de un "dios sádico", que desangró a la pobre "oveja negra", para pagarse a sí mismo el precio del perdón a todo el rebaño. La "oveja negra", tan buena y sanadora, solo fue el instrumento, la "víctima propiciatoria", para el perdón de los pecados de todo el rebaño. ¡Pero qué dislate tan retorcido! ¿A quién se le pudo ocurrir esta patraña?



Me resulta también extrañísimo que algunos "nuevos pastores" sigan contando que, obtenido el perdón de esa sangrienta manera, la famosa oveja consiguió "la salvación" automática para todos sus congéneres. ¡Ahora ya están perdonados, salvados y redimidos! ¡Ahora todo ha cambiado!

Sin embargo, la tozuda realidad de la historia demuestra que siguen existiendo demasiadas ovejas pervertidas, díscolas y mendaces, que se han convertido en fieras. ¿Será que a ésas no les alcanzó "la salvación"?

A veces pienso que solo utilizamos la inteligencia como zancos para parecer más altos que los demás. ¿No es más lógico pensar que esa "salvación" llegará cuando consigamos parecernos a aquella "oveja modelo" y sigamos su ejemplo?

Por último, me resulta extrañísimo que los supremos "nuevos pastores" repitan actitudes y conductas de los de aquel tiempo. Y además persistan en ellas con el argumento de que son los sucesores legítimos de la "oveja sacrificada" y a ellos se les ha concedido "el poder" de mandar en el "nuevo rebaño".



Una vez leí que "la historia de aquella oveja misericordiosa" se escribió para que nadie olvidara distinguir lo que está bien de lo que está mal, lo que aquella sabia oveja defendía de lo que condenaba. Incluso me han contado que dejó advertencias como ésta: "Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. No será así entre vosotros, sino que, si alguno de vosotros quiere ser grande, sea vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, que sea el servidor de todos" (Mt 20,25).

Por eso no llego a explicarme cómo los "nuevos pastores" se parecen tanto -al menos en sus signos, poderío y sordera- a aquellos antiguos que persiguieron y mataron a la oveja buena. Ni por qué se siguen divulgando teorías irracionales y absurdas sobre los cheques -firmados con sangre- que aquella criatura ejemplar pagó al Padre por todo el rebaño.

Seguiré atento a ver si logro entender la orientación de los "nuevos pastores". Y a ver si llego a sentirme atraído -ardientemente lo deseo- por ejemplos como el de aquella "oveja negra" a la que mataron pérfidos pastores de antaño.