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miércoles, 23 de mayo de 2012

Comentarios Biblícos y Pautas para la Homilia: Domingo de Pentecostés (Jn 15, 26-27. 16, 12-15) ciclo B


“El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”

En este ciclo B del año litúrgico, las lecturas bíblicas del día de Pentecostés evocan tres importantes consecuencias del influjo del Espíritu Santo en la vida de los creyentes.
Un conocimiento íntimo y progresivo de la verdad sobre Jesús (evangelio: Jn 15, 26-27; 16, 12-15). Es decir, una compenetración con su persona y su mensaje, a partir del testimonio interior de su Espíritu y del testimonio exterior de su palabra escrita, transmitida e interpretada en la comunidad eclesial.
Una libertad de acción por encima de las fronteras de la ley (2ª lectura: Gál 5, 16-25). O sea, una manera de obrar que va más allá de las prescripciones formales, que no teme la amenaza de las incomprensiones, que se atiene a las decisiones maduradas bajo la guía del Espíritu, que da frutos duraderos en la vida personal y en la convivencia fraterna y ciudadana.
Un lenguaje capaz de hablar de Dios de manera accesible y convincente (1ª lectura: Hch 2, 1-11). Consecuencia de lo anterior, se expresa con la sencillez del compañero de camino, con el ardor del convencido, con la autoridad del comprometido en los entresijos del mundo.

Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Domingo. Caleruega (Burgos)

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Comentario Bíblico

Primera lectura: Hechos 2,1-11.

Nota: Para valorar adecuadamente la Fiesta de Pentecostés hay que recordar algunos elementos importantes que ayuden a centrar la atención.

1) Esta fiesta judía actualizaba litúrgicamente dos cosas distintas: originalmente se la llamada Fiesta de la Siega porque se ofrecían a Dios las primeras gavillas de la nueva cosecha y se le daban gracias por los frutos de la tierra (también se llamaba Fiesta de las Semanas, porque se celebraba siete semanas después de Pascua, de ahí Pentecostés: quincuagésimo día). Luego se la espiritualizó y se celebraba en ella la estipulación y promulgación de la Alianza en el Sinaí entre Dios (Soberano) y su pueblo (vasallo).

2) Breve historia de la actuación del Espíritu: está presente en la creación haciendo visible como Fuerza y Dinamismo; el Espíritu dirige las grandes gestas de la salvación (suscitando y animando a los dirigentes carismáticos); el Espíritu prepara y acompaña a los profetas en su misión; el Espíritu (en Exilio y después del Exilio de Babilonia) se entiende como una gran promesa de futuro.

En todo este proceso de sus intervenciones el Espíritu de Yahvé (todavía no se le llama Santo) se hace presente de forma intermitente, temporal y sólo para los dirigentes del pueblo (gobernantes y profetas). Pero en la etapa central de la salvación, cuando Dios realice su plan (en Cristo) se promete el don del Espíritu para el Mesías (Gobernante y Profeta ideal) para toda la comunidad, para cada uno de los miembros de la comunidad y una posesión permanente. Esto nos permitirá entender mejor los textos que a continuación vamos a escuchar, proclamar e interpretar para el pueblo de Dios que hoy está presente y sigue siendo levadura en el mundo y sigue necesitando urgentemente de la renovación profunda que proporciona el Espíritu.

Marco: El relato de Pentecostés.

Reflexiones:

1ª) ¡Todos unánimes y en oración!

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés, con María la Madre de Jesús. En el capítulo anterior de este mismo libro, Lucas nos recuerda que estaban todos juntos, unánimes, en oración con María la Madre Jesús y sus hermanos. María, Madre de la Iglesia, estaba presente. Era necesaria su presencia en la ausencia de su Hijo. Como sigue siendo necesaria hoy en medio de la Iglesia. Jesús les había mandado que no se alejasen de Jerusalén, que esperasen allí la Promesa del Padre, es decir, al Espíritu Santo y así lo han cumplido. Pero el autor subraya explícita y enfáticamente que estaban juntos, unánimes. En armonía completa. El autor de Hechos se complace en insistir en la actitud de armonía que reinaba en la primera comunidad cristiana. Y lo propone como modelo para toda comunidad cristiana. Esta misma actitud la retrotrae hasta los días de preparación para la recepción del Espíritu. Juntos han experimentado que Jesús está vivo y juntos esperan la venida del Espíritu que sellará definitivamente la obra salvadora. A Lucas le gusta recordar que la venida del Espíritu Santo acontece cuando están juntos y en oración (Hechos 4 y 13). Es el clima apropiado para recibir el Don del Padre. En la oración se recibe al Espíritu y en la oración se renueva constantemente su presencia.

