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miércoles, 28 de marzo de 2012

Comentarios Biblícos y Pautas para la Homilia: Domingo de Ramos (Mc 14,1-15,47) - Ciclo B


Publicado por Dominicos.org

“Realmente este hombre era Hijo de Dios”

Con el domingo de Ramos comenzamos la Semana Santa, la Semana grande. No convendría que esta semana perdiésemos la perspectiva de lo verdaderamente importante y nos quedásemos en las manifestaciones externas, mezcla de folklore popular, arte, y sensibilidad religiosa. Estas cosas son legítimas y buenas, pero siempre que no sean una pantalla que impida vivir el acontecimiento central de nuestra fe, a saber, la muerte y la resurrección de Cristo. Los humanos somos así: necesitamos de lo sensible, de lo externo, de lo corporal y de lo festivo, para manifestar nuestros sentimientos. Pero no podemos quedarnos en lo externo. Debemos ir más allá, para buscar un encuentro personal con el Jesús que nos salva. Esta semana será santa en la medida en que nosotros nos hagamos santos. La liturgia de este domingo de Ramos comienza haciendo memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un borrico. No entra sobre un caballo, propio de los guerreros. Entra sobre un borrico, animal manso y pacífico, porque Jesús viene en son de paz. Luego escucharemos el relato de la pasión según san Marcos. En este momento, en el que las fuerzas del mal buscan deshacerse del príncipe de la paz, Jesús sigue siendo coherente con sus designios de paz. Por eso no responde al mal con el mal, ni al insulto con el insulto. En su pasión no profería amenazas.

Fray Martín Gelabert Ballester
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

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Comentario Bíblico

Nota: Recuérdese que este Domingo es el pórtico y comienzo de la Semana Grande en la Pasión del Señor.

Marco: Jesús camino de Jerusalén

Jesús se dirigía a Jerusalén (Lc 9-18).

Repetidamente se insiste, en esta amplia sección del relato lucano, que Jesús se dirigía a Jerusalén, que iba en dirección de Jerusalén, que subía hacia Jerusalén porque un profeta no puede morir fuera de Jerusalén. También de modo insistente se afirma que Jesús iba con actitud decidida, valiente y libre. Que entregaba la vida libremente, porque él quería y que la recuperaría de nuevo. Todos estos gestos de Jesús provocaban en los Apóstoles una actitud de profundo miedo y terror. "Iban llenos de miedo". Y de incomprensión: no entendían nada, les desbordaba todo lo que decía Jesús, no captaban el sentido de sus palabras (Lc 18,34). En la comprensión del evangelista Lucas Presentación este gran viaje hacia Jerusalén es el camino del Hijo del hombre hacia el centro de la salvación y el camino de todos los discípulos de Jesús.

Es necesario recordar a nuestro fieles todos estos valores para una más honda celebración de la Gran Semana que se abre con este gesto de Jesús. Y la urgencia de ponerse en marcha en medio de nuestro mundo. No se trata de celebraciones más o menos solemnes, sino de urgencia en actualizar el don de la vida que hace Jesús.

Es el camino del discipulado.

Lucas quiere expresar y así lo hace insistentemente en su relato que este es el camino abierto y preparado para el verdadero discípulo de Jesús. Debe recorrer el mismo camino sobre las pisadas marcadas por el maestro. El seguimiento de Jesús no puede ni debe reducirse a simples celebraciones. Sino que las celebraciones deben urgir una respuesta aquí y ahora. Es el sentido verdadero del discipulado. Entre los judíos el discípulo (a diferencia radical con el alumno) es aquel que escucha, aprende y asimila las palabras y hasta los últimos detalles de la conducta y gestos del maestro para intentar realizarlos en su vida. El Maestro es un espejo y un punto de referencia seguro y siempre provocador de conducta. Este camino de Jerusalén marca el sentido, el ritmo y el destino de todos los discípulos de Jesús.

