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miércoles, 25 de abril de 2012

Pistas para la Homilía: PASCUA – DOMINGO IV B (29-abril-2012)



1. Lecturas:

a. Hechos de los Apóstoles 4, 8-12
b. I Carta de san Juan 3, 1-2
c. Juan 10, 11-18

2. En la primera lectura, el apóstol Pedro pronuncia un emotivo discurso, en el cual denuncia la persecución de los líderes religiosos de Israel. En un estilo directo, les echa en cara su responsabilidad en la crucifixión y el descomunal error que cometieron al negarse a reconocer en Él al Mesías anunciado por los profetas: “Este mismo Jesús es la piedra que ustedes los constructores han desechado y que ahora es la piedra angular”.

3. Sobre este telón de fondo cargado de negatividad, se proyecta la imagen luminosa de Jesús como Buen Pastor. Los invito a que focalicemos nuestra meditación dominical en este inspirador texto del evangelio de Juan.

4. En este caso, el Señor no acude a parábolas, las cuales son precedidas de expresiones como “el Reino de Dios es como…”, “el Reino de Dios se parece a…” En el texto evangélico que meditamos, Jesús utiliza un lenguaje directo: “Yo soy el Buen Pastor”; no estamos, pues, frente a una figura literaria, sino que se trata de la afirmación contundente de una identidad y de una misión.

5. ¿De dónde saca Jesús este lenguaje? Ya en el Antiguo Testamento, particularmente en los Salmos y en los profetas Ezequiel e Isaías, se encuentran expresiones como “el Señor es mi pastor”, “como un pastor vela por su rebaño, así velaré yo por mis ovejas”, “buscaré a la oveja perdida”, siempre en referencia a Iahvé.

6. Antes de seguir profundizando en el sentido teológico de esta afirmación – “Yo soy el Buen Pastor” -, los invito a asomarnos al arte cristiano de los primeros siglos:
a. Recordemos que la religión judía prohibía absolutamente que la divinidad fuera representada en imágenes. Esta prohibición no estaba motivada por un rechazo a las expresiones artísticas, sino por la peligrosa inclinación que el pueblo de Israel siempre sintió hacia la idolatría; a lo largo de su historia, con frecuencia sucumbió a la tentación de adorar las imágenes que representaban a los dioses de los pueblos vecinos, con los que sostenían intercambios comerciales. La comunidad cristiana de los orígenes poco a poco se fue distanciando de la normativa judía, y así, en el siglo II, encontramos las primeras representaciones del Señor como Buen Pastor.
b. Esta figura del pastor se representaba de dos maneras: unas veces, el pastor cuida atentamente a su rebaño, estando de pie o sentado; otras veces, el pastor aparece con el cordero extraviado en sus brazos o sobre los hombros.
c. Encontramos bellísimas representaciones del pastor con sus ovejas en los mosaicos que decoran las basílicas de los primeros siglos.
d. En el siglo VI empieza a desaparecer esta iconografía del Buen Pastor, y el Señor es representado en la escultura y en la pintura con un rostro mucho más definido en sus rasgos.

7. Esta apropiación que hace Jesús de la imagen del pastor nos permite comprender mejor su misión:
a. En sus correrías apostólicas siempre estuvo preocupado por la suerte de los que salían a escucharlo: los consolaba en sus tristezas, les curaba sus enfermedades y, sobre todo, les anunciaba la salvación.
b. Manifestó una particular sensibilidad hacia los más vulnerables de la comunidad, es decir, hacia los más débiles del rebaño, a quienes prodigó cuidados especiales.
c. Se opuso a los líderes religiosos que habían traicionado su misión – los asalariados de los cuales habla en el texto evangélico que meditamos -, y protegió a sus ovejas de las agresiones externas.
d. Fue especialmente delicado con aquellas personas que se habían apartado del camino del bien – las ovejas descarriadas – y les tendió la mano.

8. Los líderes espirituales de hoy deberían leer, una y mil veces, este texto del evangelista Juan, pues encontrarán allí los rasgos inspiradores de una vida dedicada al servicio, así como una cruda denuncia de los comportamientos escandalosos de los que son infieles a su vocación.

9. Salgámonos del ámbito de lo explícitamente religioso para explorar otros escenarios de la vida en sociedad, donde el texto del Buen Pastor tendría mucho que decir… En este texto se podrán inspirar todas aquellas personas que ejercen una función de liderazgo dentro de una organización, pues el relato evangélico pone de manifiesto valores como el compromiso personal que va más allá del vínculo puramente formal y laboral, la importancia de establecer relaciones cercanas con los miembros del colectivo, la preocupación por el bienestar y la seguridad de todos, la creación de un ambiente amable.

10. Que la meditación de este hermoso texto en el que Jesús se describe como el “Buen Pastor” nos ayude a comprender mejor la misión del Señor, y también nos ayude a ver, en una perspectiva diferente, las relaciones sociales, que no pueden ser simplemente funcionales o, peor aún, de dominación y explotación, sino que deben estar marcadas por el sentido del servicio.