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sábado, 12 de mayo de 2012

Dom 13-V-12. Os llamo amigos... Iglesia sin siervos ni secretos



Éste es el domingo de la Iglesia como lugar de amistad. Antes, Jesús era Pastor y era Viña. Hoy le vemos como amigo de amigos a quienes cuenta su secreto (todo lo que sabe), centro de una Iglesia de Amistad donde nadie hay sobre nadie, pues ni él se ha reservado ningún secreto o poder más alto (Jn 15, 15: Centro del evangelio de hoy).

El poder traza una división entres Señores y esclavos
-- Los señores pueden, nos siervos-esclavos (douloi) no pueden, obedecen
-- Los señores saben, y en virtud de su saber más alto se imponen sobre los siervos-esclavos, que no saben, no piensan (hacen lo que les mandan)

Jesús ha superado ese poder y ese saber, para sí mismo y para su Iglesia:
-- Jesús no sabe más, porque todo lo ha dicho y lo ha compartido; por eso no tiene siervos-esclavos (douloi), sino amigos a los que todo dice
-- Jesús no puede más, pues todo su poder se lo ha dado a sus amigos, con quienes lo comparte.

Esto ha de ser la Iglesia,comunión de amigos de Jesús, amigos mutuos:
-- Amigos son aquellos que comparten(comunican) su experiencia: se conocen (se cuentan los secretos), y así confían unos en los otros: cada uno pone su vida en manos de los demás, dialogando en verdad
-- La Iglesia ha de ser, por tanto, comunión de amigos que saben (todos saben igual) y así comparten el poder, que no es poder de mando, sino de comunidad abierta a todos.

Éste es un evangelio inquietante y poderoso...
-- Jesús ha definido a su Iglesia como lugar de claridad, donde él comunica todo lo que sabe y donde sus amigos (los cristianos) se comunican entre sí, no tienen secretos: Todos se dicen, todos saben, todos comparten, sin que haya señores que saben y así mandan (iglesia docente) y creyentes que escuchan (creen a los que saben, más que a Dios), como Iglesia discente.
-- Pero la Iglesia se ha hecho, a lo largo de los siglos, uno de los lugares de mayor secreto del mundo... , en contra del mandato de Jesús.
Unos han sabido y dicho, han dictado y dirigido desde arriba (con su pretendida sabiduría), con nombramientos secretos, con secretas inquisiciones, estableciendo así una "sabia dictadura" (evidentemente, para bien de los subordinados...
Otros (la mayoría) no han sabido ni dicho, han escuchado y obedecido... teniendo además que dar gracias a Dios por sus buenos "pastores" (que son como pastores de ovejas irracionales, no amigos....)

Ciertamente, no todo es así..., pues hay en la Iglesia gérmenes de comunión, un camino abierto para que todos sepan y compartan... Pero se trata de un camino siempre difícil, que encuentra múltiples resistencias. Por eso es necesario volver a este evangelio: La Iglesia ha de ser el lugar donde todos compartan conocimiento y vida, sin secretos superiores...

En este contexto se deben distinguir dos estilos de mando:

-- Hay un estilo platónico... donde unos sabios superiores mandan sobre soldados (que luchan obedientes, pero no saben lo que saben los sabios) y sobre unos obreros (que trabajan diligentes, pero no saben lo que saben sabios y soldados). La virtud de los obreros es la obediencia, sin preguntar, sin saber...
Este es un estilo que puede ser eficaz en ciertos planos políticos y militares, pero que es dictatorial, no es cristiano ni verdaderamente (aunque la Iglesia lo haya asumido muchas veces y lo haya presentado como Cristiano). Es aquí, más que en un plano de ideas, donde Nietzsche tenía y sigue teniendo razón, al decir que el cristianismo se ha convertido en un platonismo para el pueblo (es decir, para tener al pueblo sabiamente sometido).

Hay un estilo cristiano de mando, que no es mando desde arriba, con secreto, sino experiencia de comunión, pues todo se dice y comparte, sin secretos. Ese es el camino que traza este evangelio, Jn 15, 15, uno de los textos más poderosos de la historia cristiana, de la sabiduría universal. Jesús que es "poder verdadero" renuncia a su condición de sabio superior, pues dice todo, todo lo enseña, muestra su secreto a los amigos (un secreto que deja así de ser secreto, para convertirse en palabra compartida.
La esencia del poder es el "secreto", que el jefe sepa, que dirija desde arriba, que los demás no sepan (luchen, se afanan, trabajen, disfruten de circo...). Pues bien, Jesús ha superado ese poder, convirtiendo a su iglesia (a la comunidad de los hombres) en espacio de amistad, donde todos saben, todos asumen sus responsabilidades en comunión.