En el pórtico de la Gran Semana es necesario insistir a nuestros fieles en este sentido urgente, comprometedor y actual del camino de Jesús. Sólo así nos preparamos adecuadamente para la celebración de las celebraciones: la Pascua; y sólo así haremos de la Pascua una celebración sacramental-existencial que transforma nuestra historia y nos capacita para ser testigos de libertad evangélica en medio de nuestro mundo.

Primera lectura: (Isaías 50,4-7)

Marco: En el Segundo Isaías (Is 40-55) encontramos cuatro fragmentos de especial belleza literaria y profundidad teológica centrados en un personaje con una singular misión. A estos fragmentos se les conoce con el título de "cánticos del Siervo de Dios" (Is 42,1-9; 49,1-7; 50,4-11; 52,13-13,12). Hoy proclamamos una parte del tercer cántico en el que se presenta al Siervo como profeta y como sabio que está a la escucha de Dios para realizar su misión cuya realización le proporcionará graves dificultades y sufrimientos.

Reflexiones:

1ª) ¡El Siervo alienta y abre caminos!

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. La fuerte personalidad del Siervo realiza diversas tareas en el cumplimiento de su misión. La primera que se le asigna en este cántico es profundamente humana. El profeta-poeta anónimo que compuso estos cánticos realizó su misión hacia el final del exilio de Babilonia, un momento histórico especialmente delicado para el pueblo de Dios, el momento de las grandes preguntas, de las grandes sombras para Israel. En medio de esta situación amenazadora para la esperanza en Dios, surge este mensaje profundo, real y sobrecogedor que quiere ser una respuesta directa a aquellos graves problemas. Así se entiende su tarea especial de consolador en nombre de Dios. La Iglesia cristiana proclama esta lectura en el pórtico de la Semana Santa en la que Jesús va a realizar la parte central de su misión a través de su Muerte-Resurrección. Es una palabra viva y eficaz para nuestro mundo que tanto necesita el consuelo en medio de las gravísimas dificultades por la que atraviesa y que alcanza a todos los ámbitos de la vida humana. La palabra de Dios siempre lleva consigo un mensaje capaz de ser encarnado y de responder a las preguntas que atañen a la hondura del ser humano.

2ª) ¡El Siervo es un Enviado de Dios y necesita estar siempre en comunicación con Él!

Cada mañana me espabila el oído... El Señor me ha abierto el oído y yo no me rebelado ni me he echado atrás. El Siervo es un embajador de Dios, por tanto sólo puede transmitir lo que recibe. Un embajador está siempre en contacto con quien le envía para representar los intereses del país a quien represente y la voluntad e quien le envía en cada acontecimiento, en cada situación, en cada actuación. Esta es la tarea del Siervo en medio y frente a su pueblo en nombre de Dios. De este modo el profeta-poeta anónimo recoge y aplica al Siervo la mejor tradición de Israel que se ha distinguido por ser un pueblo de la escucha. Cierto que la ha cumplido con gravísimas dificultades y con no pocas rebeliones. Pero es su característica. El Siervo escucha para poder transmitir con fidelidad y garantía la palabra y la voluntad de Dios que es quien salva a su pueblo y que es quien va a realizar una nueva liberación y nuevo éxodo. A las puertas de la Gran Semana para los creyentes (y para la humanidad, porque Jesús es importante para toda la humanidad) estas palabras reflejan la hondura del ánimo de Jesús y se le aplican adecuadamente. La voluntad de mi Padre -repetía insistentemente Jesús- es llevar adelante el mandato que he recibido de él y este mandato es de vida a través de la muerte. Y también en nuestro mundo necesitamos volver a la escuela del Siervo para escuchar atentamente una palabra que llega a la profundidad de nuestro ser, que tiene sentido y que ofrece sentido a nuestras vidas.

3ª) ¡La misión del Siervo se encuentra con la oposición y graves dificultades!

Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban... No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba. En la situación vital en que se redactó este cántico no resultaba nada fácil entender la reacción ante la misión del Siervo. Ha sido el enviado por Dios para anunciar la inminente liberación a un pueblo que se debate en la frontera entre la esperanza y de la desesperanza. Y la respuesta es la oposición, el enfrentamiento, el desprecio grave (esto significa mesar la barba, signo de un desprecio total entre aquellas gentes, así como recortar los vestidos de los embajadores). Es una de las más graves paradojas de la historia de la salvación. Recuérdese igualmente a Moisés conduciendo al pueblo por el desierto hacia la libertad (léase el libro del Éxodo y de los Números). Ahora le sucede lo mismo al Siervo, cumplidor de la voluntad de quien le envía. A las puertas de la Semana Santa, este cántico se nos antoja un fiel reflejo de lo acontecido en Jesús de Nazaret. Desde este Domingo se invita a los discípulos de Jesús de nuestro mundo y nuestro tiempo a entrar en el tejido de la Pasión equipados con esta palabra de Dios. ¿Cómo es posible que sea condenado, de la forma en que lo fue Jesús, si pasó haciendo el bien, anunciando el evangelio del amor universal de Dios-Padre para todos los hombres? ¿Cómo es posible que el predicador de la paz, el cercano a todos, el hombre para los demás, sea condenado por su propio pueblo a quien fue enviado? La respuesta sólo se encuentra en el relato evangélico que recoge lo esencial de los sucedido. ¿Cómo es posible que sigan produciéndose juicios del mismo género, sentencias injustas, atropellos vejatorios para la dignidad de la persona humana entre personas que se confiesan cristianas, que se declaran pertenecer al discipulado de Jesús? Es necesario entrar, con firmeza, con los oídos y el corazón abiertos, en esta Gran Semana de la mano de estas palabras del profeta-poeta llamado Segundo Isaías. Tiene mucho que decirnos hoy a todos inmersos en múltiples perplejidades, desconciertos, contradicciones e incomprensibles persecuciones en todos los ámbitos. Esta palabra sigue palpitante, inquietante, comprometedora para los creyentes de hoy.

Segunda lectura: (Filipenses 2,6-11)

Marco: Se trata de un importante y hermoso himno que Pablo ha tomado de la liturgia cristiana primitiva con algunas adiciones que introdujo en él: vg. "y una muerte de cruz". Recoge armónicamente los tres estadios de la vida de Jesús Dios-Hombre: preexistencia, presencia en la historia de los hombres, exaltación y glorificación. Estas tres realidades marcarán nuestra reflexión.

Reflexiones:

1ª) ¡Cristo, de naturaleza divina, tomó la condición de esclavo!

Tomó la forma de esclavo, pasando por uno de tantos. Para comenzar quisiera colaborar a despejar la tentación de un equívoco producido por la costumbre de haber oído muchas veces este himno. El autor del mismo, un anónimo, pero que Pablo hace suyo en esta carta, se toma en serio sus expresiones. Así contemplaban a Jesús en el momento de hacerse realmente hombre como nosotros, menos en el pecado. Es necesario igualmente contemplar el contexto en que aparece: un fragmento cuyo tema central es la vida de la comunidad que está pasando por momentos muy delicados y muy difíciles (2,1-27 principalmente). Sólo iluminado por este contexto el recurso al himno es elocuente, directo y una palabra que trata de salir al encuentro de las dificultades que encuentra una comunidad, entrañable para Pablo, para realizar su programa de fraternidad, de mutuo y generoso servicio y su tarea evangelizadora en medio del mundo hostil en que se encuentra seriamente comprometida. Pablo recurre a este himno en el que la comunidad primera y, es de suponer, la comunidad de Filipos, para reorientar la vida de la comunidad. Jesús es realmente Dios, pero al hacerse hombre asumió todas las consecuencias. Una advertencia severa y modélica para entonces y para ahora. Esta palabra sigue palpitante y necesaria hoy: es necesario estar en camino siempre de mi a mi hermano como Jesús lo estuvo desde el seno de su Padre a la humanidad aceptando las limitaciones y errores de ésta para conducirla a la vida, a la paz, y a la verdadera felicidad. No son palabras para una placentera y desencarnada meditación (incluso idílica); son palabras que alcanzan la hondura del corazón de todos los hombres de hoy. Es necesario recorrer el camino de Jesús a través del camino de nuestros hermanos los hombres de todo el mundo.

