NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

sábado, 19 de mayo de 2012

Contemplaciones del Evangelio: El colaborador Jesús


Domingo de la Ascensión B 2012
Por Diego Fares sj

Seguimos con el “oficio” del Señor. Marcos nos dice que luego de la Ascensión a lo más Alto de la intimidad sagrada del Padre, eso que llamamos “el Cielo”, desde donde ambos nos envían su Espíritu Santo, el oficio del Señor Jesús consiste en “colaborar” con los que envía a anunciar la Buena noticia a todas las creaturas. Jesús colabora y “confirma” la Palabra con signos.

¡Qué lindo “titulo” para el Señor: colaborador!
Los así llamados “Títulos de Cristo”, los más grandes, se suelen tomar de las ve-ces que el Señor dice “Yo soy” –el Hijo de Dios, la Luz verdadera, el Buen Pastor, la Vid verdadera, la Vida, el Señor…-. Este título escondido (no está, creo en las listas que ponen más de cien), es un título más humilde, tomado de un verbo –co-operar, colaborar sinérgicamente-.
Tiene relación con la definición que da el Señor de sí cuando dice que “Él no ha venido a ser servido sino a servir”.
Pero colaborar va más allá, es servir con otros, ayudar en la tarea de otros… “Ellos Salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor y confirman-do…”.
Se trata de uno de esos oficios “escondidos” que el Señor se reservó para sí.

Esto del “oficio” que San Ignacio nos descubre, es como para abrir los ojos a un Jesús nuevo.
Es curioso cómo la lectura de este pasaje de Marcos ha suscitado toda una icono-grafía del Señor sentado a la diestra del Padre pero no hay “imágenes” de Jesús “colaborando”. Por supuesto que en Jesús todo es uno y su “estar sentado a la diestra del Padre” es un “estar intercediendo por nosotros”, un “estar activo, activí-simo”, que consiste en “estar enviándonos su Espíritu” para que nos asista en todo momento, pero me parece que no le hace justicia, luego de tanta encarnación y de tanta pasión, esta imagen como de uno que ha llegado a la meta y se sienta en su trono glorioso a descansar y dirigir todo desde arriba.

Me gusta más la imagen del Señor “colaborando” (el de Teresita que se quiere “pasar su cielo haciendo el bien aquí en la tierra”). Es decir, la imagen de un Je-sús no sólo abocado a la tarea de interceder ante el Padre, sino metido en la cocina de la historia, colaborando codo a codo con los suyos que están metidos en la tarea de servir a los demás. Los que están en las “tareas esenciales” como decía uno de los curas villeros, en el sentido de que en la villa todo es cuestión de vida o muerte.
La frase de Hurtado, “qué haría Cristo en mi lugar” a veces me asustaba un poco (más bien mucho) porque la sentía como “juzgando” mis pobres acciones desde una caridad perfecta y sin descanso.
Al rezar ahora la siento de otra manera.
Imagino más bien que ese Jesús incansable, que iba siempre delante de los discípulos y que cuando ellos se rendían Él se quedaba enseñando a la gente o repartiéndoles el pan o que se levantaba tempranito a rezar, era Jesús en su vida terrena, realizando su tarea específica de sembrar la semilla de la buena nueva y de dar su vida para redención de nuestros pecados. El Jesús que ha entrado en el Cielo de la Intimidad del Amor con su Padre, es un Jesús con otro ritmo: más que con ritmo de protagonista único con ritmo de colaborador.
Por tanto: ¿qué haría Jesús en mi lugar hoy? ¡Colaborar! Nada de heroico aislado. Colaboración humildita, alegre y trabajadora.

Se puede leer desde aquí aquella frase del Señor de que nosotros “haríamos obras mayores que las suyas”. Esto, que en general uno no se lo cree, es quizás por no entender bien el rol de Colaborador del Señor. Con su Colaboración, la Iglesia, hace obras mayores de las que hizo Jesús sólo durante su vida terrena. Sigue siendo Él el que está activo y creativo, pero lo está como colaborador.

Tenemos que acudir a nuestras experiencias lindas de trabajar con y como cola-boradores en nuestras obras. Se me agolpan muchas imágenes como un rebañito de ovejas que se acercan a la mano del pastor. A ver si las ordeno.

La primera es la imagen linda del que se ofrece “para colaborar en lo que haga falta”.
Me pregunto ¿Por qué es tan fuerte recibir a alguien consolado por el Espíritu que manifiesta su deseo de colaborar? ¿Por qué siempre nos conmueve?
Y bueno, es que mirado desde este evangelio, no es sólo porque sentimos allí una moción del buen espíritu sino porque es Jesús mismo “nuevamente encarnado” como dice Ignacio que lo tenemos que contemplar, que viene a nosotros y se nos ofrece para colaborar.
La imagen de Jesús en el que “tiene hambre” o “está enfermito”… no es la única.
Imaginemos un juicio final así:
“Y el Colaborador les dirá:
vengan benditos de mi Padre, a recibir el Reino
que les fue preparado desde el comienzo del mundo.
Porque me ofrecí para colaborar con ustedes
y me dieron un lugar y una tarea.
Y los colaboradores le preguntarán:
¿Cuándo Señor te recibimos como Colaborador?
Y Él les responderá: Cada vez que aceptaste la colaboración
del más pequeño de mis hermanos
y colaboraste con él y él colaboró con vos,
yo colaboré con ustedes”.