Ésta es la utopía poderosa de la Iglesia (que mucha parte de la Iglesia no ha entendido todavía, siendo más platónica que cristiana). De ella quiero tratar este domingo, en dos partes:
a. Ofrezco primero una breve reflexión sobre el texto de Jn 15, 15
b. Desarrollo después, a modo de apéndice, algunas notas sobre la amistad humana y cristiana, a la luz de este pasaje.

(En la imagen: La Gran Palmera de ramas dialogantes del Templo de San Baudilio de Berlanga, en Soria). Buen domingo a todos.

1. JN 15, 15. EL CENTRO DEL EVANGELIO.

Introducción.

Ya no os llamo siervos sino amigos... Quiénes son los amigos_

a) Los que tienen fe, es decir, creen unos en otros, y así fundan su vida sobre una base de fidelidad mutua.
b) Se quieren: saben que el amor implica hallarse siempre de servicio el uno para el otro, en gesto de intimidad gratuita.
c) Finalmente, esperan: hacen juntos el camino, encuentran en común y reencuentran los motivos para ser y comportarse.

Estos tres momentos de la amistad definen según el evangelio de Juan la esencia de la iglesia, entendida como espacio de vida y convivencia de los amigos de Jesús.

Un tipo de Iglesia se ha vuelto lugar de organización sacral o de poder dogmático. Pues bien, Jesús la ha definido como espacio de amistad: No os llamo siervos, sino amigos. Desde ese fondo quiero presentar un esquema general de “iglesia” como experiencia de amistad, en la que pueden destacarse en ocho momentos.

En este fondo quiso situar su pontificado y su visión de Iglesia Benedicto XVI. cuando afirmaba que «el evangelio de Juan ha aceptado y profundizado esta palabra (philia) para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos» (Dios es amor 3), es decir, para definir el sentido de la Iglesia..

Hay otras notas en la iglesia, vinculadas con la justicia y la adoración del misterio. Pero en su centro ha de haber siempre una experiencia concreta de amistad. Cuando ella falta, cuando algunos saben los secretos y mandan y otros obedecen... puede haber orden, pero no hay Iglesia.

Texto Juan 15,9-17

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros."

2. A MODO DE APÉNDICE, NOTAS DE LA AMISTAD, NOTAS DE LA IGLESIA DE JESÚS.

1. Principio de amistad es el camino compartido: juntos vamos y nos ayudamos, buscando así lo que es bueno para todos. La amistad implica en este plano colaboración. Frente a los que entienden la vida como lucha o competencia, frente a los que intentan combatirse o silenciarse en el proceso de la vida, los amigos cooperan, se respetan y trabajan sobre un campo de búsqueda común. Un grupo de amigos tiene que dejar a un lado las opciones partidistas, superar los egoísmos personales e integrarse en la búsqueda y fracaso, la alegría y la tristeza del grupo de amistad… Quien no sepa o no quiera colaborar en la obra común nunca será verdaderamente amigo.

2. La amistad es con-fianza, es decir, “fe común” de los unos en los otros. Sobre las consignas sociales de la solidaridad y colabora¬ción, por encima de todos los intentos de unidad de clase o de estamento, destacamos la amistad como espacio en que los hom-bres habitan en confianza. Ser amigos significa estar dispuestos a decirse lo más hondo, a conectar en transparencia. La vida deja de ser campo de batalla solitaria o compartida y se convierte en lugar donde puede dialogarse.

En este contexto hay que distinguir la confianza en general y el don concreto de las confidencias. No hay amistad si no surge un campo de confianza, si no existe fe en el otro. Sin embargo, el nivel de confidencia que se alcance en cada caso variará según las circunstancias y los tiempos. Ciertamente, es difícil que perdure una confianza siempre silenciosa, que no baje a confidencias.