2ª) ¡Hasta el vaciamiento total: la muerte en cruz!

Actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de Cruz. Es necesario recordar en este momento que de todos los acontecimientos de la vida de Jesús, el menos cuestionado durante las duras investigaciones que se han producido en los dos últimos siglos, el relato de la muerte es el más firme y que ha resistido a todas las críticas de los distintos frentes. No estamos ante una historia inventada sino ante una historia real en sus rasgos fundamentales. Este fue el destino de Jesús por la coincidencia de una conjunción misteriosa del proyecto de Dios y del comportamiento de los hombres, especialmente de los responsables de Israel, su propio pueblo. Aunque el Viernes Santo nos vamos a centrar exclusivamente en la Cruz como fruto del amor de Dios a los hombres y como fuente inagotable de liberación en todos los ámbitos, adelantamos algún pensamiento que nos pueda introducir ya en esta Semana Grande para los creyentes y para los hombres. Sólo podemos acercarnos a la Cruz de Jesús o a Jesús en la Cruz sabedores de que es la expresión acabada y suprema del amor misericordioso de Dios. En la boca y en la pluma de Oseas se nos revela así nuestro Dios: yo soy un Dios y no un hombre, santo en medio de Israel (Os 11) y esto lo hace precisamente en un contexto en que se subraya de modo admirable la ternura y la misericordia de Dios. La Cruz de Jesús se convierte así en un potente imán que atrae a toda la humanidad hacia sí: cuando sea levantado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí (Juan). Nuestro mundo necesita un encuentro más directo, más profundo y abierto con el mensaje de la Cruz, aunque en primera instancia pueda producir el rechazo. Sólo ahí (iluminada por el Resurrección y por el Espíritu) encuentra el hombre actual y de siempre su profundo sentido y la respuesta a sus graves interrogantes. La Cruz está presente en la vida diaria de todos, por tanto es necesario encontrar su sentido, es decir, expresión del amor de un Dios fiel y santo que no defrauda en sus promesas.

3ª) ¡Por eso Dios lo levantó sobre todo!

Por eso Dios lo levantó sobre todo... y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor! para gloria de Dios Padre. La Cruz no es el final, es el camino. Jesús decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y que me siga (Lc 9,23). Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria (Jn 17,24). Por eso Dios lo levantó y exaltó. La raíz más profunda de este proyecto es un amor entendido en su más pura realidad. El amor es eterno, es integral e integrador, porque Dios es Amor (1Jn 4,8). El amor es la fuente de la vida y de la felicidad. Por eso no podía truncarse en la Cruz (que en primera instancia es experiencia de muerte y de truncamiento). Dios es así. El hombre se encuentra con este regalo absolutamente gratuito por parte de Dios. Cuando ahora confesamos que Jesús es Señor estamos urgidos a entender su soberanía como expresión de su oferta liberadora, humanizadora y realizadora de los proyectos y anhelos más profundos del hombre. Nada más extraño a su soberanía que la extorsión, el dominio despótico y la anulación de lo más auténticamente humano. Entonces necesitaron superar el escándalo de la Cruz para encontrarse con la luz del amor de Dios. Hoy, y siempre, necesitamos volver a este encuentro. Y la Cruz o Jesús en la Cruz y en la Gloria (ahora está en la Gloria ya para siempre, estamos celebrando precisamente estas realidades en el sacramento festivo de la Pascua que se perpetúa para siempre) alcanza a todos los hombres y mujeres no importa de qué clase social, cultural o religiosa. Está en medio de los hombres como un estandarte liberador y se adapta y se acomoda a todos los niveles de las personas. La sabiduría de la Cruz no se adquiere con grandes esfuerzos, sino en el encuentro con ella, en su acogida por una fe personal y madura, en la acción de gracias y la experiencia humilde y perseverante. Todos somos invitados a vivir estas maravillas del amor de Dios que tienen como meta la gloria feliz para todos y para siempre. Era necesario ofrecer estas reflexiones en el pórtico de entrada de la Gran Semana para los creyentes y para todos los hombres en la que se actualizan y se celebran todos los acontecimientos centrales de la historia de la salvación para los hombres.

