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martes, 1 de mayo de 2012

Uno de Mayo ¿Fiesta del Trabajo o Borrachera del Capital?



El Dios de la Biblia puso al hombre la tarea del trabajo, es decir, del esfuerzo sudoroso para labrar la tierra y producir los bienes necesarios para mantener la vida.
--Los pájaros del cielo no trabajar para alimentarse, ni los lirios para vestirse de hermosura, porque existe una Providencia que les viste y alimenta.
-- El hombre, en cambio, debe trabajar, sembrar el campo, hilar el algodón o el lino si quiere mantenerse.
El trabajo ha sido fuerte, ha sido duro a lo largo de los siglos, de manera que el poeta ha podido distinguir a los hombres entre aquellos que son ricos, como clérigos y nobles (¡no trabajan!), y los otros, los que viven de sus manos, agricultores y obreros (Jorge Manrique).


Pero el duro trabajo ha podido convertirse a lo largo del siglo XVIII-XIX (en especial en occidente) en medio de liberación. Los trabajadores han tomado conciencia de su poder y, de alguna forma, han creado con su esfuerzo (y su sufrimiento) nuevas condiciones humana, nuevas libertades laborales y sociales… Como signo de esa conciencia del poder del trabajo que crea libertad nació esta fiesta del trabajo (1 de Mayo), que la Iglesia católico acabó aceptando bajo el “patrocinio” de San José Obrero.

Pues bien, año 2012, parece que casi todos se han unido para “reventar” la fiesta del trabajo.

-- Ni las Iglesias se atreven a recordar a San José Obrero…
-- Ni los sindicatos parecen dispuestos de verdad a salir a la calle...
-- Y los políticos no saben qué hacer con el trabajo (¡a no ser despedir más y más obreros!)…

¿Qué hacer?

Al menor repensar lo que supone la Fiesta del Trabajo, y tomar fuerzas para mantenerse y aprender en los duros años de exilio que nos esperan. Buen día a todos los que tenéis trabajo... y también a los que no lo tenéis... A todos quiero dedicar este post con mucho amor, con un poco de rabia.

INTRODUCCIÓN. UN RECUERDO. DE SAN JOSÉ OBRERO A LA TRINIDAD SATÁNICA

Aun recuerdo mis primeros unos de mayo, en Durango, cuando no había vacación escolar, ni fiesta en las fábricas (el año 1951-1952), cómo íbamos los niños escondidos y con miedo al colegio, porque aparecían por la calle manifestaciones de obreros, perseguidos por los grises. (Teníamos, en cambio, vacación el 2 de Mayo, por fiesta nacional de lucha en contra de los franceses).

Aquello pasó, Franco acabó aceptando el Uno de Mayo convertido en fiesta folclórica de los logros del régimen… con niñas bailando en trajes regionales, con gentes llevando sus frutos por la Gran Vía o la Castellana...

Y así pasaron los años, de modo que los sindicatos tomaron la fiesta como suya. Y volvieron a pasando los años… Y no sé si este año de Dios (2012) podrán salir “procesiones de trabajadores” cantando la alabanza del trabajo, hablando del valor del trabajo…

Porque el trabajo, en general, ha dejado de ser “duro” (en occidente)… pero ha dejado de ser también liberador, para volverse bien escaso, en manos de capitales y mercados, que no valoran el trabajo humano, ni buscan la fraternidad, sino el triunfo del propio capital.

¿Podrá celebrarse la Fiesta del Trabajo en un tiempo y un año en que se está destruyendo concienzudamente gran parte del trabajo?

¿Podrá hablarse del Dios del trabajo, o de San José Obrero, patrono de los trabajadores, en un tiempo en que el trabajador vuelve a ser en gran parte esclavo de un capital y un mercado pervertido, al servicio de sí mismo y no del hombre?

Siga leyendo mi manifiesto quien quiera acompañarme en este día de llamada al trabajo que libera, es decir, de llamada al don y tarea de la fraternidad que produce par bien de todos.

Sí, quiero tratar de la Trinidad...

La Trinidad cristiana estaba formada por el Padre Dios, el Hijo Jesucristo (que éramos todos los hombres) y el Espíritu Santo (que era la comunión o amor entre Dios y los hombres, entre todos los hombres y mujeres).

Pero ahora ha surgido una Trinidad distinta, formada por Dios-Capital (que no es Padre, sino monstruo que todo lo devora), por el Hijo-Empresa, que no redime, sino que produce bienes de consumo al servicio de los privilegiados del sistema, y por el Espíritu-Santo-Mercado, que no es comunión de amor, sino forma de dominio de unos sobre otros

1. Dios Padre, el Capital.

Parece providente, ofrece beneficios tangibles a sus siervos y devotos, pero, conforme a la acepción que judíos y cristianos daban a ese término, es un «ídolo»: No es fuente de gracia (creador), ni comunicación real, sino Mamona, poder que domina sobre todos los grupos y personas (cf. Mt 6, 24). Vale en sí y sólo para sí, como principio al que todo lo demás se subordina.