2ª) La fuerza del Espíritu.

De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. En el desarrollo del pensamiento sobre el Espíritu en la historia de la salvación se puede verificar que allá en los orígenes de esa reflexión aparece el viento tempestuoso y huracanado como manifestación del poder y de la soberanía de Dios. Es el punto de partida. Más adelante se descubrió en el respirar de los seres vivos como manifestación de la vida. En este momento se recuerda aquellas primeras manifestaciones para indicar que el acontecimiento entra dentro de los planes de la manifestación del poder soberano de Dios. El Espíritu todo lo penetra y todo lo llena con su presencia. Lucas ha utilizado el lenguaje que le ofrece la tradición bíblica y dentro de ella hay que comprender lo que quiere decir. El Espíritu es inasible, desborda todo intento de querer encuadrarlo, poseerlo o dominarlo. Es soberano y dinámico. Es pura fuerza y actividad con firmeza pero suavidad a la vez.

3ª) ¡El Espíritu, Don escatológico!

Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos del Espíritu Santo. Para la comprensión de esta acción del Espíritu es también necesario recordar su modo de actuación en la historia de la salvación. En el Antiguo Testamento, cuando se quiere expresar esta actuación, se le contempla en tres líneas fundamentales: de salvación o testimonio, profética, y promesa escatológica. En primer lugar, la línea de actuación de la salvación manifiesta su poder en aquellos que fueron elegidos para llevar adelante la salvación del pueblo de Dios. El Espíritu actúa en ellos pero no de modo permanente y sólo como representantes del pueblo. En segundo lugar, el Espíritu actúa en los profetas para prepararles a la misión y para que pudieran realizarla superando todas las dificultades y contradicciones. En tercer lugar, el Espíritu aparece como la gran promesa escatológica (Isaías, Ezequiel y Joel), es decir, como un don para el final de los tiempos. Esta promesa se concretiza en tres grupos de personas: en el Mesías, en toda la comunidad y en cada uno de sus miembros, en todos ellos estará de manera permanente. Así se comprende mejor la afirmación de Lucas todos quedaron llenos del Espíritu Santo y unas lenguas como llamaradas que se posaban sobre cada uno de ellos. Se cumple la segunda y tercera parte de la gran promesa. La primera se había cumplido en Jesús desde su concepción (el Espíritu Santo vendrá sobre ti, Lc 1,35).

4ª) El Espíritu que empuja a la evangelización

Empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería... cada uno le oía hablar en su propio idioma... cada uno les oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua. Este milagro del Espíritu está más en los oídos de los oyentes que en los labios de los Apóstoles (glosolalia). La finalidad de este fenómeno está en relación con la enumeración de los pueblos que se encuentran representados en Jerusalén. Se trata de una lista que incluye la totalidad de los pueblos entonces conocidos. Pues bien, Lucas quiere hacer notar sutilmente que se restaura la comunión rota en Babel y que esta comunión entre los pueblos se llevará a cabo por la evangelización impulsada por el Espíritu. Cuando se anuncia el Evangelio en cualquier parte del mundo se está rubricando este don del Espíritu.



Segunda lectura: 1 Corintios 12,3b-7.12-13.

Marco: El fragmento pertenece a un conjunto donde Pablo intenta salir al paso de los excesos que se producen en Corinto por el mal uso de los carismas. Con esta ocasión, el Apóstol escribe para clarificar la finalidad y el valor de los carismas en la Iglesia. El ambiente polémico es la ocasión para afirmar algo importante para la Iglesia de todos los tiempos.

Reflexiones:

1ª) El Espíritu al servicio de la fe cristológica.

Nadie puede decir "Jesús es Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Esta tarea del Espíritu es fundamental para la Iglesia. El Espíritu es el continuador de la obra de Jesús, el que había de facilitar la comprensión de la identidad de Jesús y el sentido profundo de sus palabras. Pues bien, el Apóstol Pablo recuerda en este fragmento que la confesión pública (reconocer a Jesús como Señor) sólo es posible en el Espíritu Santo. Tanto en la confesión solemne ante los tribunales como en el testimonio el mismo Espíritu Santo es quien acompaña y empuja a los creyentes a realizar este acto de fe. Sólo con y en el Espíritu Santo es posible realizar esta confesión. La expresión no significa una simple jaculatoria. Es algo más amplio y más profundo.

