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sábado, 9 de febrero de 2013

V Domingo del T.O. (Lc 5, 1-11) - Ciclo C: EL INCENDIO DE LA OTRA ORILLA


1.- En la oscuridad de la noche las llamas que ya han alcanzado el tejado de la pequeña casa de dos pisos se reflejan en las aguas del río, mientras los vecinos se pasan en cadena cubos de agua en el vano intento de apagar el fuego. En la ribera de enfrente un grupo de personas se amontona comentando y criticando, con indiferencia, la actuación poco eficaz de los improvisados bomberos. “Taigan no kaji”, el incendio de la orilla de enfrente, es el proverbio japonés que plastifica esta actitud indiferente y crítica ante un asunto en el que no nos consideramos implicados.
2.- Dios llama a Isaías, un seglar, para llevar el mensaje a su pueblo. Jesús llama a Pedro, Juan y Santiago para llevar la buena nueva al mundo entero. Hoy se habla mucho de la participación de los seglares en la labor apostólica de la Iglesia y ya, hablando así, estamos manteniendo ese río que separa a los improvisados bomberos de la casa incendiada, de los mirones, como si los seglares no fueran iglesia.

A veces, podemos tener la impresión de que esa llamada al laicado a participar en la labor general del apostolado, es cuando los chicos mayores admiten jugar al fútbol a un niño muy pequeño y… todos se aburren. Y es que, ni los clérigos, ni los seglares, estamos convencidos de lo que está, aún, escrito en el Derecho Canónico: “los laicos en virtud del bautismo y la confirmación están destinados por Dios al Apostolado y tienen la obligación y el derecho de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido por todo el mundo”.
3.- Nosotros los curas y vosotros los seglares, tenemos una misma vocación. A unos y a otros, nos llama Dios, como llamó a Isaías o a Pedro. Es una llamada personal, cada uno con sus dones o carismas, tiene un quehacer en la Iglesia, un quehacer misional apostólico. ¿Nos sentimos llamados? ¿Consideramos a los que participan más activamente en la labor común eclesial, como niños de primaria invitados a jugar? ¿Somos los mirones que sólo sabemos criticar y comentar lo que hace “esa Iglesia” que se quema al otro lado de la orilla del río?

Todos vamos en la misma barca enviados por Jesús a pescar. Todos somos Isaías, y como Pedro, tenemos miedo:

—Miedo porque la barquilla se mueve mucho y es blanco del ataque de muchas olas.

—Miedo a que si nos decantamos católicos, nos van a llegar, tal vez, los espumarajos.

—Miedo a lo desconocido porque sabemos qué podemos hacer.

—Miedo a sabernos poco formados religiosamente.

—Miedo porque nos empeñamos en poner la fuerza en medios humanos, cuando con Isaías, iremos en lugar de Dios, y como Pedro, echaremos las redes en nombre de Jesús.

4.- Ese mar en el que debemos pescar lo tenemos cerca. Es la familia, es el lugar de trabajo, es el colegio, es el círculo de amistades, es la sociedad en sus campos sociales, económicos o políticos, para quien pueda tirar la red en esos ambientes.
Y el que por enfermedades, o vejez, o cualquier otra causa, crea que no puede hacer nada, siempre habrá una cosa que podrá hacer, y es llevar a los demás la luz de la bondad y de la alegría. Ya en los primeros tiempos cristianos, ese amor entre ellos, hacía decir a los paganos: “mirad como se quieren” y tal vez ese sea el mejor apostolado.
Pasemos pues al río y ayudemos con nuestro propio esfuerzo a apagar el incendio de la otra orilla.