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lunes, 20 de octubre de 2008

Evangelio Misionero del Día: Martes 21 de Octubre de 2008

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 35-38

Jesús dijo a sus discípulos:

Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!

Compartiendo la Palabra

La vigilancia de todos los discípulos en la espera del Señor
Publicado por Cebipal


El evangelio de hoy está conectado con el de ayer, porque si el discípulo ha aprendido la libertad de corazón con relación a los bienes materiales y “atesorar para el cielo”, es porque ha entendido que el valor mayor está en el futuro definitivo. ¿Cómo vivir esta tensión hacia el futuro?

El buen discípulo, tiene la mirada puesta en la meta. Él, con el corazón puesto en Dios (Lc 12,22-32) y en el ejercicio de la caridad (Lc 12,33-34), camina hacia la plenitud con “las cinturas ceñidas” y con “lámparas encendidas” (12,35) en el presente.

Con relación a la segunda venida del Señor, en la primitiva Iglesia (y aún hoy) hubo una gran incertidumbre. Razón por la cual hubo espacio para muchas fantasías sobre este regreso que veían como algo casi inmediato y, sobre todo, mucho descuido en la exigencias de vida, ante la evidencia de que no sucedía.

¿Qué enseñó Jesús al respecto?

La parábola “de los servidores vigilantes”, que estamos leyendo hoy, presenta al discípulo precisamente como un “servidor” que sabe esperar la llegada de su patrón. Esta parábola presenta dos momentos:
- El primero en 12,35-36, donde se describe el comportamiento de los siervos mientras esperan al amo.
- El segundo en 12,37-38, donde se describe el comportamiento del patrón con relación a los siervos que ha encontrado vigilando: él mismo se hará el servidor de cada uno de ellos.

Según la primera parte (12,35-36), la espera del Señor se hace con “los lomos (=cinturas) ceñidos” y las “lámparas encendidas”.
- Los “lomos ceñidos”. Normalmente dentro de la casa la gente andaba con la túnica suelta, sin correa; es el equivalente de estar en pijama o de ponerse ropa cómoda (no siempre para la vida social) cuando se llega a la casa después de una larga jornada. En cambio, “estar con el cinturón” era propio de quien estaba pronto para el trabajo o para un viaje (por ejemplo Ex 12,11; recordemos también que Jesús se “ciñe” para servir en la última cena).
- Las “lámparas encendidas”. Las lámparas de la casa se apagaban cuando la familia se iba a dormir (como hoy el apagar los bombillos). Por eso “lámpara encendida” es señal de actividad en la casa. Para Mt 5,16 estas lámparas son las “buenas obras” y su irradiación evangelizadora.

Con estas dos imágenes, Jesús enseña que el discípulo que sabe vivir la “espera” es aquel que sabe “vigilar”. La vigilancia es lo contrario del irse a dormir o entrar en situación de reposo. Pero el Evangelio no da sosiego, no permite descuido, no da espacio para la pereza, no tiene reposo, no tiene jubilación. “Vigilar” es estar siempre listo para la acción, es estar siempre en forma para poder vivir los requerimientos propios del Evangelio (“lomos ceñidos”) y para irradiarlos a los demás hermanos (“lámparas encendidas”):

La segunda parte de la parábola (12,37-38), el premio a aquellos que “encuentre despiertos” (12,37) y “haciendo lo que deben” (12,38) se describe con el máximo calificativo que da el evangelio: “¡Bienaventurados!”. Esto quiere decir, que en su actitud de espera, de apertura al futuro de Dios, todo hombre vive su verdadera felicidad. Y este calificativo que ennoblece el presente está seguido por un don todavía mayor en el futuro: Jesús será para él como un siervo, es decir, nos ofrece todos los dones de su servicio a lo largo de su ministerio, particularmente los de su cruz redentora y de su vida nueva en la resurrección.

La referencia a los diversos momentos de la noche (“la segunda vigilia o la tercera”) nos recuerda la importancia de la perseverancia.

Es fácil y común llegar a cansarse en este caminar, por eso: dichoso al que el Señor “lo encuentre haciendo lo que debe”.

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón:

1. ¿Tengo miedo del futuro? ¿Cómo lo afronto?

2. ¿Me cuesta perseverar en mis compromisos con el Señor?

3. ¿Qué me aguarda si mi corazón y mis obras están siempre en la atenta espera del Señor?

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