En contra de todos los posibles ensueños politeístas post-modernos (que hablan de nuevos dioses y nuevas libertades), parece que sólo hay un Dios imperante, que no es Yahvé, Allah, ni el Padre Padre, ni el Tao, ni el Nirvana, ni Brahman… sino el Capital todopoderoso, que domina sobre todo, imponiendo su dictado.

En otro tiempo, los devotos de Dios se levantaban y elevaban la frente hacia el misterioso origen de la vida, para elevar una alabanza… Hoy amanecen pensando en las agencias del Dios Capital, para ver cómo funciona eso del Ibex, y el Valor de la Renta… cómo se vende y se compra el Dinero. En manos de ese Dios implacable nos hallamos, trabajemos o no trabajemos, que en el fondo da lo mismo, de su “suerte” (es decir, de su capricho) dependemos…

2. Dios Hijo, Empresa “trabajadora” ¿Viva el Trabajo? ¿Muera este tipo de trabajo?

Del Padre Dios nacía el Hijo Jesucristo, la bella humanidad, cuerpo hermoso, alma brillante, como en la creación de la Sixtina, desnudos ambos, Padre e Hijo… Pero ahora, del Padre-Capital nace un Hijo Empresa, para honra y gloria del Capital, para mantener a los hombres sometidos a su poder supremo.

Hombres y mujeres vivían antaño en contacto inmediato con la realidad, campo y mar, lluvia y cosecha, que eran signo de Dios (hierofanía); las nuevas religiones han destacado la importancia de los enviados de Dios (Cristo o Mahoma, Buda o Krisna). Todos, de un modo o de otro, trabajaban por impulso de Dios para producir unos bienes que les capacitaran para vivir, con dureza, muchas veces fastidiados, pero sabiendo que merecía la pena trabajar (en general).

Pues bien, el sistema neo-liberal ha divinizado la empresa productora. Más que los bienes naturales o el trabajo personal, importa la «fábrica», que no crea vida, sino medios de consumo. Ella parece el Cristo actual y se eleva sobre grupos y pueblos, sin fronteras. Procede del Capital y le sirven, ofreciendo trabajo y consumo a sus beneficiados, como Mesías productor.

Pero el problema está en que la empresa de los trabajadores no crea “medios de consumo al servicio de la vida…”, sino que está empezando a producir medios para el disfrute de algunos. Muchas formas de trabajo no sirven ya para “redimir” y liberar a los hombres, sino para ponerles bajo la explotación del capital. Se producen miles y millones de “objetos de consumo inútil”, productos caros para los ricos (perfumes y joyas, vestidos y coches cada vez más costosos…), mientras aumentan las personas que no tienen nada.

Ciertamente, las fábricas son buenas, bueno es el producir para un consumo humano, para una elevación de los trabajadores… Pero hay un tipo de empresa vendida al puro capital, que especula con el trabajo y la vida de los hombres.

3. Dios Espíritu Santo, el Mercado.

Antes había naciones (unidades de generación), iglesias (castas, Shanga, pueblo, comunidad, Umma...) o estados, lugares de racionalidad social y de encuentro humano, moderados por la ley, al servicio de todos. Ahora los hombres tienden a comunicarse de un modo indirecto, a través del mercado, donde van los devotos a ver, admirar y comprar. Su influjo se extiende por doquier, de forma que todo se logra pagando. El mundo entero se ha vuelto una feria sin fin, una feria sin trabas, donde se compran y venden incluso (sobre todo) incluso personas, como decía el Apocalipsis de Juan, en una páginas famosa.

Éstas ideas no son mías, las escuche un día, hace muchos años, de boca de un famoso “funcionario” la ONU (Cf. R. PETRELLA, «Le Dieu du capital mondial»: Où va Dieu?, Revue de l’Univ. de Bruxelles 1999, 1, pp. 189-204). ¿Dónde va Dios? El Dios antiguo, el de la Biblia, bajaba a la caída de la tarde para dialogar con Adán, el desnudo y con Eva, la bella, en el jardín del Edén. Hablaban del trabajo del Paraíso y de la hermosura de la vida. Ahora Dios no baja… está en el mundo, haciéndose mercado, donde se vende la vida de niños y mayores, en tráfico de negros y de blancas, un mercado infinito, donde nada vale por sí misma, para sí mismo, sino para la venta infinita.