2ª) Diversidad de dones para un mismo bien común

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu...En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. El Espíritu es soberano para distribuir los carismas y los dones para el bien de la Iglesia. Acoger esta diversidad de dones es acoger la acción providente del Espíritu. En la primera Iglesia como en la actual abundan los dones. Todos los carismas, con su distinta función y misión, proceden del mismo Espíritu. Pero Pablo nos advierte severamente, apoyado en la experiencia dolorosa de su querida comunidad de Corinto, que nadie se arrogue carismas que no ha recibido, que nadie se vanagloríe de su carisma como si le fuera concedido por méritos propios. Y que nadie los utilice para crear división. Todo ello estaría fuera del proyecto del Espíritu cuando concede los carismas. Estos carismas manifiestan la diversidad para conseguir la comunión y la unidad.

3ª) El Espíritu rompe separaciones y nos hermana a todos

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El nuevo título de la pertenencia al pueblo de Dios ya no es la sangre heredada, sino el bautismo. Este sacramento de regeneración hermana a todos los pueblos que aceptan el mensaje, porque es un nuevo nacimiento en el Espíritu y, por tanto, se establecen nuevas relaciones. Por eso el bautismo en un mismo Espíritu anula y hace desaparecer las diferencias antiguas. Todos formamos un mismo cuerpo. Pentecostés nos invita de diversas maneras a abrir fronteras y ensanchar horizontes.

Tercera lectura: Juan 20,19-23.

Marco: Forma parte del conjunto de las apariciones del Resucitado. Es la versión joánica de una aparición de misión del resucitado. Cada evangelista lo ha entendido de modo diferente según su reflexión teológica y las necesidades de sus comunidades (véase Mt 28, 16ss; Mc 16,9ss; Lc 24, 36ss).

Reflexiones:

1ª) ¡Reconocimiento de que está vivo!

Les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Como el Padre me ha enviado así os envío yo a vosotros. En la escuela joánica se insiste de modo particular en la misión. El Padre envía al Hijo al mundo para salvarlo y no para condenarlo. El Padre y el Hijo envían al Espíritu, y juntos a los Apóstoles. La cadena de la misión se prolonga hasta la vuelta del Señor Glorioso al final de los tiempos. Este carácter teológico de la misión se traduce en un sentido misionero profundo que invade el Evangelio. Y que invita a la Iglesia de nuestro momento histórico a tomar en serio la misión para hacer presente aquella cadena que comenzando en el Padre terminará en El al final de los tiempos

2ª) El Espíritu realiza la nueva creación

Jesús les dijo: Paz a vosotros. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos. Aliento y viento se expresan en hebreo con el mismo término ("Ruaj"= "Espíritu"-viento). Es necesario observar algunos detalles para la comprensión del fragmento: a) Jesús es el transmisor del Espíritu; se ha cumplido la era mesiánica y Jesús, verdadero Mesías, dispone del Espíritu recibido del Padre y lo entrega a sus discípulos. b) El verbo "exhalar" remite a dos momentos importantes en el pan del Dios creador y salvador: la creación del hombre (Gn 2,7): Dios sopla en las narices de la imagen elaborada con la arcilla y se convierte en un ser vivo y a la visión de los huesos secos que vuelven a la vida (Ez 37). Los huesos secos representan a la casa de Israel que ha perdido su esperanza. De nuevo aparece el Espíritu y de nuevo la misma expresión verbal "soplar". Este acontecimiento histórico, pasa a ser símbolo de la nueva creación por obra del Espíritu. Estos datos precedentes nos ayudan a valorar las expresiones de Juan cuando nos transmite que Jesús resucitado se hace presente entre sus discípulos, "sopla" su aliento sobre ellos y les entrega el Espíritu. Nos permite comprender que se trata del Espíritu Creador que va a llevar adelante la nueva creación.

3ª) Nueva creación y perdón de los pecados

Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. El pecado es el que malogró, en el paraíso, el proyecto de Dios sobre el hombre. El Espíritu Santo, llevando adelante su actividad de perdonar los pecados a través de los Apóstoles y de la Iglesia, hará presente en el mundo la nueva creación; manifestará en el mundo el verdadero proyecto de Dios. El pecado no está en la textura original del hombre. Por eso podemos afirmar que el pecado no es humano, es decir, no entra en el proyecto original de hombre. Y por eso se puede decir que Jesús no lo pudo tener como hombre (porque como Dios le repugnaba frontalmente, aun cuando fue igual a nosotros en todo). Con la reconciliación universal, obra de la Muerte-Resurrección de Jesús y que se actualiza siempre por el Espíritu Santo, aparece de nuevo cuál fue el sentido del hombre cuando salió de las manos del creador. Pentecostés recuerda la presencia de una fuerza renovadora y vivificadora en nuestro mundo. Hoy más que nunca necesitamos de la experiencia del Espíritu que con sus dones y sus frutos empuja a la humanidad a un nuevo proceso de humanización y de renovación del respeto por la persona humana, por toda persona humana. Y una fuerza renovadora para toda la Iglesia que es enviada en servicio salvador a este mundo.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)