Pero puede darse el caso de que existan confidencias de carácter más o menos hondo (con el médico, confesor, psiquiatra) que no impliquen con¬fianza. Sea como fuere, no existe amistad sin la confianza, sin palabra de llamada y de respuesta. Ser amigos significa dialogar gozosamente, hacernos transparentes. Son creyentes de una religión los que confían en Dios y le responden. Pues bien, los verdaderos amigos son creyentes: valoran y se aceptan los unos a los otros

.
3. La amistad se vuelve “caridad” o ayuda mutua. Amigos son aquellos que se quieren por quererse, sin buscar por amistad otras ventajas. Pero la misma amistad hace que los amigos se ayuden en gesto de benevolencia activa: Se acogen, se perdona, se potencian unos a los otros. La amistad implica dos rasgos. (a) Quiero el bien para mi amigo; por eso le enriquezco con mi vida, mi presencia, mi palabra. (b) Pero, al mismo tiempo, cuento con él: sé que hay alguien que se ocupa de mis cosas. Vela por mi vida. Ha decidido ofrecerme su asistencia. Eso me permite estar tranquilo.

La amistad es desinteresada, vale por sí misma, no por lo que hace. A pesar de eso, es evidente que la auténtica amistad ha de expresarse en la ayuda que se prestan los amigos. Más aún, yo diría que sólo son amigos verdaderos los que tienden a ofrecerse y compartir los bienes de la tierra. Sin embargo, ese no es nunca el nivel definitivo. Lo que importa es, sobre todo, compartir proyectos y tareas más profundas: ideales y búsqueda, éxitos, fracasos, vida. Eso conduce ya al plano siguiente: los amigos dan y aceptan, comunican lo que tienen porque quieren construir una existencia compartida.

4. La amistad implica un tipo de con-vivencia. No basta colaborar en una tarea común, ni confiarse y ayudarse mutuamente en el camino. (1) Los amigos participan: asumen las tareas comunes y se ofrecen mutuamente lo que tienen; de esa forma surge en ellos una base de existencia que les une: recuerdos, afanes, bienes, valores. (2) Partiendo de eso, los amigos asumen y despliegan un tipo de comunión interpretada como encuentro de personas que comulgan las unas con las otras porque tienen una especie de base que les liga, porque buscan la manera de ofrecerse compañía.

Lo que importa no es hacer, ni darse cosas, ni siquiera comunicarse secretitos. Hay algo más hondo: el estar en unidad, el mantenerse en comunión. La fe se ha transformado de esta forma en vida: sobre el trasfondo de las confidencias surge la co-esencia, el descubrimiento y realización de la existencia en el encuentro. En este momento se explicita lo que implica ser persona. Estaba cada uno cerrado en su combate, condenado a su inquietud, amarra¬do a su vieja soledad. Pues bien, de pronto, descubrimos que la vida es diferente: van surgiendo entre nosotros lazos de verdad; sobre el cimiento de los intereses y valores comunes se hace posible un contacto libre de personas, una comunión sin más proyecto que el hacernos, siendo en comunión lo que somos.

5. La amistad incluye también un momento de esperanza. Los amigos pueden empezar uniéndose a partir de un trabajo, de una solidaridad, de una tarea. Pues bien, recorrido el camino de la amistad como confianza, comunicación y convivencia, es necesario que ellos asuman, de algún modo, un horizonte común, desarrollando de esa forma un tipo de vida abierta hacia la Vida. Es más, la misma amistad va suscitando un futuro, va engendrando vida, haciendo que vivamos de verdad como personas. Platón decía que «amar es caminar unidos engendrar en la belleza». En esa línea se podría decir que vivir en la amistad implica cultivar de tal manera la confianza y convivencia que el camino de los hombres y mujeres se mantenga en esperanza y gracia.

6. Amistad y trascendencia. Muchos han afirmado que la verdadera amistad sólo es posible y culmina cuando al fondo de ella brota algo más alto, la presencia de un «tercero», es decir, de un Bien Común que centre y unifique a las personas ¿Cuál será ese bien común ante el que deben unirse los amigos? Para los pensadores griegos, la esencia o razón de la amistad está relacionada con un tipo de verdad más alta, una justicia o virtud superior que vincula a los amigos, que se unen de esa forma desde arriba. Los cristianos, han vinculado la amistad con Jesucristo, que les dice: «Como yo os he amado, amaos mutuamente» (Jn 13, 34). Como están unidos Padre e Hijo en el misterio trinitario así han de estar unidos, los creyentes, en transparencia amistosa:

«Ya no os llamo siervos, sino amigos; porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo, en cambio, os he comunicado todo lo que he recibido del Padre…» (cf. Jn 15, 13-15).

