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sábado, 20 de abril de 2013

¿Y quien cuida de los pastores?

Domingo 4 de Pascua – C
Jesús el Buen Pastor

En este cuarto Domingo de Pascua celebramos cada año el Día del Buen Pastor, pues leemos siempre la parábola de Juan sobre “Jesús el Buen Pastor”. Pero a pesar de que en sí mismo la parábola tiene como centro al Buen Pastor, nos resulta más fácil hablar del rebaño, de las ovejas. Y no estamos equivocados, pues Jesús se describe a sí mismo en una relación de ida y vuelta: “yo y las ovejas”, “las ovejas y yo”.

En mi reflexión y mensaje de hoy quisiera partir de una preocupación.
Las ovejas necesitan pastores.
Y los pastores necesitan del rebaño.
Resulta difícil hablar del rebaño sin pastor.
Como también resulta difícil hablar del pastor que no tiene ovejas.
Pastores que dan la vida por sus ovejas.
Ovejas que siguen a sus pastores.


Pero ¿y quién cuida de los pastores?
Es importante que vivamos preocupados por las ovejas.
Pero ¿no es tan importante vivir preocupándonos de los pastores?

Benedicto XVI en su discurso a los nuevos Obispos, en el Curso organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, les dijo algo bien importante.
“La misión requiere pastores configurados con Cristo por la santidad de vida, prudentes y clarividentes, dispuestos a entregarse generosamente por el Evangelio y a llevar en el corazón la solicitud por todas las Iglesias”.

Todo esto parece y es bonito.
Pero lo que ha despertado más mi atención es lo que luego exige a los Obispos.
Está muy bien que los Obispos pretendan tener pastores de esa talla.
Pero ¿qué hacen los Obispos para ello?
Y es ahí, donde el Papa les dice:
“Vigilad al rebaño, prestando una atención especial a los sacerdotes.
Guiadlos con el ejemplo,
Vivid en comunión con ellos,
Estad disponibles para escucharlos,
Valorando sus diversas capacidades.
Esforzaos por asegurar a vuestros sacerdotes encuentros de de formación específicos y periódicos.
Haced que la Eucaristía sea siempre el corazón de su existencia y la razón de ser de su ministerio Tened una mirada de fe sobre el mundo de hoy, para comprenderlo en profundidad, y un corazón generoso, dispuestos a entrar en comunión con las mujeres y los hombres de nuestro tiempo”.

Los sacerdotes necesitan de su propio pastor.
Necesitan ver en su Obispo, el Pastor, verdadero “guía con sus ejemplo”.
Necesitan una auténtica comunión entre el Obispo y el sacerdote pastor.
Necesitan que sus Obispos pastores estén disponibles para escucharles.

En realidad, lo que el Papa les pide es:
Una mayor cercanía, no solo al pueblo cristiano, sino también a sus sacerdotes.
Una mayor disponibilidad para escuchar a sus sacerdotes.
Porque también el sacerdote tiene sus problemas.
Porque también el sacerdote necesita ser escuchado.
Porque también el sacerdote necesita el calor de la cercanía de su Pastor.
Porque también el sacerdote necesita sentirse valorado personalmente.
Porque también el sacerdote necesita sentirse, no solo “vigilado”, sino “estimado”.
Porque también el sacerdote necesita sentir la comunión con su Pastor y no sentirse una isla flotante o una pieza de ajedrez en el tablero de la Diócesis.
Porque también el sacerdote necesita sentirse amado.
Porque también el sacerdote necesita del calor humano.
Y cuando no siente ese calor de su pastor, pude buscarlo fuera.
Y entonces vienen las “excomuniones”.

Pastores del rebaño.
Pastores de los pastores.
Sin el pastor las ovejas no tienen a quien seguir.
Sin el Pastor, los pastores se sienten asalariados.
Sin pastor las ovejas no tienen quienes las reconozcan ni reconocen a nadie.
Sin el Pastor, los pastores tampoco se sienten reconocidos.
Señores Pastores, ¡no se olviden de sus pastores!
“Estén disponibles para dedicarles tiempo y poder escucharles”.