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domingo, 10 de febrero de 2013

Domingo V del tiempo ordinario: Pequeñez vs Inmensidad

Publicado por Entra y Verás

Contemplar el mar, ver semejante masa de agua en la que se nos pierde la vista; asomarse desde lo alto de un monte y observar los valles y dejar que de nuevo se nos pierda la vista; dejar que nuestras pupilas se encandilen por la maravilla cromática de un atardecer, mientras la brisa nos acaricia el rostro… Estas y otras muchas, son experiencias que nos ayudan a tomar conciencia de nuestra pequeñez y finitud frente a la inmensidad de la naturaleza de este bello escenario que Dios nos ha regalado. La pequeñez y la finitud frente a la inmensidad que atrae, que seduce, que marca, es una de las claves de las lecturas de este domingo: Isaías, Pablo, Pedro, Santiago y Juan, fueron seducidos por Dios para dedicarse a Él por completo.


En el evangelio encontramos una frase que se ha convertido en slogan de campañas de todo tipo dentro de la Iglesia: Rema mar adentro le dice Jesús a Pedro. Pero Pedro no se fía mucho. Aunque sea domingo vamos a pensar un poquillo. Remar mar adentro significa apartarse de la orilla, es decir dejar las seguridades, la tierra firme, y adentrarse en el mar. Un mar que puede estar calmado o embravecido. Además en aquella época el mar significaba lo desconocido y la fuente de todos los peligros. Pongámonos nosotros en esa situación. Vamos a mirar primero dentro de nosotros mismos. Rememos hacia nuestro interior y echemos las redes. Es dentro de nosotros mismos donde debemos llenar las redes de amor, de fe, de alegría y de esperanza, sobre todo. No podemos volcarnos únicamente hacia fuera tenemos que cuidar también nuestro mar interior, que no se quede muerto, vacío, sin vida. Miremos ahora al exterior. Sabemos muy bien que dentro de la Iglesia todos tenemos la obligación de remar, de adentrarnos entre aquellos que nos rodean aunque el mar esté embravecido. Sabemos que no estamos solos en la tarea. Resulta que la red se llena como nunca y Pedro cree, es seducido totalmente por Jesús. Aquí encontramos uno de los grandes tesoros de nuestra fe: el de la confianza plena, pues sabemos que si nos fiamos de Él las cosas suelen salir bien.

En resumen, el seguimiento es la fórmula breve del cristianismo. Sin seguimiento no es posible llamarse cristiano. Seguir a Jesús supone responder a su llamada y empezar a remar, a abandonar nuestras seguridades, a apartarnos de nuestras orillas y comprometernos de verdad en la tarea liberadora. En eso consiste el ser pescadores de hombres. Y pescar no significa ni mucho menos engañar sino rescatar, liberar. De nada sirve echar el ancla de nuestra barca para rezar mucho y acudir a misa, si eso no nos hace más sensibles, más solidarios. Lancémonos, seamos pescadores de hombres, cumplamos nuestra misión de anunciar el Reino de Dios que pasa principalmente por la igualdad y la libertad. Sabemos muy bien que eso es lo que hizo Jesús. Ser seguidor pasa no por cumplir sus normas sino por llevar su misma vida y tener sus mismos horizontes. Seamos generosos no solo con nuestro tiempo sino también con nuestras vidas.

Como ese atardecer que seduce así debe ser para nosotros la causa del Reino. No nos cansemos de remar, no perdamos la esperanza pues sabemos que Jesús nos acompaña. Si nuestra esperanza descansa en él, nuestra tarea por muy difícil y complicada que sea producirá sus frutos. Una cosa sí que tenemos que tener clara: Mientras nosotros permanecemos asustados por la oscuridad exterior, o desesperados por tanto echar la red y no pescar, Dios recorre los caminos buscando a sus hijos perdidos, a la intemperie. Solo tenemos que seguirle y la red de la vida rebosará.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)