¿TRES DIOSES, UN SOLO DIOS? UNA GRAN PROTESTA

Antes decíamos que las tres “personas” (Padre, Hijo y Espíritu) formaban un único Dios. Ahora ya no hay personas, pero el “misterio” sigue… Capital-Empresa-Mercado forman el único Dios “impersonal” de este mundo. Esta es la trinidad dominante (Banco-Capital, Fábrica-Empresa, Comercio-Mercado), que define la infra-estructura del sistema y crea una super-estructura ideológica, a su propio servicio.

Así se expresa el Dios neo-liberal y mono-látrico (una única idolatría), que exige adoración suprema, aunque a su lado permita que existan otros dioses privados o menores (como el fútbol y los desfiles de modas, o las iglesias modosas), mientras no le estorben, ni impidan cumplir su cometido. Cada hombre puede cultivar sus sueños particulares de tipo estético o afectivo, familiar o religioso (si es que tiene tiempo para ello, si es que busca una parcela de independencia)…, de manera que el sistema parezca espacio de libertad formal, contra toda dictadura externa.

Pero esa libertad acaba estando al servicio del capital (que las empresas produzcan, que el mercado se extienda y lo domine todo), no de las personas y grupos marginados.

Antes se podría pensar que el capital podía estar al servicio de los hombres, y algunos (los más ingenuos) hasta lo creíamos… Hoy ya ni eso, ni los niños lo creen… Todos sabemos que el Capital se ha vuelto una especie de producto financiero, al servicio de sí mismo…

Ellos, los del capital (¿sus ministros, sus esclavos?) se han convertido en meros especuladores de dinero, marcando precios de rentas, poniendo notas a naciones y empresas, hundiendo a unas, elevando a otras, a capricho (es decir, para servicio propio, sin más norma que la propia gloria del dinero).

Muchos obreros con trabajo, muchos sindicatos... también se han vendido a la mentira de un sistema que destruye... que crea aprovechados, que favorece de algún modo a los que menos trabajan.

Esta religión del capital-mercado convierte en compra-venta los valores personales o afectivos, estéticos o lúdicos, para gloria de sí misma. Para ello necesita promover un tipo libertad de comunicación resulta nueva en la historia. Este es quizá el primer sistema que defiende una «tolerancia» básica, introduciendo expresamente en su estructura el poder de una comunicación universal, pero que tiende a ser mentirosa, es decir, que miente por principio para mantenerse (como la 2º Bestia de Ap 13, al servicio de la primera, que era ella misma, pero con otro nombre).

Han caído o están cayendo otros patrones de riqueza (como la ganadería y los productos agrícolas, como el y el petróleo, con el hierro...) y hemos puesto en el centro de todo la mera comunicación por la comunicación, pero una comunicación al servicio del Capital… El mundo entero se puede convertir en una empresa de comunicación de “mentiras” (de cosas fingidas, de bienes mentirosos)…

Éste es el mundo de los tres dioses que son uno: Capital, Empresa, Mercado…, un mundo donde al final no existen vencedores ni vencidos.

Los aparentes vencedores pueden perder sus valores personales ¿Qué vale ganar todo el mundo si pierdes el alma, la honradez, la vida auténtica?

Los vencidos pierden incluso la vida, quedando marginados: Nadie les mata físicamente, ni les impide escoger en teoría a su dios; pero al quedarse fuera de las redes del mercado dominante parece que no existen.

Surge así una situación de gran riesgo, que no es la muerte de Dios (a quien nadie puede matar, si es que existe), sino la muerte del hombre, que nosotros mismos podemos provocar, por la bomba, la manipulación genética y la angustia. Dios nos hizo para la vida (dice el libro de la Sabiduría…), pero nosotros somos capaces de procurarnos la muerte (si nos proponemos).

¿CELEBRAR EL DÍA DEL TRABAJO?

A pesar de todo lo anterior yo quiero celebrar mañana (hoy, 1 de Mayo del 2012) la Fiesta del Trabajo, es decir, la fiesta de una humanidad que es capaz de encontrar formas nuevas de situarse ante el mundo, “produciendo” formas nuevas de vida, en fraternidad…

Jesús dijo que él “trabajaba” siempre, lo mismo que su Padre…, lo mismo que el Espíritu Santo, que ha de ser la comunión en el trabajo de la vida de todos los seres humanos, al servicio de la misma vida.

La gran “revolución” del auténtico trabajo apenas ha empezado. Así quiero decirlo aquí, en nombre de la verdadera Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en contra de la trinidad satánica de un capital-empresa-mercado al servicio de la muerte.