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viernes, 17 de febrero de 2012

VII Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 2,1-12): El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados


Publicado por Servicios Koinonia

Is 43,18-19.21-22.24b-25: Por mi cuenta borraba tus crímenes
Salmo 40: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti
2 Cor 1,18-22: Jesús se ha convertido en un "sí"
Mc 2,1-12: El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados

En la primera lectura del «segundo Isaías», Yahvé se dirige a su pueblo y le reprocha no recordar ni caer en la cuenta del pasado. No sólo han olvidado su historia sino que no han reflexionado sobre la presencia permanente de Dios en ella. Tampoco son capaces de reconocer su actuación histórica presente. ¿No lo reconocen? Ese olvido se manifiesta en una vida de iniquidad y pecado, que ha cansado a Dios, quien ha permanecido fiel en una actitud de perdón. El profeta evidencia la inconciencia del Pueblo, e impele a reconocer al Dios fiel en los acontecimientos de su vida.

Pablo, en su segunda carta a los Corintios recalca esta fidelidad de Dios manifestada en la persona de Jesús, en cuyos actos y palabras no hubo doblez ni ambigüedad. En Jesús Dios mostró su total coherencia: él es el «sí» de Dios a la Humanidad. Esto exige de los cristianos la misma coherencia y honestidad. La actitud de Dios firme y constante, llena de confianza, un “Amén” que implica una aceptación de esa acción de Dios expresada en el proyecto de Jesús. Por su parte Dios, en Cristo, conforta a la comunidad creyente, unge, marca, sella y da “en arras” el Espíritu como signo de la total pertenencia del cristiano a Dios, en una unidad que ha de expresarse en actitudes y palabras coherentes a ejemplo de Jesús.

El evangelio de Marcos nos descubre esa coherencia de Jesús. Regresa a Cafarnaum y corre la voz de que está en casa, y la gente se agolpa en la puerta. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse a las entradas de las casas.

Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso han subido y han abierto un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos. El primero está impedido: su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, y es tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud. Es la ocasión precisa para poner a prueba la coherencia de Jesús.

Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que «realizar», aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!») no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, comunicado, informado, pensado, teorizado), sino construido (hecho, realizado, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada-explicada, sino mostrada-evidenciada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 35 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Descolgado por el techo», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200035
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap35b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene dos capítulos sobre el tema de la confesión, el 40 y el 41, que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema del perdón y sobre el tema específico de la confesión. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130


Para la revisión de vida

En qué momentos de mi vida he experimentado la fidelidad de Dios?
¿En que momentos he sentido la falta de coherencia entre mi fe, mis palabras y mis acciones?
¿En que situaciones he puesto las leyes por encima de la vida de las personas?


Para la reunión de grupo

- «Predicar y curar»: ¿sería éste un binomio que sintetizaría bien la actitud de Jesús? ¿Por qué?
- La misión del cristiano, ¿es fundamentalmente decir o hacer? ¿Por qué? Justificar la respuesta con referencia a Jesús.
- «Hay momentos en los que la mejor forma de decir es hacer» (José Martí). Comentar.
- «Bonum est faciendum» (Aristóteles: “el bien es algo que ha de ser hecho”). Comentar.
- Las entrevistas a Jesús de la serie «Otro Dios es posible» señaladas más arriba pueden servir para una reunión de estudio o un debate sobre el tema del perdón y/o la confesión.
- ¿Qué pasa hoy con el sacramento de la confesión? ¿Qué información y qué percepción tenemos sobre su práctica actual? ¿Por qué está tan olvidado? ¿A qué se debe? Aventurar interpretaciones diciendo sinceramente lo que intuimos, y comentándolo críticamente después en el grupo.


Para la oración de los fieles

- Por el pueblo santo de Dios, para que sea para toda la humanidad primicia de la salvación y germen fecundo de unidad y de esperanza…
- Por los pastores de la Iglesia, para que sepan recoger en torno a Cristo la entera familia de Dios, y la sirvan humildemente con la Palabra y el ejemplo…
- Por los responsables de las naciones y de los organismos internacionales, para que busquen con conciencia recta lo que lleva al progreso y no se dejen corromper por el dinero o el poder…
- Por todos los que ayudan a aliviar los sufrimientos humanos, para que sepan reconocer a Cristo presente en los más pequeños hermanos, en los enfermos y en los marginados…
- Por nosotros acá reunidos en torno al altar, para que seamos constructores del Reino de Dios en todas nuestras situaciones de vida según los dones recibidos…
- Para que descubramos la acción de Dios que nos perdona los pecados a todos y cada uno y obra misericordia y amor en las situaciones que nosotros menos pensamos…
- Para que tengamos la sabiduría del corazón a fin de comprender y ayudar a los “nuevos pobres”: ancianos, emigrantes, discapacitados, marginados, enfermos… hermanos y hermanas que están a nuestro lado…

Oración comunitaria

Padre fiel que has permanecido actuando en la historia y que manifestaste tu fidelidad en la vida de Jesús, actuando a favor de la vida y la dignidad de tus hijos e hijas, llénanos de tu espíritu para sepamos leerte en la historia y podamos actuar en ella con coherencia y radicalidad, siendo verdaderos protagonistas en la construcción de la Utopía, ¡tu Reinado!, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que te buscan con la misma pasión que la nuestra. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.