La otra imagen linda es la del que abre espacios de colaboración. Nuestras obras, hogares, casas, grupos, no son sólo lugares para “recibir a Jesús en la per-sona del que sufre” sino también lugares para “recibir a Jesús que colabora y colaborar juntos con Él”.
Con la colaboración de Jesús “se colabora” o “no se colabora”.
No es cuestión de palabras sino de amor en acción, y acción colaborativa, sinérgica.
Aquí lo que cuenta, más que la idea abstracta, es la idea realizada efectivamente y en tiempo real con los límites y las sorpresas que tiene cada día.
Por eso, decía, la imagen linda de Jesús colaborador está en las personas que convocan a que creemos espacios de colaboración.
Estos espacios no son “perfectos” como lo que se pone en los papeles sino luga-res reales y vivos. Perfectibles, por tanto, con la colaboración de todos.

Lo que quiero decir es que los lugares de colaboración son para colaborar. No para discutir o juzgar como desde afuera. Cada uno puede elegir el suyo, pero en alguno hay que colaborar. Si no, nos perdemos la colaboración de Jesús. Quizás no nos perdamos su presencia eucarística, su perdón en la confesión, su “ser ayudado” en los necesitados…, pero nos perdemos su colaboración que sólo se da allí donde colaboramos con otros.

Como ven, la reflexión va a contrapelo, frenando para que no se nos vaya la ima-gen de Jesús en una sola dirección.
Si Jesús está “colaborando” de verdad, como nos dice Marcos, tengo que verlo, o mejor, tengo que sintonizar con él en la acción que realizamos con los otros co-laboradores.
¡Jesús no colabora sólo conmigo!
Co-labora con los que co-laboran.
“Donde hay dos o tres colaborando en mi Nombre yo estoy colaborando con ellos”. (¿Hace falta agregar “Donde una labura cortándose sólo yo no colaboro con él”?).

Es medio obvio lo que digo, y sin embargo…

Un “No colaboro” dicho por el Señor quizás no signifique “no confirmo tu trabajo” o “no lo bendigo”. No, porque el Señor no quiere que se pierda nada de lo bueno que hago.
Quizás sea que al que se corta solo el Señor se lo permite e incluso bendice su tarea para que haga bien, pero “no colabora con él”.

¿Cuál sería la diferencia?
Al que pregunte esto yo no le explicaría mucho.
Si uno no siente la diferencia entre algo que uno hizo solo y algo que uno hizo colaborando con los demás y en lo que Jesús colaboró, hay que esperar a que reciba la gracia.
La alegría que se siente cuando algo realizado es “todo de todos, con lo único y personal de cada uno, gracias a la colaboración de Jesús” es una alegría muy especial. Es todo de todos y todo de cada uno “inconfuse et indivise”.

Una última reflexión. Este oficio de Jesús nos hace buscarlo y encontrarlo en otra dirección que la “cultual”. Así como “el estar sentado” es una imagen “captable”, que se puede pintar y contemplar, también lo de “ver al Señor en los necesitados” tira para el lado de la visión. Y así como hay gente que se goza en la contempla-ción del Señor en el culto y “lo ve” en la liturgia y tiende a buscarlo allí donde “se aparece”, hay también gente que “ve al Señor en los pobres”. Lo cual está muy bien si esta tendencia humana no se absolutiza y si se complementa el ver con el obrar. Este quedarse en el “ver” tiene sus tentaciones. Una es la de “hablar de los pobres” con un lenguaje que marca distancias y diferencias. “Nosotros” tenemos que hacer opción por “ellos”. A algunos teóricos de la pobreza ni se les ha ocurrido nunca preguntarles a personas concretas en situación de pobreza que opinan de que uno “haga opción por ellos”. Los que van a vivir y a trabajar realmente con las personas más necesitadas suelen tener un lenguaje más humilde. Estamos colaborando entre todos para mejorar nuestro barrio…

Al Señor no sólo hay que contemplarlo sino que hay que “colaborar con él”. Y en la colaboración no se lo “ve” sino que se lo siente al lado, colaborando, con-firmando, ayudando, uniendo, abriendo caminos y corazones, creando obras, instituciones, redes, modos de trabajo, prácticas sanadoras, acciones eficaces, cauces de participación, ámbitos donde todos se sienten protagonistas de su vida y de la construcción común.

Después de estar este rato contemplando al colaborador Jesús y compartiendo estas reflexiones (y tantas más que quedan a la mano), siento que me confirma en una cosa: él está colaborando en nuestras obras y yo quiero estar colaborando allí, con él y con todos los que nos sentimos colaboradores y amigos en el Señor.
Por ahí va la imagen del cielo en el que el Señor se “metió”.