Evangelio: (Marcos 14,1,15-47).

Nota: no comentamos hoy el relato de la Pasión. El Viernes Santo haremos una amplia reflexión sobre la Cruz de Jesús, centro del relato de este relato. En su lugar ofrecemos una reflexión sobre la entrada en Jerusalén y el siguiente gesto de la expulsión de los vendedores del templo como signos proféticos que revelan la gravedad y urgencia de la situación en que se encontraba Jesús.

2. Entrada en Jerusalén.

Sentido profético-simbólico.

Una entrada sin ejércitos (recuérdense las actuaciones de los falsos mesías que durante el siglo I menudearon y todos fracasaron en sus intentos militares), sin armas, sin violencias. Gesto revelador del verdadero mesianismo: "He aquí que viene manso y modesto y cabalgando sobre un pollino". De este modo Jesús representa una corrección acabada de las falsas esperanzas mesiánicas. Jesús es, ciertamente, el verdadero Mesías, entra en su ciudad que es la morada de su Padre, "manso y modesto".

Sentido teológico y programático:

Jesús se acerca libremente al lugar de su entrega: "He aquí que vengo para hacer tu voluntad". "Nadie me quita la vida, la doy porque quiero". Jerusalén es el centro de la Salvación hacia el que convergen todos los pueblos y desde donde la luz de Dios se expande y se proyecta a toda la humanidad. Este sentido teológico profundo de Jerusalén-centro salvífico, lo heredan los autores del Nuevo Testamento, especialmente Lucas, del profeta Isaías.

Jesús el testigo fiel que realiza su camino hasta el final. Era necesario culminar el proyecto del Padre. Y ese debe realizarse en Jerusalén.

Significación actual de este acontecimiento.

La esperanza del hombre en el Mesías que le libere debe desbordar todos los cálculos humanos. Es necesario llegar hasta el Calvario, lugar privilegiado de la revelación de Dios, del amor de Dios que es el único que libera profunda y realmente. Los medios humanos sólo deben entrar en juego como respuesta y colaboración del Dios-Amor que es verdaderamente libertador. Es necesario huir y vencer todas las tentaciones de creer que la liberación y la felicidad del hombre se consigue con la violencia. Pero también es una advertencia severa a quienes huyen de todo compromiso. El Dios del Amor o el amor de Dios manifestado definitivamente en este Jesús, compromete enteramente al hombre en todas las facetas de su vida. Ilumina y transforma la existencia humana en todas sus manifestaciones. Una fiesta que invita a realizar una reflexión profunda con un mensaje actual y permanente. Jesús había proclamado esta congratulación que sólo entienden y pueden vivir sus verdaderos discípulos: "Dichosos los no-violentos activos porque ellos poseerán la tierra" (Mt 5)

3. Expulsión de los vendedores del Templo.

Visión histórica.

El templo de Jerusalén y su historia: según la teología deuteronomista, especialmente, el templo es el lugar elegido por Dios para establecer su morada, donde pudiera habitar su Nombre. Es el lugar de encuentro, de comunión y de convergencia de las tribus de Israel con su Dios. El templo era entendido por los judíos como un bastión de falsas esperanzas (Jer 27). El templo es un punto de referencia, un lugar de encuentro. Pero lo importante es Dios y el hombre; la voluntad de Dios expresada en su Palabra y realizada por los hombres en la justicia y equidad. El templo es una realidad ambivalente y equívoca que es necesario clarificar.