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Conocer la verdad de Jesús

Una de las mayores aspiraciones –y una necesidad esencial- de cualquier cristiano es llegar a conocer a Jesús, para poder vivir la experiencia gozosa de los primeros discípulos y ser capaz, como ellos, de transmitir a otros el fruto de ese encuentro privilegiado. ¿Es acaso esto una utopía ilusoria para nosotros? Naturalmente, no podemos trasladarnos al siglo I y acompañar visiblemente al Maestro como si fuéramos contemporáneos de sus conciudadanos. Pero en eso ya pensó él, y se le ocurrió dejarnos un recurso decisivo para entrar en su intimidad y comprender su mensaje: la presencia permanente del Espíritu, “que yo os enviaré desde el Padre”.

Esa presencia del Espíritu en nosotros y en nuestra historia no sustituye a la presencia de Jesús. Por el contrario, la hace patente –gracias a la fe- y nos permite adentrarnos en el secreto de su persona e ir descifrando el sentido que sus palabras encierran para una época como la nuestra. “Recibirá de mí –dice Jesús hablando del Espíritu- todo lo que os irá comunicando”.

De esta manera iremos descubriendo también los planes de Dios para con nosotros (“todo lo que tiene el Padre es mío”) y, a través de ellos, su propia realidad de Padre de Jesús y Padre nuestro.

Vivir más allá de la ley

La compenetración con Jesús, que el Espíritu nos proporciona, tiene como consecuencia ir haciendo de nosotros seres libres, partícipes de su propia libertad. Vamos siendo cada vez más “espirituales” y menos “carnales”, en términos bíblicos. La “carne” es simplemente nuestra condición natural, que nos reduce a nuestra pequeñez física y nos encierra en nuestra medianía o en nuestra malicia moral; el “espíritu” es lo que hace de nosotros personas íntegras y expansivas, capaces de afrontar los desafíos de la vida y de la sociedad y de ir configurando paulatinamente la imagen inicial que Dios plasmó en nosotros al crearnos.

“Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley”, dice san Pablo. No porque nos convirtamos en unos libertinos, sino porque, bajo esa guía, la ley se queda corta para encauzar nuestra vida. “Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne, con sus pasiones y deseos”, y esa “crucifixión” ha culminado, como la de Jesús, en una resurrección que triunfa de todo lo mediocre y mortecino.

El Apóstol enumera una larga serie de “frutos del Espíritu”. Presididos por el amor, se oponen a las “obras de la carne” y hacen del cristiano alguien que contagia alegría, que construye la paz en el mundo, que acoge a todos con generosidad, que realiza su trabajo con honradez, que está siempre disponible para los demás,… “Contra esto –dice Pablo- no va la ley” (aunque a veces sí pueden ir los leguleyos).

Hablar de Dios de manera convincente

“De lo que rebosa el corazón habla la boca”, afirma el dicho popular. Compenetrarse con Jesús de tal manera que, gracias al Espíritu, su estilo vaya apoderándose cada vez más profundamente de nosotros es lo que nos impulsa a dar testimonio de él. Es lo que nos capacita para hablar de él con espontaneidad y con ardor, como los discípulos el día de Pentecostés. Es lo que hace comprensible nuestro lenguaje para todo tipo de gentes, como sucedió ese día ya lejano en Jerusalén. Es lo que da vigor a nuestra palabra y la hunde como una espada de dos filos en el corazón de quienes nos escuchan, como ocurrió con la de Pedro en los peregrinos de la ciudad santa.

. Y si esa palabra va avalada –siempre con el aliento del Espíritu- por una vida coherente, por un compromiso decidido en favor de quien nos necesita, por una convivencia fraterna y servicial a pesar de nuestras diferencias, por una perseverancia inasequible a la fatiga, por una esperanza más allá de las fronteras de este mundo, entonces esa palabra, derramada como la lluvia sobre la tierra, no volverá nunca vacía a su fuente. Entonces será de nuevo Pentecostés en cualquier Jerusalén de nuestros días.

Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Domingo. Caleruega (Burgos)