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jueves, 26 de abril de 2012

IV Domingo de Pascua (Jn 10. 11-18) - Ciclo B: ¿UN PARTIDO POLÍTICO CRISTIANO?



Aunque no se puede decir que, como tales, hayan tenido mucho éxito en nuestro país, en muchos estados de nuestro ámbito cultural hay partidos políticos que se dan el nombre de «cristianos»; por otro lado, a las distintas opciones políticas hay quienes oponen o la «doctrina social cristiana» o el «humanismo cristiano». Sin embargo, hay muchos cristianos que no militan en estos partidos o no comparten esas doctrinas. Por eso podemos hacernos esta pregunta: ¿existe una política que pueda llamarse «cristiana»?

OVEJAS Y PASTORES

Los más antiguos antepasados de Israel de los que se tiene noticia eran pastores nómadas que vivían en tiendas de campaña y que iban de un lugar a otro buscando pastizales para sus ganados. Entre aquellas familias de pastores y sus rebaños se establecía una relación que difícilmente podemos comprender hoy; el jefe del clan familiar era el responsable último de buscar comida para las personas y pastos para los animales, de defender a unos y otros de los posibles ataques de las fieras y de los ladrones... Por eso no es extraño que los hebreos, cuando se establecieron permanentemente en una tierra, compararan al pueblo con un rebaño y llamaran «pastores» a sus dirigentes, sin que para ellos esta comparación resultara ofensiva, como puede serlo entre nosotros, pues mientras que nosotros destacamos el sometimiento sin lucha de las ovejas, ellos ponían en primera línea el cariño de los pastores al cuidar al rebaño, buscarle buenos pastos y defenderlo del ataque de las fieras.
Se llamaba pastores a los políticos y a los responsables de la administración y el gobierno, al rey y a los altos cargos del reino, porque ellos debían cuidar por el bienestar del pueblo. Como los dirigentes se olvidaron muchas veces de que ésta era su misión, los profetas denunciaron con valentía sus abusos: « ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a si mismos! » (Ez 34; véase también Jr 23,1-8). Y les advierten que Dios les va a pedir cuentas y que va a asumir él la tarea de pastorear a su pueblo por medio de un enviado suyo (Ez 34,23; Jr 23,5-6).

EL BUEN PASTOR

Cuando el evangelio dice que Jesús, al ver que mucha gente lo buscaba, «sintió lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor» (Mc 6,34), está haciendo una crítica de los dirigentes del pueblo tanto desde el punto de vista de la situación política de aquel momento como desde la perspectiva del sistema religioso, ya que en Israel lo político y lo religioso estuvieron siempre unidos. Y así, cuando Jesús dice que él es el buen pastor, el modelo de pastor, está afirmando que en él se cumple lo anunciado por los profetas y que en él se realiza lo que Dios quiere que sea un dirigente -político o religioso- del pueblo.
Jesús afirma que él es el modelo de pastor porque en él se dan tres rasgos característicos:
1. «El pastor modelo se entrega él mismo por las ovejas.» Esta es la primera cualidad. El pastor entrega su propia vida en favor de las ovejas que pastorea. Su tarea no es una actividad económica: no busca ventaja alguna para sí mismo, ni salario ni beneficio. Sólo persigue el bienestar y la felicidad de sus ovejas. Hace tres semanas recordábamos cómo Jesús llevó a término su entrega.
2. La segunda característica es el conocimiento personal de sus ovejas: «Yo soy el modelo de pastor; conozco las mías y las mías me conocen a mí.» No hay entre el pastor y su rebaño una relación de superioridad, sino de amistad: «No, no os llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a vosotros os vengo llamando amigos porque todo lo que oí a mi Padre os lo he comunicado», dirá Jesús a sus discípulos en la noche de la última cena (Jn 15,15). El dirigente del pueblo, el pastor, según el modelo de Jesús, no es alguien que ordena, organiza y manda desde su despacho a unas ovejas de las que sólo conoce cómo suena el balido de sumisa adhesión; entre el pastor al estilo de Jesús y su rebaño se establece una relación de conocimiento y amor semejante a la que existe entre el Padre Dios y su Hijo. Un conocimiento que es amor y un amor que es donación de vida.
3. La tercera es la creación de un rebaño en el que nadie se sienta excluido: «Tengo además otras ovejas que no son de este recinto: también a ésas tengo que conducirlas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor.» El exclusivismo político-nacionalista y religioso que estaban en vigor en la sociedad judía en tiempos de Jesús queda definitivamente superado. El Pastor Modelo no entrega su vida por defender su bandera y ni siquiera por defender su credo: él entrega la vida para que sus ovejas puedan encontrar la felicidad viviendo como hermanos por encima de credos y banderas.
El evangelio no nos ofrece soluciones concretas a los problemas políticos; no nos dice qué medidas concretas deben tomarse para acabar con el paro o qué medios concretos se deben emplear para elevar el nivel cultural de una colectividad: no existe, por consiguiente, una política cristiana; nadie tiene derecho a usar nuestro nombre de cristianos para su partido político. Y nadie debería cometer la insensatez de rebajar el evangelio a la altura de un programa político más.
Lo que sí hay es un modo cristiano de servir al pueblo (todos los que tienen o buscan el poder dicen que quieren servir al pueblo): el que encarna el Buen Pastor.