Significación teológica de este acontecimiento:

Jesús llega a la Casa de su Padre: "¿No sabíais que tenía dedicarme a las cosas\ en la casa de mi Padre?". "El celo de la casa de Mi Padre me devora". El culto en el espíritu y en verdad (Jn 4): el lugar del encuentro de los hombres con el Dios verdadero, su Padre, ya no será ni en el monte Garizim ni en el monte Sión (Jerusalén). Dios es Espíritu y busca que sus adoradores lo hagan en espíritu y en verdad.

Significación profética de este acontecimiento.

Sólo se trata de un gesto, de un signo, de un símbolo. A punto de coronar su misión en el mundo, Jesús se remite a un gran profeta: Jeremías. También a aquel profeta le costó grandes sacrificios atreverse con el templo desmitificando su sentido y su valor. No es el templo de Jerusalén el instrumento de la salvación. La voluntad de Dios vivida en la justicia, ahí radica la verdadera salvación del hombre.

Significación cristológico-eclesial del acontecimiento.

"Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días" (Jn 2, 12ss). Esta es la clave central del acontecimiento. Jesús invita a dirigir la mirada a otra parte más importante. Este templo material, edificado por manos humanas, debe orientar la mirada y el pensamiento del hombre a otro templo no construido por manos humanas. "Él hablaba del templo de su Cuerpo, cuando resucitó de entre los muertos los discípulos creyeron en la palabra de Jesús (Jn 2,19ss). Atreverse con el templo, condujo a Jesús al martirio como certifican los relatos evangélicos del proceso ante el Sanedrín. Aunque la causa final fuera la "blasfemia", el atreverse con el templo significó una piedra fundamental en el camino que conduce al calvario.

La Iglesia primitiva, en su primeros pasos, no se desprende del Templo. Los primeros hermanos en la fe acuden gustosos al templo para orar (Hechos 2 y 3). Es el lugar del encuentro con Dios. Esteban, el Protomártir, será el encargado por el Espíritu para urgir el alejamiento de la Iglesia del templo. El templo fue el centro del pueblo judío. La Iglesia tiene otra misión y otra tarea. Y Esteban se encarga, guiado por el Espíritu, de revelar este proyecto de Dios para la Iglesia (Hechos 7). Y también en este caso templo y muerte martirial están relacionados. ¡Sorprendente paradoja: la casa de Dios relacionada en los grandes momentos con el martirio! El culto cristiano no es solamente una manifestación externa, y menos folklórica. "El velo del templo se rasgó de arriba a bajo". Y el centurión romano expresa su fe en el mártir del calvario. Visión universal de la salvación.

Apéndice: Durante los días que suceden al Domingo de Ramos, según la versión actual de los evangelios, se le plantearon a Jesús algunas preguntas fundamentales para la historia salvífica y para el destino de la humanidad:

1) ¿Después de la muerte, qué? (Mc 12,18-27).
2) ¿Hay que pagar tributo al César y reconocer su dominio sobre Israel, el pueblo de Dios, o no? (Mc 12,13-17).
3) Tú ¿quién eres? Dínoslo claramente (Mc 12,35-37).
4) ¿Cuál es el mandamiento principal? (Mc 12,28-34).
5) ¿Cuáles son los signos del fin? (Mc 13)
6) ¿Cuál es el destino de este mundo y de la humanidad? (Mc 13)


Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)


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Pautas para la Homilía

La homilía podría comenzar exhortando a los fieles a hacer real el calificativo de “santa” que tiene esta semana, invitándoles a participar activamente en las celebraciones, sobre todo en los actos litúrgicos y en alguna celebración comunitaria de la penitencia, que tendría su momento apropiado el martes o el miércoles santo. Un modo de hacer “santa” esta semana es vivirla desde la conversión, la vuelta a Dios, y el agradecimiento por todos los bienes salvíficos que nos han venido con Jesucristo.