Quien escucha estas palabras de evangelio sabe que la unión de los amigos constituye un milagro de gracia, vinculado a la transparencia personal: buscamos la unidad, confianza y convivencia por motivos que desbordan los principios racionales: no nos sometemos a una ley, ni obedece¬mos a un mandato impuesto desde fuera. La amistad constituye un regalo de la gracia: es la verdad de Dios que se ha ofrecido en Jesucristo, es el misterio de una vida que se funda en el Dios de la vida compartida, en el Dios que es amistad (siendo, también, amor enamorado).

7. Amistad y alteridad sexual. Antiguamente parecía que sólo puede darse amistad entre varones, una amistad que con frecuencia tenía ciertos rasgos homosexuales. Las mujeres no podían elevarse hasta un nivel personal de la amistad, pues su vida se encontraba relegada a un plano de materia, sensibilidad, sometimiento. Por otra parte, una amistad no sexualizada entre un hombre¬ y una mujer parecía inconcebible. Pues bien, a mi entender eso ha cambiado y debe cambiar más hondamente todavía.

El florecimiento de la amistad sólo es posible allí donde el ser humano (varón o mujer) accede a su libertad espiritual y se vuelve capaz de cultivar una relación personal en la que viene a transcenderse (no negarse) el nivel de los deseos.

La amistad trasciende el sexo, pero no lo niega, pues puede (y a veces debe) expresarse a través del sexo, aunque de esa manera puede correr el riego de volver otra cosa, es decir, otro tipo de amor. Ciertamente, un tipo de amistad así puede resultar más fácil en personas que son del mismo sexo. Sin embargo, resulta más fructuosa y positiva allí donde los sexos son distintos.

Muchos piensan que la amistad es un peldaño inferior, una especie de amor más bajo, que en el caso hombre-mujer debe culminar en el enamoramiento. Así ocurre algunas veces, pero no de una manera necesaria, pues la amistad tiene un valor en sí misma, sin necesidad de convertirse en otra cosa. Todo enamoramiento implica un momento de amistad, pero puede haber un tipo de amistad sin enamoramiento; una amistad entre personas del mismo o de distinto sexo, hombres y/o mujeres, que comparten sobre todo la palabra y de esa forma enriquecen sus vidas. Este modelo de amistad constituye uno de los retos mayores para los hombres y mujeres del futuro.

Apenas hemos salido del cascarón de un tipo de naturaleza muy centrada en el clan, en un tipo de familia patriarcalista. Casi no sabemos lo que implica hacerse y ser hombres y mujeres en amistad. Nuestro amor se encuentra demasiado ligado a un tipo de formas de vinculación sexual o a gestos de beneficencia afectivamente neutral.

Pues bien, llega un mundo nuevo de creatividad en el amor y de amistad más amplia, que apenas somos ahora capaces de intuir. Evidentemente, siguen teniendo fuerza los viejos principios: está la atracción del sexo, la pasión de la vida, la tendencia al placer, el egoísmo. Quien no cuente con ello acaba engañándose a sí mismo. Pero, en este tiempo nuevo, de nueva libertad de amor (sin los tabúes y las prohibiciones moralistas, tan abundantes antaño) puede darse y se dará un florecimiento nuevo en la amistad.

En este contexto se puede plantear, por fin, el tema de la extensión numérica de la amistad: ¿cuántos pueden ser los amigos? Algunos dicen que sólo puede haber amistad entre dos o tres personas: sólo entre ellas puede darse el nivel de confidencia, convivencia y esperanza en que se forjan los amigos. Pero esa visión no me parece exacta. Ciertamente, existen amistades duales muy perfectas. Pero en su misma entraña, la amistad incluye un germen de apertura.

El enamoramiento es, por esencial, dual: enamoramiento «a tres» resulta imposible, al menos a la larga. La amistad es diferente. Ella tiende a comunicarse, a crear ámbitos más amplios de confianza y convivencia, como dijo Jesús a sus discípulos, que eran más de dos o y más de tres «No os llamo siervos; vosotros sois mis amigos...» (cf. Jn 15, 14-15). En esa línea pienso que las comunidades contemplativas (vida religiosa) son, ante todo, espacios de amistad compartida.