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jueves, 22 de marzo de 2012

Liturgia y Contemplación: QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO DE CUARESMA


Publicado por CIPECAR

Lecturas: Jr 31,31-34; Salmo 50,3-15; Hb 5,7-9

Evangelio: Juan 12, 20-33

“En aquel tiempo, entre los que habían venido a cele­brar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:
-«Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fue­ron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó:
-«Ha llegado la horade que sea glorificado el Hijo del hombre.
Os aseguro que si él grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará párala vida eter­na. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Pa­dre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? Padre, líbra­me de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo:
-«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían, que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba morir”


v. 20: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.

Griegos. Son no-judíos, prosélitos o convertidos al judaísmo y/o temerosos de Dios-simpatizantes. Vienen a Jerusalén a dar culto a Dios. Vienen gozosos a la fiesta pascual. No siendo judíos no podían participar en la cena de la pascua pero sí podían participar del ambiente festivo.
vv. 21-22: Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Quieren ver a Jesús, conocerlo y hablar con él. No se atreven a acercarse a Él directamente. Se dirigen a Felipe, galileo, nacido cerca del territorio pagano. Felipe se hace acompañar de Andrés. No tenemos más información sobre dónde se encontraron a Jesús.
v. 23: Jesús les respondió: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre”.

Jesús responde a los dos discípulos algo que tiene sentido religioso sobre la presencia de estos paganos. Jesús ve llegar la hora de la glorificación. Hasta ahora no había llegado, según Él, su hora (ver Jn 7,30; 8,20). Antes la hora tenía resonancias de muerte; desde este momento en Juan es la hora de la exaltación del Hijo del hombre, sube a la glorificación.
Esa glorificación se da en la elevación a la cruz para atraer a todos hacia sí (Jn 12,32), que para Jesús supone recuperar la gloria que tuvo junto al Padre antes de la creación del mundo (17,5).
1) La hora del huerto de los olivos (12,27), la traición (13,31)

2) La exaltación en la cruz (12,31)

3) La glorificación (12, 23)

son un mismo acontecimiento en Juan; es la hora de Jesús.

A. El símil del grano de trigo.

v. 24: En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.

El grano de trigo. La metáfora del grano de trigo ejemplifica el paso de la muerte de Jesús a su glorificación.
De hecho el grano de trigo no muere de verdad, sino se convierte en una gloriosa espiga que da mucho fruto, como Jesús no muere, sino que pasa de este mundo al Padre (Jn 13,1).

Si muere. Hoy no diríamos que el grano de trigo muere en el sentido que se pudre. Sí, muere en cuanto se rompe, deja de ser grano de trigo para convertirse en espiga, igual que el Jesús de la historia humana se transforma en Cristo de la fe.
Si no cae en el terreno y muere, se queda muy entero en su “yo” solo y solitario.

B. La vida que se pierde y se gana

v. 25: El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.

El que ama su vida corporal hasta el punto de renegar de Cristo pierde la vida eterna que nos viene de Cristo.
Hay una relación interpersonal entre Cristo que me amó hasta entregar su vida por mí (Gál 2,20) y el discípulo que queda tan adherido a Cristo (ver Hchs 5,14) que está dispuesto a perder la vida corporal.
El que la odia. En el pensamiento semita odiar puede significar no preferir en caso de tener que elegir. Por ejemplo amar a un señor y odia al otro señor significa que uno prefiere a un señor sobre el otro o al Dinero más que a Dios.
El que no prefiere la vida corporal en este mundo, la guardará para la vida eterna, para el otro mundo, para el cielo.
C. El servidor de Jesús que es honrado por el Padre

Este v. 26 explica el dicho de lo anterior. …que me siga… El seguimiento de Jesús hasta entregar la vida por Él en la cruz.
v. 26: Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

Hay una concatenación entre el servicio y la honra:
1.- El que me sirve, me sigue.

2.- Donde yo estoy, allí está mi servidor.

3.- Al que me sirve, el Padre lo honrará.

Mc 8, 34---Jn 12,26 son paralelos. En Juan el seguimiento hasta la cruz está premiado con 1) allegarse a Cristo para estar con Él 2) y el premio será ser honrado por el Padre.
vv. 27-28: Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»

Aquí se explica la turbación de Jesús en el Huerto; Jesús no puede pedir al Padre que lo libre de la hora, si precisamente su vida tenía en la perspectiva el paso por esa hora para glorificar el Nombre del Padre.
El Padre le contesta con una voz del cielo que dijo: Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.
vv. 29-30: La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» Jesús respondió: No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.

Esta voz, según Jesús, se dio por los circunstantes que la oyeron, no por Él.
Según Juan no necesitaba ninguna teofanía especial como testimonio que iba a dar gloria al Padre aceptando la muerte por nuestra salvación.
Este testimonio de la Voz desde el cielo fue necesario una y otra vez para sus seguidores que tenían tanta dificultad de aceptar que muriendo la muerte horripilante de la cruz se podía glorificar al Todopoderoso.
vv. 31-32: Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Sin transacción lógica de lo anterior, como es típico en los discursos de Jn, se cambia de tema.
El mundo es el teatro de la lucha entre el Príncipe que lo dominaba y el Crucificado aparentemente fracasado que resulta el Triunfador Glorioso en esta lucha agónica.
El Crucificado-Resucitado declara: YO, cuando haya sido levantado (a la Cruz y de la Cruz a la Resurrección) atraeré a todos hacia mí.
v. 33: Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

Juan quiere hacer constar claramente que se trata de la muerte en la cruz.
Señor Jesús, danos la gracia de soportar que nuestro grano “yoico” se permita romperse para que surja la espiga dela Vidaen nosotros. Gracias porque nuestro servicio a ti tiene la garantía de la honra de tu Padre. Que nuestra preferencia seas siempre Tú, nuestra vida eterna.

Danos también tu luz, no la del mundo, para poder captar que sólo siguiéndote hasta ser despojados por completo socialmente, fracasados como tú en la cruz, podemos ir donde estás tú y ser honrados por el Padre que nos desea hombres de verdad seguidores del Hijo del hombre, el Hombre ideal que eres tú.