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lunes, 23 de abril de 2012

Las Diez Mayores Luchas-de-Fe de Nuestra Era


Por Ron Rolheiser (Traducción Carmelo Astiz)
Publicado por Ciudad Redonda

A veces el simple hecho de poner nombre a algo puede ser inmensamente útil. Mientras no somos capaces de poner nombre a algo nos sentimos más indefensos ante sus efectos, sin llegar a saber realmente lo que nos está ocurriendo.
Muchos de nosotros, por ejemplo, conocemos bien del libro “La Iglesia Futura: Cómo están Revolucionando Diez Tendencias a la Iglesia Católica”(“The Future Church: How Ten Trends are Revolutionizing the Catholic Church”), de John Allen. Las realidades que menciona en este libro, aun cuando no nos afecten directamente, nos ayudan aún a ponernos en forma para bien. Como periodista que viaja por el mundo como analista del Vaticano para la cadena de televisión CNN y para el importante periódico quincenal National Catholic Reporter, John Allen es capaz de proporcionarnos, sobre temas de la iglesia, una perspectiva más amplia y global de lo que generalmente disponemos nosotros, con nuestra visión emocionalmente más concentrada y embrollada en nuestros propios temas locales y nacionales. Los pesares que afectan a nuestra propia casa pueden obcecarnos para no sensibilizarnos ante las grandes preocupaciones del planeta: así como, por el contrario, percibiendo de primera mano las preocupaciones y sufrimientos de otros puede situar nuestras propias preocupaciones y sufrimientos en una perspectiva más saludable. El marco global de referencia de John Allen, como queda destacado en las mega-tendencias que él menciona en su libro, nos ayuda efectivamente a mantener nuestras preocupaciones eclesiales en una perspectiva más saludable.
Así pues, aquí presento mi propio intento de poner nombre a algunas realidades: Hace unos años el mismo John Allen, en una entrevista que me hizo, me pidió elaborar una lista, según mi consideración, de las diez luchas más importantes de nuestro tiempo en el ámbito de la fe y de la iglesia. Lo acepté como un buen reto. La lista que sigue, sin duda con una perspectiva menos global que las diez tendencias de Allen, es mi propio intento de dar nombre a las luchas clave de fe y de iglesia con las que lidiamos hoy. Me temo que mi visión, diferente de la de Allen, se dirija más a culturas de Occidente más secularizadas que al mundo en general, en toda su extensión.
¿Cuáles son las diez mayores luchas de nuestro tiempo en el ámbito de la fe y de la iglesia, al menos tal como se manifiesta en las partes más sumamente secularizadas de nuestro mundo?
1- La lucha de nuestra conciencia cotidiana contra el ateísmo, esto es, la lucha por poseer un sentido vivencial de Dios dentro de una cultura secular que, para bien o para mal, es el narcótico más poderoso infiltrado en este planeta…; la lucha por ser conscientes de Dios fuera del templo y fuera de una celebración explícitamente religiosa.
2 -La lucha de vivir en comunidades rotas, divididas y altamente polarizadas, siendo nosotros mismos personas heridas, y de soportar la tensión sin resentimiento y sin devolverla en especie…; la lucha dentro de nosotros mismos, aun estando heridos, para sanar a otros y ser pacificadores, en vez de contribuir nosotros mismos a la tensión.
3- La lucha por vivir, amar y perdonar por encima de las ideologías contagiosas que inhalamos cada día, es decir, la lucha por la auténtica sinceridad, para conocer y seguir a nuestras propias mentes y corazones, superando lo que se nos impone por la derecha y por la izquierda…; la lucha por no ser ni liberal ni conservador, sino más bien hombres y mujeres de genuina compasión.
4- La lucha por cargar con nuestra sexualidad, ni con excesiva frigidez ni con irresponsabilidad; la lucha por una sexualidad sana, con su gran poder, a la que se puede reverenciar decorosamente y con la que se puede deleitar como es debido…; la lucha para vivir nuestra sexualidad de tal manera que irradie, a la vez, castidad y pasión.
5 -La lucha por la interioridad y la oración, inmersos como estamos en una cultura que, sedienta de información y distracción, constituye una conspiración efectiva contra la profundidad y la soledad; es el eclipse del silencio en nuestro mundo…; la lucha para volver nuestros ojos hacia un horizonte más profundo, más allá de las pantallas digitales.
6- La lucha para ocuparse de manera saludable “del dragón” de la grandiosidad personal, la ambición y la agitación patológica, dentro de una cultura que las sobre-estimula a diario; la lucha para lidiar de modo saludable tanto con la afirmación como con el rechazo…; la lucha dentro de un entorno inquieto y excesivamente estimulado para encontrar de modo normal el delicado equilibrio entre depresión e inflación.
7- La lucha para no verse motivado por la paranoia, el miedo, la estrechez de miras y el exceso de proteccionismo frente al terrorismo y a la apabullante complejidad de la vida…; la lucha para no dejar que nuestra necesidad de lucidez y seguridad les gane a la compasión y a la verdad.
8- La lucha con la soledad moral dentro de una Diáspora religiosa, cultural, política y moral… La lucha por encontrar un amigo íntimo, un alma gemela, que se encuentre con nosotros y duerma con nosotros en el interior de nuestro centro moral.
9 -La lucha por enlazar la fe con la justicia…; la lucha por lograr una carta de recomendación de los pobres, para conectar el evangelio, de modo institucional, con la calle; para permanecer del lado de los pobres.
10- La lucha por la comunidad y la iglesia; la lucha dentro de una cultura de individualismo excesivo, para encontrar la línea saludable entre individualismo y comunidad, entre espiritualidad y eclesiología…; la lucha, como hijos adultos de la Ilustración, para lograr ser a la vez maduros y comprometidos, espirituales y eclesiales.
Pero, ¿qué valor tiene una lista así? Es importante dar nombre a las cosas y darles nombres adecuados; aunque hay que reconocer que el dar nombre sencillamente a una enfermedad no proporciona de por sí una curación. Sin embargo, como solía bromear con agudeza el famoso psicólogo James Hillman: cuando más sufre un síntoma, es cuando no sabe a dónde pertenece o dónde está a gusto.