El relato de la pasión según Marcos está lleno de contrastes. Comienza con uno de los “temas” principales de la predicación de Jesús, a saber, el amor al dinero, que nos insensibiliza ante los bienes del Reino. Los que critican a la mujer por haber comprado un perfume caro para honrar a Jesús no están en realidad preocupados por los pobres. La mujer criticada ha entendido que todo lo que se gasta para manifestar amor y solicitud por Jesús y por los pobres en los que Jesús se hace siempre presente, es un buen gasto, que complace a Dios. En contraste con este buen gasto, los sumos sacerdotes emplean el dinero para pagar al traidor, hacer daño a Jesús y matarlo.

Un segundo contraste aparece en la cena de Pascua que Jesús celebra con sus discípulos: “os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Y, sin embargo, Jesús entrega su cuerpo y su sangre, su vida toda, también en beneficio de aquel que le entrega. Porque Jesús muere, como diremos luego en la liturgia eucarística “por todos los hombres para el perdón de los pecados. Por “todos”, también por los que le crucifican, sino no estarían “todos”. En el contexto de la traición de Judas, los otros discípulos se hacen los valientes, dispuestos a morir con Jesús. Pero cuando los sumos sacerdotes, llegan para prenderle “todos le abandonaron y huyeron”. Judas es el paradigma de nuestras traiciones, Pedro y los otros discípulos el paradigma de nuestras cobardías. Pero Pedro es también el paradigma de nuestros arrepentimientos y de nuestra vuelta a Jesús. Pedro no puede disimular que es de los suyos, incluso cuando le niega. El diálogo que mantiene con la criada del sumo sacerdote es significativo. “Se te nota demasiado que eres de los suyos”, viene a decirle la criada. Este diálogo podría provocar en nosotros esta oración: “Señor, ayúdanos, cuando te neguemos, a hacerlo tan mal, que en este hacerlo mal, esté el principio de nuestra vuelta a ti”.

Contraste también entre las acusaciones incoherentes de las que es objeto Jesús y su silencio. Solo responde a la pregunta fundamental, formulada por el Sumo Sacerdote: ¿Eres tú el Mesías? Pero el Sumo Sacerdote no entiende nada. Ve una blasfemia donde Jesús le indica el camino de la salvación del mundo. Algo parecido ocurre en el diálogo con Pilato: tampoco entiende qué tipo de realeza es la de Jesús. Y aunque, en el fondo, el gobernador romano está convencido de la inocencia de Jesús o, en todo caso, no está seguro de la fuerza de las acusaciones, “queriendo dar gusto a la gente”, o sea, al populacho manipulado por las autoridades judías, suelta a Barrabás y entrega a Jesús para que lo crucifiquen. La conciencia de Pilato, convencido de la inocencia de Jesús, pasa a un segundo plano cuando se trata de conservar el poder. Hay algo en esta actitud que nos toca de cerca: las presiones del ambiente pueden ser muy poderosas, pero nunca deben ahogar nuestra conciencia de cristianos.

Con Jesús crucificado “toda la región quedó en tinieblas”. Y, sin embargo (otro contraste y éste fundamental), en medio de tanta oscuridad y sin sentido aparecen signos de esperanza. Un pagano, el centurión romano, “al ver cómo había muerto” (había muerto como había vivido, había muerto amando, sin insultos, ni amenazas, ¡perdonando a sus enemigos!, como dirá el evangelio de Lucas), confesó: “Realmente este hombre era Hijo de Dios”. Otro signo de esperanza: “unas mujeres miraban desde lejos” y cuando un hombre bueno, José de Arimatea, se hace cargo del cadáver, estas “mujeres observaban dónde lo ponían”. Tener la vista siempre fija en Jesús, sean cuales sean las circunstancias, es mirar hacia el lugar del que puede surgir la vida. Nosotros hoy, los aquí presentes, estamos invitados a identificarnos con el centurión y “al ver cómo ha muerto” y cómo ha vivido, al recordar su obra y su mensaje, confesar nuestra fe en Jesús, Hijo de Dios, salvador del mundo. Y estamos invitados a identificarnos con las mujeres, que nunca pierden de vista a Jesús, porque saben que en él está su única esperanza de salvación; él es la referencia a la que acudir, también en la hora de nuestras muertes.

Fray Martín Gelabert Ballester
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)